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Más gasto militar, menos inversión social: la Unión Europea se americaniza

Los gobiernos de los países de la Unión Europea acordaron el pasado 11 de marzo elevar sustancialmente el gasto militar. Ursula von der Leyen se felicitaba por el hecho de que los gobiernos le hubieran encargado detectar las lagunas que presenta la inversión en defensa y Charles Michel, el presidente del Consejo Europeo, celebraba el nacimiento de la defensa europea. Sólo cuatro días más tarde, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, presionaba para aumentar el gasto militar de todos los miembros de la organización hasta el 2%. Una propuesta que languidecía desde 2014 y que la invasión rusa de Ucrania ha revitalizado con fuerza.

Fuente: Statista

Previamente a la cumbre europea del 11 de marzo, Alemania ya marcaba el camino al anunciar un incremento en el gasto militar de 100.000 millones de euros. El canciller Olaf Scholz no sólo comunicaba un desembolso en defensa superior al 2% del PIB que reclamaba la OTAN, sino que proponía consagrar tal aumento mediante una reforma de la constitución. Y todo esto lo hacía “para proteger nuestra libertad y nuestra democracia”.

Sin embargo, la decisión de incrementar exponencialmente el gasto militar no se corresponde con la opinión de la población alemana, así que cabría preguntarse qué entiende Scholz por “democracia”. Estos son los datos que recoge el excorresponsal en Berlín Rafael Poch al respecto:

  • El 82% de los alemanes está a favor de que la OTAN retire las 20 bombas nucleares que alberga en la base aérea de Büchel.
  • El 72% de los alemanes está en contra de estacionar nuevas bombas nucleares en su territorio, y en contra de contribuir a pagar, junto con Estados Unidos, el coste de los 45 aviones F-18 encargados de transportarlas, que asciende a 8.000 millones de euros, tal y como establece un acuerdo del gobierno de Scholz con Estados Unidos.
  • El 94% de los alemanes opinaba, en 2018, que era “importante” mantener unas buenas relaciones con Rusia.

La invasión rusa de Ucrania ha proporcionado a Alemania el argumento para ir en contra de la opinión de la ciudadanía alemana, mayoritariamente antibelicista. Proponer una modificación de la constitución que va diametralmente en contra de lo que ésta proclama actualmente en relación con los conflictos bélicos, aprovechando la guerra proxy que libran Estados Unidos y Rusia en Ucrania, denota que Alemania, uno de los motores de la Unión Europea, está impulsando una americanización de las políticas del viejo continente.

¿Por qué decimos americanización? Porque tras el largo periodo de “austeridad” dictado por Bruselas, que ya ha recortado el estado del bienestar que, con enormes diferencias entre países, caracteriza a los más desarrollados de la Unión Europea, el incremento en el gasto militar supone seguir copiando el modelo de Estados Unidos: el mayor desembolso en armas y ejércitos sólo puede provenir de dos fuentes, o de una combinación de ambas. Una, del detrimento de las inversiones en otros capítulos presupuestarios: sanidad, educación, protección social, pensiones, etc. Otra, de un incremento en los impuestos. En ambos casos, de un modo u otro, será la ciudadanía la que terminará pagando el cambio de paradigma para adoptar el modelo americano. Un país donde no existe la cobertura sanitaria universal, y los seguros médicos privados son carísimos: desde 456 dólares mensuales para un individuo hasta 1.152 para una familia, según un estudio de eHealth.

El gasto social en Estados Unidos está por debajo de la media de los países de la OCDE, y supone diez puntos porcentuales menos que lo que destinan a inversión social los cinco países más avanzados de la Unión Europea en este terreno. De algún sitio tienen que salir los cientos de miles de millones de dólares que Estados Unidos dedica al gasto militar.

Fuente: OECD.org

Para llegar al 2% del PIB que reclama la OTAN a sus miembros, el Estado español tendría que duplicar en la práctica el gasto militar. Esto supondría un esfuerzo presupuestario adicional de más de 11.000 millones de euros, todos los años. Para que nos hagamos una idea de lo que representa esa cifra, el recorte en sanidad que se produjo en la década 2009-2018 ascendió a 7.256 millones en euros constantes, y significó un 11% de reducción de la inversión en este capítulo.

¿Cómo se va a imponer a la ciudadanía este cambio de paradigma en las políticas de la Unión Europea? Los medios de comunicación ya han comenzado a dirigir a la opinión pública en la dirección decretada por Bruselas. Días antes de la reunión del 11 de marzo, el diario español Cinco Días presentaba argumentos para encauzar la decisión belicista de la Unión Europea: “Moscú triplica el porcentaje de PIB que invierte la UE en defensa”, titulaba el periódico de información económica, que acompañaba el texto con una infografía para los anales de la manipulación periodística.

