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En Irán se disputa la hegemonía mundial

12 de mayo de 2026

El objetivo de los ataques de Estados Unidos a Venezuela e Irán también es China

Los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán responden a objetivos sólo parcialmente coincidentes. En el artículo anterior me centré en los intereses de Israel en la región, y en cómo Netanyahu consiguió empujar a Donald Trump a un conflicto del que ahora el presidente de Estados Unidos no sabe cómo salir, sin perder la cara. La última parte del artículo se centraba en el tema que voy a desarrollar ahora: la lucha por la hegemonía mundial, que se está disputando en Irán.

El motor de la geopolítica es la lucha por el control de los recursos, especialmente los energéticos. Sin energía, nada se mueve, y el precio de la energía determina la viabilidad de las empresas y, por ende, de los estados que las albergan. El ejemplo lo tenemos aquí mismo, en Europa: la desindustrialización de Alemania se debe al encarecimiento de la energía, desde que los lumbreras de Bruselas decidieron prescindir del gas procedente de Rusia, para sustituirlo por el mucho más caro de otros proveedores. Singularmente, de Estados Unidos, que se ha convertido en el primero de la Unión Europea.

Ilustración: Liu Rui, Global Times.

Previamente al nuevo ataque contra Irán, Estados Unidos secuestró a Nicolás Maduro en Caracas y se aseguró el control político del gobierno chavista a punta de pistola, como analicé en este artículo. Venezuela alberga las mayores reservas de crudo del planeta, de un tipo muy pesado, muy conveniente para las refinerías situadas en Texas, Louisiana y Misisipí. Unas instalaciones que se configuraron para procesar este tipo de petróleo allá por los años 90 del pasado siglo, no por casualidad, sino mirando el mapa.

Las exportaciones de petróleo venezolano han sido redirigidas hacia Estados Unidos, en detrimento de China, que el año pasado recibía más de la mitad de los 768.000 de barriles diarios que salían de Venezuela. Esta cantidad supone un 3% de las importaciones chinas de petróleo. No parece un bocado muy grande, pero contribuye a ampliar la mella que supondría para China verse privada de las provenientes de Irán.

Las acciones de EE. UU. amenazan los flujos de petróleo entre Venezuela y China, el pago de la deuda e inversiones. Center on Global Energy Policy, Columbia University.

China compra más del 80% del petróleo que sale de Irán en tanqueros, según cifras del año pasado, citadas por Reuters. Los 1,38 millones de barriles que adquirió China en 2025 representan el 13,4% del petróleo que llegó por vía marítima al gigante asiático. Si lo sumamos al 3% que procedía de Venezuela, estamos cerca del 17% de cuota en el mercado chino entre estos dos proveedores.

El 29% del gas que recibe China proviene de Catar y de los Emiratos Árabes Unidos. Catar es el segundo proveedor de gas de China, después de Australia. El 4 de marzo, una semana después de comenzar los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, Catar declaró fuerza mayor para interrumpir legalmente el suministro a los compradores, poco después de haber anunciado el cese de la producción de gas natural licuado.

El 18 de marzo, Catar calificaba de “peligrosos e irresponsables” los ataques israelíes contra la parte sur del yacimiento de gas que comparte con Irán: North y South Pars, el mayor del mundo. Netanyahu sostenía que Israel había actuado en solitario en el ataque, mientras Donald Trump porfiaba que Estados Unidos no había sido advertido previamente. Nadie en su sano juicio puede tragarse esa bola.

“Peligroso e irresponsable”: Catar enfurecido por el ataque de Israel al campo de gas compartido con Irán. Doha News.

Por si quedaba alguna duda de cuál es el verdadero objetivo que Estados Unidos persigue con el control del petróleo de Venezuela y el ataque a Irán, el 15 de abril Scott Bessent amenazaba con imponer sanciones a los bancos chinos que recibieran ingresos procedentes de Irán. Previamente, el 12 de abril, su jefe había amenazado con imponer aranceles del 50% a China si le proporcionaba armas a Irán.

Estados Unidos e Israel bombardean la línea férrea que une China con Irán

En una entrevista con el profesor Glenn Diesen, el coronel retirado Lawrence Wilkerson, que trabajó como jefe de gabinete de Colin Powell, contaba que uno de los objetivos de los bombardeos contra Irán es la línea ferroviaria que une este país con China. Esta infraestructura es clave dentro de la Nueva Ruta de la Seda.

Ilustración: Alex Krainer en Substack.

Según recoge Alex Krainer, la línea férrea fue construida por China como el principal corredor terrestre de carga de la Nueva Ruta de la Seda: aproximadamente 10.400 km en total desde Xi’an hasta el puerto seco de Aprin, cerca de Teherán. Este ferrocarril tiene la capacidad de desviar un alto porcentaje del comercio que genera China desde los mares a tierra firme. La línea ferroviaria se inauguró en junio de 2025, con la intención de transportar carga entre Irán y China mucho más rápido que usando las rutas marítimas, reduciendo los tiempos de transporte entre 15 y 20 días, evitando simultáneamente cuellos de botella como el estrecho de Ormuz y el de Malaca.

A principios de abril, Estados Unidos e Israel llevaron a cabo ataques aéreos contra esta línea férrea, alcanzando entre 8 y 10 puentes y varios segmentos de la vía, en distintos lugares de Irán. Además del control de la energía, Estados Unidos pretende hacerse con el de las rutas logísticas, como analicé en mi artículo anterior. Los ataques a uno de los proyectos estrella de la Nueva Ruta de la Seda tratan de socavar el enfoque comercial que China imprime a sus relaciones internacionales.

MacKinder revisitado: Por qué Estados Unidos no abandonará la OTAN

Enfadado por la negativa de sus supuestos aliados en la OTAN a ayudarle a reabrir el estrecho de Ormuz, cuyo cierre provocó, Donald Trump ha amenazado con abandonar la Alianza Atlántica. Tal acontecimiento no se producirá nunca, porque Estados Unidos fundó el conglomerado militar precisamente para proyectar poder en el continente euroasiático.

