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Trump le arranca la careta a Estados Unidos en Venezuela

19 de enero de 2026

Con Trump, la obscenidad vence a la hipocresía

La principal diferencia entre Donald Trump y otros presidentes de Estados Unidos radica en la obscenidad con la que expone sus propósitos. Este es el principal motivo por el que no gusta a las élites, como ya analicé en este artículo. Por lo demás, la radicalidad con la que trata de alcanzar sus objetivos, el manifiesto desprecio a la legalidad internacional o la arrogancia a la hora de tratar a sus presuntos aliados, con Donald Trump sólo han supuesto una vuelta de tuerca más, quizá dos, al tradicional comportamiento de los inquilinos de la Casa Blanca.

Con Donald Trump, la hipocresía de la narrativa empleada para disfrazar los auténticos objetivos de la política exterior de Estados Unidos – el habitual soniquete de promover la democracia, la libertad y los derechos humanos – ha sido sustituida por una manifiesta impudicia a la hora de anunciar sus intenciones al resto del mundo.

La voladura de la hipocresía ha sentado muy mal a los medios que representan al sistema. Foreign Affairs se tiraba de los pelos y hablaba de “Un mundo sin reglas”. Como si los anteriores presidentes de Estados Unidos las hubieran respetado. Según la Universidad de Harvard, desde 1898 hasta 1994 Estados Unidos ha intervenido 41 veces en América Latina para cambiar gobiernos, 17 de ellas de manera directa, usando el ejército o los servicios de inteligencia. Lo que fastidia a quienes mueven los hilos en la sombra es que Trump actúa a careta quitada, lo que estorba a sus narrativas hipócritas, con las que tratan de disfrazar sus tropelías.

Un mundo sin reglas. Las consecuencias del asalto de Donald Trump a la legislación internacional. Foreign Affairs.

El ataque a Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, no han sido justificados más que con la boca pequeña, bisbiseando las cantinelas habituales. Donald Trump, y otros miembros de su gobierno, han subrayado que lo que les interesa es el petróleo.

Antony Blinken, el secretario de Estado con Joe Biden, publicaba en sus redes sociales que viajaba a Oriente Medio “para aliviar el sufrimiento del pueblo palestino”, mientras su gobierno atiborraba de armas a los sionistas para que perpetraran el genocidio con mayor efectividad. Esa hipocresía, tan enraizada en las élites estadounidenses, ha sido eliminada de cuajo por Donald Trump y el equipo que le acompaña.

Como analicé en un artículo anterior, la última actualización de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos deja bien a las claras que Donald Trump se propone asegurar un control absoluto sobre el hemisferio occidental, al que Washington ha considerado tradicionalmente su patio trasero. El ataque a Venezuela ha venido precedido por un despliegue militar en el mar Caribe que necesariamente tenía que cristalizar en algún tipo de operación de envergadura, so pena de hacer el ridículo.

Después de haber asesinado a ciento quince personas que viajaban en lanchas por el Caribe, alegando que se dedicaban a transportar narcóticos, después de bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente, Estados Unidos está alejándose de la narrativa de la “guerra contra las drogas”.

El Departamento de Justicia, en la acusación formulada contra Nicolás Maduro tras su secuestro y ulterior traslado a Estados Unidos, viene a reconocer que el “Cártel de los Soles” no existe propiamente como organización, y que se trata más bien de un término en el argot venezolano para referirse a militares corruptos, que fue explotado en su momento por la propia CIA para tratar de encubrir sus ilícitas actividades.

El Departamento de Justicia retira su afirmación de que el “Cártel de los Soles” de Venezuela es un grupo real. New York Times, 5 de enero de 2026.

Este nombre era en realidad el de una red informal creada por la CIA para introducir drogas en Estados Unidos, según The Grayzone, que cita como fuentes al New York Times y a un programa de la CBS de 1993 sobre el tema. La acusación del Departamento de Justicia contra Nicolás Maduro se apoya fundamentalmente en el testimonio de un narcotraficante convicto, el general venezolano Hugo “El Pollo” Carvajal, que alcanzó un pacto secreto para reducir su condena a cambio de testificar contra Maduro.

Unidad antidrogas de la CIA envió una tonelada de cocaína a Estados Unidos en 1990. New York Times, 20 de noviembre de 1993.

El Departamento de Justicia, a pesar de que sigue acusando a Maduro, sin aportar prueba alguna, de “conspirar” para introducir en Estados Unidos “miles de toneladas de cocaína”, ha dejado caer la acusación de que Maduro dirigía el supuesto cártel.

Donald Trump ha dejado bien claro que la operación en Venezuela se dirige a controlar el petróleo, para lo que se dispone a “dirigir” el país, dándole instrucciones al gobierno venezolano sobre lo que debe hacer. Karoline Leavitt, jefa de prensa de la Casa Blanca, ha apuntalado el mismo mensaje: “Todos los ingresos de la venta de petróleo crudo y productos venezolanos se liquidarán primero en cuentas controladas por Estados Unidos en bancos reconocidos mundialmente… esos fondos se dispersarán para el beneficio del pueblo estadounidense y del pueblo venezolano, a discreción del gobierno de Estados Unidos”.

Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca y asesor de Seguridad Nacional, tampoco era muy sutil: “Somos una superpotencia y bajo el mandato del presidente Trump nos comportaremos como tal. Es absurdo que permitamos que una nación en nuestro propio patio trasero se convierta en proveedora de recursos para nuestros adversarios, pero no para nosotros”.

Miller olvidaba convenientemente que algunas empresas estadounidenses tuvieron que abandonar sus negocios en Venezuela en 2019, debido a las sanciones unilaterales impuestas por Donald Trump durante su primer mandato, como le recordó el consejero delegado de Halliburton en la reunión que mantuvo con los jefes de las principales petroleras en la Casa Blanca. Otras, como Chevron y Repsol, continuaron sus actividades en Venezuela.

No es un cambio de régimen, alega el presidente de la Cámara de Representantes

En el nuevo marco de desvergüenza superlativa en el que nos encontramos, el presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Johnson, dijo que «Esto no es un cambio de régimen. Es una exigencia de cambio de comportamiento por parte de un régimen. El Gobierno interino ya está establecido y esperamos que pueda corregir sus acciones».

Mike Johnson seguía explayándose ante los periodistas: «Tenemos una forma de persuasión porque, como saben, sus exportaciones de petróleo han sido suspendidas, y creo que eso llevará al país a un nuevo Gobierno en muy poco tiempo. Así que no esperamos tropas sobre el terreno ni ninguna otra intervención directa, más allá de simplemente coaccionar al Gobierno interino para que lo ponga en marcha». Johnson preveía que se convocarían elecciones en Venezuela a no tardar.

Por lo que se ve, los planes de Estados Unidos pasan por conseguir un cambio de régimen en diferido. Por el momento, Delcy Rodríguez juró su cargo como presidenta encargada, ante la ausencia forzada de Nicolás Maduro, tal y como prevé la constitución de Venezuela.

En la rueda de prensa posterior al ataque a Caracas, a muchos sorprendió que Donald Trump descartara de plano a Corina Machado como la persona designada a dirigir Venezuela, alegando que no tenía ni el apoyo ni el respeto del pueblo. Teniendo en cuenta que, según James Story, exembajador de Estados Unidos en el país caribeño, fue Washington quien ayudó a Corina Machado a montar la plataforma de oposición a Maduro, parecía lógico que fuera su criatura la encargada de hacerse con las riendas del país, al menos nominalmente.

Trump dice que Machado “no tiene el apoyo” en Venezuela, no fue consultada. The Hill.

Sin embargo, preguntado Marco Rubio sobre el descarte de Machado, contestaba que “había que ser realista” y se quejaba de que hubiera quien criticara que, 24 horas después de haber depuesto a Maduro, no hubiera ya unas elecciones convocadas, después de tantos años de chavismo.  

Corina Machado, por su parte, se está arrastrando literalmente ante Donald Trump, ofreciéndole compartir el premio Nobel de la paz que recibió por parte de una institución completamente politizada, convertida en una herramienta para premiar a determinadas personas por sus posiciones políticas. Una política que también se ha extendido al Nobel de literatura. La propuesta de compartir el premio ha sido rechazada por el comité que concede el Nobel, dejando en evidencia a Machado.

Corina Machado insiste en que debe ser la coalición que ella lidera la que debe estar al mando en Venezuela. Machado comenzó a ser financiada por el National Endowment for Democracy en 2004, cuando la asociación Súmate, de la que era presidenta, recibió fondos para un “proyecto para educar a los votantes” venezolanos.

Corina Machado actúa como líder de la opositora Plataforma Unitaria Democrática. Se ha mostrado públicamente a favor de una intervención de Estados Unidos en Venezuela, recalcando en una entrevista en diciembre de 2025, que llevaba años pidiéndola. En 2018, se dirigió por carta a Benjamin Netanyahu para pedirle que le ayudara en la “promoción de un cambio de régimen”. Machado se ha alineado con el gobierno sionista en repetidas ocasiones, hablando de “valores compartidos”. Se ve que también es partidaria de los genocidios.

María Corina Machado dice que “Apoyo absolutamente la estrategia del presidente Trump” en Venezuela. CBS News.

Corina Machado también prometía entusiasmada que, en el caso de llegar al poder, pondría en marcha un “masivo programa de privatización” de los recursos naturales del país, para ponerlos a disposición de compañías estadounidenses. Machado cifraba en 1,7 billones de dólares el montante del proceso de “privatización”, una cifra sólo ligeramente inferior al PIB español, que en 2025 llegó a 1,88 billones de dólares.  

A pesar de arrastrarse literalmente en su visita a Washington, regalando a Trump la medalla del Nobel, las perspectivas de hacerse con el poder de Corina Machado se limitan a seguir chupando banquillo, a la espera de la evolución de los acontecimientos con el gobierno chavista. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, insistía en que la opinión de Trump sobre Machado, basada en realidades sobre el terreno, no ha cambiado.

¿Por qué Trump descarta de entrada a Corina Machado?

