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Groenlandia sintetiza la sumisión de Europa a Estados Unidos

6 de febrero de 2026

Dinamarca se congratula de no ser invadida por Estados Unidos

Después de que Donald Trump amenazara con tomar Groenlandia por la fuerza, el ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca se congratulaba de que Estados Unidos no invadiera una parte del territorio danés con estas palabras: “El día termina mejor que al principio. Celebramos que [Trump] haya descartado tomar Groenlandia por la fuerza y ​​haya puesto en pausa la guerra comercial”. Que es como decir qué bueno que es el señorito, que nos deja llamar a los caballos de tú.

Además de la auto humillación del ministro danés, la vejación a la soberanía danesa venía de la mano del holandés Mark Rutte. Trump le perdonaba la vida a Dinamarca porque había negociado con el secretario general de la OTAN “el marco de un acuerdo”, que el presidente estadounidense calificaba de “infinito”, dejando al margen al gobierno danés.

Bloomberg apuntaba por dónde iban las líneas de ese “marco de un acuerdo”. Estados Unidos y Dinamarca firmaron un pacto en 1951, modificado en 2004, por el que Washington debe “consultar con e informar” a Dinamarca y a Groenlandia antes de acometer “cualquier cambio significativo a las operaciones militares o instalaciones en Groenlandia”. Pues bien, Estados Unidos se propone reescribir ese acuerdo de defensa con Dinamarca para eliminar cualquier límite a su presencia militar en Groenlandia.

Mapa del Ártico publicado por The Guardian, 19 de septiembre de 1952.

Donald Trump resumía con estas palabras el espíritu del acuerdo con Mark Rutte: «Podremos poner lo que necesitemos en Groenlandia porque así lo queremos. En esencia, es acceso total, sin límite de tiempo».

El acuerdo firmado entre Estados Unidos y Dinamarca en 1951 ya suponía una afrenta a la soberanía danesa. El pacto establecía la división futura de Groenlandia en zonas de defensa gestionadas conjuntamente, con la nacionalidad del comandante establecida mediante acuerdo. Sin embargo, de entrada, todas las zonas de defensa estaban bajo mando estadounidense. Graciosamente, Washington se avenía a que las fuerzas de defensa locales contaran con un comandante danés. El pacto permanecería en vigor mientras existiera la OTAN. Este acuerdo fue precedido por otro, firmado por el embajador danés en Estados Unidos en 1941, por el que Dinamarca concedía a Washington acceso a Groenlandia para proteger el territorio de los nazis.  

Viñeta de Herbert L. Block, publicada en 1941.

Analistas daneses, citados por The New York Times, consideran que Estados Unidos podría expandir su presencia militar en la isla, limitada actualmente a una base, sin necesidad de modificar el pacto en vigor: “Estados Unidos tiene tanta libertad en Groenlandia que puede hacer prácticamente lo que quiera”, sostiene Mikkel Runge Olesen, del Instituto Danés para Investigaciones Internacionales.

Peter Ernstved Rasmussen, analista danés de defensa, opina que la modificación del acuerdo efectuada en 2004, por la que Estados Unidos debe consultar e informar a Dinamarca y Groenlandia de cambios significativos de su presencia en la isla, «Es una fórmula de cortesía. Si Estados Unidos quisiera actuar sin preguntar, podría simplemente informar a Dinamarca de que está construyendo una base, un aeródromo o un puerto».

A Donald Trump incluso esta laxitud en la redacción del acuerdo debe parecerle demasiado restrictiva, cuando ha desatado una ofensiva para hacerse con el control de la isla, hablando abiertamente de “poseerla”. El argumento de Trump es que no se defiende igual algo que posees, que si sólo eres el arrendatario. Además, se trata de adelantarse a China y a Rusia: si la isla es propiedad de Estados Unidos, sus rivales no podrán hacerse con ella. El caso es que el acuerdo “perpetuo” entre Trump y Rutte ha dejado a Europa sin respuestas, según titula el Financial Times.

El acuerdo «eterno» de Trump con Rutte sobre Groenlandia deja a Europa sin respuestas. Financial Times, 22 de enero de 2026.

Friedrich Merz dice que hay que defender a Groenlandia de Rusia

Aunque la primera ministra de Dinamarca llegó a hablar del “fin de la OTAN” en el caso de que Estados Unidos atacara Groenlandia, sus colegas europeos fueron mucho más tibios en sus declaraciones. Después de que Trump amenazara con hacerse con Groenlandia “por las buenas o por las malas”, la reacción de Antonio Costa, el presidente del Consejo Europeo, sólo puede calificarse de meliflua: “Creemos que las relaciones entre socios y aliados deben gestionarse de forma cordial y respetuosa”. A su lado, Úrsula von der Leyen calificaba de “exitosa” a la Unión Europea porque Trump se había avenido a no invadir la isla, hablando de firmeza y unidad, después de haber sido ninguneada en la negociación con Rutte.

La declaración conjunta de seis de los 27 miembros de la Unión Europea, junto al Reino Unido, que ha regresado de facto al club europeo merced a la guerra en Ucrania, demostraba que la unidad pretendida por la reina de Bruselas no era tal. Para no enfadar a papaíto, la declaración se abstenía de criticar a Estados Unidos, a quien calificaba de “aliado”, y entraba de lleno en el marco fijado por Trump: la importancia de defender la seguridad en el Ártico frente a los “adversarios”. La declaración fue firmada por Mette Frederiksen: la primera ministra danesa bajaba  el pistón al asumir la moderada respuesta europea.

Publicación en X de Kaja Kallas.

