Archivo de la etiqueta: Europa

Groenlandia sintetiza la sumisión de Europa a Estados Unidos

6 de febrero de 2026

Dinamarca se congratula de no ser invadida por Estados Unidos

Después de que Donald Trump amenazara con tomar Groenlandia por la fuerza, el ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca se congratulaba de que Estados Unidos no invadiera una parte del territorio danés con estas palabras: “El día termina mejor que al principio. Celebramos que [Trump] haya descartado tomar Groenlandia por la fuerza y ​​haya puesto en pausa la guerra comercial”. Que es como decir qué bueno que es el señorito, que nos deja llamar a los caballos de tú.

Además de la auto humillación del ministro danés, la vejación a la soberanía danesa venía de la mano del holandés Mark Rutte. Trump le perdonaba la vida a Dinamarca porque había negociado con el secretario general de la OTAN “el marco de un acuerdo”, que el presidente estadounidense calificaba de “infinito”, dejando al margen al gobierno danés.

Bloomberg apuntaba por dónde iban las líneas de ese “marco de un acuerdo”. Estados Unidos y Dinamarca firmaron un pacto en 1951, modificado en 2004, por el que Washington debe “consultar con e informar” a Dinamarca y a Groenlandia antes de acometer “cualquier cambio significativo a las operaciones militares o instalaciones en Groenlandia”. Pues bien, Estados Unidos se propone reescribir ese acuerdo de defensa con Dinamarca para eliminar cualquier límite a su presencia militar en Groenlandia.

Mapa del Ártico publicado por The Guardian, 19 de septiembre de 1952.

Donald Trump resumía con estas palabras el espíritu del acuerdo con Mark Rutte: «Podremos poner lo que necesitemos en Groenlandia porque así lo queremos. En esencia, es acceso total, sin límite de tiempo».

El acuerdo firmado entre Estados Unidos y Dinamarca en 1951 ya suponía una afrenta a la soberanía danesa. El pacto establecía la división futura de Groenlandia en zonas de defensa gestionadas conjuntamente, con la nacionalidad del comandante establecida mediante acuerdo. Sin embargo, de entrada, todas las zonas de defensa estaban bajo mando estadounidense. Graciosamente, Washington se avenía a que las fuerzas de defensa locales contaran con un comandante danés. El pacto permanecería en vigor mientras existiera la OTAN. Este acuerdo fue precedido por otro, firmado por el embajador danés en Estados Unidos en 1941, por el que Dinamarca concedía a Washington acceso a Groenlandia para proteger el territorio de los nazis.  

Viñeta de Herbert L. Block, publicada en 1941.

Analistas daneses, citados por The New York Times, consideran que Estados Unidos podría expandir su presencia militar en la isla, limitada actualmente a una base, sin necesidad de modificar el pacto en vigor: “Estados Unidos tiene tanta libertad en Groenlandia que puede hacer prácticamente lo que quiera”, sostiene Mikkel Runge Olesen, del Instituto Danés para Investigaciones Internacionales.

Peter Ernstved Rasmussen, analista danés de defensa, opina que la modificación del acuerdo efectuada en 2004, por la que Estados Unidos debe consultar e informar a Dinamarca y Groenlandia de cambios significativos de su presencia en la isla, «Es una fórmula de cortesía. Si Estados Unidos quisiera actuar sin preguntar, podría simplemente informar a Dinamarca de que está construyendo una base, un aeródromo o un puerto».

A Donald Trump incluso esta laxitud en la redacción del acuerdo debe parecerle demasiado restrictiva, cuando ha desatado una ofensiva para hacerse con el control de la isla, hablando abiertamente de “poseerla”. El argumento de Trump es que no se defiende igual algo que posees, que si sólo eres el arrendatario. Además, se trata de adelantarse a China y a Rusia: si la isla es propiedad de Estados Unidos, sus rivales no podrán hacerse con ella. El caso es que el acuerdo “perpetuo” entre Trump y Rutte ha dejado a Europa sin respuestas, según titula el Financial Times.

El acuerdo «eterno» de Trump con Rutte sobre Groenlandia deja a Europa sin respuestas. Financial Times, 22 de enero de 2026.

Friedrich Merz dice que hay que defender a Groenlandia de Rusia

Aunque la primera ministra de Dinamarca llegó a hablar del “fin de la OTAN” en el caso de que Estados Unidos atacara Groenlandia, sus colegas europeos fueron mucho más tibios en sus declaraciones. Después de que Trump amenazara con hacerse con Groenlandia “por las buenas o por las malas”, la reacción de Antonio Costa, el presidente del Consejo Europeo, sólo puede calificarse de meliflua: “Creemos que las relaciones entre socios y aliados deben gestionarse de forma cordial y respetuosa”. A su lado, Úrsula von der Leyen calificaba de “exitosa” a la Unión Europea porque Trump se había avenido a no invadir la isla, hablando de firmeza y unidad, después de haber sido ninguneada en la negociación con Rutte.

La declaración conjunta de seis de los 27 miembros de la Unión Europea, junto al Reino Unido, que ha regresado de facto al club europeo merced a la guerra en Ucrania, demostraba que la unidad pretendida por la reina de Bruselas no era tal. Para no enfadar a papaíto, la declaración se abstenía de criticar a Estados Unidos, a quien calificaba de “aliado”, y entraba de lleno en el marco fijado por Trump: la importancia de defender la seguridad en el Ártico frente a los “adversarios”. La declaración fue firmada por Mette Frederiksen: la primera ministra danesa bajaba  el pistón al asumir la moderada respuesta europea.

Publicación en X de Kaja Kallas.