Marco Rubio se encargaba de enmendarle la plana a su jefe: después de declararse un ferviente partidario de la OTAN, Rubio recordaba que uno de los motivos por los que Estados Unidos está en la organización es precisamente para tener bases en Europa, que les permita proyectar su poder en el continente. Y si sus aliados no les dejaban usarlas, tenían un problema.

El aislamiento geográfico de Estados Unidos en relación con Eurasia debe ser compensado mediante la subordinación de Europa a sus intereses geopolíticos. Así, Washington aprovechó la victoria sobre Alemania en la Segunda Guerra Mundial – conseguida principalmente por la Unión Soviética – para, además de colgarse una inmerecida medalla, convertir a Europa occidental en un gigantesco cuartel donde instalar sus tropas.

En este punto conviene volver a las tesis de Halford MacKinder, sobre las que ya escribí en este artículo. Lo que hace Estados Unidos es retomar las tesis geopolíticas del hundido imperio británico, en gran medida desplazado del pedestal por la excolonia, como analiza el economista Michael Hudson en su libro “Super Imperialism. The Economic Strategy of American Empire”.

MacKinder advertía sobre la potencialidad de Rusia de convertirse en el imperio: “En el mundo en general, [Rusia] ocupa la posición estratégica central que Alemania ostenta en Europa”. El geógrafo británico proseguía de este modo: “El desequilibrio de poder a favor del Estado clave, que propiciaría su expansión por los territorios marginales de Eurasia, permitiría el uso de vastos recursos continentales para la construcción de flotas, y el imperio mundial estaría entonces al alcance de la mano. Esto podría ocurrir si Alemania se aliara con Rusia”.

Lo que proponía MacKinder era una alianza de Francia con “las potencias de ultramar”, a las que se sumarían Italia, Egipto, India y Corea, “que se convertirían en cabezas de puente” que forzarían a la potencia en el corazón del área pivote “a desplegar fuerzas terrestres e impedirles concentrar toda su fuerza en flotas”.

Ilustración: Reproducida por Alex Krainer en Substack.

En resumidas cuentas, lo que proponía MacKinder era impedir una alianza entre Alemania y Rusia: este es el objetivo de la guerra provocada por la OTAN en Ucrania. Además, el británico proponía rodear a Rusia de países beligerantes para impedir que desarrollara un potencial naval, que en su época era sinónimo de prevalencia en la arena geopolítica.

Mirando el mapa, vemos que Estados Unidos está moviendo sus peones, o haciéndose con nuevos, con el fin de rodear el corazón del pivote central, al que MacKinder luego denominó Heartland. En el flanco occidental, mediante la OTAN y su permanente expansión hasta las mismas fronteras rusas, con la incorporación de los países bálticos, y la más reciente de Suecia y Finlandia. La guerra de Ucrania es el paradigma del peón al servicio de Washington, a costa de la aniquilación de un país, con la complicidad de sus élites apesebradas.

En el flanco sur, con la temprana inclusión de Turquía en la OTAN, la toma de Siria, y los intentos de hacerse con el Cáucaso: guerra separatista en Chechenia, revolución de colores en Armenia, culminada con la presidencia de Pashinian, y el intento, hasta ahora frustrado, de tomar el control de Georgia.

En el flanco oriental, mediante el intento de hacerse con Afganistán; el golpe palaciego contra Imran Khan en Pakistán; la revolución de colores, camuflada de estudiantil, en Bangladés; la ocupación militar de Corea del Sur y de Japón, tras sufrir este último un holocausto nuclear a sus manos. La construcción de nuevas bases militares en Filipinas, tras el cambio de liderazgo en el país, y la instigación del separatismo en Taiwán, convenientemente provisto de armamento estadounidense, en lo que además es un lucrativo negocio.

Y por último, y fundamental, utilizando a Israel. En palabras de MacKinder: “La ciudadela de Jerusalén tiene una posición estratégica con respecto a las realidades mundiales que no difiere… de su posición ideal desde la perspectiva de la Edad Media”. El portaaviones insumergible de Estados Unidos en Oriente Próximo sigue cumpliendo su función.

En 1944, Nicholas John Spykman le enmendaba la plana a MacKinder. Parafraseando al británico, el profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Yale le daba la vuelta al enfoque: “Quien controla el Rimland gobierna Eurasia, quien gobierna Eurasia controla los destinos del mundo”. Todo lo contrario de lo que sostenía MacKinder, que ponía el foco en el control del Heartland, no de su periferia. La política de contención de la URSS se basó en las premisas de Spykman.

El corazón de la tierra, rodeada por el anillo continental.

Una vez disuelta la Unión Soviética, el objetivo de Estados Unidos pasa por hacerse con el control tanto del Heartland, como del Rimland. La guerra desatada por la OTAN contra Rusia en Ucrania es el intento de cambio de régimen en Moscú para hacer ese doblete, hasta ahora tan fallido como el perseguido en Irán.

Las consecuencias del fracaso estratégico de Estados Unidos en Irán

Es muy relevante que un personaje del perfil de Robert Kagan titule “Jaque mate en Irán”  un artículo en The Atlantic, cueva de los neoconservadores. Lo arranca con estas líneas: “Resulta difícil imaginar una época en la que Estados Unidos haya sufrido una derrota total en un conflicto, un revés tan decisivo que la pérdida estratégica no pudiera repararse ni ignorarse”.

Jaque mate en Irán. The Atlantic, 10 de mayo de 2026.

Robert Kagan es el cofundador del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, impulsor de las intervenciones militares de Estados Unidos a lo largo y ancho del planeta, y marido de Victoria Nuland, arquitecta del golpe de Estado del Maidán. Sus palabras representan el diagnóstico de los neoconservadores sobre la intervención en Irán.

