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Estados Unidos pretende que China le ayude contra Rusia

30 de mayo de 2024

Janet Yellen pide a China que compre deuda estadounidense

Ayúdame a liquidar a mi enemigo, que es tu amigo, para poder encargarme luego de ti, en mejor posición para destruirte.  Este sería el propósito, bastante diáfano, de la estrategia desplegada por Janet Yellen y Antony Blinken en sus recientes viajes a China. Intentando hacerse pasar por el poli bueno, la primera, y bordando el papel de poli malo el segundo, ambos exigieron a Pekín que reevaluara sus relaciones comerciales con Moscú, exhibiendo distintos modos. Mientras Yellen usaba los palillos para comer en un restaurante, con aires de buenrollismo, Blinken pidió explícitamente a China que dejara de alimentar la base industrial de Rusia, bajo amenazas vertidas in situ.

En cualquier caso, las demandas al gobierno de Pekín casan mal con las amenazas que profirieron ambos, en caso de que sus requerimientos no fueran satisfechos. Estas acciones demuestran el concepto de “diplomacia” que manejan los altos cargos estadounidenses en sus relaciones con otros países.

Vayamos primero con Yellen, la poli buena de esta tragicomedia de palos sin zanahorias. Durante su estancia de seis días, la secretaria del Tesoro exigió a China que compre deuda pública estadounidense, mientras se quejaba de la “sobrecapacidad” de su sector industrial y manufacturero.

Pekín no sólo no está comprando deuda de Estados Unidos, como reclama Yellen, sino que está deshaciéndose de ella. Según The South China Morning Post, China “ha reducido sus tenencias de letras del Tesoro estadounidense en un 25% desde principios de 2021 por una suma de 280.000 millones de dólares. Su posición alcanzó un mínimo de 14 años en octubre de 2023: se quedó en 769.600 millones de dólares, una caída comúnmente atribuida a un esfuerzo consciente por diversificar sus tenencias”. Sólo en 2023, China vendió 74.000 millones de dólares de deuda estadounidense. En diez años, China se ha deshecho de la mitad que poseía.

Casi la mitad de la deuda estadounidense está en manos de cinco países. China es el segundo tenedor de deuda, después de Japón. Fuentes: Departamento del Tesoro, USA FACTS.

Como analicé en un artículo anterior, las sanciones a Rusia impuestas por Estados Unidos y sus acólitos han acelerado el proceso de desdolarización impulsado por los BRICS, de los que China y Rusia forman el tándem motor.  Los intentos de Washington de convencer a las élites europeas para que confisquen los aproximadamente 260.000 millones de dólares de activos rusos “congelados”, hasta ahora no han tenido éxito. Pero las intenciones de hacerlo están socavando la reputación del dólar como moneda refugio. Por el momento, el Consejo de Europa ha aprobado adueñarse de los beneficios derivados de los activos “congelados”, para destinarlos a Ucrania. Bruselas estima en aproximadamente 3.000 millones de euros anuales su rendimiento.  

La secretaria del Tesoro acusa a China de “sobrecapacidad” en su industria

Yellen acusó al gobierno de Pekín de usar subsidios para alentar las inversiones de los fabricantes de paneles solares y de vehículos eléctricos, cuyo resultado sería  una mayor capacidad de producción de la que el mercado interno puede absorber. La secretaria del Tesoro añadió que las crecientes exportaciones chinas de vehículos electrónicos, paneles solares y baterías subsidiados están amenazando los empleos y las empresas estadounidenses, y es necesario frenarlas. Por tanto, no se trata de un problema de capacidad de absorción del mercado interior, sino de los intereses de Estados Unidos.

En resumen, Janet Yellen denunciaba en su visita a China la “sobrecapacidad” de la industria del país que la hospedaba, intentando frenar el crecimiento de su economía, mientras pedía a Pekín que ayudara a Estados Unidos a financiar su proteccionismo, plasmado en la Inflation Reduction Act.

El canal de noticias chino CGTN refutaba con datos las acusaciones de Yellen, explicando qué se entiende por “sobrecapacidad”: “El exceso de capacidad se refiere a una situación en la que una industria o sector produce más bienes o servicios de los que demanda el mercado. A menudo se mide a través de la utilización de la capacidad, donde una tasa de utilización más baja sugiere un exceso de capacidad y posibles ineficiencias en la industria. La tasa de utilización de la capacidad industrial de China fue del 75,1% en 2023, según la Oficina Nacional de Estadísticas, una cifra por debajo del umbral normal reconocido internacionalmente de alrededor del 80%”.

La utilización de la capacidad de los grandes fabricantes de automóviles chinos es alta, y las cifras de producción y ventas de la industria del automóvil demuestran que no hay exceso de capacidad en el sector. Fuente: CGTN.