La negativa de Donald Trump a colocarla al frente de Venezuela ha debido sentarle a Corina Machado como a la zorra los perdigones, pero teniendo en cuenta los objetivos de la Casa Blanca, el descarte tiene sentido. Hace tiempo, un empresario español con experiencia de años en el país, y crítico con el chavismo, me explicaba que una de las causas del fracaso electoral de la oposición venezolana se debía a su falta de unidad, pero también a la elección de Corina Machado como líder: “Es como si en España la líder de la oposición fuera Isabel Preysler”, me dijo.

Si el objetivo de Trump es hacerse con el negocio del petróleo, de todos los escenarios posibles que habrán manejado en la Casa Blanca, el que tiene más probabilidades de cuajar es el de contar con un gobierno que controle efectivamente al ejército y a los cuerpos de seguridad del estado. Es obvio que Corina Machado no controla a las fuerzas armadas, porque si así fuera, hace tiempo que habría dado un golpe de estado, con el apoyo de Washington.

Así que Trump se ha inclinado por una estrategia de presión descomunal sobre el chavismo, porque considera que es más efectiva que poner a una marioneta descarada, que no controla los resortes del poder y que es vista, por la mayoría de la población, como lo que es: un pelele de Washington, que saliva cuando habla de entregarle los recursos de Venezuela a quien la financia.

No juegues con el presidente Trump. Cuenta en X del Departamento de Estado.

El secuestro de Nicolás Maduro ha sido la palanca que Trump está usando para apretar a Delcy Rodríguez; a su hermano Jorge, actual presidente de la Asamblea Nacional; a Diosdado Cabello, ministro del Interior, y a Vladimir Padrino, ministro de Defensa, que son quienes controlan el poder, para intentar que se sometan a la hoja de ruta que tiene diseñada para apropiarse del petróleo, el gas y el oro de Venezuela.

Por eso Mike Johnson hablaba de “persuasión” y de “coaccionar” al gobierno de Venezuela, para que colabore en la implementación de la agenda que la Casa Blanca tiene en mente para hacerse con los recursos del país. Trump amenazaba a Delcy Rodríguez con un destino peor que el de Maduro si no se avenía a sus dictados. Para remachar el mensaje de matonismo, el Departamento de Estado publicaba el 3 de enero una imagen que podría valer como cartel de una película de mafiosos, tan del gusto de Hollywood. 

El ataque a Venezuela precisaba de alguna complicidad interna

Cuando me enteré del ataque a Venezuela y del secuestro de su presidente, lo primero que pensé fue que una operación de ese calibre necesitaba, por fuerza, de algún tipo de colaboración interna para tener éxito. Independientemente de la superioridad tecnológica con la que cuenta el ejército de Estados Unidos, que ha sido convenientemente utilizada por The Wall Street Journal para explicar el éxito de la operación, a mi juicio esa ventaja comparativa no era suficiente.

El avión inhibidor de señales ‘Growler’ que ayudó a capturar a Nicolás Maduro. The Wall Street Journal, 6 de enero de 2026.

Días después del secuestro de Maduro, Delcy Rodríguez destituía al general Javier Marcano Tábata, encargado de la seguridad del presidente, y al mando de la DGCIM, la contrainteligencia militar. Según algunas fuentes, el general también ha sido acusado de proporcionar las coordenadas del lugar donde estaría pernoctando Nicolás Maduro, que cambia constantemente, y de haber ordenado desactivar los sistemas de defensa aérea.

A mí me parecen muchas competencias, todas ellas estratégicas, como para estar concentradas en una sola persona, aunque fuera de la máxima confianza. En el caso de que este general hubiera dado la orden de desactivar los sistemas de defensa aérea, lo que está por verse, habría necesitado la complicidad de numerosas personas para que dicha orden fuera efectivamente cumplida.

Circula en redes sociales una entrevista con un supuesto militar venezolano, que describe la operación del comando estadounidense que secuestró a Maduro con ribetes de ciencia ficción. Esta entrevista ha sido difundida por la jefa de prensa de la Casa Blanca, porque contribuye a alimentar la narrativa de unas fuerzas de operaciones especiales dotadas con un armamento portentoso, al que no se puede hacer frente.

Otras fuentes aducen que el ejército de Venezuela no utilizó sus recursos para intentar abatir los helicópteros estadounidenses que intervinieron en la operación, bastante vulnerables a según qué sistemas, para lo cual cuenta con 4.000 antiaéreos portátiles. Según estas fuentes, sólo una de estas armas fue disparada. De los 100 sistemas antiaéreos basados en tierra, ninguno fue dirigido contra las aeronaves invasoras.

A la hora de analizar las narrativas que circulan, es fundamental tener en cuenta a quién benefician, y a quién perjudican. La hipótesis de la traición conviene a los intereses de quienes perpetraron el ataque, porque contribuye a socavar la legitimidad del gobierno chavista. Es muy pronto para conocer lo que realmente sucedió en Venezuela, así como las dimensiones de la colaboración interna, pero en mi opinión tuvo que haberla.

Euronews publica que existieron unas conversaciones en Catar, en las que participó la propia Delcy Rodríguez, en las que supuestamente se estaría buscando una salida pactada de Nicolás Maduro. Lo primero que hay que tener en cuenta es la fuente de estas informaciones: el diario Miami Herald, visceralmente anticastrista y antichavista.