Ante las amenazas, posteriormente retiradas, de Donald Trump de imponer aranceles a los países europeos si no se alcanzaba un acuerdo sobre Groenlandia, la inefable Kaja Kallas, sin mencionar a Estados Unidos, se mostraba muy preocupada, porque Rusia y China debían de estar de fiesta ante las desavenencias entre aliados. La estonia calificaba de “disputa” la pretensión de Trump de hacerse con dos millones de kilómetros cuadrados de un país de la Unión Europea, y aprovechaba para pedir que la “disputa” no nos distrajera de su fijación: Rusia y la guerra en Ucrania.

Pero quien entró de lleno en el marco de Donald Trump fue Friedrich Merz. En el Foro de Davos, el canciller alemán, después de tirar de eufemismo para describir la pretensión de Trump de hacerse con la isla – “Estados Unidos ha exigido vehementemente una mayor influencia en Groenlandia” –, Merz afirmó sin ruborizarse que “Celebramos que Estados Unidos se tome en serio la amenaza que representa Rusia en el Ártico”.

Europa tiene pánico a que Trump le deje colgada en Ucrania

El nivel de genuflexión de las élites europeas ante Donald Trump tiene una sencilla explicación. Los europeos tienen pánico a que Estados Unidos les deje colgando de la brocha en Ucrania. Desde que Trump recibió a Putin en Alaska, aplaudiéndole sobre una alfombra roja, las conversaciones que están teniendo lugar entre ambos presidentes, y miembros de sus equipos, tienen sobre ascuas a las élites europeas.

El peor escenario para los burócratas de Bruselas, y demás capitales europeas, es que Estados Unidos y Rusia lleguen a una entente más o menos cordial, a raíz de la cual Trump dé un carpetazo a la implicación de Washington en la guerra en Ucrania, y les deje la papeleta a los europeos. Esta posibilidad constituye una auténtica pesadilla, porque las élites eurocráticas son conscientes de la incapacidad material de Europa para hacer frente a la situación que tan temerariamente han contribuido a crear en Ucrania.

La apuesta les salió mal, algo que se niegan a reconocer, por lo que su estrategia radica en aumentar la escalada contra Rusia, buscando provocar un ataque de Moscú contra algún miembro de la OTAN, que obligue a Estados Unidos a implicarse de lleno en el conflicto. Las ominosas implicaciones de este proceder les traen sin cuidado a las élites europeas, que ya han demostrado sobradamente que lo único que les importa es mantener su estatus, mientras tratan de incrementar su poder, concentrándolo aún más en menos manos. Los intereses de la ciudadanía que deberían proteger se la traen al pairo, cuando no trabajan denodadamente para socavarlos, con tal de proteger los suyos.

Mario Draghi se ha pronunciado de manera contundente en esta línea. Europa debe convertirse en una “auténtica federación” para evitar convertirse en “subordinada, dividida y desindustrializada”. Sin embargo, Draghi se equivoca al identificar las causas del declive europeo. La solución a los problemas de Europa jamás vendrá de quienes los han provocado, porque no sólo se niegan a reconocer que han sido sus políticas las que los han causado, sino que insisten en redoblarlas.

La UE debe convertirse en una “federación genuina” para evitar la desindustrialización y el declive, dice Draghi. Euronews, 2 de febrero de 2026.

La Unión Europea está preparando el paquete de sanciones número veinte contra Rusia, y pretende implementarlo el 24 de febrero, fecha que marcará el cuarto aniversario del inicio de la guerra: señal de que los diecinueve anteriores han sido un rotundo fracaso, como demuestra el hecho de que el conflicto armado continúa.

Draghi evita reconocer que la principal causa de la desindustrialización de Europa radica en la decisión de prescindir de las fuentes de energía próximas, baratas y accesibles que han alimentado la economía europea desde hace décadas, procedentes de Rusia, para sustituirlas por la dependencia de Estados Unidos, en el caso del gas natural licuado, mucho más caro, y el recurso a intermediarios – léase la India – para seguir comprando petróleo ruso, pagando un sobreprecio. Simultáneamente, las élites europeas le han proporcionado a Donald Trump una palanca adicional con la que apretar al viejo continente. Este es el nivel de inteligencia política de las élites europeas.

A medida que crece la dependencia de Europa del gas natural estadounidense, también crece la ventaja de Trump. New York Times, 26 de enero de 2026.

Draghi también yerra con el diagnóstico: la solución no puede consistir en la centralización burocratizada, que es el objetivo último tras el maquillaje de la “auténtica federación” que propone. Como he recogido reiteradamente en este blog, el propósito de los eurócratas de Bruselas es el de anular la soberanía de los estados miembros para sustituirla por la federalización centralizada que propone Draghi.

A Úrsula von der Leyen y su séquito les molesta que las decisiones en política exterior deban tomarse por unanimidad. Por eso han propuesto repetidamente sustituir ese mecanismo por otro que les permita imponer sus dictados mediante una “mayoría cualificada”, aunque perjudiquen los intereses nacionales de algunos miembros de la Unión Europea. No les importa cortar los flujos energéticos, o provocar costes demenciales en el abastecimiento, si eso les posibilita implementar su agenda geopolítica, ciegos ante su evidente fracaso.

La decisión de prohibir la compra de gas ruso de todo tipo en 2027 no fue tomada por unanimidad, sino que fue diseñada para que pudiera adoptarse por una “mayoría reforzada”. Aunque se trata claramente de una medida de política exterior, fue presentada por la Comisión apoyándose en legislación relativa al comercio y la energía, para sortear el veto de Hungría y Eslovaquia, que se oponían. Sus sistemas energéticos y su situación geográfica dificultan enormemente sustituir las importaciones de gas y petróleo rusos por otros proveedores, por no hablar del encarecimiento que les supondría.