Ante las amenazas, posteriormente retiradas, de Donald Trump de imponer aranceles a los países europeos si no se alcanzaba un acuerdo sobre Groenlandia, la inefable Kaja Kallas, sin mencionar a Estados Unidos, se mostraba muy preocupada, porque Rusia y China debían de estar de fiesta ante las desavenencias entre aliados. La estonia calificaba de “disputa” la pretensión de Trump de hacerse con dos millones de kilómetros cuadrados de un país de la Unión Europea, y aprovechaba para pedir que la “disputa” no nos distrajera de su fijación: Rusia y la guerra en Ucrania.

Pero quien entró de lleno en el marco de Donald Trump fue Friedrich Merz. En el Foro de Davos, el canciller alemán, después de tirar de eufemismo para describir la pretensión de Trump de hacerse con la isla – “Estados Unidos ha exigido vehementemente una mayor influencia en Groenlandia” –, Merz afirmó sin ruborizarse que “Celebramos que Estados Unidos se tome en serio la amenaza que representa Rusia en el Ártico”.

Europa tiene pánico a que Trump le deje colgada en Ucrania

El nivel de genuflexión de las élites europeas ante Donald Trump tiene una sencilla explicación. Los europeos tienen pánico a que Estados Unidos les deje colgando de la brocha en Ucrania. Desde que Trump recibió a Putin en Alaska, aplaudiéndole sobre una alfombra roja, las conversaciones que están teniendo lugar entre ambos presidentes, y miembros de sus equipos, tienen sobre ascuas a las élites europeas.

El peor escenario para los burócratas de Bruselas, y demás capitales europeas, es que Estados Unidos y Rusia lleguen a una entente más o menos cordial, a raíz de la cual Trump dé un carpetazo a la implicación de Washington en la guerra en Ucrania, y les deje la papeleta a los europeos. Esta posibilidad constituye una auténtica pesadilla, porque las élites eurocráticas son conscientes de la incapacidad material de Europa para hacer frente a la situación que tan temerariamente han contribuido a crear en Ucrania.

La apuesta les salió mal, algo que se niegan a reconocer, por lo que su estrategia radica en aumentar la escalada contra Rusia, buscando provocar un ataque de Moscú contra algún miembro de la OTAN, que obligue a Estados Unidos a implicarse de lleno en el conflicto. Las ominosas implicaciones de este proceder les traen sin cuidado a las élites europeas, que ya han demostrado sobradamente que lo único que les importa es mantener su estatus, mientras tratan de incrementar su poder, concentrándolo aún más en menos manos. Los intereses de la ciudadanía que deberían proteger se la traen al pairo, cuando no trabajan denodadamente para socavarlos, con tal de proteger los suyos.

Mario Draghi se ha pronunciado de manera contundente en esta línea. Europa debe convertirse en una “auténtica federación” para evitar convertirse en “subordinada, dividida y desindustrializada”. Sin embargo, Draghi se equivoca al identificar las causas del declive europeo. La solución a los problemas de Europa jamás vendrá de quienes los han provocado, porque no sólo se niegan a reconocer que han sido sus políticas las que los han causado, sino que insisten en redoblarlas.

La UE debe convertirse en una “federación genuina” para evitar la desindustrialización y el declive, dice Draghi. Euronews, 2 de febrero de 2026.

La Unión Europea está preparando el paquete de sanciones número veinte contra Rusia, y pretende implementarlo el 24 de febrero, fecha que marcará el cuarto aniversario del inicio de la guerra: señal de que los diecinueve anteriores han sido un rotundo fracaso, como demuestra el hecho de que el conflicto armado continúa.

Draghi evita reconocer que la principal causa de la desindustrialización de Europa radica en la decisión de prescindir de las fuentes de energía próximas, baratas y accesibles que han alimentado la economía europea desde hace décadas, procedentes de Rusia, para sustituirlas por la dependencia de Estados Unidos, en el caso del gas natural licuado, mucho más caro, y el recurso a intermediarios – léase la India – para seguir comprando petróleo ruso, pagando un sobreprecio. Simultáneamente, las élites europeas le han proporcionado a Donald Trump una palanca adicional con la que apretar al viejo continente. Este es el nivel de inteligencia política de las élites europeas.

A medida que crece la dependencia de Europa del gas natural estadounidense, también crece la ventaja de Trump. New York Times, 26 de enero de 2026.

Draghi también yerra con el diagnóstico: la solución no puede consistir en la centralización burocratizada, que es el objetivo último tras el maquillaje de la “auténtica federación” que propone. Como he recogido reiteradamente en este blog, el propósito de los eurócratas de Bruselas es el de anular la soberanía de los estados miembros para sustituirla por la federalización centralizada que propone Draghi.

A Úrsula von der Leyen y su séquito les molesta que las decisiones en política exterior deban tomarse por unanimidad. Por eso han propuesto repetidamente sustituir ese mecanismo por otro que les permita imponer sus dictados mediante una “mayoría cualificada”, aunque perjudiquen los intereses nacionales de algunos miembros de la Unión Europea. No les importa cortar los flujos energéticos, o provocar costes demenciales en el abastecimiento, si eso les posibilita implementar su agenda geopolítica, ciegos ante su evidente fracaso.

La decisión de prohibir la compra de gas ruso de todo tipo en 2027 no fue tomada por unanimidad, sino que fue diseñada para que pudiera adoptarse por una “mayoría reforzada”. Aunque se trata claramente de una medida de política exterior, fue presentada por la Comisión apoyándose en legislación relativa al comercio y la energía, para sortear el veto de Hungría y Eslovaquia, que se oponían. Sus sistemas energéticos y su situación geográfica dificultan enormemente sustituir las importaciones de gas y petróleo rusos por otros proveedores, por no hablar del encarecimiento que les supondría.

