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Los fracasos de Estados Unidos en Irán y de la OTAN en Ucrania convulsionan el tablero geopolítico

24 de agosto de 2026

Panorama mundial: Irán, Ucrania, Latinoamérica, Europa, Golfo Pérsico, Asia y África

Los intentos de Estados Unidos de mantener una hegemonía que ya sólo existe en la imaginación de algunos se están saldando con derrotas en los dos frentes principales: Irán y Ucrania. En Irán, el anuncio de un “Día D económico” revela la frustración de no poder organizar un desembarco real en la República Islámica para forzar un cambio de régimen, único modo de reabrir el estrecho de Ormuz, que estaba abierto antes de los ataques estadounidenses.

La opción de desplegar tropas sobre el terreno ha sido descartada por el Pentágono, así como la de proseguir con ataques aéreos, dada la escasez de interceptores de defensa antiaérea – sobre la que ha sido advertido Trump – porque dejaría en una situación de vulnerabilidad a Estados Unidos y sus aliados en la región.

La enésima amenaza de Donald Trump se produce después de que fracasara su intento de sobornar a Ahmad Vahidi, el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria Iraní, a través del canal que abrió en mayo Tulsi Gabbard con Massoud Barzani, el líder político de los kurdos iraquíes, siguiendo órdenes del presidente. Trump también intentó el soborno a través de Asim Munir, el jefe del ejército pakistaní, quien le contestó que Islamabad no iba a contribuir a desestabilizar el liderazgo en Teherán.

Trump amenaza a Irán con un “Día D económico” y “tremendas” consecuencias para quienes le apoyan. CNBC.

En Ucrania, la estrategia de desgaste de Rusia está dando resultados: el principal objetivo de la “operación militar especial”, convertida ya en “guerra real”, según Dimitri Peskov, portavoz de Putin, se está cumpliendo: desactivar a Ucrania como herramienta de la OTAN, para evitar futuros ataques desde ese territorio tan próximo. En eso consiste la “desmilitarización”, en destruir el ejército ucraniano, y Moscú lo está consiguiendo, por mucho que Úrsula von der Leyen afirme lo contrario.

Rusia no tiene prisa. Su estrategia parsimoniosa es la adecuada para el cumplimiento de sus objetivos. El reciente bloqueo de Odesa, que ha dejado a Ucrania sin acceso en lo comercial al Mar Negro; el avance en múltiples ejes a lo largo de la línea del frente, que están siendo concienzudamente ignorados por los medios occidentales, y la alarmante carencia de soldados que padece Ucrania– que ha convertido el reclutamiento en una “actividad violenta”, según la BBC – así lo demuestran.  Los lacayos de Estados Unidos, presentes y futuros, deberían tomar nota del destino que les depara su vocación servil.

Desesperado por los reveses militares en Irán y Ucrania, Trump está abriendo otros frentes, en ocasiones con la ayuda de sus fieles lacayos europeos, desde los que apuntalar su hegemonía en declive. En algunos lugares está teniendo éxito. En Latinoamérica, con las notables excepciones de México y Brasil, el resto ha virado hacia el vasallaje. Candidatos derechistas, respaldados por Trump, se han alzado con el poder en Ecuador, Colombia, Honduras, Bolivia, Chile y Perú. En el caso de Argentina, el electorado fue sometido a un chantaje abierto, al condicionar Trump el rescate del país, con un fondo de 40.000 millones, a la victoria de Javier Milei.

Venezuela se resolvió manu militari, para instalar un protectorado, tras el secuestro de su presidente, cuyo paradero se esfumó de los medios. Marco Rubio califica a Cuba de “amenaza para la seguridad nacional”, a pesar de que su PIB, de 12.000 millones de dólares, representa el 0,04% del de Estados Unidos. Washington continúa con el bloqueo económico a la isla – y ya vamos por 60 años – sin que nadie en occidente mueva una pestaña ante tamaño crimen, tan longevo. La exigencia del respeto a los derechos humanos de quienes portan el estandarte de los “valores europeos” es cada vez más selectiva.

En Europa, hemos asistido a un golpe de estado en Rumanía; a un episodio de lawfare en Francia para descabalgar a una candidata presidencial; a una sospechosa victoria en Moldavia de la candidata apadrinada por Bruselas; al ascenso vertiginoso de un desconocido en Hungría, Peter Magyar, que ha montado una “Operación Purgatorio” para impedir la vuelta al poder de Fidesz, el partido de Víktor Orbán, con las bendiciones de Bruselas. Y por último, si consideramos el Cáucaso como territorio europeo, a una revolución de colores en Armenia para aupar a Nikol Pashinian, otro partidario de la agenda geopolítica de Bruselas, que no mira el mapa, ni tampoco pondera con quién mantiene históricamente sus relaciones comerciales.

Todos estos episodios antidemocráticos tienen un nexo común: las víctimas se oponían a la guerra contra Rusia, por más que las élites europeas y sus correas de transmisión mediática nos vendan otro relato, y los colocados como gestores tienen marcada vocación atlantista. La siguiente en nómina es Alemania, como así lo anunció un excomisario de la Unión Europea, advirtiendo que no van a permitir que el partido opuesto a la guerra se haga con el poder. Aunque lo disfrazarán con otros argumentos, más acordes con su agenda.

En el Golfo Pérsico, los aliados tradicionales de Washington se han dado cuenta de que el supuesto paraguas que les vendieron con las bases militares no sólo no les ha protegido, sino que les ha convertido en objetivo de los ataques de quien aspira a convertirse en potencia regional. Irán, por historia, posición geográfica, tamaño, recursos y peso político, tiene todas las cualificaciones para volver a serlo. De ahí los últimos movimientos, que involucran a extraños compañeros de cama, como la petromonarquía saudí, Turquía y Pakistán, para articular una nueva estructura de seguridad, después del fracaso del don de la mafia para protegerles.