Este es el “orden basado en reglas” de quienes no dudan en saltárselas para imponer sus agendas, aunque provoquen la ruina de dos países de la Unión Europea: sus votos en contra fueron ignorados, y la prensa se ha hartado de calificar a Fico y Orbán de “aliados de Putin” por proteger sus intereses nacionales y oponerse a la guerra contra Rusia, denunciando los riesgos de que la contienda se extienda por todo el continente. Un peligro que las élites burocratizadas no sólo ignoran, sino que hacen todo lo posible por que se materialice, si así consiguen mantener sus desquiciados propósitos de infligir una derrota estratégica a Rusia.

Dinamarca da argumentos a Trump para reclamar Groenlandia

Las contradicciones de las élites europeas son constantes. Después de haber prescindido de la energía nuclear por los riesgos que presentaba, Alemania discute ahora la posibilidad de participar en un “paraguas nuclear” de ámbito europeo. La energía nuclear de uso civil le parece peligrosa, pero no tiene óbice en arrimarse a su uso militar.

En la misma órbita de contradicciones, Dinamarca se queja ahora de la pretensión de Trump de adueñarse de dos millones largos de kilómetros cuadrados de su territorio, después de que un informe de inteligencia danés, publicado en diciembre de 2025, le pusiera en bandeja al estadounidense sus reivindicaciones.

El informe advertía de que “China se prepara para una presencia militar en el Ártico” y que los intereses árticos a largo plazo de China incluyen Groenlandia”, destacando las supuestas actividades aéreas, marítimas y submarinas del gigante asiático en el Ártico. Adicionalmente, el documento avisaba del incremento de la cooperación de Rusia y China en la región septentrional.

El GIUK Gap (hueco). Ilustración: Intelligence Outlook 2025.

La inteligencia danesa también advertía de que Rusia estaba monitoreando y cartografiando las aguas entre Groenlandia, Islandia, las Islas Feroe y el Reino Unido como parte de los preparativos para una posible confrontación con la OTAN, porque “para Rusia, las aguas entre Groenlandia, Islandia, las Islas Feroe y el Reino Unido – el llamado GIUK Gap – constituyen la principal vía marítima de entrada y salida del Ártico. Por lo tanto, el GIUK Gap es vital para Rusia en caso de un conflicto armado con la OTAN”.

Donald Trump cogió al vuelo el informe danés. Publicó en su red social un enlace a la noticia que daba cuenta del documento, restregándole a Dinamarca su alarma por los planes de Rusia y China para el Ártico y Groenlandia, y las escasas fuerzas que destinaba a proteger el territorio: “dos trineos de perros”. Sólo Estados Unidos era capaz de defender la isla.

Continuando con las contradicciones europeas, varios diplomáticos nórdicos rebajaban considerablemente el nivel de alarma que presentaba el informe de inteligencia danés: “Esa idea de que las aguas que rodean Groenlandia están repletas de barcos o submarinos rusos y chinos es simplemente falsa. Están en el Ártico, sí, pero en el lado ruso”, declaraba uno de los diplomáticos al Financial Times.

Rasmus Jarlov, el presidente del Comité de Defensa del Parlamento de Dinamarca, refutaba la supuesta amenaza de China y Rusia en el Ártico que también alimentaba Velina Tchakárova, una consultora en geopolítica: “Soy el jefe del comité de defensa de Dinamarca. Mi trabajo es supervisar la seguridad en Groenlandia y obtengo toda la información relevante al respecto. Les aseguro que sus fantasías sobre una gran amenaza de China y Rusia contra Groenlandia son delirantes. Ustedes son la amenaza, no ellos”.

Lin Jian, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, también rechazaba las alegaciones de Trump de que las aguas de Groenlandia estaban cubiertas de barcos chinos: “Instamos a Estados Unidos a que deje de utilizar la llamada “amenaza china” como pretexto para buscar beneficios egoístas”.

¿Y si todo fuera teatro?

Bien pudiera ser que, como afirma el periodista Thomas Fazi, estuviéramos asistiendo a “una clásica maniobra de policía malo y policía bueno diseñada para lograr el objetivo ancestral de militarizar Groenlandia”. Si utilizamos el modelo de la ventana de Overton, un concepto de comunicación política creado por Joseph Overton, se trataría de convertir una idea impensable en aceptable, incluso popular, hasta plasmarla en una medida política concreta. En este caso, el reto estriba en hacerlo muy rápidamente, contrariamente a lo habitual cuando se proponen cambios políticos de calado.

Ventana de Overton.

El esquema sería el siguiente: de entrada, se plantea la invasión de Estados Unidos a un territorio de otro miembro de la OTAN: impensable. Es el peor escenario posible. Luego, se presenta una solución alternativa: bajamos un escalón, hasta lo radical. Es el “marco de un acuerdo” al que llegan Trump y Rutte. Nos encontramos al secretario general de la OTAN ninguneando a un país miembro, presuntamente negociando sobre su soberanía. Lo que sigue levantando ampollas, pero menos que una invasión.

En este estadio, los medios encargados de manufacturar el consentimiento comienzan a filtrar posibilidades de lo que incluye ese acuerdo: Trump ha renunciado a “poseer” Groenlandia, y se descarta que pretenda hacerse con la soberanía de toda la isla, excepto en los territorios donde se instalen sus bases militares, donde sería estadounidense.

Cómo las bases británicas en Chipre podrían ser un modelo para el acuerdo de Trump sobre Groenlandia. New York Times, 22 de enero de 2026.

Se elige un modelo que ya funciona entre países occidentales, el de las bases del Reino Unido en Chipre, siguiendo una lógica colonial, de larga tradición europea. El territorio de las bases británicas en Chipre es de soberanía británica, como consecuencia de la “concesión” de la independencia a la colonia. Ni siquiera forma parte de la Unión Europea, aunque Chipre sí pertenece al club. En las bases aplican las leyes británicas. El patrón ya existe, y está servido.