Estados Unidos apuesta por ella, pero ¿podrá la nueva jefa de Venezuela cumplir? Su vida podría depender de ello. Miami Herald.

El Miami Herald justifica la pretendida apuesta de Trump por Delcy Rodríguez porque podía ofrecer “continuidad sin caos”. Todo lo contrario que representaba Corina Machado, añado yo. Si bien esta hipótesis tiene sentido, a partir de ahí, las fuentes anónimas desbarran: afirman que Washington podría exigir a Delcy Rodríguez “la entrega o rendición” de Vladímir Padrino y Diosdado Cabello, para juzgarlos en Estados Unidos, al igual que a Maduro. El Miami Herald recuerda que Estados Unidos ofrece una recompensa de 25 millones de dólares por Cabello, y de 15 por Padrino. Una cosa es que la presidenta interina intente salvar los muebles, y otra que esté dispuesta a cometer esa traición.

¿Puede tener éxito la estrategia de supervivencia del chavismo?

La actitud de Delcy Rodríguez probablemente tenga más que ver con una estrategia de supervivencia que con una traición. Desde la barrera, es muy fácil criticar a la presidenta encargada de Venezuela por haber cambiado la retórica antiimperialista por otra más conciliadora con quien perpetró el secuestro de Nicolás Maduro, pero conviene recordar que la están apuntando con una pistola, de manera nada metafórica.

Delcy tenía dos opciones: o apostar por el enfrentamiento con la segunda potencia nuclear del mundo, hasta provocar otro ataque o, incluso, la invasión, como ya ocurrió en Panamá, o en Granada, con funestas consecuencias para el país, o ser realista y tratar de conjugar los intereses de Estados Unidos con los venezolanos, por muy complicado que sea. La segunda opción le ofrece la posibilidad de conservar el control de las estructuras del país e intentar proseguir con la agenda política del chavismo, tratando de reequilibrar las tremendas desigualdades económicas que sufre Venezuela.

Asimismo, el enfoque realista le permite evitar un escenario de guerra por el que, según el Miami Herald, estaría apostando la línea dura del chavismo: provocar la invasión de Estados Unidos, para enfangar a su ejército en una guerra de guerrillas, con el consiguiente desgaste de Trump frente a la opinión pública doméstica. Cualquier dirigente que ponga los intereses de la población por delante de otros procurará evitar que su país entre en una dinámica de conflicto que, en el caso de la muy polarizada Venezuela, correría el riesgo de derivar en una guerra civil.

En su mensaje anual a la nación, Delcy Rodríguez habló de un “nuevo momento político”, de la necesidad de reformar el marco legislativo de la industria petrolera, y recalcó que “Tenemos derecho a tener relaciones diplomáticas con China, con Rusia, con Irán, con Cuba, con todos los pueblos del mundo. También con los Estados Unidos. Somos una nación soberana”. Estados Unidos pretende que Venezuela corte lazos económicos con todos esos países, y reclama exclusividad en el negocio del petróleo. La operación en Venezuela no va sólo de oro negro, sino de geopolítica. 

El País, 14 de enero de 2025.

Ante la tesitura actual, Delcy Rodríguez parece haber optado por un enfoque realista, para intentar continuar con el programa político del chavismo. Venezuela lleva años sufriendo sanciones ilegales que pretenden hundir su apuesta por un modelo económico distinto al capitalismo depredador. Venezuela no es Rusia, y las sanciones se han demostrado mucho más efectivas con el país caribeño que con el eslavo, cuya resiliencia es incomparablemente superior.

Con el enfoque realista, Delcy Rodríguez probablemente pretende sacar al país de la crisis económica, dando motivos a Estados Unidos para eliminar sus sanciones, que han provocado la emigración de millones de personas. Posiblemente también ha entendido que el bienestar del país precisa amortiguar la polarización que sufre, de ahí su apelación “al entendimiento desde la divergencia”

Por el momento, Estados Unidos también ha apostado por un enfoque realista, en lugar del aventurerismo que hubiera supuesto tratar de encumbrar a Corina Machado. Veremos hasta qué punto ambas estrategias realistas pueden convivir, dada la voracidad del actual inquilino de la Casa Blanca, y las disensiones que la actitud de Delcy Rodríguez estará levantando dentro del chavismo. 

Al día siguiente de una conversación entre Delcy Rodríguez y Donald Trump, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Caracas para entrevistarse con la “presidenta interina”, como la califica The New York Times. El diario valora que la reunión “refuerza el mensaje de la administración Trump de que ve al gobierno interino como el mejor camino hacia la estabilidad del país en el corto plazo”. Hacer coincidir el encuentro de Corina Machado con Trump en Washington con la reunión de Ratcliffe y Rodríguez en Caracas supone otra bofetada a la golpista vocacional. También revela que está habiendo negociaciones. Aunque la correlación de fuerzas es dispar, yo diría que ambas partes tienen cartas para jugar. 

El director de la CIA se reúne con la presidenta interina de Venezuela en Caracas. New York Times, 16 de enero de 2026.

