12 de mayo de 2026
El objetivo de los ataques de Estados Unidos a Venezuela e Irán también es China
Los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán responden a objetivos sólo parcialmente coincidentes. En el artículo anterior me centré en los intereses de Israel en la región, y en cómo Netanyahu consiguió empujar a Donald Trump a un conflicto del que ahora el presidente de Estados Unidos no sabe cómo salir, sin perder la cara. La última parte del artículo se centraba en el tema que voy a desarrollar ahora: la lucha por la hegemonía mundial, que se está disputando en Irán.
El motor de la geopolítica es la lucha por el control de los recursos, especialmente los energéticos. Sin energía, nada se mueve, y el precio de la energía determina la viabilidad de las empresas y, por ende, de los estados que las albergan. El ejemplo lo tenemos aquí mismo, en Europa: la desindustrialización de Alemania se debe al encarecimiento de la energía, desde que los lumbreras de Bruselas decidieron prescindir del gas procedente de Rusia, para sustituirlo por el mucho más caro de otros proveedores. Singularmente, de Estados Unidos, que se ha convertido en el primero de la Unión Europea.

Ilustración: Liu Rui, Global Times.
Previamente al nuevo ataque contra Irán, Estados Unidos secuestró a Nicolás Maduro en Caracas y se aseguró el control político del gobierno chavista a punta de pistola, como analicé en este artículo. Venezuela alberga las mayores reservas de crudo del planeta, de un tipo muy pesado, muy conveniente para las refinerías situadas en Texas, Louisiana y Misisipí. Unas instalaciones que se configuraron para procesar este tipo de petróleo allá por los años 90 del pasado siglo, no por casualidad, sino mirando el mapa.
Las exportaciones de petróleo venezolano han sido redirigidas hacia Estados Unidos, en detrimento de China, que el año pasado recibía más de la mitad de los 768.000 de barriles diarios que salían de Venezuela. Esta cantidad supone un 3% de las importaciones chinas de petróleo. No parece un bocado muy grande, pero contribuye a ampliar la mella que supondría para China verse privada de las provenientes de Irán.

Las acciones de EE. UU. amenazan los flujos de petróleo entre Venezuela y China, el pago de la deuda e inversiones. Center on Global Energy Policy, Columbia University.
China compra más del 80% del petróleo que sale de Irán en tanqueros, según cifras del año pasado, citadas por Reuters. Los 1,38 millones de barriles que adquirió China en 2025 representan el 13,4% del petróleo que llegó por vía marítima al gigante asiático. Si lo sumamos al 3% que procedía de Venezuela, estamos cerca del 17% de cuota en el mercado chino entre estos dos proveedores.
El 29% del gas que recibe China proviene de Catar y de los Emiratos Árabes Unidos. Catar es el segundo proveedor de gas de China, después de Australia. El 4 de marzo, una semana después de comenzar los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, Catar declaró fuerza mayor para interrumpir legalmente el suministro a los compradores, poco después de haber anunciado el cese de la producción de gas natural licuado.
El 18 de marzo, Catar calificaba de “peligrosos e irresponsables” los ataques israelíes contra la parte sur del yacimiento de gas que comparte con Irán: North y South Pars, el mayor del mundo. Netanyahu sostenía que Israel había actuado en solitario en el ataque, mientras Donald Trump porfiaba que Estados Unidos no había sido advertido previamente. Nadie en su sano juicio puede tragarse esa bola.

“Peligroso e irresponsable”: Catar enfurecido por el ataque de Israel al campo de gas compartido con Irán. Doha News.
Por si quedaba alguna duda de cuál es el verdadero objetivo que Estados Unidos persigue con el control del petróleo de Venezuela y el ataque a Irán, el 15 de abril Scott Bessent amenazaba con imponer sanciones a los bancos chinos que recibieran ingresos procedentes de Irán. Previamente, el 12 de abril, su jefe había amenazado con imponer aranceles del 50% a China si le proporcionaba armas a Irán.
Estados Unidos e Israel bombardean la línea férrea que une China con Irán
En una entrevista con el profesor Glenn Diesen, el coronel retirado Lawrence Wilkerson, que trabajó como jefe de gabinete de Colin Powell, contaba que uno de los objetivos de los bombardeos contra Irán es la línea ferroviaria que une este país con China. Esta infraestructura es clave dentro de la Nueva Ruta de la Seda.

