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Los ataques de Estados Unidos a Venezuela e Irán liberan a Rusia de la presión de China sobre Ucrania

29 de mayo de 2026

China afloja la presión sobre Rusia tras el viaje de Trump a Pekín

La intervención armada de Estados Unidos en Venezuela y la guerra desatada contra Irán, proveedores ambos de petróleo a China, ha evidenciado que el objetivo de la Casa Blanca sigue siendo el mismo, independientemente del inquilino de turno: debilitar a China. Trump dejó Pekín con poco más que buenas palabras en el bolsillo, mientras que Putin y Xi Jinping firmaron más de 40 acuerdos, en todo tipo de esferas, durante la última reunión del presidente ruso con el chino en Pekín.

La política exterior de Estados Unidos ha conseguido desgajar a Europa de su vecino oriental, pero está logrando que Rusia y China profundicen su relación estratégica, contribuyendo a consolidar un formidable bloque euroasiático, económicamente complementario, y masivo geográficamente.

Las declaraciones de Serguéi Lavrov sobre la necesidad de “alcanzar todos los objetivos de la operación militar especial”, realizadas tras el último viaje de Vladímir Putin a Pekín, sugieren que China ha aflojado la presión que ejercía sobre Rusia en relación con la guerra en Ucrania. Tras proclamar esa necesidad, para así fortalecer la influencia de Rusia en el mundo, Lavrov subrayó que “Nuestros amigos y vecinos, así como nuestros oponentes y enemigos, lo están vigilando muy de cerca”.

Lavrov subraya la necesidad de alcanzar los objetivos de la operación militar especial de Rusia. TASS, 23 de mayo de 2026.

En septiembre de 2024, Wang Yi, el ministro de Asuntos Exteriores chino, pedía un alto el fuego en Ucrania en el Consejo de Seguridad de la ONU. China se alineaba así con occidente, que reclamaba un cese de las hostilidades como condición previa para iniciar negociaciones. Tras constatar la mala fe de Donald Trump, evidenciada por los ataques a sus proveedores de petróleo, la posición de China en relación con la guerra de Ucrania parece haber cambiado, inclinándose ahora por que Rusia acabe el trabajo, de la manera que estime más conveniente. Xi Jinping dijo en la conferencia de prensa conjunta con Putin que “los lazos entre Rusia y China están en consonancia con las exigencias de nuestro tiempo”.

Desde que Rusia decidió intervenir directamente en la guerra civil que se desarrollaba en Ucrania desde 2014, tras el golpe de estado organizado por Estados Unidos, su estrategia militar se ha visto condicionada por varios factores. Uno de los más importantes ha sido la necesidad de mostrar una cierta moderación, de cara a sus “amigos y vecinos”, por usar la expresión de Lavrov.

Los rusos consideran a los ucranianos un pueblo hermano. Putin escribió en 2021 un artículo donde recalcaba la «unidad histórica» de ambos pueblos. El propio Zelenski, judío y rusoparlante antes de aprender ucraniano a marchas forzadas, usaba la palabra «hermanos» para referirse a los rusos, a quien consideraba de la misma sangre. Vasili Nebenzia, el embajador ruso ante la ONU, hablaba de «compasión» por un pueblo al que no consideran extraño para explicar por qué no habían golpeado con más dureza hasta la fecha. Sin embargo, tras más de cuatro años de guerra, esa fase está tocando a su fin.

El desprecio por cualquier clase de constreñimiento a la hora de perseguir sus objetivos, mostrado tanto por Trump como por su socio en el crimen, Netanyahu, ha indicado a China que la presión sobre Rusia para que actuara con moderación en Ucrania carece de sentido. Las declaraciones de Yuri Ushakov, asesor de Putin, remachan este análisis: afirma que no sabe nada del “espíritu de Anchorage”, que nunca usó esa frase, y que lo que sí existe es el “espíritu de Pekín”, que “hasta se puede tocar”.

Xi y Putin condenan la política exterior “irresponsable” de Estados Unidos en la cumbre de Pekín. The Guardian, 20 de mayo de 2026.

La declaración conjunta de Rusia y China remacha el común hartazgo por la incapacidad de Estados Unidos de abordar unas relaciones diplomáticas dignas de tal nombre. Trump sólo se distingue de sus predecesores en sus impresentables formas, pero comparte el mismo fondo: su concepto de las relaciones internacionales radica en que los demás países obedezcan sus órdenes. Y pobre del que no lo haga.

Por su parte, Marco Rubio corrobora el acta de defunción de lo que Putin y Trump hablaran en Alaska, cuando reconoce que las conversaciones de paz sobre Ucrania están estancadas, que actualmente no hay negociaciones propiamente dichas, y que Estados Unidos está listo para desempeñar ese papel de mediador que se atribuye “si surgen oportunidades”. No tiene pinta de que vaya a haberlas.

Estados Unidos sugiere que podría abandonar las conversaciones mientras Rusia escala la guerra. Responsible Statecraft, 26 de mayo de 2026.

