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Los BRICS crecen impulsados por los errores de occidente

15 de septiembre de 2023

Las sanciones, la congelación de activos y el tope al precio del petróleo alientan la ampliación de los BRICS

Las políticas diseñadas por Estados Unidos han impulsado un movimiento que ya estaba en marcha: la ampliación de los BRICS. Las sanciones a Rusia y la “congelación” de sus activos han proporcionado argumentos para quienes dudaban acerca de la posición que debían buscar en el mundo multipolar que está naciendo. El tope impuesto por el G7 al precio del petróleo ruso ha precipitado movimientos sorprendentes, como el acercamiento entre Arabia Saudita e Irán. Todos estos factores, sumados a las labores diplomáticas de China, han desembocado en el crecimiento de los BRICS, anunciado en la cumbre de Sudáfrica.

A partir del 1 de enero de 2024, Argentina, Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) pasarán a formar parte de los BRICS. Sin embargo, en el caso de Argentina, su incorporación dependerá del resultado de las elecciones presidenciales de octubre, como analizaré más adelante.

Estados Unidos quizá pensaba que el resto del mundo, no sólo sus aliados tradicionales, iba a abrazar con entusiasmo su política de sanciones a Rusia. Nada más lejos de la realidad. Ni siquiera Japón se avino a privarse del petróleo y del gas natural que recibe de Rusia. En el caso del petróleo, también se saltó el tope fijado por el G7. Eso sí, con su beneplácito vía “excepción”.

La mayoría absoluta del planeta está juzgando la guerra en Ucrania como lo que es: un conflicto impulsado por Estados Unidos para tratar de imponer su hegemonía a escala global, con la colaboración de la Unión Europea, del gobierno de Kiev, y de pocos más. A continuación, vemos el mapa que demuestra el fracaso de occidente a la hora de imponer al resto del mundo su relato de buenos y malos: la mayoría del planeta se ha negado a imponer sanciones a Rusia.

El mapamundi de las sanciones a Rusia: en naranja, los países que las imponen o se han comprometido a hacerlo. En gris, los que no sancionan. Fuente: Al Jazeera.

La pretensión del G7 de imponer un tope al precio del petróleo ruso ha sido uno de los catalizadores del acercamiento entre Arabia Saudita e Irán. La ridícula idea de que fueran los compradores quienes fijaran el precio a los productores, impulsada por Estados Unidos, los supuestos adalides del “libre mercado”, sentó muy mal en Riad. Porque en esta ocasión se trataba de Rusia, pero bien pudiera ser que Arabia Saudita se convirtiera en la siguiente víctima de la estratagema, en caso de que Washington decidiera incluirla en su lista de “estados díscolos”.

Aunque The Wall Street Journal reportaba que “Los sauditas acuerdan con Estados Unidos el camino para normalizar los lazos del Reino con Israel”, el supuesto acuerdo fue inmediatamente desmentido por la Casa Blanca, y por miembros del gobierno de Israel. ¿Qué estaba ocurriendo en realidad? Washington estaba tirando de Arabia Saudita para evitar que basculara hacia los BRICS. ¿Y qué le estaba ofreciendo a cambio? Pues según fuentes tan dispares como The Times of Israel y Electronic Intifada, el acceso a un programa nuclear, supuestamente para uso civil. Aunque cabe sospechar que en realidad estaríamos hablando de otros fines.

Estados Unidos reclamaba a cambio que Arabia Saudita renunciara a aceptar el renminbi chino para la venta de petróleo. Un aspecto éste clave para mantener la preponderancia del dólar como moneda de intercambio internacional, sustento de unas finanzas, las estadounidenses, que se desplomarían en el caso de que su divisa fuera destronada. Adicionalmente, Washington pretendía que Arabia Saudita se sumara al boicot a las firmas tecnológicas chinas. El resultado de las presiones estadounidenses lo vimos en la reciente cumbre de los BRICS: Arabia Saudita se unió formalmente al grupo.

