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Estados Unidos mueve sus peones frente al ascenso de China

24 de mayo de 2023

China adelanta a Estados Unidos en la investigación de 37 de las 44 tecnologías críticas y emergentes analizadas en un reciente trabajo de ASPI, Australian Strategic Policy Institute, un gabinete de estudios australiano, que recibe financiación estadounidense. Defensa, espacio, biotecnología, energía, motores de aviación, drones, baterías eléctricas… China es líder en todos estos ámbitos. En algunos campos, los diez institutos de investigación más avanzados son chinos y, colectivamente, generan nueve veces más estudios de alto impacto que el siguiente competidor, Estados Unidos.  «Las democracias occidentales están perdiendo la competencia tecnológica mundial, incluida la carrera por los avances científicos y de investigación», asevera el informe.

Tecnología, país líder y riesgo de monopolio. Ilustración de ASPI.

Adicionalmente, China ya es el número uno del mundo en las siguientes categorías:

  • PIB medido en PPA (paridad de poder adquisitivo).
  • Fabricación
  • Exportaciones
  • Reservas de divisas
  • Sistema bancario
  • Tamaño de la clase media
  • Fabricación/venta de vehículos eléctricos
  • Capacidad de energía solar y eólica
  • Patentes
  • Artículos científicos – cantidad y calidad
  • Empresas en el listado Fortune 500
  • Tamaño del mercado de comercio electrónico
  • Producción de acero, cemento, aluminio y electricidad
  • Fabricación de media y alta tecnología
  • Cuota de mercado mundial de smartphones, drones, electrodomésticos
  • Tren de alta velocidad y autovías
  • Rascacielos
  • Puertos marítimos de contenedores más concurridos
  • Autopistas (longitud)
  • Sistema de metro (longitud)
  • Top 10% de las personas más ricas del mundo
  • Graduados y doctorados en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés).
  • Las mejores universidades de ingeniería e informática
  • Gasto PPA en I+D
  • Supercomputadoras (en la lista Top 500)
  • Minerales de tierras raras: minería y refinación
  • Marina más grande (en número de barcos)
  • Robots industriales
  • Mercado de lujo
  • Gasto de sus turistas internacionales
  • Usuarios 5G y estaciones base
  • Número de OPA y multimillonarios — número 1 ó 2, según el año y los informes.
  • Número de puestos diplomáticos en todo el mundo
  • Mayor financiador de proyectos de infraestructura en todo el mundo (Nueva Ruta de la Seda).

Recientemente, China también se ha aupado a lo más alto del podio en la exportación de automóviles, destronando de la primera posición a Japón. China exportó 1,07 millones de vehículos en el primer trimestre de este año, con un aumento del 58,3% sobre el mismo periodo del año anterior. En 2022, China ya había desbancado a Alemania de la segunda posición. En lo que va de 2023, los automóviles chinos ya copan la primera posición en el mercado doméstico, desplazando a los extranjeros.

Los fabricantes chinos de automóviles superan en ventas a los rivales extranjeros. Ilustración: Financial Times.

¿Cómo está respondiendo Estados Unidos a este adelantamiento económico por parte de su principal rival geopolítico? Además de intentar ahogar el desarrollo tecnológico de China, como analicé en un artículo anterior, la otra respuesta está siendo la militar, la especialidad de la casa. En septiembre de 2021, el gobierno de Joe Biden anunciaba la creación de AUKUS – las iniciales en inglés de Australia, United Kingdom y United States – presentado como un “acuerdo trilateral de seguridad”. La primera iniciativa de la alianza era la adquisición, por parte de Australia, de submarinos de propulsión nuclear. Los tres primeros sumergibles serán comprados a Estados Unidos, tras cancelar el gobierno australiano un contrato de 56.000 millones de euros que tenía con la empresa francesa Naval Group, lo que provocó la ira de Francia: calificó la decisión de “puñalada por la espalda”. AUKUS prevé, en el futuro, la construcción de una nueva generación de submarinos en el Reino Unido, usando tecnología fundamentalmente estadounidense y británica.

