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Estación Alaska: última oportunidad de Trump para salir de Ucrania

25 de agosto de 2025

Lo más positivo de la cumbre de Alaska fue que se celebró

La cumbre celebrada en Alaska entre Donald Trump y Vladímir Putin ofrece la última oportunidad para el presidente de Estados Unidos de salir del fracasado proyecto del Partido Demócrata en Ucrania. Fue Trump quien solicitó la reunión, porque le urge llegar a un acuerdo que le permita salvar la cara antes de que el ejército ucraniano termine de colapsar, lo que sucederá más pronto que tarde.

Como ya analicé en este artículo, Putin está colaborando con Trump en la pantomima de presentarse como mediador porque es el primer interesado en que Estados Unidos deje de financiar la contienda, aportar las armas, proporcionar la inteligencia y, según The New York Times, la propia dirección de la guerra, desde una base en Wiesbaden, Alemania. Al enemigo que huye, puente de plata.

Presentarse como mediador en una guerra por intermediación es una artimaña para disfrazar el papel de Estados Unidos como promotor del conflicto. No todos en Moscú están contentos con este nivel de colaboración con un país del que hacen bien en no fiarse. Pero de momento, el gobierno de Putin está funcionando al unísono con esta estrategia.

La reunión en Alaska entre Trump y Putin, impensable bajo una administración demócrata, fue positiva por el mero hecho de que se celebrara. El restablecimiento del diálogo entre las dos principales potencias nucleares del mundo debería ser un motivo de alegría para cualquiera con dos dedos de frente, lo que excluye ipso facto a las élites europeas. La diplomacia consiste en hablar con tus adversarios. Hacerlo con tus aliados no tiene especial mérito. Lamentablemente, hablar de paz encuentra las mayores resistencias en el continente europeo, donde se desarrolla la guerra.

Trump y Putin se saludan sobre la alfombra roja. Fotografía: AP Photo/Julia Demaree Nikhinson.

Aunque los medios occidentales hayan sostenido lo contrario, Steve Witkoff viajó a Moscú para solicitar la reunión, porque Trump no quería llegar a la fecha límite que había señalado para imponer sanciones adicionales a Rusia, por la sencilla razón de que no era partidario de materializarlas.

El Kremlin vio clara la oportunidad para dar un salto cualitativo en el terreno diplomático, nada menos que con una cumbre entre los dos líderes, tras haber impuesto su marco de negociación en mayo, con la celebración de reuniones en Estambul entre las delegaciones rusa y ucraniana. Con el encuentro en Alaska, Putin volvía a echarle otro cable a Trump y las relaciones entre Rusia y Estados Unidos entraban en una nueva fase.

La elección de Alaska añadió valor simbólico al hecho de que el presidente ruso pisara suelo estadounidense, rompiendo un pretendido aislamiento, limitado al bloque occidental. Alaska fue territorio ruso y sólo se halla separada cuatro kilómetros de Rusia. Una distancia muy corta la que separa a las dos potencias rivales, que alude a la posibilidad de tender puentes. Como de hecho están haciendo, superando enormes obstáculos.

Putin arrastra una orden de detención por parte de la Corte Penal Internacional, un organismo cuya jurisdicción Estados Unidos no reconoce. Al presenciar el encuentro entre Trump y Putin en una base militar estadounidense, a las ninguneadas élites europeas les rechinaban los dientes: la imagen de ambos líderes juntos constataba su papel de comparsas, rabiosos ante la estampa de Trump recibiendo con aplausos a Putin, sobre una alfombra roja.

Trump aplaude a Putin, que se aproxima sobre la alfombra roja. Fotografía: Getty Images.

La desconfianza estadounidense en Trump provoca el cambio de formato

Ya he comentado en anteriores artículos los palos en las ruedas que le están metiendo a Trump en sus intentos de abandonar el proyecto demócrata de derrotar a Rusia. En este caso, el hecho de verse con Putin en suelo estadounidense ya representa un triunfo de Trump. Pero las élites decidieron que un encuentro a solas entre ambos líderes era demasiado peligroso, e impusieron un cambio de formato de última hora: la reunión no se celebraría a solas, sino en un formato tres a tres. Marco Rubio y Steve Witkoff escoltaron a Trump, teniendo el primero de ellos el encargo de vigilarle.

No sabemos de quién surgió la idea de que Putin se subiera al coche de Trump. Podría haber surgido del estadounidense, que quería comunicarse con el presidente ruso en privado. También podría haber sido Putin, que es más listo, y fue el que más habló durante los pasos que dieron juntos sobre la alfombra roja, lejos de los micrófonos.

El presidente ruso también está interesado en propiciar un acuerdo que permita a Trump salir de Ucrania, y que facilite alcanzar sus objetivos, sin tener que seguir disparando. En cualquier caso, el breve trayecto en coche les proporcionó la oportunidad de comunicarse a solas, en un gesto que también proyectaba complicidad.

Quienes pretenden echarle agua al vino de la reunión ponen el foco en que sólo duró tres horas, en un formato impuesto a Trump, que ni siquiera hubo un posterior almuerzo, y que en la comparecencia posterior ante la prensa, no se admitieron preguntas.

En realidad, lo que indican estos tres datos es que ambas delegaciones trabajaron en serio y, con toda seguridad, llegaron a algunos acuerdos. Que no hubo almuerzo, porque hubiera sido el marco ideal para que se produjeran filtraciones. Y que los presidentes no admitieron preguntas de la prensa, para mantener la discreción sobre lo tratado. Ambos se limitaron a colocar los mensajes previamente pactados.

Aunque las presiones de los neoconservadores se tradujeron en un cambio del formato previsto, la ausencia de filtraciones, al menos inmediata, revela que rusos y estadounidenses están buscando el fin del conflicto en Ucrania. La discreción es condición imprescindible para el éxito de una negociación. Aunque no lo presuponga, su ausencia es garantía de fracaso. Máxime en un caso como éste, donde se agolpan los enemigos de que salga a flote.

Rusia sigue avanzando diplomáticamente

Existe un hecho fundamental, que las élites europeas y ucranianas se empeñan en ignorar, y que está incrementando la capacidad persuasiva del Kremlin para imponer tanto su marco, como sus condiciones, en la negociación: Rusia está ganando la guerra. Hasta los más beligerantes y proucranianos medios occidentales, como The Telegraph, están admitiendo que Ucrania ya la ha perdido.

Ucrania ha perdido. Gran Bretaña debe prepararse ahora para el próximo embate de Rusia. The Telegraph, 14 de agosto de 2025.

Las élites europeas que arropan a Zelenski pretenden forzar sus condiciones en una negociación de la que están excluidos, y de cuyo contenido se les informa parcialmente, y a posteriori. Una posición que no casa con su condición de perdedores. El que gana en una guerra es el que impone sus términos, no el que pierde.

Como las élites europeas se niegan a asumir la realidad, se humillan ante Trump con la esperanza de que le dé la vuelta a la tortilla: que ofrezca garantías de seguridad a Ucrania, ya que no la entrada en la OTAN, al menos del mismo carácter que el famoso artículo 5. Que proporcione cobertura a las tropas europeas que se desplieguen en Ucrania. Que no haya limitaciones en el tamaño del ejército ucraniano. Y además, que el Kremlin acepte este nuevo empaquetado de sus viejas pretensiones. Europa pretende que Rusia se coma la misma sopa que viene rechazando, cambiándole el plato.   

Los neoconservadores que están utilizando a los europeos anhelan que Estados Unidos se enfrente directamente con Rusia, ya que su ariete no lo ha conseguido. Que derribe el gobierno de Putin y, una vez instalados los adecuados títeres, proceda a trocear su inmenso territorio en unidades más manejables. Un objetivo anunciado por Kaja Kallas antes de asumir su actual puesto en la Unión Europea, con el fin último de despojar a Rusia de sus ingentes recursos.

La ministra entrante de Asuntos Exteriores de la UE aprueba romper Rusia en estados más pequeños. Titular de The Organization for World Peace.

Sin embargo, en este caso, Trump está actuando conforme no sólo a sus intereses políticos y a sus promesas electorales, sino de acuerdo con los de su país. Porque a Estados Unidos le interesa salir de Ucrania antes de que se desmorone completamente.

Por eso Trump está asumiendo el marco y las condiciones que Putin le planteó en Alaska, esquivando las presiones de los neoconservadores. Por eso Trump ya ha dicho que no hace falta alcanzar un alto el fuego, aunque Merz y Macron sigan parloteando sobre su necesidad: porque sabe que Rusia no va a aceptar una condición que supondría perder el impulso con el que cuenta ahora en el frente, ofreciendo al enemigo la oportunidad de recomponer sus maltrechas y escasas fuerzas.

Trump deja caer la exigencia de un alto el fuego para la guerra en Ucrania después de la cumbre con Putin. The Washington Post, 16 de agosto de 2025.

Por eso Trump tampoco está dispuesto a aplicar esas sanciones aplastantes que propugna Lindsey Graham, en forma de aranceles de hasta el 500%, a quienes compren petróleo y gas a Rusia. Tal es así, que Scott Bessent, el secretario del Tesoro, advirtió a los europeos que con el tema de las sanciones “se aguantaran o se callaran”.

Marco Rubio remachaba la negativa de su jefe en una entrevista, donde afirmó que no creía que la imposición de sanciones adicionales forzase a Rusia a aceptar un alto el fuego. Por el contrario, hacerlo dificultaría la capacidad de Estados Unidos de atraer a Rusia a la mesa de negociaciones, y había que dar una oportunidad a la paz.

Por eso, hasta el momento el proyecto de Lindsey Graham se ha quedado en una amenaza de imponer unos aranceles del 50% a India, con quien las cifras de comercio son notablemente inferiores a las que mantiene con China.

Las refinerías estatales de India aumentan las compras de petróleo ruso a pesar de las críticas de Estados Unidos. Titular de Bloomberg, 20 de agosto de 2025.

India no se ha amilanado por los aranceles, y ya ha advertido que va a seguir comprando petróleo a Rusia, por sus propios intereses. Una actividad comercial que además contribuye a estabilizar el mercado del petróleo, según afirmaba  Subrahmanyam Jaishankar, el ministro de Asuntos Exteriores indio, en rueda de prensa conjunta con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov.  

Trump le regala los oídos a los europeos, que intentan sobornarle

Tras haber dejado caer la exigencia de un alto el fuego como condición previa para negociar, y de haber descartado la imposición de sanciones adicionales a Rusia, Trump tiene que echarles algo de alpiste a Zelenski y a sus vasallos europeos. Por eso hablaba de la posibilidad de una reunión entre Putin y Zelenski e, incluso, de una cumbre trilateral, en la que también participaría él. Los medios occidentales se han dedicado a amplificar la posibilidad de esa reunión, hablando incluso de posibles fechas y lugares, pero ese encuentro entre el presidente ruso y el ucraniano no se va a producir.