El tope al precio del petróleo se quedó en una operación mediática que el G7 no ha sido capaz de implementar. En julio, la CNN ya reportaba que el petróleo ruso se estaba vendiendo por encima de los 60 dólares fijados. El 4 de septiembre, Bloomberg informaba de lo mismo. El 6 de septiembre, Reuters enterraba la ocurrencia: el G7 abandonaba el compromiso de revisar el tope cada dos meses, mientras el precio del crudo ruso seguía subiendo en los mercados. La revisión no se había efectuado desde marzo. Otro éxito de la diplomacia estadounidense, que lo único que ha conseguido ha sido empujar a su antaño aliado, Arabia Saudita, a los brazos de Rusia y China.

CNN Business: El precio del petróleo ruso salta el tope fijado por los países occidentales por primera vez.

La incorporación de Arabia Saudita e Irán asegura un mayor control del petróleo y el gas

Por contraste, en un claro triunfo de la diplomacia china, a los BRICS también se ha incorporado Irán, hasta hace nada acérrimo enemigo del reino saudí. Irán es uno de los principales proveedores de gas natural a China. Las reservas probadas de petróleo de Arabia Saudita ascienden a 267.192 millones de barriles. Las de Irán, suman 208.600. Conjuntamente, representan un 26,3% de las reservas mundiales, según datos de 2020. Si añadimos las que atesora Emiratos Árabes Unidos, que suponen otro 5,6%, y las de Rusia, un 4,8%, los BRICS ya disponen del 38,1% de las reservas de petróleo.

Según un informe de InfoTech, con la adición de los nuevos miembros, los BRICS ya controlan el 39% de las exportaciones totales de petróleo, más de 17 millones de barriles diarios. Los once miembros del club sumarán el 46,7% de la producción mundial. En términos de reservas, el grupo controlará casi la mitad de las del planeta, 719.500 barriles, de un total de 1,6 billones.

Adicionalmente, Venezuela ya ha solicitado la adhesión a los BRICS. Si fuera admitida al grupo, como parece probable, las reservas mundiales del grupo ascenderían al 55,6%. En comparación, los miembros del G7 controlan un raquítico 3,9% de las reservas conocidas.

Además de Venezuela, en la lista de países que han mostrado interés en sumarse a los BRICS encontramos a otros productores de petróleo como Kuwait y Nigeria, respectivamente con un 5,9% y un 2,2% de las reservas mundiales.

Distribución de las reservas de petróleo en el mundo. Datos de 2020. Fuente: Statista.

En mi opinión, la incorporación de Arabia Saudita a los BRICS, unida a su acercamiento a Irán, es uno de los acontecimientos geopolíticos más importantes de las últimas décadas, porque alberga el potencial de desbaratar el esquema de los petrodólares, construido en los años 70, sobre el que se sustenta gran parte del poderío económico de Estados Unidos. La necesidad de proveerse de dólares por parte de quienes están obligados a adquirir petróleo le ha permitido aumentar su deuda pública y su déficit por cuenta corriente a unos niveles insostenibles de otro modo.

Moscú y Riad ya estaban actuando como tándem en el seno de la OPEP+, ajustando la producción en función de sus intereses. El ingreso de Arabia Saudita a los BRICS va a reforzar aún más dicha colaboración y coloca al grupo en una posición de hegemonía indiscutible en el combustible fósil por excelencia, que sigue siendo imprescindible.

En cuanto a la otra gran fuente de energía, el gas natural, Rusia posee las mayores reservas probadas del mundo: 37,4 billones de metros cúbicos. La incorporación de Irán a los BRICS supone añadir las segundas en la clasificación mundial, con 32,1 billones. Arabia Saudita aporta otros 6 billones adicionales, y los EAU, 5,9. Aunque Estados Unidos es actualmente el primer productor mundial de gas, dispone únicamente de 12,6 billones de metros cúbicos de reservas. Los BRICS+ tienen mucho más fondo de armario, tanto en reservas de petróleo como de gas.

La geografía es clave en la expansión de los BRICS

Al hablar de geopolítica, es imprescindible mirar el mapa. Los impulsores de la ampliación, China y Rusia – India se mostraba reticente – lo han hecho a conciencia. La incorporación de Egipto y Arabia Saudita aporta al grupo el control del canal de Suez y el Mar Rojo, con Etiopía cubriendo el flanco sur de esas aguas, a tiro de piedra.

