Trump levanta sanciones al petróleo ruso y revienta la estrategia de Bruselas

23 de marzo de 2026

Trump antepone sus intereses a los de Europa

La decisión de Donald Trump de levantar las sanciones unilaterales al petróleo ruso, durante 30 días, para que los países interesados puedan comprar petróleo y productos derivados que actualmente se encuentran depositados en tanqueros, dinamita la fracasada estrategia impulsada por Joe Biden, mimetizada servilmente por la Unión Europea.

Lo de “otorgar una exención”, tal y como recoge Reuters, a unas sanciones ilegales, ya revela la actitud imperialista de Estados Unidos. Ese país que actúa como si fuera el policía del mundo, ahora dirigido por un matón que ha dejado de lado la hipocresía de sus antecesores para mostrar la siniestra faz de un imperio que se está desmoronando.

Quienes se creen aliados de Washington, y no pasan de ser vasallos, se han topado con la realidad de su condición. Al emperador los intereses de sus súbditos no le importan en absoluto. Trump no tiene inconveniente en destrozar una estrategia que, además, ha fracasado en su intento de frenar a Rusia en Ucrania por la vía económica, si mantenerla supone un obstáculo para alcanzar sus objetivos. En este caso, tratar de detener la vertiginosa alza del precio del petróleo, tras el desastre de su incursión en Irán junto a Netanyahu, el carnicero de Gaza.

En Bruselas están que bufan con la jugarreta de Trump. Kaja Kallas descubre ahora América, y nunca mejor dicho. En una entrevista dice que Estados Unidos busca dividir Europa, y que no le gusta la Unión Europea, mientras reclama unidad a los miembros del club. Después de ese infrecuente ejercicio de realismo, Kallas vuelve a los mensajes auto engañosos, característicos de la burocracia de Bruselas: “Vamos a lidiar con ellos juntos… No les gusta que estemos juntos porque somos iguales en poder cuando estamos juntos”. 

La UE debe permanecer unida contra las tácticas hostiles de Trump, afirma alta diplomática. Financial Times, 13 de marzo de 2026.

Europa se ha convertido en un enano político por su sumisión a la fallida estrategia contra Rusia, diseñada e implementada por sucesivas administraciones estadounidenses desde al menos 2004, cuando Washington diseñó, financió y organizó la revolución naranja, que fracasó en su intento de colocar una marioneta al servicio de la Casa Blanca. Un estudio académico de la Universidad de Duke señala que “Estados Unidos jugó un papel clave en la revolución”.

El levantamiento de las sanciones al petróleo ruso y la decisión de ir a la guerra contra Irán tienen como primer damnificado al gobierno de Kiev, tanto en la parte discursiva como en lo material. La suspensión, aunque sea temporal, de las sanciones, desmonta de cuajo la narrativa de la “presión a Rusia”, además de suponer el reconocimiento de un fracaso por parte de su principal impulsor.

Aun así, las élites europeas, inasequibles al desaliento, proclaman que van a profundizar en su fallida estrategia, tras veinte paquetes de sanciones, que sólo han conseguido arruinar a sus promotores. El comisario europeo de la energía, Dan Jorgesen, afirma que la Unión Europea no importará “ni una molécula” de gas ruso. Los burócratas siguen en su empeño de dejar Europa como un erial, aferrados a una política que se ha demostrado contraproducente.

¡Ni una sola molécula! La UE descarta relajar el embargo de gas ruso para aliviar la crisis energética. Politico, 16 de marzo de 2026.

La unidad europea es una entelequia, que se pretende forjar mediante golpes, injerencias y coacciones

Kaja Kallas reclama unidad de acción a la Unión Europea por un sencillo motivo: no existe. En torno al tema de las sanciones a Rusia, algunos países como Eslovaquia y Hungría se muestran en contra. No porque simpaticen más o menos con Putin, sino porque defienden sus intereses nacionales. La campaña de las élites europeas contra quienes defienden a su patria, en contra de los dictados de Bruselas, continúa. Si la unidad no existe, los burócratas están dispuestos a construirla a base de golpes de estado, injerencias electorales, coacciones y otros comportamientos de tinte mafioso, que tanto critican al actual inquilino de la Casa Blanca.

Tras haber anulado las elecciones presidenciales en Rumanía, porque el candidato que iba a arrasar se oponía a la guerra en Ucrania, y las amenazas de Thierry Breton de hacer lo mismo en Alemania si Alternativa para Alemania llegara a hacerse con los mandos, ahora asistimos a una nueva campaña mediática para preparar el terreno ante una hipotética victoria de Víctor Orbán en las próximas elecciones.

Los medios al servicio de las élites ya han comenzado a esparcir el runrún de una supuesta “injerencia rusa” en el proceso electoral húngaro. Medios como Financial Times y Ukrainskaia Pravda recogen una “investigación” de VSquare, que se describe como miembro de una red de periodistas, y es presentado como una “organización independiente”. Sin embargo, VSquare está financiado por el National Endowment for Democracy, por USAID, y por The German Marshall Fund of the United States. La Unión Europea también financia a VSquare, a través de dos herramientas:  Journalism Fund Europe, y IJ4EU, Investigative Journalism for Europe. Todo un ejemplo de independencia.

El Washington Post va todavía más lejos en la campaña: acusa a los servicios secretos rusos de estar planteando una operación de falso intento de asesinato de Víktor Orbán para bascular las elecciones a su favor.

Putin despliega estrategas políticos e inteligencia para ayudar a Orbán a mantenerse en el poder en Hungría.

Quienes propagan campañas difamatorias sobre una supuesta injerencia rusa en las elecciones de otros países son quienes las perpetran. Un portavoz de la Comisión Europea confirmó el 16 de marzo la activación del “Mecanismo del Sistema de Respuesta Rápida en el contexto de las elecciones húngaras”, un sistema de censura en las redes sociales amparado por la Digital Services Act, disfrazado de “lucha contra la desinformación”.