En Asia, la visita de Putin a las islas Kuriles, junto a unas pruebas de fogueo con misiles, subrayan la soberanía rusa sobre el archipiélago. Por si se le ocurre a un Japón entregado a Washington abrir un frente en el extremo oriente, al servicio de los intereses del señorito. Fumio Kishida, primer ministro de Japón entre 2021 y 2024, tuvo el cuajo de sermonear sobre la “amenaza nuclear rusa” en repetidas ocasiones, omitiendo el nombre de Estados Unidos durante los memoriales de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. La actual primera ministra, Sanae Takaichi, tampoco fue capaz de mencionar al autor de los bombardeos nucleares en el último aniversario de la masacre.

La primera ministra japonesa vuelve a omitir la responsabilidad de Estados Unidos en su discurso sobre la bomba atómica. Arya News.

En África, las huestes de Francia fueron barridas a escobazos de sus antiguas colonias. En Mali, Burkina Faso, Níger, la República Centroafricana y Chad ya no quedan tropas francesas. Zelenski, deseoso de complacer a Macron, uno de sus más fervientes patrocinadores, se ofreció para tratar de revertir la creciente influencia rusa en la zona. Hasta ahora con escaso éxito: Mali y Niger rompieron relaciones diplomáticas con Kiev, y ECOWAS, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental, que agrupa a doce países, protestó enérgicamente por “cualquier interferencia extranjera”.

El proceso de descolonización real en África ha comenzado, y China y Rusia tienen mucho que ver con esta dinámica, ofreciendo cada una sus especialidades: comercio, infraestructuras, recursos energéticos y seguridad.

El proyecto del Gran Israel choca con Turquía

Capítulo aparte merece el papel de Israel. Después de haber azuzado a Trump hasta conseguir que atacara Irán para, a renglón seguido, desaparecer de la contienda, dejándole empantanado en el estrecho de Ormuz, Netanyahu la ha emprendido ahora contra Turquía, un obstáculo en el proyecto del Gran Israel.

El 20 de agosto, Israel acusó a Turquía de llevar a cabo “maniobras peligrosas” en Siria, mientras Ankara reclamó el fin de los ataques israelíes, que calificó de “temerarios”. El cruce de acusaciones se produjo dos días después de que Israel bombardeara una base aérea en Siria, alegando que las fuerzas turcas se disponían a desplegarse allí.

Israel y Turquía intensifican las advertencias sobre Siria tras el bombardeo de una base aérea. Reuters.

Tras la caída de Bashar al Assad en diciembre de 2024, Israel invadió la zona desmilitarizada colindante con los Altos del Golán, patrullada por la misión UNDOF de Naciones Unidas. Pero fue aún más allá, según muestra la siguiente ilustración.  En 2025, la UNDOF informaba de que Israel ya disponía de 10 bases en la zona, traspasando la línea de demarcación controlada por la UNDOF. Israel adujo que sus tropas permanecerían en la zona para proteger a la entidad sionista de ataques transfronterizos. Tras haber invadido los Altos del Golán en 1967, Israel se está anexionando ilegalmente otro trozo de Siria para seguir avanzando en su proyecto expansionista.  

En amarillo, la zona de Siria ocupada por Israel, a 19 de agosto de 2026. Ilustración: Deutsche Welle.

Como recogí en este artículo del pasado abril, Naftali Bennett afirmó en un encuentro con las comunidades judías en Estados Unidos que “Turquía es el nuevo Irán”. Pues bien, Bennett aspira a alzarse como nuevo primer ministro en las próximas elecciones en Israel, que se celebrarán el 27 de octubre. La consideración de Turquía e Irán como enemigos es transversal en la clase política israelí. Bennett declaró el 15 de junio en una entrevista que sería “la peor pesadilla” de Irán, si se convertía en el próximo primer ministro israelí.

En enero de 2025, ya señalé en este artículo que Israel y Turquía acabarían chocando en Siria. En 2013, Bashar al Assad ya acusaba a ambos países de asociarse para derribarle. Aunque persiguiendo intereses contrapuestos, tanto Erdogan como Netanyahu tenían interés en deshacerse de Bashar al Assad, como así ha ocurrido. Sin embargo, esos intereses contradictorios terminarán estallando. Turquía está interesada en mantener la unidad territorial de Siria, porque teme que una escisión de los kurdos sirios alimente la creación de un estado kurdo. Israel está empeñado en trocear Siria, para quedarse con un buen trozo.

Turquía es miembro de la OTAN y tiene el segundo ejército más numeroso de la alianza militar. Israel tiene un gran peso actualmente en las decisiones de política exterior de Estados Unidos, como demuestra lo ocurrido en Irán. El terreno está abonado para un enfrentamiento entre dos aliados de Washington, en un momento en que cada país está reevaluando su posición en el tablero geopolítico. La resolución de esta crisis en ciernes será otro termómetro con el que medir la capacidad de Estados Unidos para resolver conflictos, prueba del algodón de su supuesta hegemonía.

Estados Unidos arremete contra sus aliados en un momento clave

El declive del imperio y sus vasallos es evidente y el denominado sur global está tomando buena nota de ello. India, la otra gran potencia en ascenso, trata de jugar con dos barajas, pero llegará el momento en que tendrá que elegir. Scott Bessent lo ha dejado claro. El secretario del Tesoro ha manifestado sin ambages que “O estás con nosotros, o contra nosotros”.  Se refería a las sanciones que pretende imponer Estados Unidos a todos aquellos que mantengan relaciones comerciales con Irán. Sin embargo, sus palabras son una declaración de principios, que viene a sintetizar la lucha de Washington por prolongar una hegemonía que se está diluyendo.