Con un lenguaje muy diplomático, sin descartar de plano la posibilidad, para no dejar en evidencia a Trump, los rusos dejaron claro que ese tipo de encuentros en la cumbre precisan de un minucioso trabajo previo y, en este caso, sólo se produciría cuando el acuerdo estuviera prácticamente hecho, y los líderes de ambos países se vieran las caras para rubricarlo. El mensaje se hizo más tajante según pasaron los días, para evidenciar que Rusia rechazaba las presiones en este sentido.

“No hay ninguna reunión prevista” entre Putin y Zelenski, afirma alto diplomático ruso. New York Times, 22 de agosto de 2025.

Para edulcorar su negativa, Rusia se ha mostrado partidaria de elevar el rango de la delegación que participa en las reuniones en Estambul. Un ofrecimiento que subraya que el marco que impuso en mayo, con la aquiescencia de Trump, sigue siendo el único formato que contempla. Hasta la fecha sólo se han celebrado tres reuniones en ese formato, con magros resultados, dada la obcecación ucraniana en tratar de imponer condiciones a Rusia, sin tener las cartas para ello, como le recordó Trump a Zelenski en el despacho oval.

Tras el enfrentamiento que se produjo entre ambos en febrero, que los medios siguen manipulando para reforzar el victimismo de Zelenski, el presidente ucraniano y la troupe de europeos que le escoltaron a la Casa Blanca cambiaron la estrategia en la última reunión. Hasta 11 veces en cuatro minutos y medio agradeció Zelenski a Trump el apoyo de Estados Unidos a Ucrania. La adulación fue la tónica general de los mandatarios europeos. El único que sacó los pies del plato fue Friedrich Merz, que siguió hablando de la necesidad de un alto el fuego, lo que estuvo a punto de hacer saltar a Trump.

Decir ‘gracias’ a Trump está arriba en la agenda de Zelenski y otros líderes. The Washington Post, 18 de agosto de 2025.

Además de arrastrarse delante de su “papá”, en gráfico apelativo de Mark Rutte, Zelenski y los europeos venían con un plan: intentar sobornar a Donald Trump para que siga implicado en la guerra de Ucrania. Así debe calificarse la oferta que el presidente ucraniano le hizo a Trump en la última reunión en la Casa Blanca: comprarle a Estados Unidos armas por valor de 100.000 millones de dólares, que serían financiadas por Europa.

Ucrania ofrece a Trump un acuerdo de 100.000 millones de dólares en armas para ganar garantías de seguridad. Financial Times, 18 de agosto de 2025.

Estados Unidos y la OTAN ya presentaron ante la prensa un acuerdo para que los europeos paguen las armas que la alianza enviaría subsiguientemente a Ucrania. Un esquema diseñado para prolongar la guerra lo más posible, aunque las probabilidades de una victoria ucraniana frente a Rusia hace mucho que se disiparon, si es que alguna vez existieron.

Este nuevo anzuelo tiene el objetivo de camelar a Trump para que aporte garantías de seguridad a Ucrania, que es el nuevo mantra de Zelenski y sus apoyos, una vez que ha quedado claro que el ingreso en la OTAN es una entelequia que no se va a materializar. Los europeos están dispuestos a sufragar el soborno, con tal de arrancar a Trump un acuerdo que incluya el equivalente al artículo 5 de la OTAN.

El cebo también incluye una propuesta para que Washington y Kiev financien conjuntamente compañías ucranianas que fabrican drones, por valor de 50.000 millones. Una cifra que representa el 26% del presupuesto estatal anual de Ucrania, que ya ha pedido 40.000 millones a sus patrocinadores para afrontar el año próximo sin caer en la bancarrota. Otra trampa para anclar a Estados Unidos a Ucrania. 

Trump esquiva la trampa europea y toma distancias

Donald Trump ya ha dejado clara la nueva posición de Estados Unidos: «No damos nada. Vendemos armas». El problema del anzuelo que le han tirado Zelenski y los europeos a Trump es que ni Estados Unidos tiene la capacidad de producir las armas que le reclaman, ni Europa tiene el dinero necesario para comprarlas, ni Ucrania dispone de los soldados imprescindibles para usarlas. Todo es una farsa.

Titular de Zero Hedge, 19 de agosto de 2025.

Como Trump sigue queriendo endulzarles la píldora a los europeos, su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, tras descartar las famosas “botas sobre el terreno”, dejó abierta la posibilidad a que la contribución de Estados Unidos a las garantías de seguridad que reclaman Zelenski y las élites europeas tuvieran forma de apoyo desde el aire. Eso fue un error de Trump, que rápidamente fue rectificado por el Pentágono. Si a los neoconservadores les das una mano, te cogerán el pie. 

El Pentágono dice que Estados Unidos desempeñará un papel mínimo en las garantías de seguridad de Ucrania. Politico, 20 de agosto de 2025.

Nadie se cree que los europeos vayan a desplegar tropas en Ucrania, y menos que los Estados Unidos les fueran a dar cobertura aérea, para garantizar un alto el fuego que no se va a producir. Rusia no va a aceptar ninguno de estos escenarios. Si Macron es tan irresponsable como para enviar soldados franceses a Odessa, puede tener bien seguro que los rusos no se van a quedar de brazos cruzados.

Exclusiva: Exigencia de Putin a Ucrania: entregar el Donbass, no OTAN y no tropas occidentales, dicen fuentes. Reuters, 22 de agosto de 2025.

Los europeos siguen sin entender, como sí ha hecho Trump, que la guerra en Ucrania como colofón de la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas, tiene el carácter de una amenaza existencial para Rusia. El despliegue de tropas europeas en Ucrania es una línea roja que el Kremlin no va a dejar traspasar. La memoria de los 27 millones de muertos en la Gran Guerra Patria sigue bien presente en Rusia. Putin no va de farol, por mucho que los europeos se autoengañen al respecto.

Los medios occidentales se han encargado de descontextualizar la involucración directa de Rusia en la guerra civil que se desarrollaba en Ucrania desde 2014, presentándola como el capricho imperialista de Putin. Sin embargo, al poner el foco sobre los territorios, las élites europeas, que no escuchan lo que dice el gobierno ruso, ignoran deliberadamente que la motivación que impulsó a Putin a meter el ejército en el Donbass fue la de proteger a la población rusa, que venía siendo machacada desde el golpe de Estado del Maidán.

Por eso, Rusia sigue recordando que la única manera de poner fin al conflicto de manera duradera es afrontar las causas profundas que lo provocaron. Por este motivo, las garantías de seguridad no pueden afrontarse de manera previa a un acuerdo de paz duradero, como pretende Zelenki. El 21 de agosto, el presidente ucraniano ponía una condición de imposible cumplimiento para reunirse con Putin, para echarle la culpa al presidente ruso de que no lo haga.

Zelenski dice que quiere garantías de seguridad antes de reunirse con Putin. The Moscow Times, 21 de agosto de 2025.

Las garantías de seguridad han de venir al final, junto con el acuerdo, si es que alguna vez se alcanza. Algo muy improbable, dadas las posiciones de las partes. Unas garantías de seguridad que ya estaban contempladas en el preacuerdo de Estambul de 2022, que los occidentales tumbaron, y que ahora sin embargo reclaman.

Para solucionar este espinoso asunto, no queda más remedio que rediseñar la arquitectura de seguridad en el continente europeo, de manera que se tengan en cuenta también los intereses de seguridad de la propia Rusia, como ha recordado Lavrov: “Sin respeto por los intereses de seguridad de Rusia y los derechos de los rusos y de las personas ruso-parlantes que viven en Ucrania, no se puede hablar de ningún acuerdo a largo plazo”.

Sin embargo, nada parece indicar que Europa esté dispuesta a abrir ese melón tan necesario para alcanzar una paz duradera en el continente. Por el contrario, las élites europeas no están dispuestas en ningún modo a soltar el hueso que han mordido en Ucrania. Llevan años demonizando a Rusia, tratando de instalar en las mentes de los europeos la rusofobia necesaria para que acepten la militarización del presupuesto, con la amenaza de una supuesta invasión que no se creen ni ellos.

Si la guerra en Ucrania se acabara, el fracaso de la estrategia europea sería evidente, y a sus élites no les quedaría más remedio que volver a ocuparse de sus asuntos domésticos, donde se enfrentarían a una población que les iba a exigir cuentas por haber dejado Europa como un erial, para no haber conseguido nada. Por no hablar de que cesaría el actual flujo de cantidades astronómicas de dinero, que escapan a cualquier escrutinio respecto a su destino final. Por eso intentan prolongarla lo más posible.   

Trump tampoco tiene el coraje político para dar marcha atrás en la expansión de la OTAN, porque sabe que a la tercera el francotirador podría acertar. Así que ha optado por una estrategia de retirada paulatina. Trump es consciente que el camino que comenzó a andar sobre la alfombra roja de una base militar en Alaska es la última oportunidad que tiene para sacar a Estados Unidos de Ucrania de una manera mínimamente honrosa.

Por eso, tras haberle regalado los oídos a Zelenski y a los europeos, y probablemente también algo a los rusos en Alaska, ha declarado que abandona sus pretensiones de organizar una cumbre trilateral. Trump deja a rusos y ucranianos la iniciativa para organizar un encuentro entre Zelenski y Putin, porque sabe que no se va a producir, y es mejor tirar la toalla antes de quedar en evidencia.

Trump se aparta de las conversaciones de paz entre Rusia y Ucrania por el momento, dicen fuentes. The Guardian, 21 de agosto de 2025.

Dada la actitud obstruccionista de los europeos, Tulsi Gabbard ha dado órdenes a las agencias de inteligencia bajo su mando para que no compartan información acerca de las negociaciones entre Rusia y Ucrania con el grupo de los “Cinco Ojos”, que incluye al Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Definitivamente, Trump no se fía de los europeos.

Mientras tanto, Rusia continúa rompiendo las defensas ucranianas en la línea del frente, y se carga de argumentos para seguir imponiendo sus condiciones en el ámbito diplomático. Trump haría bien en saltar de Ucrania, antes de que le achaquen el colapso del ejército ucraniano, por no haber hecho lo suficiente. Algo que probablemente va a ocurrir de cualquier modo.

A estas alturas, tras el estrepitoso fracaso del proyecto de Obama y Biden, a lo único que puede aspirar Trump es a una estrategia de contención de daños. La alternativa es dejarse arrastrar por las marionetas de los neoconservadores – Zelenski y los europeos – hacia una derrota aún más ignominiosa.