Xin Qiang, subdirector del Centro de Estudios Americanos de la Universidad de Fudan, resume muy bien la posición de Estados Unidos: “Acusar a China de exceso de capacidad es sólo una excusa para que Estados Unidos imponga aranceles u otras políticas proteccionistas contra los productos chinos. (…) Tales acusaciones de Yellen, defensora de la globalización, demuestran plenamente el doble rasero de Estados Unidos, ya que el país adopta el libre comercio cuando Estados Unidos tiene ventaja e impone sanciones cuando no la tiene». En realidad, la acusación de “sobrecapacidad” es un eufemismo para ocultar que a Estados Unidos le molesta que la economía de China sea tan grande como para hacerle sombra.

Bloomberg criticó las afirmaciones de Janet Yellen, recalcando que la secretaria del Tesoro está despreciando uno de los principios fundamentales de la economía: la ventaja comparativa. La respuesta de Estados Unidos ante la competitividad de los fabricantes chinos debería evitar el proteccionismo: «Si un país puede fabricar bienes a costos más bajos que usted, no debería levantar barreras arancelarias. En lugar de eso, debería importar los bienes y enviar algo a cambio donde su industria sea más eficiente».

Hasta The Atlantic Council, un gabinete de estudios del ala ultraconservadora, matizaba las críticas de Yellen sobre la “sobrecapacidad” del sector industrial chino. En un artículo titulado Desmontando los comentarios de Janet Yellen sobre el exceso de capacidad china, Hung Tran, que fue vicepresidente del Fondo Monetario Internacional, apuntaba que la sobrecapacidad a la que apunta Yellen de manera genérica sólo se da en algunos sectores, mientras que en otros sencillamente no existe, y la demanda tira fuertemente de la oferta. Es el caso de los vehículos eléctricos.

Sin embargo, los productores de baterías de litio y de paneles solares presentan unas tasas muy bajas de utilización, en algunos casos por debajo del 50%: la producción anual de paneles solares en China más que duplica la demanda global. Este exceso de capacidad ha tenido un efecto beneficioso para la “agenda verde”: ha reducido los precios de estos productos, de lo cual se han beneficiado todos los países importadores en sus esfuerzos por transitar hacia las denominadas energías sostenibles.

Estados Unidos y Europa pretenden darle una patada a la escalera

El 14 de mayo, poco después del viaje de Yellen a China, Estados Unidos resolvía cuadriplicar los aranceles a los coches eléctricos chinos, pasando del 25% al 100%. Otros productos sufrían también un incremento arancelario: la tasa sobre los semiconductores y las células solares se duplicaba, pasando del 25% al 50%. El arancel para las baterías de litio subía desde el 7,5% hasta el 25%. Los minerales críticos para la fabricación de componentes, del cero al 25%.

Janet Yellen insta a la UE a unirse a EE.UU. para frenar las exportaciones chinas baratas. Los comentarios coinciden con señales de que la UE podría imponer aranceles a los coches eléctricos chinos. Fuente: The Guardian.

Siempre obediente a las consignas de Washington, la Unión Europea se apresta a adoptar medidas proteccionistas frente a los competitivos coches eléctricos chinos. El comisario europeo de Comercio, Valdis Dombrovskis, declaraba el 2 de mayo que la investigación sobre los subsidios a los vehículos eléctricos chinos “estaba avanzando”. El 21 de mayo, Janet Yellen presionaba a la UE para que siguiera la senda estadounidense. Revistas especializadas hablan de aranceles del 30% antes del verano. Nótese la tendenciosa fraseología utilizada por The Guardian: “exportaciones chinas baratas”.

La actitud de Estados Unidos es un ejemplo magnífico de la presión que ejercen los países ricos sobre los países en desarrollo para que adopten determinadas buenas políticas, consideradas necesarias para el progreso económico. Sin embargo, Ha-Joon Chang demuestra en su libro “Kicking away the ladder” que los países desarrollados atesoraron su riqueza siguiendo el procedimiento inverso al que recomiendan a las naciones actualmente más pobres: imponiendo el proteccionismo, no abrazando el libre mercado, como ahora exigen a los países en vías de desarrollo.

Según el economista coreano, los países desarrollados están intentando «derribar la escalera por la que han subido a la cima, impidiendo así que los países en desarrollo adopten políticas e instituciones que ellos mismos utilizaron», y que fueron artífices de su riqueza, a costa del empobrecimiento de las naciones sometidas a su imperialismo económico.

Goldman Sachs calcula el coste fiscal de la Inflation Reduction Act en cerca de 1,2 billones de dólares, entre 2023 y 2032. Solamente en subvenciones a los vehículos eléctricos, la cifra se sitúa en 393.000 millones de dólares. Después de haber aprobado este dispendio en subsidios, hay que tener mucho valor para plantarse en China y exigir al gobierno de Pekín que no incentive a sus industrias.

Gasto gubernamental acumulado en programas de clima y energía entre 2023 y 2032, en miles de millones de dólares, según cálculos de Goldman Sachs.