El ingreso de Egipto, Arabia Saudita y Etiopía proporciona a los BRICS el control del canal de Suez y el Mar Rojo. Ilustración: Google Maps.

Entre Arabia Saudita, Irán y los Emiratos Árabes Unidos controlan el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, uno de los pasos estratégicos más importantes. Por Ormuz pasa un 20% del petróleo comercializado en el mundo, y un 35% del transportado en barco, alrededor de 21 millones de barriles, diariamente. La mayoría del petróleo saudí sale del país a través de dicho estrecho. Además, un 25% de las exportaciones de gas natural licuado usan el angosto canal.

Estrecho de Ormuz. Ilustración: Share America.

La iniciativa de sumar a Argentina a los BRICS parte de Brasil. Entre ambos cubren gran parte de América del Sur, pero hay que leer la jugada en clave política. Argentina atraviesa una situación económica muy complicada, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta que es cliente del Fondo Monetario Internacional desde 1958. Con una inflación disparada, los resultados de las elecciones primarias para elegir a los candidatos presidenciales de cada partido dieron la victoria a Javier Milei, un populista de ultraderecha que amenaza con dolarizar la economía y suprimir el banco central, lo que supondría mutilar la soberanía monetaria del país.

Lula pretende echarle un cable al peronismo antes de las elecciones de octubre, pero si Sergio Massa no obtiene la victoria, tanto Javier Milei como Patricia Bullrich han declarado que Argentina no entraría en los BRICS el 1 de enero de 2024, si alcanzan la presidencia. Así que la incorporación está pendiente de un hilo.

Un grupo enfocado en la economía real: las materias primas, el comercio y las infraestructuras

La declaración de la cumbre tiene un marcado contenido económico. Habla de crecimiento, de desarrollo, de impulso del comercio. Para todo ello es necesaria la construcción de infraestructuras por donde circulen los bienes tangibles. El enfoque es muy distinto al del G7, más centrado en el sector de los servicios. La iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, de la que hablé en este artículo, supone una apuesta clara por los sistemas de transporte, el ferrocarril, los puertos y los aeropuertos, que reduzcan el tiempo y los costes.

En su intervención, Vladimir Putin habló específicamente de “establecer una comisión de transporte permanente de los BRICS, que se ocuparía no sólo del proyecto Norte-Sur sino también, en una escala más amplia, del desarrollo de la logística y corredores de transporte, interregionales y globales”. El presidente de Rusia se refería al Corredor de Transporte Internacional Norte Sur, del que me ocupé en este artículo, que supone una ruta alternativa al canal de Suez para transportar mercancías desde la India hasta Rusia, atravesando Irán, el Mar Caspio y Azerbaiyán.

Al bloque occidental se le ha debido de encender alguna alarma en este terreno porque, en los márgenes de la cumbre del G20 en Delhi, Estados Unidos, la Unión Europea, Arabia Saudita y la propia India anunciaron una alternativa a la Nueva Ruta de la Seda, bautizado como “Corredor Económico India-Medio Oriente-Europa”. Por el momento, los países promotores firmaron un memorándum de entendimiento. Sin embargo, el documento no dice una palabra sobre la financiación del “megaproyecto” para conectar la India con Europa, atravesando Arabia Saudita y los EAU, además de Jordania e Israel. El memorándum sólo recoge la creación de grupos de trabajo en los próximos meses para empezar a darle forma.

China les lleva 10 años de ventaja. El compromiso acumulado de la Nueva Ruta de la Seda, desde su anuncio en 2013, es de 962.000 millones de dólares, alrededor de 573.000 millones en contratos de construcción, y 389.000 millones en inversiones no financieras. Un informe completo sobre las inversiones, de donde procede el siguiente gráfico, puede leerse aquí.

Implicación de China en la Nueva Ruta de la Seda. A la izquierda, contratos de construcción. A la derecha, inversiones. Fuente: China Belt and Road Initiative Investment Report, 2022.