El “mecanismo” permite a la Comisión Europea, ciertas ONG y a plataformas tecnológicas intervenir de forma coordinada, y en tiempo real, en el entorno digital. Este sistema facilita que determinados actores marquen contenido para “moderarlo” rápidamente, pudiendo reducir su alcance o eliminarlo, lo que crea una estructura capaz de influir en la comunicación política durante periodos electorales.

Otro ejemplo de manipulación, con el pleno respaldo de la Unión Europea, es lo que ocurrió en las últimas elecciones en Moldavia. La candidata apoyada por Bruselas, Maia Sandu, ganó las elecciones por un abultado margen, en contra de lo que preveían todas las encuestas. La victoria se proclamó tras el recuento de los votos de la diáspora, durante la noche.

Los moldavos expatriados tenían a su disposición 280 mesas donde votar en Estados Unidos y Europa, mientras que sólo había 2 mesas electorales en Rusia, donde viven 500.000 moldavos. En esas dos urnas situadas en Rusia, se depositaron 4.000 votos, mientras que sólo en Alemania fueron 38.000 los votos emitidos, en 36 mesas electorales. 

Pero no son únicamente los tildados de prorrusos quienes abogan por un entendimiento con el vecino que nos ha estado proporcionando energía barata y abundante durante décadas, base de la prosperidad europea, ahora arrasada.

El primer ministro belga también se ha mostrado recientemente a favor de “normalizar las relaciones con Rusia”.  Bart De Wever ya se opuso a la confiscación de los activos rusos “congelados” en Euroclear, esgrimiendo argumentos de puro sentido común, por lo que sufrió tremendas presiones y denuestos. Ese sentido común tan ausente en las élites enrocadas en Bruselas, que consideran que pueden imponer su voluntad a todo el continente, tras haberse aupado a sus cargos mediante componendas de despacho, sin que nadie les haya votado.

El primer ministro belga llama a la Unión Europea a normalizar los lazos con Rusia. Financial Times, 16 de marzo de 2026.

Financial Times se apresuraba a apostillar que el primer ministro belga “desafiaba el pleno apoyo a Ucrania en su búsqueda de precios energéticos más bajos”. Como si el “pleno apoyo” hubiera arrojado algún resultado positivo en los últimos cuatro años, tanto para Ucrania como para la Unión Europea. Kaja Kallas no tardó en reaccionar en contra de la propuesta del belga, equiparando una vuelta a la normalidad con Rusia con un incremento de las guerras en el continente. Un sofisma de manual.

Kallas también afirmó que no había detectado “ese apetito” por volver a normalizar las relaciones con Rusia en las reuniones a las que asiste. Sin embargo, esa posición comienza a abrirse paso entre las capitales europeas. La prueba es que Francia envió a Moscú a su asesor de seguridad nacional, Emmanuel Bonne, junto a otro asesor, Bertrand Buchwalter. Allí se reunieron con Yuri Ushakov, el asesor presidencial de Putin para política exterior. Los franceses querían que el Kremlin aceptara que los europeos tuvieran un sitio en la mesa de negociaciones con Ucrania, con voz y voto. La respuesta de Ushakov fue negativa, y bastante destemplada, según fuentes diplomáticas europeas.

La negativa del Kremlin a aceptar la presencia en las negociaciones de quienes están haciendo todo lo que está en su mano por reventarlas es lógica. Los europeos ya pusieron el grito en el cielo cuando Trump le puso una alfombra roja a Putin en Alaska. Fue Boris Johnson el mensajero que se plantó en Kiev para tirar abajo el preacuerdo alcanzado en Estambul, poco después de febrero de 2022. Y son Úrsula von der Leyen y Kaja Kallas quienes siguen abogando por presionar a Rusia en forma de sanciones, aunque vayan en detrimento de la propia Europa. Los rusos no van a meter a la zorra en el gallinero.

Úrsula von der Leyen enarbola un discurso presidencialista

La intervención de Úrsula von der Leyen en la conferencia de embajadores de la UE, el 9 de marzo, tiene todas las características del discurso de una presidenta, no el de una burócrata ungida en un despacho. La jefa de la Comisión levantó un gran revuelo cuando afirmó que “Europa ya no puede ser guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y no volverá”. La frase equivalía a dar la bienvenida a la ley de la jungla, asumir la narrativa trumpista, y propugnar que Europa se hiciera un hueco en la selva, del modo que fuera. El resto de su discurso siguió esa línea argumental.

Von der Leyen se vio obligada a matizar sus palabras al día siguiente, pero lo más importante de su discurso no fue eso, por muy grave que fuera, sino su actitud despótica. A la reina de Bruselas le estorba tener que tomar decisiones en política exterior por unanimidad, y pedía una reflexión urgente sobre si “El sistema que hemos construido, con todos sus intentos bienintencionados de lograr consenso y compromiso, resulta más una ayuda o un obstáculo para nuestra credibilidad como actor geopolítico”. El enfrentamiento entre Úrsula von der Leyen y Kaja Kallas por hacerse con el control de la política exterior es notorio.

Von der Leyen, Kallas y una creciente guerra territorial en política exterior de la UE. Politico, 3 marzo 2026.

La burocracia de Bruselas no sólo pretende imponer su criterio en política exterior. El ámbito económico tampoco se salva de sus ansias de poder. La Comisión Europea está considerando limitar las competencias de los países miembros para bloquear fusiones empresariales. Von der Leyen justificaba este nuevo asalto a las soberanías nacionales tirando de jerga burocrática para arramplar con las competencias de los miembros: “Apoyar las fusiones que generen una economía de escala favorable a la competencia, fomenten la integración del mercado único y promuevan la participación de actores paneuropeos”.

La UE sopesa la posibilidad de limitar las competencias nacionales para bloquear fusiones. Financial Times, 17 de marzo de 2026.

La deriva autoritaria de la Comisión está clara, y la pretensión de su presidenta de acaparar todo el poder posible, más aún. Von der Leyen pretende imponer su agenda geopolítica, aunque vaya en perjuicio de los intereses económicos y energéticos europeos. Porque la Unión Europea, que tiene sus orígenes en un acuerdo de 1951 como asociación comercial para el carbón y el acero, y en 1957 se transformó en una “comunidad económica”, se ha convertido en una maquinaria burocrática cuyas élites ansían convertirse en actores geopolíticos. Y pretenden conseguirlo al mismo tiempo que destruyen las bases económicas que sustentan la institución. No cabe mayor contradicción.