Janet Yellen niega la mayor: la IRA no es una vuelta al proteccionismo

En un discurso pronunciado en Frankfurt el 21 de mayo, Janet Yellen negó la mayor: “La Inflation Reduction Act no es un giro hacia el proteccionismo estadounidense”. Yellen fue más allá: “Y a medida que produzcamos más en Estados Unidos, reduciremos los costos de las tecnologías de energía limpia a nivel mundial, beneficiando a las personas y las economías de todo el mundo”. Que es exactamente lo que ya está haciendo China, ahora. Estados Unidos únicamente quiere arrebatarle ese papel.

Hay que tener mucho valor para afirmar que los aranceles y los subsidios no son medidas proteccionistas. Hay que tener más valor aún para sostener que cuanto más produzca Estados Unidos, mejor le irá al resto del mundo, porque les compra a ellos, en lugar de a China.

La imposición de aranceles a los productos chinos relacionados con las energías catalogadas de sostenibles, además de incrementar sus precios – porque las compañías occidentales no tienen capacidad para sustituirlos – estará retrasando el abandono de los combustibles fósiles y la transición hacia las energías renovables. Un objetivo que pregonan oficialmente los estamentos públicos de manera constante pero que, a la hora de la verdad, se queda por detrás de los intereses geopolíticos. Lo que demuestra que la cantinela del “desarrollo sostenible” es solo eso: una cantinela que se aplica cuando le conviene a occidente. 

Los aranceles a los coches eléctricos procedentes de China afectarán también a los modelos de las marcas europeas o estadounidenses que se fabrican allí. Finalmente, quien va a pagar el coste de esos aranceles va a ser el consumidor en el concesionario, a la hora de adquirir el mismo coche, mucho más caro.

– ¡Bonito coche!
– Sí, y para golpear a los chinos le hemos metido un impuesto del 100% a esta ricura.
– ¿Y quién paga el impuesto?
– Tú, por supuesto.

En resumen, que occidente criticaba antes a China por ser la nación más contaminante del mundo, sin tener en cuenta que la globalización, impulsada por ese mismo occidente, le había adjudicado a China el papel de fábrica del mundo. Ahora que produce artículos para sustituir los combustibles fósiles por energía eléctrica o solar, también es criticada y castigada con aranceles. Haga lo que haga China, para occidente siempre estará mal.

En cuanto al papel contaminador de China, conviene introducir un matiz importante: su población. Aunque es cierto que China es el primer emisor de CO2 – destronó del primer puesto a Estados Unidos hace quince años – también es cierto que si medimos las emisiones per cápita, China ocupa el puesto 33, y Estados Unidos el 15. Teniendo en cuenta la abismal diferencia de población – 340 millones en EE.UU., frente a 1.425 millones en China – ¿quién contamina más?

Antony Blinken da un exhibición de hipocresía en China

Vamos ahora con la visita del poli malo a China. De entrada, a Antony Blinken no sólo no le pusieron una alfombra roja en el aeropuerto de Shanghái, sino que quien le recibió no llegaba ni a rango de concejal. Mientras que a su llegada a China, a Olaf Scholz le recibió la vicealcaldesa de Chongqing, a Blinken le estrechó la mano en la pista el Director de la Oficina de Asuntos Extranjeros de Shanghái, junto al embajador y al cónsul de Estados Unidos.

Antony Blinken es recibido el 24 de abril por Kong Fuan, director general de la Oficina de Asuntos Extranjeros de Shanghái. Foto: MARK SCHIEFELBEIN/AFP VIA GETTY IMAGES.

Antony Blinken se presentó en China horas después de que el Congreso de Estados Unidos hubiera votado a favor de prohibir Tik Tok y haber aprobado una “ayuda” de más de 8.000 millones para la región de Asia – Pacífico. O sea, Taiwán. Además, dos días antes de su llegada, The Wall Street Journal reportó que Washington estaba diseñando sanciones a bancos chinos por sus relaciones comerciales con Rusia, planteándose incluso su desconexión del sistema SWIFT. El propósito de la filtración era “ayudar” al secretario de Estado a persuadir a China de que detuviera cualquier relación comercial con Rusia que supusiera un apoyo a su producción militar.

Pertrechado con esas cartas de presentación, Blinken a lo mejor esperaba que le recibiera Xi Jinping a pie de pista, con alfombra roja y honores militares, como sí hizo con Putin.

Xi Jinping recibe con honores militares a Vladimir Putin el 16 de mayo, a su llegada a China. Foto: Xinhua/Rao Aimin.

El resumen de la reunión entre Xi Jinping y Antony Blinken, publicado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de China, transmite en lenguaje diplomático el enorme enfado de Pekín con la actitud de Estados Unidos, agresiva e hipócrita: “China y Estados Unidos deberían ser socios, en lugar de rivales; ayudarse mutuamente en lugar de hacerse daño; buscar un terreno común y dejar de lado las diferencias, mejor que enzarzarse en una competición viciosa; y honrar las palabras con actos, antes que decir una cosa y hacer otra. (Xi) Propuso respeto mutuo, coexistencia pacífica y cooperación gana-gana como los tres principios globales de la relación”.