A diferencia de las derrotas de Estados Unidos en Vietnam o Afganistán, que no causaron daños duraderos a la posición general del país en el mundo, “porque estaban lejos de los principales escenarios de la competencia global”, la posible derrota contra Irán cambiaría el equilibrio global de poder porque demostraría la incapacidad estadounidense para controlar la región y proteger a sus aliados.

Las consecuencias del fracaso de ejecutar un cambio de régimen en Irán, según Robert Kagan, serían las siguientes: 

  • Irán consolidaría su influencia regional, especialmente mediante el control estratégico del estrecho de Ormuz, pudiendo restringir o condicionar el comercio energético mundial.
  • Los países del Golfo acabarían adaptándose a Irán al percibir que Estados Unidos ya no puede garantizar su seguridad.
  • Ni siquiera una coalición occidental podría reabrir militarmente el estrecho de Ormuz, si Estados Unidos fracasa en hacerlo.
  • La crisis tendría efectos globales: pérdida de credibilidad estadounidense, dudas entre sus aliados en Europa y Asia, y fortalecimiento de potencias como China y Rusia.
  • La guerra habría demostrado debilidades militares de Estados Unidos, agotando reservas de armas y cuestionando la eficacia de sus sistemas defensivos.

La paradoja que extrae Robert Kagan del ataque a Irán es que los intentos de Estados Unidos por mantener su hegemonía habrían acelerado precisamente el surgimiento de un mundo multipolar donde ya no puede imponer su dominio.

El neoconservador no puede asumir la derrota, ni mucho menos sus consecuencias. ¿Cuál es la solución que propone entonces? Redoblar los esfuerzos hasta conseguir el ansiado cambio de régimen, con la instalación de una marioneta que trate de ejecutar los dictados de Washington en el país.

Robert Kagan incurre en una flagrante contradicción, cuando afirma, por un lado, que las razones que motivaron a Trump a pausar sus ataques, sin contraprestación alguna por parte de Irán, continúan vigentes: “Unos pocos ataques exitosos podrían paralizar la infraestructura de petróleo y gas de la región durante años, si no décadas, sumiendo al mundo, y a Estados Unidos, en una prolongada crisis económica. Incluso si Trump quisiera bombardear Irán como parte de una estrategia de salida —mostrando dureza para enmascarar su retirada— no puede hacerlo sin arriesgarse a esta catástrofe. Si esto no es jaque mate, está muy cerca”.

Sin embargo, Kagan reconoce que su propuesta“librar una guerra terrestre y naval a gran escala para derrocar al actual régimen iraní y ocupar Irán hasta que un nuevo gobierno pueda instaurarse” podría igualmente terminar en un fracaso. Kagan entiende que Trump pueda preferir admitir una derrota a intentar sobrevivir políticamente “a una guerra mucho mayor, más larga y costosa”. Una opción que, a él, se percibe claramente, no le contenta. Porque los neoconservadores no tienen marcha atrás, incluso aunque todos los factores de un conflicto indiquen que la opción más prudente es la retirada.

Estados Unidos opta por la piratería

Ante el fracaso de la estrategia militar habitual del Pentágono – bombardeos de saturación, golpes de decapitación a la cúpula, culminada con la invasión terrestre en algunos casos – Estados Unidos ha optado por la piratería. Como excolonia heredera de los usos y costumbres de la exmetrópoli, que nombró caballero a un corsario, Donald Trump presumía en un discurso, publicado por la Casa Blanca, de recurrir a la piratería.

Después de describir el asalto a un buque iraní por parte de la armada de su país, Donald Trump afirmó lo siguiente: “Y nos apoderamos del barco; nos apoderamos de la carga, nos apoderamos del petróleo. Es un negocio muy rentable. ¿Quién se lo hubiera imaginado? Somos como piratas. Bueno, en cierto modo somos piratas. Pero no estamos jugando”.

Publicación de la embajada de Irán en Sudáfrica.

Donald Trump no es el primer presidente con vocación de corsario. En abril de 2023, bajo la presidencia de Joe Biden, Estados Unidos se apoderó del millón de barriles de petróleo que transportaba un tanquero iraní. Un hecho que fue reconocido cinco meses más tarde.

El 14 de agosto de 2020, el Departamento de Justicia presumía de la “incautación” del petróleo que transportaban cuatro tanqueros iraníes, con destino Venezuela: un total de 1.116.000 barriles. El robo del petróleo iraní había sido revestido de legalidad porque un juez del distrito de Columbia había emitido una diligencia ordenando la “incautación”. En la democracia estadounidense nos encontramos con jueces amparando la piratería, basándose en legislación perpetrada por la cámara legislativa, con alcance extraterritorial. 

Antes de secuestrar a Nicolás Maduro, Estados Unidos ya estaba apropiándose de tanqueros venezolanos, así como de su contenido. En diciembre de 2025, Trump advertía que se iba a quedar tanto con los barcos, como con la carga que transportaban.

En un mundo donde las reglas, y las apariencias de seguirlas, han saltado por los aires a manos de quienes se erigían en sus guardianes, presumir de abordar tanqueros en alta mar para saquear su carga encaja perfectamente con el nuevo paradigma que Estados Unidos pretende que asumamos como la nueva normalidad. Esto último, a salvo de la reacción con que las otras potencias mundiales repliquen a las incursiones del corsario de turno en la Casa Blanca.

Una Europa al margen apuesta por la escalada nuclear

En la competición por la hegemonía mundial que se está desarrollando en múltiples frentes – donde tampoco hay que olvidar a África y el reciente intento de golpe de Estado en Mali, instigado por Francia, con la colaboración de Ucrania, contra la creciente presencia rusa en un área de tradicional influencia francesa – es necesario preguntarse en qué posición se halla Europa.

La respuesta es muy sencilla: Europa está pagando con la irrelevancia su sumisión a los intereses geopolíticos de Estados Unidos, singularmente en Eurasia. Europa no pinta nada en el gran tablero de las relaciones internacionales. Sigue apostando por un proyecto inviable en Ucrania, mientras intenta camuflar su fracaso político y económico recurriendo al belicismo y, lo que resulta más preocupante, a la retórica de la escalada nuclear.