La farsa de la mediación de una de las partes en conflicto está tocando a su fin. Putin se avino a participar en la representación porque pensaba que podía convenir a sus intereses, como analicé en este artículo. Sin embargo, una vez constatada la falta de voluntad política de Trump para sentarse a diseñar una nueva arquitectura de seguridad en Europa, en la que se tengan en cuenta los intereses de Rusia, los rusos están virando.

Zelenski, arrodillado ante el féretro de Andriy Melnyk. Marta Havryshko en X.

Rusia se encamina hacia la resolución del conflicto por la vía militar, de un modo más expeditivo que hasta ahora, una vez comprobada la negativa de Estados Unidos a asumir la nueva realidad multipolar del mundo, y a actuar en consecuencia. En cuanto a Ucrania, sus dirigentes, convenientemente engrasados, han asumido las tesis europeas de continuar el conflicto. El ala ultranacionalista de las élites ucranianas, en claro ascenso, tampoco permitiría a Zelenski cualquier atisbo de acuerdo que no consistiera en la derrota estratégica de su odiado enemigo.

La imagen del judío Zelenski arrodillándose ante el féretro de Andriy Melnyk durante un funeral de estado denota la sumisión del presidente ucraniano al ala ultranacionalista. Los restos mortales de Melnyk fueron trasladados desde Luxemburgo para ser inhumados en Ucrania. Melnyk fue un notorio colaborador de los nazis en el exterminio de un millón y medio de judíos ucranianos durante la Segunda Guerra Mundial.

Rusia anuncia ataques sistemáticos contra Kiev

Ignorando los antecedentes y el contexto, Rusia ha sido presentada en occidente como la única agresora en el conflicto provocado por la OTAN en Ucrania. El Kremlin sabe de sobra que, haga lo que haga, ya está condenado de antemano en occidente. Sin embargo, utilizar la estrategia militar habitual de Estados Unidos o Israel – los bombardeos de saturación, la destrucción sistemática, las matanzas de población civil, el genocidio – habría provocado un rechazo contraproducente tanto en los BRICS, como en el sur global. 

Rusia lleva más de cuatro años fingiendo que está luchando únicamente contra Ucrania, no contra la OTAN, a pesar de que la guerra habría acabado en cuestión de semanas sin el ingente apoyo económico y militar del bloque militar liderado por Estados Unidos. Ese ejercicio de prudencia es presentado en occidente como un signo de debilidad.

Si en 2022 Joe Biden decía que no iba a proporcionar aviones de combate a Ucrania porque eso supondría la tercera guerra mundial, luego hemos visto que occidente ha suministrado no sólo cazas, sino tanques, munición de artillería y, quizás más importante aún, información de inteligencia y datos, sin los cuales los misiles Storm Shadow británicos no podrían atacar objetivos en Rusia. Hasta The New York Times reconocía la profunda imbricación de militares estadounidenses en la guerra contra Rusia, planificando ataques desde Wiesbaden y la base de la OTAN en Ramstein, Alemania.  

Una vez obtenido el beneplácito de su aliado estratégico, el bombardeo ucraniano sobre una residencia de estudiantes en Starobelsk, que causó 21 muertos, sirvió para desbordar el hartazgo de Rusia por los ataques ucranianos contra la población civil, que son sistemáticamente silenciados por los medios occidentales, atribuidos a Rusia, o desmentidos por el gobierno de Kiev, en contra de las evidencias. Starobelsk se encuentra en la región de Lugansk, controlada ya por Rusia en su práctica totalidad.

Tras este enésimo ataque a la población civil en Donbass, Rusia usó un misil Oreshnik, hipersónico y prácticamente imposible de detener, para atacar distintos objetivos en Kiev. Lejos de limitarse a esta represalia, el Ministerio de Asuntos Exteriores anunció que “Todo esto ha colmado el vaso de la paciencia” y que las Fuerzas Armadas de Rusia se disponían “a asestar progresivamente golpes sistémicos contra instalaciones de la industria militar ucraniana en Kiev (…) que el régimen de Kiev utiliza con la asistencia de profesionales de la OTAN, responsables por suministrar los componentes, entregar datos de información y establecer los blancos. Además, los golpes serán lanzados contra los centros de toma de decisiones y puestos de mando”. 

El comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso instaba a los ciudadanos extranjeros, al personal diplomático y a los representantes de las organizaciones internacionales a “abandonar la ciudad lo antes posible”. También advertía a los residentes en la capital “que no se acerquen a las infraestructuras militares y administrativas del régimen de Zelenski”. Por si quedaba alguna duda, Serguéi Lavrov llamó a Marco Rubio para indicarle la necesidad de la evacuación de los ciudadanos estadounidenses. Kaja Kallas declaró el 28 de mayo que los estadounidenses habían evacuado su embajada, lo que fue desmentido por la legación diplomática. Otro papelón de la lituana. Los europeos, desafiantes, rechazaban abandonar la ciudad.

Lavrov dice a Rubio que evacuen a los diplomáticos y ciudadanos estadounidenses de Kiev. Bloomberg, 25 de mayo de 2026.