Bessent dice a los aliados de EE. UU. “o estás con nosotros o contra nosotros” sobre las sanciones a Irán: “Vamos a colapsar este régimen”. The New York Post.

En el mundo multipolar en el que ya vivimos, los distintos países están reevaluando sus posiciones y su estrategia de cara al futuro. El realineamiento no va a ser inmediato. Va a ser un proceso que tomará años, y que fluirá en una dirección u otra, en cada caso, dependiendo de una serie de factores: la evolución de las guerras en las que está inmerso Estados Unidos; el desempeño del dólar como moneda de reserva; el crecimiento de los BRICS como nuevo polo, y su capacidad para desarrollar un sistema financiero alternativo al que surgió de Bretton Woods, controlado por Washington.

Fundamental también va a ser la resiliencia de cada país frente a la crisis económica que está provocando el cierre del estrecho de Ormuz, que sólo está comenzando. La escasez de energía a nivel global va a suponer un realineamiento de las cadenas de suministro energético, con sus correspondientes consecuencias en los principales corredores de transporte existentes, así como en la creación de alternativas a los cuellos de botella.

En todo este proceso habrá países que le pierdan el miedo a Estados Unidos, y otros que no. Habrá élites que, convenientemente engrasadas, o por vocación, continuarán trabajando para que Washington consiga mantener su hegemonía global, aun a costa de empobrecer a la ciudadanía por cuyos intereses deberían velar, como está ocurriendo en la Unión Europea. Pero habrá otras élites que antepongan el bienestar de su población a intereses particulares, por definición egoístas, lo que provocará cambios en las alianzas internacionales.

Justo en este punto de inflexión que estamos viviendo, a Trump no se le ha ocurrido mejor idea que arremeter contra sus aliados. Frustrado por su incapacidad para salir del atolladero al que le empujó Netanyahu en Irán, a pesar de haber declarado victoria, o estar a punto de alcanzarla, en 32 ocasiones, Trump está descargando su ira contra sus aliados. 

Trump arremete cada vez más contra sus aliados a medida que la victoria en la guerra contra Irán se muestra esquiva. The Washington Post, 20 agosto 2026.

Trump ha amenazado con bombardear Omán y ha impuesto aranceles del 50% a Canadá, que ya ha respondido que responderá de manera simétrica. Trump ha retirado sistemas de defensa aérea de Corea del Sur, y ha anunciado un recorte de las maniobras previstas, para después pasarle una factura de 10.000 millones de dólares a Seúl, multiplicando por diez la contribución de Corea a los gastos de los 28.500 soldados estadounidenses desplegados permanentemente en el país. Todo ello, tras declarar que tiene buenas relaciones con Kim Jong-un, el mandatario de Corea del Norte. 

En una encrucijada en la que muchos países están sopesando hacia qué polo dirigir sus relaciones internacionales, a la vista de las limitaciones evidentes de Estados Unidos para imponer su voluntad urbi et orbi, el inquilino de la Casa Blanca no tiene mejor estrategia que embestir a sus aliados y proferir bravatas.

La amenaza de imponer sanciones a quienes continúen sus relaciones comerciales con Irán fue inmediatamente respondida por China y Rusia. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Lin Jian, subrayó que China “se opone a cualquier sanción unilateral e ilegal sin la autorización de la ONU”. Vasily Nebenzya, el embajador ruso ante la ONU, replicó con desdén que “Hemos visto tantas sanciones y promesas de aislar la economía rusa que no le prestamos demasiada atención”.

Si Estados Unidos es incapaz de prevalecer frente a la República Islámica, si se demuestra impotente para forzar un cambio de régimen e instalar un gobierno títere, e Irán retiene el control del estrecho de Ormuz, Trump saldrá del Golfo Pérsico muy malherido. A la vista de la respuesta de China, que cuenta con numerosas palancas para presionar a Washington, no parece que su estrategia de amenazar a aliados y adversarios vaya a tener éxito.

Irán debe medir su estrategia si desea seguir contando con el apoyo de Rusia y China

Aunque cuenta con el apoyo de Rusia y China, el gobierno de Teherán debería medir su respuesta a las sanciones anunciadas por la Casa Blanca. El jefe del Estado Mayor iraní, el general Ali Abdollahi, advirtió el 21 de agosto que “Las fuerzas armadas de Irán responderán a las nuevas amenazas del enemigo con respuestas aplastantes, punitivas y devastadoras”. El bloqueo iraní del estrecho de Ormuz sirve como herramienta de presión a corto plazo, pero a largo podría ser contraproducente.

El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohsen Rezaee, declaró el 22 de agosto que considerarían enemigos a los países vecinos que participaran en la guerra económica desatada por Estados Unidos, y añadió esta advertencia:  “No buscamos extender la guerra, pero si los países que rodean a Irán se unen a los estadounidenses en la guerra económica, atacaremos sus intereses”.

Irán amenaza a los países vecinos para que no se unan a la «guerra económica» de Estados Unidos. Anadolu Ajansi.

China no es partidaria de las guerras, como demuestra su propia historia de los últimos 40 años, durante los que no ha emprendido ninguna. China es partidaria del comercio, para lo que necesita paz. China también necesita el petróleo que fluía a través del estrecho de Ormuz. China no necesita un Irán desencadenado, que destruya las infraestructuras de los vecinos productores de petróleo.