La segunda iniciativa de AUKUS pretende “mejorar las capacidades conjuntas y la interoperabilidad, centrándose en las capacidades cibernéticas, la inteligencia artificial, las tecnologías cuánticas y las capacidades submarinas adicionales”, según leemos en el sitio web del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Los próximos pasos de AUKUS podrían incluir el estacionamiento en Australia de bombarderos estratégicos estadounidenses, con capacidades nucleares, según leemos en el blog de RAND Corporation, una consultora de geopolítica que elabora estudios para el gobierno de Estados Unidos.

El secretario de Defensa australiano, Richard Marles, matizaba esta segunda iniciativa de AUKUS: el ejército australiano se está moviendo «más allá de la interoperabilidad a la intercambiabilidad» con el de los Estados Unidos, para que puedan «operar juntos sin problemas, a gran velocidad», según informa la periodista australiana Caitlin Johnstone.

El gobierno de Australia acaba de publicar su Revisión de Defensa Estratégica Nacional de 2023. Resulta llamativo quiénes son los responsables de su diseño e implementación:

  • El asesor senior y principal autor del documento es Peter Dean, el Director de Política Exterior y Defensa en el United States Studies Centre (USSC) de la Universidad de Sidney, que recibe financiación del gobierno de Estados Unidos. El autor presume en su currículum de dirigir dos programas financiados por el Departamento de Estado.
  • El encargado de implementar la revisión en lo tocante al tamaño y la composición de la flota australiana será un estadounidense, el vicealmirante William H. Hilarides.

La revisión declara que “Nuestra alianza con los Estados Unidos seguirá siendo fundamental para la seguridad y la estrategia de Australia (…). Estados Unidos será aún más importante en las próximas décadas. La defensa debe buscar una mayor cooperación científica, tecnológica e industrial avanzada en la Alianza, así como un mayor posicionamiento de la fuerza de rotación de los Estados Unidos en Australia, incluso con submarinos». El documento menciona a China ocho veces, y a Estados Unidos, treinta y ocho.

Por si todo esto no demostrara bien a las claras la sumisión de Australia a los intereses geopolíticos de Estados Unidos, en febrero de este año un grupo de senadores australianos preguntó al gobierno si los bombarderos estratégicos estadounidenses, que frecuentemente vuelan sobre Australia, portaban bombas atómicas o no. La sorprendente respuesta del ministro de Defensa, avalada por la de Asuntos Exteriores, fue que la administración australiana “comprende y respeta” la posición del gobierno de Washington en relación con el armamento nuclear: ni confirmar ni desmentir si sus aviones van provistos de tales armas. Es decir, que los representantes de la ciudadanía, emanados de unas elecciones, no tienen derecho a saber si les sobrevuelan bombas atómicas. Democracia occidental en estado puro. 

Una vez que cuenta con la sumisión de Australia, el objetivo de Estados Unidos es aumentar la presencia militar con la que ya cuenta en Asia, merced a sus bases y a los contingentes de tropas que tiene estacionados masivamente en Japón y Corea del Sur. Unas tropas a las que cabe calificar de ocupación, vistos sus números.

En Japón, según el sitio web gubernamental US Forces Japan, hay estacionados permanentemente 54.000 militares, con sus respectivos familiares y dependientes, que suman 45.000 personas. A lo que hay que añadir 8.000 contratistas civiles y militares, a los que prestan servicio 25.000 trabajadores japoneses, en las 23 bases estadounidenses. En Corea del Sur, según el Departamento de Defensa, el número de militares estadounidenses estacionado de manera constante en sus 15 bases asciende a 24.500.

Los gobiernos de ambos países asiáticos están basculando todavía más hacia los postulados estadounidenses. El primer ministro de Japón, Fumio Kishida, y el presidente de Corea del Sur, Yoon Suk-yeol, asistieron a la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid. Delegaciones de Australia y Nueva Zelanda también participaron en el evento.

