El discurso de Marco Rubio en Múnich se materializa en Irán

6 de marzo de 2026

Marco Rubio hace apología del colonialismo en Europa

La oda al colonialismo que Marco Rubio profirió en la Conferencia de Seguridad de Múnich, con los europeos puestos en pie aplaudiéndole, se ha materializado en los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán. Aunque algunos aparentan escandalizarse por la falta de complejos de Donald Trump a la hora de proclamar sus objetivos imperialistas, lo que le diferencia de sus predecesores en la Casa Blanca es la obscenidad con que los pregona, y el comportamiento mafioso y chulesco, porque los propósitos son los mismos. La desvergüenza con la que se comporta Trump se extiende a los más destacados miembros de su gobierno: los ha elegido porque comparten ese perfil.

Destaca entre ellos Marco Rubio, quien afirmó en Múnich que “Queremos aliados que estén orgullosos de su cultura y de su herencia, que entiendan que somos herederos de la misma gran y noble civilización y que, junto con nosotros, estén dispuestos y sean capaces de defenderla”. El secretario de Estado reivindicaba el colonialismo, mientras los europeos salivaban, extasiados ante el panegírico del imperialismo que desgranaba el mensajero de su antaño colonia, devenida en metrópolis.

Trump, troleando a los europeos en su red social, con una imagen alterada.

En ausencia total de pudor, Rubio continuó con su exaltación de la opresión, la aculturación y la aniquilación de otras civilizaciones, el expolio de los recursos ajenos y el genocidio, con esta frase: “En Estados Unidos no tenemos ningún interés en ser guardianes educados y ordenados del declive controlado de Occidente. No buscamos separarnos, sino revitalizar una vieja amistad y renovar la civilización más grande de la historia de la humanidad”.

Rubio remachó el mensaje con rotundidad: “No queremos que nuestros aliados se sientan encadenados por la culpa y la vergüenza”. Unas palabras que encajan con la proclamación de intenciones de Stephen Miller, otro miembro de la banda de Trump: “Somos una superpotencia y con el presidente Trump nos vamos a comportar como tal”.

Una vez santificado el colonialismo, tras el secuestro de Nicolás Maduro, el manejo de la administración chavista a punta de pistola, y el subsiguiente bloqueo del suministro de petróleo a Cuba, Estados Unidos ha dado el siguiente paso con el ataque a Irán para proyectar su hegemonía en un mundo que el propio Rubio reconocía como multipolar. Pero una cosa es constatar la evidencia, y otra muy distinta que Washington esté dispuesto a aceptarla sin rechistar.

El discurso de Marco Rubio en Múnich señala todo lo contrario. Estados Unidos se apresta a usar su maquinaria militar, diseñada para proyectar poder, con sus 800 bases a lo largo y ancho del globo, con el objetivo de implantar un imperio global que aplaste cualquier asomo de resistencia, manu militari si es preciso, o por otras vías, cuando sean más convenientes.

Por ejemplo, la guerra económica, de la que alardeó Scott Bessent, secretario del Tesoro, ante el Congreso, en Davos y en Fox News, para que no quedara ninguna duda: “Lo que [hemos hecho] en el Tesoro es crear una escasez de dólares en el país”. La estrategia llegó a una “gran culminación en diciembre, cuando uno de los bancos más grandes de Irán quebró… la moneda iraní entró en caída libre, la inflación explotó y, por lo tanto, hemos visto al pueblo iraní en las calles”. Bessent lo remataba en Davos: “Esto es política económica; no hay disparos”.

La arrogancia de Estados Unidos le impide conformarse con el estatus de primus inter pares. La única relación que contemplan es la de sumisión a sus objetivos, camuflada en ocasiones con el término “aliados”. Es el subterfugio que Rubio utilizó en Múnich para reclamar a las élites europeas su colaboración en la implantación de la agenda imperialista diseñada en la Casa Blanca.

Las élites europeas asumen el papel de felices vasallos de Estados Unidos

El problema de los europeos que aplaudían es que no comprenden que la persecución de los objetivos para la que el secretario de Estado reclamaba su cooperación conlleva la propia destrucción de Europa como entidad geopolítica autónoma, y su conversión definitiva en vasalla. A lo peor se piensan que el patrón será generoso con ellas. Se equivocan. Ya lo advirtió Kissinger: “Puede ser peligroso ser enemigo de América, pero ser amigo de América es letal”. Los estadounidenses tienen la mala costumbre de referirse a su país como América, lo cual ya es una declaración de intenciones.

El ataque coordinado de Estados Unidos e Israel a Irán ha provocado una airada reacción de Bruselas y las capitales europeas a la agresión perpetrada por… Irán. Las críticas a Washington y a Tel Aviv han brillado por su ausencia, y el vitriolo se ha reservado para Teherán, que está defendiéndose mediante la estrategia militar que considera más adecuada para no perder una guerra que, con toda la razón, entiende como existencial. El derecho a defenderse de las agresiones se reserva para Ucrania.

La primera consecuencia del ataque estadounidense y sionista a Irán ha sido disparar el precio del gas en Europa. Los cerebros de Bruselas que diseñaron e implementaron la decisión de “acabar con la dependencia” del gas ruso se encuentran ahora con que Catar, uno de sus principales proveedores, ha parado la producción. Antes de que comenzara la nueva guerra contra Irán, algunos medios occidentales ya advertían de la nueva dependencia de Europa en materia de gas, ahora de Estados Unidos, y de los riesgos que presentaba la volatilidad de las decisiones políticas y económicas de Trump, tan estables como una veleta, pero que siempre acaba girando en dirección a los intereses de Estados Unidos.

El gas comercializado en el mercado TTF sube un 97,81% en una semana, mientras ABC habla de la dependencia del gas de Estados Unidos.

Las consecuencias de las sabias decisiones políticas de las élites europeas se ven reflejadas en el siguiente gráfico, publicado por Eurostat, que revela el incremento de las empresas que se han declarado en bancarrota en la Unión Europea. Obsérvese que el aumento exponencial de las quiebras se produce desde febrero de 2022, a raíz de la decisión de Bruselas de “acabar con la dependencia” del gas procedente de Rusia.

Registro de empresas y declaraciones de bancarrota en la UE, 2019 – 2025. Gráfico: Eurostat.

Las consecuencias del ataque estadounidense y hebreo contra Irán en el mercado energético han pillado a la Unión Europea con el paso cambiado, el que lleva desde hace cuatro años. Noruega ha dicho que la situación en Oriente Próximo podría reabrir el debate sobre el gas ruso, un mes después de que la Unión Europea anunciara su intención de dejar de comprarlo, el año próximo. Bruselas ha conminado ahora a Ucrania a permitir el tránsito de petróleo ruso a través del gasoducto Druzhba. Zelenski se revuelve, alegando que no es posible, porque los ataques rusos han dañado supuestamente la tubería.

La guerra no provocada de Estados Unidos e Israel contra Irán ha abierto fisuras en una Unión Europa ya agrietada por la guerra provocada por la OTAN contra Rusia en Ucrania. Mientras Pedro Sánchez recoge hábilmente la bandera del “No a la guerra”, Francia y Alemania han sido los dos primeros vasallos en dar un paso al frente para defender los intereses de Estados Unidos e Israel en Oriente Próximo.

Después de que Trump, en el despacho oval y ante la prensa, pidiera a su representante de Comercio que analizara la posibilidad de imponer un embargo a España por su negativa a permitir el uso de las bases estadounidenses para atacar Irán, Merz fue interpelado por su opinión acerca de la intención de Estados Unidos de “castigar” a España.

El canciller alemán respondió (minuto 28) que “La respuesta es muy sencilla. Estamos intentando convencer a España para que alcance el 3% o el 3,5% (del PIB destinado a gastos militares) que acordamos en la OTAN”. Aquí tenemos a un miembro de la Unión Europea apoyando que un tercer país “castigue” a otro. Posteriormente, Merz trataba de explicar su conducta, empeorándola aún más: no había querido enfadar al emperador, oponiéndose a él públicamente.

Trump dice que EE. UU. cortará todo el comercio con España por las bases militares, gasto en defensa. Reuters.

El alineamiento de Friedrich Merz con Estados Unidos e Israel no debería sorprendernos. En junio de 2025, Merz ya reconocía que la entidad sionista estaba haciendo el trabajo sucio a occidente en Irán, pero ahora ha decidido arremangarse para enfangar a Alemania en un conflicto en el que sólo tiene que perder. Que Merz fuera, antes que canciller, el jefe de BlackRock en Alemania, y que Macron trabajara para la banca Rothschild, deben ser casualidades.

Ambos abrieron el debate en Múnich sobre la conveniencia de que Europa adquiera armamento nuclear, más allá del que ya disponen Francia y el Reino Unido. Los primeros en abrazar la idea con entusiasmo fueron los chihuahuas, en gráfica expresión del exdiplomático nicaragüense Augusto Zamora para referirse a los países bálticos, que fue vetado en el muy progresista diario Público.

La conversación nuclear se está calentando entre los europeos en Múnich. Politico, 14 de febrero de 2026.

La excusa para impulsar la proliferación nuclear radica en la supuesta falta de compromiso de Trump con la defensa europea, a pesar del archisobado artículo 5 de la OTAN, el que establece la defensa mutua ante un ataque a uno de los miembros. Esta actitud displicente del presidente de Estados Unidos parece no ser óbice para que las élites europeas se comporten con renovado ímpetu en la defensa de los intereses de Washington en Oriente Próximo.

Mark Rutte ha confirmado que “La OTAN es una plataforma para que Estados Unidos proyecte su poder en el escenario mundial”. Los europeos están encantados de ser sus vasallos, aunque les vaya la ruina en ello.

Trump dinamita la credibilidad de Estados Unidos en las negociaciones

El bombardeo estadounidense y sionista contra Irán se produjo en medio de unas negociaciones con el gobierno iraní. Tras dos rondas con la mediación de Omán, las conversaciones parecían discurrir de manera positiva, a juzgar por las declaraciones de Abbas Araghchi del 25 de febrero, que sostenía que un acuerdo estaba “al alcance”.

El ministro de AAEE de Irán dice que un acuerdo con EEUU está “al alcance”; Trump dice que prefiere la diplomacia. Al Jazeera, 25 de febrero de 2026.

Llueve sobre mojado. La denominada “guerra de los 12 días” contra Irán también se produjo mientras Estados Unidos e Irán estaban conduciendo negociaciones, al menos formalmente.  The New York Times apunta que el líder de Irán, Alí Jamenéi, fue asesinado junto a otros altos cargos, con informaciones proporcionadas por la CIA a Israel, que ejecutó el golpe. Probablemente estaban reunidos para discutir el curso de las conversaciones, que debían retomarse en Ginebra el lunes 1 de marzo.

Se repite la pauta del año pasado: Washington utiliza las negociaciones como un señuelo para que la otra parte relaje sus medidas de seguridad – craso error – y proceder a las “ejecuciones extrajudiciales”, como eufemísticamente llaman algunos a los asesinatos, según quién los perpetre.

Es la misma técnica que también utilizó Israel contra los miembros de Hamas con los que estaba tratando la posibilidad de un alto el fuego en Gaza, en septiembre del año pasado: simular una negociación para tratar de asesinarles cuando estaban reunidos, analizando el desarrollo de las conversaciones. En aquella ocasión, Trump se mostró “muy descontento” con el ataque que perpetraron los sionistas en Catar, donde Estados Unidos alberga una base militar. 

Con el último ataque a Irán, Trump ha eliminado cualquier atisbo de credibilidad acerca de la voluntad real de negociación de Estados Unidos, sea cual sea la materia y sus interlocutores. Lo único que aceptan los sucesivos inquilinos de la Casa Blanca es la sumisión a sus dictados, el acatamiento de sus órdenes.

Estoy seguro de que Rusia y China están tomando buena nota de lo ocurrido con Irán, y han llegado a la conclusión de la futilidad de perder el tiempo negociando con Estados Unidos. En todo caso, si continúan participando en este tipo de escenificaciones, será porque estiman que conviene a sus intereses tácticos, sin olvidar en ningún momento los estratégicos.

Trump gira 180 grados y traiciona a sus bases MAGA

Donald Trump basó gran parte de su campaña electoral en su oposición a continuar con las “guerras eternas” para centrarse en mejorar el bienestar de la población estadounidense. La hemeroteca está llena de discursos y declaraciones de Trump quejándose de que se invirtieran billones de dólares en guerras a miles de kilómetros de distancia, mientras las carreteras estaban llenas de baches y los ferrocarriles descarrilaban de manera habitual.

Después de girar 180 grados, y de bombardear ocho países en los primeros 15 meses de su segundo mandato, Trump mostró su desprecio por esa misma base MAGA que fue responsable de su victoria electoral, tildándoles de “debiluchos”, cuando empezaron a exigir la desclasificación de los archivos de Epstein.

El vuelco de las bases se plasmó en la dimisión de Marjorie Taylor Greene, una de sus más fervientes partidarias, que se sintió traicionada por Trump. Otro de sus apoyos, Tulsi Gabbard, aunque conserva su puesto como directora de las agencias de inteligencia, ha sido condenada al ostracismo, y excluida de las reuniones donde se toman las decisiones relevantes.