Trump desnuda al imperio y sus vasallos

8 de agosto de 2025

Por qué a las élites no les gusta Trump

Desde que comenzó su carrera política en 2015, tras haberse convertido en un personaje público gracias a su programa televisivo The apprentice, Donald Trump ha sido objeto de reiteradas campañas, a todos los niveles, para descalificarle. Con la excepción de sus aliados, y no siempre, el actual presidente de Estados Unidos sólo ha recibido reprobaciones y persecución judicial por parte de sus adversarios políticos, críticas de la inmensa mayoría de los medios de comunicación occidentales y, hasta el inicio de su segundo mandato, también de la Unión Europea. Por no hablar de los intentos de asesinarle.

Pero las críticas no se centran tanto en las motivaciones que impulsan sus erráticas y contradictorias decisiones políticas, como en las formas que despliega el voluble Donald Trump. Lo que repele de Trump a quienes atesoran en realidad el poder son sus formas, soeces en ocasiones, que dejan al desnudo la realidad del imperio.

Donald Trump señalándole al mundo lo que tiene que hacer.

Las élites que manejan las decisiones políticas de largo alcance no soportan que un personaje salido de un programa de telerrealidad, mal encarado y peor hablado, ocupe la Casa Blanca y manifieste a las claras cuáles son las verdaderas intenciones de Estados Unidos, tanto desde el despacho oval, como desde su perfil en una red social.

Las élites que diseñan, entre bambalinas, los designios del imperio detestan que Donald Trump actúe sin tapujos, proclamando la inequívoca voluntad de Estados Unidos de regir un mundo unipolar, donde solo tolera vasallos.

La invisible casta que detenta el poder real prefería la hipocresía del Partido Demócrata, y su narrativa centrada en la trilogía de democracia, libertad y derechos humanos, repetida ad nauseam por los obedientes medios de comunicación a su servicio. Las élites también preferían la estrategia del Partido Demócrata, enfocada en las políticas identitarias para dividir y enfrentar a la clase trabajadora, antes que la utilización de los inmigrantes como chivo expiatorio y cortina de humo para ocultar la dominación de la oligarquía estadounidense.

Princeton concluye qué clase de gobierno tiene América realmente, y no es una democracia.

Este es el principal objetivo de lo que se ha dado en llamar woke, o wokismo en el ámbito hispanohablante: relegar la lucha de clases al baúl de los recuerdos para sustituirla por las políticas identitarias, con la intención de impedir la unidad de la clase trabajadora. Esa es su receta para desviar la atención de lo que realmente importa: el incremento de la desigualdad en beneficio de la oligarquía. Así es como define un estudio de la Universidad de Princeton el régimen de Estados Unidos.

A las élites no les gusta nada que Donald Trump pretenda sustituir la ideología woke por la xenofobia, o que coquetee con el supremacismo blanco, en un país donde los blancos se hallan en minoría y franco declive. No porque los inmigrantes irregulares les importen nada, más allá de su papel para tirar de los salarios a la baja, sino porque el odio al extranjero es difícil de vender en un país que surgió de la emigración europea, tras la aniquilación de la población autóctona. Y además queda feo. 

Las élites, el estado profundo, los grupos de poder, o como prefiramos denominar a quienes mandan de verdad, sin necesidad de presentarse a unas elecciones, prefieren la hipocresía y los trampantojos a la verdad descarnada que profiere Trump cada vez que abre la boca, o escribe en Truth Social.

Las élites son más partidarias de transmutar un discurso de Martin Luther King, que proclamaba la necesidad de “permanecer despiertos” frente a la gran revolución social que estaba barriendo el orden colonial, en una herramienta políticamente correcta para dividir a la clase trabajadora. La expresión “remain awake” fue transformada posteriormente en “stay woke” por la cantante afroamericana Erykha Badu.

Cita del discurso de Martin Luther King “Remaining Awake Through a Great Revolution”.

La capacidad del sistema capitalista para absorber, reciclar y transformar los movimientos sociales en su contra en herramientas para consolidar su dominación recuerda la filosofía del judo: aprovechar la fuerza del adversario a tu favor. Hay que reconocer que lo borda.

Las élites son mucho más partidarias de la hipocresía cínica para ocultar la verdadera naturaleza de sus intenciones que del estilo descarnado de Donald Trump.  Por eso no le tragan, por eso hicieron cuanto estaba en su mano para sabotear su primer mandato, echando mano de la conspiración del Russiagate. Por eso echaron mano del lawfare para tratar de impedir que volviera a la Casa Blanca. Por eso trataron dos veces de asesinarle, y por eso siguen empeñadas en reconducir sus políticas, cuando van en contra de sus designios. Como está ocurriendo en relación con la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, por poner el ejemplo más obvio.

Cuando los aranceles se convierten en armas geopolíticas

Los aranceles fueron la principal herramienta usada por las potencias coloniales para alzarse a la categoría de hegemónicas. Sobre aranceles se construyó el imperio británico, y sobre aranceles pretende Donald Trump seguir basando la dominación mundial de Estados Unidos, transformando una herramienta económica en una de carácter geopolítico.

Los aranceles que pretende imponer Trump al resto del mundo, con erráticos criterios, no sólo buscan compensar la merma de ingresos para el estado provocada por la bajada de impuestos de su “Big Beautiful Bill”, sino poner de manifiesto la superioridad política de Estados Unidos sobre el resto del mundo, incluidos sus supuestos aliados. La humillación pública forma parte del objetivo ejemplarizante de la estrategia, como la que acaba de sufrir la Unión Europea.

El hecho de que Úrsula von der Leyen claudicara, en presencia de los medios, ante Donald Trump, aceptando las imposiciones que éste le dictaba en un campo de golf de su propiedad, en Escocia, supone otra afrenta al estilo hipócrita que prefieren las élites, más partidarias del fariseísmo.

En manos de Trump, los aranceles se han convertido en la cachiporra que utiliza el autoproclamado bueno para castigar a los malos por contradecir sus dictados. El nivel de maniqueísmo que está alcanzando la política internacional está perforando el suelo del guiñol. Trump dicta unos aranceles del 50% para Brasil porque un amigo suyo, Jair Bolsonaro, es acusado de intento de golpe de estado, y sanciona al juez encargado del caso, utilizando una ley por la que el imperio se auto concede soberanía más allá de sus fronteras.

En efecto, la ley Magnitsky es la ejemplificación más obscena del carácter imperial de Estados Unidos, al atribuirse competencias para infligir castigos a quien considere oportuno, basándose en criterios tan relativos y maleables como la grave violación de derechos humanos, o la persecución de quienes promueven el derecho a un juicio justo, o a elecciones democráticas. Unas categorías cuya vaguedad permite la aplicación de un doble rasero, la especialidad de occidente en sus relaciones internacionales.

Trump amenaza a China e India con imponer aranceles de un 100% a sus productos si siguen comprando gas y petróleo a Rusia porque, argumenta un miembro de su gabinete, no puede consentir que de este modo estén financiando la “guerra de Putin” contra Ucrania.

Trump amenaza a Canadá con la imposición de aranceles de un 35%, tras acusarle de no hacer lo necesario para impedir un flujo de fentanilo. Un argumento utilizado igualmente con México. Dos países con los que Trump ya renegoció el acuerdo de libre comercio preexistente, en su anterior legislatura. Con estas actuaciones, Trump trata de visibilizar la superioridad estadounidense sobre sus vecinos.

En el caso de la Unión Europea, la estrategia le ha funcionado con sus vasallos vocacionales. El nivel de servilismo y sumisión frente a Estados Unidos al que Úrsula von der Leyen, y quienes la sostienen en su segundo mandato, están arrojando a Europa es difícilmente superable. Tras desguazar la economía europea, al privarle de las fuentes de energía que la sostenían, con un daño calculado en un billón de euros, la reina de Bruselas acaba de hipotecar el futuro europeo al avenirse a adquirir a Estados Unidos 600.000 millones en productos energéticos en los próximos tres años, después de haber aceptado unos aranceles del 15% para los europeos, a cambio de barra libre para los estadounidenses en Europa.

Titular de Izvestia del 4 de agosto de 2025.

Úrsula von der Leyen intentó justificar su rendición con los endebles argumentos de que, al menos, se había evitado una guerra comercial con Estados Unidos, se conseguía estabilidad y predictibilidad, y que el acuerdo no era tan malo porque Trump había amenazado con el 30% de aranceles. Tremenda capacidad de negociación la de Úrsula. 

No contento con haber humillado a la presidenta de la Comisión Europea en tierras europeas, Donald Trump amenaza ahora con incrementar el porcentaje de los aranceles hasta el 35% si la muy ecológica Unión Europea no cumple con su compromiso de comprarle combustibles fósiles a Estados Unidos por los citados 600.000 millones. Una cifra difícilmente alcanzable por ambas partes: ni el imperio es capaz de producir tanta energía, ni Europa tiene la capacidad económica, ni política, para imponer tal acuerdo a las empresas energéticas europeas, mayoritariamente privadas.

La «fantástica» promesa energética de 750.000 millones de dólares de la UE a Trump. Politico, 29 de julio de 2025.

Algo parecido ocurre con el pretendido acuerdo por el que Estados Unidos le venderá armamento a la OTAN, pero Europa pagará la factura. Varios países ya se han descolgado públicamente del pacto que supuestamente alcanzó Mark Rutte con Trump, del que algunos se enteraron por la prensa, cuando fue anunciado.

Existen grandes dosis de farsa en este tipo de acuerdos políticos, que ocupan vistosos titulares y contribuyen a fijar una imagen en el subconsciente colectivo que presenta a Estados Unidos como la potencia hegemónica, ante la cual sus súbditos rinden pleitesía, con mayor o menor agrado.

Trump siempre se acobarda y los BRICS no se arrugan

La estrategia de Trump no siempre funciona. El columnista del Financial Times Robert Armstrong acuñó la expresión “TACO trade”, para señalar que Trump siempre se acobarda: juega mucho de farol y, cuando sus adversarios amenazan con vérselo, decide retirarlo. TACO son las abreviaturas de Trump Always Chickens Out. 

Titular de France 24 del 25 de mayo de 2025.

Es lo que está ocurriendo hasta ahora con los amagos de imponer aranceles a China, que Trump pausó tras unas conversaciones celebradas en Suiza. Y es lo que algunos analistas predicen que va a ocurrir con las amenazas de imponer aranceles del 100% a los países que compren combustibles fósiles a Rusia, siendo estos mayoritariamente China, India y Brasil, pero también Turquía, miembro de la OTAN.