Ilustración: Alex Krainer en Substack.
Según recoge Alex Krainer, la línea férrea fue construida por China como el principal corredor terrestre de carga de la Nueva Ruta de la Seda: aproximadamente 10.400 km en total desde Xi’an hasta el puerto seco de Aprin, cerca de Teherán. Este ferrocarril tiene la capacidad de desviar un alto porcentaje del comercio que genera China desde los mares a tierra firme. La línea ferroviaria se inauguró en junio de 2025, con la intención de transportar carga entre Irán y China mucho más rápido que usando las rutas marítimas, reduciendo los tiempos de transporte entre 15 y 20 días, evitando simultáneamente cuellos de botella como el estrecho de Ormuz y el de Malaca.
A principios de abril, Estados Unidos e Israel llevaron a cabo ataques aéreos contra esta línea férrea, alcanzando entre 8 y 10 puentes y varios segmentos de la vía, en distintos lugares de Irán. Además del control de la energía, Estados Unidos pretende hacerse con el de las rutas logísticas, como analicé en mi artículo anterior. Los ataques a uno de los proyectos estrella de la Nueva Ruta de la Seda tratan de socavar el enfoque comercial que China imprime a sus relaciones internacionales.
MacKinder revisitado: Por qué Estados Unidos no abandonará la OTAN
Enfadado por la negativa de sus supuestos aliados en la OTAN a ayudarle a reabrir el estrecho de Ormuz, cuyo cierre provocó, Donald Trump ha amenazado con abandonar la Alianza Atlántica. Tal acontecimiento no se producirá nunca, porque Estados Unidos fundó el conglomerado militar precisamente para proyectar poder en el continente euroasiático.
Marco Rubio se encargaba de enmendarle la plana a su jefe: después de declararse un ferviente partidario de la OTAN, Rubio recordaba que uno de los motivos por los que Estados Unidos está en la organización es precisamente para tener bases en Europa, que les permita proyectar su poder en el continente. Y si sus aliados no les dejaban usarlas, tenían un problema.
El aislamiento geográfico de Estados Unidos en relación con Eurasia debe ser compensado mediante la subordinación de Europa a sus intereses geopolíticos. Así, Washington aprovechó la victoria sobre Alemania en la Segunda Guerra Mundial – conseguida principalmente por la Unión Soviética – para, además de colgarse una inmerecida medalla, convertir a Europa occidental en un gigantesco cuartel donde instalar sus tropas.
En este punto conviene volver a las tesis de Halford MacKinder, sobre las que ya escribí en este artículo. Lo que hace Estados Unidos es retomar las tesis geopolíticas del hundido imperio británico, en gran medida desplazado del pedestal por la excolonia, como analiza el economista Michael Hudson en su libro “Super Imperialism. The Economic Strategy of American Empire”.
MacKinder advertía sobre la potencialidad de Rusia de convertirse en el imperio: “En el mundo en general, [Rusia] ocupa la posición estratégica central que Alemania ostenta en Europa”. El geógrafo británico proseguía de este modo: “El desequilibrio de poder a favor del Estado clave, que propiciaría su expansión por los territorios marginales de Eurasia, permitiría el uso de vastos recursos continentales para la construcción de flotas, y el imperio mundial estaría entonces al alcance de la mano. Esto podría ocurrir si Alemania se aliara con Rusia”.
Lo que proponía MacKinder era una alianza de Francia con “las potencias de ultramar”, a las que se sumarían Italia, Egipto, India y Corea, “que se convertirían en cabezas de puente” que forzarían a la potencia en el corazón del área pivote “a desplegar fuerzas terrestres e impedirles concentrar toda su fuerza en flotas”.