Marjorie Taylor Greene denunciaba la penosa situación económica en la que se halla la ciudadanía estadounidense, mientras la Casa Blanca dilapida billones de euros en guerras perpetuas: el 72% de los estadounidenses no se puede permitir un seguro médico; el 58% no puede sufragar un seguro para el coche; el 67% vive de nómina en nómina, sin ahorros para imprevistos; el 50% tiene deudas en su tarjeta de crédito, y la deuda pública se acerca a los 40 billones de dólares.

La traición de Donald Trump a sus bases electorales puede deberse a varios factores, perfectamente complementarios. De un lado, la presión de quienes ejercen el poder real en Estados Unidos: el denominado estado profundo, una amalgama de plutócratas, tecnócratas y burócratas enraizados en las agencias de inteligencia; el complejo militar industrial, histórica batuta de la política exterior; los neoconservadores, que forman parte de su propio equipo, comenzando por Marco Rubio, que también es asesor de seguridad nacional; AIPAC, el lobby sionista; el propio gobierno de Israel y, singularmente Netanyahu, que ha estado siete veces en la Casa Blanca en lo que va de segundo mandato de Trump.

Y, por último, pero no menos relevante, los archivos de Epstein, donde presuntamente podrían encontrarse documentos, fotografías y vídeos del actual presidente de Estados Unidos que le colocarían en una precaria situación.

Donald Trump, el que venía a “drenar el pantano”, concentrarse en los problemas de la ciudadanía y poner fin a las guerras perpetuas, está haciendo exactamente lo contrario: se ha dejado arrastrar por el lobby sionista, el monstruo más grande del pantano. Está ignorando la realidad doméstica para preocuparse únicamente de los intereses de Israel, desencadenando una guerra en el polvorín más inestable del planeta. Con los consiguientes efectos en el mercado internacional de la energía, que tendrá funestas consecuencias en la inflación, no sólo en su país, sino en el resto del planeta.

El sionismo toma el control de la administración Trump

El dos de marzo, Marco Rubio reconocía de forma bastante explícita quién lleva realmente la batuta en la Casa Blanca: Benjamín Netanyahu. En declaraciones a los medios, Rubio dijo: “El presidente tomó una decisión muy sabia: sabíamos que habría una acción israelí, sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses y sabíamos que, si no los atacábamos preventivamente antes de que lanzaran esos ataques, sufriríamos más bajas”.

Es decir, que fue Israel quien tomó la decisión de atacar a Irán mientras Estados Unidos estaba reuniéndose con los iraníes, con la mediación de Omán. Que fue Estados Unidos quien se vio obligado a atacar a Irán, de manera preventiva, para evitar un mayor número de bajas a las que está sufriendo ahora. Y que las decisiones las toma, y los tiempos los marca, Tel Aviv, no Washington.

El portal Track AIPAC rastrea todas las subvenciones que reciben los congresistas, los senadores, y los candidatos al Congreso y al Senado. En Estados Unidos optaron por legalizar los sobornos a los políticos: lo llaman “lobby”. Ciñéndonos únicamente a las cifras oficiales, el American Israel Committee for Public Affairs destina cientos de millones de dólares en “donaciones” a legisladores, senadores y candidatos, con el obvio propósito de que defiendan los intereses de Israel, no los de Estados Unidos.

Donald Trump es el campeón a la hora de recibir donaciones del lobby sionista. Con 230 millones de dólares, encabeza la clasificación de los sobornados. Miriam Adelson, viuda de Sheldon Adelson, magnate de los casinos, la séptima mujer más rica del mundo, con una fortuna de 34.600 millones de dólares, y doble nacionalidad, israelí y estadounidense, es la primera donante de Donald Trump, con más de 215 millones entregados al actual presidente. Quien paga, manda.

Captura de pantalla del portal trackaipac.com.

Susie Wiles, la jefa de gabinete de Trump, trabajó para Netanyahu en la campaña electoral de 2020, junto a otros asesores del equipo del estadounidense. El director del AIPAC, Elliot Brandt, presumía en un panel a puerta cerrada de cómo el lobby sionista había cultivado influencia en tres personas claves del equipo de Trump: Marco Rubio, Mike Waltz, director de Seguridad Nacional, y John Ratcliffe, director de la CIA, a las que calificaba de «lifeline» (línea de vida) para los intereses de Israel. Elliot Brandt fue promovido a director de AIPAC en 2024, pero lleva treinta años trabajándose Capitol Hill.

Los países del Golfo Pérsico engrasan al entorno de Trump

Pero no sólo es el lobby sionista quien engrasa la maquinaria bélica estadounidense contra Irán. Las petromonarquías del Golfo Pérsico, para quienes nadie reclama una transición democrática, ni muestra preocupación alguna por sus trabajadores, expatriados en régimen de semi esclavitud, ni tampoco por los pisoteados derechos de las mujeres, también invierten cifras millonarias en los negocios de Donald Trump y de personas de su entorno más próximo.

A pesar del acercamiento que propició China entre Arabia Saudita e Irán, históricos rivales en la región, The Washington Post publica que Mohammed bin Salman estaba a favor del ataque contra Teherán, alegando que, si Estados Unidos no atacaba, después de haber acumulado la mayor presencia militar en Medio Oriente desde la invasión de Irak en 2003, Irán saldría reforzado y más peligroso.

La presión de los saudíes e Israel ayudaron a Trump a atacar a Irán. The Washington Post.

Los suníes consideran herejes a los chiíes, pero tras el enfrentamiento religioso subyacen motivaciones crematísticas.  Según leemos en Popular Information, el fondo soberano saudí invirtió 2.000 millones de dólares en el fondo de capital privado de Jared Kushner, pese a objeciones internas, que fueron despreciadas por el director del fondo, el jeque Mohammed bin Salman. Kushner recibe un 1,25 % anual en comisiones y podría acumular unos 137 millones de dólares en pagos para 2026. Hace tres años, el New York Times ya recogía las inversiones millonarias de Emiratos Árabes Unidos y Catar en el fondo de Jared Kushner, cuyo único cargo en el gobierno de Donald Trump es ser su nuero.

Empresa de Kushner recibió cientos de millones de dos naciones del Golfo Pérsico. New York Times, 30 de marzo de 2023.

Steve Witkoff, amigo personal de Trump, es el encargado de las negociaciones con Rusia, Ucrania e Irán. Los iraníes se quejaban de que Witkoff saltara de una reunión a otra en Ginebra, lo que denota el nivel de la mascarada.

La empresa de criptomonedas World Liberty Financial, de la que Witkoff es cofundador, también se ha visto beneficiada por las inversiones de los Emiratos Árabes Unidos. Trump y su familia poseen una participación significativa en la compañía. El jeque Tahnoon bin Zayed Al Nahyan, asesor de seguridad nacional de los EAU, y director del fondo soberano de inversión del país, adquirió el 49 % de WLF días antes de la investidura de Trump. 187 millones de los 250 pagados por los EAU, fueron destinados a compañías de la familia Trump, y otros 31 millones, a la familia Witkoff. En mayo de 2025, MGX, una empresa controlada por Tahnoon, compró 2000 millones de dólares en tokens de criptomonedas a WLF.

La nueva guerra contra Irán ocurre semanas después de que el Fondo de Inversión Privada de Arabia Saudita financiara un acuerdo de 7.000 millones de dólares con la Organización Trump. El proyecto incluye un hotel y un campo de golf de la marca Trump, además de 500 mansiones de lujo. En total, los proyectos de la Organización Trump en Arabia Saudita alcanzan los 10.000 millones de dólares.

Eric Trump comercializa proyectos inmobiliarios saudíes por valor de 10.000 millones de dólares. The Semafor.

¿Será Irán el fin del imperio estadounidense?

Cuando se barruntaba que Estados Unidos e Israel se disponían a lanzar otro ataque contra Irán, tras haber fracasado en su objetivo de cambio de régimen en junio pasado, el gobierno iraní advirtió que esta vez su respuesta no iba a ser limitada, y que la guerra iba a ser regional. Irán está siendo fiel a su aviso. Teniendo en cuenta el carácter existencial del conflicto, la forma actual de gobierno en Irán tiene más posibilidades de sobrevivir librando una guerra, que habiendo cedido a las exigencias de Estados Unidos en la farsa de negociación.

De haber aceptado todas las demandas de Washington, Teherán se habría quedado en una posición de absoluta precariedad, que habría puesto en bandeja a sus enemigos su ulterior destrucción. Haber aceptado deshacerse de cualquier misil con alcance superior a 300 km, como le exigían, le hubiera dejado inerme ante los ataques.

En cualquier caso, a estas alturas ha quedado claro que, aunque Irán se hubiera bajado literalmente los pantalones, ni a Estados Unidos ni a Israel les interesaba llegar a ningún acuerdo, porque lo que persiguen es el cambio de régimen. En su infinita soberbia, Trump se sorprendía de que los iraníes no hubiesen capitulado, abrumados ante el poderío militar estadounidense.

Por el contrario, la estrategia iraní parece inclinarse por una guerra de desgaste. De entrada, está atacando las bases de Estados Unidos en sus países títeres del Golfo Pérsico, con notable éxito, según algunos analistas. Trump pensaba que el asesinato de Alí Jamenéi iba a provocar la caída del gobierno iraní. Hasta el momento de publicar estas líneas, esto no ha ocurrido.

¿Qué pasaría si el Irán de hoy se resignara a una guerra larga e infernal con Estados Unidos? Responsible Statecraft.

Que la guerra no le está yendo bien a la alianza entre Washington y Tel Aviv lo denota el cambio de objetivos que atribuyen los beligerantes a la operación. Hemos pasado del intento de cambio de régimen, a la eliminación de su capacidad nuclear, que supuestamente había sido pulverizada en la guerra de los 12 días, a la destrucción de su ejército y sus misiles balísticos. Netanyahu lleva 30 años diciendo que Irán está a un paso de hacerse con una bomba atómica, y Trump le sigue el cuento.

 

Otra señal de que la guerra no está yendo como planeaban Estados Unidos e Israel son las operaciones de falsa bandera contra distintos países en la región, que están siendo atribuidas a Irán, a pesar de sus desmentidos. Tales han sido los casos de un ataque a una refinería en Arabia Saudita y a un aeropuerto y una escuela en Azerbaiyán, ambos negados por Teherán. Washington y Tel Aviv no pueden con Irán, al menos no tan rápido como creían, por eso están incitando a sus peones en el Golfo para formar una gran coalición contra Teherán.

Los kurdos, protegidos por la Casa Blanca en Siria, podrían ser los próximos en entrar en acción. Aunque por el momento, esta hipótesis parece formar parte de la guerra psicológica. Trump incluso baraja enviar las famosas botas sobre el terreno, aunque yo creo que va a tirar antes de sus peones para que le hagan el trabajo sucio.

Otro de los objetivos de la guerra contra Teherán es sabotear el suministro de oro negro a Pekín. China importa el 90% de la producción de petróleo iraní. Si el conflicto consigue disminuir, o incluso cortar, el flujo de petróleo por el estrecho de Ormuz hacia China, Xi Jinping tendrá que buscar otros proveedores que tengan la capacidad de incrementar sus aportaciones. El primer candidato es Rusia, por recursos, vecindad y afinidad política.

Si la guerra provocada por Joe Biden en Ucrania hizo bascular a Rusia hacia China, la desencadenada por Donald Trump e Israel en Irán puede estimular el fortalecimiento de la alianza entre Moscú y Pekín. Si Estados Unidos piensa que es capaz de someter a ambos países a sus dictados y regresar al mundo unipolar del siglo pasado, como potencia hegemónica, se estrellará contra la realidad del siglo XXI.

Groenlandia sintetiza la sumisión de Europa a Estados Unidos

6 de febrero de 2026

Dinamarca se congratula de no ser invadida por Estados Unidos

Después de que Donald Trump amenazara con tomar Groenlandia por la fuerza, el ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca se congratulaba de que Estados Unidos no invadiera una parte del territorio danés con estas palabras: “El día termina mejor que al principio. Celebramos que [Trump] haya descartado tomar Groenlandia por la fuerza y ​​haya puesto en pausa la guerra comercial”. Que es como decir qué bueno que es el señorito, que nos deja llamar a los caballos de tú.

Además de la auto humillación del ministro danés, la vejación a la soberanía danesa venía de la mano del holandés Mark Rutte. Trump le perdonaba la vida a Dinamarca porque había negociado con el secretario general de la OTAN “el marco de un acuerdo”, que el presidente estadounidense calificaba de “infinito”, dejando al margen al gobierno danés.

Bloomberg apuntaba por dónde iban las líneas de ese “marco de un acuerdo”. Estados Unidos y Dinamarca firmaron un pacto en 1951, modificado en 2004, por el que Washington debe “consultar con e informar” a Dinamarca y a Groenlandia antes de acometer “cualquier cambio significativo a las operaciones militares o instalaciones en Groenlandia”. Pues bien, Estados Unidos se propone reescribir ese acuerdo de defensa con Dinamarca para eliminar cualquier límite a su presencia militar en Groenlandia.

Mapa del Ártico publicado por The Guardian, 19 de septiembre de 1952.

Donald Trump resumía con estas palabras el espíritu del acuerdo con Mark Rutte: «Podremos poner lo que necesitemos en Groenlandia porque así lo queremos. En esencia, es acceso total, sin límite de tiempo».