El 2 de marzo, Emmanuel Macron y Friedrich Merz emitían una declaración conjunta en la que anunciaban la creación de “un grupo directivo nuclear de alto nivel” para la coordinación de “la combinación adecuada de capacidades convencionales, de defensa antimisiles y nucleares francesas”.

El mismo día, Macron anunciaba un incremento del arsenal nuclear de Francia y la participación de Alemania, Grecia, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Suecia y Polonia en las maniobras nucleares francesas. Al día siguiente, el primer ministro polaco confirmaba que estaba en conversaciones avanzadas con Francia y un grupo de aliados cercanos para implementar un programa de disuasión nuclear conjunto. Donald Tusk formó parte del núcleo duro de Bruselas, siendo presidente del Consejo Europeo entre 2014 y 2019. 

Publicación de Donald Tusk en X.

Al mismo tiempo que Europa amenaza con una escalada nuclear frente a su vecino oriental, el presidente del Consejo Europe, Antonio Costa, anuncia que la Unión Europea se está preparando para “potenciales” conversaciones con Rusia.  La respuesta de Putin fue que estaba abierto a hablar con todo el mundo, e incluso propuso a Gerhard Schroeder como posible mediador. Siempre constructiva, Kaja Kallas se apresuró a denostar la sugerencia. Seguro que en Moscú la esperan con los brazos abiertos.

Después de fracasar contra Rusia, la Unión Europea la emprende contra China

La ceguera de Bruselas en materia geopolítica carece de límites. La Unión Europea parece no tener suficiente con los sucesivos paquetes de sanciones bumerán contra Rusia, inútiles para su declarado objetivo de detener la maquinaria bélica rusa, pero que han causado una crisis energética en Alemania. No contenta con pasar de la dependencia del gas ruso barato a la dependencia del gas natural licuado caro, el de Estados Unidos, la UE ahora se dispone a emprenderla contra China.

Un informe de la Cámara de Comercio China – Unión Europea y la consultora KPMG calcula que la denominada Ley de Ciberseguridad en su conjunto podría alcanzar unos costes para la UE de 430.000 millones de dólares, en los próximos cinco años. Sólo reemplazar los equipos de hardware chinos por otros “Made in Europe” costaría alrededor de 171.000 millones de dólares.

El plan cibernético de la UE que prohíbe a los proveedores chinos costará 430.000 millones de dólares: informe. South China Morning Post, 6 de mayo de 2026.

Según el informe, Alemania asumiría casi la mitad del coste, debido a sus profundos vínculos industriales con la tecnología china. Francia sufriría en el sector sanitario y los servicios públicos, y España, en el de las energías renovables. La propia Comisión Europea reconoce que sustituir los equipos para el 5G costaría entre 11.000 y 15.000 millones de dólares.

Mientras Europa sigue disparándose tiros en las piernas, China ha dado instrucciones a todas las empresas y particulares chinos para que no acaten las sanciones estadounidenses contra cinco refinerías de petróleo chinas independientes acusadas de comprar crudo iraní. Sí, aunque parezca mentira, hasta ahora China las estaba acatando. El cambio de postura indica un punto de inflexión. Europa sigue con el paso cambiado, caminando decididamente hacia la ruina, apostando a mi juicio por el caballo perdedor.

Netanyahu quiere controlar el petróleo y el gas del Golfo Pérsico y expandir Israel

15 de abril de 2026

Netanyahu propone tuberías para traer el petróleo y el gas hasta los puertos de Israel

El 4 de abril, Benjamín Netanyahu propuso la construcción de tuberías que trajeran el petróleo y el gas desde el Golfo Pérsico hasta los puertos de Israel en el Mediterráneo. Los gasoductos y oleoductos partirían desde los lugares de producción en Catar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, atravesarían este último país y después Jordania, para desembocar en Israel. Esgrimiendo la coartada de evitar el estrecho de Ormuz, si los planes del genocida se materializan, la entidad sionista se haría con la llave del grifo de los ingentes recursos energéticos de gran parte de la región, sin ser su propietario.

El carnicero de Gaza afirmó que “Las soluciones a largo plazo incluyen desviar los oleoductos hacia el oeste… evitando el punto de estrangulamiento geográfico de Irán”. Desde el Atlantic Council, un reducto de los neoconservadores, se apresuraron a bendecir la idea de Netanyahu. Maisoon Kafafy, asesora del gabinete de ideas financiado entre otros por el gobierno de Estados Unidos, fabricantes de armas y la OTAN, declaró al Financial Times que «Percibo un cambio de las hipótesis a la realidad operativa. Todos están viendo el mismo panorama y llegando a las mismas conclusiones».

Tuberías propuestas para llevar el petróleo y el gas del Golfo Pérsico hasta puertos israelíes en el Mediterráneo.

Yossi Abu, el máximo directivo de la compañía israelí NewMed Energy, se mostró confiado en la construcción de las tuberías. El ejecutivo afirmó que “La gente necesita controlar su propio destino, con sus amigos. Necesitamos oleoductos, conexiones ferroviarias en toda la región, en tierra firme, sin dar a otros la oportunidad de crear cuellos de botella que nos asfixien”.

Constituye un auténtico sarcasmo que los israelíes propongan construir oleoductos y gasoductos cuya llave final quedaría en sus manos, mientras camuflan sus intenciones con el argumento del miedo. Los sionistas han demostrado sobradamente que no consideran a nadie sus amigos, sino meras herramientas para lograr sus propósitos colonialistas, que se plasman en el proyecto del “Gran Israel”.

Netanyahu: “La única solución a largo plazo para la crisis de Ormuz es redirigir las tuberías hacia el Mediterráneo”. The Jerusalem Post, 31 de marzo de 2026.