China ya ha contestado a las amenazas de manera muy asertiva: sus decisiones son soberanas y no va a permitir que Estados Unidos dicte a quién compra o deja de comprar los productos energéticos. Un portavoz del gobierno chino recalcó que “Las decisiones de compra de China son propias y no sacrificaremos la independencia energética”.

Titular de The Daily Guardian del 30 de julio de 2025: China replica a los aranceles propuestos para los compradores de petróleo ruso, “Nuestras decisiones de compra son soberanas”.

Por su parte, el ministerio de Asuntos Exteriores de India publicaba un comunicado en el que recalcaba que “atacar a la India es injustificado e irrazonable. Como cualquier gran economía, la India tomará todas las medidas necesarias para salvaguardar sus intereses nacionales y su seguridad económica”.

El gobierno indio también subrayaba el habitual doble rasero de occidente, dando cifras: en 2024, el comercio bilateral de la Unión Europea con Rusia ascendió a 67.500 millones de euros. En el sector servicios, la cifra alcanzó 17.200 millones de euros en 2023. Las importaciones europeas de gas natural licuado ruso en 2024 alcanzaron la cifra récord de 16,5 millones de toneladas, superando el anterior de 15,21 millones de toneladas en 2022.

El comunicado recordaba que “El comercio entre Europa y Rusia incluye no solo energía, sino también fertilizantes, productos mineros, productos químicos, hierro y acero, maquinaria y equipos de transporte”. En cuanto a Estados Unidos, continúa importando de Rusia “hexafluoruro de uranio para su industria nuclear, paladio para su industria de vehículos eléctricos, fertilizantes y productos químicos”.

India comprará petróleo ruso a pesar de las amenazas de Trump, dicen funcionarios. New York Times, 2 de agosto de 2025.

La imposición de unos aranceles del 100% supondría, en la práctica, un embargo a los productos provenientes de China, India y Brasil. Es una medida que Estados Unidos no puede permitirse aplicar, a riesgo de que las estanterías de sus grandes almacenes y comercios al por menor se vieran vacías. Trump va de farol, y China e India lo saben.

El borrador de una ley impulsada por los senadores Lindsey Graham y Richard Blumenthal para imponer aranceles de hasta un 500% a quienes compren productos energéticos a Rusia lleva meses cogiendo polvo. Cuando Trump anunció su intención de castigar con unos aranceles del 100% a quienes lo hicieran, lo metieron en un cajón, alegando que convenía dejar la iniciativa política en este ámbito al presidente.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, parecía mostrarse sorprendido por el hecho de que los chinos se tomaran muy en serio su soberanía, pero continuaba con el farol de los aranceles del 100%, tras dos días de negociaciones en Estocolmo. Bessent también amagaba con achuchar a sus vasallos europeos contra China, al afirmar que su supuesta contribución a una guerra en la frontera europea estaba perjudicando mucho la percepción pública del gigante asiático en Europa.

Trump también se acobarda con relación a Ucrania

Tras su victoria electoral, Trump disponía del capital político necesario para ser coherente con el discurso que desplegó en campaña con relación a Ucrania: esta es la guerra de Biden, no es mi guerra. Además, mantener la financiación al gobierno de Kiev a la larga va en contra de los intereses de Estados Unidos, ya que nos interesa tener unas relaciones aseadas con Rusia. Sin olvidar que Ucrania está perdiendo la guerra de desgaste y que nosotros ya hemos hecho todo lo que hemos podido: nuestros arsenales y los de la OTAN están tiritando.

Además de ajustarse a la situación bélica y adaptarse a la realidad del mundo multipolar que está naciendo, Trump habría sido honesto con sus bases del sector MAGA, y con la mayoría de sus electores, a los que sedujo con la promesa de acabar con las guerras eternas.

El problema es que la adopción de tal política hubiera significado asumir la derrota de la OTAN frente a Rusia, aunque tal hecho hubiera sido edulcorado con los argumentos anteriormente citados. Y eso los neoconservadores, que siguen copando posiciones políticas de peso en el gobierno, y fuera de él, no están dispuestos a permitirlo. De ahí que un personaje como Lindsey Graham esté tratando de convertir a Donald Trump en un Joe Biden Segundo.

El hecho de que 85 senadores, de un total de 100, apoyen el proyecto de imponer sanciones secundarias en forma de aranceles de hasta un 500% a quienes compren petróleo o gas ruso representa una espada de Damocles sobre la cabeza de Trump. Esos 85 senadores conforman una mayoría bipartidista aplastante, que envía el nada sutil mensaje de que el senado podría tomar cartas no sólo en este asunto, sino en otros, tal como un impeachment, en el caso de que Trump no se avenga a seguir la estela de Biden en busca de la derrota de Rusia. O, al menos, de seguir provocándole una sangría.

En el mismo sentido bipartidista y neoconservador va la última propuesta de dos senadoras, una demócrata y otra republicana, de destinar otros 55.000 millones de dólares al gobierno de Ucrania.

John Bolton es uno de los más belicistas entre los neoconservadores. Ejerció de consejero de seguridad nacional en el primer mandato de Trump, pero acabó tarifando con él. En un reciente artículo, Bolton recriminaba a Trump que arrastrara los pies en Ucrania. Tras calificar de “risibles” las amenazas de imponer aranceles en forma de sanciones secundarias a China e India,  recordando que los mercados no se las han creído, Bolton presiona para que Trump aumente más aún el presupuesto militar, arme hasta los dientes a Ucrania, deje de ver la guerra allí como un asunto de los europeos, y haga frente a Putin, restregándole el eslogan “paz a través de la fuerza”

Trump arma a Ucrania, pero todavía quiere salirse. Artículo de John Bolton en The Wall Street Journal.

John Bolton opina que Trump se está buscando una salida del conflicto de Ucrania, y por ahí los neoconservadores no están dispuestos a pasar. Bolton también dice que los intereses geoestratégicos de Estados Unidos deben primar sobre los aspectos financieros. A los neoconservadores no les importa seguir inflando el astronómico déficit presupuestario estatal, porque piensan, tal y como dijo Joe Biden en una rueda de prensa, que “Somos los Estados Unidos. No hay nada fuera de nuestro alcance”.

La ventana de oportunidad para evitar la debacle en Ucrania se acaba

Tras siete meses en la presidencia, el hecho de que Trump no haya cortado por lo sano con Ucrania y esté tratando de nadar y guardar la ropa revela las enormes presiones que está sufriendo por parte de los neoconservadores – un escenario para el que debía haberse preparado con antelación – pero también la falta de coraje para usar su enorme capital político, dar un volantazo y dejar de querer contentar a tirios y troyanos.

La reunión que mantuvo su enviado especial Steve Witkoff en Moscú con Vladímir Putin, el 6 de agosto, que se prolongó durante tres horas, revela que Trump está intentando reconstruir las relaciones con Rusia, por mucho que amenace con ultimátums de plazos decrecientes al Kremlin, si no se aviene a decretar un alto el fuego.

Kirill Dmitriev es el director general del Fondo de Inversiones Directas de Rusia y enviado especial para la inversión y la cooperación económica. Un pez gordo, interlocutor habitual con Estados Unidos. Tras la reunión de Putin con Witkoff, señaló en redes sociales que “el diálogo prevalecerá”, lo que indica que Moscú también está interesada en reconstruir los puentes con Washington. Posteriores publicaciones de Dmitriev iban en la misma línea de recomponer las relaciones entre ambas potencias.

Trump comenta elogiosamente la reunión de Witkoff con Putin.

Donald Trump también hacía un balance positivo de la reunión, aunque enviaba mensajes contradictorios. Por una parte, reconocía que no se habían producido avances significativos, pero se mostraba dispuesto a reunirse con Putin y Zelenski. El Kremlin ya ha dejado claro que un encuentro entre los presidentes de Rusia y Ucrania sólo se celebraría para firmar un acuerdo previamente trabajado, aunque Rusia también ha señalado que existen problemas de legitimidad para Zelenski, tras haber rebasado el límite de su mandato.

El 7 de agosto, Yuri Ushakov, un asesor presidencial, confirmó que la reunión entre Putin y Trump se produciría en los próximos días, y manifestó que, tras la reunión con Witkoff, “Se señaló nuevamente que las relaciones ruso-estadounidenses pueden construirse según un escenario completamente diferente y mutuamente beneficioso, significativamente diferente de cómo se han desarrollado en los últimos años”. Los Emiratos Árabes Unidos sonaban como posible lugar del encuentro.

El Kremlin dice que Putin y Trump se encontrarán en los próximos días. Titular de Reuters del 7 de agosto de 2025.

Tras hablar con Witkoff sobre la reunión, Marco Rubio declaró que, por primera vez desde que tomó posesión, la administración de Trump tenía “ejemplos concretos” de la clase de cosas que Rusia reclamaba para poner fin a la guerra en Ucrania. Sin embargo, la posición de Rusia es sobradamente conocida, y ha sido reiterada sin margen de duda en múltiples ocasiones. La Casa Blanca está intentando ganar tiempo con este tipo de declaraciones.

Trump sigue queriendo jugar con dos barajas, quizá esperando a que la situación en el campo de batalla le resuelva la papeleta. La cuestión es en qué posición política va a quedar Trump si las tropas del Kremlin se plantan en Kiev. Porque los neoconservadores le van a echar toda la culpa de la debacle en Ucrania, por no haber echado toda la carne en el asador. A la vista de los avances del ejército ruso, la ventana de oportunidad para dar un volantazo se está cerrando para Trump. Veremos si la aprovecha, o sigue gesticulando entre contradicciones, mientras los neoconservadores tratan de arruinarle la presidencia.

 

El ataque de Ucrania a la tríada nuclear rusa perjudica a Kiev y a sus patrocinadores

16 de junio de 2025

El ataque de Ucrania a las bases aéreas rusas expone las vulnerabilidades de Estados Unidos

El ataque de Ucrania a los aeródromos donde Rusia estaciona algunos de sus bombarderos estratégicos ha supuesto un salto cualitativo en el conflicto entre la OTAN, su patrocinado y Rusia. Los daños infligidos a una parte de la tríada nuclear rusa no han sido tan importantes como la propaganda ucraniana, convenientemente amplificada por los medios occidentales, se apresuró a difundir. Sin embargo, el mero hecho de que el gobierno de Zelenski haya atacado instalaciones estratégicas nucleares en el interior de Rusia carece de antecedentes, denota una temeridad insensata y tendrá graves consecuencias, no sólo para Kiev.

Ataques confirmados (en rojo) y presuntos objetivos (en negro). Ilustración del ISW reproducida en BBC.