El acuerdo firmado entre Estados Unidos y Dinamarca en 1951 ya suponía una afrenta a la soberanía danesa. El pacto establecía la división futura de Groenlandia en zonas de defensa gestionadas conjuntamente, con la nacionalidad del comandante establecida mediante acuerdo. Sin embargo, de entrada, todas las zonas de defensa estaban bajo mando estadounidense. Graciosamente, Washington se avenía a que las fuerzas de defensa locales contaran con un comandante danés. El pacto permanecería en vigor mientras existiera la OTAN. Este acuerdo fue precedido por otro, firmado por el embajador danés en Estados Unidos en 1941, por el que Dinamarca concedía a Washington acceso a Groenlandia para proteger el territorio de los nazis.  

Viñeta de Herbert L. Block, publicada en 1941.

Analistas daneses, citados por The New York Times, consideran que Estados Unidos podría expandir su presencia militar en la isla, limitada actualmente a una base, sin necesidad de modificar el pacto en vigor: “Estados Unidos tiene tanta libertad en Groenlandia que puede hacer prácticamente lo que quiera”, sostiene Mikkel Runge Olesen, del Instituto Danés para Investigaciones Internacionales.

Peter Ernstved Rasmussen, analista danés de defensa, opina que la modificación del acuerdo efectuada en 2004, por la que Estados Unidos debe consultar e informar a Dinamarca y Groenlandia de cambios significativos de su presencia en la isla, «Es una fórmula de cortesía. Si Estados Unidos quisiera actuar sin preguntar, podría simplemente informar a Dinamarca de que está construyendo una base, un aeródromo o un puerto».

A Donald Trump incluso esta laxitud en la redacción del acuerdo debe parecerle demasiado restrictiva, cuando ha desatado una ofensiva para hacerse con el control de la isla, hablando abiertamente de “poseerla”. El argumento de Trump es que no se defiende igual algo que posees, que si sólo eres el arrendatario. Además, se trata de adelantarse a China y a Rusia: si la isla es propiedad de Estados Unidos, sus rivales no podrán hacerse con ella. El caso es que el acuerdo “perpetuo” entre Trump y Rutte ha dejado a Europa sin respuestas, según titula el Financial Times.

El acuerdo «eterno» de Trump con Rutte sobre Groenlandia deja a Europa sin respuestas. Financial Times, 22 de enero de 2026.

Friedrich Merz dice que hay que defender a Groenlandia de Rusia

Aunque la primera ministra de Dinamarca llegó a hablar del “fin de la OTAN” en el caso de que Estados Unidos atacara Groenlandia, sus colegas europeos fueron mucho más tibios en sus declaraciones. Después de que Trump amenazara con hacerse con Groenlandia “por las buenas o por las malas”, la reacción de Antonio Costa, el presidente del Consejo Europeo, sólo puede calificarse de meliflua: “Creemos que las relaciones entre socios y aliados deben gestionarse de forma cordial y respetuosa”. A su lado, Úrsula von der Leyen calificaba de “exitosa” a la Unión Europea porque Trump se había avenido a no invadir la isla, hablando de firmeza y unidad, después de haber sido ninguneada en la negociación con Rutte.

La declaración conjunta de seis de los 27 miembros de la Unión Europea, junto al Reino Unido, que ha regresado de facto al club europeo merced a la guerra en Ucrania, demostraba que la unidad pretendida por la reina de Bruselas no era tal. Para no enfadar a papaíto, la declaración se abstenía de criticar a Estados Unidos, a quien calificaba de “aliado”, y entraba de lleno en el marco fijado por Trump: la importancia de defender la seguridad en el Ártico frente a los “adversarios”. La declaración fue firmada por Mette Frederiksen: la primera ministra danesa bajaba  el pistón al asumir la moderada respuesta europea.

Publicación en X de Kaja Kallas.

Ante las amenazas, posteriormente retiradas, de Donald Trump de imponer aranceles a los países europeos si no se alcanzaba un acuerdo sobre Groenlandia, la inefable Kaja Kallas, sin mencionar a Estados Unidos, se mostraba muy preocupada, porque Rusia y China debían de estar de fiesta ante las desavenencias entre aliados. La estonia calificaba de “disputa” la pretensión de Trump de hacerse con dos millones de kilómetros cuadrados de un país de la Unión Europea, y aprovechaba para pedir que la “disputa” no nos distrajera de su fijación: Rusia y la guerra en Ucrania.

Pero quien entró de lleno en el marco de Donald Trump fue Friedrich Merz. En el Foro de Davos, el canciller alemán, después de tirar de eufemismo para describir la pretensión de Trump de hacerse con la isla – “Estados Unidos ha exigido vehementemente una mayor influencia en Groenlandia” –, Merz afirmó sin ruborizarse que “Celebramos que Estados Unidos se tome en serio la amenaza que representa Rusia en el Ártico”.

Europa tiene pánico a que Trump le deje colgada en Ucrania

El nivel de genuflexión de las élites europeas ante Donald Trump tiene una sencilla explicación. Los europeos tienen pánico a que Estados Unidos les deje colgando de la brocha en Ucrania. Desde que Trump recibió a Putin en Alaska, aplaudiéndole sobre una alfombra roja, las conversaciones que están teniendo lugar entre ambos presidentes, y miembros de sus equipos, tienen sobre ascuas a las élites europeas.

El peor escenario para los burócratas de Bruselas, y demás capitales europeas, es que Estados Unidos y Rusia lleguen a una entente más o menos cordial, a raíz de la cual Trump dé un carpetazo a la implicación de Washington en la guerra en Ucrania, y les deje la papeleta a los europeos. Esta posibilidad constituye una auténtica pesadilla, porque las élites eurocráticas son conscientes de la incapacidad material de Europa para hacer frente a la situación que tan temerariamente han contribuido a crear en Ucrania.

La apuesta les salió mal, algo que se niegan a reconocer, por lo que su estrategia radica en aumentar la escalada contra Rusia, buscando provocar un ataque de Moscú contra algún miembro de la OTAN, que obligue a Estados Unidos a implicarse de lleno en el conflicto. Las ominosas implicaciones de este proceder les traen sin cuidado a las élites europeas, que ya han demostrado sobradamente que lo único que les importa es mantener su estatus, mientras tratan de incrementar su poder, concentrándolo aún más en menos manos. Los intereses de la ciudadanía que deberían proteger se la traen al pairo, cuando no trabajan denodadamente para socavarlos, con tal de proteger los suyos.

Mario Draghi se ha pronunciado de manera contundente en esta línea. Europa debe convertirse en una “auténtica federación” para evitar convertirse en “subordinada, dividida y desindustrializada”. Sin embargo, Draghi se equivoca al identificar las causas del declive europeo. La solución a los problemas de Europa jamás vendrá de quienes los han provocado, porque no sólo se niegan a reconocer que han sido sus políticas las que los han causado, sino que insisten en redoblarlas.

La UE debe convertirse en una “federación genuina” para evitar la desindustrialización y el declive, dice Draghi. Euronews, 2 de febrero de 2026.

La Unión Europea está preparando el paquete de sanciones número veinte contra Rusia, y pretende implementarlo el 24 de febrero, fecha que marcará el cuarto aniversario del inicio de la guerra: señal de que los diecinueve anteriores han sido un rotundo fracaso, como demuestra el hecho de que el conflicto armado continúa.

Draghi evita reconocer que la principal causa de la desindustrialización de Europa radica en la decisión de prescindir de las fuentes de energía próximas, baratas y accesibles que han alimentado la economía europea desde hace décadas, procedentes de Rusia, para sustituirlas por la dependencia de Estados Unidos, en el caso del gas natural licuado, mucho más caro, y el recurso a intermediarios – léase la India – para seguir comprando petróleo ruso, pagando un sobreprecio. Simultáneamente, las élites europeas le han proporcionado a Donald Trump una palanca adicional con la que apretar al viejo continente. Este es el nivel de inteligencia política de las élites europeas.

A medida que crece la dependencia de Europa del gas natural estadounidense, también crece la ventaja de Trump. New York Times, 26 de enero de 2026.

Draghi también yerra con el diagnóstico: la solución no puede consistir en la centralización burocratizada, que es el objetivo último tras el maquillaje de la “auténtica federación” que propone. Como he recogido reiteradamente en este blog, el propósito de los eurócratas de Bruselas es el de anular la soberanía de los estados miembros para sustituirla por la federalización centralizada que propone Draghi.

A Úrsula von der Leyen y su séquito les molesta que las decisiones en política exterior deban tomarse por unanimidad. Por eso han propuesto repetidamente sustituir ese mecanismo por otro que les permita imponer sus dictados mediante una “mayoría cualificada”, aunque perjudiquen los intereses nacionales de algunos miembros de la Unión Europea. No les importa cortar los flujos energéticos, o provocar costes demenciales en el abastecimiento, si eso les posibilita implementar su agenda geopolítica, ciegos ante su evidente fracaso.

La decisión de prohibir la compra de gas ruso de todo tipo en 2027 no fue tomada por unanimidad, sino que fue diseñada para que pudiera adoptarse por una “mayoría reforzada”. Aunque se trata claramente de una medida de política exterior, fue presentada por la Comisión apoyándose en legislación relativa al comercio y la energía, para sortear el veto de Hungría y Eslovaquia, que se oponían. Sus sistemas energéticos y su situación geográfica dificultan enormemente sustituir las importaciones de gas y petróleo rusos por otros proveedores, por no hablar del encarecimiento que les supondría.

Este es el “orden basado en reglas” de quienes no dudan en saltárselas para imponer sus agendas, aunque provoquen la ruina de dos países de la Unión Europea: sus votos en contra fueron ignorados, y la prensa se ha hartado de calificar a Fico y Orbán de “aliados de Putin” por proteger sus intereses nacionales y oponerse a la guerra contra Rusia, denunciando los riesgos de que la contienda se extienda por todo el continente. Un peligro que las élites burocratizadas no sólo ignoran, sino que hacen todo lo posible por que se materialice, si así consiguen mantener sus desquiciados propósitos de infligir una derrota estratégica a Rusia.

Dinamarca da argumentos a Trump para reclamar Groenlandia

Las contradicciones de las élites europeas son constantes. Después de haber prescindido de la energía nuclear por los riesgos que presentaba, Alemania discute ahora la posibilidad de participar en un “paraguas nuclear” de ámbito europeo. La energía nuclear de uso civil le parece peligrosa, pero no tiene óbice en arrimarse a su uso militar.

En la misma órbita de contradicciones, Dinamarca se queja ahora de la pretensión de Trump de adueñarse de dos millones largos de kilómetros cuadrados de su territorio, después de que un informe de inteligencia danés, publicado en diciembre de 2025, le pusiera en bandeja al estadounidense sus reivindicaciones.

El informe advertía de que “China se prepara para una presencia militar en el Ártico” y que los intereses árticos a largo plazo de China incluyen Groenlandia”, destacando las supuestas actividades aéreas, marítimas y submarinas del gigante asiático en el Ártico. Adicionalmente, el documento avisaba del incremento de la cooperación de Rusia y China en la región septentrional.

El GIUK Gap (hueco). Ilustración: Intelligence Outlook 2025.

La inteligencia danesa también advertía de que Rusia estaba monitoreando y cartografiando las aguas entre Groenlandia, Islandia, las Islas Feroe y el Reino Unido como parte de los preparativos para una posible confrontación con la OTAN, porque “para Rusia, las aguas entre Groenlandia, Islandia, las Islas Feroe y el Reino Unido – el llamado GIUK Gap – constituyen la principal vía marítima de entrada y salida del Ártico. Por lo tanto, el GIUK Gap es vital para Rusia en caso de un conflicto armado con la OTAN”.

Donald Trump cogió al vuelo el informe danés. Publicó en su red social un enlace a la noticia que daba cuenta del documento, restregándole a Dinamarca su alarma por los planes de Rusia y China para el Ártico y Groenlandia, y las escasas fuerzas que destinaba a proteger el territorio: “dos trineos de perros”. Sólo Estados Unidos era capaz de defender la isla.

Continuando con las contradicciones europeas, varios diplomáticos nórdicos rebajaban considerablemente el nivel de alarma que presentaba el informe de inteligencia danés: “Esa idea de que las aguas que rodean Groenlandia están repletas de barcos o submarinos rusos y chinos es simplemente falsa. Están en el Ártico, sí, pero en el lado ruso”, declaraba uno de los diplomáticos al Financial Times.

Rasmus Jarlov, el presidente del Comité de Defensa del Parlamento de Dinamarca, refutaba la supuesta amenaza de China y Rusia en el Ártico que también alimentaba Velina Tchakárova, una consultora en geopolítica: “Soy el jefe del comité de defensa de Dinamarca. Mi trabajo es supervisar la seguridad en Groenlandia y obtengo toda la información relevante al respecto. Les aseguro que sus fantasías sobre una gran amenaza de China y Rusia contra Groenlandia son delirantes. Ustedes son la amenaza, no ellos”.

Lin Jian, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, también rechazaba las alegaciones de Trump de que las aguas de Groenlandia estaban cubiertas de barcos chinos: “Instamos a Estados Unidos a que deje de utilizar la llamada “amenaza china” como pretexto para buscar beneficios egoístas”.

¿Y si todo fuera teatro?

Bien pudiera ser que, como afirma el periodista Thomas Fazi, estuviéramos asistiendo a “una clásica maniobra de policía malo y policía bueno diseñada para lograr el objetivo ancestral de militarizar Groenlandia”. Si utilizamos el modelo de la ventana de Overton, un concepto de comunicación política creado por Joseph Overton, se trataría de convertir una idea impensable en aceptable, incluso popular, hasta plasmarla en una medida política concreta. En este caso, el reto estriba en hacerlo muy rápidamente, contrariamente a lo habitual cuando se proponen cambios políticos de calado.