El Reino Unido comenzó pagando a Chipre por el uso del territorio donde se asientan las bases, otra de las posibilidades que sugirió Estados Unidos para hacerse con el control de la isla: comprarla. Así lo dijo Marco Rubio, atribuyendo además a Donald Trump una idea que sigue siendo inaceptable para la opinión pública europea, sobre todo la danesa, pero para la que ya existe un precedente en Europa. Por cierto, el Reino Unido sólo pagó el canon a Chipre durante cinco años, luego dejó de hacerlo. 

Bajamos un escalón más hasta lo aceptable: los dirigentes europeos abrazan sin reparos el marco de la necesidad de proteger a Groenlandia de la “amenaza” de Rusia y China: “Todo es negociable, menos la soberanía”, concede la primera ministra danesa, aliviada porque Trump ha renunciado a invadir la isla, y porque el secretario general de la OTAN le ha informado que el acuerdo respeta la soberanía danesa sobre la isla. Volvemos a tutear a los caballos…

Como los ánimos están muy calientes, el tema de Groenlandia desaparece de los medios. Es necesario dar un tiempo a la opinión pública para que vaya enfriándose, e interiorizando las posibilidades que se le presentan. Aunque siguen siendo radicales, ya no son impensables: todo es negociable, por lo que entramos en el terreno de lo aceptable.

Probablemente los europeos crean que por aceptar el control estadounidense de Groenlandia y su militarización, aunque sea usando la mascarada de la OTAN, para frenar la “amenaza” de China y Rusia, Trump no les va a dejar colgando de la brocha en Ucrania. Se equivocan de plano si piensan que Trump va a priorizar la relación con quien considera, con razón, sus vasallos, a la posibilidad de llegar a determinadas componendas con Moscú. Europa cederá el control de Groenlandia a Estados Unidos, lo que no evitará que Washington le encasquete la papeleta en Ucrania, si eso es lo que le conviene a Trump, independientemente de las consecuencias para los europeos.

Aunque está por ver en qué quedan las conversaciones que están manteniendo la Casa Blanca y el Kremlin; cómo acaba este aparente intento de acercamiento; si es realmente sincero por parte de Trump; si éste es capaz de resistir las presiones de los neoconservadores, y si los rusos consideran que los estadounidenses se han vuelto fiables, lo que ya es mucho decir, una cosa está clara: los europeos seguirán siendo vasallos de Estados Unidos mientras permanezcan en el marco de la OTAN.

Las naciones europeas no pueden ser soberanas dentro de la OTAN. The Telegraph, 1 de febrero de 2026.

La OTAN no va a desaparecer tras este último episodio de aparente crisis entre sus miembros. Estados Unidos necesita a Europa para proyectar poder en el continente euroasiático, desde su espléndido aislamiento al otro lado del Atlántico. Y la herramienta para someter al viejo continente se llama OTAN. El rifirrafe teatralizado en torno a Groenlandia es simplemente una maniobra para extender los territorios bajo el dominio de su patrón, Estados Unidos, con el propósito de aumentar su presencia en el Ártico, con la finalidad última de obtener una mejor posición desde la que negociar con Rusia el reparto de las zonas de influencia, en el que están enfrascadas ambas potencias.

Si dicha negociación tendrá resultados o no, está por verse. La reciente caducidad del tratado New START para limitar las armas nucleares y la advertencia de Rusia de que responderá “con medidas técnicas y militares” si Estados Unidos opta por desplegar determinadas armas en Groenlandia anticipa convulsiones en estos tiempos de guerra no tan fría que estamos viviendo. 

Piratas y ladrones explotan su “orden basado en reglas”

23 de diciembre de 2025

Los hechos revelan la hipocresía de las élites occidentales

Los recientes asesinatos y actos de piratería cometidos en el Caribe por parte de Estados Unidos y la confiscación indefinida de los activos estatales rusos a manos de la Unión Europea ponen de manifiesto la hipocresía que late tras la pretensión de estos delincuentes internacionales de que el resto del mundo se adhiera al “orden basado en reglas” que afirman encarnar.

Antony Blinken, que ejerció como secretario de Estado con Joe Biden, definió el “orden basado en reglas” como “el sistema de leyes, acuerdos, principios e instituciones que el mundo se unió para construir después de dos guerras mundiales para gestionar las relaciones entre los estados, prevenir conflictos y defender los derechos de todas las personas”.

Walter Russell Mead, miembro del Hudson Institute, una de las cavernas del pensamiento neoconservador, se lamentaba en una columna en el Wall Street Journal de la “desintegración” del orden internacional basado en reglas, liderado por Estados Unidos. Ilustrada con una única fotografía, la de Putin, la columna repasaba la lista actualizada de villanos y se quejaba de que Washington y sus aliados no hicieran lo necesario para que los malvados respetaran esas “reglas”, a las que occidente se adhiere inequívocamente. Modo ironía activado.

El orden internacional basado en reglas se está desintegrando silenciosamente.

Hay que ser hipócrita para defender que Estados Unidos lidera un orden basado en reglas, y reivindicarlo como defensor de la legalidad internacional, cuando su presidente ordena bombardear embarcaciones extranjeras, en aguas internacionales, asesinando a sus ocupantes; decreta el cierre del espacio aéreo de otro país, u ordena tomar un petrolero al abordaje para apropiarse de su petróleo, mientras anuncia que continuará con sus actos de piratería.

Hay que ser muy falsa para erigirse en guardián del “orden basado en reglas”, como hace Úrsula von der Leyen, mientras encarga a un ejército de abogados que busque fórmulas para legalizar el robo de activos de otro país, depositados en un tercero. Hace falta mucha doblez para presentarse como paradigma del estado de derecho, mientras presiona hasta violar el tratado que sustenta jurídicamente la organización internacional que preside. Hay que ser muy camandulera para sostener que sus políticas harán a la Unión Europea más fuerte.