El problema radica en la dificultad de adquirir relevancia geopolítica cuando se opta por la sumisión incondicional a Estados Unidos, cuando se decide ser vasallo de un imperio, y se supeditan los intereses propios a los de una potencia que tiene la intención declarada de laminar a cualquier entidad o país que amenace sus ansias hegemónicas. Lo que incluye a la propia Unión Europea. El error consiste en creerse aliado, cuando no se pasa de súbdito.

El siguiente paso es el que están dando ahora esas élites caudillistas: el autoritarismo, la imposición de sus posturas a los estados miembros, con una preocupante deriva militarista. En palabras de la propia von der Leyen: Debemos estar preparados para proyectar nuestro poder con mayor firmeza, para contrarrestar la agresión y la injerencia extranjera con todas nuestras herramientas, ya sean económicas, diplomáticas, tecnológicas o militares. (…) De hecho, la seguridad debe convertirse en el principio organizador de nuestra acción”.

Siguiendo la lógica militarista, el siguiente punto en el discurso de Úrsula von der Leyen tenía que ser por fuerza Ucrania, a la que describe como “una orgullosa nación europea que lucha por nuestras libertades”, a la que hay que seguir ayudando con un préstamo 90.000 millones de euros, para “financiar sus necesidades”. No entiendo cómo se puede decir que un país cuyo gobierno ha prohibido dieciséis partidos políticos, tres de ellos antes de que comenzara la guerra en 2022, está luchando por nuestras libertades.

La presidenta del parlamento europeo, Roberta Metsola, vino a apuntalar el discurso belicista de su par en la Comisión en un discurso en Berlín, el 17 de marzo. Metsola pedía “moverse más deprisa” – lo que apuntaba a un cambio en el sistema para tomar decisiones – y justificaba la financiación a Ucrania con el argumento de que “no se trata de caridad, es una inversión”. Es una inversión ruinosa, corrijo yo, debido a una apuesta estratégica errónea, perniciosa para el continente, cual es la desconexión de las fuentes de energía que sustentaban el bienestar europeo, sin que haya servido para detener la guerra.

En consonancia con la actitud despótica de los burócratas de la UE, la negativa de Hungría a seguir financiando el pozo sin fondo del gobierno de Kiev con el mencionado crédito de 90.000 millones de euros, que Ucrania no va a devolver jamás, ha sido contestada por la desafiante reina de Bruselas, con un “lo haremos de un modo u otro”.

Al menos, hay que reconocerle un momento de sinceridad a la presidenta de la Comisión, cuando, al final de su citada intervención, reconoció que “Tenemos que ser honestos y reconocer que no podemos resolver todos los problemas globales ni conciliar perfectamente nuestros valores e intereses en cada ocasión”. Es decir, que Úrsula von der Leyen se declaró marxista, pero de Groucho.

La guerra en Irán desvía la atención y los recursos hacia Oriente Próximo

El 15 de marzo, Financial Times titulaba que la atención de Trump se había desviado hacia Irán, y que las conversaciones de paz sobre Ucrania se estancaban. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov lo confirmaba. Una nueva ronda, prevista para el 5 de marzo en Abu Dabi, se posponía sine die, y un diplomático europeo calificaba de “desastre” para Ucrania y los europeos el protagonismo de Oriente Próximo.

Las conversaciones de paz sobre Ucrania se estancan a medida que la atención de Trump gira hacia Irán. Financial Times, 15 de marzo de 2026.

Según FT, “Los países de la UE habían sido informados de que los envíos de armas estadounidenses, en particular de defensa aérea, se retrasarían, ya que Washington priorizaba a sus clientes de Oriente Medio”. Kaja Kallas reconocía la existencia del problema, “porque existe una competencia por los mismos recursos.”

Donald Trump no sólo ha dejado colgada de la brocha a Europa en Ucrania, sino que la guerra lanzada contra Irán también va en serio perjuicio de la Unión Europea. Estados Unidos no precisa del petróleo ni del gas que salen del Golfo Pérsico a través del estrecho de Ormuz, así que Trump dejó claro en una entrevista que “Es lógico que las personas que se benefician del estrecho ayuden a garantizar que no ocurra nada malo allí”.

Tras haber provocado el cierre en la práctica del estrecho de Ormuz, Estados Unidos, que es autosuficiente en recursos energéticos, ha colocado a Europa en una precaria situación. Entre dos y tres millones de barriles diarios de petróleo (10-15% del consumo) llegaban a Europa a través del estrecho de Ormuz antes de esta última guerra. Qatar aporta el 3,8% del gas a Europa, y un 7% si nos ceñimos al gas natural licuado. El 20% de este preciado recurso pasa a través del estrecho, por lo que su precio se ha disparado.

Pero la clave está en que Estados Unidos se ha convertido en el segundo proveedor de gas a la Unión Europea, y representa ya el 25,4% del total, sólo por detrás de Noruega. La Unión Europea ha sustituido la “dependencia del gas ruso” por una fuerte dependencia del gas estadounidense.

Las reservas de gas en Europa se hallan por debajo del 30% de su capacidad, en una época en que toca llenarlas, con los precios disparados. La Unión Europea está entrando en pánico, porque sus normas exigen a los países miembros tener sus reservas llenas al 90% antes de la entrada de cada invierno. Los países miembros están compitiendo por llenar sus depósitos y cumplir el dictado de Bruselas, lo que está llevando a una mayor escalada de los precios.

La UE teme compras de pánico ante el agotamiento de las reservas de gas. Politico, 18 de marzo de 2026.

Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán han provocado una respuesta por parte de la República Islámica que ha dejado descolocado a Trump. El error estratégico de desencadenar una guerra contra el gobierno de Teherán le está haciendo perder los papeles al vitriólico inquilino de la Casa Blanca. Los habituales vasallos no han respondido, por el momento, a su petición de ayuda para desbloquear el estrecho de Ormuz, lo que ha enfurecido a Trump. Las constantes contradicciones en las que incurre ponen de manifiesto que no tiene ni idea de cómo salir del atolladero, sin perder la cara.