Ventana de Overton.

El esquema sería el siguiente: de entrada, se plantea la invasión de Estados Unidos a un territorio de otro miembro de la OTAN: impensable. Es el peor escenario posible. Luego, se presenta una solución alternativa: bajamos un escalón, hasta lo radical. Es el “marco de un acuerdo” al que llegan Trump y Rutte. Nos encontramos al secretario general de la OTAN ninguneando a un país miembro, presuntamente negociando sobre su soberanía. Lo que sigue levantando ampollas, pero menos que una invasión.

En este estadio, los medios encargados de manufacturar el consentimiento comienzan a filtrar posibilidades de lo que incluye ese acuerdo: Trump ha renunciado a “poseer” Groenlandia, y se descarta que pretenda hacerse con la soberanía de toda la isla, excepto en los territorios donde se instalen sus bases militares, donde sería estadounidense.

Cómo las bases británicas en Chipre podrían ser un modelo para el acuerdo de Trump sobre Groenlandia. New York Times, 22 de enero de 2026.

Se elige un modelo que ya funciona entre países occidentales, el de las bases del Reino Unido en Chipre, siguiendo una lógica colonial, de larga tradición europea. El territorio de las bases británicas en Chipre es de soberanía británica, como consecuencia de la “concesión” de la independencia a la colonia. Ni siquiera forma parte de la Unión Europea, aunque Chipre sí pertenece al club. En las bases aplican las leyes británicas. El patrón ya existe, y está servido.

El Reino Unido comenzó pagando a Chipre por el uso del territorio donde se asientan las bases, otra de las posibilidades que sugirió Estados Unidos para hacerse con el control de la isla: comprarla. Así lo dijo Marco Rubio, atribuyendo además a Donald Trump una idea que sigue siendo inaceptable para la opinión pública europea, sobre todo la danesa, pero para la que ya existe un precedente en Europa. Por cierto, el Reino Unido sólo pagó el canon a Chipre durante cinco años, luego dejó de hacerlo. 

Bajamos un escalón más hasta lo aceptable: los dirigentes europeos abrazan sin reparos el marco de la necesidad de proteger a Groenlandia de la “amenaza” de Rusia y China: “Todo es negociable, menos la soberanía”, concede la primera ministra danesa, aliviada porque Trump ha renunciado a invadir la isla, y porque el secretario general de la OTAN le ha informado que el acuerdo respeta la soberanía danesa sobre la isla. Volvemos a tutear a los caballos…

Como los ánimos están muy calientes, el tema de Groenlandia desaparece de los medios. Es necesario dar un tiempo a la opinión pública para que vaya enfriándose, e interiorizando las posibilidades que se le presentan. Aunque siguen siendo radicales, ya no son impensables: todo es negociable, por lo que entramos en el terreno de lo aceptable.

Probablemente los europeos crean que por aceptar el control estadounidense de Groenlandia y su militarización, aunque sea usando la mascarada de la OTAN, para frenar la “amenaza” de China y Rusia, Trump no les va a dejar colgando de la brocha en Ucrania. Se equivocan de plano si piensan que Trump va a priorizar la relación con quien considera, con razón, sus vasallos, a la posibilidad de llegar a determinadas componendas con Moscú. Europa cederá el control de Groenlandia a Estados Unidos, lo que no evitará que Washington le encasquete la papeleta en Ucrania, si eso es lo que le conviene a Trump, independientemente de las consecuencias para los europeos.

Aunque está por ver en qué quedan las conversaciones que están manteniendo la Casa Blanca y el Kremlin; cómo acaba este aparente intento de acercamiento; si es realmente sincero por parte de Trump; si éste es capaz de resistir las presiones de los neoconservadores, y si los rusos consideran que los estadounidenses se han vuelto fiables, lo que ya es mucho decir, una cosa está clara: los europeos seguirán siendo vasallos de Estados Unidos mientras permanezcan en el marco de la OTAN.

Las naciones europeas no pueden ser soberanas dentro de la OTAN. The Telegraph, 1 de febrero de 2026.

La OTAN no va a desaparecer tras este último episodio de aparente crisis entre sus miembros. Estados Unidos necesita a Europa para proyectar poder en el continente euroasiático, desde su espléndido aislamiento al otro lado del Atlántico. Y la herramienta para someter al viejo continente se llama OTAN. El rifirrafe teatralizado en torno a Groenlandia es simplemente una maniobra para extender los territorios bajo el dominio de su patrón, Estados Unidos, con el propósito de aumentar su presencia en el Ártico, con la finalidad última de obtener una mejor posición desde la que negociar con Rusia el reparto de las zonas de influencia, en el que están enfrascadas ambas potencias.

Si dicha negociación tendrá resultados o no, está por verse. La reciente caducidad del tratado New START para limitar las armas nucleares y la advertencia de Rusia de que responderá “con medidas técnicas y militares” si Estados Unidos opta por desplegar determinadas armas en Groenlandia anticipa convulsiones en estos tiempos de guerra no tan fría que estamos viviendo. 

Trump le arranca la careta a Estados Unidos en Venezuela

19 de enero de 2026

Con Trump, la obscenidad vence a la hipocresía

La principal diferencia entre Donald Trump y otros presidentes de Estados Unidos radica en la obscenidad con la que expone sus propósitos. Este es el principal motivo por el que no gusta a las élites, como ya analicé en este artículo. Por lo demás, la radicalidad con la que trata de alcanzar sus objetivos, el manifiesto desprecio a la legalidad internacional o la arrogancia a la hora de tratar a sus presuntos aliados, con Donald Trump sólo han supuesto una vuelta de tuerca más, quizá dos, al tradicional comportamiento de los inquilinos de la Casa Blanca.

Con Donald Trump, la hipocresía de la narrativa empleada para disfrazar los auténticos objetivos de la política exterior de Estados Unidos – el habitual soniquete de promover la democracia, la libertad y los derechos humanos – ha sido sustituida por una manifiesta impudicia a la hora de anunciar sus intenciones al resto del mundo.

La voladura de la hipocresía ha sentado muy mal a los medios que representan al sistema. Foreign Affairs se tiraba de los pelos y hablaba de “Un mundo sin reglas”. Como si los anteriores presidentes de Estados Unidos las hubieran respetado. Según la Universidad de Harvard, desde 1898 hasta 1994 Estados Unidos ha intervenido 41 veces en América Latina para cambiar gobiernos, 17 de ellas de manera directa, usando el ejército o los servicios de inteligencia. Lo que fastidia a quienes mueven los hilos en la sombra es que Trump actúa a careta quitada, lo que estorba a sus narrativas hipócritas, con las que tratan de disfrazar sus tropelías.

Un mundo sin reglas. Las consecuencias del asalto de Donald Trump a la legislación internacional. Foreign Affairs.

El ataque a Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, no han sido justificados más que con la boca pequeña, bisbiseando las cantinelas habituales. Donald Trump, y otros miembros de su gobierno, han subrayado que lo que les interesa es el petróleo.

Antony Blinken, el secretario de Estado con Joe Biden, publicaba en sus redes sociales que viajaba a Oriente Medio “para aliviar el sufrimiento del pueblo palestino”, mientras su gobierno atiborraba de armas a los sionistas para que perpetraran el genocidio con mayor efectividad. Esa hipocresía, tan enraizada en las élites estadounidenses, ha sido eliminada de cuajo por Donald Trump y el equipo que le acompaña.

Como analicé en un artículo anterior, la última actualización de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos deja bien a las claras que Donald Trump se propone asegurar un control absoluto sobre el hemisferio occidental, al que Washington ha considerado tradicionalmente su patio trasero. El ataque a Venezuela ha venido precedido por un despliegue militar en el mar Caribe que necesariamente tenía que cristalizar en algún tipo de operación de envergadura, so pena de hacer el ridículo.

Después de haber asesinado a ciento quince personas que viajaban en lanchas por el Caribe, alegando que se dedicaban a transportar narcóticos, después de bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente, Estados Unidos está alejándose de la narrativa de la “guerra contra las drogas”.

El Departamento de Justicia, en la acusación formulada contra Nicolás Maduro tras su secuestro y ulterior traslado a Estados Unidos, viene a reconocer que el “Cártel de los Soles” no existe propiamente como organización, y que se trata más bien de un término en el argot venezolano para referirse a militares corruptos, que fue explotado en su momento por la propia CIA para tratar de encubrir sus ilícitas actividades.

El Departamento de Justicia retira su afirmación de que el “Cártel de los Soles” de Venezuela es un grupo real. New York Times, 5 de enero de 2026.

Este nombre era en realidad el de una red informal creada por la CIA para introducir drogas en Estados Unidos, según The Grayzone, que cita como fuentes al New York Times y a un programa de la CBS de 1993 sobre el tema. La acusación del Departamento de Justicia contra Nicolás Maduro se apoya fundamentalmente en el testimonio de un narcotraficante convicto, el general venezolano Hugo “El Pollo” Carvajal, que alcanzó un pacto secreto para reducir su condena a cambio de testificar contra Maduro.

Unidad antidrogas de la CIA envió una tonelada de cocaína a Estados Unidos en 1990. New York Times, 20 de noviembre de 1993.

El Departamento de Justicia, a pesar de que sigue acusando a Maduro, sin aportar prueba alguna, de “conspirar” para introducir en Estados Unidos “miles de toneladas de cocaína”, ha dejado caer la acusación de que Maduro dirigía el supuesto cártel.

Donald Trump ha dejado bien claro que la operación en Venezuela se dirige a controlar el petróleo, para lo que se dispone a “dirigir” el país, dándole instrucciones al gobierno venezolano sobre lo que debe hacer. Karoline Leavitt, jefa de prensa de la Casa Blanca, ha apuntalado el mismo mensaje: “Todos los ingresos de la venta de petróleo crudo y productos venezolanos se liquidarán primero en cuentas controladas por Estados Unidos en bancos reconocidos mundialmente… esos fondos se dispersarán para el beneficio del pueblo estadounidense y del pueblo venezolano, a discreción del gobierno de Estados Unidos”.

Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca y asesor de Seguridad Nacional, tampoco era muy sutil: “Somos una superpotencia y bajo el mandato del presidente Trump nos comportaremos como tal. Es absurdo que permitamos que una nación en nuestro propio patio trasero se convierta en proveedora de recursos para nuestros adversarios, pero no para nosotros”.

Miller olvidaba convenientemente que algunas empresas estadounidenses tuvieron que abandonar sus negocios en Venezuela en 2019, debido a las sanciones unilaterales impuestas por Donald Trump durante su primer mandato, como le recordó el consejero delegado de Halliburton en la reunión que mantuvo con los jefes de las principales petroleras en la Casa Blanca. Otras, como Chevron y Repsol, continuaron sus actividades en Venezuela.

No es un cambio de régimen, alega el presidente de la Cámara de Representantes

En el nuevo marco de desvergüenza superlativa en el que nos encontramos, el presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Johnson, dijo que «Esto no es un cambio de régimen. Es una exigencia de cambio de comportamiento por parte de un régimen. El Gobierno interino ya está establecido y esperamos que pueda corregir sus acciones».

Mike Johnson seguía explayándose ante los periodistas: «Tenemos una forma de persuasión porque, como saben, sus exportaciones de petróleo han sido suspendidas, y creo que eso llevará al país a un nuevo Gobierno en muy poco tiempo. Así que no esperamos tropas sobre el terreno ni ninguna otra intervención directa, más allá de simplemente coaccionar al Gobierno interino para que lo ponga en marcha». Johnson preveía que se convocarían elecciones en Venezuela a no tardar.

Por lo que se ve, los planes de Estados Unidos pasan por conseguir un cambio de régimen en diferido. Por el momento, Delcy Rodríguez juró su cargo como presidenta encargada, ante la ausencia forzada de Nicolás Maduro, tal y como prevé la constitución de Venezuela.

En la rueda de prensa posterior al ataque a Caracas, a muchos sorprendió que Donald Trump descartara de plano a Corina Machado como la persona designada a dirigir Venezuela, alegando que no tenía ni el apoyo ni el respeto del pueblo. Teniendo en cuenta que, según James Story, exembajador de Estados Unidos en el país caribeño, fue Washington quien ayudó a Corina Machado a montar la plataforma de oposición a Maduro, parecía lógico que fuera su criatura la encargada de hacerse con las riendas del país, al menos nominalmente.

Trump dice que Machado “no tiene el apoyo” en Venezuela, no fue consultada. The Hill.

Sin embargo, preguntado Marco Rubio sobre el descarte de Machado, contestaba que “había que ser realista” y se quejaba de que hubiera quien criticara que, 24 horas después de haber depuesto a Maduro, no hubiera ya unas elecciones convocadas, después de tantos años de chavismo.  

Corina Machado, por su parte, se está arrastrando literalmente ante Donald Trump, ofreciéndole compartir el premio Nobel de la paz que recibió por parte de una institución completamente politizada, convertida en una herramienta para premiar a determinadas personas por sus posiciones políticas. Una política que también se ha extendido al Nobel de literatura. La propuesta de compartir el premio ha sido rechazada por el comité que concede el Nobel, dejando en evidencia a Machado.

Corina Machado insiste en que debe ser la coalición que ella lidera la que debe estar al mando en Venezuela. Machado comenzó a ser financiada por el National Endowment for Democracy en 2004, cuando la asociación Súmate, de la que era presidenta, recibió fondos para un “proyecto para educar a los votantes” venezolanos.