Que la OTAN tiene vocación de expandirse a lo largo y ancho del globo no es ningún secreto. John Bolton, ex asesor de seguridad nacional, declaraba recientemente que la OTAN debía invitar a Japón, Australia, e Israel a unirse a la organización. Lizz Truss, que fue ministra de Asuntos Exteriores y efímera primera ministra del Reino Unido, planteaba que la OTAN no debía limitarse a sus áreas tradicionales, sino que debía adoptar un papel más activo en el “Indo-Pacífico”. Incluso llegó a sugerir que la OTAN debería tener un papel en el futuro de Taiwán. Lo del Atlántico Norte se les está quedando corto a quienes mueven los hilos de la organización, y están trabajando en su expansión hacia Asia: el gobierno de Japón está en conversaciones con la OTAN para que la alianza abra una oficina de enlace en Tokio. ¿La excusa? Que la guerra de Ucrania ha convertido el mundo en un sitio menos estable, según el ministro japonés de Asuntos Exteriores.

En Japón no se han parado a pensar que ha sido precisamente la expansión de la OTAN hacia el este una de las causas fundamentales que ha desencadenado la invasión rusa de Ucrania, como he analizado en anteriores artículos de este blog. Después de haber asumido la humillación que supone haber celebrado la cumbre del G7 en Hiroshima, una de las dos ciudades que sufrieron los ataques nucleares de Estados Unidos, poco resta que decir acerca del nivel de sumisión a Washington por parte del gobierno japonés. Añadamos a esta humillación la predisposición del presidente japonés a aceptar el despliegue de misiles de alcance medio estadounidenses, que podrían alcanzar la costa oriental china, según leemos en este recomendable artículo.  Los vasallos asiáticos de Estados Unidos están aceptando su agenda militarista para la región, que pasa por usar a Taiwán como la nueva Ucrania en el enfrentamiento contra China que ya tienen diseñado en la Casa Blanca. ¿Dónde ha quedado el honor de los samuráis?

El presidente de Corea del Sur tampoco se queda atrás en la búsqueda de la protección de Washington frente a China y, sobre todo, su vecino del norte. La jugada de Yoon Suk-yeol consistió en amagar primero con desarrollar un programa con el objetivo de hacerse con armas atómicas, para luego recular a cambio del compromiso de Estados Unidos de desplegar periódicamente submarinos provistos de armamento nuclear en Corea del Sur, junto a otros activos estratégicos, que incluyen bombarderos capaces de tirar bombas atómicas. Además, Washington se compromete a involucrar a Seúl en el planeamiento de las operaciones nucleares estadounidenses, a través de la creación de un Grupo Consultivo Nuclear. Tal acuerdo se alcanzó en la visita de Yoon Suk-yeol a la Casa Blanca, a finales de abril, plasmado en la denominada “Declaración de Washington”.  

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, viajó a Corea del Sur el 30 de enero para reunirse con su presidente, Yoon Suk-yeol. ¿Corea se ha mudado al Atlántico Norte? Foto: OTAN.

Días antes de viajar a Estados Unidos, el presidente de Corea del Sur abrió la puerta a la posibilidad de enviar munición a Ucrania, a lo que se había negado hasta ahora. Recientes filtraciones del espionaje sufrido por Corea del Sur por parte de Estados Unidos destaparon el debate que, en torno a este tema, se producía entre altos cargos del Consejo de Seguridad Nacional. El envío de armamento a Ucrania supondría ir en contra de la política surcoreana de no suministrar armas a países en guerra. Uno de los cargos había propuesto ponerlas a disposición de Polonia, que luego sin duda las haría llegar al gobierno de Kiev.

Exclusiva: Yoon de Corea del Sur abre la puerta a una posible ayuda militar a Ucrania.

Conviene recalcar que “Corea tiene una de las reservas de municiones más grandes, si no la más grande, de cualquier país del mundo. Y también tiene una enorme capacidad de producción”, según recuerda Victor Cha, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. Y si hay algo que necesita Ucrania, son municiones.