Cualquiera que se asome a los medios de comunicación rusos, incluyendo los estatales, o siga a los analistas occidentales que reportan sobre lo que allí se comenta, sabe que el hartazgo por la duración de la guerra está haciendo mella no sólo en el Kremlin, sino en la población en general. La exasperación por la evidencia de la participación de la OTAN y de la Unión Europea en el sostenimiento del conflicto, sin que Rusia haya golpeado a los países que dirigen, financian y ejecutan los ataques provenientes de Ucrania, está llegando a niveles políticamente insostenibles.

Las recientes declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores de Lituania, que comentó que la OTAN tenía la capacidad de destruir los sistemas de defensa aérea situados el enclave ruso de Kaliningrado, que se suman a las amenazas ya realizadas en la misma línea por un general estadounidense, contribuyen a incrementar la presión social y política que experimenta el Kremlin para poner fin de una vez por todas a la “operación militar especial”. Aunque el nivel de aprobación de Putin se sitúa en el 79%, es la primera vez que cae por debajo del 80% en los últimos tres años, y supone una caída de 9 puntos desde agosto del año pasado.

El 15 de abril, el Ministerio de Defensa ruso publicó las direcciones de las empresas europeas que fabrican drones con destino Ucrania. Dimitri Medvédev, el vicepresidente del Consejo de Seguridad Nacional, máximo órgano de gobierno en Rusia, por encima del consejo de ministros, declaró tras la publicación que la lista representaba una lista de “potenciales objetivos” para las fuerzas armadas rusas. El mismo Medvedev declaraba el 6 de mayo que “solo un miedo bestial a sufrir daños inaceptables impedirá que Alemania y la Europa Unida lancen otro ataque contra Rusia”. Así lo recogía Rafael Poch en un artículo con el título “Este año la guerra podría extenderse en Europa”, a la par ominoso y realista.

En Rusia, la situación ha llegado a un punto en el que, o bien hace valer su capacidad disuasiva, de manera preventiva, a riesgo de escalar el conflicto, o bien occidente va a seguir cruzando líneas rojas, hasta que la respuesta ya no sea de carácter preventivo, sino de otra dimensión, que mejor no tengamos que presenciar.

Europa incrementa la temeraria escalada contra Rusia

Occidente ha ido cruzando lo que parecían ser las tan mencionadas líneas rojas del Kremlin, una tras otra. Confundiendo la paciencia estratégica, y la necesidad de ofrecer una imagen de relativa moderación a sus aliados, con debilidad, la falta de respuestas disuasivas contundentes por parte de Rusia ha ido envalentonando a los miembros de la OTAN. La reciente visita del ministro de Defensa alemán a Kiev, para firmar un acuerdo y producir drones de largo alcance, de manera conjunta, capaces de penetrar hasta 1.500 kilómetros en el interior de Rusia, supone otra temeridad por parte de Alemania. Boris Pistorius declaró que el acuerdo era «sólo el principio» de la colaboración entre ambos países.

Alemania, Ucrania producirán conjuntamente drones de largo alcance en una asociación de defensa ampliada. Kiyv Post, 11 de mayo de 2026.

Una reciente entrevista a Andriy Biletsky en Reuters indica que Europa sigue apostando por el ala dura de las élites ucranianas. Biletsky, uno de los fundadores del neonazi batallón de Azov, ascendido a general de brigada, habla de un “punto de inflexión” en la guerra contra Rusia, pero sostiene que la pelota puede caer del lado ucraniano, y que una victoria todavía es posible. Los gabinetes de ideas occidentales le bailan el agua en la misma pieza. Siguen alimentando la entelequia de una “derrota estratégica” de la primera potencia nuclear del mundo, que se juega su existencia en el conflicto.

Europa continúa esparciendo el espantajo de la “amenaza rusa”, que Rafael Poch califica acertadamente de “profecía autocumplida, una creencia falsa en su origen pero que contribuye y alimenta su realización”. En el fondo, de lo que se trata es de seguir alimentando la guerra en Ucrania, con la vana esperanza de provocar un zarpazo ruso de tal magnitud que Estados Unidos se vea obligado a cruzar el Atlántico para “salvar” a sus aliados de la OTAN e infligir, ahora por fin, esa “derrota estratégica” a Rusia, acompañada del cambio de régimen necesario para proceder a la desmembración del país eslavo en unidades más manejables, y al expolio de sus ingentes recursos naturales.

Este y no otro es el objetivo de la expansión de la OTAN hacia el este, con el colofón de la incorporación de Ucrania a la alianza militar, hasta ahora de facto. La temeridad de la pretensión no tiene en cuenta ni la historia, ni la geografía, ni las capacidades militares de Rusia. Queda por ver si la retórica belicista europea se queda en una estratagema para continuar alimentando flujos de dinero, al margen de cualquier control, o si las élites europeas han alcanzado un estado de delirio tal como para involucrarse directamente en una guerra con Rusia, con la vana esperanza de que Estados Unidos acuda al rescate.

Son numerosos los analistas que advierten del peligro de una guerra directa de la OTAN contra Rusia. 

En cualquier caso, el daño infligido hasta ahora a la ciudadanía europea por sus élites exigiría la asunción de responsabilidades por el fracaso de las políticas implementadas, y sus nefastas consecuencias económicas en el viejo continente. Bruselas ha condenado a Europa a la ruina económica y a la irrelevancia geopolítica.