Uno de los muchos problemas que aquejan la región es la actitud de los países árabes en relación con la entidad sionista. En lugar de formar un frente común contra un primer ministro que presume de haber convertido a Israel en una potencia global, tras haber elevado su importancia regional a un nuevo nivel, las élites de los países del Golfo Pérsico han optado por bailarle el agua a Tel Aviv. La firma de los Acuerdos de Abraham, impulsados por Estados Unidos para normalizar las relaciones de los árabes con Israel, es una prueba de ello, como analicé en artículos anteriores.

Continuando con esa línea de complacencia con Israel, las élites del Golfo Pérsico se han mostrado receptivas a la idea de Netanyahu. Por un lado, se quejan de que Irán esté utilizando su posición en el mapa para controlar el estrecho de Ormuz, después de haber sido atacado, pero por otro parece que no les importa darle la llave del grifo de su petróleo y de su gas a Israel. ¿Acaso piensan que los sionistas no van a utilizar esa palanca de presión, que los árabes plantean ofrecerles en bandeja de plata, para perseguir sus intereses? O son muy ingenuas, o están compradas.

Los estados del Golfo consideran nuevos oleoductos para evitar el estrecho de Ormuz. Financial Times, 2 de abril de 2026.

Los estados del Golfo Pérsico están poniendo en valor el oleoducto saudí de 1.200 kilómetros que cruza el país de este a oeste. A través de esta tubería se transportan 7 millones de barriles de petróleo al día hasta el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, sorteando así el estrecho de Ormuz. Sin embargo, el coste de replicar el Petroline para dar salida a los 10,2 millones de barriles de producción diaria saudita alcanzaría los 5.000 millones de dólares.

Los Emiratos Árabes Unidos, por su parte, están considerando duplicar el oleoducto ya existente, que acaba en el puerto de Fuyaira, situado al sur del estrecho. Los oleoductos y gasoductos tampoco son la panacea. Están sujetos a ataques, como el que Reuters atribuyó a Irán, el 8 de abril, contra el Petroline saudí.

Oleoductos en el Golfo Pérsico que esquivan el estrecho de Ormuz.

El IMEC y el INSTC: la competencia entre los grandes corredores de transporte

La guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán, y la previsible respuesta del gobierno de Teherán – el control del estrecho de Ormuz – nos recuerda la existencia de un proyecto financiado por Estados Unidos, la Unión Europea, India, Arabia Saudita, Alemania, Francia e Italia: el IMEC (India – Middle East – Europe Economic Corridor).

Anunciado en la cumbre del G20 en Nueva Delhi en septiembre de 2023, donde se firmó un memorando de entendimiento, el IMEC incluía originalmente la construcción de un oleoducto que llegaría hasta el puerto israelí de Haifa. En su sitio web, la última actualización del ambicioso proyecto, que incluye la construcción de casi 3.000 kilómetros de líneas férreas a través de los EAU, Arabia Saudita y Jordania, data de hace más de un año, sin especificar su nivel de desarrollo.

India – Middle East – Europe Corridor. Ilustración: IMEC.

En este artículo de diciembre de 2023 ya analicé las enormes dificultades, de índole geográfico y político, a las que se enfrentaba el proyecto, que contrastaban con el decidido apoyo de Netanyahu. El genocida del pueblo palestino mostró en la Asamblea General de la ONU un mapa donde Israel ocupaba toda Palestina y, en otro, el trazado del IMEC.

El proyecto es la respuesta de Estados Unidos y sus adláteres a la Nueva Ruta de la Seda, impulsada por China, y al Corredor Internacional de Transporte Norte Sur (INSTC), apadrinado por Moscú, que discurre desde la India hasta San Petersburgo, y constituye una ruta alternativa al Canal de Suez. India juega con dos barajas: apoya ambos proyectos. Tiene excelentes relaciones con Rusia y apoya el IMEC para “contener” a China: India no participa en la Nueva Ruta de la Seda porque una de las partes del proyecto discurre por territorios indios ocupados por Pakistán, ilegalmente en opinión de Delhi.

Turquía, miembro de la OTAN, se opone al IMEC, porque pretende que desemboque en el Mediterráneo a través de sus puertos, no de los israelíes: otro espabilado que quiere hacerse con la llave de lo que no es suyo. Erdogan ha presentado un plan alternativo para conectar el Golfo con Turquía, a través de Irak, denominado Development Road Project.

El Corredor Internacional de Transporte Norte Sur está proyectado a través de Irán. El 14 de mayo de 2023, el entonces presidente de Irán, Ebrahim Raisi, fallecido al estrellarse su helicóptero un año después, y Vladímir Putin firmaron un acuerdo por valor de 1.600 millones de dólares para construir el único tramo de ferrocarril pendiente de los 7.200 kilómetros de rutas marítimas y ferroviarias que incluye el proyecto. El presidente ruso afirmó que el corredor contribuiría a diversificar las rutas comerciales, ofreciendo una alternativa al Canal de Suez.

Mapa del INSTC. Ilustración: Istockphoto.

Son varios los motivos que han llevado a Estados Unidos y a Israel a desatar una guerra contra Irán, pero sin duda uno de ellos es tratar de evitar la operatividad del INSTC, apadrinado por Moscú, competencia directa del IMEC, apoyado por Washington.

Turquía es un obstáculo para el proyecto del Gran Israel

El 17 de febrero, el ex primer ministro israelí Naftali Bennett participó en la cumbre anual de la Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías Estadounidenses. Entre aplausos de la audiencia, Bennet afirmó que “En este momento, surge una nueva amenaza turca. Turquía y Catar han ganado influencia en Siria y buscan influencia en otros lugares de la región. Y desde aquí, advierto, Turquía es el nuevo Irán. Erdogan es sofisticado, peligroso y busca cercar a Israel. No podemos volver a cerrar los ojos”.

Bennett también acusó a Turquía de “intentar poner a Arabia Saudita en contra de Israel y establecer un eje sunita hostil con el Pakistán nuclear”, así como de “crear un nuevo anillo de estrangulamiento” con Siria y Gaza.