El mundo tampoco respondería amablemente si Irán provocara la recesión calamitosa que traería un bloqueo prolongado el estrecho de Ormuz. Las simpatías que ahora despierta el gobierno de Teherán en amplios sectores, por su valentía a la hora de enfrentarse a Estados Unidos, se transformarían en lo contrario si un recorte drástico de la oferta de petróleo provocara alta inflación y una crisis alimentaria: los fertilizantes están estrechamente ligados a la industria petrolera.

Antes de lanzarse a destruir la infraestructura petrolera del Golfo Pérsico, el gobierno de Teherán debería tomar nota de los siguientes datos:

La deuda de Estados Unidos ha sobrepasado los 40 billones de dólares. Scott Bessent ha lanzado un programa para recomprar los bonos a 30 años antes de que maduren, con el objetivo de evitar que la rentabilidad de los bonos a 10 años sobrepase el 5%. El 21 de agosto estaba en el 4,73%. El 5% de interés es el umbral a partir del cual se considera que el sistema financiero está sometido a un fuerte estrés: aumenta los costes de endeudamiento para consumidores y empresas, provoca el desplome de las valoraciones bursátiles, dispara el coste de los intereses que han de pagarse por la deuda pública, y puede desestabilizar el sistema bancario.

Scott Bessent está «jugando con fuego». Fortune.

El economista Robin J. Brooks anunciaba que la devaluación del dólar había comenzado, establecía odiosas comparaciones con la trayectoria del yen, y advertía que Bessent estaba “jugando con fuego”. En el fondo, la recompra de deuda pública equivale a que el gobierno de Estados Unidos se preste dinero a sí mismo, dándole a la impresora, lo que necesariamente provoca un incremento de la inflación.

Fortune publicaba que Wall Street duda de que Bessent sea capaz de controlar el mercado de la deuda pública de Estados Unidos, que asciende a 32 billones de dólares, a lo que hay que añadir un déficit fiscal cercano a los dos billones de dólares. Teniendo en cuenta el currículum de Bessent, y sus recientes declaraciones, en las que dijo no comprender por qué el precio del petróleo estaba subiendo, a pesar de haber anunciado las sanciones a Irán, la falta de confianza de Wall Street en Bessent no es de extrañar.

Para seguir gozando del apoyo de Rusia y China, y de las simpatías del sur global, cabría aconsejar al gobierno de Teherán que sea cauto en su respuesta y que, preferiblemente, se siente a la puerta de su casa a esperar que pase el cadáver de su enemigo. Porque Donald Trump ha metido a Estados Unidos en una cazuela, donde se está cociendo en su propia salsa.

La Unión Europea alista a Moldavia y Armenia en su guerra contra Rusia

23 de junio de 2026

La estrategia europea para conseguir nuevos peones en su lucha contra Rusia

Tras fracasar en la operación de cambio de régimen en Georgia en 2024, sobre la que escribí en este artículo, las élites de Bruselas están redoblando sus esfuerzos por asegurarse el control de Moldavia y Armenia, a las que considera piezas necesarias en su estrategia de guerra contra Rusia. La posición geográfica de ambos países es muy golosa.

Los movimientos que la Unión Europea está desplegando en Moldavia y Armenia están muy claros: se trata de alistarlos en la estrategia de Bruselas de rodear a Rusia por todos los flancos posibles. Tras la expansión de la OTAN hasta las mismas fronteras de la Federación Rusa, el bloque occidental trata de asegurarse el control de la mayor cantidad posible de territorio a su alrededor, colocando gestores que profesen obediencia a los dictados de Bruselas.

Mapas de Moldavia y el Cáucaso.

En ambos casos, la Unión Europea está ofreciendo el señuelo de la incorporación a la organización como herramienta para que las élites moldavas y armenias convenzan a la población de que la pertenencia al club europeo resultará beneficiosa. Nada más lejos de la realidad.

El objetivo de Bruselas es el de fabricar nuevos peones para sacrificar en su guerra contra Rusia. La ciudadanía de Moldavia y de Armenia debería mirarse en el espejo de lo que le ha ocurrido a la ucraniana. Porque ese es el futuro que les espera: convertirse en carne de cañón, si finalmente las élites europeas no se conforman con agitar el fantasma de la amenaza rusa, para seguir alimentando los opacos flujos de dinero que ahora manejan, y nos embarcan de verdad en una guerra contra la primera potencia nuclear del mundo. Porque los hay tan zumbados que se creen su propia propaganda.

Estamos listos para luchar contra Rusia esta noche, promete el jefe de la fuerza aérea alemana. The Telegraph, 15 junio 2026.

Ucrania es ya un estado fallido, que sobrevive gracias a los miles de millones que las élites europeas sacan de nuestros bolsillos para entregárselos a su contraparte, igualmente corrupta, en Kiev. Estados Unidos se limita ya prácticamente a hacer negocio vendiendo armas a los pagafantas europeos, que luego las transfieren a Ucrania. El país ha perdido la mitad de su población desde su independencia, en 1991. Este es un cálculo aproximado, basado en distintas estimaciones, ya que en Ucrania no se efectúa un censo desde 2001. ¿Será que las autoridades le tienen miedo al resultado?

En el caso de Moldavia, su frontera con Ucrania le convierte en una zona de amortiguación, susceptible de quitarse el chándal y saltar al terreno de juego. Para eso las élites europeas han colocado a Maia Sandu al frente del país, con el voto de la diáspora, gracias al cual la candidata preferida de Bruselas se hizo con la presidencia. Ucrania se está quedando sin hombres a los que enviar al frente, por mucho que los reclutadores se esfuercen en secuestrar a los pocos que se atreven a salir a las calles. La contestación ciudadana a los intentos de abducción va en aumento. Hace falta banquillo.