Estados Unidos está reorganizando sus filas en vísperas del muy buscado conflicto con China. En este contexto hay que entender el reciente acercamiento entre Japón y Corea del Sur. Yoon Suk-yeol viajaba a Tokio en marzo, la primera visita de un presidente surcoreano en los últimos 12 años. La visita se producía diez días después de que ambos líderes alcanzaran un acuerdo para resolver un espinoso asunto, que ha enturbiado las relaciones entre los dos países durante décadas: el uso, por parte de Japón, de mano de obra esclava, y de mujeres obligadas a prostituirse, durante la ocupación japonesa de Corea, entre 1910 y 1945. Ambos países alcanzaron un pacto bajo fuertes presiones de Estados Unidos, que necesitaba organizar un frente sin fisuras ante “la amenaza china”. Un compromiso por el que, paradójicamente, serán empresas coreanas las que compensen económicamente a los afectados o, dado el tiempo transcurrido, más bien a sus descendientes.

Para dar estos pasos, Corea del Sur se ha visto motivada por el éxito del programa nuclear de su vecina del norte. Para entender, que no justificar, la escalada armamentística de Corea del Norte hay que mirar por el retrovisor de la Historia. Pyongyang comenzó a interesarse por la tecnología nuclear cuando vio pelar las barbas de su vecino, en Hiroshima y Nagasaki. Pero sobre todo, después de haber sufrido los ataques de Washington, alineado con Corea del Sur, entre 1950 y 1953. En ese lapso, “Estados Unidos arrojó más toneladas de bombas sobre Corea del Norte que en todo el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, y se destruyeron más ciudades que en Alemania o Japón”, como nos recuerda Pedro Baños en su libro “Así se domina el mundo”. En total, 650.000 toneladas de bombas, más de 35.000 de ellas de napalm, que redujeron a cenizas 600.000 viviendas, 5.000 escuelas y 1.000 centros sanitarios. Una vez destruidos los objetivos urbanos, Estados Unidos bombardeó pantanos y presas, provocando inundaciones que arrasaron las cosechas. Un general estadounidense alardeaba, treinta años después, de haber aniquilado al 20% de la población norcoreana. En resumen, lo que viene a ser la destrucción planificada de un país; eso sí, siempre en busca de la expansión de la democracia, la libertad y los derechos humanos.

Además de sufrir las consecuencias de ser peón en la partida librada entre Estados Unidos y la URSS durante la guerra fría, actualmente existen motivos geopolíticos, es decir, económicos, para buscar un cambio de régimen en Pyongyang. Por si el apoyo que recibe de China y su posición geográfica no fueran razones suficientes, resulta que Corea del Norte podría disponer de las dos terceras partes de todas las reservas mundiales de tierras raras, seis veces más que China. Además de albergar otros recursos mineros estratégicos: oro, cobre, vanadio, titanio, magnesita, tungsteno, grafito, etc. Datos proporcionados por Pedro Baños en su citado libro. Otras fuentes coinciden en destacar el potencial minero del país.

La reunificación de las dos Coreas tampoco interesa. Su posición estratégica se vería reforzada si sumaran su extensión y población. Según Robert D. Kaplan, analista de Stratfor, citado por Baños, sus economías son complementarias: tecnología y desarrollo en el sur, recursos naturales y mano de obra disciplinada en el norte. Adicionalmente, la península de Corea encierra en su perímetro el mar de Bohai, donde se encuentra la mayor reserva de petróleo de China en alta mar.

Ilustración: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Mapa_del_Mar_de_Bohai.png

Estados Unidos ha montado otro artefacto, denominado QUAD, por el que pretende incluir nada menos que a la India en su nómina de peones frente a China. Sin embargo, Joe Biden canceló la cumbre, prevista para el 24 de mayo en Sidney, Australia, y los integrantes del grupo (EE. UU., Japón, Australia e India) se reunieron al margen del encuentro del G7, en Hiroshima, durante apenas 50 minutos. El periódico chino Global Times señalaba que la cancelación de la cumbre es una profecía del destino que le aguarda al QUAD. Aunque esta hipótesis quizá sea muy aventurada, una cosa son las palabras y otra muy distinta, los hechos. Hasta el momento, India se ha resistido a las presiones para sumarse al carro de las sanciones a Rusia. Está por ver cuál sería su comportamiento en el caso de que finalmente Estados Unidos usara a Taiwán como ariete bélico frente a China. Hasta ahora, India está demostrando independencia de criterio y me cuesta verla defendiendo con uniformados – o con armas rusas, su principal proveedor – los intereses geopolíticos de Washington frente a Pekín.