Este es el “orden basado en reglas” de quienes no dudan en saltárselas para imponer sus agendas, aunque provoquen la ruina de dos países de la Unión Europea: sus votos en contra fueron ignorados, y la prensa se ha hartado de calificar a Fico y Orbán de “aliados de Putin” por proteger sus intereses nacionales y oponerse a la guerra contra Rusia, denunciando los riesgos de que la contienda se extienda por todo el continente. Un peligro que las élites burocratizadas no sólo ignoran, sino que hacen todo lo posible por que se materialice, si así consiguen mantener sus desquiciados propósitos de infligir una derrota estratégica a Rusia.

Dinamarca da argumentos a Trump para reclamar Groenlandia

Las contradicciones de las élites europeas son constantes. Después de haber prescindido de la energía nuclear por los riesgos que presentaba, Alemania discute ahora la posibilidad de participar en un “paraguas nuclear” de ámbito europeo. La energía nuclear de uso civil le parece peligrosa, pero no tiene óbice en arrimarse a su uso militar.

En la misma órbita de contradicciones, Dinamarca se queja ahora de la pretensión de Trump de adueñarse de dos millones largos de kilómetros cuadrados de su territorio, después de que un informe de inteligencia danés, publicado en diciembre de 2025, le pusiera en bandeja al estadounidense sus reivindicaciones.

El informe advertía de que “China se prepara para una presencia militar en el Ártico” y que los intereses árticos a largo plazo de China incluyen Groenlandia”, destacando las supuestas actividades aéreas, marítimas y submarinas del gigante asiático en el Ártico. Adicionalmente, el documento avisaba del incremento de la cooperación de Rusia y China en la región septentrional.

El GIUK Gap (hueco). Ilustración: Intelligence Outlook 2025.

La inteligencia danesa también advertía de que Rusia estaba monitoreando y cartografiando las aguas entre Groenlandia, Islandia, las Islas Feroe y el Reino Unido como parte de los preparativos para una posible confrontación con la OTAN, porque “para Rusia, las aguas entre Groenlandia, Islandia, las Islas Feroe y el Reino Unido – el llamado GIUK Gap – constituyen la principal vía marítima de entrada y salida del Ártico. Por lo tanto, el GIUK Gap es vital para Rusia en caso de un conflicto armado con la OTAN”.

Donald Trump cogió al vuelo el informe danés. Publicó en su red social un enlace a la noticia que daba cuenta del documento, restregándole a Dinamarca su alarma por los planes de Rusia y China para el Ártico y Groenlandia, y las escasas fuerzas que destinaba a proteger el territorio: “dos trineos de perros”. Sólo Estados Unidos era capaz de defender la isla.

Continuando con las contradicciones europeas, varios diplomáticos nórdicos rebajaban considerablemente el nivel de alarma que presentaba el informe de inteligencia danés: “Esa idea de que las aguas que rodean Groenlandia están repletas de barcos o submarinos rusos y chinos es simplemente falsa. Están en el Ártico, sí, pero en el lado ruso”, declaraba uno de los diplomáticos al Financial Times.

Rasmus Jarlov, el presidente del Comité de Defensa del Parlamento de Dinamarca, refutaba la supuesta amenaza de China y Rusia en el Ártico que también alimentaba Velina Tchakárova, una consultora en geopolítica: “Soy el jefe del comité de defensa de Dinamarca. Mi trabajo es supervisar la seguridad en Groenlandia y obtengo toda la información relevante al respecto. Les aseguro que sus fantasías sobre una gran amenaza de China y Rusia contra Groenlandia son delirantes. Ustedes son la amenaza, no ellos”.

Lin Jian, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, también rechazaba las alegaciones de Trump de que las aguas de Groenlandia estaban cubiertas de barcos chinos: “Instamos a Estados Unidos a que deje de utilizar la llamada “amenaza china” como pretexto para buscar beneficios egoístas”.

¿Y si todo fuera teatro?

Bien pudiera ser que, como afirma el periodista Thomas Fazi, estuviéramos asistiendo a “una clásica maniobra de policía malo y policía bueno diseñada para lograr el objetivo ancestral de militarizar Groenlandia”. Si utilizamos el modelo de la ventana de Overton, un concepto de comunicación política creado por Joseph Overton, se trataría de convertir una idea impensable en aceptable, incluso popular, hasta plasmarla en una medida política concreta. En este caso, el reto estriba en hacerlo muy rápidamente, contrariamente a lo habitual cuando se proponen cambios políticos de calado.

Ventana de Overton.

El esquema sería el siguiente: de entrada, se plantea la invasión de Estados Unidos a un territorio de otro miembro de la OTAN: impensable. Es el peor escenario posible. Luego, se presenta una solución alternativa: bajamos un escalón, hasta lo radical. Es el “marco de un acuerdo” al que llegan Trump y Rutte. Nos encontramos al secretario general de la OTAN ninguneando a un país miembro, presuntamente negociando sobre su soberanía. Lo que sigue levantando ampollas, pero menos que una invasión.

En este estadio, los medios encargados de manufacturar el consentimiento comienzan a filtrar posibilidades de lo que incluye ese acuerdo: Trump ha renunciado a “poseer” Groenlandia, y se descarta que pretenda hacerse con la soberanía de toda la isla, excepto en los territorios donde se instalen sus bases militares, donde sería estadounidense.

Cómo las bases británicas en Chipre podrían ser un modelo para el acuerdo de Trump sobre Groenlandia. New York Times, 22 de enero de 2026.