Por eso en Ucrania ha saltado, de manera nada casual, el debate sobre la conveniencia, o necesidad, de reclutar mujeres para enviar al frente. Un debate acompañado de una campaña propagandística gubernamental, con proliferación de cartelería y apelaciones al patriotismo, desplegada en zonas ruso-parlantes, especialmente en la región de Járkov.

La escasez de tropas en Ucrania reabre el debate sobre el reclutamiento de mujeres. El País, versión en inglés, 29 mayo 2026.

Veteranka, un movimiento de mujeres veteranas, ha diseñado la campaña «¡Las mujeres pueden hacer cualquier cosa!» La operación de propaganda fue lanzada el pasado 8 de marzo en Ucrania, con carteles donde se representa a las mujeres en uniforme militar, equiparándolas a superheroínas, al estilo de los cómics. Una portavoz de Veteranka aseguraba que “Esta campaña nos recuerda que la participación de las mujeres en el ejército no es una excepción, sino la nueva normalidad multifacética.» Las cifras oficiales del Ministerio de Defensa le dan la razón. En 2025, había más de 70.000 mujeres sirviendo en las fuerzas armadas de Ucrania, y más de 5.500 de ellas en la línea del frente.

Poster de la campaña para incentivar el alistamiento de mujeres en Ucrania. Ilustración: Ukrainska Pravda, 7 marzo 2026.

Moldavia tiene fronteras con Ucrania, con el único obstáculo de la región de Transnistria, una franja independiente de facto, donde hay destacado un contingente militar ruso. En febrero de 2023 ya analicé en este artículo la importancia estratégica del país, y el perfil de su presidenta, Maia Sandu. Con pasaporte rumano, educada en Harvard y partidaria de entrar en la OTAN, la Unión Europea concedió al país que preside Sandu el estatus de candidato a la adhesión en 2022. El mismo año en el que tropas rusas se adentraron en Ucrania.

Aupada al poder con los votos de la diáspora, Maia Sandu achaca todos los problemas de su país a la perniciosa influencia rusa. En diciembre de 2022, Moldavia suspendió las licencias de transmisión a seis canales que emitían en ruso, por considerar que no proporcionaban una cobertura lo suficientemente correcta sobre las protestas que tenían lugar en el país. El partido Shor, tildado de “prorruso”, fue ilegalizado en 2023, basándose en informes del gobierno de Estados Unidos. Moldavia ha adoptado el mismo patrón que Ucrania, baluarte de la democracia, en relación con la supresión de medios de comunicación y la ilegalización de partidos.

El 15 de junio, el Consejo Europeo anunciaba un hito en el proceso para la integración de Moldavia en la Unión Europea: arrancaban las negociaciones del primer “clúster” – que incluye los denominados “fundamentales” – en la jerga de Bruselas. El procedimiento se compone de seis “clústeres”, por lo que el caramelo del ingreso se va a hacer de rogar. La primera Conferencia de Acceso entre la UE y Moldavia se celebró hace ahora dos años.

Occidente trata de controlar el Cáucaso desde los años 90

El Cáucaso ha sido una región en el punto de mira de occidente desde los años 90 del siglo pasado. Debemos recordar los movimientos separatistas en Chechenia, que comenzaron a mediados de esa década, y se reprodujeron hasta entrado el presente siglo. Ambos estallidos fueron neutralizados por Rusia con gran esfuerzo. Tras dos largas guerras, Moscú consiguió atajar los intentos de occidente de colocar otro peón en el Cáucaso, sin que los europeos condenaran los atentados terroristas a los que recurrieron los separatistas. Los tan cacareados “valores europeos” se meten en un cajón cuando de lo que se trata es de desestabilizar a Rusia.

Tras fracasar en Chechenia, occidente colocó a Mijaíl Saakashvili como presidente de Georgia tras una revolución de colores. Sin embargo, la operación tampoco obtuvo resultados para sus promotores, a pesar de que el candidato, formado en Estados Unidos, presidió el país en dos ocasiones. Saakashvili acabó en una cárcel, años después del fracaso de la temeraria operación lanzada contra Osetia del Sur en 2008, con la pretensión de recuperar el control del territorio secesionista, que se había independizado de facto hacía 16 años.

La respuesta rusa fue en esta ocasión rápida y contundente: tardó escasos días en derrotar al ejército georgiano, que había sido entrenado y armado por Estados Unidos e Israel. Abjasia y Osetia del Sur siguen gozando de una independencia de facto, reconocida por Moscú. Osetia del Norte forma parte de la Federación Rusa.

En 2024 y en 2025, las élites europeas trataron de forzar otro cambio de régimen en Georgia. El partido en el poder, Sueño Georgiano, se mantuvo firme frente a las turbas violentas que trataban de asaltar el parlamento, enfundados en banderas de la UE. Unos “manifestantes pacíficos”, según el CSO Meter, un proyecto financiado por la Unión Europea, junto a Ucrania, Moldavia y Armenia. ¡Qué casualidad!

El CSO Meter es el clásico ejemplo de los gabinetes confeccionados a medida de la agenda de sus promotores.

El CSO Meter es un instrumento “para el seguimiento del entorno en el que operan las organizaciones de la sociedad civil (OSC) en los países de la Asociación Oriental”, según leemos en su sitio web. Los pacíficos manifestantes georgianos, además de usar cañones pirotécnicos contra la policía y portar banderas de la Unión Europea, también exhibían la de Ucrania. Sus pancartas estaban escritas en inglés, para que las entendiera todo el mundo.