Después de amenazar con un futuro muy negro para la OTAN, Trump ha llegado a llamar “cobardes” a los miembros de la alianza por no haber acudido prestos a enfangarse en una guerra que “no es la nuestra”, como llegó a afirmar el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, un atlantista de pro.

La reacción de las élites europeas es comprensible, teniendo en cuenta las humillaciones que les ha propinado Trump en otros temas, como la imposición de aranceles o la muy mediática amenaza de apropiarse de Groenlandia. Pero, sobre todo, viene motivada por la realidad de verse colgados de la brocha en Ucrania, por culpa de una guerra en Irán que, además, ha provocado una crisis energética que se suma a la que ya venía padeciendo Europa. Un conflicto de consecuencias imprevisibles, pero que ya está teniendo repercusiones negativas para los intereses europeos en la guerra en Ucrania.

Trump declaró que Lindsey Graham “lleva razón” cuando le sugiere cerrar las bases estadounidenses en los países que no le están dejando utilizarlas para atacar a Irán. No se lo cree nadie. Estados Unidos no va a renunciar a unos enclaves, en lugares estratégicos, que no sólo le sirven para proyectar poder a lo largo y ancho del mundo, sino para tener sometida a Europa. Su negativa a enfangarse en la guerra contra Irán tendrá consecuencias – “Nos acordaremos”, dijo Trump – pero no van a consistir en el cierre de las bases, ni mucho menos.

Axios: La Casa Blanca dice que no está planeando restricciones a la exportación de petróleo o gas.

Aunque de momento Trump ha descartado hacerlo, hay rumores de que Estados Unidos podría estar considerando imponer restricciones a las exportaciones de petróleo y gas, con el objetivo de bajar los precios en su país. Ha sido la propia Europa la que ha depositado en manos de Trump la posibilidad de cerrar el grifo de las exportaciones de gas que tanto precisa.

Putin está valorando acelerar la desconexión total de las fuentes de energía provenientes de Rusia, tan buscada por la Unión Europea. Si lo hace, seguro que las élites le critican por ello. Esta gente se queja de una cosa y de la contraria. La preclara inteligencia de los burócratas europeos puede llevarnos a una situación en la que, después de habernos privado de la energía rusa, nos encontremos con que tampoco disponemos de la estadounidense. A este paso, terminaremos quemando los muebles para calentarnos. Y en Bruselas dirán que, por fin, somos independientes.

El discurso de Marco Rubio en Múnich se materializa en Irán

6 de marzo de 2026

Marco Rubio hace apología del colonialismo en Europa

La oda al colonialismo que Marco Rubio profirió en la Conferencia de Seguridad de Múnich, con los europeos puestos en pie aplaudiéndole, se ha materializado en los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán. Aunque algunos aparentan escandalizarse por la falta de complejos de Donald Trump a la hora de proclamar sus objetivos imperialistas, lo que le diferencia de sus predecesores en la Casa Blanca es la obscenidad con que los pregona, y el comportamiento mafioso y chulesco, porque los propósitos son los mismos. La desvergüenza con la que se comporta Trump se extiende a los más destacados miembros de su gobierno: los ha elegido porque comparten ese perfil.

Destaca entre ellos Marco Rubio, quien afirmó en Múnich que “Queremos aliados que estén orgullosos de su cultura y de su herencia, que entiendan que somos herederos de la misma gran y noble civilización y que, junto con nosotros, estén dispuestos y sean capaces de defenderla”. El secretario de Estado reivindicaba el colonialismo, mientras los europeos salivaban, extasiados ante el panegírico del imperialismo que desgranaba el mensajero de su antaño colonia, devenida en metrópolis.

Trump, troleando a los europeos en su red social, con una imagen alterada.

En ausencia total de pudor, Rubio continuó con su exaltación de la opresión, la aculturación y la aniquilación de otras civilizaciones, el expolio de los recursos ajenos y el genocidio, con esta frase: “En Estados Unidos no tenemos ningún interés en ser guardianes educados y ordenados del declive controlado de Occidente. No buscamos separarnos, sino revitalizar una vieja amistad y renovar la civilización más grande de la historia de la humanidad”.

Rubio remachó el mensaje con rotundidad: “No queremos que nuestros aliados se sientan encadenados por la culpa y la vergüenza”. Unas palabras que encajan con la proclamación de intenciones de Stephen Miller, otro miembro de la banda de Trump: “Somos una superpotencia y con el presidente Trump nos vamos a comportar como tal”.

Una vez santificado el colonialismo, tras el secuestro de Nicolás Maduro, el manejo de la administración chavista a punta de pistola, y el subsiguiente bloqueo del suministro de petróleo a Cuba, Estados Unidos ha dado el siguiente paso con el ataque a Irán para proyectar su hegemonía en un mundo que el propio Rubio reconocía como multipolar. Pero una cosa es constatar la evidencia, y otra muy distinta que Washington esté dispuesto a aceptarla sin rechistar.

El discurso de Marco Rubio en Múnich señala todo lo contrario. Estados Unidos se apresta a usar su maquinaria militar, diseñada para proyectar poder, con sus 800 bases a lo largo y ancho del globo, con el objetivo de implantar un imperio global que aplaste cualquier asomo de resistencia, manu militari si es preciso, o por otras vías, cuando sean más convenientes.

Por ejemplo, la guerra económica, de la que alardeó Scott Bessent, secretario del Tesoro, ante el Congreso, en Davos y en Fox News, para que no quedara ninguna duda: “Lo que [hemos hecho] en el Tesoro es crear una escasez de dólares en el país”. La estrategia llegó a una “gran culminación en diciembre, cuando uno de los bancos más grandes de Irán quebró… la moneda iraní entró en caída libre, la inflación explotó y, por lo tanto, hemos visto al pueblo iraní en las calles”. Bessent lo remataba en Davos: “Esto es política económica; no hay disparos”.