Lo que surgió como un proyecto de paz, para evitar nuevas guerras en el continente que ha sufrido el mayor número de ellas en la historia, se ha convertido en un fracasado proyecto geopolítico, donde lo único que importa es mantenerse en el poder, y centralizarlo en muy pocas manos, en detrimento de la soberanía popular, en las ya maltrechas democracias nacionales. Hasta que la anestesiada ciudadanía no salga de su letargo, las élites europeas seguirán campando a sus anchas, tentadas de meternos en una guerra, para seguir robándonos la cartera con total impunidad.

En Irán se disputa la hegemonía mundial

12 de mayo de 2026

El objetivo de los ataques de Estados Unidos a Venezuela e Irán también es China

Los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán responden a objetivos sólo parcialmente coincidentes. En el artículo anterior me centré en los intereses de Israel en la región, y en cómo Netanyahu consiguió empujar a Donald Trump a un conflicto del que ahora el presidente de Estados Unidos no sabe cómo salir, sin perder la cara. La última parte del artículo se centraba en el tema que voy a desarrollar ahora: la lucha por la hegemonía mundial, que se está disputando en Irán.

El motor de la geopolítica es la lucha por el control de los recursos, especialmente los energéticos. Sin energía, nada se mueve, y el precio de la energía determina la viabilidad de las empresas y, por ende, de los estados que las albergan. El ejemplo lo tenemos aquí mismo, en Europa: la desindustrialización de Alemania se debe al encarecimiento de la energía, desde que los lumbreras de Bruselas decidieron prescindir del gas procedente de Rusia, para sustituirlo por el mucho más caro de otros proveedores. Singularmente, de Estados Unidos, que se ha convertido en el primero de la Unión Europea.

Ilustración: Liu Rui, Global Times.

Previamente al nuevo ataque contra Irán, Estados Unidos secuestró a Nicolás Maduro en Caracas y se aseguró el control político del gobierno chavista a punta de pistola, como analicé en este artículo. Venezuela alberga las mayores reservas de crudo del planeta, de un tipo muy pesado, muy conveniente para las refinerías situadas en Texas, Louisiana y Misisipí. Unas instalaciones que se configuraron para procesar este tipo de petróleo allá por los años 90 del pasado siglo, no por casualidad, sino mirando el mapa.

Las exportaciones de petróleo venezolano han sido redirigidas hacia Estados Unidos, en detrimento de China, que el año pasado recibía más de la mitad de los 768.000 de barriles diarios que salían de Venezuela. Esta cantidad supone un 3% de las importaciones chinas de petróleo. No parece un bocado muy grande, pero contribuye a ampliar la mella que supondría para China verse privada de las provenientes de Irán.

Las acciones de EE. UU. amenazan los flujos de petróleo entre Venezuela y China, el pago de la deuda e inversiones. Center on Global Energy Policy, Columbia University.

China compra más del 80% del petróleo que sale de Irán en tanqueros, según cifras del año pasado, citadas por Reuters. Los 1,38 millones de barriles que adquirió China en 2025 representan el 13,4% del petróleo que llegó por vía marítima al gigante asiático. Si lo sumamos al 3% que procedía de Venezuela, estamos cerca del 17% de cuota en el mercado chino entre estos dos proveedores.

El 29% del gas que recibe China proviene de Catar y de los Emiratos Árabes Unidos. Catar es el segundo proveedor de gas de China, después de Australia. El 4 de marzo, una semana después de comenzar los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, Catar declaró fuerza mayor para interrumpir legalmente el suministro a los compradores, poco después de haber anunciado el cese de la producción de gas natural licuado.

El 18 de marzo, Catar calificaba de “peligrosos e irresponsables” los ataques israelíes contra la parte sur del yacimiento de gas que comparte con Irán: North y South Pars, el mayor del mundo. Netanyahu sostenía que Israel había actuado en solitario en el ataque, mientras Donald Trump porfiaba que Estados Unidos no había sido advertido previamente. Nadie en su sano juicio puede tragarse esa bola.

“Peligroso e irresponsable”: Catar enfurecido por el ataque de Israel al campo de gas compartido con Irán. Doha News.

Por si quedaba alguna duda de cuál es el verdadero objetivo que Estados Unidos persigue con el control del petróleo de Venezuela y el ataque a Irán, el 15 de abril Scott Bessent amenazaba con imponer sanciones a los bancos chinos que recibieran ingresos procedentes de Irán. Previamente, el 12 de abril, su jefe había amenazado con imponer aranceles del 50% a China si le proporcionaba armas a Irán.

Estados Unidos e Israel bombardean la línea férrea que une China con Irán

En una entrevista con el profesor Glenn Diesen, el coronel retirado Lawrence Wilkerson, que trabajó como jefe de gabinete de Colin Powell, contaba que uno de los objetivos de los bombardeos contra Irán es la línea ferroviaria que une este país con China. Esta infraestructura es clave dentro de la Nueva Ruta de la Seda.

Ilustración: Alex Krainer en Substack.