Se elige un modelo que ya funciona entre países occidentales, el de las bases del Reino Unido en Chipre, siguiendo una lógica colonial, de larga tradición europea. El territorio de las bases británicas en Chipre es de soberanía británica, como consecuencia de la “concesión” de la independencia a la colonia. Ni siquiera forma parte de la Unión Europea, aunque Chipre sí pertenece al club. En las bases aplican las leyes británicas. El patrón ya existe, y está servido.

El Reino Unido comenzó pagando a Chipre por el uso del territorio donde se asientan las bases, otra de las posibilidades que sugirió Estados Unidos para hacerse con el control de la isla: comprarla. Así lo dijo Marco Rubio, atribuyendo además a Donald Trump una idea que sigue siendo inaceptable para la opinión pública europea, sobre todo la danesa, pero para la que ya existe un precedente en Europa. Por cierto, el Reino Unido sólo pagó el canon a Chipre durante cinco años, luego dejó de hacerlo. 

Bajamos un escalón más hasta lo aceptable: los dirigentes europeos abrazan sin reparos el marco de la necesidad de proteger a Groenlandia de la “amenaza” de Rusia y China: “Todo es negociable, menos la soberanía”, concede la primera ministra danesa, aliviada porque Trump ha renunciado a invadir la isla, y porque el secretario general de la OTAN le ha informado que el acuerdo respeta la soberanía danesa sobre la isla. Volvemos a tutear a los caballos…

Como los ánimos están muy calientes, el tema de Groenlandia desaparece de los medios. Es necesario dar un tiempo a la opinión pública para que vaya enfriándose, e interiorizando las posibilidades que se le presentan. Aunque siguen siendo radicales, ya no son impensables: todo es negociable, por lo que entramos en el terreno de lo aceptable.

Probablemente los europeos crean que por aceptar el control estadounidense de Groenlandia y su militarización, aunque sea usando la mascarada de la OTAN, para frenar la “amenaza” de China y Rusia, Trump no les va a dejar colgando de la brocha en Ucrania. Se equivocan de plano si piensan que Trump va a priorizar la relación con quien considera, con razón, sus vasallos, a la posibilidad de llegar a determinadas componendas con Moscú. Europa cederá el control de Groenlandia a Estados Unidos, lo que no evitará que Washington le encasquete la papeleta en Ucrania, si eso es lo que le conviene a Trump, independientemente de las consecuencias para los europeos.

Aunque está por ver en qué quedan las conversaciones que están manteniendo la Casa Blanca y el Kremlin; cómo acaba este aparente intento de acercamiento; si es realmente sincero por parte de Trump; si éste es capaz de resistir las presiones de los neoconservadores, y si los rusos consideran que los estadounidenses se han vuelto fiables, lo que ya es mucho decir, una cosa está clara: los europeos seguirán siendo vasallos de Estados Unidos mientras permanezcan en el marco de la OTAN.

Las naciones europeas no pueden ser soberanas dentro de la OTAN. The Telegraph, 1 de febrero de 2026.

La OTAN no va a desaparecer tras este último episodio de aparente crisis entre sus miembros. Estados Unidos necesita a Europa para proyectar poder en el continente euroasiático, desde su espléndido aislamiento al otro lado del Atlántico. Y la herramienta para someter al viejo continente se llama OTAN. El rifirrafe teatralizado en torno a Groenlandia es simplemente una maniobra para extender los territorios bajo el dominio de su patrón, Estados Unidos, con el propósito de aumentar su presencia en el Ártico, con la finalidad última de obtener una mejor posición desde la que negociar con Rusia el reparto de las zonas de influencia, en el que están enfrascadas ambas potencias.

Si dicha negociación tendrá resultados o no, está por verse. La reciente caducidad del tratado New START para limitar las armas nucleares y la advertencia de Rusia de que responderá “con medidas técnicas y militares” si Estados Unidos opta por desplegar determinadas armas en Groenlandia anticipa convulsiones en estos tiempos de guerra no tan fría que estamos viviendo. 

Trump le arranca la careta a Estados Unidos en Venezuela

19 de enero de 2026

Con Trump, la obscenidad vence a la hipocresía

La principal diferencia entre Donald Trump y otros presidentes de Estados Unidos radica en la obscenidad con la que expone sus propósitos. Este es el principal motivo por el que no gusta a las élites, como ya analicé en este artículo. Por lo demás, la radicalidad con la que trata de alcanzar sus objetivos, el manifiesto desprecio a la legalidad internacional o la arrogancia a la hora de tratar a sus presuntos aliados, con Donald Trump sólo han supuesto una vuelta de tuerca más, quizá dos, al tradicional comportamiento de los inquilinos de la Casa Blanca.

Con Donald Trump, la hipocresía de la narrativa empleada para disfrazar los auténticos objetivos de la política exterior de Estados Unidos – el habitual soniquete de promover la democracia, la libertad y los derechos humanos – ha sido sustituida por una manifiesta impudicia a la hora de anunciar sus intenciones al resto del mundo.

La voladura de la hipocresía ha sentado muy mal a los medios que representan al sistema. Foreign Affairs se tiraba de los pelos y hablaba de “Un mundo sin reglas”. Como si los anteriores presidentes de Estados Unidos las hubieran respetado. Según la Universidad de Harvard, desde 1898 hasta 1994 Estados Unidos ha intervenido 41 veces en América Latina para cambiar gobiernos, 17 de ellas de manera directa, usando el ejército o los servicios de inteligencia. Lo que fastidia a quienes mueven los hilos en la sombra es que Trump actúa a careta quitada, lo que estorba a sus narrativas hipócritas, con las que tratan de disfrazar sus tropelías.