Misión de rescate: la llamada de Von der Leyen a la historia y al orden global basado en reglas. ECFR.

Exactamente eso es lo que está haciendo Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, y la Unión Europea de Úrsula von der Leyen: despreciar la legalidad internacional con asesinatos, actos de piratería y bloqueo aéreo en Venezuela. Pisotear la ley al incautarse fraudulentamente de los activos rusos depositados en instituciones financieras europeas.

Es normal y saludable que el resto del mundo rechace ese “orden basado en reglas” tras el que las élites occidentales se amparan para cometer sus tropelías, disfrazándolas con una retórica de sublimes valores, con la que pretenden elevarse moralmente sobre la jungla, desde su ajardinado reducto de delincuencia, convenientemente protegido por altos muros de hipocresía.

Wang Yi, el ministro chino de Relaciones Exteriores, alertaba en julio de 2021, en su discurso inaugural del 9º Foro Internacional por la Paz, de que el “orden internacional basado en reglas” en realidad era una expresión de la “política de poder”, por la que “algunos países pretendían imponer su voluntad y sus estándares a otros, reemplazando las leyes internacionalmente aceptadas con las normas de la casa de unos pocos”.

Muy acertadamente, Wang Yi se preguntaba cuáles eran esas reglas en las que el orden internacional debería basarse, y cuál era exactamente el orden que debería preservarse. El ministro exigía que los términos fueran definidos claramente, y avanzaba cuál era la posición de China: el sistema reconocido por todos los países sólo puede ser la legalidad internacional basada en la Carta de las Naciones Unidas.

Resulta muy acorde con la hipocresía occidental su reiterada letanía acerca de la “amenaza china”, siendo así que la última guerra en la que intervino China fue en 1979, contra Vietnam, a quien pretendía “dar una lección” por haber invadido Camboya, con el apoyo de la URSS, y haber depuesto al gobierno de los Jemeres Rojos, que tenía el respaldo de China. A las cuatro semanas, después de un flojo desempeño, China se retiró a sus posiciones.

Los defensores del “orden internacional basado en reglas” no pueden presumir de un historial tan pacífico. En los últimos 45 años, la lista de vulneraciones de la legalidad internacional, en forma de guerras, golpes de Estado, actos terroristas propios o por intermediación haría interminable este artículo. Baste señalar como botones de muestra la desintegración de Yugoslavia a manos de la OTAN – las fronteras no se pueden cambiar por la fuerza, ¿verdad, Úrsula? – y la destrucción de Libia e Irak bajo pretextos.

La estrategia de Trump en Venezuela también busca acabar con Cuba

Con su estrategia de acoso y derribo al gobierno de Nicolás Maduro, Estados Unidos pretende matar dos pájaros de un tiro. El otro es Cuba, que recibe la mayoría de su petróleo de Venezuela. Marco Rubio, como muchos otros miembros de la diáspora, está obsesionado con fulminar el modelo político cubano, para volver al statu quo anterior a la revolución, tan bien reflejado en la escena de El Padrino II, en la que los mafiosos estadounidenses se reparten los pedazos de una tarta con el mapa de Cuba.

El reparto del pastel cubano, en una escena de El Padrino II, película de Francis Ford Coppola.

Cuba forma parte de Petrocaribe, un proyecto nacido en 2005, que beneficia a varios países de la región y que funciona con una mentalidad distinta a la del capitalismo depredador: es un esquema para compartir el petróleo que no busca obtener beneficios a costa de los países no productores, sino que busca fortalecerlos, para crear una base que consiga la independencia económica y política de Estados Unidos, según leemos en este informe. Cuba juega un papel dentro de Petrocaribe como centro geográfico y operacional, a través de proyectos conjuntos entre PDVSA y Cupet.

Según la consultora de energía Argus, el flujo de petróleo desde Venezuela a la isla prácticamente se ha suspendido desde que Estados Unidos abordara un petrolero venezolano para quedarse con su carga, según reconoció Trump.

Los flujos de crudo venezolano se reducen, Cuba siente el aguijón. Argus.

Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y las primeras de gas de Latinoamérica, y comparte con Cuba la voluntad de construir un modelo político al margen del capitalismo. Estados Unidos no se lo perdona, porque ni Caracas ni La Habana permiten que Washington se apodere de sus recursos. Los defensores de los derechos humanos y la democracia tienen un largo historial de organizar y ejecutar golpes de estado para derribar gobiernos legítimos, elegidos en las urnas, e instalar en su lugar dictaduras militares, así que el cuento de la promoción de la democracia únicamente lo repiten las capitales occidentales y sus obedientes medios de propaganda.

La estrategia de presión al gobierno de Nicolás Maduro y, colateralmente, a Cuba, enlaza con lo manifestado en la última edición de la Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en noviembre. El primer interés vital que cita el documento gira en torno al hemisferio occidental. La actualización de la doctrina Monroe con el denominado “corolario de Donald Trump” apunta al dominio completo de dicho hemisferio y a la expulsión de cualquier competidor en la región.

El lenguaje utilizado en el documento no puede ser más claro: “Queremos un hemisferio libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, que apoye cadenas de suministro críticas y que garantice nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave”. En breve: quiero América entera para los Estados Unidos.

En un contexto en el que la multipolaridad del mundo está fuera de toda duda, Estados Unidos apuesta por extender y afianzar su dominio en el hemisferio occidental, enviando un claro mensaje a sus competidores: manteneos fuera de mi esfera de influencia. Del resto del mundo, ya hablaremos.

Las “reglas” de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional

Tratándose de un documento cuyo prefacio firma Donald Trump, las contradicciones de la nueva edición de la Estrategia de Seguridad Nacional permean todo el documento, y reflejan la hipocresía que subyace tras ese “orden basado en reglas” que pretenden vendernos. En su introducción, la Estrategia critica la visión de las élites que condujeron la política exterior de Estados Unidos durante la guerra fría, ya que pensaban que el dominio permanente sobre todo el mundo iba en beneficio de los intereses del país.