Ilustración: Reproducida por Alex Krainer en Substack.
En resumidas cuentas, lo que proponía MacKinder era impedir una alianza entre Alemania y Rusia: este es el objetivo de la guerra provocada por la OTAN en Ucrania. Además, el británico proponía rodear a Rusia de países beligerantes para impedir que desarrollara un potencial naval, que en su época era sinónimo de prevalencia en la arena geopolítica.
Mirando el mapa, vemos que Estados Unidos está moviendo sus peones, o haciéndose con nuevos, con el fin de rodear el corazón del pivote central, al que MacKinder luego denominó Heartland. En el flanco occidental, mediante la OTAN y su permanente expansión hasta las mismas fronteras rusas, con la incorporación de los países bálticos, y la más reciente de Suecia y Finlandia. La guerra de Ucrania es el paradigma del peón al servicio de Washington, a costa de la aniquilación de un país, con la complicidad de sus élites apesebradas.
En el flanco sur, con la temprana inclusión de Turquía en la OTAN, la toma de Siria, y los intentos de hacerse con el Cáucaso: guerra separatista en Chechenia, revolución de colores en Armenia, culminada con la presidencia de Pashinian, y el intento, hasta ahora frustrado, de tomar el control de Georgia.
En el flanco oriental, mediante el intento de hacerse con Afganistán; el golpe palaciego contra Imran Khan en Pakistán; la revolución de colores, camuflada de estudiantil, en Bangladés; la ocupación militar de Corea del Sur y de Japón, tras sufrir este último un holocausto nuclear a sus manos. La construcción de nuevas bases militares en Filipinas, tras el cambio de liderazgo en el país, y la instigación del separatismo en Taiwán, convenientemente provisto de armamento estadounidense, en lo que además es un lucrativo negocio.
Y por último, y fundamental, utilizando a Israel. En palabras de MacKinder: “La ciudadela de Jerusalén tiene una posición estratégica con respecto a las realidades mundiales que no difiere… de su posición ideal desde la perspectiva de la Edad Media”. El portaaviones insumergible de Estados Unidos en Oriente Próximo sigue cumpliendo su función.
En 1944, Nicholas John Spykman le enmendaba la plana a MacKinder. Parafraseando al británico, el profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Yale le daba la vuelta al enfoque: “Quien controla el Rimland gobierna Eurasia, quien gobierna Eurasia controla los destinos del mundo”. Todo lo contrario de lo que sostenía MacKinder, que ponía el foco en el control del Heartland, no de su periferia. La política de contención de la URSS se basó en las premisas de Spykman.

El corazón de la tierra, rodeada por el anillo continental.
Una vez disuelta la Unión Soviética, el objetivo de Estados Unidos pasa por hacerse con el control tanto del Heartland, como del Rimland. La guerra desatada por la OTAN contra Rusia en Ucrania es el intento de cambio de régimen en Moscú para hacer ese doblete, hasta ahora tan fallido como el perseguido en Irán.
Las consecuencias del fracaso estratégico de Estados Unidos en Irán
Es muy relevante que un personaje del perfil de Robert Kagan titule “Jaque mate en Irán” un artículo en The Atlantic, cueva de los neoconservadores. Lo arranca con estas líneas: “Resulta difícil imaginar una época en la que Estados Unidos haya sufrido una derrota total en un conflicto, un revés tan decisivo que la pérdida estratégica no pudiera repararse ni ignorarse”.