Por lo demás, la declaración del QUAD emitida tras la mini cumbre de Hiroshima rezuma hipocresía por sus cuatro costados: se ve de lejos la mano de Estados Unidos en su redacción. Nos encontramos con la estrategia clásica de endosar a los demás el uso de la violencia, el chantaje y la coerción que practica Washington en sus relaciones internacionales, enmarcada en el habitual relato falso y maniqueo: el del supuesto mundo basado en reglas que dice representar el occidente colectivo, frente a la “jungla” con la que califica Josep Borrell, fiel escudero, al resto del mundo.

Sirva como muestra un botón. La declaración hace referencia a “la importancia de respetar la legislación internacional, particularmente lo reflejado en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar”. Bien. Pues resulta que Estados Unidos jamás ha firmado su adhesión a tal convención. Ni a esa, ni a muchas otras que, o bien no ha firmado, o no ha terminado de ratificar. Entre ellas, las siguientes:  los protocolos I y II adicionales a la Convención de Ginebra; el Tratado para el Comercio de Armas; el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares; el Tratado para la Prohibición de las Minas; el Tratado para la Creación de la Corte Penal Internacional, etc.

Este es el “mundo basado en reglas” que propone Estados Unidos: las leyes son para los demás, y las reglas las pongo yo.

Filipinas es otra de las bazas que Estados Unidos está jugando para incrementar las provocaciones a China y prepararse para el nuevo conflicto que ha diseñado, con la apertura de nuevas bases, de lo que hablé en un artículo anterior.

Y para redondear la nómina de peones que está reclutando Washington para su campaña asiática – dejando de lado Taiwán, que se merece un artículo aparte – sólo faltaba quien se ha demostrado recientemente como el más fiel de los súbditos: la Unión Europea. Josep Borrell, ese presunto diplomático, siempre al servicio de los intereses de Estados Unidos, reclamaba recientemente que navíos de guerra europeos patrullaran el estrecho de Taiwán, “para demostrar el compromiso europeo con la libertad de navegación en esta área absolutamente crucial”. 

La rápida y contundente reacción de China al comunicado emitido tras la cumbre de Hiroshima, que menciona a China veinte veces, en relación con Taiwán, las armas nucleares, la coerción económica y el maltrato de los derechos humanos, revela el hartazgo de Pekín. El editorial de Global Times se titula “El G7 se ha convertido en un taller anti-China” y supone un contundente aviso de que China no va a tolerar las intromisiones de occidente en sus asuntos internos.

Viñeta que acompaña el editorial de Global Times, 22 de mayo de 2023.

El embajador de Japón en Pekín fue convocado inmediatamente para recibir protestas por “la exageración en torno a los problemas relacionados con China”. Por su parte, Rusia tachó el foro de “incubadora donde, bajo el liderazgo de los anglosajones, se preparan iniciativas destructivas que minan la estabilidad global” y acusó a sus participantes de esparcir “la histeria anti-China y anti-Rusia”. La reciente visita del ministro de Defensa chino a Moscú, donde fue recibido no sólo por su homólogo, sino por Vladimir Putin, demuestra a las claras que existe una alianza entre ambos países a todos los niveles, el militar incluido.

Si Estados Unidos y sus vasallos del G7 creen que van a librar una guerra contra China y Rusia a la vez, y van a salir victoriosos, viven en una ensoñación muy peligrosa para el planeta.