Un mundo sin reglas. Las consecuencias del asalto de Donald Trump a la legislación internacional. Foreign Affairs.

El ataque a Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, no han sido justificados más que con la boca pequeña, bisbiseando las cantinelas habituales. Donald Trump, y otros miembros de su gobierno, han subrayado que lo que les interesa es el petróleo.

Antony Blinken, el secretario de Estado con Joe Biden, publicaba en sus redes sociales que viajaba a Oriente Medio “para aliviar el sufrimiento del pueblo palestino”, mientras su gobierno atiborraba de armas a los sionistas para que perpetraran el genocidio con mayor efectividad. Esa hipocresía, tan enraizada en las élites estadounidenses, ha sido eliminada de cuajo por Donald Trump y el equipo que le acompaña.

Como analicé en un artículo anterior, la última actualización de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos deja bien a las claras que Donald Trump se propone asegurar un control absoluto sobre el hemisferio occidental, al que Washington ha considerado tradicionalmente su patio trasero. El ataque a Venezuela ha venido precedido por un despliegue militar en el mar Caribe que necesariamente tenía que cristalizar en algún tipo de operación de envergadura, so pena de hacer el ridículo.

Después de haber asesinado a ciento quince personas que viajaban en lanchas por el Caribe, alegando que se dedicaban a transportar narcóticos, después de bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente, Estados Unidos está alejándose de la narrativa de la “guerra contra las drogas”.

El Departamento de Justicia, en la acusación formulada contra Nicolás Maduro tras su secuestro y ulterior traslado a Estados Unidos, viene a reconocer que el “Cártel de los Soles” no existe propiamente como organización, y que se trata más bien de un término en el argot venezolano para referirse a militares corruptos, que fue explotado en su momento por la propia CIA para tratar de encubrir sus ilícitas actividades.

El Departamento de Justicia retira su afirmación de que el “Cártel de los Soles” de Venezuela es un grupo real. New York Times, 5 de enero de 2026.

Este nombre era en realidad el de una red informal creada por la CIA para introducir drogas en Estados Unidos, según The Grayzone, que cita como fuentes al New York Times y a un programa de la CBS de 1993 sobre el tema. La acusación del Departamento de Justicia contra Nicolás Maduro se apoya fundamentalmente en el testimonio de un narcotraficante convicto, el general venezolano Hugo “El Pollo” Carvajal, que alcanzó un pacto secreto para reducir su condena a cambio de testificar contra Maduro.

Unidad antidrogas de la CIA envió una tonelada de cocaína a Estados Unidos en 1990. New York Times, 20 de noviembre de 1993.

El Departamento de Justicia, a pesar de que sigue acusando a Maduro, sin aportar prueba alguna, de “conspirar” para introducir en Estados Unidos “miles de toneladas de cocaína”, ha dejado caer la acusación de que Maduro dirigía el supuesto cártel.

Donald Trump ha dejado bien claro que la operación en Venezuela se dirige a controlar el petróleo, para lo que se dispone a “dirigir” el país, dándole instrucciones al gobierno venezolano sobre lo que debe hacer. Karoline Leavitt, jefa de prensa de la Casa Blanca, ha apuntalado el mismo mensaje: “Todos los ingresos de la venta de petróleo crudo y productos venezolanos se liquidarán primero en cuentas controladas por Estados Unidos en bancos reconocidos mundialmente… esos fondos se dispersarán para el beneficio del pueblo estadounidense y del pueblo venezolano, a discreción del gobierno de Estados Unidos”.

Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca y asesor de Seguridad Nacional, tampoco era muy sutil: “Somos una superpotencia y bajo el mandato del presidente Trump nos comportaremos como tal. Es absurdo que permitamos que una nación en nuestro propio patio trasero se convierta en proveedora de recursos para nuestros adversarios, pero no para nosotros”.

Miller olvidaba convenientemente que algunas empresas estadounidenses tuvieron que abandonar sus negocios en Venezuela en 2019, debido a las sanciones unilaterales impuestas por Donald Trump durante su primer mandato, como le recordó el consejero delegado de Halliburton en la reunión que mantuvo con los jefes de las principales petroleras en la Casa Blanca. Otras, como Chevron y Repsol, continuaron sus actividades en Venezuela.

No es un cambio de régimen, alega el presidente de la Cámara de Representantes

En el nuevo marco de desvergüenza superlativa en el que nos encontramos, el presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Johnson, dijo que «Esto no es un cambio de régimen. Es una exigencia de cambio de comportamiento por parte de un régimen. El Gobierno interino ya está establecido y esperamos que pueda corregir sus acciones».

Mike Johnson seguía explayándose ante los periodistas: «Tenemos una forma de persuasión porque, como saben, sus exportaciones de petróleo han sido suspendidas, y creo que eso llevará al país a un nuevo Gobierno en muy poco tiempo. Así que no esperamos tropas sobre el terreno ni ninguna otra intervención directa, más allá de simplemente coaccionar al Gobierno interino para que lo ponga en marcha». Johnson preveía que se convocarían elecciones en Venezuela a no tardar.

Por lo que se ve, los planes de Estados Unidos pasan por conseguir un cambio de régimen en diferido. Por el momento, Delcy Rodríguez juró su cargo como presidenta encargada, ante la ausencia forzada de Nicolás Maduro, tal y como prevé la constitución de Venezuela.

En la rueda de prensa posterior al ataque a Caracas, a muchos sorprendió que Donald Trump descartara de plano a Corina Machado como la persona designada a dirigir Venezuela, alegando que no tenía ni el apoyo ni el respeto del pueblo. Teniendo en cuenta que, según James Story, exembajador de Estados Unidos en el país caribeño, fue Washington quien ayudó a Corina Machado a montar la plataforma de oposición a Maduro, parecía lógico que fuera su criatura la encargada de hacerse con las riendas del país, al menos nominalmente.