La revolución de terciopelo dirige a Armenia hacia la UE y la OTAN

En octubre de 2023 escribí un artículo donde advertía del giro hacia las organizaciones occidentales que estaba imprimiendo Nikol Pashinian a Armenia. Encumbrado como presidente tras la denominada revolución de terciopelo en 2018, Pashinian se apresuró a declarar sus intenciones de reforzar la cooperación de Armenia con Estados Unidos y la Unión Europea.

El 1 de abril de 2026, Nikol Pashinian se reunió con Vladimir Putin en Moscú, junto a nutridas delegaciones de ambos países. El resumen del encuentro publicado por el Kremlin podría sintetizarse con un dicho ruso: no puedes sentarte en dos sillas a la vez. Putin advirtió a Pashinian que la pertenencia simultánea a una unión aduanera con la Unión Europea y la Unión Económica Euroasiática es económicamente inviable, debido a las diferencias en las normas comerciales, el acceso a los mercados y los requisitos fitosanitarios para los productos agrícolas.

Además, Putin le recordó a Pashinian que Rusia le vende el gas a Armenia a un precio muy inferior al que cotiza en los mercados europeos, donde alcanza los 600 dólares por 1.000 metros cúbicos, frente a los 177,5 que paga Armenia. Pashinian reconoció en el Kremlin que la pertenencia simultánea a los dos bloques es incompatible, pero insistió en que, por el momento, su agenda era compatible con ambos y que, hasta tanto fuera posible compatibilizarlas, lo haría. Llegado el momento de tener que tomar una decisión, aseguró que sería la ciudadanía de Armenia la que se pronunciaría. 

En enero de 2026, Lavrov ya lanzaba un mensaje a Pashinian: desde que Armenia se incorporó a la Unión Económica Euroasiática, su PIB se ha más que duplicado, pasando de 10.500 millones de dólares en 2015 a 26.000 millones en 2025.

El volumen de comercio de Armenia con Rusia alcanza la cifra récord de 14.000 millones de dólares, según Lavrov. Arka News Agency.

En cuanto a las críticas de Pashinian por la actitud displicente de Rusia con relación al conflicto con Azerbaiyán en Nagorno Karabaj, un tema que analicé en octubre de 2023, Putin le recordó a Pashinian que, después de que Armenia reconociera a ese territorio como parte de Azerbaiyán, dejó de tener sentido que la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva, a la que pertenece Armenia, interviniera en un tema que pasó a considerarse un asunto interno de Azerbaiyán.

Parafraseando a Putin, en este caso cabría decir que, al igual que los rusos no podían ser más sirios que los sirios – cuando el ejército de Bashar al Assad no movió un dedo ante la ofensiva de Al Jolani -, tampoco pueden ser más armenios que los propios armenios. ¿Acaso esperaba Pashinian que Rusia fuera a la guerra contra Azerbaiyán para recuperar para Armenia un territorio que había cedido?

Teniendo en cuenta quiénes son sus mentores occidentales, es normal que Pashinian tenga tics cada vez más autoritarios: es lo que mama en Bruselas. Las últimas elecciones parlamentarias celebradas en Armenia han provocado una crisis política por la actitud rufianesca de Pashinian, que amenazó con “aplastar en sus guaridas” a sus opositores políticos, y asegurar que les perseguiría para encerrarles mientras él fuera presidente, tras acusarles de representar una amenaza para la seguridad nacional. El argumento nos suena, ¿verdad?

Las elecciones parlamentarias agravan la crisis política de Armenia. Armenian Weekly.

Durante la campaña electoral, Pashinian se encaraba con la ciudadanía que le increpaba por la calle y, tras hacerse públicos los resultados, terminó retando a la población con estas palabras: “Quienes no estén de acuerdo con esta postura deberían hacer una revolución y cambiar el gobierno.” La oposición en bloque cuestionó los resultados electorales en un comunicado conjunto, donde denunciaron “violaciones sistemáticas y organizadas, que tuvieron un impacto significativo en la libre expresión de la voluntad de los votantes”.

A tres de los principales líderes opositores se les impidió cruzar las fronteras del país; la Comisión Electoral Central autorizó a la fiscalía para iniciar una querella contra Robert Kocharyan, líder del partido Alianza Armenia; la cuarta fuerza política del país se quedó fuera del parlamento por un 0,011% de los votos; y el partido de Pashinian prepara nueva legislación para restringir el derecho de voto a los ciudadanos que pasen menos de 183 días en el país. Bajo el liderazgo de Pashinian, los valores europeos están en plena efervescencia.

El 4 de mayo, un mes antes de celebrarse las cuestionadas elecciones legislativas en Armenia, Nikol Pashinian recibía un espaldarazo de Bruselas. En Ereván, la capital armenia, se celebró la primera cumbre entre la Unión Europea y Armenia.

La UE y Armenia firman un acuerdo de colaboración en materia de conectividad, refuerzan los lazos económicos y profundizan la cooperación en materia de seguridad. EU Neighbours East.

Con la asistencia de los pesos pesados de Bruselas, y casi cuarenta jefes de estado o de gobierno, la presidenta de la Comisión dejó bien claro el propósito de la cumbre: “Esta primera Cumbre UE-Armenia eleva nuestra asociación a un nuevo nivel y establece una dirección y una agenda claras para los próximos años”. El comunicado conjunto publicado tras la cumbre recoge la iniciativa legislativa armenia, lanzada en 2025, para formar parte de la Unión Europea.