Corina Machado actúa como líder de la opositora Plataforma Unitaria Democrática. Se ha mostrado públicamente a favor de una intervención de Estados Unidos en Venezuela, recalcando en una entrevista en diciembre de 2025, que llevaba años pidiéndola. En 2018, se dirigió por carta a Benjamin Netanyahu para pedirle que le ayudara en la “promoción de un cambio de régimen”. Machado se ha alineado con el gobierno sionista en repetidas ocasiones, hablando de “valores compartidos”. Se ve que también es partidaria de los genocidios.

María Corina Machado dice que “Apoyo absolutamente la estrategia del presidente Trump” en Venezuela. CBS News.

Corina Machado también prometía entusiasmada que, en el caso de llegar al poder, pondría en marcha un “masivo programa de privatización” de los recursos naturales del país, para ponerlos a disposición de compañías estadounidenses. Machado cifraba en 1,7 billones de dólares el montante del proceso de “privatización”, una cifra sólo ligeramente inferior al PIB español, que en 2025 llegó a 1,88 billones de dólares.  

A pesar de arrastrarse literalmente en su visita a Washington, regalando a Trump la medalla del Nobel, las perspectivas de hacerse con el poder de Corina Machado se limitan a seguir chupando banquillo, a la espera de la evolución de los acontecimientos con el gobierno chavista. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, insistía en que la opinión de Trump sobre Machado, basada en realidades sobre el terreno, no ha cambiado.

¿Por qué Trump descarta de entrada a Corina Machado?

La negativa de Donald Trump a colocarla al frente de Venezuela ha debido sentarle a Corina Machado como a la zorra los perdigones, pero teniendo en cuenta los objetivos de la Casa Blanca, el descarte tiene sentido. Hace tiempo, un empresario español con experiencia de años en el país, y crítico con el chavismo, me explicaba que una de las causas del fracaso electoral de la oposición venezolana se debía a su falta de unidad, pero también a la elección de Corina Machado como líder: “Es como si en España la líder de la oposición fuera Isabel Preysler”, me dijo.

Si el objetivo de Trump es hacerse con el negocio del petróleo, de todos los escenarios posibles que habrán manejado en la Casa Blanca, el que tiene más probabilidades de cuajar es el de contar con un gobierno que controle efectivamente al ejército y a los cuerpos de seguridad del estado. Es obvio que Corina Machado no controla a las fuerzas armadas, porque si así fuera, hace tiempo que habría dado un golpe de estado, con el apoyo de Washington.

Así que Trump se ha inclinado por una estrategia de presión descomunal sobre el chavismo, porque considera que es más efectiva que poner a una marioneta descarada, que no controla los resortes del poder y que es vista, por la mayoría de la población, como lo que es: un pelele de Washington, que saliva cuando habla de entregarle los recursos de Venezuela a quien la financia.

No juegues con el presidente Trump. Cuenta en X del Departamento de Estado.

El secuestro de Nicolás Maduro ha sido la palanca que Trump está usando para apretar a Delcy Rodríguez; a su hermano Jorge, actual presidente de la Asamblea Nacional; a Diosdado Cabello, ministro del Interior, y a Vladimir Padrino, ministro de Defensa, que son quienes controlan el poder, para intentar que se sometan a la hoja de ruta que tiene diseñada para apropiarse del petróleo, el gas y el oro de Venezuela.

Por eso Mike Johnson hablaba de “persuasión” y de “coaccionar” al gobierno de Venezuela, para que colabore en la implementación de la agenda que la Casa Blanca tiene en mente para hacerse con los recursos del país. Trump amenazaba a Delcy Rodríguez con un destino peor que el de Maduro si no se avenía a sus dictados. Para remachar el mensaje de matonismo, el Departamento de Estado publicaba el 3 de enero una imagen que podría valer como cartel de una película de mafiosos, tan del gusto de Hollywood. 

El ataque a Venezuela precisaba de alguna complicidad interna

Cuando me enteré del ataque a Venezuela y del secuestro de su presidente, lo primero que pensé fue que una operación de ese calibre necesitaba, por fuerza, de algún tipo de colaboración interna para tener éxito. Independientemente de la superioridad tecnológica con la que cuenta el ejército de Estados Unidos, que ha sido convenientemente utilizada por The Wall Street Journal para explicar el éxito de la operación, a mi juicio esa ventaja comparativa no era suficiente.

El avión inhibidor de señales ‘Growler’ que ayudó a capturar a Nicolás Maduro. The Wall Street Journal, 6 de enero de 2026.

Días después del secuestro de Maduro, Delcy Rodríguez destituía al general Javier Marcano Tábata, encargado de la seguridad del presidente, y al mando de la DGCIM, la contrainteligencia militar. Según algunas fuentes, el general también ha sido acusado de proporcionar las coordenadas del lugar donde estaría pernoctando Nicolás Maduro, que cambia constantemente, y de haber ordenado desactivar los sistemas de defensa aérea.

A mí me parecen muchas competencias, todas ellas estratégicas, como para estar concentradas en una sola persona, aunque fuera de la máxima confianza. En el caso de que este general hubiera dado la orden de desactivar los sistemas de defensa aérea, lo que está por verse, habría necesitado la complicidad de numerosas personas para que dicha orden fuera efectivamente cumplida.

Circula en redes sociales una entrevista con un supuesto militar venezolano, que describe la operación del comando estadounidense que secuestró a Maduro con ribetes de ciencia ficción. Esta entrevista ha sido difundida por la jefa de prensa de la Casa Blanca, porque contribuye a alimentar la narrativa de unas fuerzas de operaciones especiales dotadas con un armamento portentoso, al que no se puede hacer frente.

Otras fuentes aducen que el ejército de Venezuela no utilizó sus recursos para intentar abatir los helicópteros estadounidenses que intervinieron en la operación, bastante vulnerables a según qué sistemas, para lo cual cuenta con 4.000 antiaéreos portátiles. Según estas fuentes, sólo una de estas armas fue disparada. De los 100 sistemas antiaéreos basados en tierra, ninguno fue dirigido contra las aeronaves invasoras.

A la hora de analizar las narrativas que circulan, es fundamental tener en cuenta a quién benefician, y a quién perjudican. La hipótesis de la traición conviene a los intereses de quienes perpetraron el ataque, porque contribuye a socavar la legitimidad del gobierno chavista. Es muy pronto para conocer lo que realmente sucedió en Venezuela, así como las dimensiones de la colaboración interna, pero en mi opinión tuvo que haberla.

Euronews publica que existieron unas conversaciones en Catar, en las que participó la propia Delcy Rodríguez, en las que supuestamente se estaría buscando una salida pactada de Nicolás Maduro. Lo primero que hay que tener en cuenta es la fuente de estas informaciones: el diario Miami Herald, visceralmente anticastrista y antichavista.

Estados Unidos apuesta por ella, pero ¿podrá la nueva jefa de Venezuela cumplir? Su vida podría depender de ello. Miami Herald.

El Miami Herald justifica la pretendida apuesta de Trump por Delcy Rodríguez porque podía ofrecer “continuidad sin caos”. Todo lo contrario que representaba Corina Machado, añado yo. Si bien esta hipótesis tiene sentido, a partir de ahí, las fuentes anónimas desbarran: afirman que Washington podría exigir a Delcy Rodríguez “la entrega o rendición” de Vladímir Padrino y Diosdado Cabello, para juzgarlos en Estados Unidos, al igual que a Maduro. El Miami Herald recuerda que Estados Unidos ofrece una recompensa de 25 millones de dólares por Cabello, y de 15 por Padrino. Una cosa es que la presidenta interina intente salvar los muebles, y otra que esté dispuesta a cometer esa traición.

¿Puede tener éxito la estrategia de supervivencia del chavismo?

La actitud de Delcy Rodríguez probablemente tenga más que ver con una estrategia de supervivencia que con una traición. Desde la barrera, es muy fácil criticar a la presidenta encargada de Venezuela por haber cambiado la retórica antiimperialista por otra más conciliadora con quien perpetró el secuestro de Nicolás Maduro, pero conviene recordar que la están apuntando con una pistola, de manera nada metafórica.

Delcy tenía dos opciones: o apostar por el enfrentamiento con la segunda potencia nuclear del mundo, hasta provocar otro ataque o, incluso, la invasión, como ya ocurrió en Panamá, o en Granada, con funestas consecuencias para el país, o ser realista y tratar de conjugar los intereses de Estados Unidos con los venezolanos, por muy complicado que sea. La segunda opción le ofrece la posibilidad de conservar el control de las estructuras del país e intentar proseguir con la agenda política del chavismo, tratando de reequilibrar las tremendas desigualdades económicas que sufre Venezuela.

Asimismo, el enfoque realista le permite evitar un escenario de guerra por el que, según el Miami Herald, estaría apostando la línea dura del chavismo: provocar la invasión de Estados Unidos, para enfangar a su ejército en una guerra de guerrillas, con el consiguiente desgaste de Trump frente a la opinión pública doméstica. Cualquier dirigente que ponga los intereses de la población por delante de otros procurará evitar que su país entre en una dinámica de conflicto que, en el caso de la muy polarizada Venezuela, correría el riesgo de derivar en una guerra civil.

En su mensaje anual a la nación, Delcy Rodríguez habló de un “nuevo momento político”, de la necesidad de reformar el marco legislativo de la industria petrolera, y recalcó que “Tenemos derecho a tener relaciones diplomáticas con China, con Rusia, con Irán, con Cuba, con todos los pueblos del mundo. También con los Estados Unidos. Somos una nación soberana”. Estados Unidos pretende que Venezuela corte lazos económicos con todos esos países, y reclama exclusividad en el negocio del petróleo. La operación en Venezuela no va sólo de oro negro, sino de geopolítica. 

El País, 14 de enero de 2025.

Ante la tesitura actual, Delcy Rodríguez parece haber optado por un enfoque realista, para intentar continuar con el programa político del chavismo. Venezuela lleva años sufriendo sanciones ilegales que pretenden hundir su apuesta por un modelo económico distinto al capitalismo depredador. Venezuela no es Rusia, y las sanciones se han demostrado mucho más efectivas con el país caribeño que con el eslavo, cuya resiliencia es incomparablemente superior.

Con el enfoque realista, Delcy Rodríguez probablemente pretende sacar al país de la crisis económica, dando motivos a Estados Unidos para eliminar sus sanciones, que han provocado la emigración de millones de personas. Posiblemente también ha entendido que el bienestar del país precisa amortiguar la polarización que sufre, de ahí su apelación “al entendimiento desde la divergencia”

Por el momento, Estados Unidos también ha apostado por un enfoque realista, en lugar del aventurerismo que hubiera supuesto tratar de encumbrar a Corina Machado. Veremos hasta qué punto ambas estrategias realistas pueden convivir, dada la voracidad del actual inquilino de la Casa Blanca, y las disensiones que la actitud de Delcy Rodríguez estará levantando dentro del chavismo. 

Al día siguiente de una conversación entre Delcy Rodríguez y Donald Trump, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Caracas para entrevistarse con la “presidenta interina”, como la califica The New York Times. El diario valora que la reunión “refuerza el mensaje de la administración Trump de que ve al gobierno interino como el mejor camino hacia la estabilidad del país en el corto plazo”. Hacer coincidir el encuentro de Corina Machado con Trump en Washington con la reunión de Ratcliffe y Rodríguez en Caracas supone otra bofetada a la golpista vocacional. También revela que está habiendo negociaciones. Aunque la correlación de fuerzas es dispar, yo diría que ambas partes tienen cartas para jugar. 

El director de la CIA se reúne con la presidenta interina de Venezuela en Caracas. New York Times, 16 de enero de 2026.

En cuanto a las posibilidades de éxito que tiene Trump de convencer a las petroleras estadounidenses para que inviertan 100.000 millones de dólares en un país con un pronóstico de inestabilidad tan acusado, yo diría que son escasas, visto el calificativo que el consejero delegado de Exxon Mobil le dedicó a Venezuela: “No invertible”. El tema del petróleo venezolano es complejo, así que da para otro artículo. 

POR QUÉ ISRAEL HA RECONOCIDO LA INDEPENDENCIA DE SOMALILANDIA

5 de enero de 2026

Las tres condiciones de Israel para el reconocimiento de Somalilandia

El 26 de diciembre, Israel se convertía en el primer país del mundo en reconocer la independencia de Somalilandia, una región que se separó de Somalia unilateralmente en 1991, cuando el país se sumió en una guerra civil caótica. Para entender los motivos por los que Israel ha tomado esa decisión, basta con mirar el mapa y tener en cuenta las derivaciones del genocidio sionista en Gaza, que llegan hasta el cuerno de África.

Mapa del cuerno de África. Ilustración: Enciclopedia Británica.

Según Hassan Sheikh Mohamud, presidente de Somalia, tres son las condiciones que Netanyahu puso a Abdirahman Mohamed Abdallah, el líder de Somalilandia, para que Israel reconociera la independencia de la región escindida:

  1. Que aceptara acoger a ciudadanos palestinos en Somalilandia, para quienes los sionistas tienen planes de exilio forzoso.
  2. Que diera su consentimiento para que Israel construyera una base militar en la costa del Golfo de Adén.
  3. Que Somalilandia se incorporara a los Acuerdos de Abraham, reconociendo a su vez al estado de Israel.