Audaz, brillante, extraordinaria, fueron algunos de los calificativos que recibió la operación “tela de araña” por parte de Volodímir Zelenski y los medios occidentales, habituales altavoces de la narrativa ucraniana.

Lo verdaderamente extraordinario es que el ataque ucraniano a las fuerzas nucleares rusas no fuera objeto de la más mínima crítica por parte de la Unión Europea, ni del Reino Unido, cuyos impulsos belicistas comunes están diluyendo el Brexit, en camino de ser revertido. A pesar de que la guerra se está desarrollando en el continente europeo, tuvo que ser Estados Unidos, el impulsor del conflicto allende el Atlántico, el que sonara la voz de alarma.

En una reunión del Comité de las Fuerzas Armadas en el Congreso, el secretario del ejército, Daniel Driscoll, afirmó que el ataque con drones a los bombarderos estratégicos rusos había puesto de manifiesto las vulnerabilidades de Estados Unidos ante similares operaciones en su territorio.

Secretario del Ejército: el ataque con drones de Ucrania señala la vulnerabilidad de Estados Unidos. The Hill.

Keith Kellogg, el enviado especial de Donald Trump para Ucrania, también mostraba su alarma en una entrevista: “Lo que realmente me preocupa es que ha habido informes de que atacaron el Cuartel General de la Flota del Norte en Severomorsk… Cuando se ataca a dos miembros de una tríada, en primer lugar, es un ataque muy audaz, y al hacerlo, es muy evidente que el riesgo aumenta. Y eso es lo que intentamos evitar”.

Se preguntarán algunos cómo es posible que Rusia tuviera estacionados sus bombarderos estratégicos, con capacidades nucleares, en mitad de las pistas, en lugar de tenerlos escondidos. Lo que hizo Ucrania fue aprovecharse del único tratado en vigor, de los suscritos entre Estados Unidos y Rusia, en relación con el control de las armas nucleares, aunque los daños no se acercan, ni de lejos, a los difundidos por la propaganda ucraniana. The Economist dejaba en 13 los aviones destruidos o dañados, frente a los 41 de la versión de Kiev. Reuters reducía el número a 10.

Reuters. Exclusiva: Ucrania golpeó menos aviones rusos de lo que estimó, dicen funcionarios de Estados Unidos.

El tratado START establece que lo estipulado en sus provisiones debe estar al alcance de la verificación de las partes. Por esta razón, ni Rusia ni Estados Unidos pueden ocultar sus bombarderos estratégicos en hangares, o en cualquier otro sitio que impida la comprobación de sus fuerzas con capacidad nuclear.

Eso no significa que los aviones estén desprotegidos. Los sistemas de defensa aérea rusos tienen varias capas de protección, diseñadas para repeler distintos tipos de proyectiles. Sin embargo, la aparición de drones de pequeño tamaño, que vuelan a baja altura, ha cambiado drásticamente las tácticas de la guerra.

Los sistemas de defensa aérea clásicos, previstos para interceptar misiles, proyectiles y drones de gran tamaño, se muestran inservibles para derribar drones pequeños, de bajo coste, que pueden provocar daños millonarios. Charles Hamilton, general de cuatro estrellas estadounidense, decretaba en un artículo la muerte de las defensas aéreas tradicionales.

China tomó nota de esta debilidad hace más de 15 años, y desde entonces ha invertido a conciencia en la protección de su flota, que mantiene en gran medida a cubierto en hangares reforzados con cemento.

La ofensiva ucraniana acaba con la moratoria unilateral de Rusia sobre el despliegue de misiles

El ataque a una pata de la tríada nuclear rusa – misiles lanzados desde tierra, aviones o submarinos – plantea varios interrogantes. Donald Trump sostiene que no fue informado del ataque con anterioridad. Es improbable, por no decir imposible, que Ucrania fuera capaz de organizar una operación que tenía como objetivo los bombarderos estratégicos rusos sin contar con las agencias de inteligencia occidentales. El ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov ha señalado directamente al Reino Unido como colaborador necesario en el ataque.

Agencia TASS: Declaraciones clave del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso sobre el papel de Londres en los ataques contra Rusia y otros países. 

David Ignatius, portavoz oficioso de la inteligencia estadounidense, proclamaba en The Washington Post que “La guerra sucia de Ucrania apenas está comenzando”. Además, confirmaba que los servicios secretos ucranianos habían recibido la ayuda de sus colegas europeos para diseñar drones submarinos con los que hostigar a la flota rusa en el Mar Negro. Un reciente reportaje de The Grayzone identificaba a los británicos como los “europeos” a los que se refería Ignatius. Según Lavrov, la colaboración no se limitó a los drones navales.

Conviene recordar que Volodímir Zelenski, en su viaje oficial a Londres los días 7 y 8 de octubre de 2020, tuvo una reunión de dos horas con miembros de los servicios de inteligencia británicos, el MI6, tal y como consta en el sitio web de la presidencia ucraniana. Según Zelenski, hablaron sobre todo de “fake news”. Sin embargo, el actual presidente de Ucrania añadió que “De todos los temas de nuestra larga reunión de dos horas, la mayoría se centró en la asistencia y protección de nuestra soberanía e integridad territorial. No puedo revelar los detalles”. ¿Qué hace todo un presidente reuniéndose con los espías británicos?

Presidente: En la reunión en el MI-6 hablamos de noticias falsas.

Que Serguéi Lavrov señalara directamente al Reino Unido parece otorgar el beneficio de la duda a Estados Unidos. Esto puede deberse a que Moscú quiere seguir dejando la puerta abierta al diálogo con Washington. En todo caso, no sé qué resultaría más grave: que los servicios de inteligencia estadounidenses desconocieran una operación que tardó 18 meses en gestarse, o que mantuvieran en la ignorancia a Donald Trump.

Si la inteligencia de Estados Unidos colaboró en el diseño de la operación, demostraría una alarmante falta de materia gris, pues los ataques pusieron de manifiesto una vulnerabilidad que colocaba en una posición delicada a su propio país.  Si actuó movida por el imperativo de conseguir una victoria de Ucrania frente a Rusia, cualquiera que sea el coste, evidenció su miopía.

Hasta The Economist, uno de los medios occidentales más belicista y proucraniano, reconocía que “Por mucho que Ucrania celebre su nueva destreza en las incursiones en el interior de Rusia, la victoria tiene poca relevancia inmediata para las líneas del frente”.

Los ataques a los bombarderos estratégicos rusos no sólo no van a cambiar el sentido de la guerra en Ucrania, sino que han provocado que Rusia ponga fin a la moratoria, de carácter unilateral, que se había autoimpuesto en lo tocante al despliegue de misiles antiaéreos basados en tierra. Tan sólo unos días después del ataque ucraniano, el viceministro de Asuntos Exteriores Serguéi Riabkov declaraba que Rusia se veía obligada a responder ante la aparición de amenazas de misiles muy tangibles.

Titular de la agencia rusa TASS.

Aunque el viceministro aludía a la salida de Estados Unidos del tratado INF en 2019, un acuerdo suscrito entre Washington y la URSS en 1987, y a la falta de voluntad estadounidense de restringir el despliegue de misiles con alcance entre 500 y 5.500 kilómetros, los ataques contra los bombarderos estratégicos han pesado mucho a la hora de poner fin a la moratoria unilateral rusa.

Serguéi Riabkov alegaba que “Por el momento, no vemos cambios cardinales, y mucho menos retrocesos, en los planes de Estados Unidos para seguir avanzando en el despliegue de misiles terrestres de medio y corto alcance en varias regiones del mundo». Una cosa es mantener la interlocución con el actual inquilino de la Casa Blanca, y otra muy distinta, descuidar la defensa.

Cuatro días después, la OTAN daba la razón al diplomático ruso. Bloomberg informaba que “Los Estados miembros de la OTAN están debatiendo por primera vez la combinación del escudo antimisiles balísticos de la alianza con otros recursos integrados de defensa antimisiles”. La OTAN ha venido justificando el despliegue de interceptores de misiles en Polonia y Rumanía aludiendo a la “amenaza” de los misiles de largo alcance con los que cuenta Irán. Cualquiera que mire el mapa llegará a otra conclusión.

Bloomberg: La OTAN reforzará sus defensas antimisiles en el este para contrarrestar la amenaza rusa. 12 de junio de 2025.

Estados Unidos se retira de los tratados para el control del armamento

En 2002, Estados Unidos se retiró del tratado de misiles antibalísticos ABM. George W. Bush se agarró a los atentados del 11 de septiembre para justificar la salida de Estados Unidos del tratado firmado con Rusia: “He llegado a la conclusión de que el Tratado ABM obstaculiza la capacidad de nuestro gobierno de desarrollar formas de proteger a nuestro pueblo de futuros ataques con misiles terroristas o de estados rebeldes”.

En 2019, Estados Unidos se retiró del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) que firmaron Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov en 1987, alegando incumplimientos de Rusia que, según Moscú, nunca fueron probados. Es sobre este tratado sobre el que Putin había declarado una moratoria unilateral, hasta que no aparecieran armas de ese tipo que supusieran una amenaza para Rusia, en Europa o en otras regiones del mundo.

En 2020, Estados Unidos también se retiró del Tratado Cielos Abiertos. Firmado en 1992, el tratado permitía a cada uno de los 34 Estados firmantes realizar vuelos de reconocimiento sin armas y con poca antelación sobre la totalidad de los territorios de los demás para recopilar datos sobre las fuerzas y actividades militares. Rusia se retiró del tratado al año siguiente.

El último tratado de control de armas formalmente en vigor, el New START, vence en febrero de 2026. Limita legalmente el número de armas nucleares de largo alcance que Estados Unidos y Rusia pueden desplegar y obliga a “no utilizar medidas de ocultación que impidan la verificación, por medios técnicos nacionales de verificación, del cumplimiento de las disposiciones del presente Tratado.»

Daily Sabah: El último tratado de control de armas bajo amenaza nuclear.

El apoyo de Washington a Kiev llevó a Vladímir Putin a suspender formalmente la participación de Rusia en el tratado en febrero de 2023, aunque se comprometió a seguir respetando sus limitaciones. Estados Unidos replicó poniendo fin a la capacidad de Rusia para supervisar las instalaciones nucleares estadounidenses, revocando los visados de los inspectores y denegando la autorización a las aeronaves rusas para sobrevolar su espacio aéreo. El ataque ucraniano probablemente le haya puesto el último clavo a su ataúd.

Estados Unidos es quien se retira de los tratados para el control de armamento, es quien impulsó la expansión de la OTAN hasta las mismas fronteras de Rusia y es quien acuñó el mantra de la agresión rusa “no provocada”, repetida hasta la náusea por los medios occidentales. Pero las amenazas siempre vienen de los demás.