“El nuevo Irán”. Bennet advierte de la emergencia de un eje en la conferencia de presidentes. The Media Line, 18 de febrero de 2026.

En este artículo de enero de 2025 ya analicé las razones por las que Israel y Turquía acabarán chocando en Siria, a pesar de haber actuado de manera coordinada para deponer a Bashar al-Assad e instalar en el poder al ex terrorista Abu Mohammed al Jolani, quien abandonó su nombre de guerra, que hacía referencia a los Altos del Golán, para recuperar el propio, Ahmad al-Charaa, y ser recibido en los despachos occidentales al más alto nivel.

En este otro artículo, de octubre de 2024, ya apunté que Netanyahu estaba buscando la implicación directa de Estados Unidos en su proyecto para fabricar el “Gran Israel”, lo que pasa necesariamente por conseguir un “cambio de régimen” en Irán. Este objetivo sionista puede acabar precipitando el enfrentamiento, hasta ahora larvado, entre Israel y Turquía.

Mapa del Gran Israel. Fuente: Wikimedia Commons.

El supremacismo sionista es racista, pero también clasista

El mundo se ha fabricado un problema que se llama Israel. Como desde su creación se le ha permitido todo tipo de barbaridades, el incumplimiento de la legislación internacional y de las resoluciones de Naciones Unidas, incluyendo las del Consejo de Seguridad, los sionistas se han venido muy, pero que muy arriba.

La culpa de que Israel esté cometiendo un genocidio en Gaza, convirtiendo la franja en una escombrera; de que sus colonos anden sueltos, asesinando palestinos a quemarropa en Cisjordania; de que su ejército esté bombardeando a la población civil en el Líbano, adueñándose de su territorio tras haberlo invadido; de que estén demoliendo bloques de pisos, borrando de la faz de la tierra pueblos enteros; de que den “órdenes de evacuación” en otros países, en fin, de todos los desmanes de Israel, la culpa la tenemos nosotros, por no haberle parado los pies a tiempo al sionismo.

Y seguimos sin hacerlo.

Por eso ahora, después de haber arrastrado a Estados Unidos a la guerra contra Irán, Israel también está apuntando a Turquía. Y luego lo hará contra todos aquellos que se interpongan en sus planes para construir ese “Gran Israel”, para lo que no dudan en buscar legitimación en los libros que ellos mismos han escrito, que casualmente ofrecen coartadas revestidas de historicismo religioso para justificar sus desmanes.

Los sionistas saben que no caen bien, pero les da igual. Bennett también lo dijo en su discurso ante las organizaciones judías estadounidenses: “No nos van a querer. La aspiración de que el mundo ame a Israel no se va a cumplir. Lo que necesitamos es que nuestros enemigos nos teman, que nuestros amigos nos respeten y que todos nos necesiten”.

Este mensaje amenazante coincide con el proferido por Liora Rez en la embajada de Israel en Washington, donde amenazó con destruir las carreras profesionales de quienes señalen a “estudiantes judíos”. Liora Rez es la fundadora y directora de Stop Antisemitism, una organización que equipara las críticas al sionismo con una forma de antisemitismo.

El mundo no tiene un problema sólo con Israel. También lo tiene con su población. La inmensa mayoría de los habitantes judíos de Israel está a favor del exterminio de los palestinos, de la limpieza étnica, porque los considera seres inferiores. Una encuesta de una universidad hebrea, y multitud de declaraciones en redes sociales así lo demuestran. Dicen que los maltratadores suelen haber sido víctimas a su vez de maltrato. Los sionistas son los nuevos nazis. Al igual que los nazis, son supremacistas, xenófobos y racistas.

Encuesta: Una mayoría aplastante de israelíes judíos comparten la creencia genocida de que “no hay gente inocente en Gaza”. Mondoweiss.

En hebreo existe el término goy, o goyim, para designar a los gentiles, a los no judíos. Jeffrey Epstein utilizó ese término despectivo en un correo de 2009, donde presumía de que los judíos habían hecho una fortuna especulando en el mercado de futuros del transporte marítimo, mientras los goyim se ocupaban del mundo real.

En octubre de 2010, Rabbi Ovadia Yosef, líder espiritual del partido Shas, declaró que “Los gentiles nacieron solo para servirnos. Sin eso, no tienen lugar en el mundo; solo para servir al Pueblo de Israel.” Shas formaba parte de la coalición que sustenta al gobierno de Netanyahu, hasta que en julio de 2025 se retiró en protesta por la falta de garantías de que los estudiantes religiosos ultraortodoxos siguieran estando exentos del servicio militar. Para los dos partidos ultraortodoxos hebreos – el otro es el Judaísmo Unido de la Torá – la dedicación a tiempo completo al estudio de sus sagradas escrituras es sacrosanta.

El líder sefardí Yosef: Los no judíos existen para servir a los judíos.

Si sustituimos el término goyim por el de Untermenschen (subhumanos), ampliamente usado por los nazis alemanes del Tercer Reich para referirse a todos aquellos no arios, comprobamos que el patrón ideológico supremacista del sionismo encaja perfectamente con el de los nazis que perpetraron un holocausto contra el pueblo judío.

Pero no sólo eso. Además, los sionistas son clasistas con los propios judíos. Este artículo, titulado “La historia eugenista del movimiento sionista”, describe los distintos mecanismos usados por el sionismo para restringir la emigración de personas de origen judío a Palestina, décadas antes de que se constituyera el estado de Israel. Quizá no quepa hablar de eugenesia, pero el clasismo de las medidas para evitar que los judíos pobres emigraran a Palestina está documentado a lo largo de varias décadas en el artículo enlazado.

Palestina, cerrada a los emigrantes judíos pobres. Viñeta de 1919, reproducida en Palestine Nexus, 6 noviembre 2025.