Jaque mate en Irán. The Atlantic, 10 de mayo de 2026.
Robert Kagan es el cofundador del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, impulsor de las intervenciones militares de Estados Unidos a lo largo y ancho del planeta, y marido de Victoria Nuland, arquitecta del golpe de Estado del Maidán. Sus palabras representan el diagnóstico de los neoconservadores sobre la intervención en Irán.
A diferencia de las derrotas de Estados Unidos en Vietnam o Afganistán, que no causaron daños duraderos a la posición general del país en el mundo, “porque estaban lejos de los principales escenarios de la competencia global”, la posible derrota contra Irán cambiaría el equilibrio global de poder porque demostraría la incapacidad estadounidense para controlar la región y proteger a sus aliados.
Las consecuencias del fracaso de ejecutar un cambio de régimen en Irán, según Robert Kagan, serían las siguientes:
- Irán consolidaría su influencia regional, especialmente mediante el control estratégico del estrecho de Ormuz, pudiendo restringir o condicionar el comercio energético mundial.
- Los países del Golfo acabarían adaptándose a Irán al percibir que Estados Unidos ya no puede garantizar su seguridad.
- Ni siquiera una coalición occidental podría reabrir militarmente el estrecho de Ormuz, si Estados Unidos fracasa en hacerlo.
- La crisis tendría efectos globales: pérdida de credibilidad estadounidense, dudas entre sus aliados en Europa y Asia, y fortalecimiento de potencias como China y Rusia.
- La guerra habría demostrado debilidades militares de Estados Unidos, agotando reservas de armas y cuestionando la eficacia de sus sistemas defensivos.
La paradoja que extrae Robert Kagan del ataque a Irán es que los intentos de Estados Unidos por mantener su hegemonía habrían acelerado precisamente el surgimiento de un mundo multipolar donde ya no puede imponer su dominio.
El neoconservador no puede asumir la derrota, ni mucho menos sus consecuencias. ¿Cuál es la solución que propone entonces? Redoblar los esfuerzos hasta conseguir el ansiado cambio de régimen, con la instalación de una marioneta que trate de ejecutar los dictados de Washington en el país.
Robert Kagan incurre en una flagrante contradicción, cuando afirma, por un lado, que las razones que motivaron a Trump a pausar sus ataques, sin contraprestación alguna por parte de Irán, continúan vigentes: “Unos pocos ataques exitosos podrían paralizar la infraestructura de petróleo y gas de la región durante años, si no décadas, sumiendo al mundo, y a Estados Unidos, en una prolongada crisis económica. Incluso si Trump quisiera bombardear Irán como parte de una estrategia de salida —mostrando dureza para enmascarar su retirada— no puede hacerlo sin arriesgarse a esta catástrofe. Si esto no es jaque mate, está muy cerca”.
Sin embargo, Kagan reconoce que su propuesta – “librar una guerra terrestre y naval a gran escala para derrocar al actual régimen iraní y ocupar Irán hasta que un nuevo gobierno pueda instaurarse” – podría igualmente terminar en un fracaso. Kagan entiende que Trump pueda preferir admitir una derrota a intentar sobrevivir políticamente “a una guerra mucho mayor, más larga y costosa”. Una opción que, a él, se percibe claramente, no le contenta. Porque los neoconservadores no tienen marcha atrás, incluso aunque todos los factores de un conflicto indiquen que la opción más prudente es la retirada.
Estados Unidos opta por la piratería
Ante el fracaso de la estrategia militar habitual del Pentágono – bombardeos de saturación, golpes de decapitación a la cúpula, culminada con la invasión terrestre en algunos casos – Estados Unidos ha optado por la piratería. Como excolonia heredera de los usos y costumbres de la exmetrópoli, que nombró caballero a un corsario, Donald Trump presumía en un discurso, publicado por la Casa Blanca, de recurrir a la piratería.
Después de describir el asalto a un buque iraní por parte de la armada de su país, Donald Trump afirmó lo siguiente: “Y nos apoderamos del barco; nos apoderamos de la carga, nos apoderamos del petróleo. Es un negocio muy rentable. ¿Quién se lo hubiera imaginado? Somos como piratas. Bueno, en cierto modo somos piratas. Pero no estamos jugando”.