La respuesta de Blinken a la mano tendida de China rezuma hipocresía. Basta eliminar los noes de su declaración para resumir la política estadounidense con el gigante asiático. Según reza el resumen publicado por China, Blinken aseveró que “Estados Unidos no busca una nueva guerra fría, no busca cambiar el sistema político de China, no busca suprimir el desarrollo de China, no busca revitalizar sus alianzas contra China y no alberga ninguna intención de tener un conflicto con China. Estados Unidos se adhiere a la política de una sola China”.

Veamos tres ejemplos que demuestran hasta qué punto llevaba razón Xi Jinping cuando reclamaba “honrar las palabras con actos, antes que decir una cosa y hacer otra”.

Fue el propio Blinken quien anunció en un discurso, en septiembre de 2023, el comienzo de una nueva guerra fría para intentar conservar la hegemonía de Estados Unidos, como analicé en un artículo anterior. Una alocución donde Blinken señaló a China como el país que representa el mayor desafío a largo plazo.

Estados Unidos sí está moviendo sus peones contra China, a través de AUKUS, la alianza con Australia y el Reino Unido, como ya analicé en otro artículo anterior. Un club al que ahora pretende incorporar a Japón. Filipinas ha anunciado decenas de nuevos proyectos en conexión con el Acuerdo de Cooperación de Defensa Aumentada, firmado en 2014. Además, en virtud de un nuevo acuerdo, Estados Unidos ha abierto cuatro nuevas bases en el archipiélago.

Estados Unidos invertirá en más bases en Filipinas. Fuente: BBC.

Gina Raimondo, la secretaria de Comercio de Estados Unidos, afirmaba hace ya tres años que “Si realmente queremos ralentizar el ritmo de innovación de China, necesitamos trabajar con Europa”. Por si quedaba alguna duda, Raimondo añadía: “Tenemos que trabajar con nuestros aliados europeos para negarle a China la tecnología más avanzada para que no pueda alcanzar áreas críticas como los semiconductores”.

Estados Unidos necesita trabajar con Europa para ralentizar el ritmo de innovación de China, dice Raimondo. Titular de CNBC.

Tras sus encuentros con Wang Yi, el ministro de Asuntos Exteriores, y con Xi Jingping, Antony Blinken ofreció una rueda de prensa. Flanqueado por dos banderas en la embajada estadounidense, y en ausencia de cualquier político chino, Blinken no esperó a regresar a Washington para amenazar a China. Lo hizo allí mismo. Todo un diplomático.

En su comparecencia ante los medios, Blinken señaló que en sus conversaciones con los aliados de la OTAN y el G7 había escuchado “el mismo mensaje: alimentar la base industrial de defensa de Rusia no sólo amenaza la seguridad de Ucrania; amenaza la seguridad europea. Beijing no puede lograr mejores relaciones con Europa mientras apoya la mayor amenaza a la seguridad europea desde el fin de la Guerra Fría. Como le hemos dicho a China desde hace algún tiempo, garantizar la seguridad transatlántica es un interés fundamental de Estados Unidos. En nuestras discusiones de hoy, dejé claro que si China no aborda este problema, nosotros lo haremos”.

En una entrevista posterior a su viaje, Antony Blinken relataba que había transmitido a China que iba en su propio interés dejar de ayudar a Rusia. Me imagino la cara de los chinos.

Tras haber aprobado 8.000 millones en “ayuda” para Taiwán, Blinken señaló que había reafirmado la política de “una sola China” de Estados Unidos y subrayó la importancia crítica de mantener la paz y la estabilidad a través del estrecho de Taiwán. Seguro que armar hasta los dientes a los independentistas de Taiwán es una estupenda receta para respetar la política de «una sola China» y “mantener la paz”.

Después de amenazar a China, Blinken reclamó al gobierno de Pekín que desempeñara “un papel constructivo” en “una variedad de crisis regionales y globales” que a Estados Unidos se le han ido de las manos: “Animé a China a utilizar su influencia para disuadir a Irán y sus representantes de ampliar el conflicto en Oriente Medio, y a presionar a Pyongyang para que pusiera fin a su comportamiento peligroso y entablara un diálogo”.

El secretario de Estado repetía, con peores modales, el esquema de Janet Yellen: amenazar con represalias al anfitrión si no sigue las instrucciones de Washington, que van en contra de los intereses de Pekín, para pedirle a renglón seguido su colaboración para solventar los desastres geopolíticos que la Casa Blanca ha provocado en Ucrania, Oriente Medio y Asia. 

Para animar a China a seguir las indicaciones de Yellen y Blinken, pocos días después del viaje de su diplomático, Estados Unidos anunciaba la revocación de algunas licencias que permitían la exportación de chips a Huawei. La firma tecnológica china entró en una lista negra en 2019, cuyas restricciones significaron una merma de los ingresos de 12.000 millones de dólares ese mismo ejercicio.

Estados Unidos revoca algunas licencias de exportación para vender chips a Huawei en un intento por frenar el poder tecnológico de China. Fuente: CNBC.