Fuente: Cinco Días, 2 de marzo 2022.

Si nos fijamos en las tres primeras cifras de la columna de la izquierda, que refleja el gasto en millones de euros de los 27 miembros de la Unión Europea, de los miembros de la Eurozona y de Rusia, comprobamos que la UE-27 gasta más del triple que Rusia en defensa, y que los países de la Eurozona casi llegan a ese triple. Sin embargo, las barras que corresponderían al gasto en euros para la UE-27 y la Eurozona no aparecen, y la barra negra que se adjudica a Rusia es la más larga de todas las de la columna izquierda, las que reflejan el gasto. En realidad, si se hubieran asignado barras al gasto militar de la UE-27 y la Eurozona, habrían sido tres veces más largas que la asignada a Rusia.

No obstante, se ha preferido poner el foco en el porcentaje del PIB, porque en ese aspecto Rusia invierte más, porcentualmente, que la Unión Europea. Aunque en realidad, Alemania y Francia juntas ya gastan en defensa un 30% más de lo que gasta Rusia.

Los medios de comunicación ya están jugando su papel con su descripción maniqueísta de la guerra en Ucrania, como un enfrentamiento entre buenos y malos, sin resquicio alguno para los imprescindibles análisis de la escala de grises que existe en todo conflicto. Todo, con el fin de dirigir a la población hacia la aceptación de la agenda marcada en Bruselas, sede de la OTAN y los organismos europeos. Además, si algún país díscolo intentara salirse de la hoja de ruta marcada por Washington, la Unión Europea ya tiene experiencia cuando de lo que se trata es de conseguir que sus miembros se atengan a los planes elaborados, o asumidos, por Bruselas.

Recordemos lo ocurrido en Grecia en 2015. En aquel año, el partido político Syriza ganó las elecciones con la promesa de acabar con las políticas de austeridad dictadas por Bruselas. El primer ministro surgido de las urnas, Alex Tsipras, declaraba que «Grecia ya no aceptará más órdenes, especialmente órdenes recibidas por correo electrónico» y subrayaba que «no se puede chantajear a Grecia porque la democracia en Europa no puede ser chantajeada».

Sin embargo, después de cinco meses de negociaciones con la famosa troika, compuesta por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, Grecia aceptaba un acuerdo por el que se plegaba a la práctica totalidad de las “reformas” impuestas por la troika a cambio de una aportación de 50.000 millones de euros en tres años.

El primer ministro, Alexis Tsipras,  describía de este modo los motivos que le habían empujado a aceptar dicho acuerdo, contraviniendo la posición que había mantenido, antes y después de haber ganado las elecciones: “Durante la reunión del Eurogrupo el gobierno heleno ha recibido serias amenazas y chantajes que de materializarse tendrían graves consecuencias para el pueblo griego, ya que existe un plan perfectamente detallado (que ya estaba siendo aplicado) para lograr un aislamiento completo del país a partir del miércoles a todos los niveles, incluyendo el colapso de los bancos y la falta de provisiones de todo tipo. Por lo tanto, con el fin de sobrevivir y no sucumbir al Grexit, el gobierno se ha visto obligado a aceptar compromisos muy duros, aunque también algunas victorias”.

Lo ocurrido en Grecia debería hacernos replantear cuál es el concepto de democracia que manejan las instituciones de la Unión Europea. El chantaje del Eurogrupo que denuncia Tsipras se produjo para torcer la voluntad expresada por la ciudadanía de Grecia en un referéndum, donde el 61% de los votantes votó en contra de las condiciones que quería imponer la troika. ¿De qué sirven las elecciones parlamentarias, de qué sirven los referendos, de qué sirve que la población de un país exprese su voluntad en las urnas si esos mandatos democráticos son sometidos a chantaje hasta doblegarlos? ¿De qué tipo de “democracia” estamos hablando?

Al desprecio manifiesto por las decisiones democráticas de los pueblos de Europa, conviene añadir que el Fondo Monetario Internacional, uno de los tres integrantes de la troika, es un organismo donde Estados Unidos es el único país que tiene derecho de veto, debido al sistema de ponderación de voto según el peso de cada país. En la práctica, esto significa que las políticas impulsadas por el FMI son acordes con los intereses de quien tiene capacidad de vetar lo que contraviene sus intereses. Por lo tanto, nos encontramos con que en las negociaciones que se produjeron entre un país de la Unión Europea y la troika, la última palabra la tenía Estados Unidos.