Una semana después de la cuestionada victoria del partido de Nikol Pashinian en las elecciones del 7 de junio, Rusia restringía las importaciones de la mayoría de los productos alimenticios, semillas, flores, madera y fertilizantes, que se añadían a las ya suspendidas en mayo de frutas, hortalizas, agua mineral y bebidas alcohólicas, alegando motivos fitosanitarios.

Serguéi Shoigú criticó en mayo las acciones «claramente hostiles» de Ereván hacia Moscú. En concreto, el secretario del Consejo de Seguridad ruso reprochó el protagonismo otorgado por Armenia a Zelenski en la cumbre de la Comunidad Política Europea celebrada en Ereván. Igualmente, expresó su descontento con la adhesión de Armenia a la Corte Penal Internacional, que ha emitido una orden de arresto contra Vladímir Putin. Shoigú también denunció la extradición de ciudadanos rusos a terceros países y el “empeoramiento deliberado de las condiciones de funcionamiento para los operadores económicos rusos”. 

¿Será capaz la Unión Europea de absorber la producción agrícola de Armenia y sustituir a Rusia como primer socio comercial de un país situado en el Cáucaso, con unas relaciones históricas y comerciales con Rusia que se remontan a siglos? En Rusia actualmente viven aproximadamente dos millones de ciudadanos armenios, según le recordó Putin a Pashinian en el Kremlin. Los lazos de la historia, la geografía y el comercio no se alteran de la noche a la mañana…

Estados Unidos también pone su pica en Armenia

El 26 de mayo, menos de dos semanas antes de las elecciones, Marco Rubio hizo una visita relámpago a Armenia: estuvo una hora en el país. Ni siquiera salió del aeropuerto, donde se reunió con el ministro de Asuntos Exteriores armenio, Ararat Mirzoyan. En el encuentro, ambos ministros firmaron la renovación de una “Carta sobre la Asociación Integral y Estratégica” entre Estados Unidos y Armenia, y un memorando de entendimiento sobre minerales críticos.

Sin embargo, los documentos no incluían nada que se pudiera considerar novedoso, y la foto de Marco Rubio firmando papeles junto a su homólogo armenio hay que entenderla como lo que fue: el respaldo de Estados Unidos a Nikol Pashinian, en vísperas de elecciones.

La visita de Rubio a Armenia da un impulso a Pashinian. Eurasianet.com

Dentro de la estrategia de “contener” a Rusia, compartida por Estados Unidos y la Unión Europea, hay que enmarcar el TRIPP, Trump Route for International Peace and Prosperity. Detrás del habitual lenguaje grandilocuente nos encontramos con otra iniciativa más del imperio para extender su hegemonía, esta vez en el Cáucaso.

En agosto de 2025, Trump reunió en Washington a los presidentes de Armenia y Azerbaiyán, donde ambos firmaron una declaración conjunta en la que se comprometían a reconocerse mutuamente la integridad territorial, tras el último episodio conflictivo en torno al enclave de Nagorno Karabaj. Sin embargo, lo más trascendente fue que ambos presidentes respaldaron el TRIPP, el proyecto para crear un corredor de transporte que será desarrollado y gestionado por una empresa controlada al 74% por Estados Unidos durante 49 años, ampliables 50 más.

Trazado propuesto para el TRIPP, que enlazaría Azerbaiyán con el enclave azerí de Najicheván. Ilustración: Carnegie Endowment for International Peace.

El TRIPP eliminó las disposiciones sobre conectividad establecidas para un trazado anteriormente auspiciado por Rusia, en una declaración trilateral de noviembre de 2020, firmada por Aliyev, Pashinian y el presidente ruso Vladimir Putin. Unas condiciones que fueron cuestionadas posteriormente por el presidente de Armenia, después de haberlas admitido, ya que asignaban el papel de supervisión a los guardias fronterizos del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB).

En el caso de materializarse, el nuevo plan otorga a Washington derechos exclusivos sobre la ruta, que proporcionaría a Azerbaiyán una conexión directa con Turquía, y excluiría a Rusia de un proyecto de importancia estratégica. Armenia retendría la jurisdicción sobre los 43 kilómetros del trazado, pero Azerbaiyán tendría “acceso sin obstáculos” al corredor, que las partes firmantes esperan completar en 2028.

El TRIPP aborda el aislamiento de Najicheván, definido en 1921 en sendos tratados como un enclave de Azerbaiyán. Con la caída de la Unión Soviética en 1991 y la guerra de Azerbaiyán con Armenia, se cortaron las rutas de transporte entre ambas zonas. Tras 35 años, reconectar este territorio sigue siendo la prioridad política azerbaiyana. Estados Unidos ha aprovechado la coyuntura para poner su pica en el Cáucaso. Un análisis detallado del TRIPP, las dificultades para su materialización y sus repercusiones geopolíticas puede encontrarse aquí.

La advertencia de Rusia a los candidatos a peones de occidente 

El 11 de junio, Fiodor Lukianov publicaba un artículo en RT que viene a advertir de la encrucijada en la que se encuentran los aspirantes a seguir los pasos de Ucrania. Lukianov es redactor jefe de Russia in Global Affairs, presidente del Presídium del Consejo de Política Exterior y de Defensa, y director de investigación del Club Internacional de Debate Valdai. Teniendo en cuenta el boicot occidental a la versión rusa de los hechos, me parece conveniente difundirla, para poder tener una visión más completa de lo que está en juego.

El título del artículo resume a la perfección la disyuntiva a la que se enfrentan quienes se están dejando cortejar por occidente: “El sueño de Eurasia de pertenecer a la UE ahora tiene un precio antirruso”. Lukianov considera que Armenia sí conoce las posibles consecuencias de alejarse de Moscú, pero no tiene una oferta real y concreta de adhesión a la Unión Europea.