Según recoge Alex Krainer, la línea férrea fue construida por China como el principal corredor terrestre de carga de la Nueva Ruta de la Seda: aproximadamente 10.400 km en total desde Xi’an hasta el puerto seco de Aprin, cerca de Teherán. Este ferrocarril tiene la capacidad de desviar un alto porcentaje del comercio que genera China desde los mares a tierra firme. La línea ferroviaria se inauguró en junio de 2025, con la intención de transportar carga entre Irán y China mucho más rápido que usando las rutas marítimas, reduciendo los tiempos de transporte entre 15 y 20 días, evitando simultáneamente cuellos de botella como el estrecho de Ormuz y el de Malaca.

A principios de abril, Estados Unidos e Israel llevaron a cabo ataques aéreos contra esta línea férrea, alcanzando entre 8 y 10 puentes y varios segmentos de la vía, en distintos lugares de Irán. Además del control de la energía, Estados Unidos pretende hacerse con el de las rutas logísticas, como analicé en mi artículo anterior. Los ataques a uno de los proyectos estrella de la Nueva Ruta de la Seda tratan de socavar el enfoque comercial que China imprime a sus relaciones internacionales.

MacKinder revisitado: Por qué Estados Unidos no abandonará la OTAN

Enfadado por la negativa de sus supuestos aliados en la OTAN a ayudarle a reabrir el estrecho de Ormuz, cuyo cierre provocó, Donald Trump ha amenazado con abandonar la Alianza Atlántica. Tal acontecimiento no se producirá nunca, porque Estados Unidos fundó el conglomerado militar precisamente para proyectar poder en el continente euroasiático.

Marco Rubio se encargaba de enmendarle la plana a su jefe: después de declararse un ferviente partidario de la OTAN, Rubio recordaba que uno de los motivos por los que Estados Unidos está en la organización es precisamente para tener bases en Europa, que les permita proyectar su poder en el continente. Y si sus aliados no les dejaban usarlas, tenían un problema.

El aislamiento geográfico de Estados Unidos en relación con Eurasia debe ser compensado mediante la subordinación de Europa a sus intereses geopolíticos. Así, Washington aprovechó la victoria sobre Alemania en la Segunda Guerra Mundial – conseguida principalmente por la Unión Soviética – para, además de colgarse una inmerecida medalla, convertir a Europa occidental en un gigantesco cuartel donde instalar sus tropas.

En este punto conviene volver a las tesis de Halford MacKinder, sobre las que ya escribí en este artículo. Lo que hace Estados Unidos es retomar las tesis geopolíticas del hundido imperio británico, en gran medida desplazado del pedestal por la excolonia, como analiza el economista Michael Hudson en su libro “Super Imperialism. The Economic Strategy of American Empire”.

MacKinder advertía sobre la potencialidad de Rusia de convertirse en el imperio: “En el mundo en general, [Rusia] ocupa la posición estratégica central que Alemania ostenta en Europa”. El geógrafo británico proseguía de este modo: “El desequilibrio de poder a favor del Estado clave, que propiciaría su expansión por los territorios marginales de Eurasia, permitiría el uso de vastos recursos continentales para la construcción de flotas, y el imperio mundial estaría entonces al alcance de la mano. Esto podría ocurrir si Alemania se aliara con Rusia”.

Lo que proponía MacKinder era una alianza de Francia con “las potencias de ultramar”, a las que se sumarían Italia, Egipto, India y Corea, “que se convertirían en cabezas de puente” que forzarían a la potencia en el corazón del área pivote “a desplegar fuerzas terrestres e impedirles concentrar toda su fuerza en flotas”.

Ilustración: Reproducida por Alex Krainer en Substack.

En resumidas cuentas, lo que proponía MacKinder era impedir una alianza entre Alemania y Rusia: este es el objetivo de la guerra provocada por la OTAN en Ucrania. Además, el británico proponía rodear a Rusia de países beligerantes para impedir que desarrollara un potencial naval, que en su época era sinónimo de prevalencia en la arena geopolítica.

Mirando el mapa, vemos que Estados Unidos está moviendo sus peones, o haciéndose con nuevos, con el fin de rodear el corazón del pivote central, al que MacKinder luego denominó Heartland. En el flanco occidental, mediante la OTAN y su permanente expansión hasta las mismas fronteras rusas, con la incorporación de los países bálticos, y la más reciente de Suecia y Finlandia. La guerra de Ucrania es el paradigma del peón al servicio de Washington, a costa de la aniquilación de un país, con la complicidad de sus élites apesebradas.

En el flanco sur, con la temprana inclusión de Turquía en la OTAN, la toma de Siria, y los intentos de hacerse con el Cáucaso: guerra separatista en Chechenia, revolución de colores en Armenia, culminada con la presidencia de Pashinian, y el intento, hasta ahora frustrado, de tomar el control de Georgia.

En el flanco oriental, mediante el intento de hacerse con Afganistán; el golpe palaciego contra Imran Khan en Pakistán; la revolución de colores, camuflada de estudiantil, en Bangladés; la ocupación militar de Corea del Sur y de Japón, tras sufrir este último un holocausto nuclear a sus manos. La construcción de nuevas bases militares en Filipinas, tras el cambio de liderazgo en el país, y la instigación del separatismo en Taiwán, convenientemente provisto de armamento estadounidense, en lo que además es un lucrativo negocio.