Quince días después del espectáculo diplomático de Blinken en China, Xi Jinping viajaba a Europa. En primer lugar visitaba Francia, donde Macron pretendió buscar, igualmente sin resultado, la complicidad del mandatario chino para segarle la hierba bajo los pies a su aliado, Rusia. Significativamente, Xi Jinping eludió Alemania, para viajar en su lugar a Hungría y a Serbia. Pero esto será ya la materia del próximo artículo.

Estados Unidos cosecha en Ucrania los efectos contrarios a los perseguidos

17 de mayo de 2024

Las sanciones debilitan a la Unión Europea y al dólar, no a Rusia

Con una excepción – Estados Unidos ha conseguido desconectar a la Unión Europea de la energía rusa que la alimentaba –  nada de lo planificado en Ucrania ha salido como soñaban los neoconservadores que dirigen la política exterior de Estados Unidos. Esos sociópatas que creen pertenecer a “la única nación indispensable”, según expresión de Barack Obama, destinada a liderar el mundo por designio divino: el dólar es la única moneda del planeta donde aparece inscrita la palabra “Dios”.

Los objetivos de la operación diseñada desde hace más de veinte años para hacer saltar a Rusia en Ucrania no sólo no se han alcanzado, sino que las consecuencias del proyecto han sido exactamente las contrarias de las que perseguían sus arquitectos. Entre ellos, la recién defenestrada Victoria Nuland, a quien algunos llaman “el monstruo de las galletas”, en alusión a las que repartía en Kiev durante el golpe de estado del Maidán.

Aquí van algunos datos que lo demuestran.

Fuente: Fondo Monetario Internacional. World Economic Outlook, abril 2024. https://www.imf.org/en/Publications/WEO/Issues/2024/04/16/world-economic-outlook-april-2024

Las sanciones han debilitado a la Unión Europea, no a Rusia, cuya economía crecerá a un ritmo superior al de todas las avanzadas, un 3,2% este año, según el Fondo Monetario Internacional. La economía rusa creció un 3,6% el año pasado, frente a un raquítico 0,4% de la eurozona y un 0,1% del Reino Unido. La alemana se contrajo un 0,3%.

La Unión Europea, con Alemania a la cabeza, se está desindustrializando. Por el contrario, Rusia se está reindustrializando, y no sólo en el segmento militar. Sobre una base mensual desestacionalizada, la producción industrial se disparó un 8,5%, según datos de Trading Economics de marzo de este año.

Producción industrial de Alemania: en caída desde 2017. Fuente: Robert Bryce at Substack.

Las sanciones han fracasado rotundamente a la hora de perjudicar las fuentes de financiación de Rusia, que tenían el objetivo de parar la máquina de guerra de Putin. Según informa Bloomberg, el gobierno ruso está obteniendo el doble de dinero proveniente de los ingresos del petróleo. El incremento del precio del crudo, provocado por las sanciones y la intervención de intermediarios para esquivarlas, y la dificultad para imponer el tope a su precio por parte de las aseguradoras, ha resultado en un aumento de los ingresos para Rusia. Todo lo contrario de lo que pretendían Estados Unidos y la Unión Europea.

Si Biden proclamaba que el rublo se iba a convertir en escombros gracias a las sanciones, pretendiendo ser gracioso con un juego de palabras intraducible (ruble – rubble), lo que ha conseguido es acelerar el proceso de desdolarización. Dediqué a este tema un artículo anterior, por lo que no me voy a extender. Baste decir que el economista Stephen Jen, un gurú del mercado de divisas, declaraba que “El dólar sufrió un colapso sorprendente en 2022 en su cuota de mercado como moneda de reserva, presumiblemente debido a su uso contundente en las sanciones”. La moneda estadounidense representa ahora alrededor del 58% del total de las reservas oficiales mundiales, frente al 73% en 2001, cuando era la «reserva hegemónica indiscutible».

Evolución del dólar como moneda de reserva. Fuente: Eurizon SLJ Capital.

Vladimir Putin sale reforzado frente a los debilitados líderes europeos

En lugar de haber forzado un cambio de régimen, Vladimir Putin ha salido reforzado. Su índice de aprobación se sitúa por encima del 85%, según el centro independiente Levada. Una cifra cercana al porcentaje de votos obtenido en las últimas elecciones presidenciales, el 87%, donde se registró una participación récord del 77%. Occidente sigue sin entender a Rusia. Sigue sin comprender que Vladimir Putin ha devuelto al pueblo ruso su dignidad, tras haberle sido arrebatada por Boris Yeltsin y su camarilla, al servicio de intereses foráneos. Los resultados electorales son prueba de ello. Otras narrativas, destinadas a socavar la imagen de Putin, y de Rusia en general, carecen de tracción fuera del ámbito occidental.