La Unión Europea se alía con Lindsey Graham para socavar la política exterior de Donald Trump

Los intentos de Donald Trump de poner fin a la guerra en Ucrania, con todas sus limitaciones y dosis de hipocresía, analizadas en otro artículo, están siendo boicoteados activamente por el propio Zelenski, cuya vida depende de que la guerra continúe; por la enrabietada Unión Europea, que no concibe que le haya salido mal el plan que le vendió Joe Biden; por el Reino Unido, cuyos militares proponen ayudar a Ucrania a desarrollar armas nucleares; y por Lindsey Graham, el senador estadounidense que se hizo famoso por afirmar que Ucrania lucharía  “hasta la última persona” si se le proporcionaba armamento y financiación sin límites.

Gran Bretaña debería ayudar a Ucrania a desarrollar sus propias armas nucleares en el marco del Acuerdo de Asociación Estratégica, – coronel del ejército británico Richard Kemp en el Foro de Seguridad del Mar Negro.

Tan sólo dos días antes del ataque ucraniano contra los bombarderos estratégicos rusos, el senador republicano Lindsey Graham y el demócrata Richard Blumenthal visitaban a Zelenski en Kiev. Ambos llevan semanas amenazando con presentar en el Senado una ley para imponer aranceles de un 500% a las importaciones procedentes de países que compren a Rusia petróleo, gas, uranio y otros productos. Lo que, en la práctica, supondría un embargo a China, India y un largo etcétera de naciones, que han ignorado las sanciones occidentales. Una medida disparatada que equivaldría a congelar el comercio de Estados Unidos con las principales economías mundiales.

Reuters: Senador de USA Graham: El Senado trabajará en la ley de sanciones a Rusia la semana que viene.

Graham prosiguió su gira europea en Bruselas, donde el 2 de junio se reunió con la presidenta de la Comisión Europea. El resumen de la reunión deja bien a las claras la pinza que pretenden hacerle a Donald Trump, reacio a imponer más sanciones a Rusia: se habla de “coordinación de las sanciones” entre Estados Unidos y la Unión Europea.

Úrsula von der Leyen sigue mintiendo en relación con la efectividad de las sanciones, pero que sólo hayan servido para impulsar las exportaciones rusas carece de importancia para la alemana. En el paquete número 18 de sanciones, la presidenta de la Comisión se propone dejar atrás para siempre los gasoductos Nord Stream, condenando a Europa a adquirir el gas a unos precios que están desindustrializando Alemania. Además, pretende bajar el precio máximo del petróleo ruso de 60 a 45 dólares por barril, ignorando el fracaso del anterior tope.

Politico, 5 de diciembre de 2023: Un nuevo informe revela que el límite del precio del petróleo ruso ha fracasado en gran medida.

El senador estadounidense Ron Paul acusaba a Lindsey Graham de intentar socavar la política exterior de Donald Trump: “Como el presidente Trump ha declarado repetidamente que su política es poner fin a esa guerra, ¿por qué un senador estadounidense está socavando la política exterior oficial de Estados Unidos… y hasta qué punto estuvo involucrado él (y otros neoconservadores de la Administración) en los ataques del domingo?”

Si la vida de Zelenski depende de que el conflicto continúe, las élites europeas están dispuestas a todo con tal de no reconocer el fracaso de su estrategia. Su prioridad absoluta, y en lo que están concentrando sus esfuerzos, con el apoyo de Keir Starmer, es hacer virar a Donald Trump hacia las posiciones de la administración anterior: que el apoyo a Ucrania continúe todo el tiempo que sea necesario. 

Si las élites europeas no consiguen reconducir a Trump, en Londres y Bruselas prefieren que Kiev capitule por la fuerza, antes que aceptar las condiciones expuestas en el memorando que los negociadores rusos entregaron a los ucranianos en Estambul el 2 de junio. El Atlantic Council, uno de los reductos de los neoconservadores, se apresuró a equiparar sus términos con la capitulación de Ucrania.

Atlantic Council: Las condiciones de paz punitivas de Putin son un llamado a la capitulación total de Ucrania.

Europa confunde la contención rusa con debilidad

Los planteamientos de Rusia en el memorando entregado en Estambul coinciden con lo expuesto por Vladímir Putin en su discurso ante los funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores, el 14 de junio de 2024. Lo que está proponiendo Rusia es, a grandes rasgos, una vuelta al statu quo que existía en Ucrania antes del golpe de Estado de 2014.

Un país donde no se perseguía a quienes hablaban en ruso – un 48% de la población en 2004 –, ni a la iglesia canónica ortodoxa. Un país que, en su declaración de soberanía, “declara solemnemente su intención de convertirse en un Estado permanentemente neutral que no participe en bloques militares y se adhiera a tres principios libres de armas nucleares: no aceptar, producir ni comprar armas nucleares”. Un país donde no se alzaba a la categoría de héroes nacionales a notorios nazis.

Sin embargo, desde 2014 ha habido cambios sobre el terreno. Cualquier acuerdo de paz necesariamente habrá de tener en cuenta las realidades en el frente de guerra. Rusia ha ocupado aproximadamente el 20% del territorio de Ucrania, un dato que Zelenski y sus patrocinadores europeos se resisten a admitir. Hasta The Wall Street Journal reconoce que el ejército ruso está avanzando, aunque en realidad la estrategia rusa ha sido desde el principio la guerra de desgaste.

Dónde está avanzando Rusia en Ucrania y qué espera ganar. 11 de junio de 2025.

La OTAN ha admitido que la producción de armas de Rusia supera con creces la de occidente. Incluso medios de Ucrania aceptan que el bloque occidental “no está logrando alcanzar la producción rusa de la unidad de guerra más básica del último medio milenio: la pólvora”. Rusia está ganando de largo la guerra de desgaste, pero existen motivos que pueden forzarle a cambiar una estrategia que, hasta ahora, ha servido a sus intereses.

La guerra dura ya más de tres años y, en contra de la imagen que occidente presenta de Putin – un sátrapa que hace y deshace a su antojo – la realidad es muy distinta: hay presión de sectores más duros para que el ejército se quite los guantes. Además, la ficción de que es solamente Ucrania, y no Estados Unidos, y Alemania, y el Reino Unido, y Francia, quien está en guerra con Rusia no se puede mantener durante mucho más tiempo.

Hasta el momento, el gobierno ruso ha dado muestras de una contención que occidente ha malinterpretado como debilidad. Rusia es la mayor potencia nuclear del mundo, y podría haber borrado Ucrania de la faz de la tierra en minutos, pero su objetivo no es ese. Al igual que tampoco consiste en plantar su bandera en el Reichstag, por mucho que las élites europeas agiten ese espantajo como coartada para mantenerse en sus puestos, reforzar el centralismo antidemocrático de Bruselas y seguir con el programa de las “ayudas” al gobierno de Zelenski, que jamás han sido, ni serán, auditadas.

Los BRICS, y el sur global en general, que representa la mayoría de las naciones del mundo, están observando también la conducta de Rusia en Ucrania. Este es otro motivo de la contención del Kremlin frente a las continuas provocaciones que recibe. Los rusos son excelentes jugadores de ajedrez. Si los ataques ucranianos contra trenes cargados de civiles pretendían volar no sólo los puentes de los contactos en Estambul, sino desencadenar una respuesta asimétrica, sus autores se equivocaron de plano.

Lo que sí ha ocurrido es que Rusia ha tomado nota de cuál es la estrategia de guerra sucia y provocaciones de Ucrania y sus patrocinadores europeos, una vez que Estados Unidos parece querer retirarse de la primera línea. Y va a actuar en consecuencia. Si Ucrania no acepta ceder las cuatro regiones que Rusia ya controla en gran medida, la “zona de amortiguación” que Putin ordenó construir se ensanchará, como ya está ocurriendo en Sumy y Dnipropetrovsk. Hasta dónde llegará, nadie lo sabe.

Si Ucrania no se aviene a negociar sobre la base del memorando entregado en Estambul el 2 de junio, y confía en que el apoyo de Londres y Bruselas será suficiente para seguir combatiendo, se arriesga a que Rusia se quite los guantes y se garantice que la OTAN no va a volver a suponer una amenaza en su flanco suroccidental. A menos que los neoconservadores convenzan a Trump para seguir apoyando a Zelenski, todo el tiempo que sea necesario, en cuyo caso las perspectivas para quienes vivimos en Europa no podrían ser más negras. Rusia no va a renunciar a sus objetivos, que considera imprescindibles para garantizar su supervivencia como Estado, negociación mediante, o en el campo de batalla.

Desgraciadamente, me inclino por la segunda opción. En todas las zonas del mundo donde hay conflictos e intentos de resolverlos mediante negociación, las fuerzas que se oponen al diálogo terminan imponiéndose. Dicho crudamente, prefieren matar a quien consideran enemigo y robarle sus recursos, que negociar con él.

El 11 de junio, tan sólo dos días antes del ataque de Israel a Irán, el ministro de Asuntos Exteriores Iraní expresaba su optimismo acerca de la posibilidad de un acuerdo nuclear con Estados Unidos, tras cinco rondas de negociaciones con Steve Witkoff. Los ataques sionistas a Irán buscaban, entre otras cosas, abortar la posibilidad de ese pacto. Exactamente lo mismo que pretendían los ataques ucranianos a los bombarderos estratégicos de Rusia: acabar con cualquier posibilidad de paz.

Las élites europeas consuman el golpe en Rumanía

4 de junio de 2025

La democracia no muere en Rumanía, la asesinan

Con el título “La democracia muere en Rumanía”, un artículo de Neil Clark, publicado en medios tan convencionales como The Spectator y Die Welt, alerta sobre la deriva autoritaria de la Unión Europea: “Europa está de celebración porque el ganador de las elecciones en Rumanía es un europeísta. Pero justo antes, se anularon las elecciones, el ganador fue arrestado y se le impidió volver a participar. Esto abre la puerta, en el corazón de Europa, a la exclusión de candidatos que, a ojos de quienes ostentan el poder, representan las posturas «equivocadas».

La democracia muere en Rumanía. 19 de mayo de 2025.

El artículo es para enmarcarlo, pero yo cambiaría el título: la democracia no se murió en Rumanía, la asesinaron.  Neil Clark quizá usó un verbo intransitivo porque los asesinatos siempre los comete alguien. A estas alturas de la “democracia” europea, atribuir este crimen político a un autor concreto es conflictivo, sobre todo si quieres publicar en medios convencionales. Sin embargo, las élites europeas no sólo no han escondido su larga mano para moldear el resultado de las elecciones en Rumanía de acuerdo con sus intereses, sino que han sacado pecho de su injerencia.