Y por último, y fundamental, utilizando a Israel. En palabras de MacKinder: “La ciudadela de Jerusalén tiene una posición estratégica con respecto a las realidades mundiales que no difiere… de su posición ideal desde la perspectiva de la Edad Media”. El portaaviones insumergible de Estados Unidos en Oriente Próximo sigue cumpliendo su función.

En 1944, Nicholas John Spykman le enmendaba la plana a MacKinder. Parafraseando al británico, el profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Yale le daba la vuelta al enfoque: “Quien controla el Rimland gobierna Eurasia, quien gobierna Eurasia controla los destinos del mundo”. Todo lo contrario de lo que sostenía MacKinder, que ponía el foco en el control del Heartland, no de su periferia. La política de contención de la URSS se basó en las premisas de Spykman.

El corazón de la tierra, rodeada por el anillo continental.

Una vez disuelta la Unión Soviética, el objetivo de Estados Unidos pasa por hacerse con el control tanto del Heartland, como del Rimland. La guerra desatada por la OTAN contra Rusia en Ucrania es el intento de cambio de régimen en Moscú para hacer ese doblete, hasta ahora tan fallido como el perseguido en Irán.

Las consecuencias del fracaso estratégico de Estados Unidos en Irán

Es muy relevante que un personaje del perfil de Robert Kagan titule “Jaque mate en Irán”  un artículo en The Atlantic, cueva de los neoconservadores. Lo arranca con estas líneas: “Resulta difícil imaginar una época en la que Estados Unidos haya sufrido una derrota total en un conflicto, un revés tan decisivo que la pérdida estratégica no pudiera repararse ni ignorarse”.

Jaque mate en Irán. The Atlantic, 10 de mayo de 2026.

Robert Kagan es el cofundador del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, impulsor de las intervenciones militares de Estados Unidos a lo largo y ancho del planeta, y marido de Victoria Nuland, arquitecta del golpe de Estado del Maidán. Sus palabras representan el diagnóstico de los neoconservadores sobre la intervención en Irán.

A diferencia de las derrotas de Estados Unidos en Vietnam o Afganistán, que no causaron daños duraderos a la posición general del país en el mundo, “porque estaban lejos de los principales escenarios de la competencia global”, la posible derrota contra Irán cambiaría el equilibrio global de poder porque demostraría la incapacidad estadounidense para controlar la región y proteger a sus aliados.

Las consecuencias del fracaso de ejecutar un cambio de régimen en Irán, según Robert Kagan, serían las siguientes: 

  • Irán consolidaría su influencia regional, especialmente mediante el control estratégico del estrecho de Ormuz, pudiendo restringir o condicionar el comercio energético mundial.
  • Los países del Golfo acabarían adaptándose a Irán al percibir que Estados Unidos ya no puede garantizar su seguridad.
  • Ni siquiera una coalición occidental podría reabrir militarmente el estrecho de Ormuz, si Estados Unidos fracasa en hacerlo.
  • La crisis tendría efectos globales: pérdida de credibilidad estadounidense, dudas entre sus aliados en Europa y Asia, y fortalecimiento de potencias como China y Rusia.
  • La guerra habría demostrado debilidades militares de Estados Unidos, agotando reservas de armas y cuestionando la eficacia de sus sistemas defensivos.

La paradoja que extrae Robert Kagan del ataque a Irán es que los intentos de Estados Unidos por mantener su hegemonía habrían acelerado precisamente el surgimiento de un mundo multipolar donde ya no puede imponer su dominio.

El neoconservador no puede asumir la derrota, ni mucho menos sus consecuencias. ¿Cuál es la solución que propone entonces? Redoblar los esfuerzos hasta conseguir el ansiado cambio de régimen, con la instalación de una marioneta que trate de ejecutar los dictados de Washington en el país.

Robert Kagan incurre en una flagrante contradicción, cuando afirma, por un lado, que las razones que motivaron a Trump a pausar sus ataques, sin contraprestación alguna por parte de Irán, continúan vigentes: “Unos pocos ataques exitosos podrían paralizar la infraestructura de petróleo y gas de la región durante años, si no décadas, sumiendo al mundo, y a Estados Unidos, en una prolongada crisis económica. Incluso si Trump quisiera bombardear Irán como parte de una estrategia de salida —mostrando dureza para enmascarar su retirada— no puede hacerlo sin arriesgarse a esta catástrofe. Si esto no es jaque mate, está muy cerca”.

Sin embargo, Kagan reconoce que su propuesta“librar una guerra terrestre y naval a gran escala para derrocar al actual régimen iraní y ocupar Irán hasta que un nuevo gobierno pueda instaurarse” podría igualmente terminar en un fracaso. Kagan entiende que Trump pueda preferir admitir una derrota a intentar sobrevivir políticamente “a una guerra mucho mayor, más larga y costosa”. Una opción que, a él, se percibe claramente, no le contenta. Porque los neoconservadores no tienen marcha atrás, incluso aunque todos los factores de un conflicto indiquen que la opción más prudente es la retirada.