A principios de 1900 se abrió una oficina en el puerto de Haifa para monitorizar a los judíos que pretendían emigrar a Palestina, huyendo de los pogromos desatados contra ellos en el imperio ruso. Desde comienzos de siglo y hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, aproximadamente 35.000 judíos consiguieron entrar en el territorio palestino. Dos historiadores hebreos, Menachem Sheinkin y Arthur Ruppin, revisaron las solicitudes de entrada. Descubrieron que el 61% de las peticiones fueron rechazadas porque los solicitantes eran demasiado pobres.

Netanyahu empuja a Trump a la guerra contra Irán

Estados Unidos e Israel coinciden en muchas cosas. Ambas son sociedades profundamente clasistas. Sin embargo, cuando Netanyahu arrastró a Trump a la guerra contra Irán, sus intereses eran muy distintos a los que pudiera albergar Estados Unidos. De una parte, Washington se la tiene jurada a Teherán desde que una revolución derrocara al régimen instalado por la CIA en la persona del Sha Reza Palahvi.

Lectura imprescindible.

Las agencias de inteligencia de Estados Unidos y el Reino Unido organizaron un golpe de estado el 19 de agosto de 1953, que les salió bien, y depusieron al primer ministro Mohammad Mosaddegh, que había sido elegido democráticamente, pero pretendía nacionalizar el petróleo. Las reservas petrolíferas iraníes estaban controladas desde su descubrimiento, en 1909, por la empresa británica Anglo-Iranian Oil Company, posteriormente llamada British Petroleum, y ahora BP. La CIA admitió la autoría del golpe 60 años después.

Para tener un contexto histórico de las razones del triunfo de la revolución islámica país, y asomarse a las barbaridades que cometió el régimen del Sha y su policía política, la temida Savak, diseñada por la CIA, recomiendo la lectura del libro “El Sha o la desmesura del poder”, de Ryszard Kapuściński.

Estados Unidos dispone de un portaaviones insumergible en Oriente Próximo llamado Israel. Ni Washington ni Tel Aviv se molestan en ocultar su deseo de controlar los recursos energéticos del Golfo Pérsico. Los presidentes anteriores a Trump evitaron atacar Irán no por falta de ganas, sino porque el Pentágono valoraba que las posibilidades de éxito de una operación militar eran escasas.

Sin embargo, en esta ocasión los israelíes se emplearon a fondo, según cuenta The New York Times en un extenso artículo. Netanyahu visitaba por octava vez la Casa Blanca desde que Trump comenzó su segunda presidencia. El carnicero de Gaza le presentó una operación con cuatro objetivos: matar a Khamenéi, destruir las capacidades militares de Irán, y propiciar un levantamiento popular en el país que desembocara en un cambio de régimen.

Netanyahu convenció a Trump de que el gobierno de Teherán quedaría tan debilitado por el ataque que no tendría capacidad para bloquear el estrecho de Ormuz, ni para golpear las bases estadounidenses en la región. Por su parte, David Barnea, el jefe del Mossad, insistió en que su agencia fomentaría los disturbios y la rebelión en Teherán, como ya hizo anteriormente, pero que esta vez tendría éxito y el gobierno sería derrocado. Los sionistas también apuntaron la posibilidad de que los kurdos cruzaran la frontera desde Irak, abriendo un frente en el noroeste. Nada de todo esto ha ocurrido.

En un posterior encuentro con Trump sin los israelíes presentes, las agencias de inteligencia estadounidenses valoraron que los dos primeros objetivos se podrían cumplir, pero no así el tercero ni el cuarto. Los acontecimientos han probado que la presentación que hizo Netanyahu estaba llena de trampas para seducir a Trump, más que de análisis serios y rigurosos. Sin embargo, Netanyahu consiguió su propósito. Trump mordió el anzuelo, se creyó que la operación iba a ser rápida, como en Venezuela, y se lanzó al ataque. 

En Irán se está compitiendo por la hegemonía mundial

La guerra contra Irán ha abierto de manera inequívoca la lucha por la hegemonía mundial. Además de constituir un error estratégico de inmenso calado para Estados Unidos, con consecuencias impredecibles para todo el mundo, el conflicto bélico ha colocado a Trump en una posición donde todo lo que no sea un cambio de régimen en Irán será visto como una derrota de Washington.

El fallo garrafal de Trump ha consistido en fiarse de Netanyahu, que tiene intereses distintos a los de Estados Unidos. A los sionistas les sirve desgastar a Irán, Trump necesita una victoria en toda regla. Israel se mueve bien en escenarios de caos, que provoca o fomenta en sus vecinos, porque considera que favorecen sus intereses expansionistas. Trump necesita bajar el precio de la gasolina en los surtidores de su país, para lo que precisa recortar el precio del petróleo, y estabilizarlo.

Después de comprobar que Irán resistía militarmente, Estados Unidos se avino a entablar negociaciones indirectas en Islamabad, tras declarar un alto el fuego de dos semanas. Dos señales de debilidad. Israel se apresuró a tratar de reventar la frágil tregua, bombardeando salvajemente el Líbano. Israel necesita que la guerra en Irán continúe, aunque paradójicamente sea a costa de desgastar también a su valedor. Su estrategia consiste en debilitar a todos los vecinos, en sembrar el caos, para expandir sus fronteras. Una intención declarada abiertamente por su gobierno.

Smotrich habla de la intención de Israel de expandirse en Siria, Líbano y Gaza. Middle East Monitor.

El periodista hebreo Raviv Drucker comentaba en la televisión israelí que “Parece que estamos llevando al Estado libanés hacia una guerra civil. Quizás no sea tan malo para nosotros. Dejemos que el gobierno libanés luche contra Hezbolá”. Otro contertulio, Alon Ben David, le contestaba: “Ese ha sido el objetivo desde el principio”.

La desesperada decisión de Trump de bloquear el estrecho de Ormuz subraya la precariedad de su posición y la ventaja estratégica de Irán que, a diferencia de Trump, ha sabido mirar el mapa. Si el precio del petróleo continúa escalando, como todo parece indicar, quien va a recibir más presión tras su insólita decisión va a ser Trump, no Irán.