La arrogancia de Estados Unidos le impide conformarse con el estatus de primus inter pares. La única relación que contemplan es la de sumisión a sus objetivos, camuflada en ocasiones con el término “aliados”. Es el subterfugio que Rubio utilizó en Múnich para reclamar a las élites europeas su colaboración en la implantación de la agenda imperialista diseñada en la Casa Blanca.

Las élites europeas asumen el papel de felices vasallos de Estados Unidos

El problema de los europeos que aplaudían es que no comprenden que la persecución de los objetivos para la que el secretario de Estado reclamaba su cooperación conlleva la propia destrucción de Europa como entidad geopolítica autónoma, y su conversión definitiva en vasalla. A lo peor se piensan que el patrón será generoso con ellas. Se equivocan. Ya lo advirtió Kissinger: “Puede ser peligroso ser enemigo de América, pero ser amigo de América es letal”. Los estadounidenses tienen la mala costumbre de referirse a su país como América, lo cual ya es una declaración de intenciones.

El ataque coordinado de Estados Unidos e Israel a Irán ha provocado una airada reacción de Bruselas y las capitales europeas a la agresión perpetrada por… Irán. Las críticas a Washington y a Tel Aviv han brillado por su ausencia, y el vitriolo se ha reservado para Teherán, que está defendiéndose mediante la estrategia militar que considera más adecuada para no perder una guerra que, con toda la razón, entiende como existencial. El derecho a defenderse de las agresiones se reserva para Ucrania.

La primera consecuencia del ataque estadounidense y sionista a Irán ha sido disparar el precio del gas en Europa. Los cerebros de Bruselas que diseñaron e implementaron la decisión de “acabar con la dependencia” del gas ruso se encuentran ahora con que Catar, uno de sus principales proveedores, ha parado la producción. Antes de que comenzara la nueva guerra contra Irán, algunos medios occidentales ya advertían de la nueva dependencia de Europa en materia de gas, ahora de Estados Unidos, y de los riesgos que presentaba la volatilidad de las decisiones políticas y económicas de Trump, tan estables como una veleta, pero que siempre acaba girando en dirección a los intereses de Estados Unidos.

El gas comercializado en el mercado TTF sube un 97,81% en una semana, mientras ABC habla de la dependencia del gas de Estados Unidos.

Las consecuencias de las sabias decisiones políticas de las élites europeas se ven reflejadas en el siguiente gráfico, publicado por Eurostat, que revela el incremento de las empresas que se han declarado en bancarrota en la Unión Europea. Obsérvese que el aumento exponencial de las quiebras se produce desde febrero de 2022, a raíz de la decisión de Bruselas de “acabar con la dependencia” del gas procedente de Rusia.

Registro de empresas y declaraciones de bancarrota en la UE, 2019 – 2025. Gráfico: Eurostat.

Las consecuencias del ataque estadounidense y hebreo contra Irán en el mercado energético han pillado a la Unión Europea con el paso cambiado, el que lleva desde hace cuatro años. Noruega ha dicho que la situación en Oriente Próximo podría reabrir el debate sobre el gas ruso, un mes después de que la Unión Europea anunciara su intención de dejar de comprarlo, el año próximo. Bruselas ha conminado ahora a Ucrania a permitir el tránsito de petróleo ruso a través del gasoducto Druzhba. Zelenski se revuelve, alegando que no es posible, porque los ataques rusos han dañado supuestamente la tubería.

La guerra no provocada de Estados Unidos e Israel contra Irán ha abierto fisuras en una Unión Europa ya agrietada por la guerra provocada por la OTAN contra Rusia en Ucrania. Mientras Pedro Sánchez recoge hábilmente la bandera del “No a la guerra”, Francia y Alemania han sido los dos primeros vasallos en dar un paso al frente para defender los intereses de Estados Unidos e Israel en Oriente Próximo.

Después de que Trump, en el despacho oval y ante la prensa, pidiera a su representante de Comercio que analizara la posibilidad de imponer un embargo a España por su negativa a permitir el uso de las bases estadounidenses para atacar Irán, Merz fue interpelado por su opinión acerca de la intención de Estados Unidos de “castigar” a España.

El canciller alemán respondió (minuto 28) que “La respuesta es muy sencilla. Estamos intentando convencer a España para que alcance el 3% o el 3,5% (del PIB destinado a gastos militares) que acordamos en la OTAN”. Aquí tenemos a un miembro de la Unión Europea apoyando que un tercer país “castigue” a otro. Posteriormente, Merz trataba de explicar su conducta, empeorándola aún más: no había querido enfadar al emperador, oponiéndose a él públicamente.

Trump dice que EE. UU. cortará todo el comercio con España por las bases militares, gasto en defensa. Reuters.

El alineamiento de Friedrich Merz con Estados Unidos e Israel no debería sorprendernos. En junio de 2025, Merz ya reconocía que la entidad sionista estaba haciendo el trabajo sucio a occidente en Irán, pero ahora ha decidido arremangarse para enfangar a Alemania en un conflicto en el que sólo tiene que perder. Que Merz fuera, antes que canciller, el jefe de BlackRock en Alemania, y que Macron trabajara para la banca Rothschild, deben ser casualidades.

Ambos abrieron el debate en Múnich sobre la conveniencia de que Europa adquiera armamento nuclear, más allá del que ya disponen Francia y el Reino Unido. Los primeros en abrazar la idea con entusiasmo fueron los chihuahuas, en gráfica expresión del exdiplomático nicaragüense Augusto Zamora para referirse a los países bálticos, que fue vetado en el muy progresista diario Público.

La conversación nuclear se está calentando entre los europeos en Múnich. Politico, 14 de febrero de 2026.

La excusa para impulsar la proliferación nuclear radica en la supuesta falta de compromiso de Trump con la defensa europea, a pesar del archisobado artículo 5 de la OTAN, el que establece la defensa mutua ante un ataque a uno de los miembros. Esta actitud displicente del presidente de Estados Unidos parece no ser óbice para que las élites europeas se comporten con renovado ímpetu en la defensa de los intereses de Washington en Oriente Próximo.