¿De qué tipo de “democracia” estamos hablando? ¿Del poder de veto de Estados Unidos en los asuntos europeos? ¿Del chantaje a los países “díscolos” que se salen del guion marcado por los burócratas en Bruselas? ¿Estos son los valores y las reglas que Ursula von der Leyen dice que estamos defendiendo al asociarnos con Estados Unidos frente a Rusia?

La Unión Europea no sólo está supeditándose a los intereses económicos y geopolíticos de Estados Unidos. Convertida en correa de transmisión de la agenda de la Casa Blanca, también está imitando las formas que caracterizan a Washington, como vemos en este tuit de Ursula von der Leyen que, antes de presidir la Comisión Europea, fue ministra de Defensa en Alemania.

Ese “China must” con el que Ursula von der Leyen anuncia la lista de deberes que le asigna al coloso asiático, tras la reunión que mantuvieron la Unión Europea y China el 1 de abril, choca frontalmente con el lenguaje diplomático. En inglés el verbo “must” se usa para indicar una obligación o una prohibición. La presidenta de la Comisión utiliza ese verbo conminatorio para exigir, a renglón seguido, que China facilite y mejore el acceso de las empresas europeas al mercado chino, lo que nos recuerda los modos y maneras habituales de Estados Unidos cuando se dirige a otros países.

La presidenta de la Comisión olvida que costó siete años negociar con China un acuerdo que incluía, precisamente, una facilitación del acceso de las empresas europeas al mercado chino. Un acuerdo que ella alabó con estas palabras, en diciembre de 2020: “El acuerdo dará un acceso sin precedentes al mercado chino por parte de los inversores europeos, permitiendo que nuestras empresas crezcan y creen empleo”. También olvida que la ratificación de dicho acuerdo fue paralizada por el Parlamento Europeo, cinco meses más tarde, después de que Estados Unidos realizara alegaciones sobre supuestas violaciones de derechos humanos por parte de China en Xinjiang, y Joe Biden sacara a relucir la “represión” china en Hong Kong en su primera conversación con Xi Jinping.

Como ha destacado el economista Javier Santacruz Cano, el acuerdo con China era “especialmente favorable para la Unión Europea, ya que se conseguían dos avances de enorme importancia: por un lado, más facilidades para localizar empresas europeas en China con más margen de maniobra en su gestión y operaciones en el territorio con otros socios locales o extranjeros y, por otro lado, una mayor reciprocidad y mejor juego (menor dopaje) por parte de las empresas estatales chinas a la hora de acometer operaciones corporativas o el acceso a contratos públicos en territorio europeo”.

Las alegaciones selectivas sobre las violaciones de derechos humanos por parte de determinados países, siempre los mismos, se han convertido en una herramienta usada por Estados Unidos para imponer sanciones económicas que destruyan sus economías, o reventar acuerdos favorables a los adversarios geopolíticos de Washington. En el caso del frustrado acuerdo con China, para debilitar a la Unión Europea.  El hecho de que el periodista saudí Jamal Khashoggi fuera descuartizado y hecho desaparecer en el consulado de Arabia Saudita en Estambul, lo cual fue registrado en grabaciones, o la decapitación de 81 personas en un solo día, no parecen ser violaciones de los derechos humanos lo suficientemente graves como para sancionar al régimen saudí, o cancelar el contrato para construir fragatas en los astilleros de Navantia, en Cádiz, con destino a dicho país, porque afectarían a los puestos de trabajo.  

Como vemos, la americanización de la Unión Europea también se nota en el doble rasero que aplica a según qué países a la hora de exigir democracia y respeto a los derechos humanos. Lo que la diferencia de Estados Unidos es que este país utiliza el doble rasero en su beneficio, mientras que la Unión Europea lo usa para darse tiros en el pie. Eso, cuando Estados Unidos no anuncia una cosa y hace la contraria. Después de haber proclamado, el 8 de marzo, que dejaría de comprar petróleo a Rusia, los datos de la US Energy Information Administration muestran algo muy distinto.

Estados Unidos sigue comprando petróleo a Rusia. Tras un brusco descenso en la primera semana de marzo, donde las importaciones bajaron de 148.000 barriles diarios a 38.000, en la tercera semana Estados Unidos ya volvía a comprar 100.000 barriles diarios de petróleo a Rusia. ¿Qué opina Ursula von der Leyen al respecto?