En negro, el índice de aprobación de Vladimir Putin. En azul, la desaprobación, apenas por encima del 10%. Fuente: levada.ru

Compárense estas cifras por las obtenidas por el candidato apoyado por occidente, Alexei Navalni, en un estudio realizado por el mismo centro demoscópico, Levada. En enero de 2023, sólo un 9% de los encuestados aprobaba las actividades de Navalni. Un 57% las desaprobaba, a un 11% le resultaba difícil contestar, y un 23% ni siquiera le conocía.

A pesar de que, tras su muerte, occidente en pleno se apresuró a culpar a Putin de haberle asesinado, el 27 de abril The Wall Street Journal publicaba que las agencias de inteligencia de Estados Unidos habían llegado a la conclusión de que Putin no había ordenado la muerte del “líder opositor”. Una categoría a la que le aupó occidente, que poco tenía que ver con la realidad.

¿Aprueba o desaprueba las actividades de Alexei Navalni? En negro, el índice de desaprobación.

Comparando el índice de aprobación de Putin con los líderes de la Unión Europea, el contraste es apabullante. En una encuesta realizada en diciembre de 2023, Scholz se quedaba en el 20% de aprobación, mientras que su partido, el SPD, alcanzaba sólo un 14% de intención de voto. Scholz obtenía así el respaldo más bajo cosechado por un canciller desde que se comenzó a realizar el sondeo, en 1997. El FDP, uno de los tres partidos que integra la coalición semáforo, se quedaría fuera del Bundestag, al no alcanzar el 5% requerido. La ultraderecha más nacionalista, AfD, Alternativa para Alemania, quedaría como segunda fuerza política, con un 21% de los votos, detrás de la CDU, con un 32%.

Resultado de la encuesta electoral realizada en Alemania en diciembre de 2023. Fuente: Deutsche Welle.

El ascenso del nacionalismo alemán, encarnado en la AfD, es el resultado de las políticas desplegadas por el gobierno de Olaf Scholz. En lugar de preocuparse de los intereses de Alemania, su gobierno ha acatado sin rechistar la agenda de Washington, lo que se ha traducido en la quiebra del modelo en el que se basaba la prosperidad de Alemania: el acceso a las fuentes de energía baratas, abundantes y próximas, suministradas por Rusia. Un amplio segmento de la población está harto de que su gobierno esté más preocupado por los intereses geopolíticos de Estados Unidos que por su propio bienestar. Sobre todo cuando le tocan la cartera.

¿Cuál está siendo la respuesta del gobierno ante el ascenso de un partido calificado de ultraderecha, que en enero ya alcanzaba un 23% de intención de voto? ¿Qué hacer ante un partido que ya encabeza las encuestas de intención de voto en Sajonia, Turingia y Brandeburgo, donde se celebrarán elecciones regionales en septiembre? Pues una muy democrática: plantearse su ilegalización.

El gobierno de Alemania no está preocupado por el discurso xenófobo y antiinmigración que enarbola AfD. Esa es la excusa para convocar manifestaciones que exigen su ilegalización. La verdadera inquietud radica en que AfD está a favor de iniciar conversaciones que conduzcan a la paz entre Ucrania y Rusia, con garantías de seguridad para ambos países, y eso sí que no se puede permitir. El 18 de enero, una moción de AfD en este sentido fue derrotada en el Bundestag (parlamento) con 605 votos en contra y sólo 75 a favor.

La guerra debe continuar, sí, pero sin poner en peligro las vidas de la ciudadanía europea. La OTAN se apresta a formalizar un documento en el que plasmará su rechazo a enviar tropas a Ucrania. Lo hará en su próxima cumbre, en julio, en Washington.

Antes de la victoria de Giorgia Meloni en 2022, la prensa europea vinculada a Bruselas agitó el mensaje de los peligros de la “ultraderecha”, demonizando a la actual primera ministra italiana. Sin embargo, una vez que Meloni asumió la agenda de Washington para Ucrania, y que se desvinculó de la Ruta de la Seda (era el único país de la UE vinculado con un acuerdo con China en ese marco), el alarmismo desapareció de los medios. El vicepresidente y ministro de Infraestructuras, Matteo Salvini, también vituperado en su momento, ha desaparecido igualmente del foco mediático. La ultraderecha sólo representa un peligro cuando pretende salirse del carril marcado por Washington, como es el caso de Alternativa para Alemania.

El índice de aprobación de otros líderes europeos también está por los suelos, exactamente por los mismos motivos: las sanciones a Rusia se han traducido en un deterioro palpable de las condiciones de vida de la población. Según datos del primer trimestre de este año, la valoración positiva de Ulf Kristersson, primer ministro de Suecia, recién ingresada en la OTAN, era del 33%. Rishi Sunak, del Reino Unido, se quedaba en el 27%. Emmanuel Macron, en el 24% y Olaf Scholz seguía hundido en el 20%.