La desdolarización, el Nuevo Banco de Desarrollo y sus dificultades

Aunque se había especulado con la posibilidad de que los BRICS anunciaran la creación de una nueva moneda para facilitar los intercambios comerciales al margen del dólar, esto no ocurrió. Lo cual tiene todo el sentido del mundo. A diferencia de occidente, los principales impulsores del grupo no viven de cara a la galería: ha prevalecido la prudencia en las declaraciones ante una empresa de tamaña dificultad.

Por el momento, la declaración de los BRICS encarga a sus “ministros de finanzas y/o a los gobernadores de los bancos centrales, según corresponda, que consideren la cuestión de las monedas locales, los instrumentos de pago y las plataformas y nos informen en la próxima Cumbre”. También resalta “la importancia de fomentar el uso de monedas locales en el comercio internacional y las transacciones financieras entre los BRICS y sus socios comerciales”.

En cuanto a la adopción de una nueva moneda, Lula da Silva fue concreto en su discurso, proponiendo “la adopción de una unidad de cuenta de referencia para el comercio entre los países BRICS, que no reemplazará nuestras monedas nacionales”

Los BRICS se proponen emular la fallida propuesta de Keynes en Bretton Woods: la creación de una moneda de reserva para liquidar los saldos en los intercambios comerciales internacionales, que hasta tenía nombre tentativo, el “bancor”. Su intento fracasó, porque hubiera supuesto que ningún país tuviera el control de esa unidad de cuenta, a lo que se opuso frontalmente Estados Unidos, que impuso ese papel para el dólar. Lo cuenta al detalle el economista Michael Hudson en su libro “Superimperialism. The economic strategy of American empire”. Una obra imprescindible que disecciona la estrategia de Estados Unidos, desde la Primera Guerra Mundial, para hundir económicamente al Reino Unido y al resto de Europa. Y siguen en ello. 

La tarea que tienen los BRICS por delante les llevará tiempo. Las dificultades a las que se enfrentan son formidables. El dólar lleva décadas funcionando como moneda de reserva y de intercambio global. Gran parte del sistema financiero mundial se articula en torno al billete verde. Además, es muy probable que si Estados Unidos percibe que la preponderancia de su moneda se ve amenazada, decida ir a la guerra contra quienes la socavan. Fundamentalmente, porque si el dólar pierde su papel actual, los cimientos de la economía de Estados Unidos se resquebrajarían, amenazando con la caída del edificio.

Para que nos hagamos una idea del desafío, el Nuevo Banco de Desarrollo, el banco de los BRICS, tiene dos tercios de sus préstamos denominados en dólares. Con sede en Shanghái, el objetivo de su presidenta, la brasileña Dilma Roussef, es conceder el 30% de los préstamos en monedas locales. Fundado en 2015, hasta el momento ha otorgado financiación para proyectos de desarrollo por valor de 33.000 millones de dólares.  

Según Foreign Policy la unidad de cuenta que están diseñando los BRICS estaría respaldada por el oro y materias primas. Hasta llegar a esa meta los BRICS estarían trabajando en un paso intermedio, que consistiría en un nuevo sistema de pagos en torno a las cinco divisas que comienzan con R: rublo, real, rupia, renminbi y rand. En cualquier caso, tal y como analicé en este artículo, el proceso de desdolarización necesitará tiempo, pero está cogiendo impulso político.

El auge de los BRICS frente a la decadencia del G7

Más de 40 países han mostrado su interés en unirse al grupo, y más de 20 han solicitado formalmente su ingreso.  Entre los últimos tenemos a Venezuela y Argelia, grandes productores de energía.  Más de 30 jefes de estado o de gobierno procedentes de África asistieron a la cumbre en Johannesburgo. El sur global está oliendo los vientos correctamente. Según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, el producto interior bruto de los BRICS supera al del G7, medido en paridad de poder adquisitivo. Esta manera de medir el PIB se considera más adecuada para calcular el peso real de una economía, y es utilizada por el FMI, el Banco Mundial, la ONU, la OCDE, etc.