Estados Unidos opta por la piratería

Ante el fracaso de la estrategia militar habitual del Pentágono – bombardeos de saturación, golpes de decapitación a la cúpula, culminada con la invasión terrestre en algunos casos – Estados Unidos ha optado por la piratería. Como excolonia heredera de los usos y costumbres de la exmetrópoli, que nombró caballero a un corsario, Donald Trump presumía en un discurso, publicado por la Casa Blanca, de recurrir a la piratería.

Después de describir el asalto a un buque iraní por parte de la armada de su país, Donald Trump afirmó lo siguiente: “Y nos apoderamos del barco; nos apoderamos de la carga, nos apoderamos del petróleo. Es un negocio muy rentable. ¿Quién se lo hubiera imaginado? Somos como piratas. Bueno, en cierto modo somos piratas. Pero no estamos jugando”.

Publicación de la embajada de Irán en Sudáfrica.

Donald Trump no es el primer presidente con vocación de corsario. En abril de 2023, bajo la presidencia de Joe Biden, Estados Unidos se apoderó del millón de barriles de petróleo que transportaba un tanquero iraní. Un hecho que fue reconocido cinco meses más tarde.

El 14 de agosto de 2020, el Departamento de Justicia presumía de la “incautación” del petróleo que transportaban cuatro tanqueros iraníes, con destino Venezuela: un total de 1.116.000 barriles. El robo del petróleo iraní había sido revestido de legalidad porque un juez del distrito de Columbia había emitido una diligencia ordenando la “incautación”. En la democracia estadounidense nos encontramos con jueces amparando la piratería, basándose en legislación perpetrada por la cámara legislativa, con alcance extraterritorial. 

Antes de secuestrar a Nicolás Maduro, Estados Unidos ya estaba apropiándose de tanqueros venezolanos, así como de su contenido. En diciembre de 2025, Trump advertía que se iba a quedar tanto con los barcos, como con la carga que transportaban.

En un mundo donde las reglas, y las apariencias de seguirlas, han saltado por los aires a manos de quienes se erigían en sus guardianes, presumir de abordar tanqueros en alta mar para saquear su carga encaja perfectamente con el nuevo paradigma que Estados Unidos pretende que asumamos como la nueva normalidad. Esto último, a salvo de la reacción con que las otras potencias mundiales repliquen a las incursiones del corsario de turno en la Casa Blanca.

Una Europa al margen apuesta por la escalada nuclear

En la competición por la hegemonía mundial que se está desarrollando en múltiples frentes – donde tampoco hay que olvidar a África y el reciente intento de golpe de Estado en Mali, instigado por Francia, con la colaboración de Ucrania, contra la creciente presencia rusa en un área de tradicional influencia francesa – es necesario preguntarse en qué posición se halla Europa.

La respuesta es muy sencilla: Europa está pagando con la irrelevancia su sumisión a los intereses geopolíticos de Estados Unidos, singularmente en Eurasia. Europa no pinta nada en el gran tablero de las relaciones internacionales. Sigue apostando por un proyecto inviable en Ucrania, mientras intenta camuflar su fracaso político y económico recurriendo al belicismo y, lo que resulta más preocupante, a la retórica de la escalada nuclear.

El 2 de marzo, Emmanuel Macron y Friedrich Merz emitían una declaración conjunta en la que anunciaban la creación de “un grupo directivo nuclear de alto nivel” para la coordinación de “la combinación adecuada de capacidades convencionales, de defensa antimisiles y nucleares francesas”.

El mismo día, Macron anunciaba un incremento del arsenal nuclear de Francia y la participación de Alemania, Grecia, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Suecia y Polonia en las maniobras nucleares francesas. Al día siguiente, el primer ministro polaco confirmaba que estaba en conversaciones avanzadas con Francia y un grupo de aliados cercanos para implementar un programa de disuasión nuclear conjunto. Donald Tusk formó parte del núcleo duro de Bruselas, siendo presidente del Consejo Europeo entre 2014 y 2019. 

Publicación de Donald Tusk en X.

Al mismo tiempo que Europa amenaza con una escalada nuclear frente a su vecino oriental, el presidente del Consejo Europe, Antonio Costa, anuncia que la Unión Europea se está preparando para “potenciales” conversaciones con Rusia.  La respuesta de Putin fue que estaba abierto a hablar con todo el mundo, e incluso propuso a Gerhard Schroeder como posible mediador. Siempre constructiva, Kaja Kallas se apresuró a denostar la sugerencia. Seguro que en Moscú la esperan con los brazos abiertos.

Después de fracasar contra Rusia, la Unión Europea la emprende contra China

La ceguera de Bruselas en materia geopolítica carece de límites. La Unión Europea parece no tener suficiente con los sucesivos paquetes de sanciones bumerán contra Rusia, inútiles para su declarado objetivo de detener la maquinaria bélica rusa, pero que han causado una crisis energética en Alemania. No contenta con pasar de la dependencia del gas ruso barato a la dependencia del gas natural licuado caro, el de Estados Unidos, la UE ahora se dispone a emprenderla contra China.