Antes de reseñar las intromisiones de las élites en las elecciones presidenciales en Rumanía, hasta el extremo de coronar a su candidato, debemos hacer un breve repaso de cómo se ha fabricado este golpe de Estado en un país miembro de la Unión Europea. Para un análisis más detallado de la primera fase de la operación, puedes leer este artículo, que publiqué el 30 de enero.

El 24 de noviembre de 2024, Călin Georgescu obtuvo la primera posición en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, con un 22,94% de los votos. Las encuestas le daban un 38% en la segunda vuelta. Georgescu se había manifestado en contra de seguir apoyando a Ucrania en la guerra que libra contra Rusia, por encargo de Estados Unidos. Significativamente, el último lugar lo ocupó el ex vicesecretario general de la OTAN, Mircea Geoană, que sólo obtuvo el 6,32% de las papeletas: a pesar de la insistencia de las élites, y el denodado trabajo de la prensa a su servicio, la ciudadanía sigue sin comprar el discurso belicista.

El 4 de diciembre, medios occidentales publicaron diversas noticias en las que se acusaba a Rusia de organizar una campaña en TikTok, para favorecer al candidato Călin Georgescu. Justo antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, prevista para el 8 de diciembre, agencias de inteligencia rumana desclasificaron unos documentos, donde se hablaba de ciberataques “coordinados por un actor patrocinado por un estado”. Al día siguiente, el Tribunal Constitucional anuló no sólo la segunda vuelta, sino todo el proceso electoral. Así pues, quien enarboló en primer lugar el arma golpista fue la más alta instancia jurisdiccional del país.

Sin embargo, la atribución a Rusia de la supuesta campaña en redes para favorecer a Georgescu fue desmentida poco después por la propia fiscalía de Rumanía, que incluso desveló quién la había financiado:  el PNL, el partido liberal rumano, con el objetivo de restar apoyos electorales a otros rivales.

No dejes que la realidad te estropee un buen titular

Neil Clark, el autor de la cita que arranca este artículo, nos recuerda que el 25 de abril de 2025, un tal Rowan Ings, de la Unidad de Desinformación Global de la BBC, admitía que “Las autoridades aún no han aportado ninguna prueba concreta de la interferencia rusa en las elecciones, lo que frustra a muchos rumanos”.

Llama la atención el orwelliano nombre de la unidad de la BBC. Sin embargo, encaja irónicamente con las tareas a las que se dedican los medios occidentales convencionales. A pesar del desmentido de la fiscalía rumana, los titulares que vinculaban a Georgescu a la esfera del Kremlin siguieron proliferando. Todo, por oponerse a seguir financiando la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania.

El 9 de marzo, el muy progresista The Guardian seguía tildando de “prorruso” a Călin Georgescu para justificar la prohibición de las autoridades rumanas de volver a presentarse a las nuevas elecciones al ganador de la primera vuelta, convenientemente anulada.

El 10 de marzo, Reuters citaba la “sospechada” injerencia rusa en las elecciones para justificar el veto del Tribunal Constitucional de Rumanía a la candidatura de Călin Georgescu. Pasando por alto el desmentido de la fiscalía rumana, la agencia británica seguía hablando de “sospechas”. Una “prueba” aparentemente suficiente para prohibir a un candidato concurrir a unas elecciones.

Aunque la palma se la llevaba el Robert Lansing Institute, un chiringuito con aires de think tank, que titulaba de esta impactante guisa un artículo : “La inteligencia militar rusa tras el intento de golpe de Estado en Rumania: la oscura red que apoya al candidato prorruso Călin Georgescu”.

La inteligencia militar rusa tras el intento de golpe de Estado en Rumania: la oscura red que apoya al candidato prorruso Călin Georgescu.

Hay que tener mucho desparpajo para achacar intenciones de perpetrar un golpe de Estado a un candidato al que prohíben presentarse a las elecciones, después de haber ganado la primera vuelta, amparándose en falsedades y sospechas. Pero los medios occidentales, los gabinetes de ideas, las fundaciones y otros agentes no descansan en la construcción de una narrativa que vincule con el Kremlin a todos los que se salen del guion belicista, marcado desde Bruselas. Ahora mismo, en la Unión Europea, pronunciarse a favor de la paz supone que te equiparen con las huestes de Putin. No cabe mayor paradoja.

Las élites europeas presumen de injerencias y golpismo

La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen se apresuró a respaldar la anulación de las elecciones en Rumanía, mientras el excomisario europeo Thierry Breton avisaba de que la Unión Europea estaba dispuesta a hacer lo mismo en Alemania, si consideraba que el candidato que ganaba las elecciones no era el adecuado.

¿Podrían ser anuladas las elecciones alemanas por la Comisión Europea?

Si hay algo que caracteriza a las élites europeas es su doble rasero. Mientras se escudan en “sospechadas” injerencias extranjeras para justificar la anulación, y sucesiva repetición, de las elecciones hasta que gana su candidato favorito, no tienen reparo en presumir de su voluntad de interferir en los procesos electorales en cuanto algún candidato osa salirse del guion de Bruselas, y es necesario poner orden en la “democracia”.

Valerie Hayer, eurodiputada y líder del grupo parlamentario Renew Europe, anunció en una entrevista con Franceinfo que iba a hacer todo lo posible “sobre el terreno”, junto con sus socios proeuropeos, “para garantizar que el próximo presidente rumano sea proeuropeo”.

Brussels Signal: Rumanía: Hayer, la presidenta de Renew, acusada de injerencia en las elecciones.

El grupo parlamentario Renew Europe incluye en sus filas al partido de Nicusor Dan, el candidato que finalmente se alzó con la presidencia en Rumanía: la Unión Salvar Rumanía (USR), etiquetado como de centro liberal. En el mismo grupo parlamentario encontramos a Renaissance, el partido de Emmanuel Macron, donde también milita Valerie Hayer. En la entrevista con Franceinfo, la francesa avanzó que organizaría “reuniones en todos los países, incluida Francia, para hacer un llamado a la diáspora rumana que vive en Francia, para que participen en estas elecciones y sigan construyendo el proyecto europeo que les pertenece”.

La misma Valerie Hayer que presumía de la intromisión francesa en las elecciones en Rumanía es la que acusaba a Elon Musk de “injerencias algorítmicas en el debate público” y solicitaba a la Unión Europea sanciones a la plataforma digital X (Twitter), usando la Digital Service Act, la herramienta que ha legalizado la persecución de las voces disidentes en la Unión Europea, amparada en el eufemismo de la lucha contra la “desinformación”.

El doble rasero de las élites europeas se hacía palpable nuevamente: las injerencias en las elecciones de otros miembros de la Unión Europea no sólo son buenas, sino necesarias, siempre y cuando vayan a favor de los candidatos que cuentan con el beneplácito de Bruselas.

El 16 de mayo, dos días antes de celebrarse las elecciones en Rumanía, Nicusor Dan publicaba en sus redes sociales un vídeo con una conversación mantenida con Emmanuel Macron. El presidente francés comenzaba usando el inglés, pero Nicusor Dan le ofrecía hablar en francés, puesto que el rumano cursó estudios universitarios en París. En la videoconferencia, Macron recalcaba que “lo que está en juego en estas elecciones desde luego es clave no sólo para el destino de Rumanía, sino también para el nuestro”.

Macron ocupa el centro del escenario en el enfrentamiento en las elecciones en Rumanía. 16 de mayo de 2025.

El presidente francés subrayaba en la conversación con su candidato favorito que “es esencial tener un socio proeuropeo involucrado en la seguridad colectiva”, a lo que el rumano apostillaba que “la seguridad es sin duda la principal preocupación de Europa” y “esto es lo primero que deberá ser desarrollado si me convierto en el presidente de Rumanía”.

Dicho y hecho. Al día siguiente del acceso a la presidencia, Nicusor Dan hablaba con Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, para asegurarle que Rumanía continuaría siendo un firme aliado, mientras anunciaba “inversiones en defensa para fortalecer el vínculo transatlántico que es vital para Rumanía y la Alianza”.

Publicación de Nicusor Dan, reseñando conversación con Mark Rutte.

No me cansaré de recordar la importancia de la posición geográfica de Rumanía, que alberga la segunda mayor base de la OTAN, junto al Mar Negro. La ampliación proyectada, con un presupuesto de 2.700 millones de dólares, la convertirá en la primera de la organización militar, con una extensión de 3.000 hectáreas y capacidad para albergar a 10.000 soldados y sus familias. Todo, a tiro de piedra de la costa ucraniana en el Mar Negro.

El diario Le Monde filtró en febrero del año pasado las intenciones de Emmanuel Macron de enviar tropas a Odessa, según recogían medios de Ucrania. Ahora ya no hablamos de lazos culturales, sino de la proyección del poder de Francia en esa zona, una vez que ha sido expulsada de África, así como de evitar que Rusia se haga con el control de toda la costa del Mar Negro.

Rusia denomina Novorossiya (Nueva Rusia) a los territorios al este y el sur de Ucrania. Una nomenclatura que procede de los tiempos de Catalina la Grande, en el siglo XVIII. El control ruso de todas las regiones que la integran permitiría bloquear la salida de Ucrania al Mar Negro, establecer una zona de amortiguación y conectar con la franja de Transnistria, al este de Moldavia, poblada por rusos en su mayoría, y que es independiente de facto.

Regiones de Ucrania que el Kremlin denomina Novorossiya (Nueva Rusia).

La “sorpresiva victoria” de Nicusor Dan 

El nuevo presidente de Rumanía fue fundador del partido USR y, posteriormente, alcalde de Bucarest. En su discurso “hace hincapié en la lucha contra la corrupción, la prevalencia del imperio de la ley, la fortaleza de las instituciones y la modernización de la democracia rumana”, según leemos en su perfil, publicado por CIDOB.

Los resultados obtenidos por Nicusor Dan en la primera y la segunda vuelta de las repetidas elecciones presentan un ascenso meteórico. En la primera vuelta, el candidato George Simion obtuvo el 40,9% de los votos, el doble que Nicusor Dan. El partido de Simion, AUR (Alianza para la Unión de los Rumanos), es la segunda fuerza parlamentaria. En las elecciones legislativas de 2024, celebradas una semana después de la primera vuelta de las presidenciales, posteriormente anuladas, le sacó 10 puntos de ventaja al partido de Nicusor Dan, el USR: 22% frente al 12%.

George Simion se había mostrado no sólo en contra de seguir financiando la guerra con Ucrania, sino que había declarado que, en caso de ganar, podría nombrar primer ministro al defenestrado Calin Georgescu. Para las élites europeas, toda una provocación.

Resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Rumanía, 4 de mayo de 2025. Gráfico: Statista.