Mark Rutte ha confirmado que “La OTAN es una plataforma para que Estados Unidos proyecte su poder en el escenario mundial”. Los europeos están encantados de ser sus vasallos, aunque les vaya la ruina en ello.

Trump dinamita la credibilidad de Estados Unidos en las negociaciones

El bombardeo estadounidense y sionista contra Irán se produjo en medio de unas negociaciones con el gobierno iraní. Tras dos rondas con la mediación de Omán, las conversaciones parecían discurrir de manera positiva, a juzgar por las declaraciones de Abbas Araghchi del 25 de febrero, que sostenía que un acuerdo estaba “al alcance”.

El ministro de AAEE de Irán dice que un acuerdo con EEUU está “al alcance”; Trump dice que prefiere la diplomacia. Al Jazeera, 25 de febrero de 2026.

Llueve sobre mojado. La denominada “guerra de los 12 días” contra Irán también se produjo mientras Estados Unidos e Irán estaban conduciendo negociaciones, al menos formalmente.  The New York Times apunta que el líder de Irán, Alí Jamenéi, fue asesinado junto a otros altos cargos, con informaciones proporcionadas por la CIA a Israel, que ejecutó el golpe. Probablemente estaban reunidos para discutir el curso de las conversaciones, que debían retomarse en Ginebra el lunes 1 de marzo.

Se repite la pauta del año pasado: Washington utiliza las negociaciones como un señuelo para que la otra parte relaje sus medidas de seguridad – craso error – y proceder a las “ejecuciones extrajudiciales”, como eufemísticamente llaman algunos a los asesinatos, según quién los perpetre.

Es la misma técnica que también utilizó Israel contra los miembros de Hamas con los que estaba tratando la posibilidad de un alto el fuego en Gaza, en septiembre del año pasado: simular una negociación para tratar de asesinarles cuando estaban reunidos, analizando el desarrollo de las conversaciones. En aquella ocasión, Trump se mostró “muy descontento” con el ataque que perpetraron los sionistas en Catar, donde Estados Unidos alberga una base militar. 

Con el último ataque a Irán, Trump ha eliminado cualquier atisbo de credibilidad acerca de la voluntad real de negociación de Estados Unidos, sea cual sea la materia y sus interlocutores. Lo único que aceptan los sucesivos inquilinos de la Casa Blanca es la sumisión a sus dictados, el acatamiento de sus órdenes.

Estoy seguro de que Rusia y China están tomando buena nota de lo ocurrido con Irán, y han llegado a la conclusión de la futilidad de perder el tiempo negociando con Estados Unidos. En todo caso, si continúan participando en este tipo de escenificaciones, será porque estiman que conviene a sus intereses tácticos, sin olvidar en ningún momento los estratégicos.

Trump gira 180 grados y traiciona a sus bases MAGA

Donald Trump basó gran parte de su campaña electoral en su oposición a continuar con las “guerras eternas” para centrarse en mejorar el bienestar de la población estadounidense. La hemeroteca está llena de discursos y declaraciones de Trump quejándose de que se invirtieran billones de dólares en guerras a miles de kilómetros de distancia, mientras las carreteras estaban llenas de baches y los ferrocarriles descarrilaban de manera habitual.

Después de girar 180 grados, y de bombardear ocho países en los primeros 15 meses de su segundo mandato, Trump mostró su desprecio por esa misma base MAGA que fue responsable de su victoria electoral, tildándoles de “debiluchos”, cuando empezaron a exigir la desclasificación de los archivos de Epstein.

El vuelco de las bases se plasmó en la dimisión de Marjorie Taylor Greene, una de sus más fervientes partidarias, que se sintió traicionada por Trump. Otro de sus apoyos, Tulsi Gabbard, aunque conserva su puesto como directora de las agencias de inteligencia, ha sido condenada al ostracismo, y excluida de las reuniones donde se toman las decisiones relevantes.

Marjorie Taylor Greene denunciaba la penosa situación económica en la que se halla la ciudadanía estadounidense, mientras la Casa Blanca dilapida billones de euros en guerras perpetuas: el 72% de los estadounidenses no se puede permitir un seguro médico; el 58% no puede sufragar un seguro para el coche; el 67% vive de nómina en nómina, sin ahorros para imprevistos; el 50% tiene deudas en su tarjeta de crédito, y la deuda pública se acerca a los 40 billones de dólares.

La traición de Donald Trump a sus bases electorales puede deberse a varios factores, perfectamente complementarios. De un lado, la presión de quienes ejercen el poder real en Estados Unidos: el denominado estado profundo, una amalgama de plutócratas, tecnócratas y burócratas enraizados en las agencias de inteligencia; el complejo militar industrial, histórica batuta de la política exterior; los neoconservadores, que forman parte de su propio equipo, comenzando por Marco Rubio, que también es asesor de seguridad nacional; AIPAC, el lobby sionista; el propio gobierno de Israel y, singularmente Netanyahu, que ha estado siete veces en la Casa Blanca en lo que va de segundo mandato de Trump.

Y, por último, pero no menos relevante, los archivos de Epstein, donde presuntamente podrían encontrarse documentos, fotografías y vídeos del actual presidente de Estados Unidos que le colocarían en una precaria situación.

Donald Trump, el que venía a “drenar el pantano”, concentrarse en los problemas de la ciudadanía y poner fin a las guerras perpetuas, está haciendo exactamente lo contrario: se ha dejado arrastrar por el lobby sionista, el monstruo más grande del pantano. Está ignorando la realidad doméstica para preocuparse únicamente de los intereses de Israel, desencadenando una guerra en el polvorín más inestable del planeta. Con los consiguientes efectos en el mercado internacional de la energía, que tendrá funestas consecuencias en la inflación, no sólo en su país, sino en el resto del planeta.

El sionismo toma el control de la administración Trump

El dos de marzo, Marco Rubio reconocía de forma bastante explícita quién lleva realmente la batuta en la Casa Blanca: Benjamín Netanyahu. En declaraciones a los medios, Rubio dijo: “El presidente tomó una decisión muy sabia: sabíamos que habría una acción israelí, sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses y sabíamos que, si no los atacábamos preventivamente antes de que lanzaran esos ataques, sufriríamos más bajas”.