El auge de los BRICS. Porcentaje del PIB global de los países del G7 y de los BRICS, medido en paridad de poder adquisitivo. Ilustración: Statista. Fuente: FMI.

En el lado del G7, el motor económico de la Unión Europea se ha gripado. Alemania se está desindustrializando, tras haberse desconectado de las fuentes de energía baratas que han alimentado su modelo de negocio durante décadas. El último barómetro del IFO (Instituto para la Investigación Económica), que mide el clima de los negocios en Alemania, alerta del creciente pesimismo. La Comisión Europea pronostica que la economía alemana se contraerá un 0,4% este año, entrando en recesión, con la inflación por encima del 6%.

Por su parte, Estados Unidos mantiene su preponderancia gracias a la hegemonía del dólar como moneda de reserva, pero ya hemos visto que su dominio también está amenazado. La desindustrialización ya sufrida al otro lado del Atlántico se plasma en la expresión Rust Belt, el antiguo cinturón industrial, ahora oxidado. Por el contrario, China ya representa el 28,7% de la producción manufacturera mundial, frente al 5,3% de Alemania, el 2,1% de Italia y el 1,9% de Francia.

En el plano tecnológico, a pesar de todas las sanciones de Estados Unidos para frenar su capacidad de innovación, Huawei acaba de presentar su nuevo modelo de teléfono móvil, que incluye un procesador fabricado con tecnología de integración de 7 nanómetros. Occidente pensaba que esta técnica estaba fuera del alcance de China. El estreno ha coincidido con el viaje de la secretaria de Comercio de Estados Unidos a Pekín. La misma Gina Raimondo que en 2021 declaró que Estados Unidos debería trabajar con la Unión Europea para “ralentizar el ritmo de innovación de China”. Se ve que no lo están consiguiendo.

En el terreno político, la declaración de la cumbre del G20 (donde coinciden los miembros del G7 y los fundadores de los BRICS) ni siquiera menciona a Rusia en lo relativo a la guerra en Ucrania. El texto se limita a pedir a todos los estados que se abstengan de usar amenazas o la fuerza para hacerse con territorios a costa de la integridad territorial y la soberanía de otros. Es meritoria la labor diplomática de India, país anfitrión, para alcanzar un documento de consenso en un tema tan espinoso. Una tarea que encontró terreno abonado en algunos países. Así lo valoraba Serguéi Lavrov, el ministro de Asuntos Exteriores ruso: “El sur global ya no está dispuesto a que le sermoneen”. Occidente se llevó un buen revolcón en Delhi a cuenta de Ucrania, que no fue invitada al evento.

Significativamente, la reunión del G20 acordó incorporar como miembro permanente a la Unión Africana, en un claro intento de integrar en los grandes foros internacionales a esa parte tan importante del sur global como es África. Sin embargo, el exdiplomático indio M. K. Bhadrakumar se muestra pesimista en relación con las perspectivas del G20: “Lo más probable es que el evento de Delhi de este fin de semana resulte ser el último vals de este tipo entre los vaqueros del mundo occidental y el cada vez más inquieto sur global”.  

Yo también creo que llegará el momento en que los distintos bloques que, hasta ahora, tienen cabida en el foro del G20, dejarán de tenerlo. Xi Jinping y Vladimir Putin no asistieron a la cumbre de Delhi. Bhadrakumar remata así su artículo: “Ambos están poniendo sus huevos en la cesta de los BRICS”. No serán los únicos.

Rusia y China bloquean la incursión de Estados Unidos en Asia Central

19 de junio de 2023

Tres años después de la visita de Mike Pompeo a Asia Central, su sucesor al frente del Departamento de Estado, Antony Blinken, viajaba en febrero a la zona con idéntico propósito: “contener” la influencia de Rusia y China en esa enorme región, fronteriza con Irán y Afganistán. Aunque en este caso el eufemismo “contener”, habitualmente usado por Estados Unidos para disfrazar sus verdaderas intenciones, se queda corto: el Subsecretario de Estado para Asia Central Meridional, Donald Lu, declaraba que la visita de Blinken perseguía “desacoplar aspectos de la economía de Asia Central” de Rusia. Es decir, lo que busca Washington es desgajar Asia Central de sus vecinos, exactamente lo mismo que ha conseguido con la Unión Europea respecto de Rusia. En el caso de Asia, para apropiarse posteriormente de sus riquezas sin incómodas interferencias.