A pesar de que la encuesta de Statista señalaba un empate técnico entre George Simion y Nicusor Dan, en la segunda vuelta se obró el milagro: Nicusor Dan obtuvo el 53,6% de los votos, más que duplicando los obtenidos en la primera vuelta, sacando 7,2 puntos de ventaja a Simion. La participación en la segunda vuelta estuvo cerca del 65%, frente al 53% de la primera.

Encuesta publicada por Statista el 14 de mayo de 2025 sobre la intención de voto para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Rumanía.

El canal France 24 calificaba de “victoria sorpresa” la del candidato proeuropeo Nicusor Dan, y apuntaba al incremento de la participación en la segunda vuelta como uno de los factores que impulsaron el ascenso del candidato favorito de Emmanuel Macron. Financial Times también hablaba de una “sorpresiva recuperación” en la segunda vuelta, tras un pobre desempeño en la primera.

France 24: Victoria sorpresa para el candidato pro-europeo Nicusor Dan en la tensa repetición de las elecciones en Rumanía.

Tanto George Simion como Nicusor Dan hicieron campaña en Francia, con el objetivo de recabar votos de los emigrados, que ascienden aproximadamente a 500.000 personas en el país galo. Simion ganó el voto de la diáspora, sacándole más de 10 puntos al candidato de Bruselas. Una diferencia significativa, ya que se supone que los ciudadanos rumanos expatriados, mayoritariamente en Europa, deberían haberse decantado por el candidato europeísta.

En Italia, donde viven más de un millón de rumanos, la mayor colonia en el extranjero, Simion obtuvo el 70% de los votos. Este voto se entiende como uno de protesta frente a los partidos tradicionales, que son vistos como corruptos, según la politóloga Antonela Cappelle-Pogacean.

Resultados en el extranjero en la segunda ronda de las elecciones presidenciales en 2025 en Rumanía.

La diferencia de porcentajes en los votos obtenidos por ambos candidatos entre la diáspora encaja más con la existente entre Simion y Dan en la primera vuelta, que con los resultados finales de la segunda. Tras haberse calzado a Calin Georgescu, la maquinaria injerencista de la Unión Europea se puso a trabajar a fondo para poner al frente de Rumanía a su candidato, tal y como había anunciado Valerie Hayer.

La OTAN no se podía permitir a ningún presidente que pusiera en riesgo su hoja de ruta. La presidenta de la Comisión Europea no tardó en felicitar a su candidato por su triunfo en las elecciones rumanas. George Simion, por su parte, felicitó a Emmanuel Macron, al considerarle el verdadero vencedor de las elecciones en Rumanía.

Publicación de Nicusor Dan, agradeciendo las felicitaciones de la presidenta de la Comisión Europea.

Tras el fin del tumultuoso proceso electoral en Rumanía, Calin Georgescu anunció que se retiraba de la política, alegando que su familia necesitaba «tranquilidad». ¿Le hicieron llegar a Georgescu una oferta que no pudo rechazar

Destruir la democracia para defenderla 

Pavel Dúrov, creador junto a su hermano de la aplicación de mensajería Telegram, denunciaba públicamente que había recibido presiones del gobierno de Francia para que silenciara “voces conservadoras en Rumanía” antes de las elecciones presidenciales en el país. Dúrov apuntaba que no se puede “defender la democracia destruyendo la democracia”, ni “luchar contra la interferencia en las elecciones, interfiriendo en las elecciones”.

Publicación de Pavel Dúrov en Telegram.

Sin embargo, este es el proceso en el que se ha embarcado la Unión Europea, sin ningún género de dudas, como pone de manifiesto lo ocurrido en la campaña electoral en otro país miembro: Polonia. En este caso, Donald Tusk, actual primer ministro polaco, acusó al candidato a la presidencia Karol Nawrocki de “traición al Estado” por oponerse a la entrada de Ucrania en la OTAN. Tusk es un hombre del aparato de Bruselas: el ahora primer ministro en su país se desempeñó como presidente del Consejo Europeo entre 2014 y 2019.

La lectura de estas actitudes es bien sencilla, y viene indicada por un cambio en la terminología que usan las élites europeas, como señala Neil Clark: “Es notable cómo el discurso «liberal» de la élite ha virado hacia hablar de «valores democráticos» en lugar de «democracia». Esta es una diferencia crucial”.

Efectivamente. Si las élites se arrogan el privilegio de determinar lo que consideran «valores democráticos», están abriendo la puerta a excluir a candidatos que, en la opinión de quienes detentan el poder, mantienen posturas equivocadas, que inmediatamente son etiquetadas como “no democráticas”.

Tras el esperpento de la anulación y ulterior repetición de las elecciones presidenciales en Rumanía, una publicación tan conservadora como The Economist, que se arroga la potestad de elaborar un “Índice de la democracia”, degradó a Rumanía de la categoría de “democracia defectuosa” a la de “régimen híbrido”.

Romania Insider: Rumanía degradada a “régimen híbrido” en nuevo índice de la democracia. 28 de febrero de 2025.

No fue sólo Calin Georgescu quien fue apartado de la carrera presidencial en Rumanía. Diana Sosoaca, otra candidata conocida por su oposición a la OTAN y la Unión Europea, fue descalificada como aspirante a la presidencia por la Junta Electoral Central. Decisión que fue posteriormente ratificada por el Tribunal Constitucional, que adujo que cualquier candidato que abogara por abandonar la alianza militar o la UE no podía concurrir a las elecciones presidenciales, porque la pertenencia a la OTAN y la UE estaban estipuladas en la constitución del país.

Esto supone atribuir un carácter inalterable a lo que no dejan de ser posiciones políticas: ¿Por qué no se puede cambiar la constitución de un país? ¿Por qué no se puede plantear la salida de la Unión Europea? ¿Acaso no lo hizo el Reino Unido? Noruega no pertenece a la Unión Europea. ¿Habría que forzar un cambio de régimen en Oslo? No parece que sea necesario para los intereses de Bruselas: Noruega se ha convertido en el mayor proveedor de gas natural de la Unión, y es miembro fundador de la OTAN.

Austria tiene consagrada la neutralidad en su constitución, lo que encaja con la opinión mayoritaria de su población, que está en más de un 75% en contra entrar en la OTAN.Por lo tanto, la pertenencia o no a determinadas instituciones supranacionales es una cuestión política, susceptible de ser elegida, en última instancia, por la ciudadanía de cada país. ¿Cómo se atreve Donald Tusk a calificar de “traición” el rechazo de un candidato a que Ucrania ingrese en la OTAN? Varios miembros de la administración de Donald Trump, comenzando por el propio presidente, han declarado su escepticismo, cuando no rechazo, respecto al ingreso de Ucrania en la OTAN. ¿Les calificará también Tusk de traidores?

Financial Times: El presidente electo de Rumanía apoya un mayor gasto de la OTAN.

El nuevo mandatario de Rumanía ha recalcado su compromiso con los planes de rearmar a su país y a la Unión Europea: Nicusor Dan está a favor de un incremento en el gasto militar de los miembros de la OTAN. En este caso, la ciudadanía rumana ha votado “bien”, como decía Vargas Llosa, por lo que las elecciones han sido limpias, no ha habido campañas sospechosas en redes sociales, ni injerencias malignas de potencias extranjeras.

Las élites europeas están equiparando el acatamiento de sus postulados, elevados a la categoría de “valores democráticos”, con la democracia misma. Siguiendo esta lógica perversa, todo lo que se oponga a sus dictados es etiquetado como antidemocrático: posiciones políticas que hay que eliminar, por mor de la salvación de la democracia.

La deriva autoritaria de la Unión Europea se ha plasmado ya en Rumanía, ante la indiferencia de la opinión pública, el desinterés de los medios, y la aquiescencia cómplice de las principales capitales europeas, independientemente de su color político.

En Polonia, Karol Nawrocki, el candidato que ha mostrado su oposición a que Ucrania ingrese en la OTAN y en la Unión Europea, se impuso finalmente al contendiente apoyado por Donald Tusk en las elecciones presidenciales. El presidente en Polonia tiene poder de veto sobre la legislación. Tras la derrota de Rafal Trzaskowski, el candidato pro-Unión Europea apadrinado por Tusk, éste declaró que no pensaba “dar un paso atrás”.

¿Cómo tenemos que tomarnos las declaraciones de Donald Tusk? ¿Se repetirá el escenario vivido en Rumanía en otros países de la Unión Europea? ¿Seguiremos disfrutando de una democracia tutelada por las élites, donde sólo se admite la victoria de candidatos alineados con la burocracia atrincherada en Bruselas?

Una reciente investigación, titulada “Manufacturando la desinformación: La guerra de propaganda financiada por la UE contra la libertad de expresión” ha revelado que la Unión Europea se ha gastado 650 millones, en 349 proyectos, para contrarrestar el “discurso de odio” y la “desinformación”. En realidad, denuncia el estudio, “El dinero de los contribuyentes se ha utilizado conscientemente para financiar un complejo orwelliano de desinformación para dictar y controlar el lenguaje del debate público”.

Manufacturando la desinformación: La guerra de propaganda financiada por la UE contra la libertad de expresión.

Las élites europeas están entregadas a un proyecto totalitario en el que no sólo se demonizan y se tratan  de excluir las ideas y propuestas políticas que contradicen sus delirios hegemónicos, sino que intentan controlar hasta el lenguaje que utilizamos en el debate público, achicando los escasos espacios de libertad que aún quedan. Este es el panorama al que nos enfrentamos en la Unión Europea, ante la peligrosa indiferencia de la mayoría de la población.

Putin impone su marco de negociación y echa un cable a Trump

22 de mayo de 2025

Putin rescata momentáneamente a Trump

Rusia impuso su marco de negociación en Estambul, anotándose otra victoria, esta vez en el terreno diplomático. Tras rechazar de entrada el alto el fuego de 30 días, Putin le echó una mano a Trump, que cogió al vuelo la propuesta rusa de entablar conversaciones directas con Ucrania en Estambul. Con este movimiento, el Kremlin rompía el cerco que la facción neoconservadora en Estados Unidos, las élites de la Unión Europea, del Reino Unido y Zelenski pretendían imponerle a Donald Trump.

Poderosas fuerzas están intentando convertir al actual presidente de Estados Unidos en una suerte de Joe Biden Segundo, tal y como reseñé en mi artículo anterior. Donald Trump está sufriendo una fuerte presión por parte de su propio partido, encarnada en el senador Lindsey Graham, para continuar apostando por el caballo muerto. Hay muchos intereses políticos en que la guerra contra Rusia continúe en Ucrania, por no hablar de los económicos.

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