En cuanto a las posibilidades de éxito que tiene Trump de convencer a las petroleras estadounidenses para que inviertan 100.000 millones de dólares en un país con un pronóstico de inestabilidad tan acusado, yo diría que son escasas, visto el calificativo que el consejero delegado de Exxon Mobil le dedicó a Venezuela: “No invertible”. El tema del petróleo venezolano es complejo, así que da para otro artículo. 

POR QUÉ ISRAEL HA RECONOCIDO LA INDEPENDENCIA DE SOMALILANDIA

5 de enero de 2026

Las tres condiciones de Israel para el reconocimiento de Somalilandia

El 26 de diciembre, Israel se convertía en el primer país del mundo en reconocer la independencia de Somalilandia, una región que se separó de Somalia unilateralmente en 1991, cuando el país se sumió en una guerra civil caótica. Para entender los motivos por los que Israel ha tomado esa decisión, basta con mirar el mapa y tener en cuenta las derivaciones del genocidio sionista en Gaza, que llegan hasta el cuerno de África.

Mapa del cuerno de África. Ilustración: Enciclopedia Británica.

Según Hassan Sheikh Mohamud, presidente de Somalia, tres son las condiciones que Netanyahu puso a Abdirahman Mohamed Abdallah, el líder de Somalilandia, para que Israel reconociera la independencia de la región escindida:

  1. Que aceptara acoger a ciudadanos palestinos en Somalilandia, para quienes los sionistas tienen planes de exilio forzoso.
  2. Que diera su consentimiento para que Israel construyera una base militar en la costa del Golfo de Adén.
  3. Que Somalilandia se incorporara a los Acuerdos de Abraham, reconociendo a su vez al estado de Israel.

En cuanto al acogimiento de palestinos, el portavoz de Somalilandia se limitó a decir que el tema no había sido tocado en las conversaciones, sin atreverse a descartar la posibilidad. El mismo portavoz negó que Somalilandia hubiera aceptado que Israel se hiciera con una base militar en la región, y sólo confirmó que Somalilandia suscribiría los Acuerdos de Abraham, una iniciativa de Donald Trump en su primer mandato, por la que Marruecos, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán establecieron relaciones diplomáticas con Israel.

Israel reconoció Somalilandia a cambio de base, desplazamiento de palestinos: Mohamud de Somalia. TRTWorld, 31 de diciembre de 2025.

Tras una conversación con sus pares de Somalia, Turquía y Yibuti, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Egipto publicó un comunicado en el que mostraba su “rechazo absoluto a las medidas unilaterales que socavan la soberanía de los Estados y su unidad e integridad territorial y que contravienen los principios establecidos del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas”.

Por su parte, el portavoz de Somalilandia en asuntos exteriores alegaba que su compromiso con Israel era “puramente diplomático” y llevado a cabo “en pleno respeto del derecho internacional”. Una afirmación en extremo chocante, teniendo en cuenta que ninguno de los 193 países que componen la ONU ha reconocido a Somalilandia como entidad independiente, desde que en 1991 decidió desgajarse de Somalia.

Tres condiciones que convienen a Israel y suponen un peligro para Somalilandia

Desde el punto de vista sionista, las tres condiciones que supuestamente le puso a Somalilandia tienen todo el sentido. La región secesionista tiene 850 kilómetros de costa en el Golfo de Adén. Su parte norte está pegada al estrecho de Bab el Mandeb, que da acceso al Mar Rojo, y justo enfrente se encuentra Yemen. Los sionistas sí miran el mapa.

La parte de Yemen más próxima al Mar Rojo está controlada por los hutíes, quienes están bombardeando Israel, a veces con éxito, como cuando un misil recorrió 2.000 kilómetros para impactar en el aeropuerto internacional de Tel Aviv, atravesando la “cúpula de hierro”. Los hutíes lo hacen en solidaridad con la población palestina. Por el mismo motivo, en diciembre de 2023 los hutíes advirtieron que atacarían los buques que transportaran carga con destino Israel.

Aunque Irán lo niega, Estados Unidos aduce que los hutíes, a quienes ha clasificado como grupo terrorista, reciben el apoyo del gobierno de Teherán, la bestia negra de Israel. Si los sionistas se hacen con una base a tiro de piedra de Yemen, tendrían la posibilidad de atacar a los hutíes de una manera mucho más efectiva que la que empleó recientemente Trump.

Después de haberse gastado 1.000 millones de dólares en un mes, Estados Unidos fracasó en su intento de contener los ataques de los hutíes y conseguir una superioridad aérea. Donald Trump tuvo que declarar una tregua, presentándola falsamente como una victoria, tras el fiasco de la operación “Rough Rider”. Uno de esos nombres tan peliculeros que a los estadounidenses les gusta poner a las campañas terroristas que perpetran sus uniformados.

EE. UU. gastó 1.000 millones bombardeando Yemen, pero no consiguió ganar superioridad aérea, dice un informe. Middle East Eye, 13 de mayo de 2025.

En cuanto al posible destino de la población palestina que Israel se propone desterrar de Gaza, la condición sionista cuadra con lo que reportaba la agencia AP el 14 de marzo de 2025: que los gobiernos de Estados Unidos e Israel estaban sondeando la posibilidad de que Sudán, Somalia o la misma Somalilandia acogieran población palestina expulsada de Gaza. Mientras Sudán comunicaba a AP que había rechazado la propuesta, funcionarios de Somalia y Somalilandia manifestaban a la agencia no tener conocimiento de dichas conversaciones.  