Es decir, que fue Israel quien tomó la decisión de atacar a Irán mientras Estados Unidos estaba reuniéndose con los iraníes, con la mediación de Omán. Que fue Estados Unidos quien se vio obligado a atacar a Irán, de manera preventiva, para evitar un mayor número de bajas a las que está sufriendo ahora. Y que las decisiones las toma, y los tiempos los marca, Tel Aviv, no Washington.

El portal Track AIPAC rastrea todas las subvenciones que reciben los congresistas, los senadores, y los candidatos al Congreso y al Senado. En Estados Unidos optaron por legalizar los sobornos a los políticos: lo llaman “lobby”. Ciñéndonos únicamente a las cifras oficiales, el American Israel Committee for Public Affairs destina cientos de millones de dólares en “donaciones” a legisladores, senadores y candidatos, con el obvio propósito de que defiendan los intereses de Israel, no los de Estados Unidos.

Donald Trump es el campeón a la hora de recibir donaciones del lobby sionista. Con 230 millones de dólares, encabeza la clasificación de los sobornados. Miriam Adelson, viuda de Sheldon Adelson, magnate de los casinos, la séptima mujer más rica del mundo, con una fortuna de 34.600 millones de dólares, y doble nacionalidad, israelí y estadounidense, es la primera donante de Donald Trump, con más de 215 millones entregados al actual presidente. Quien paga, manda.

Captura de pantalla del portal trackaipac.com.

Susie Wiles, la jefa de gabinete de Trump, trabajó para Netanyahu en la campaña electoral de 2020, junto a otros asesores del equipo del estadounidense. El director del AIPAC, Elliot Brandt, presumía en un panel a puerta cerrada de cómo el lobby sionista había cultivado influencia en tres personas claves del equipo de Trump: Marco Rubio, Mike Waltz, director de Seguridad Nacional, y John Ratcliffe, director de la CIA, a las que calificaba de «lifeline» (línea de vida) para los intereses de Israel. Elliot Brandt fue promovido a director de AIPAC en 2024, pero lleva treinta años trabajándose Capitol Hill.

Los países del Golfo Pérsico engrasan al entorno de Trump

Pero no sólo es el lobby sionista quien engrasa la maquinaria bélica estadounidense contra Irán. Las petromonarquías del Golfo Pérsico, para quienes nadie reclama una transición democrática, ni muestra preocupación alguna por sus trabajadores, expatriados en régimen de semi esclavitud, ni tampoco por los pisoteados derechos de las mujeres, también invierten cifras millonarias en los negocios de Donald Trump y de personas de su entorno más próximo.

A pesar del acercamiento que propició China entre Arabia Saudita e Irán, históricos rivales en la región, The Washington Post publica que Mohammed bin Salman estaba a favor del ataque contra Teherán, alegando que, si Estados Unidos no atacaba, después de haber acumulado la mayor presencia militar en Medio Oriente desde la invasión de Irak en 2003, Irán saldría reforzado y más peligroso.

La presión de los saudíes e Israel ayudaron a Trump a atacar a Irán. The Washington Post.

Los suníes consideran herejes a los chiíes, pero tras el enfrentamiento religioso subyacen motivaciones crematísticas.  Según leemos en Popular Information, el fondo soberano saudí invirtió 2.000 millones de dólares en el fondo de capital privado de Jared Kushner, pese a objeciones internas, que fueron despreciadas por el director del fondo, el jeque Mohammed bin Salman. Kushner recibe un 1,25 % anual en comisiones y podría acumular unos 137 millones de dólares en pagos para 2026. Hace tres años, el New York Times ya recogía las inversiones millonarias de Emiratos Árabes Unidos y Catar en el fondo de Jared Kushner, cuyo único cargo en el gobierno de Donald Trump es ser su yerno.

Empresa de Kushner recibió cientos de millones de dos naciones del Golfo Pérsico. New York Times, 30 de marzo de 2023.

Steve Witkoff, amigo personal de Trump, es el encargado de las negociaciones con Rusia, Ucrania e Irán. Los iraníes se quejaban de que Witkoff saltara de una reunión a otra en Ginebra, lo que denota el nivel de la mascarada.

La empresa de criptomonedas World Liberty Financial, de la que Witkoff es cofundador, también se ha visto beneficiada por las inversiones de los Emiratos Árabes Unidos. Trump y su familia poseen una participación significativa en la compañía. El jeque Tahnoon bin Zayed Al Nahyan, asesor de seguridad nacional de los EAU, y director del fondo soberano de inversión del país, adquirió el 49 % de WLF días antes de la investidura de Trump. 187 millones de los 250 pagados por los EAU, fueron destinados a compañías de la familia Trump, y otros 31 millones, a la familia Witkoff. En mayo de 2025, MGX, una empresa controlada por Tahnoon, compró 2000 millones de dólares en tokens de criptomonedas a WLF.

La nueva guerra contra Irán ocurre semanas después de que el Fondo de Inversión Privada de Arabia Saudita financiara un acuerdo de 7.000 millones de dólares con la Organización Trump. El proyecto incluye un hotel y un campo de golf de la marca Trump, además de 500 mansiones de lujo. En total, los proyectos de la Organización Trump en Arabia Saudita alcanzan los 10.000 millones de dólares.

Eric Trump comercializa proyectos inmobiliarios saudíes por valor de 10.000 millones de dólares. The Semafor.

¿Será Irán el fin del imperio estadounidense?

Cuando se barruntaba que Estados Unidos e Israel se disponían a lanzar otro ataque contra Irán, tras haber fracasado en su objetivo de cambio de régimen en junio pasado, el gobierno iraní advirtió que esta vez su respuesta no iba a ser limitada, y que la guerra iba a ser regional. Irán está siendo fiel a su aviso. Teniendo en cuenta el carácter existencial del conflicto, la forma actual de gobierno en Irán tiene más posibilidades de sobrevivir librando una guerra, que habiendo cedido a las exigencias de Estados Unidos en la farsa de negociación.