En cuanto al acogimiento de palestinos, el portavoz de Somalilandia se limitó a decir que el tema no había sido tocado en las conversaciones, sin atreverse a descartar la posibilidad. El mismo portavoz negó que Somalilandia hubiera aceptado que Israel se hiciera con una base militar en la región, y sólo confirmó que Somalilandia suscribiría los Acuerdos de Abraham, una iniciativa de Donald Trump en su primer mandato, por la que Marruecos, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán establecieron relaciones diplomáticas con Israel.

Israel reconoció Somalilandia a cambio de base, desplazamiento de palestinos: Mohamud de Somalia. TRTWorld, 31 de diciembre de 2025.

Tras una conversación con sus pares de Somalia, Turquía y Yibuti, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Egipto publicó un comunicado en el que mostraba su “rechazo absoluto a las medidas unilaterales que socavan la soberanía de los Estados y su unidad e integridad territorial y que contravienen los principios establecidos del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas”.

Por su parte, el portavoz de Somalilandia en asuntos exteriores alegaba que su compromiso con Israel era “puramente diplomático” y llevado a cabo “en pleno respeto del derecho internacional”. Una afirmación en extremo chocante, teniendo en cuenta que ninguno de los 193 países que componen la ONU ha reconocido a Somalilandia como entidad independiente, desde que en 1991 decidió desgajarse de Somalia.

Tres condiciones que convienen a Israel y suponen un peligro para Somalilandia

Desde el punto de vista sionista, las tres condiciones que supuestamente le puso a Somalilandia tienen todo el sentido. La región secesionista tiene 850 kilómetros de costa en el Golfo de Adén. Su parte norte está pegada al estrecho de Bab el Mandeb, que da acceso al Mar Rojo, y justo enfrente se encuentra Yemen. Los sionistas sí miran el mapa.

La parte de Yemen más próxima al Mar Rojo está controlada por los hutíes, quienes están bombardeando Israel, a veces con éxito, como cuando un misil recorrió 2.000 kilómetros para impactar en el aeropuerto internacional de Tel Aviv, atravesando la “cúpula de hierro”. Los hutíes lo hacen en solidaridad con la población palestina. Por el mismo motivo, en diciembre de 2023 los hutíes advirtieron que atacarían los buques que transportaran carga con destino Israel.

Aunque Irán lo niega, Estados Unidos aduce que los hutíes, a quienes ha clasificado como grupo terrorista, reciben el apoyo del gobierno de Teherán, la bestia negra de Israel. Si los sionistas se hacen con una base a tiro de piedra de Yemen, tendrían la posibilidad de atacar a los hutíes de una manera mucho más efectiva que la que empleó recientemente Trump.

Después de haberse gastado 1.000 millones de dólares en un mes, Estados Unidos fracasó en su intento de contener los ataques de los hutíes y conseguir una superioridad aérea. Donald Trump tuvo que declarar una tregua, presentándola falsamente como una victoria, tras el fiasco de la operación “Rough Rider”. Uno de esos nombres tan peliculeros que a los estadounidenses les gusta poner a las campañas terroristas que perpetran sus uniformados.

EE. UU. gastó 1.000 millones bombardeando Yemen, pero no consiguió ganar superioridad aérea, dice un informe. Middle East Eye, 13 de mayo de 2025.

En cuanto al posible destino de la población palestina que Israel se propone desterrar de Gaza, la condición sionista cuadra con lo que reportaba la agencia AP el 14 de marzo de 2025: que los gobiernos de Estados Unidos e Israel estaban sondeando la posibilidad de que Sudán, Somalia o la misma Somalilandia acogieran población palestina expulsada de Gaza. Mientras Sudán comunicaba a AP que había rechazado la propuesta, funcionarios de Somalia y Somalilandia manifestaban a la agencia no tener conocimiento de dichas conversaciones.  

Exclusiva AP: EE.UU. e Israel miran hacia África para trasladar a palestinos desarraigados de Gaza.

El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, que lleva tiempo hablando de una “emigración voluntaria” de palestinos, confirmó que el gobierno israelí está trabajando para encontrar países dispuestos a acogerlos. Además, Smotrich dijo que el Ministerio de Defensa está preparando “un departamento de emigración muy grande”.

En cuanto a la tercera condición, a Israel le vendría muy bien que Somalilandia suscribiera los Acuerdos de Abraham. Conscientes de su muy deteriorada imagen internacional, los sionistas buscan el reconocimiento diplomático de países árabes o musulmanes, con el objetivo de meter una cuña en el repudio generalizado que provoca su comportamiento genocida.

Sin embargo, la incorporación de Somalilandia a los Acuerdos de Abraham plantea dificultades de índole legal. Israel pretende despejarlas con su jugada diplomática, pero los problemas persistirían, incluso aunque Estados Unidos se sumara a dicho reconocimiento, aunque ya sabemos lo que les importa la legislación internacional a los promotores del “orden basado en reglas”. Véase lo que acaban de perpetrar en Venezuela, sobre lo que escribiré en un próximo artículo.

La principal perjudicada por la jugada sería, sin duda alguna, la propia Somalilandia, que se convertiría en un peón al servicio de los intereses sionistas. Con un PIB per cápita entre 900 y 1.500 dólares, según las fuentes, y una economía basada en un 70% en la ganadería, no parece que Somalilandia fuera capaz de ofrecer condiciones dignas a una oleada de desplazados forzosos. Si además cometiera la imprudencia de autorizar la construcción de una base militar, desde la que los israelíes lanzaran ataques contra los hutíes, su territorio y población se convertirían en blanco de las represalias.

Cuando las élites aceptan ofrecer el territorio que controlan como herramienta para que los poderosos lo utilicen para perseguir sus intereses, el resultado siempre es catastrófico. El ejemplo más reciente lo tenemos en Ucrania, que se ha convertido en un estado fallido, arrasado por una guerra que lo está desangrando, en lo económico y en lo demográfico.

De refugio de judíos perseguidos a exilio forzoso para los palestinos

La elección de Somalilandia como posible destino de los palestinos arrancados de su tierra natal entraña una paradoja histórica. En 1944, un grupo de judíos, encabezados por Hermann Fuernberg, dirigió una carta al entonces emperador de Etiopía, Haile Selassie I, proponiéndole que cediera la provincia de Harar para acoger a refugiados judíos provenientes de Europa. En un opúsculo publicado por Fuernberg, éste añadía la parte de Somalilandia bajo control británico a la provincia que reclamaba al emperador etíope para, conjuntamente, conformar un territorio que debía gozar de autonomía y autogobierno, que acogiera a refugiados judíos europeos.

Mapa del territorio que Hermann Fuernberg proponía para acoger a judíos refugiados europeos.

La carta que este grupo de judíos dirigía al emperador de Etiopía muestra a las claras cuál es la actitud de los sionistas respecto al resto del mundo. De entrada, este grupo de personas comienza por autodenominarse “Consejo para una provincia autónoma judía en Harar” o, más resumidamente, “Consejo de Harar”. Es decir, se dotan de un nombre que ya sugiere una cierta autoridad sobre una provincia de un país extranjero.

A renglón seguido, la carta explica que la persecución que están sufriendo los judíos en Europa – absolutamente execrable, un auténtico genocidio, me apresuro a recalcar – provoca el deseo de muchos de ellos de abandonar el continente para establecerse en un lugar donde puedan vivir en paz. Albergando grandes esperanzas sobre una respuesta positiva por parte del emperador, dada su positiva actitud hacia los judíos, Hermann Fuernberg y sus colegas pasan a ensalzar las bondades del proyecto, dejando bien a las claras su propósito colonialista: “La inversión de grandes sumas en apoyo de los movimientos pioneros siempre ha traído prosperidad a las tierras que así se han colonizado”.

Los firmantes de la carta pasan a enumerar los puntos que desean “negociar” con su majestad etíope, siendo el primero de ellos que, tras reservar la provincia de Harar para los refugiados judíos, “Se realizarán gestiones ante el Gobierno británico para que se establezcan acuerdos territoriales en la Somalilandia Británica que permitan el libre acceso al mar a través de los puertos de Barbera y Zeila”.

Los siguientes puntos para negociar indican las pretensiones de Fuernberg y sus amigos: autonomía absoluta de la provincia, plasmada en órganos de gobierno elegidos por sus habitantes, que gozarían de ciudadanía propia, no etíope. Entre las concesiones al emperador, Feurnberg propone el nombramiento de un virrey para la provincia de Harar, que estaría no obstante sometido a una constitución propia de la provincia, y la recaudación de algunos impuestos.

La urgente resolución del problema de los judíos europeos les hace sentirse “con derecho” a dirigirse al emperador con la proposición. Después de adular convenientemente al Negus, los firmantes de la carta describen a los judíos como “ciudadanos respetuosos de la ley, ordenados y leales” en todos los países donde han vivido. Una afirmación que contrasta vivamente con la actuación del estado de Israel desde su fundación.

Por si quedaba alguna duda del carácter colonialista de la propuesta, Hermann Fuernberg, Erwin Kraft y Marie Ginsberg recalcan que “No es necesario enfatizar la capacidad de los judíos para construir un asentamiento agrícola y colonial y desarrollarlo con éxito; Palestina ofrece un excelente ejemplo.

Como cabía esperar, Haile Selassie I rechazó amablemente la propuesta del “Consejo de Harar” de apropiarse de una provincia etíope. Una idea que se venía gestando, al menos, desde 1939, cuando el periódico The Canadian Jewish Chronicle publicó un artículo con el título “¿Qué piensa del plan para asentar judíos bajo mandato italiano en Etiopía?

“¿Qué piensa del plan para asentar judíos bajo mandato italiano en Etiopía?

La comunidad judía tiene una historia de siglos en la región etíope. Denominada Beta Israel (Casa de Israel) y sus miembros, despectivamente, falashas, que significa “exiliados” en la lengua Ge’ez, el antiguo idioma etíope, los judíos etíopes han sufrido discriminación históricamente, también luego en el estado de Israel. Los firmantes de la carta al emperador no dudaban en apelar a las supuestas raíces judías de la dinastía imperial etíope, a quien califican de descendiente de los reyes Salomón y David, para dotar de argumentos históricos a su petición.

Fuernberg, Kraft y Ginsberg llegan a citar el Libro de Zohar, un texto sagrado para los judíos: «La diáspora llegará a su fin cuando los judíos entren en la Tierra de Cush”. En textos bíblicos se alude a la Tierra de Cush como a un reino situado al sur de Egipto, que podría ubicarse en los territorios actuales de Etiopía o Sudán.

Ya sabemos a dónde han conducido las apelaciones históricas de los sionistas en Palestina. En este caso, la paradoja radica en que parte de un territorio que fue planteado como hogar para los judíos perseguidos por el nazismo en Europa es considerado ahora adecuado para realojar a la población palestina, a la que los sionistas planean arrancar forzosamente de su tierra, tras haberla reducido a escombros.

Israel también se mueve en Yemen contra los hutíes

Israel se está moviendo en Yemen contra los hutíes. Avi Avidan, un analista hebreo de geopolítica, escribía en su cuenta en X que los Emiratos Árabes Unidos “han forjado una estrategia de pinza con Israel que supera a los hutíes en todo momento”. Avidan reseñaba la existencia de “puestos de inteligencia conjuntos entre Emiratos Árabes Unidos e Israel, hasta Adén y ahora la vasta extensión de Hadramaut, asegurando puertos, petróleo y rutas comerciales que acaparan el 30 % del transporte marítimo mundial”.

Zonas de control en Yemen. Ilustración de Al Jazeera.

Yemen está partido de facto en dos, con la parte norte, próxima al Mar Rojo, controlada por los hutíes. La parte suroriental tiene el respaldo de Arabia Saudita y, supuestamente, también de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Por resumir la situación actual en una guerra que comenzó en 2014, con la toma de Saná, la capital, por parte de los hutíes, los saudíes destituyeron al presidente del país reconocido internacionalmente en 2022, y lo reemplazaron por un Consejo de Liderazgo Presidencial (CLP), compuesto por ocho miembros. Su líder, Rashad al-Alimi, tiene el respaldo de Arabia Saudí, y se inclina por la unidad nacional de Yemen. Sin embargo, el vicepresidente del CLP, Aidarus al-Zubaidi, es partidario de la partición del país.

Para complicar aún más las cosas, Aidarus al-Zubaidi es el presidente del Consejo de Transición del Sur, y acaba de anunciar el inicio de un proceso para crear un estado independiente en la zona sur del país, en un plazo de dos años.  Al-Zubaidi ha afirmado que un Yemen del Sur independiente podría adherirse a los Acuerdos de Abraham, lo que significaría el reconocimiento de Israel por parte de la entidad secesionista. Avi Avidan, el analista hebreo citado anteriormente, considera este movimiento como “la consolidación de la fortaleza definitiva contra Irán”, dando así un gran valor a los acuerdos impulsados por Trump.

Las diferencias entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos son cada vez más palpables. El reino saudita bombardeó un cargamento de armas llegado a Yemen procedente de los Emiratos, y declaró a continuación que el apoyo de los Emiratos a quienes buscan la partición del país supone “una amenaza para la seguridad nacional del reino” y para toda la región.

Deutsche Welle, 2 de enero de 2026.