Exclusiva AP: EE.UU. e Israel miran hacia África para trasladar a palestinos desarraigados de Gaza.

El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, que lleva tiempo hablando de una “emigración voluntaria” de palestinos, confirmó que el gobierno israelí está trabajando para encontrar países dispuestos a acogerlos. Además, Smotrich dijo que el Ministerio de Defensa está preparando “un departamento de emigración muy grande”.

En cuanto a la tercera condición, a Israel le vendría muy bien que Somalilandia suscribiera los Acuerdos de Abraham. Conscientes de su muy deteriorada imagen internacional, los sionistas buscan el reconocimiento diplomático de países árabes o musulmanes, con el objetivo de meter una cuña en el repudio generalizado que provoca su comportamiento genocida.

Sin embargo, la incorporación de Somalilandia a los Acuerdos de Abraham plantea dificultades de índole legal. Israel pretende despejarlas con su jugada diplomática, pero los problemas persistirían, incluso aunque Estados Unidos se sumara a dicho reconocimiento, aunque ya sabemos lo que les importa la legislación internacional a los promotores del “orden basado en reglas”. Véase lo que acaban de perpetrar en Venezuela, sobre lo que escribiré en un próximo artículo.

La principal perjudicada por la jugada sería, sin duda alguna, la propia Somalilandia, que se convertiría en un peón al servicio de los intereses sionistas. Con un PIB per cápita entre 900 y 1.500 dólares, según las fuentes, y una economía basada en un 70% en la ganadería, no parece que Somalilandia fuera capaz de ofrecer condiciones dignas a una oleada de desplazados forzosos. Si además cometiera la imprudencia de autorizar la construcción de una base militar, desde la que los israelíes lanzaran ataques contra los hutíes, su territorio y población se convertirían en blanco de las represalias.

Cuando las élites aceptan ofrecer el territorio que controlan como herramienta para que los poderosos lo utilicen para perseguir sus intereses, el resultado siempre es catastrófico. El ejemplo más reciente lo tenemos en Ucrania, que se ha convertido en un estado fallido, arrasado por una guerra que lo está desangrando, en lo económico y en lo demográfico.

De refugio de judíos perseguidos a exilio forzoso para los palestinos

La elección de Somalilandia como posible destino de los palestinos arrancados de su tierra natal entraña una paradoja histórica. En 1944, un grupo de judíos, encabezados por Hermann Fuernberg, dirigió una carta al entonces emperador de Etiopía, Haile Selassie I, proponiéndole que cediera la provincia de Harar para acoger a refugiados judíos provenientes de Europa. En un opúsculo publicado por Fuernberg, éste añadía la parte de Somalilandia bajo control británico a la provincia que reclamaba al emperador etíope para, conjuntamente, conformar un territorio que debía gozar de autonomía y autogobierno, que acogiera a refugiados judíos europeos.

Mapa del territorio que Hermann Fuernberg proponía para acoger a judíos refugiados europeos.

La carta que este grupo de judíos dirigía al emperador de Etiopía muestra a las claras cuál es la actitud de los sionistas respecto al resto del mundo. De entrada, este grupo de personas comienza por autodenominarse “Consejo para una provincia autónoma judía en Harar” o, más resumidamente, “Consejo de Harar”. Es decir, se dotan de un nombre que ya sugiere una cierta autoridad sobre una provincia de un país extranjero.

A renglón seguido, la carta explica que la persecución que están sufriendo los judíos en Europa – absolutamente execrable, un auténtico genocidio, me apresuro a recalcar – provoca el deseo de muchos de ellos de abandonar el continente para establecerse en un lugar donde puedan vivir en paz. Albergando grandes esperanzas sobre una respuesta positiva por parte del emperador, dada su positiva actitud hacia los judíos, Hermann Fuernberg y sus colegas pasan a ensalzar las bondades del proyecto, dejando bien a las claras su propósito colonialista: “La inversión de grandes sumas en apoyo de los movimientos pioneros siempre ha traído prosperidad a las tierras que así se han colonizado”.

Los firmantes de la carta pasan a enumerar los puntos que desean “negociar” con su majestad etíope, siendo el primero de ellos que, tras reservar la provincia de Harar para los refugiados judíos, “Se realizarán gestiones ante el Gobierno británico para que se establezcan acuerdos territoriales en la Somalilandia Británica que permitan el libre acceso al mar a través de los puertos de Barbera y Zeila”.

Los siguientes puntos para negociar indican las pretensiones de Fuernberg y sus amigos: autonomía absoluta de la provincia, plasmada en órganos de gobierno elegidos por sus habitantes, que gozarían de ciudadanía propia, no etíope. Entre las concesiones al emperador, Feurnberg propone el nombramiento de un virrey para la provincia de Harar, que estaría no obstante sometido a una constitución propia de la provincia, y la recaudación de algunos impuestos.