Publicación de la embajada de Irán en Sudáfrica.
Donald Trump no es el primer presidente con vocación de corsario. En abril de 2023, bajo la presidencia de Joe Biden, Estados Unidos se apoderó del millón de barriles de petróleo que transportaba un tanquero iraní. Un hecho que fue reconocido cinco meses más tarde.
El 14 de agosto de 2020, el Departamento de Justicia presumía de la “incautación” del petróleo que transportaban cuatro tanqueros iraníes, con destino Venezuela: un total de 1.116.000 barriles. El robo del petróleo iraní había sido revestido de legalidad porque un juez del distrito de Columbia había emitido una diligencia ordenando la “incautación”. En la democracia estadounidense nos encontramos con jueces amparando la piratería, basándose en legislación perpetrada por la cámara legislativa, con alcance extraterritorial.
Antes de secuestrar a Nicolás Maduro, Estados Unidos ya estaba apropiándose de tanqueros venezolanos, así como de su contenido. En diciembre de 2025, Trump advertía que se iba a quedar tanto con los barcos, como con la carga que transportaban.
En un mundo donde las reglas, y las apariencias de seguirlas, han saltado por los aires a manos de quienes se erigían en sus guardianes, presumir de abordar tanqueros en alta mar para saquear su carga encaja perfectamente con el nuevo paradigma que Estados Unidos pretende que asumamos como la nueva normalidad. Esto último, a salvo de la reacción con que las otras potencias mundiales repliquen a las incursiones del corsario de turno en la Casa Blanca.
Una Europa al margen apuesta por la escalada nuclear
En la competición por la hegemonía mundial que se está desarrollando en múltiples frentes – donde tampoco hay que olvidar a África y el reciente intento de golpe de Estado en Mali, instigado por Francia, con la colaboración de Ucrania, contra la creciente presencia rusa en un área de tradicional influencia francesa – es necesario preguntarse en qué posición se halla Europa.
La respuesta es muy sencilla: Europa está pagando con la irrelevancia su sumisión a los intereses geopolíticos de Estados Unidos, singularmente en Eurasia. Europa no pinta nada en el gran tablero de las relaciones internacionales. Sigue apostando por un proyecto inviable en Ucrania, mientras intenta camuflar su fracaso político y económico recurriendo al belicismo y, lo que resulta más preocupante, a la retórica de la escalada nuclear.
El 2 de marzo, Emmanuel Macron y Friedrich Merz emitían una declaración conjunta en la que anunciaban la creación de “un grupo directivo nuclear de alto nivel” para la coordinación de “la combinación adecuada de capacidades convencionales, de defensa antimisiles y nucleares francesas”.
El mismo día, Macron anunciaba un incremento del arsenal nuclear de Francia y la participación de Alemania, Grecia, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Suecia y Polonia en las maniobras nucleares francesas. Al día siguiente, el primer ministro polaco confirmaba que estaba en conversaciones avanzadas con Francia y un grupo de aliados cercanos para implementar un programa de disuasión nuclear conjunto. Donald Tusk formó parte del núcleo duro de Bruselas, siendo presidente del Consejo Europeo entre 2014 y 2019.

Publicación de Donald Tusk en X.
Al mismo tiempo que Europa amenaza con una escalada nuclear frente a su vecino oriental, el presidente del Consejo Europe, Antonio Costa, anuncia que la Unión Europea se está preparando para “potenciales” conversaciones con Rusia. La respuesta de Putin fue que estaba abierto a hablar con todo el mundo, e incluso propuso a Gerhard Schroeder como posible mediador. Siempre constructiva, Kaja Kallas se apresuró a denostar la sugerencia. Seguro que en Moscú la esperan con los brazos abiertos.
Después de fracasar contra Rusia, la Unión Europea la emprende contra China
La ceguera de Bruselas en materia geopolítica carece de límites. La Unión Europea parece no tener suficiente con los sucesivos paquetes de sanciones bumerán contra Rusia, inútiles para su declarado objetivo de detener la maquinaria bélica rusa, pero que han causado una crisis energética en Alemania. No contenta con pasar de la dependencia del gas ruso barato a la dependencia del gas natural licuado caro, el de Estados Unidos, la UE ahora se dispone a emprenderla contra China.
Un informe de la Cámara de Comercio China – Unión Europea y la consultora KPMG calcula que la denominada Ley de Ciberseguridad en su conjunto podría alcanzar unos costes para la UE de 430.000 millones de dólares, en los próximos cinco años. Sólo reemplazar los equipos de hardware chinos por otros “Made in Europe” costaría alrededor de 171.000 millones de dólares.

El plan cibernético de la UE que prohíbe a los proveedores chinos costará 430.000 millones de dólares: informe. South China Morning Post, 6 de mayo de 2026.
Según el informe, Alemania asumiría casi la mitad del coste, debido a sus profundos vínculos industriales con la tecnología china. Francia sufriría en el sector sanitario y los servicios públicos, y España, en el de las energías renovables. La propia Comisión Europea reconoce que sustituir los equipos para el 5G costaría entre 11.000 y 15.000 millones de dólares.
Mientras Europa sigue disparándose tiros en las piernas, China ha dado instrucciones a todas las empresas y particulares chinos para que no acaten las sanciones estadounidenses contra cinco refinerías de petróleo chinas independientes acusadas de comprar crudo iraní. Sí, aunque parezca mentira, hasta ahora China las estaba acatando. El cambio de postura indica un punto de inflexión. Europa sigue con el paso cambiado, caminando decididamente hacia la ruina, apostando a mi juicio por el caballo perdedor.



