Explotada por la OTAN, Ucrania queda destrozada

Aunque en la cumbre de la OTAN de 2008 Estados Unidos afirmó que Ucrania y Georgia se incorporarían a la alianza, con fuertes reticencias de sus aliados europeos, su ingreso no se ha producido. Después del golpe de Estado de 2014 en Ucrania, y tras haber provocado a Rusia durante ocho años, bombardeando a la población civil del Donbass, hasta desencadenar la implicación directa de Moscú en la guerra civil ucraniana, el resultado obtenido está lejos de las aspiraciones de la Casa Blanca.

La situación en el frente de batalla “continúa siendo muy difícil”, según afirmaba el propio Zelenski el 12 de mayo.  30.000 soldados rusos han pasado a la ofensiva en Járkov, la segunda capital del país, como la denominan los ucranianos. La línea de defensa allí está colapsando. El Foro Económico Mundial calcula en 486.000 millones de dólares el coste de reconstrucción de Ucrania, lo que indica el nivel de destrucción en el que se halla el país.

Occidente presenta el conflicto de Ucrania contra Rusia, con el patrocinio de la OTAN, como una batalla entre las democracias y las autocracias. Sin embargo, conviene recordar que, en 2011, e incluso más tarde, tras la incorporación de Crimea a Rusia, la gran mayoría de la población de Ucrania se oponía al ingreso de su país en la OTAN.

Así lo señalaba un estudio de la propia organización, con estas palabras:  «El mayor desafío para las relaciones entre Ucrania y la OTAN reside en la percepción de la OTAN entre el pueblo ucraniano. La membresía en la OTAN no cuenta con un amplio apoyo en el país, y algunas encuestas sugieren que el apoyo popular es inferior al 20%». Una encuesta de Gallup realizada en 2014 arrojaba los siguientes resultados, desglosados por regiones:

Deseo de integración de la población de Ucrania en la OTAN, por regiones, en abril de 2014.

Victoria Nuland reconoció en una entrevista que Estados Unidos había invertido 5.000 millones de euros en Ucrania, y que “Ese dinero se ha gastado en apoyar las aspiraciones del pueblo ucraniano de tener un gobierno fuerte y democrático que represente sus intereses”. Quizá esa cifra se invirtió, al menos en parte, en modificar la opinión pública acerca de la pertenencia del país a la OTAN, visto el resultado del sondeo de octubre de 2023, cuando el 89% dijo apoyar el ingreso de Ucrania en la alianza.

Ucrania es un país destrozado, que ha perdido Crimea y su región industrial más importante, el Donbass, y actualmente apenas cuenta con la mitad de la población que tenía cuando se declaró independiente, en 1991, tras la disolución de la Unión Soviética: ha pasado de 52 millones de habitantes a apenas 25.

Ante el fracaso en Ucrania, occidente prepara un nuevo ariete en Georgia

Tras el fiasco en Ucrania, ahora asistimos en Georgia a unas espontáneas protestas, que se oponen a la ley “Sobre la Transparencia de la Influencia Extranjera”, ya aprobada, similar a otra estadounidense: la FARA (Foreign Agents Registration Act). Una medida legislativa que obliga a las ONG a desvelar sus fuentes de financiación, si reciben más de un 20% de su presupuesto del extranjero.

Según publicaba la Unión Europea hace tres años, en Georgia había registradas aproximadamente 10.000 organizaciones no gubernamentales. Una cifra sin duda llamativa, en un país que ya sufrió una revolución de colores en 2003. Parece razonable que el gobierno de Georgia se proteja frente a las injerencias extranjeras que ya ha sufrido y, al menos, pueda identificar quién está financiando a ese enjambre de supuestas ONG. 

Se da la circunstancia de que la Unión Europea también está preparando un proyecto de ley de agentes extranjeros. En marzo de 2023, sin haber sido aprobada, la UE ya estaba requiriendo información a determinados elementos sobre sus fuentes de financiación procedentes de fuera de la Unión Europea.

El proyecto de ley fue finalmente presentado por la Comisión Europea en diciembre. Según Euronews, las empresas de relaciones públicas, los institutos de investigación, los medios de comunicación, las organizaciones de la sociedad civil o las personas que prestan servicios a entidades fuera de la UE con el objetivo de influir en la política o la «vida pública» del bloque se verían afectados.

A pesar de la existencia de leyes similares en Estados Unidos, Australia, Francia, Canadá y decenas de otros países, occidente, la oposición al gobierno georgiano y sus medios afines se han apresurado a calificarla de “controvertida”, de “ley al estilo del Kremlin” o, directamente, de “ley rusa”. Poco importa que la ley haya sido aprobada por 84 votos contra 30 en el parlamento. Jake Sullivan, consejero de seguridad nacional de la Casa Blanca, se mostró muy preocupado por el “retroceso democrático” en Georgia. Los demócratas deben ser los manifestantes que portan banderas de Estados Unidos, la Unión Europea, y Ucrania, en lugar de la de su país.