Un informe de la Cámara de Comercio China – Unión Europea y la consultora KPMG calcula que la denominada Ley de Ciberseguridad en su conjunto podría alcanzar unos costes para la UE de 430.000 millones de dólares, en los próximos cinco años. Sólo reemplazar los equipos de hardware chinos por otros “Made in Europe” costaría alrededor de 171.000 millones de dólares.

El plan cibernético de la UE que prohíbe a los proveedores chinos costará 430.000 millones de dólares: informe. South China Morning Post, 6 de mayo de 2026.

Según el informe, Alemania asumiría casi la mitad del coste, debido a sus profundos vínculos industriales con la tecnología china. Francia sufriría en el sector sanitario y los servicios públicos, y España, en el de las energías renovables. La propia Comisión Europea reconoce que sustituir los equipos para el 5G costaría entre 11.000 y 15.000 millones de dólares.

Mientras Europa sigue disparándose tiros en las piernas, China ha dado instrucciones a todas las empresas y particulares chinos para que no acaten las sanciones estadounidenses contra cinco refinerías de petróleo chinas independientes acusadas de comprar crudo iraní. Sí, aunque parezca mentira, hasta ahora China las estaba acatando. El cambio de postura indica un punto de inflexión. Europa sigue con el paso cambiado, caminando decididamente hacia la ruina, apostando a mi juicio por el caballo perdedor.

Piratas y ladrones explotan su “orden basado en reglas”

23 de diciembre de 2025

Los hechos revelan la hipocresía de las élites occidentales

Los recientes asesinatos y actos de piratería cometidos en el Caribe por parte de Estados Unidos y la confiscación indefinida de los activos estatales rusos a manos de la Unión Europea ponen de manifiesto la hipocresía que late tras la pretensión de estos delincuentes internacionales de que el resto del mundo se adhiera al “orden basado en reglas” que afirman encarnar.

Antony Blinken, que ejerció como secretario de Estado con Joe Biden, definió el “orden basado en reglas” como “el sistema de leyes, acuerdos, principios e instituciones que el mundo se unió para construir después de dos guerras mundiales para gestionar las relaciones entre los estados, prevenir conflictos y defender los derechos de todas las personas”.

Walter Russell Mead, miembro del Hudson Institute, una de las cavernas del pensamiento neoconservador, se lamentaba en una columna en el Wall Street Journal de la “desintegración” del orden internacional basado en reglas, liderado por Estados Unidos. Ilustrada con una única fotografía, la de Putin, la columna repasaba la lista actualizada de villanos y se quejaba de que Washington y sus aliados no hicieran lo necesario para que los malvados respetaran esas “reglas”, a las que occidente se adhiere inequívocamente. Modo ironía activado.

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Por qué Putin colabora en el teatro de la mediación de Trump

8 de diciembre de 2025

Putin le echa el primer cable a Trump en Estambul

Vladímir Putin ya le había echado un cable a Donald Trump en mayo, como analicé en este artículo. Para sacarlo de la encerrona preparada por Keith Kellogg – que abandonará su puesto en enero – y los neoconservadores de Estados Unidos y Europa, el presidente ruso ofreció abrir conversaciones directas con Ucrania en Estambul. Trump se aferró a la propuesta porque le permitía esquivar el marco impuesto por los neoconservadores: exigir a Rusia un alto el fuego de 30 días antes de negociar nada, e imponer “sanciones aplastantes” a Moscú y a terceros países si rechazaba el ultimátum.

Trump no estaba dispuesto a aceptar ese planteamiento. Sabía que Rusia rechazaría el alto el fuego y que las sanciones de “jurisdicción de brazo largo”, como las califica China, iban a ser desafiadas por Xi Jinping y Narendra Modi, dejando en evidencia la supuesta capacidad de presión estadounidense. Rusia, además, no tenía motivo alguno para detener su avance en el frente: va ganando, y una tregua sólo daría aire al debilitado ejército ucraniano y a sus desfondados aliados europeos.

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Europa recurre al belicismo, la censura y el autoritarismo para tapar su desastre estratégico

17 de noviembre de 2025

Las élites europeas pisotean los valores que afirman defender

Desde su inicio, los ideólogos de la guerra contra Rusia en Ucrania enmarcaron su embestida como un conflicto entre las democracias y el autoritarismo, encarnado por el nuevo malvado de turno, Vladímir Putin. Hoy en día, siguen haciéndolo, presentando al gobierno de Kiev como epítome de la defensa de la democracia, a pesar de todos los hechos en contra que lo desmienten: ilegalización de partidos, hipercontrol estatal de los medios de comunicación, y un lodazal de corrupción que apunta al entorno más próximo al propio Zelenski, que sigue aferrado al poder más allá del límite de su mandato, sin convocar elecciones.

Al peón todo se le permite. Para eso está poniendo, literalmente, toda la carne de sus compatriotas en el asador. Aquí empieza la traición de las élites europeas a los valores que afirman defender. Para sostener el relato del conflicto entre las democracias y los regímenes autoritarios, entre los que, aplicando un doble rasero, se añade a conveniencia a China, Corea del Norte o Irán, pero se excluye a las petromonarquías o a exterroristas aupados al poder, como Al Jolani en Siria, las élites europeas deberían velar por que Zelenski guardara medianamente las formas. No es el caso.

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