Trump dice que Machado “no tiene el apoyo” en Venezuela, no fue consultada. The Hill.

Sin embargo, preguntado Marco Rubio sobre el descarte de Machado, contestaba que “había que ser realista” y se quejaba de que hubiera quien criticara que, 24 horas después de haber depuesto a Maduro, no hubiera ya unas elecciones convocadas, después de tantos años de chavismo.  

Corina Machado, por su parte, se está arrastrando literalmente ante Donald Trump, ofreciéndole compartir el premio Nobel de la paz que recibió por parte de una institución completamente politizada, convertida en una herramienta para premiar a determinadas personas por sus posiciones políticas. Una política que también se ha extendido al Nobel de literatura. La propuesta de compartir el premio ha sido rechazada por el comité que concede el Nobel, dejando en evidencia a Machado.

Corina Machado insiste en que debe ser la coalición que ella lidera la que debe estar al mando en Venezuela. Machado comenzó a ser financiada por el National Endowment for Democracy en 2004, cuando la asociación Súmate, de la que era presidenta, recibió fondos para un “proyecto para educar a los votantes” venezolanos.

Corina Machado actúa como líder de la opositora Plataforma Unitaria Democrática. Se ha mostrado públicamente a favor de una intervención de Estados Unidos en Venezuela, recalcando en una entrevista en diciembre de 2025, que llevaba años pidiéndola. En 2018, se dirigió por carta a Benjamin Netanyahu para pedirle que le ayudara en la “promoción de un cambio de régimen”. Machado se ha alineado con el gobierno sionista en repetidas ocasiones, hablando de “valores compartidos”. Se ve que también es partidaria de los genocidios.

María Corina Machado dice que “Apoyo absolutamente la estrategia del presidente Trump” en Venezuela. CBS News.

Corina Machado también prometía entusiasmada que, en el caso de llegar al poder, pondría en marcha un “masivo programa de privatización” de los recursos naturales del país, para ponerlos a disposición de compañías estadounidenses. Machado cifraba en 1,7 billones de dólares el montante del proceso de “privatización”, una cifra sólo ligeramente inferior al PIB español, que en 2025 llegó a 1,88 billones de dólares.  

A pesar de arrastrarse literalmente en su visita a Washington, regalando a Trump la medalla del Nobel, las perspectivas de hacerse con el poder de Corina Machado se limitan a seguir chupando banquillo, a la espera de la evolución de los acontecimientos con el gobierno chavista. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, insistía en que la opinión de Trump sobre Machado, basada en realidades sobre el terreno, no ha cambiado.

¿Por qué Trump descarta de entrada a Corina Machado?

La negativa de Donald Trump a colocarla al frente de Venezuela ha debido sentarle a Corina Machado como a la zorra los perdigones, pero teniendo en cuenta los objetivos de la Casa Blanca, el descarte tiene sentido. Hace tiempo, un empresario español con experiencia de años en el país, y crítico con el chavismo, me explicaba que una de las causas del fracaso electoral de la oposición venezolana se debía a su falta de unidad, pero también a la elección de Corina Machado como líder: “Es como si en España la líder de la oposición fuera Isabel Preysler”, me dijo.

Si el objetivo de Trump es hacerse con el negocio del petróleo, de todos los escenarios posibles que habrán manejado en la Casa Blanca, el que tiene más probabilidades de cuajar es el de contar con un gobierno que controle efectivamente al ejército y a los cuerpos de seguridad del estado. Es obvio que Corina Machado no controla a las fuerzas armadas, porque si así fuera, hace tiempo que habría dado un golpe de estado, con el apoyo de Washington.

Así que Trump se ha inclinado por una estrategia de presión descomunal sobre el chavismo, porque considera que es más efectiva que poner a una marioneta descarada, que no controla los resortes del poder y que es vista, por la mayoría de la población, como lo que es: un pelele de Washington, que saliva cuando habla de entregarle los recursos de Venezuela a quien la financia.

No juegues con el presidente Trump. Cuenta en X del Departamento de Estado.

El secuestro de Nicolás Maduro ha sido la palanca que Trump está usando para apretar a Delcy Rodríguez; a su hermano Jorge, actual presidente de la Asamblea Nacional; a Diosdado Cabello, ministro del Interior, y a Vladimir Padrino, ministro de Defensa, que son quienes controlan el poder, para intentar que se sometan a la hoja de ruta que tiene diseñada para apropiarse del petróleo, el gas y el oro de Venezuela.

Por eso Mike Johnson hablaba de “persuasión” y de “coaccionar” al gobierno de Venezuela, para que colabore en la implementación de la agenda que la Casa Blanca tiene en mente para hacerse con los recursos del país. Trump amenazaba a Delcy Rodríguez con un destino peor que el de Maduro si no se avenía a sus dictados. Para remachar el mensaje de matonismo, el Departamento de Estado publicaba el 3 de enero una imagen que podría valer como cartel de una película de mafiosos, tan del gusto de Hollywood. 

El ataque a Venezuela precisaba de alguna complicidad interna

Cuando me enteré del ataque a Venezuela y del secuestro de su presidente, lo primero que pensé fue que una operación de ese calibre necesitaba, por fuerza, de algún tipo de colaboración interna para tener éxito. Independientemente de la superioridad tecnológica con la que cuenta el ejército de Estados Unidos, que ha sido convenientemente utilizada por The Wall Street Journal para explicar el éxito de la operación, a mi juicio esa ventaja comparativa no era suficiente.