 

Jake Sullivan también ha manifestado su alarma por la respuesta de las autoridades a las protestas, mientras su gobierno desata la represión en los campus estadounidenses contra los acampados que reclaman el fin del genocidio en Palestina

Los ministros de Asuntos Exteriores de Islandia, Letonia y Estonia viajaron a Tbilisi, capital de Georgia, para trasladar sus “preocupaciones” sobre la nueva ley al presidente del parlamento georgiano. Shalva Papuashvili les transmitió que fondos de la Unión Europea habían sido “gastados parcialmente en Georgia de manera no transparente [y] no para los fines para los cuales deberían gastarse”. Adicionalmente, recalcó que “Hemos recibido la aprobación de varios representantes de la Unión Europea y coinciden con nuestra opinión de que efectivamente existe un problema de transparencia”.

Los ministros de Islandia, Letonia, Estonia y Lituania aprovecharon su estancia en Tbilisi para participar en las manifestaciones contra la aprobación de la nueva ley de transparencia. El presidente del parlamento les acusó de colaborar en la preparación de un golpe de Estado. Papuashvili añadió: “Que funcionarios extranjeros se unan a estas protestas con el pretexto de la democracia y los derechos humanos es una grave falta de respeto a la soberanía y la experiencia diplomática de Georgia, es hipocresía en el mejor de los casos y, en el peor, una provocación”.

Adicionalmente a los ministros mencionados, los presidentes de los Comités de Relaciones Exteriores de los parlamentos de Finlandia, Alemania, Lituania y la República Checa participaron en una manifestación de protesta frente al Parlamento de Georgia. ¿Cuál sería la reacción en el caso de que altos cargos de estados extranjeros participaran en manifestaciones frente al parlamento de cualquier país occidental en contra de una ley aprobada por el mismo, exigiendo “democracia”?

Manifestantes ataviados con la bandera de la Unión Europea despliegan los «valores europeos» intentando asaltar el Parlamento de Georgia.

La aprobación de la ley de agentes extranjeros demuestra que los actuales dirigentes de Georgia han visto lo que le ha ocurrido a Ucrania y no quieren convertirse en el próximo ariete de occidente contra Rusia. Doce ministros de países miembros de la Unión Europea ya han solicitado una “valoración” de la ley que busca la transparencia en la financiación extranjera de las ONG. Quieren evaluar cómo afectaría a su camino hacia el ingreso en la UE. Adicionalmente, cuatro eurodiputados han solicitado a Josep Borrell que vaya “preparando sanciones selectivas contra quienes en Georgia están alejando al país de su futuro europeo”. El chantaje continúa.

Nadie se cree que Georgia vaya a entrar nunca en la Unión Europea. Es una zanahoria agitada para motivar a sus dirigentes a prestarse al sacrificio en el altar de los intereses occidentales, con la vana promesa de ese premio.

Occidente queda aislado, frente al resto del mundo

La guerra instigada por Estados Unidos contra Rusia en Ucrania ha conseguido desgajar a la Unión Europea de sus fuentes de energía, destrozando su modelo industrial, al precio de echar a Moscú en brazos de Pekín, e impulsar el crecimiento de los BRICS, con la incorporación de Irán y Arabia Saudita, antiguos enemigos. La India está jugando un papel fundamental a la hora de esquivar las sanciones al petróleo ruso, convirtiéndose en intermediario para Europa con su comercio. Y también se ha producido un acercamiento entre Rusia y Corea del Norte.

Occidente también ha fracasado en su intento de aislar diplomáticamente a Rusia, sin que los países que se han negado a acatar los dictados de Washington a la hora de aplicar sanciones hayan sufrido represalias. Si la mayoría del mundo se ha negado a aislar a Rusia, habrá que deducir que quien se ha quedado aislado ha sido occidente.

Occidente trató de aislar a Rusia. No funcionó.

La reacción ante el descalabro consiste en repetir el fallido esquema contra China

Ante el rotundo fracaso del “proyecto Ucrania”, ¿cuál está siendo la reacción de las élites que lo impulsaron? En lugar de reconocer su error, tratar de enmendar la situación y adoptar otro enfoque en sus relaciones internacionales, que tenga en cuenta los intereses económicos y de seguridad de las potencias emergentes, Estados Unidos y sus acólitos apuestan por repetir contra China el esquema con el que han fracasado en Rusia. 

Usando esta vez a Taiwán como herramienta, tratando de hundir o, al menos, frenar el desarrollo económico de China con sanciones y aranceles, reclutando nuevamente a la Unión Europea como peón en su estrategia de estrangulamiento, intentando forzar un cambio de régimen, para instalar uno que se pliegue a sus designios, Washington está demostrando que no ha aprendido nada de sus errores frente a Rusia. Un tema que analizaré en el próximo artículo.

Occidente no puede reconocer su error estratégico, porque entonces tendría que asumir el fin de su hegemonía, y colocaría a la población occidental en posición de exigir responsabilidades políticas, como mínimo, a quienes han colocado a la Unión Europea en la senda de la ruina, con consecuencias probablemente irreparables para el bienestar de la ciudadanía a largo plazo. Así que su única vía consiste en la huida hacia adelante, con las ominosas consecuencias que se vislumbran en el horizonte.