Conviene recordar que los Emiratos Árabes Unidos suscribieron los Acuerdos de Abraham, mientras que Arabia Saudita no lo ha hecho, alegando el comportamiento genocida de Israel en Gaza. El choque que se está produciendo entre ambos países árabes en torno a Yemen redunda en beneficio de Israel. La pinza de la que habla Avi Avidan no sólo se está ejerciendo contra los hutíes, sino que tiene como objetivo desgastar a Arabia Saudita. Los sionistas, al igual que los estadounidenses, son especialistas en provocar el caos: es el escenario en el que mejor se mueven para impulsar sus intereses.

Las consecuencias del colonialismo siguen alumbrando monstruos

El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel ha sido facilitado por el colonialismo de las potencias europeas en el continente africano. El desmembramiento del territorio somalí, una de las regiones más homogéneas lingüísticamente de África, en cinco entidades políticas, fue perpetrado fundamentalmente por Gran Bretaña. A finales del siglo XIX, Londres firmó acuerdos con los somalíes que vivían en la actual costa de Somalilandia, para hacerse con un protectorado, aprovechando el vacío creado por la retirada de Egipto de la región. 

Las disposiciones de dicho acuerdo establecían que “ninguna parte o la totalidad de su territorio actualmente habitado por ellos [los somalíes] o que se encuentre bajo su control podrá ser cedida, vendida, hipotecada o cedida de cualquier otra forma a un tercero”. Sin embargo, trece años después, Gran Bretaña firmó un acuerdo secreto con Abisinia (la actual Etiopía), por medio del cual le transfirió una gran parte del territorio somalí del interior.

Protectorados de las potencias coloniales europeas en el territorio poblado por somalíes. Ilustración: Stamp World History.

El cuerno de África se convirtió en una región de relevancia geopolítica para los intereses occidentales tras la apertura del Canal de Suez. Buscando asegurarse un buen acceso al canal, Francia estableció su protectorado en la actual Yibuti. El Reino Unido había hecho lo propio con los somalíes que vivían en la costa del Golfo de Adén, la actual Somalilandia. Italia se quedó con la parte meridional y central de Somalia, la que da al Océano Índico. Los británicos le cedieron la región de Ogadén a Etiopía, y otra parte de los somalíes se vieron incluidos en el África Oriental Británica, la actual Kenia. Con lo cual, el pueblo somalí se vio disgregado en cinco unidades políticas.

En 1897, años después de haber firmado el tratado con los somalíes, Lord Salisbury, entonces primer ministro británico, afirmó sobre la delimitación de las fronteras por parte de las potencias coloniales: “Nosotros (los británicos y los franceses) nos hemos dedicado a trazar líneas en mapas donde nunca pisó el pie del hombre blanco”. Los países colonizados siguen pagando las consecuencias de dicho trazado de fronteras, pero no sólo ellos, porque la inestabilidad geopolítica provocada por el colonialismo europeo se desparrama por la aldea global en que vivimos. 

El reconocimiento de Somalilandia coincide con una nueva fase de revueltas en Irán

El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel ha coincidido con una nueva fase de protestas ciudadanas en Irán. Sin duda, debe tratarse de una casualidad. Irán es uno de los países del mundo que sufre más sanciones unilaterales, al margen del Consejo de Seguridad de la ONU. Por lo tanto, ilegales. Las sanciones han provocado dificultades enormes para encontrar financiación en los mercados internacionales, el bloqueo de fondos soberanos en el extranjero y, consecuentemente, una alta inflación.

Cuenta en farsi del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel.

Las últimas protestas comenzaron el domingo 28 de diciembre, con el cierre patronal de los comercios en el Gran Bazar de Teherán, en protesta por la subida del coste de los alimentos, un 72% en el último año. La inflación está ligada a la caída en valor del rial, que se ha depreciado un 56% respecto al dólar en los últimos seis meses.

El líder supremo de Irán, Ali Jamenéi, afirmó el 3 de enero que las protestas de los comerciantes eran “legítimas”, pero que había que distinguir entre quienes se manifestaban y quienes provocaban disturbios. Un miembro de las fuerzas de seguridad resultó muerto durante las protestas, y otros 13 resultaron heridos por pedradas. Además, Jamenéi achacó a “una mano enemiga” la depreciación del rial y la extensión de los tumultos: “Hay que reconocer las acciones del enemigo; este no se queda de brazos cruzados y aprovecha cada oportunidad. Aquí vieron una oportunidad y quisieron aprovecharla”. Las protestas ya se han extendido a 17 de las 31 provincias de Irán.

El ayatolá no iba descaminado. Tanto Donald Trump como miembros del gobierno sionista salieron a la palestra para apoyar a los manifestantes. El presidente de Estados Unidos publicó en su red social que “Si Irán dispara y mata violentamente a pacíficos manifestantes, lo que es su costumbre, Estados Unidos acudirá a su rescate. Estamos cargados y listos para disparar”. En cuanto a Israel, una cuenta en farsi gestionada por el Ministerio de Asuntos Exteriores publicó una ilustración de un león, con un texto alusivo a “los leones y leonas iraníes” en su lucha “contra la oscuridad”.

Como ha quedado claro en el reciente ataque de Estados Unidos a Venezuela, y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, los neocolonialistas ya ni se molestan en disfrazar sus andanadas contra otros países con la retórica de la preocupación por los derechos humanos y la restauración de la democracia. Su principal objetivo es proyectar poder político y militar, para apropiarse de los recursos naturales de los demás, abundantes también en el caso de Irán. Casi es de agradecer que se muestren a careta quitada, para que no quede ninguna duda de con quién nos enfrentamos y a qué debemos atenernos.

Piratas y ladrones explotan su “orden basado en reglas”

23 de diciembre de 2025

Los hechos revelan la hipocresía de las élites occidentales

Los recientes asesinatos y actos de piratería cometidos en el Caribe por parte de Estados Unidos y la confiscación indefinida de los activos estatales rusos a manos de la Unión Europea ponen de manifiesto la hipocresía que late tras la pretensión de estos delincuentes internacionales de que el resto del mundo se adhiera al “orden basado en reglas” que afirman encarnar.

Antony Blinken, que ejerció como secretario de Estado con Joe Biden, definió el “orden basado en reglas” como “el sistema de leyes, acuerdos, principios e instituciones que el mundo se unió para construir después de dos guerras mundiales para gestionar las relaciones entre los estados, prevenir conflictos y defender los derechos de todas las personas”.

Walter Russell Mead, miembro del Hudson Institute, una de las cavernas del pensamiento neoconservador, se lamentaba en una columna en el Wall Street Journal de la “desintegración” del orden internacional basado en reglas, liderado por Estados Unidos. Ilustrada con una única fotografía, la de Putin, la columna repasaba la lista actualizada de villanos y se quejaba de que Washington y sus aliados no hicieran lo necesario para que los malvados respetaran esas “reglas”, a las que occidente se adhiere inequívocamente. Modo ironía activado.

El orden internacional basado en reglas se está desintegrando silenciosamente.

Hay que ser hipócrita para defender que Estados Unidos lidera un orden basado en reglas, y reivindicarlo como defensor de la legalidad internacional, cuando su presidente ordena bombardear embarcaciones extranjeras, en aguas internacionales, asesinando a sus ocupantes; decreta el cierre del espacio aéreo de otro país, u ordena tomar un petrolero al abordaje para apropiarse de su petróleo, mientras anuncia que continuará con sus actos de piratería.

Hay que ser muy falsa para erigirse en guardián del “orden basado en reglas”, como hace Úrsula von der Leyen, mientras encarga a un ejército de abogados que busque fórmulas para legalizar el robo de activos de otro país, depositados en un tercero. Hace falta mucha doblez para presentarse como paradigma del estado de derecho, mientras presiona hasta violar el tratado que sustenta jurídicamente la organización internacional que preside. Hay que ser muy camandulera para sostener que sus políticas harán a la Unión Europea más fuerte.

Misión de rescate: la llamada de Von der Leyen a la historia y al orden global basado en reglas. ECFR.

Exactamente eso es lo que está haciendo Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, y la Unión Europea de Úrsula von der Leyen: despreciar la legalidad internacional con asesinatos, actos de piratería y bloqueo aéreo en Venezuela. Pisotear la ley al incautarse fraudulentamente de los activos rusos depositados en instituciones financieras europeas.

Es normal y saludable que el resto del mundo rechace ese “orden basado en reglas” tras el que las élites occidentales se amparan para cometer sus tropelías, disfrazándolas con una retórica de sublimes valores, con la que pretenden elevarse moralmente sobre la jungla, desde su ajardinado reducto de delincuencia, convenientemente protegido por altos muros de hipocresía.

Wang Yi, el ministro chino de Relaciones Exteriores, alertaba en julio de 2021, en su discurso inaugural del 9º Foro Internacional por la Paz, de que el “orden internacional basado en reglas” en realidad era una expresión de la “política de poder”, por la que “algunos países pretendían imponer su voluntad y sus estándares a otros, reemplazando las leyes internacionalmente aceptadas con las normas de la casa de unos pocos”.

Muy acertadamente, Wang Yi se preguntaba cuáles eran esas reglas en las que el orden internacional debería basarse, y cuál era exactamente el orden que debería preservarse. El ministro exigía que los términos fueran definidos claramente, y avanzaba cuál era la posición de China: el sistema reconocido por todos los países sólo puede ser la legalidad internacional basada en la Carta de las Naciones Unidas.

Resulta muy acorde con la hipocresía occidental su reiterada letanía acerca de la “amenaza china”, siendo así que la última guerra en la que intervino China fue en 1979, contra Vietnam, a quien pretendía “dar una lección” por haber invadido Camboya, con el apoyo de la URSS, y haber depuesto al gobierno de los Jemeres Rojos, que tenía el respaldo de China. A las cuatro semanas, después de un flojo desempeño, China se retiró a sus posiciones.

Los defensores del “orden internacional basado en reglas” no pueden presumir de un historial tan pacífico. En los últimos 45 años, la lista de vulneraciones de la legalidad internacional, en forma de guerras, golpes de Estado, actos terroristas propios o por intermediación haría interminable este artículo. Baste señalar como botones de muestra la desintegración de Yugoslavia a manos de la OTAN – las fronteras no se pueden cambiar por la fuerza, ¿verdad, Úrsula? – y la destrucción de Libia e Irak bajo pretextos.

La estrategia de Trump en Venezuela también busca acabar con Cuba

Con su estrategia de acoso y derribo al gobierno de Nicolás Maduro, Estados Unidos pretende matar dos pájaros de un tiro. El otro es Cuba, que recibe la mayoría de su petróleo de Venezuela. Marco Rubio, como muchos otros miembros de la diáspora, está obsesionado con fulminar el modelo político cubano, para volver al statu quo anterior a la revolución, tan bien reflejado en la escena de El Padrino II, en la que los mafiosos estadounidenses se reparten los pedazos de una tarta con el mapa de Cuba.

El reparto del pastel cubano, en una escena de El Padrino II, película de Francis Ford Coppola.

Cuba forma parte de Petrocaribe, un proyecto nacido en 2005, que beneficia a varios países de la región y que funciona con una mentalidad distinta a la del capitalismo depredador: es un esquema para compartir el petróleo que no busca obtener beneficios a costa de los países no productores, sino que busca fortalecerlos, para crear una base que consiga la independencia económica y política de Estados Unidos, según leemos en este informe. Cuba juega un papel dentro de Petrocaribe como centro geográfico y operacional, a través de proyectos conjuntos entre PDVSA y Cupet.

Según la consultora de energía Argus, el flujo de petróleo desde Venezuela a la isla prácticamente se ha suspendido desde que Estados Unidos abordara un petrolero venezolano para quedarse con su carga, según reconoció Trump.

Los flujos de crudo venezolano se reducen, Cuba siente el aguijón. Argus.

Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y las primeras de gas de Latinoamérica, y comparte con Cuba la voluntad de construir un modelo político al margen del capitalismo. Estados Unidos no se lo perdona, porque ni Caracas ni La Habana permiten que Washington se apodere de sus recursos. Los defensores de los derechos humanos y la democracia tienen un largo historial de organizar y ejecutar golpes de estado para derribar gobiernos legítimos, elegidos en las urnas, e instalar en su lugar dictaduras militares, así que el cuento de la promoción de la democracia únicamente lo repiten las capitales occidentales y sus obedientes medios de propaganda.

La estrategia de presión al gobierno de Nicolás Maduro y, colateralmente, a Cuba, enlaza con lo manifestado en la última edición de la Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en noviembre. El primer interés vital que cita el documento gira en torno al hemisferio occidental. La actualización de la doctrina Monroe con el denominado “corolario de Donald Trump” apunta al dominio completo de dicho hemisferio y a la expulsión de cualquier competidor en la región.

El lenguaje utilizado en el documento no puede ser más claro: “Queremos un hemisferio libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, que apoye cadenas de suministro críticas y que garantice nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave”. En breve: quiero América entera para los Estados Unidos.

En un contexto en el que la multipolaridad del mundo está fuera de toda duda, Estados Unidos apuesta por extender y afianzar su dominio en el hemisferio occidental, enviando un claro mensaje a sus competidores: manteneos fuera de mi esfera de influencia. Del resto del mundo, ya hablaremos.

Las “reglas” de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional

Tratándose de un documento cuyo prefacio firma Donald Trump, las contradicciones de la nueva edición de la Estrategia de Seguridad Nacional permean todo el documento, y reflejan la hipocresía que subyace tras ese “orden basado en reglas” que pretenden vendernos. En su introducción, la Estrategia critica la visión de las élites que condujeron la política exterior de Estados Unidos durante la guerra fría, ya que pensaban que el dominio permanente sobre todo el mundo iba en beneficio de los intereses del país.