El pasado 10 de junio, Donald Trump presumía en un mitin de las verdaderas intenciones de Washington respecto a los recursos ajenos, refiriéndose al país caribeño que alberga las mayores reservas de petróleo del mundo: “Cuando me fui, Venezuela estaba a punto de colapsar. La hubiéramos tomado, hubiéramos llegado a todo ese petróleo, hubiera estado justo al lado”. Ese es el plan de Estados Unidos para todos aquellos países que albergan materias primas que le interesan.

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Estados Unidos mueve sus peones frente al ascenso de China

24 de mayo de 2023

China adelanta a Estados Unidos en la investigación de 37 de las 44 tecnologías críticas y emergentes analizadas en un reciente trabajo de ASPI, Australian Strategic Policy Institute, un gabinete de estudios australiano, que recibe financiación estadounidense. Defensa, espacio, biotecnología, energía, motores de aviación, drones, baterías eléctricas… China es líder en todos estos ámbitos. En algunos campos, los diez institutos de investigación más avanzados son chinos y, colectivamente, generan nueve veces más estudios de alto impacto que el siguiente competidor, Estados Unidos.  «Las democracias occidentales están perdiendo la competencia tecnológica mundial, incluida la carrera por los avances científicos y de investigación», asevera el informe.

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Por qué las sanciones a Rusia están acelerando la desdolarización

3 de mayo de 2023

“Quítale la financiación a la policía global”. En otras palabras: si te desvinculas del dólar, le quitas el arma a quien utiliza su divisa como tal. Stephen Li Jen, un economista que trabajó en Morgan Stanley, considerado un gurú en el terreno de las divisas, opina que esta es la consigna que están siguiendo muchos países tras la decisión de Estados Unidos – seguida por la Unión Europea – de haber “congelado” los activos de Rusia, denominados en dólares, y depositados en bancos occidentales. Unos fondos que la UE ha calculado en 300.000 millones, aunque sobre esta cifra no hay consenso: según Statista, la cantidad se queda en 281.000 millones. Otros analistas señalan que la Unión Europea no ha conseguido encontrar tal cantidad de activos, mucho menos “inmovilizarlos”, por seguir con los eufemismos, y que cifra tan redonda procede de cálculos del propio banco central ruso.

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Discrepancias en la Unión Europea sobre su alianza con Estados Unidos

18 de abril de 2023

Vaya por delante mi escasa simpatía por Emmanuel Macron, este exbanquero de Rothschild, que acaba de dejar bien claras cuáles son sus credenciales democráticas al saltarse el parlamento, sede de la soberanía popular, para retrasar la edad de jubilación en Francia, a golpe de decreto presidencial. Aunque lo que da que pensar es que tan antidemocrático procedimiento esté contemplado en la constitución francesa, supuestamente democrática, y que la decisión de Macron haya sido avalada por el Tribunal Constitucional francés.

Una vez dicho esto, hay que concederle a Macron el don de la oportunidad en sus declaraciones tras su viaje a China. Y digo oportunidad, porque si se le han tirado al cuello desde ambos lados del Atlántico, algo habrá hecho bien. Ha sabido oler el momento y aprovecharlo: Alemania en manos de un pasmarote al que le vuelan los gasoductos y ni pestañea; Estados Unidos, con un presidente senil, al que le mueven los hilos los halcones del Departamento de Estado, obcecados en su huida hacia adelante en Ucrania; y China como potencia en auge, adonde se están volviendo todos los ojos del sur global, gracias a su apuesta por la diplomacia en Oriente Próximo, que ha cuajado en el histórico acuerdo entre Arabia Saudita e Irán. Era la oportunidad de desmarcarse del guion dictado por la Casa Blanca, y Macron la ha aprovechado, erigiéndose en portavoz del mar de fondo existente en la Unión Europea.

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