En realidad, se dice ahora, los asuntos de otros países solo deben preocupar a Washington si sus actividades amenazan directamente sus intereses. Además, el objetivo que perseguían las élites – la dominación mundial permanente – era “fundamentalmente un objetivo indeseable e imposible”.

Sin embargo, tras la lectura del documento, queda claro que la mentalidad no ha cambiado, y el deseo de dominar el mundo sigue latiendo a lo largo de toda su extensión. Para Estados Unidos, casi cualquier actividad que ocurra en el mundo amenaza sus intereses, siempre y cuando no sean ellos quienes la controlen.

Uno de los principales objetivos declarados es el de procurarse el mayor ejército del mundo, al que nadie se atreva a toser y que, en caso necesario, pueda derrotar a cualquier adversario. Además, la Estrategia declara su voluntad de mantener el “poder blando sin rivalidad” de Estados Unidos para ejercer una influencia positiva que promueva sus intereses, a lo largo y ancho del mundo.

La Estrategia de Seguridad Nacional dedica su atención a otros lugares, alejados miles de kilómetros, que parecen representar una amenaza. Sin mencionarla por el nombre, hay una advertencia clara a China, cuando habla de “detener y revertir el daño actual que actores extranjeros infligen a la economía estadounidense, mientras mantenemos el Indo-Pacífico libre y abierto, preservando la libertad de navegación”. Tampoco podía faltar una referencia a Oriente Próximo, donde Estados Unidos quiere prevenir que un poder rival domine la región, así como sus suministros de gas y petróleo.

Tras la lectura de la Estrategia de Seguridad Nacional, nos queda clarísimo que el “orden basado en reglas” que Estados Unidos pretende imponer al mundo se resume en su voluntad de evitar compartir su dominio con las potencias emergentes, tras haber aprobado un presupuesto militar de 900.000 millones de dólares. Eso sí, algunos analistas han detectado la intención de subcontratar determinadas tareas de seguridad a sus aliados, o proxies, en algunas regiones del mundo, lo que representa un rasgo de debilidad, que también puede ser calificado de realismo ante la magnitud de la tarea que supone dominar todo el planeta.

¿El ocaso de la supremacía estadounidense? Externalización del riesgo en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025. China-US focus. 

La Unión Europea quería robar a Rusia, pero además va a robarnos a nosotros

El 12 de diciembre, los embajadores de los países miembros de la Unión Europeo acordaron un reglamento ad hoc para congelar indefinidamente los activos rusos depositados en Europa. La medida se tomó por mayoría, no por unanimidad, como requieren las decisiones de política exterior en la Unión Europea. Otra regla que salta por los aires para evitar el veto de Hungría, y, probablemente, el de algún país más.

La congelación de los activos rusos, en lugar de ser revisada cada seis meses, como hasta ahora, se convertía en indefinida, hasta tanto Rusia no cese “su guerra de agresión contra Ucrania”, “proporcione una reparación a Ucrania en la medida necesaria para permitir la reconstrucción sin consecuencias económicas o financieras adversas para la Unión”, y “las acciones de Rusia en el contexto de su guerra de agresión contra Ucrania hayan dejado objetivamente de plantear un gran riesgo de dificultades graves para la economía de la Unión y sus Estados miembros”.

En otras palabras, la Unión Europea no devolverá nunca los activos estatales a Rusia, violando la Convención de las Naciones Unidas sobre Inmunidades jurisdiccionales de los Estados y sus bienes.

Titular del Berliner Zeitung, traducido de forma automática.

La congelación indefinida era el paso previo para usar dichos activos como garantía de un “préstamo” al gobierno de Kiev, impulsado sobre todo por Friedrich Merz y Úrsula von der Leyen, por valor de 140.000 millones de euros. En ningún momento explicaron sus promotores de dónde saldría físicamente esa cifra para enviarla a Kiev, supuestamente “respaldada” por los activos rusos. Así que, dada la firme oposición de Bélgica, Italia, Hungría y, significativamente, Francia, cabe sospechar que el plan era sacar el dinero del cofre de Euroclear, y de las instituciones británicas y francesas que también atesoran activos rusos, para transferírselos directamente al gobierno de Kiev.

Finalmente, Francia salió al rescate de Bélgica, y cuando Macron mostró su oposición a lo que tenía pinta de convertirse en un robo directo, Merz y von der Leyen se vieron obligados a recular, en un apoteósico fracaso político, y el Consejo Europeo terminó acordando la emisión de deuda conjunta, por valor de 90.000 millones, para solucionar las acuciantes necesidades financieras de ese Estado fallido en el que occidente ha convertido a Ucrania, con la complicidad de sus élites.

Los 90.000 millones los pagaremos los contribuyentes europeos. Euronews nos informa del mecanismo con el que las élites europeas nos van a meter mano en la cartera: “Como ni la UE ni sus Estados miembros disponen en este momento de 90.000 millones de euros, la Comisión Europea acudirá a los mercados y recaudará el dinero desde cero emitiendo una mezcla de bonos a corto y largo plazo”.

¿Se puede saber de qué se ríen estos tres?

Euronews prosigue: “el presupuesto de la UE absorberá los tipos de interés para evitar a Ucrania, ya muy endeudada, cualquier carga adicional. La Comisión calcula que, con los tipos actuales, los pagos de intereses ascenderán a 3.000 millones de euros al año”. Es decir, además del pago del principal a cargo del presupuesto de la UE, que se elabora con las aportaciones de los países miembros, los contribuyentes vamos a tener que aflojar los intereses: 20.000 millones de euros más en el presupuesto europeo, que se calcula cada 7 años.