De haber aceptado todas las demandas de Washington, Teherán se habría quedado en una posición de absoluta precariedad, que habría puesto en bandeja a sus enemigos su ulterior destrucción. Haber aceptado deshacerse de cualquier misil con alcance superior a 300 km, como le exigían, le hubiera dejado inerme ante los ataques.

En cualquier caso, a estas alturas ha quedado claro que, aunque Irán se hubiera bajado literalmente los pantalones, ni a Estados Unidos ni a Israel les interesaba llegar a ningún acuerdo, porque lo que persiguen es el cambio de régimen. En su infinita soberbia, Trump se sorprendía de que los iraníes no hubiesen capitulado, abrumados ante el poderío militar estadounidense.

Por el contrario, la estrategia iraní parece inclinarse por una guerra de desgaste. De entrada, está atacando las bases de Estados Unidos en sus países títeres del Golfo Pérsico, con notable éxito, según algunos analistas. Trump pensaba que el asesinato de Alí Jamenéi iba a provocar la caída del gobierno iraní. Hasta el momento de publicar estas líneas, esto no ha ocurrido.

¿Qué pasaría si el Irán de hoy se resignara a una guerra larga e infernal con Estados Unidos? Responsible Statecraft.

Que la guerra no le está yendo bien a la alianza entre Washington y Tel Aviv lo denota el cambio de objetivos que atribuyen los beligerantes a la operación. Hemos pasado del intento de cambio de régimen, a la eliminación de su capacidad nuclear, que supuestamente había sido pulverizada en la guerra de los 12 días, a la destrucción de su ejército y sus misiles balísticos. Netanyahu lleva 30 años diciendo que Irán está a un paso de hacerse con una bomba atómica, y Trump le sigue el cuento.

yOtra señal de que la guerra no está yendo como planeaban Estados Unidos e Israel son las operaciones de falsa bandera contra distintos países en la región, que están siendo atribuidas a Irán, a pesar de sus desmentidos. Tales han sido los casos de un ataque a una refinería en Arabia Saudita y a un aeropuerto y una escuela en Azerbaiyán, ambos negados por Teherán. Washington y Tel Aviv no pueden con Irán, al menos no tan rápido como creían, por eso están incitando a sus peones en el Golfo para formar una gran coalición contra Teherán.

Los kurdos, protegidos por la Casa Blanca en Siria, podrían ser los próximos en entrar en acción. Aunque por el momento, esta hipótesis parece formar parte de la guerra psicológica. Trump incluso baraja enviar las famosas botas sobre el terreno, aunque yo creo que va a tirar antes de sus peones para que le hagan el trabajo sucio.

Otro de los objetivos de la guerra contra Teherán es sabotear el suministro de oro negro a Pekín. China importa el 90% de la producción de petróleo iraní. Si el conflicto consigue disminuir, o incluso cortar, el flujo de petróleo por el estrecho de Ormuz hacia China, Xi Jinping tendrá que buscar otros proveedores que tengan la capacidad de incrementar sus aportaciones. El primer candidato es Rusia, por recursos, vecindad y afinidad política.

Si la guerra provocada por Joe Biden en Ucrania hizo bascular a Rusia hacia China, la desencadenada por Donald Trump e Israel en Irán puede estimular el fortalecimiento de la alianza entre Moscú y Pekín. Si Estados Unidos piensa que es capaz de someter a ambos países a sus dictados y regresar al mundo unipolar del siglo pasado, como potencia hegemónica, se estrellará contra la realidad del siglo XXI.

Groenlandia sintetiza la sumisión de Europa a Estados Unidos

6 de febrero de 2026

Dinamarca se congratula de no ser invadida por Estados Unidos

Después de que Donald Trump amenazara con tomar Groenlandia por la fuerza, el ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca se congratulaba de que Estados Unidos no invadiera una parte del territorio danés con estas palabras: “El día termina mejor que al principio. Celebramos que [Trump] haya descartado tomar Groenlandia por la fuerza y ​​haya puesto en pausa la guerra comercial”. Que es como decir qué bueno que es el señorito, que nos deja llamar a los caballos de tú.

Además de la auto humillación del ministro danés, la vejación a la soberanía danesa venía de la mano del holandés Mark Rutte. Trump le perdonaba la vida a Dinamarca porque había negociado con el secretario general de la OTAN “el marco de un acuerdo”, que el presidente estadounidense calificaba de “infinito”, dejando al margen al gobierno danés.

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Trump le arranca la careta a Estados Unidos en Venezuela

19 de enero de 2026

Con Trump, la obscenidad vence a la hipocresía

La principal diferencia entre Donald Trump y otros presidentes de Estados Unidos radica en la obscenidad con la que expone sus propósitos. Este es el principal motivo por el que no gusta a las élites, como ya analicé en este artículo. Por lo demás, la radicalidad con la que trata de alcanzar sus objetivos, el manifiesto desprecio a la legalidad internacional o la arrogancia a la hora de tratar a sus presuntos aliados, con Donald Trump sólo han supuesto una vuelta de tuerca más, quizá dos, al tradicional comportamiento de los inquilinos de la Casa Blanca.

Con Donald Trump, la hipocresía de la narrativa empleada para disfrazar los auténticos objetivos de la política exterior de Estados Unidos – el habitual soniquete de promover la democracia, la libertad y los derechos humanos – ha sido sustituida por una manifiesta impudicia a la hora de anunciar sus intenciones al resto del mundo.

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POR QUÉ ISRAEL HA RECONOCIDO LA INDEPENDENCIA DE SOMALILANDIA

5 de enero de 2026

Las tres condiciones de Israel para el reconocimiento de Somalilandia

El 26 de diciembre, Israel se convertía en el primer país del mundo en reconocer la independencia de Somalilandia, una región que se separó de Somalia unilateralmente en 1991, cuando el país se sumió en una guerra civil caótica. Para entender los motivos por los que Israel ha tomado esa decisión, basta con mirar el mapa y tener en cuenta las derivaciones del genocidio sionista en Gaza, que llegan hasta el cuerno de África.

Mapa del cuerno de África. Ilustración: Enciclopedia Británica.

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