Trump ha amenazado a China con la imposición de aranceles de un 50% si ayuda militarmente a Irán. Xi Jinping ya le vio el farol al presidente de Estados Unidos una vez, cuando estableció controles a la exportación de tierras raras y Trump se arrugó, aparcando su amenaza de castigar a China con aranceles.

El petróleo que fluye a través del estrecho de Ormuz va destinado mayoritariamente a Asia. China es el comprador de entre el 80% y el 90% del crudo iraní: 1,4 millones de barriles diarios, que representan el 13% de sus importaciones. Distintos analistas estiman que China ha almacenado 1,3 billones, con b, de barriles de petróleo, lo que supone un colchón de cuatro meses de consumo, en ausencia total de importaciones vía marítima.

Scott Bessent, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, acusó a China de ser un socio poco fiable por acaparar petróleo. Ahora tenemos a los pirómanos reprendiendo a quienes se protegen del fuego con extintores, y artículos en la prensa estadounidense quejándose de que China e Irán están usando la economía como un arma.

Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error.

Irán está implementando un sistema de peajes para el tránsito de tanqueros que atraviesan el estrecho de Ormuz al margen del dólar. El «Plan de Gestión del Estrecho de Ormuz», aprobado por el parlamento iraní los días 30 y 31 de marzo de 2026, autoriza el pago de tasas en yuanes chinos a través del Banco Kunlun mediante CIPS (un sistema de pago transfronterizo respaldado por China), bitcoin, USDT (una criptomoneda) y riales iraníes.

Irán está desafiando abiertamente la hegemonía no sólo militar de Estados Unidos, sino la del dólar, que es un asunto probablemente de mayor trascendencia que el enfrentamiento bélico. La hegemonía de Washington se basa en la necesidad que tienen los países de proveerse de dólares para pagar por muchos de sus intercambios comerciales, no sólo los relativos al petróleo.

El papel de moneda de reserva del dólar está en juego en Irán. Los demás actores no se van a estar quietos si el conflicto continúa y los precios del petróleo llegan a cifras que provoquen una crisis económica brutal. Si el bloqueo de Ormuz dictado por Trump es considerado culpable de dicho aumento, la presión que va a sufrir el presidente de Estados Unidos será insostenible. Mientras tanto, Vladímir Putin y Xi Jinping siguen observando al emperador en su laberinto y, de momento, guardan sus cartas.

Groenlandia sintetiza la sumisión de Europa a Estados Unidos

6 de febrero de 2026

Dinamarca se congratula de no ser invadida por Estados Unidos

Después de que Donald Trump amenazara con tomar Groenlandia por la fuerza, el ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca se congratulaba de que Estados Unidos no invadiera una parte del territorio danés con estas palabras: “El día termina mejor que al principio. Celebramos que [Trump] haya descartado tomar Groenlandia por la fuerza y ​​haya puesto en pausa la guerra comercial”. Que es como decir qué bueno que es el señorito, que nos deja llamar a los caballos de tú.

Además de la auto humillación del ministro danés, la vejación a la soberanía danesa venía de la mano del holandés Mark Rutte. Trump le perdonaba la vida a Dinamarca porque había negociado con el secretario general de la OTAN “el marco de un acuerdo”, que el presidente estadounidense calificaba de “infinito”, dejando al margen al gobierno danés.

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La victoria de Trump deja descolocada a Europa en Ucrania

25 de noviembre de 2024

La derrota de Kamala Harris pilla de sorpresa a la Unión Europea

Las encuestas que apuntaban a un resultado muy igualado entre Kamala Harris y Donald Trump estaban sesgadas para movilizar el voto hacia el Partido Demócrata, azuzando el miedo a Donald Trump, a quien Joe Biden comparó con Hitler en repetidas ocasiones. Aun así, el candidato del Partido Republicano ganó las elecciones, tanto en número de delegados para el Colegio Electoral, que es quien elige al presidente, como en voto popular.

Resultados de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Ilustración: AP.

El objeto de este artículo no consiste en analizar las razones del triunfo de Donald Trump, sino las implicaciones que tiene para el viejo continente. Las élites europeas confiaban en la victoria de la candidata demócrata, esperanzadas por una continuidad en la política exterior de la Casa Blanca. Aunque hubiera señales de que Estados Unidos, incluso bajo mando demócrata, había comenzado a arrastrar los pies en Ucrania – como indicaba la cancelación de la cumbre de la OTAN en Ramstein – Bruselas no se terminaba de creer que Washington le fuera a traspasar la patata caliente. Confiaban en que, si ganaba Harris, la metrópoli no les dejaría colgados de la brocha, aunque Europa tuviera que asumir una mayor carga financiera.

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Armenia bascula hacia la OTAN, que busca adentrarse en el Cáucaso

16 de octubre de 2023

Armenia cede a Azerbaiyán el control de Nagorno Karabaj para alinearse con occidente

El primer ministro de Armenia desde 2018, Nikol Pashinian, está virando el rumbo de la política exterior de su país hacia occidente, distanciándose de Rusia, su vecino del norte, y aliado tradicional. Armenia forma parte de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva, una alianza defensiva liderada por Moscú, que incluye a Bielorrusia y a los países de Asia Central, excepto Turkmenistán. Sin embargo, el 11 de septiembre, Armenia realizó ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos, durante 9 días.

La reacción del Kremlin fue inmediata. Dimitri Peskov, su portavoz, declaró que Rusia analizaría en profundidad la decisión de Armenia, que calificó de “alarmante”. La agencia TASS informaba que Gunther Fehlinger, el presidente del Comité Europeo para la ampliación de la OTAN, pidió a Armenia que se uniera a la alianza. Ese mismo día, el viceministro armenio de Asuntos Exteriores declaraba que su país colaboraba con la OTAN con diversos formatos y que estaba dispuesto a continuar ese proceso.

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