El avión inhibidor de señales ‘Growler’ que ayudó a capturar a Nicolás Maduro. The Wall Street Journal, 6 de enero de 2026.

Días después del secuestro de Maduro, Delcy Rodríguez destituía al general Javier Marcano Tábata, encargado de la seguridad del presidente, y al mando de la DGCIM, la contrainteligencia militar. Según algunas fuentes, el general también ha sido acusado de proporcionar las coordenadas del lugar donde estaría pernoctando Nicolás Maduro, que cambia constantemente, y de haber ordenado desactivar los sistemas de defensa aérea.

A mí me parecen muchas competencias, todas ellas estratégicas, como para estar concentradas en una sola persona, aunque fuera de la máxima confianza. En el caso de que este general hubiera dado la orden de desactivar los sistemas de defensa aérea, lo que está por verse, habría necesitado la complicidad de numerosas personas para que dicha orden fuera efectivamente cumplida.

Circula en redes sociales una entrevista con un supuesto militar venezolano, que describe la operación del comando estadounidense que secuestró a Maduro con ribetes de ciencia ficción. Esta entrevista ha sido difundida por la jefa de prensa de la Casa Blanca, porque contribuye a alimentar la narrativa de unas fuerzas de operaciones especiales dotadas con un armamento portentoso, al que no se puede hacer frente.

Otras fuentes aducen que el ejército de Venezuela no utilizó sus recursos para intentar abatir los helicópteros estadounidenses que intervinieron en la operación, bastante vulnerables a según qué sistemas, para lo cual cuenta con 4.000 antiaéreos portátiles. Según estas fuentes, sólo una de estas armas fue disparada. De los 100 sistemas antiaéreos basados en tierra, ninguno fue dirigido contra las aeronaves invasoras.

A la hora de analizar las narrativas que circulan, es fundamental tener en cuenta a quién benefician, y a quién perjudican. La hipótesis de la traición conviene a los intereses de quienes perpetraron el ataque, porque contribuye a socavar la legitimidad del gobierno chavista. Es muy pronto para conocer lo que realmente sucedió en Venezuela, así como las dimensiones de la colaboración interna, pero en mi opinión tuvo que haberla.

Euronews publica que existieron unas conversaciones en Catar, en las que participó la propia Delcy Rodríguez, en las que supuestamente se estaría buscando una salida pactada de Nicolás Maduro. Lo primero que hay que tener en cuenta es la fuente de estas informaciones: el diario Miami Herald, visceralmente anticastrista y antichavista.

Estados Unidos apuesta por ella, pero ¿podrá la nueva jefa de Venezuela cumplir? Su vida podría depender de ello. Miami Herald.

El Miami Herald justifica la pretendida apuesta de Trump por Delcy Rodríguez porque podía ofrecer “continuidad sin caos”. Todo lo contrario que representaba Corina Machado, añado yo. Si bien esta hipótesis tiene sentido, a partir de ahí, las fuentes anónimas desbarran: afirman que Washington podría exigir a Delcy Rodríguez “la entrega o rendición” de Vladímir Padrino y Diosdado Cabello, para juzgarlos en Estados Unidos, al igual que a Maduro. El Miami Herald recuerda que Estados Unidos ofrece una recompensa de 25 millones de dólares por Cabello, y de 15 por Padrino. Una cosa es que la presidenta interina intente salvar los muebles, y otra que esté dispuesta a cometer esa traición.

¿Puede tener éxito la estrategia de supervivencia del chavismo?

La actitud de Delcy Rodríguez probablemente tenga más que ver con una estrategia de supervivencia que con una traición. Desde la barrera, es muy fácil criticar a la presidenta encargada de Venezuela por haber cambiado la retórica antiimperialista por otra más conciliadora con quien perpetró el secuestro de Nicolás Maduro, pero conviene recordar que la están apuntando con una pistola, de manera nada metafórica.

Delcy tenía dos opciones: o apostar por el enfrentamiento con la segunda potencia nuclear del mundo, hasta provocar otro ataque o, incluso, la invasión, como ya ocurrió en Panamá, o en Granada, con funestas consecuencias para el país, o ser realista y tratar de conjugar los intereses de Estados Unidos con los venezolanos, por muy complicado que sea. La segunda opción le ofrece la posibilidad de conservar el control de las estructuras del país e intentar proseguir con la agenda política del chavismo, tratando de reequilibrar las tremendas desigualdades económicas que sufre Venezuela.

Asimismo, el enfoque realista le permite evitar un escenario de guerra por el que, según el Miami Herald, estaría apostando la línea dura del chavismo: provocar la invasión de Estados Unidos, para enfangar a su ejército en una guerra de guerrillas, con el consiguiente desgaste de Trump frente a la opinión pública doméstica. Cualquier dirigente que ponga los intereses de la población por delante de otros procurará evitar que su país entre en una dinámica de conflicto que, en el caso de la muy polarizada Venezuela, correría el riesgo de derivar en una guerra civil.

En su mensaje anual a la nación, Delcy Rodríguez habló de un “nuevo momento político”, de la necesidad de reformar el marco legislativo de la industria petrolera, y recalcó que “Tenemos derecho a tener relaciones diplomáticas con China, con Rusia, con Irán, con Cuba, con todos los pueblos del mundo. También con los Estados Unidos. Somos una nación soberana”. Estados Unidos pretende que Venezuela corte lazos económicos con todos esos países, y reclama exclusividad en el negocio del petróleo. La operación en Venezuela no va sólo de oro negro, sino de geopolítica. 

El País, 14 de enero de 2025.