“Los Estados miembros se repartirán los intereses en función de su peso económico. Alemania, Francia, Italia, España y Polonia soportarán los costes más elevados”, nos aclara Euronews. Así que cuando escuchéis a los políticos españoles decir que no hay dinero para sanidad, educación u otras inversiones sociales, recordad que sí destinan dinero para financiar la guerra perdida de Ucrania, que no es un Estado miembro de la UE.

Macron ya ha sido calificado de “traidor” por fuentes diplomáticas europeas anónimas, citadas en el Financial Times, por no apoyar la iniciativa de Merz. Curiosamente, era Alemania la que históricamente se oponía a mancomunar la deuda en la Unión Europea. Tres países no pondrán ni un euro para financiar a Ucrania: Hungría, la República Checa y Eslovaquia, que se plantaron. Las grietas en la “unidad europea” comienzan a ser muy visibles.

Como las decisiones en política exterior han de tomarse por unanimidad, la Comisión decidió retorcer el artículo 122 del tratado de la Unión Europea para esquivarla, y adoptar por mayoría la decisión de otorgar un “crédito” a Ucrania. El artículo 122 habla de tomar medidas “con espíritu de solidaridad entre los Estados miembros (…) si surgen graves dificultades en el suministro de determinados productos, en particular en el sector energético”.

El artículo 122 establece la posibilidad de que el Consejo conceda ayuda financiera “Cuando un Estado miembro se encuentre en dificultades o corra el grave riesgo de sufrir graves dificultades causadas por catástrofes naturales o acontecimientos excepcionales ajenos a su control”.

Es asombrosa la cantidad de trampas que han hecho las élites europeas para meternos mano en la cartera. Además de saltarse la obligación de tomar por unanimidad una decisión de política exterior, el artículo 122 habla en todo momento de Estados miembros, y Ucrania no lo es. Por lo tanto, la ayuda me parece ilegal, por mucho que lo acuerde el Consejo. Quizá esa consciencia de violación de la legalidad es la que ha forzado al Consejo Europeo a dispensar a tres Estados miembros de la obligación de aportar fondos al “préstamo”: quedaron excusados a cambio de no vetar la resolución.

El artículo 122 finaliza indicando que “El presidente del Consejo informará al Parlamento Europeo de la decisión adoptada”. Una premura en la toma de decisiones, puenteando a la supuesta sede de la soberanía popular, que quizás podría entenderse para los casos que menciona el artículo – desastres naturales, acontecimientos excepcionales fuera del control de los Estados miembros –pero nada de eso aplica al caso de Ucrania. 

Tampoco es cierto que nos hallemos ante un “crédito”, por más que sea la palabra utilizada en el acuerdo. Ucrania sólo se verá obligada a devolver los 90.000 millones de euros si Rusia le paga indemnizaciones en concepto de “reparaciones”. Como todo el mundo sabe, las reparaciones las paga quien pierde la guerra, no quien la gana. Si las élites europeas fueran sinceras, deberían haberlo llamado “ayuda a fondo perdido”, en lugar de “crédito”. Rusia está ganando la guerra, y la va a ganar, porque no le queda otra si la primera potencia nuclear del mundo quiere subsistir en su actual forma. Recursos le sobran para conseguirlo.

La derrota de Rusia significaría su desaparición en su estado actual, ya que el objetivo de la guerra impulsada por la OTAN es destruirla, y trocearla en unidades más manejables para apoderarse de sus recursos. Hay diversas declaraciones de altos cargos occidentales en este sentido, que ya he recogido en este blog, pero hoy voy a añadir esta intervención de Kaja Kallas en un panel en mayo de 2024, donde aboga por dividir Rusia en «naciones más pequeñas».

 

Las grietas en la «unidad europea» proporcionan un atisbo de esperanza

El fracaso político de Merz y von der Leyen, que se detestan, pero estaban de acuerdo en apropiarse de los activos estatales rusos para entregárselos a Ucrania, es palmario. Alemania se ha visto obligada a rebobinar en su sempiterna oposición a emitir deuda mancomunada, pero la reunión del Consejo Europeo ha dejado al aire las vergüenzas de la Unión.

Antes de comenzar la cumbre, la presidenta de la Comisión se despachó con este ramalazo de autoritarismo: “Nadie abandonará la cumbre de la UE hasta que se resuelva la cuestión de la financiación de Ucrania”.

Como acertadamente señala el periodista Thomas Fazi, todo el episodio en torno a los activos rusos ilustra cómo opera la Unión Europea: “Mediante la fabricación de falsas dicotomías que impiden una auténtica elección política, se presentó a los Estados miembros una dura alternativa: o aceptaban confiscar los activos congelados de Rusia o se preparaban para financiar colectivamente un nuevo préstamo masivo”.

La tercera opción, abandonar una estrategia fallida, dejar de financiar una guerra perdida, e intentar buscar una salida negociada, que intente al menos salvar los muebles en Ucrania, antes de que se produzca el colapso, ni siquiera fue considerada.

Thomas Fazi subraya que la decisión del Consejo Europeo “expuso la naturaleza cada vez más autoritaria de la Unión, dispuesta a pasar por alto los intereses nacionales y a descartar las restricciones legales, las normas democráticas y la racionalidad económica básica en pos de cruzadas ideológicas”. Una cruzada cuyos promotores saben de sobra que está perdida, pero que pretenden seguir alimentando con argumentos tan falaces como el de Friedrich Merz:

Dos días después, Macron declaraba que Europa debería plantearse restaurar el diálogo con Putin, en el caso de que las negociaciones para alcanzar la paz en Ucrania que estaba dirigiendo Estados Unidos fracasaban. Después de las disensiones entre Merz y Macron en torno al método para seguir financiando la guerra en Ucrania, las declaraciones del presidente francés suponen otra grieta no sólo en la Unión, sino en el eje francoalemán que, históricamente, ha sido el motor de la organización. Después de Macron, han surgido otras voces, en el Reino Unido, y en la propia Alemania, que también se han mostrado a favor de restablecer el diálogo con Putin.