Quién gana y quién pierde tras un año de guerra en Ucrania

1 de marzo de 2023

El “interés primordial” de Estados Unidos es evitar una alianza entre Alemania y Rusia

En 2015, George Friedman, el fundador de Stratfor (Strategic Forecasting), una consultora de geopolítica, calificaba así el objetivo principal de la política exterior de Estados Unidos: meter una cuña entre la potencia industrial y tecnológica que representa Alemania, y las reservas energéticas que atesora Rusia, porque juntas representan una amenaza intolerable para la hegemonía estadounidense. El plan para evitarlo es levantar un nuevo telón de acero, que va desde el Báltico hasta el Mar Negro, para separar a la Unión Europea de Rusia.

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¿Por qué debemos preocuparnos por lo que sucede en Moldavia?

15 de febrero de 2023

Un gobierno que dimite en pleno, una presidenta con pasaporte de otro país, una franja del territorio independiente de facto, acusaciones a Rusia de estar instigando un golpe de Estado y Sergei Lavrov advirtiendo que Moldavia puede convertirse en la próxima Ucrania. ¿Qué está pasando en Moldavia? ¿Cómo puede afectar a la actual guerra entre Rusia y Ucrania, apoyada por la OTAN?

El 10 de febrero, la primera ministra de Moldavia, Natalia Gavrilita, anunciaba su dimisión lo que, según la constitución moldava, acarreaba la de su gobierno en bloque. El día anterior, la primera ministra había estado en Bruselas, donde se había reunido con Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, y Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión. Posteriormente a su renuncia, Gavrilita declaró: «Si el gobierno tuviera tanto apoyo en Moldavia como en la Unión Europea, en Bruselas, habríamos logrado mucho más». Unas declaraciones que dan pie a preguntarse quién marca la agenda en la que estaba trabajando su gobierno.

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Siria y Turquía se aproximan en Moscú y Erdogan atasca la OTAN

1 de febrero de 2023

La reunión que mantuvieron en Moscú, el 28 de diciembre, los ministros de Defensa de Siria, Turquía y Rusia, acompañados de sus respectivos jefes de inteligencia, sobre la que informó la agencia de noticias turca Anadolu, ha encendido todas las alarmas en la Casa Blanca. El encuentro era el primero que se producía, a nivel ministerial, entre Siria y Turquía desde 2011. El despacho de la agencia recalcaba que la entrevista se había producido en una “atmósfera constructiva” y las partes habían acordado “continuar con el formato de las reuniones trilaterales para asegurar y mantener la estabilidad en Siria y en la región como un todo”. Este encuentro había sido precedido por una reunión de los jefes de inteligencia de los mismos países, también en Moscú, en enero de 2020.

El ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, en el centro, y el jefe de inteligencia, Hakan Fidan, a la izquierda, a su llegada a Moscú para la reunión con sus homólogos del gobierno de Siria. Fotografía: Agencia Anadolu.

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Qué dijo Merkel sobre los acuerdos de Minsk y por qué los medios lo ignoran

15 de diciembre de 2022

Los medios de comunicación occidentales, salvo los alemanes, están ignorando clamorosamente la entrevista del semanario alemán Die Zeit a Ángela Merkel, publicada el 7 de diciembre. En Rusia, sin embargo, las declaraciones de la excanciller han suscitado reacciones al más alto nivel político, además de ocupar gran espacio en sus medios, censurados por Occidente. ¿A qué se debe esta disparidad de reacciones? ¿Por qué los medios de aquí ocultan lo que acapara la atención en Rusia? Muy sencillo: porque las declaraciones de Merkel dejan en mal lugar a Occidente y por eso conviene enterrarlas. Analicemos qué es lo que ha dicho la excanciller, cuáles han sido las reacciones en Rusia, y la opinión de algunos analistas al respecto.

En la larga entrevista, cuyo texto completo puede descargarse aquí, Ángela Merkel afirma que “el acuerdo de Minsk de 2014 fue un intento de darle tiempo a Ucrania. También aprovechó este tiempo para fortalecerse, como puede verse hoy. La Ucrania de 2014/15 no es la Ucrania de hoy. Como se vio en la batalla de Debaltsevo a principios de 2015, Putin podría haber invadido fácilmente en ese momento. Y dudo mucho que los países de la OTAN pudieran haber hecho tanto como hacen ahora para ayudar a Ucrania”.

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