En realidad, se dice ahora, los asuntos de otros países solo deben preocupar a Washington si sus actividades amenazan directamente sus intereses. Además, el objetivo que perseguían las élites – la dominación mundial permanente – era “fundamentalmente un objetivo indeseable e imposible”.

Sin embargo, tras la lectura del documento, queda claro que la mentalidad no ha cambiado, y el deseo de dominar el mundo sigue latiendo a lo largo de toda su extensión. Para Estados Unidos, casi cualquier actividad que ocurra en el mundo amenaza sus intereses, siempre y cuando no sean ellos quienes la controlen.

Uno de los principales objetivos declarados es el de procurarse el mayor ejército del mundo, al que nadie se atreva a toser y que, en caso necesario, pueda derrotar a cualquier adversario. Además, la Estrategia declara su voluntad de mantener el “poder blando sin rivalidad” de Estados Unidos para ejercer una influencia positiva que promueva sus intereses, a lo largo y ancho del mundo.

La Estrategia de Seguridad Nacional dedica su atención a otros lugares, alejados miles de kilómetros, que parecen representar una amenaza. Sin mencionarla por el nombre, hay una advertencia clara a China, cuando habla de “detener y revertir el daño actual que actores extranjeros infligen a la economía estadounidense, mientras mantenemos el Indo-Pacífico libre y abierto, preservando la libertad de navegación”. Tampoco podía faltar una referencia a Oriente Próximo, donde Estados Unidos quiere prevenir que un poder rival domine la región, así como sus suministros de gas y petróleo.

Tras la lectura de la Estrategia de Seguridad Nacional, nos queda clarísimo que el “orden basado en reglas” que Estados Unidos pretende imponer al mundo se resume en su voluntad de evitar compartir su dominio con las potencias emergentes, tras haber aprobado un presupuesto militar de 900.000 millones de dólares. Eso sí, algunos analistas han detectado la intención de subcontratar determinadas tareas de seguridad a sus aliados, o proxies, en algunas regiones del mundo, lo que representa un rasgo de debilidad, que también puede ser calificado de realismo ante la magnitud de la tarea que supone dominar todo el planeta.

¿El ocaso de la supremacía estadounidense? Externalización del riesgo en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025. China-US focus. 

La Unión Europea quería robar a Rusia, pero además va a robarnos a nosotros

El 12 de diciembre, los embajadores de los países miembros de la Unión Europeo acordaron un reglamento ad hoc para congelar indefinidamente los activos rusos depositados en Europa. La medida se tomó por mayoría, no por unanimidad, como requieren las decisiones de política exterior en la Unión Europea. Otra regla que salta por los aires para evitar el veto de Hungría, y, probablemente, el de algún país más.

La congelación de los activos rusos, en lugar de ser revisada cada seis meses, como hasta ahora, se convertía en indefinida, hasta tanto Rusia no cese “su guerra de agresión contra Ucrania”, “proporcione una reparación a Ucrania en la medida necesaria para permitir la reconstrucción sin consecuencias económicas o financieras adversas para la Unión”, y “las acciones de Rusia en el contexto de su guerra de agresión contra Ucrania hayan dejado objetivamente de plantear un gran riesgo de dificultades graves para la economía de la Unión y sus Estados miembros”.

En otras palabras, la Unión Europea no devolverá nunca los activos estatales a Rusia, violando la Convención de las Naciones Unidas sobre Inmunidades jurisdiccionales de los Estados y sus bienes.

Titular del Berliner Zeitung, traducido de forma automática.

La congelación indefinida era el paso previo para usar dichos activos como garantía de un “préstamo” al gobierno de Kiev, impulsado sobre todo por Friedrich Merz y Úrsula von der Leyen, por valor de 140.000 millones de euros. En ningún momento explicaron sus promotores de dónde saldría físicamente esa cifra para enviarla a Kiev, supuestamente “respaldada” por los activos rusos. Así que, dada la firme oposición de Bélgica, Italia, Hungría y, significativamente, Francia, cabe sospechar que el plan era sacar el dinero del cofre de Euroclear, y de las instituciones británicas y francesas que también atesoran activos rusos, para transferírselos directamente al gobierno de Kiev.

Finalmente, Francia salió al rescate de Bélgica, y cuando Macron mostró su oposición a lo que tenía pinta de convertirse en un robo directo, Merz y von der Leyen se vieron obligados a recular, en un apoteósico fracaso político, y el Consejo Europeo terminó acordando la emisión de deuda conjunta, por valor de 90.000 millones, para solucionar las acuciantes necesidades financieras de ese Estado fallido en el que occidente ha convertido a Ucrania, con la complicidad de sus élites.

Los 90.000 millones los pagaremos los contribuyentes europeos. Euronews nos informa del mecanismo con el que las élites europeas nos van a meter mano en la cartera: “Como ni la UE ni sus Estados miembros disponen en este momento de 90.000 millones de euros, la Comisión Europea acudirá a los mercados y recaudará el dinero desde cero emitiendo una mezcla de bonos a corto y largo plazo”.

¿Se puede saber de qué se ríen estos tres?

Euronews prosigue: “el presupuesto de la UE absorberá los tipos de interés para evitar a Ucrania, ya muy endeudada, cualquier carga adicional. La Comisión calcula que, con los tipos actuales, los pagos de intereses ascenderán a 3.000 millones de euros al año”. Es decir, además del pago del principal a cargo del presupuesto de la UE, que se elabora con las aportaciones de los países miembros, los contribuyentes vamos a tener que aflojar los intereses: 20.000 millones de euros más en el presupuesto europeo, que se calcula cada 7 años.

“Los Estados miembros se repartirán los intereses en función de su peso económico. Alemania, Francia, Italia, España y Polonia soportarán los costes más elevados”, nos aclara Euronews. Así que cuando escuchéis a los políticos españoles decir que no hay dinero para sanidad, educación u otras inversiones sociales, recordad que sí destinan dinero para financiar la guerra perdida de Ucrania, que no es un Estado miembro de la UE.

Macron ya ha sido calificado de “traidor” por fuentes diplomáticas europeas anónimas, citadas en el Financial Times, por no apoyar la iniciativa de Merz. Curiosamente, era Alemania la que históricamente se oponía a mancomunar la deuda en la Unión Europea. Tres países no pondrán ni un euro para financiar a Ucrania: Hungría, la República Checa y Eslovaquia, que se plantaron. Las grietas en la “unidad europea” comienzan a ser muy visibles.

Como las decisiones en política exterior han de tomarse por unanimidad, la Comisión decidió retorcer el artículo 122 del tratado de la Unión Europea para esquivarla, y adoptar por mayoría la decisión de otorgar un “crédito” a Ucrania. El artículo 122 habla de tomar medidas “con espíritu de solidaridad entre los Estados miembros (…) si surgen graves dificultades en el suministro de determinados productos, en particular en el sector energético”.

El artículo 122 establece la posibilidad de que el Consejo conceda ayuda financiera “Cuando un Estado miembro se encuentre en dificultades o corra el grave riesgo de sufrir graves dificultades causadas por catástrofes naturales o acontecimientos excepcionales ajenos a su control”.

Es asombrosa la cantidad de trampas que han hecho las élites europeas para meternos mano en la cartera. Además de saltarse la obligación de tomar por unanimidad una decisión de política exterior, el artículo 122 habla en todo momento de Estados miembros, y Ucrania no lo es. Por lo tanto, la ayuda me parece ilegal, por mucho que lo acuerde el Consejo. Quizá esa consciencia de violación de la legalidad es la que ha forzado al Consejo Europeo a dispensar a tres Estados miembros de la obligación de aportar fondos al “préstamo”: quedaron excusados a cambio de no vetar la resolución.

El artículo 122 finaliza indicando que “El presidente del Consejo informará al Parlamento Europeo de la decisión adoptada”. Una premura en la toma de decisiones, puenteando a la supuesta sede de la soberanía popular, que quizás podría entenderse para los casos que menciona el artículo – desastres naturales, acontecimientos excepcionales fuera del control de los Estados miembros –pero nada de eso aplica al caso de Ucrania. 

Tampoco es cierto que nos hallemos ante un “crédito”, por más que sea la palabra utilizada en el acuerdo. Ucrania sólo se verá obligada a devolver los 90.000 millones de euros si Rusia le paga indemnizaciones en concepto de “reparaciones”. Como todo el mundo sabe, las reparaciones las paga quien pierde la guerra, no quien la gana. Si las élites europeas fueran sinceras, deberían haberlo llamado “ayuda a fondo perdido”, en lugar de “crédito”. Rusia está ganando la guerra, y la va a ganar, porque no le queda otra si la primera potencia nuclear del mundo quiere subsistir en su actual forma. Recursos le sobran para conseguirlo.

La derrota de Rusia significaría su desaparición en su estado actual, ya que el objetivo de la guerra impulsada por la OTAN es destruirla, y trocearla en unidades más manejables para apoderarse de sus recursos. Hay diversas declaraciones de altos cargos occidentales en este sentido, que ya he recogido en este blog, pero hoy voy a añadir esta intervención de Kaja Kallas en un panel en mayo de 2024, donde aboga por dividir Rusia en «naciones más pequeñas».

 

Las grietas en la «unidad europea» proporcionan un atisbo de esperanza

El fracaso político de Merz y von der Leyen, que se detestan, pero estaban de acuerdo en apropiarse de los activos estatales rusos para entregárselos a Ucrania, es palmario. Alemania se ha visto obligada a rebobinar en su sempiterna oposición a emitir deuda mancomunada, pero la reunión del Consejo Europeo ha dejado al aire las vergüenzas de la Unión.

Antes de comenzar la cumbre, la presidenta de la Comisión se despachó con este ramalazo de autoritarismo: “Nadie abandonará la cumbre de la UE hasta que se resuelva la cuestión de la financiación de Ucrania”.

Como acertadamente señala el periodista Thomas Fazi, todo el episodio en torno a los activos rusos ilustra cómo opera la Unión Europea: “Mediante la fabricación de falsas dicotomías que impiden una auténtica elección política, se presentó a los Estados miembros una dura alternativa: o aceptaban confiscar los activos congelados de Rusia o se preparaban para financiar colectivamente un nuevo préstamo masivo”.

La tercera opción, abandonar una estrategia fallida, dejar de financiar una guerra perdida, e intentar buscar una salida negociada, que intente al menos salvar los muebles en Ucrania, antes de que se produzca el colapso, ni siquiera fue considerada.

Thomas Fazi subraya que la decisión del Consejo Europeo “expuso la naturaleza cada vez más autoritaria de la Unión, dispuesta a pasar por alto los intereses nacionales y a descartar las restricciones legales, las normas democráticas y la racionalidad económica básica en pos de cruzadas ideológicas”. Una cruzada cuyos promotores saben de sobra que está perdida, pero que pretenden seguir alimentando con argumentos tan falaces como el de Friedrich Merz:

Dos días después, Macron declaraba que Europa debería plantearse restaurar el diálogo con Putin, en el caso de que las negociaciones para alcanzar la paz en Ucrania que estaba dirigiendo Estados Unidos fracasaban. Después de las disensiones entre Merz y Macron en torno al método para seguir financiando la guerra en Ucrania, las declaraciones del presidente francés suponen otra grieta no sólo en la Unión, sino en el eje francoalemán que, históricamente, ha sido el motor de la organización. Después de Macron, han surgido otras voces, en el Reino Unido, y en la propia Alemania, que también se han mostrado a favor de restablecer el diálogo con Putin.

Macron dice que Europa tendrá que dialogar con Putin si fracasan las conversaciones de paz de Estados Unidos. Reuters.

Bienvenidas sean estas grietas. Ojalá se ensanchen y se profundicen hasta resquebrajar los cimientos de la Unión Europea y provoquen el derrumbe de ese leviatán burocrático, autoritario y antidemocrático, que nació como un plan de cooperación económica, y que ha mutado en un proyecto geopolítico militarizado, que se confunde con la OTAN, salvo por las excepciones de quienes no tragan con ese enfoque al servicio de intereses ajenos o espurios.

Un proyecto que nació fracasado, desde que abrazó el delirio de las sucesivas administraciones demócratas de infligir una derrota estratégica a la primera potencia nuclear, usando un intermediario. La pretensión de la Unión Europea de convertirse en un actor geopolítico con peso en el mundo multipolar partió de una falsa premisa: que le iba a ir bien convertirse en lacayo de Estados Unidos, abandonando toda autonomía estratégica. La única esperanza que le queda a Europa es que la Unión Europea se disuelva, desaparezca, y los pueblos y naciones que conforman el viejo continente recuperen, o alcancen, su soberanía, su capacidad de decisión.

A la pandilla de mediocres que acaudillan la Unión Europea todo esto de la geopolítica les viene muy grande. Ahora sólo pretenden mantener y controlar unos flujos multimillonarios de efectivo, al margen de cualquier medida de control, hacia el pozo sin fondo en que se ha convertido Ucrania, e intentar arrastrar a Estados Unidos a la guerra que diseñó en Europa para que les resuelva la papeleta frente a Rusia. No parece que Trump esté por la labor de entrar a una confrontación directa con Rusia pero, por el bien de todos, roguemos que no ceda a las presiones de los halcones y nos ahorre la hecatombe.