La urgente resolución del problema de los judíos europeos les hace sentirse “con derecho” a dirigirse al emperador con la proposición. Después de adular convenientemente al Negus, los firmantes de la carta describen a los judíos como “ciudadanos respetuosos de la ley, ordenados y leales” en todos los países donde han vivido. Una afirmación que contrasta vivamente con la actuación del estado de Israel desde su fundación.

Por si quedaba alguna duda del carácter colonialista de la propuesta, Hermann Fuernberg, Erwin Kraft y Marie Ginsberg recalcan que “No es necesario enfatizar la capacidad de los judíos para construir un asentamiento agrícola y colonial y desarrollarlo con éxito; Palestina ofrece un excelente ejemplo.

Como cabía esperar, Haile Selassie I rechazó amablemente la propuesta del “Consejo de Harar” de apropiarse de una provincia etíope. Una idea que se venía gestando, al menos, desde 1939, cuando el periódico The Canadian Jewish Chronicle publicó un artículo con el título “¿Qué piensa del plan para asentar judíos bajo mandato italiano en Etiopía?

“¿Qué piensa del plan para asentar judíos bajo mandato italiano en Etiopía?

La comunidad judía tiene una historia de siglos en la región etíope. Denominada Beta Israel (Casa de Israel) y sus miembros, despectivamente, falashas, que significa “exiliados” en la lengua Ge’ez, el antiguo idioma etíope, los judíos etíopes han sufrido discriminación históricamente, también luego en el estado de Israel. Los firmantes de la carta al emperador no dudaban en apelar a las supuestas raíces judías de la dinastía imperial etíope, a quien califican de descendiente de los reyes Salomón y David, para dotar de argumentos históricos a su petición.

Fuernberg, Kraft y Ginsberg llegan a citar el Libro de Zohar, un texto sagrado para los judíos: «La diáspora llegará a su fin cuando los judíos entren en la Tierra de Cush”. En textos bíblicos se alude a la Tierra de Cush como a un reino situado al sur de Egipto, que podría ubicarse en los territorios actuales de Etiopía o Sudán.

Ya sabemos a dónde han conducido las apelaciones históricas de los sionistas en Palestina. En este caso, la paradoja radica en que parte de un territorio que fue planteado como hogar para los judíos perseguidos por el nazismo en Europa es considerado ahora adecuado para realojar a la población palestina, a la que los sionistas planean arrancar forzosamente de su tierra, tras haberla reducido a escombros.

Israel también se mueve en Yemen contra los hutíes

Israel se está moviendo en Yemen contra los hutíes. Avi Avidan, un analista hebreo de geopolítica, escribía en su cuenta en X que los Emiratos Árabes Unidos “han forjado una estrategia de pinza con Israel que supera a los hutíes en todo momento”. Avidan reseñaba la existencia de “puestos de inteligencia conjuntos entre Emiratos Árabes Unidos e Israel, hasta Adén y ahora la vasta extensión de Hadramaut, asegurando puertos, petróleo y rutas comerciales que acaparan el 30 % del transporte marítimo mundial”.

Zonas de control en Yemen. Ilustración de Al Jazeera.

Yemen está partido de facto en dos, con la parte norte, próxima al Mar Rojo, controlada por los hutíes. La parte suroriental tiene el respaldo de Arabia Saudita y, supuestamente, también de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Por resumir la situación actual en una guerra que comenzó en 2014, con la toma de Saná, la capital, por parte de los hutíes, los saudíes destituyeron al presidente del país reconocido internacionalmente en 2022, y lo reemplazaron por un Consejo de Liderazgo Presidencial (CLP), compuesto por ocho miembros. Su líder, Rashad al-Alimi, tiene el respaldo de Arabia Saudí, y se inclina por la unidad nacional de Yemen. Sin embargo, el vicepresidente del CLP, Aidarus al-Zubaidi, es partidario de la partición del país.

Para complicar aún más las cosas, Aidarus al-Zubaidi es el presidente del Consejo de Transición del Sur, y acaba de anunciar el inicio de un proceso para crear un estado independiente en la zona sur del país, en un plazo de dos años.  Al-Zubaidi ha afirmado que un Yemen del Sur independiente podría adherirse a los Acuerdos de Abraham, lo que significaría el reconocimiento de Israel por parte de la entidad secesionista. Avi Avidan, el analista hebreo citado anteriormente, considera este movimiento como “la consolidación de la fortaleza definitiva contra Irán”, dando así un gran valor a los acuerdos impulsados por Trump.

Las diferencias entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos son cada vez más palpables. El reino saudita bombardeó un cargamento de armas llegado a Yemen procedente de los Emiratos, y declaró a continuación que el apoyo de los Emiratos a quienes buscan la partición del país supone “una amenaza para la seguridad nacional del reino” y para toda la región.

Deutsche Welle, 2 de enero de 2026.

Conviene recordar que los Emiratos Árabes Unidos suscribieron los Acuerdos de Abraham, mientras que Arabia Saudita no lo ha hecho, alegando el comportamiento genocida de Israel en Gaza. El choque que se está produciendo entre ambos países árabes en torno a Yemen redunda en beneficio de Israel. La pinza de la que habla Avi Avidan no sólo se está ejerciendo contra los hutíes, sino que tiene como objetivo desgastar a Arabia Saudita. Los sionistas, al igual que los estadounidenses, son especialistas en provocar el caos: es el escenario en el que mejor se mueven para impulsar sus intereses.