Por el momento, la UE ha ofrecido palabras y un total de 270 millones de euros a Armenia, a lo largo de cuatro años, en un programa para fomentar su “resiliencia y crecimiento económico”. A esta cifra hay que sumar 30 millones, ya desembolsados, para atender a los refugiados expulsados de Nagorno Karabaj, tras el vuelco de Pashinian sobre la soberanía del territorio. Auténticas migajas en comparación con las cifras de intercambio comercial con Rusia, pero suficientes si de lo que se trata es de engrasar a las élites de un país de apenas tres millones de habitantes.

La UE anuncia un nuevo paquete de 270 millones para la resiliencia y el crecimiento de Armenia. EU Neighbours East.

Lukianov argumenta que, en lo que respecta a su proyección internacional, la Unión Europea sigue viviendo de las rentas de su anterior imagen histórica de prosperidad, estabilidad y protección social. Sin embargo, esa imagen ya no se corresponde con la realidad actual, debido a sus problemas internos y al nuevo contexto geopolítico.

La Unión Europea pretende redefinir su perfil en la arena internacional a través de su confrontación con Rusia.  Por lo tanto, acercarse a la órbita de Bruselas implica hoy asumir una postura claramente contraria a Moscú. Lukianov sostiene que los países euroasiáticos deben preguntarse si el “camino europeo” que imaginan aún existe realmente, y si comprenden los costes políticos y geopolíticos que podría conllevar perseguirlo.

Dicho con un lenguaje menos diplomático, la ciudadanía de los países que están siendo seducidos por Bruselas con el señuelo de una prosperidad que ya no existe, deberían sopesar si desean acabar en la ruina, además de convertirse en la nueva carne de cañón del proyecto belicista europeo contra Rusia, una vez agotados los recursos humanos en Ucrania. Porque esa es la única prosperidad que les espera, si se tragan el señuelo que Bruselas les está lanzando. Si sus élites insisten en arrastrarles por el camino de la perdición, deberían hacerle caso a Pashinian, montar una revolución, y forzar un cambio de rumbo, antes de que sea demasiado tarde.

Los ataques de Estados Unidos a Venezuela e Irán liberan a Rusia de la presión de China sobre Ucrania

29 de mayo de 2026

China afloja la presión sobre Rusia tras el viaje de Trump a Pekín

La intervención armada de Estados Unidos en Venezuela y la guerra desatada contra Irán, proveedores ambos de petróleo a China, ha evidenciado que el objetivo de la Casa Blanca sigue siendo el mismo, independientemente del inquilino de turno: debilitar a China. Trump dejó Pekín con poco más que buenas palabras en el bolsillo, mientras que Putin y Xi Jinping firmaron más de 40 acuerdos, en todo tipo de esferas, durante la última reunión del presidente ruso con el chino en Pekín.

La política exterior de Estados Unidos ha conseguido desgajar a Europa de su vecino oriental, pero está logrando que Rusia y China profundicen su relación estratégica, contribuyendo a consolidar un formidable bloque euroasiático, económicamente complementario, y masivo geográficamente.

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En Irán se disputa la hegemonía mundial

12 de mayo de 2026

El objetivo de los ataques de Estados Unidos a Venezuela e Irán también es China

Los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán responden a objetivos sólo parcialmente coincidentes. En el artículo anterior me centré en los intereses de Israel en la región, y en cómo Netanyahu consiguió empujar a Donald Trump a un conflicto del que ahora el presidente de Estados Unidos no sabe cómo salir, sin perder la cara. La última parte del artículo se centraba en el tema que voy a desarrollar ahora: la lucha por la hegemonía mundial, que se está disputando en Irán.

El motor de la geopolítica es la lucha por el control de los recursos, especialmente los energéticos. Sin energía, nada se mueve, y el precio de la energía determina la viabilidad de las empresas y, por ende, de los estados que las albergan. El ejemplo lo tenemos aquí mismo, en Europa: la desindustrialización de Alemania se debe al encarecimiento de la energía, desde que los lumbreras de Bruselas decidieron prescindir del gas procedente de Rusia, para sustituirlo por el mucho más caro de otros proveedores. Singularmente, de Estados Unidos, que se ha convertido en el primero de la Unión Europea.

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Netanyahu quiere controlar el petróleo y el gas del Golfo Pérsico y expandir Israel

15 de abril de 2026

Netanyahu propone tuberías para traer el petróleo y el gas hasta los puertos de Israel

El 4 de abril, Benjamín Netanyahu propuso la construcción de tuberías que trajeran el petróleo y el gas desde el Golfo Pérsico hasta los puertos de Israel en el Mediterráneo. Los gasoductos y oleoductos partirían desde los lugares de producción en Catar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, atravesarían este último país y después Jordania, para desembocar en Israel. Esgrimiendo la coartada de evitar el estrecho de Ormuz, si los planes del genocida se materializan, la entidad sionista se haría con la llave del grifo de los ingentes recursos energéticos de gran parte de la región, sin ser su propietario.

El carnicero de Gaza afirmó que “Las soluciones a largo plazo incluyen desviar los oleoductos hacia el oeste… evitando el punto de estrangulamiento geográfico de Irán”. Desde el Atlantic Council, un reducto de los neoconservadores, se apresuraron a bendecir la idea de Netanyahu. Maisoon Kafafy, asesora del gabinete de ideas financiado entre otros por el gobierno de Estados Unidos, fabricantes de armas y la OTAN, declaró al Financial Times que «Percibo un cambio de las hipótesis a la realidad operativa. Todos están viendo el mismo panorama y llegando a las mismas conclusiones».

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