Macron dice que Europa tendrá que dialogar con Putin si fracasan las conversaciones de paz de Estados Unidos. Reuters.

Bienvenidas sean estas grietas. Ojalá se ensanchen y se profundicen hasta resquebrajar los cimientos de la Unión Europea y provoquen el derrumbe de ese leviatán burocrático, autoritario y antidemocrático, que nació como un plan de cooperación económica, y que ha mutado en un proyecto geopolítico militarizado, que se confunde con la OTAN, salvo por las excepciones de quienes no tragan con ese enfoque al servicio de intereses ajenos o espurios.

Un proyecto que nació fracasado, desde que abrazó el delirio de las sucesivas administraciones demócratas de infligir una derrota estratégica a la primera potencia nuclear, usando un intermediario. La pretensión de la Unión Europea de convertirse en un actor geopolítico con peso en el mundo multipolar partió de una falsa premisa: que le iba a ir bien convertirse en lacayo de Estados Unidos, abandonando toda autonomía estratégica. La única esperanza que le queda a Europa es que la Unión Europea se disuelva, desaparezca, y los pueblos y naciones que conforman el viejo continente recuperen, o alcancen, su soberanía, su capacidad de decisión.

A la pandilla de mediocres que acaudillan la Unión Europea todo esto de la geopolítica les viene muy grande. Ahora sólo pretenden mantener y controlar unos flujos multimillonarios de efectivo, al margen de cualquier medida de control, hacia el pozo sin fondo en que se ha convertido Ucrania, e intentar arrastrar a Estados Unidos a la guerra que diseñó en Europa para que les resuelva la papeleta frente a Rusia. No parece que Trump esté por la labor de entrar a una confrontación directa con Rusia pero, por el bien de todos, roguemos que no ceda a las presiones de los halcones y nos ahorre la hecatombe.

Europa recurre al belicismo, la censura y el autoritarismo para tapar su desastre estratégico

17 de noviembre de 2025

Las élites europeas pisotean los valores que afirman defender

Desde su inicio, los ideólogos de la guerra contra Rusia en Ucrania enmarcaron su embestida como un conflicto entre las democracias y el autoritarismo, encarnado por el nuevo malvado de turno, Vladímir Putin. Hoy en día, siguen haciéndolo, presentando al gobierno de Kiev como epítome de la defensa de la democracia, a pesar de todos los hechos en contra que lo desmienten: ilegalización de partidos, hipercontrol estatal de los medios de comunicación, y un lodazal de corrupción que apunta al entorno más próximo al propio Zelenski, que sigue aferrado al poder más allá del límite de su mandato, sin convocar elecciones.

Al peón todo se le permite. Para eso está poniendo, literalmente, toda la carne de sus compatriotas en el asador. Aquí empieza la traición de las élites europeas a los valores que afirman defender. Para sostener el relato del conflicto entre las democracias y los regímenes autoritarios, entre los que, aplicando un doble rasero, se añade a conveniencia a China, Corea del Norte o Irán, pero se excluye a las petromonarquías o a exterroristas aupados al poder, como Al Jolani en Siria, las élites europeas deberían velar por que Zelenski guardara medianamente las formas. No es el caso.

Sigue leyendo

Estados Unidos empuja a India hacia China y Rusia, mientras Europa se desmorona

12 de septiembre de 2025

La cumbre de la SCO es una bofetada para Estados Unidos

La foto de Narendra Modi, Xi Jinping y Vladimir Putin, sonrientes en la cumbre de la Organización para la Cooperación de Shanghái (SCO), ilustra el resultado de la histórica política de ordeno y mando de Estados Unidos, a la que Donald Trump le ha inyectado una buena dosis de esteroides y despojado de cualquier vestigio de diplomacia, excepto con los poderosos.

Vladímir Putin, Narendra Modi y Xi Jinping conversan en Tianjin, China. Foto publicada en la cuenta de X de Modi.

La elección de la ciudad de Tianjin como sede de la cumbre de la SCO no es casual. En la segunda mitad del siglo XIX, se convirtió en la ciudad comercial más importante del norte de China, tras ser inaugurada como puerto comercial en 1860, como consecuencia del Tratado de Pekín. Un tratado que el derrotado gobierno de la dinastía Qing se vio obligado a firmar al final de la Segunda Guerra del Opio (1856-1860), cuando Inglaterra impuso por las armas la comercialización del narcótico.

Sigue leyendo

Estación Alaska: última oportunidad de Trump para salir de Ucrania

25 de agosto de 2025

Lo más positivo de la cumbre de Alaska fue que se celebró

La cumbre celebrada en Alaska entre Donald Trump y Vladímir Putin ofrece la última oportunidad para el presidente de Estados Unidos de salir del fracasado proyecto del Partido Demócrata en Ucrania. Fue Trump quien solicitó la reunión, porque le urge llegar a un acuerdo que le permita salvar la cara antes de que el ejército ucraniano termine de colapsar, lo que sucederá más pronto que tarde.

Como ya analicé en este artículo, Putin está colaborando con Trump en la pantomima de presentarse como mediador porque es el primer interesado en que Estados Unidos deje de financiar la contienda, aportar las armas, proporcionar la inteligencia y, según The New York Times, la propia dirección de la guerra, desde una base en Wiesbaden, Alemania. Al enemigo que huye, puente de plata.

Presentarse como mediador en una guerra por intermediación es una artimaña para disfrazar el papel de Estados Unidos como promotor del conflicto. No todos en Moscú están contentos con este nivel de colaboración con un país del que hacen bien en no fiarse. Pero de momento, el gobierno de Putin está funcionando al unísono con esta estrategia.

Sigue leyendo