Ante la tesitura actual, Delcy Rodríguez parece haber optado por un enfoque realista, para intentar continuar con el programa político del chavismo. Venezuela lleva años sufriendo sanciones ilegales que pretenden hundir su apuesta por un modelo económico distinto al capitalismo depredador. Venezuela no es Rusia, y las sanciones se han demostrado mucho más efectivas con el país caribeño que con el eslavo, cuya resiliencia es incomparablemente superior.

Con el enfoque realista, Delcy Rodríguez probablemente pretende sacar al país de la crisis económica, dando motivos a Estados Unidos para eliminar sus sanciones, que han provocado la emigración de millones de personas. Posiblemente también ha entendido que el bienestar del país precisa amortiguar la polarización que sufre, de ahí su apelación “al entendimiento desde la divergencia”

Por el momento, Estados Unidos también ha apostado por un enfoque realista, en lugar del aventurerismo que hubiera supuesto tratar de encumbrar a Corina Machado. Veremos hasta qué punto ambas estrategias realistas pueden convivir, dada la voracidad del actual inquilino de la Casa Blanca, y las disensiones que la actitud de Delcy Rodríguez estará levantando dentro del chavismo. 

Al día siguiente de una conversación entre Delcy Rodríguez y Donald Trump, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Caracas para entrevistarse con la “presidenta interina”, como la califica The New York Times. El diario valora que la reunión “refuerza el mensaje de la administración Trump de que ve al gobierno interino como el mejor camino hacia la estabilidad del país en el corto plazo”. Hacer coincidir el encuentro de Corina Machado con Trump en Washington con la reunión de Ratcliffe y Rodríguez en Caracas supone otra bofetada a la golpista vocacional. También revela que está habiendo negociaciones. Aunque la correlación de fuerzas es dispar, yo diría que ambas partes tienen cartas para jugar. 

El director de la CIA se reúne con la presidenta interina de Venezuela en Caracas. New York Times, 16 de enero de 2026.

En cuanto a las posibilidades de éxito que tiene Trump de convencer a las petroleras estadounidenses para que inviertan 100.000 millones de dólares en un país con un pronóstico de inestabilidad tan acusado, yo diría que son escasas, visto el calificativo que el consejero delegado de Exxon Mobil le dedicó a Venezuela: “No invertible”. El tema del petróleo venezolano es complejo, así que da para otro artículo. 

Por qué Putin colabora en el teatro de la mediación de Trump

8 de diciembre de 2025

Putin le echa el primer cable a Trump en Estambul

Vladímir Putin ya le había echado un cable a Donald Trump en mayo, como analicé en este artículo. Para sacarlo de la encerrona preparada por Keith Kellogg – que abandonará su puesto en enero – y los neoconservadores de Estados Unidos y Europa, el presidente ruso ofreció abrir conversaciones directas con Ucrania en Estambul. Trump se aferró a la propuesta porque le permitía esquivar el marco impuesto por los neoconservadores: exigir a Rusia un alto el fuego de 30 días antes de negociar nada, e imponer “sanciones aplastantes” a Moscú y a terceros países si rechazaba el ultimátum.

Trump no estaba dispuesto a aceptar ese planteamiento. Sabía que Rusia rechazaría el alto el fuego y que las sanciones de “jurisdicción de brazo largo”, como las califica China, iban a ser desafiadas por Xi Jinping y Narendra Modi, dejando en evidencia la supuesta capacidad de presión estadounidense. Rusia, además, no tenía motivo alguno para detener su avance en el frente: va ganando, y una tregua sólo daría aire al debilitado ejército ucraniano y a sus desfondados aliados europeos.

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Qué son las tierras raras y por qué le permiten a China doblegar a Estados Unidos

27 de octubre de 2025

Por qué son tan importantes las tierras raras

Lo único raro de las tierras raras es encontrarlas en cantidades lo suficientemente agrupadas, y grandes, como para que su explotación sea económicamente viable. Porque los 15 elementos del grupo de los lantánidos que conforman las denominadas tierras raras son abundantes en la corteza terrestre, pero están muy dispersos, y no suelen presentarse en forma pura, sino agregados, en muy escasa proporción, a otros minerales.

A esta dificultad hay que añadir los altos costes ambientales y energéticos que supone su extracción, que requiere procesar grandes cantidades de mineral. Además, su explotación genera muchos residuos altamente contaminantes que, en ocasiones, contienen elementos radioactivos como el torio y el uranio, así como sustancias peligrosas como ácido fluorhídrico y dióxido de sulfuro. 

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Trump desperdicia la cumbre de Alaska y sopesa la escalada contra Rusia

14 de octubre de 2025

Trump desaprovecha el impulso de Alaska y cede a las presiones de los belicistas

Aunque con Trump nunca se sabe, todo indica que está a punto de desperdiciar el impulso que parecía haber cogido en Alaska para restablecer las relaciones con Rusia. El mero hecho de estar valorando el suministro de misiles Tomahawk a Ucrania, que pueden portar ojivas nucleares, supone una temeridad que Joe Biden rechazó cuando Zelenski se lo propuso en su “plan de paz”.

Trump y Zelensky hablan de misiles Tomahawk para Ucrania, dicen fuentes. Axios, 11 de octubre de 2025.

Desde su constante envanecimiento, Trump quizás había pensado que bastaba con desarrollar una buena relación personal con Putin para que éste se aviniera a su deseo de poner fin a la guerra o, al menos, decretara un alto el fuego, que permitiera disimular la derrota de la OTAN en Ucrania, y a Trump, salvar la cara. Por lo que se ve, Trump salió de Alaska convencido de que un paseíto en su limusina bastaba para que el presidente de Rusia se plegara a sus deseos.

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