Las consecuencias del colonialismo siguen alumbrando monstruos

El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel ha sido facilitado por el colonialismo de las potencias europeas en el continente africano. El desmembramiento del territorio somalí, una de las regiones más homogéneas lingüísticamente de África, en cinco entidades políticas, fue perpetrado fundamentalmente por Gran Bretaña. A finales del siglo XIX, Londres firmó acuerdos con los somalíes que vivían en la actual costa de Somalilandia, para hacerse con un protectorado, aprovechando el vacío creado por la retirada de Egipto de la región. 

Las disposiciones de dicho acuerdo establecían que “ninguna parte o la totalidad de su territorio actualmente habitado por ellos [los somalíes] o que se encuentre bajo su control podrá ser cedida, vendida, hipotecada o cedida de cualquier otra forma a un tercero”. Sin embargo, trece años después, Gran Bretaña firmó un acuerdo secreto con Abisinia (la actual Etiopía), por medio del cual le transfirió una gran parte del territorio somalí del interior.

Protectorados de las potencias coloniales europeas en el territorio poblado por somalíes. Ilustración: Stamp World History.

El cuerno de África se convirtió en una región de relevancia geopolítica para los intereses occidentales tras la apertura del Canal de Suez. Buscando asegurarse un buen acceso al canal, Francia estableció su protectorado en la actual Yibuti. El Reino Unido había hecho lo propio con los somalíes que vivían en la costa del Golfo de Adén, la actual Somalilandia. Italia se quedó con la parte meridional y central de Somalia, la que da al Océano Índico. Los británicos le cedieron la región de Ogadén a Etiopía, y otra parte de los somalíes se vieron incluidos en el África Oriental Británica, la actual Kenia. Con lo cual, el pueblo somalí se vio disgregado en cinco unidades políticas.

En 1897, años después de haber firmado el tratado con los somalíes, Lord Salisbury, entonces primer ministro británico, afirmó sobre la delimitación de las fronteras por parte de las potencias coloniales: “Nosotros (los británicos y los franceses) nos hemos dedicado a trazar líneas en mapas donde nunca pisó el pie del hombre blanco”. Los países colonizados siguen pagando las consecuencias de dicho trazado de fronteras, pero no sólo ellos, porque la inestabilidad geopolítica provocada por el colonialismo europeo se desparrama por la aldea global en que vivimos. 

El reconocimiento de Somalilandia coincide con una nueva fase de revueltas en Irán

El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel ha coincidido con una nueva fase de protestas ciudadanas en Irán. Sin duda, debe tratarse de una casualidad. Irán es uno de los países del mundo que sufre más sanciones unilaterales, al margen del Consejo de Seguridad de la ONU. Por lo tanto, ilegales. Las sanciones han provocado dificultades enormes para encontrar financiación en los mercados internacionales, el bloqueo de fondos soberanos en el extranjero y, consecuentemente, una alta inflación.

Cuenta en farsi del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel.

Las últimas protestas comenzaron el domingo 28 de diciembre, con el cierre patronal de los comercios en el Gran Bazar de Teherán, en protesta por la subida del coste de los alimentos, un 72% en el último año. La inflación está ligada a la caída en valor del rial, que se ha depreciado un 56% respecto al dólar en los últimos seis meses.

El líder supremo de Irán, Ali Jamenéi, afirmó el 3 de enero que las protestas de los comerciantes eran “legítimas”, pero que había que distinguir entre quienes se manifestaban y quienes provocaban disturbios. Un miembro de las fuerzas de seguridad resultó muerto durante las protestas, y otros 13 resultaron heridos por pedradas. Además, Jamenéi achacó a “una mano enemiga” la depreciación del rial y la extensión de los tumultos: “Hay que reconocer las acciones del enemigo; este no se queda de brazos cruzados y aprovecha cada oportunidad. Aquí vieron una oportunidad y quisieron aprovecharla”. Las protestas ya se han extendido a 17 de las 31 provincias de Irán.

El ayatolá no iba descaminado. Tanto Donald Trump como miembros del gobierno sionista salieron a la palestra para apoyar a los manifestantes. El presidente de Estados Unidos publicó en su red social que “Si Irán dispara y mata violentamente a pacíficos manifestantes, lo que es su costumbre, Estados Unidos acudirá a su rescate. Estamos cargados y listos para disparar”. En cuanto a Israel, una cuenta en farsi gestionada por el Ministerio de Asuntos Exteriores publicó una ilustración de un león, con un texto alusivo a “los leones y leonas iraníes” en su lucha “contra la oscuridad”.

Como ha quedado claro en el reciente ataque de Estados Unidos a Venezuela, y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, los neocolonialistas ya ni se molestan en disfrazar sus andanadas contra otros países con la retórica de la preocupación por los derechos humanos y la restauración de la democracia. Su principal objetivo es proyectar poder político y militar, para apropiarse de los recursos naturales de los demás, abundantes también en el caso de Irán. Casi es de agradecer que se muestren a careta quitada, para que no quede ninguna duda de con quién nos enfrentamos y a qué debemos atenernos.