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Estación Alaska: última oportunidad de Trump para salir de Ucrania

25 de agosto de 2025

Lo más positivo de la cumbre de Alaska fue que se celebró

La cumbre celebrada en Alaska entre Donald Trump y Vladímir Putin ofrece la última oportunidad para el presidente de Estados Unidos de salir del fracasado proyecto del Partido Demócrata en Ucrania. Fue Trump quien solicitó la reunión, porque le urge llegar a un acuerdo que le permita salvar la cara antes de que el ejército ucraniano termine de colapsar, lo que sucederá más pronto que tarde.

Como ya analicé en este artículo, Putin está colaborando con Trump en la pantomima de presentarse como mediador porque es el primer interesado en que Estados Unidos deje de financiar la contienda, aportar las armas, proporcionar la inteligencia y, según The New York Times, la propia dirección de la guerra, desde una base en Wiesbaden, Alemania. Al enemigo que huye, puente de plata.

Presentarse como mediador en una guerra por intermediación es una artimaña para disfrazar el papel de Estados Unidos como promotor del conflicto. No todos en Moscú están contentos con este nivel de colaboración con un país del que hacen bien en no fiarse. Pero de momento, el gobierno de Putin está funcionando al unísono con esta estrategia.

La reunión en Alaska entre Trump y Putin, impensable bajo una administración demócrata, fue positiva por el mero hecho de que se celebrara. El restablecimiento del diálogo entre las dos principales potencias nucleares del mundo debería ser un motivo de alegría para cualquiera con dos dedos de frente, lo que excluye ipso facto a las élites europeas. La diplomacia consiste en hablar con tus adversarios. Hacerlo con tus aliados no tiene especial mérito. Lamentablemente, hablar de paz encuentra las mayores resistencias en el continente europeo, donde se desarrolla la guerra.

Trump y Putin se saludan sobre la alfombra roja. Fotografía: AP Photo/Julia Demaree Nikhinson.

Aunque los medios occidentales hayan sostenido lo contrario, Steve Witkoff viajó a Moscú para solicitar la reunión, porque Trump no quería llegar a la fecha límite que había señalado para imponer sanciones adicionales a Rusia, por la sencilla razón de que no era partidario de materializarlas.

El Kremlin vio clara la oportunidad para dar un salto cualitativo en el terreno diplomático, nada menos que con una cumbre entre los dos líderes, tras haber impuesto su marco de negociación en mayo, con la celebración de reuniones en Estambul entre las delegaciones rusa y ucraniana. Con el encuentro en Alaska, Putin volvía a echarle otro cable a Trump y las relaciones entre Rusia y Estados Unidos entraban en una nueva fase.

La elección de Alaska añadió valor simbólico al hecho de que el presidente ruso pisara suelo estadounidense, rompiendo un pretendido aislamiento, limitado al bloque occidental. Alaska fue territorio ruso y sólo se halla separada cuatro kilómetros de Rusia. Una distancia muy corta la que separa a las dos potencias rivales, que alude a la posibilidad de tender puentes. Como de hecho están haciendo, superando enormes obstáculos.

Putin arrastra una orden de detención por parte de la Corte Penal Internacional, un organismo cuya jurisdicción Estados Unidos no reconoce. Al presenciar el encuentro entre Trump y Putin en una base militar estadounidense, a las ninguneadas élites europeas les rechinaban los dientes: la imagen de ambos líderes juntos constataba su papel de comparsas, rabiosos ante la estampa de Trump recibiendo con aplausos a Putin, sobre una alfombra roja.

Trump aplaude a Putin, que se aproxima sobre la alfombra roja. Fotografía: Getty Images.

La desconfianza estadounidense en Trump provoca el cambio de formato

Ya he comentado en anteriores artículos los palos en las ruedas que le están metiendo a Trump en sus intentos de abandonar el proyecto demócrata de derrotar a Rusia. En este caso, el hecho de verse con Putin en suelo estadounidense ya representa un triunfo de Trump. Pero las élites decidieron que un encuentro a solas entre ambos líderes era demasiado peligroso, e impusieron un cambio de formato de última hora: la reunión no se celebraría a solas, sino en un formato tres a tres. Marco Rubio y Steve Witkoff escoltaron a Trump, teniendo el primero de ellos el encargo de vigilarle.

No sabemos de quién surgió la idea de que Putin se subiera al coche de Trump. Podría haber surgido del estadounidense, que quería comunicarse con el presidente ruso en privado. También podría haber sido Putin, que es más listo, y fue el que más habló durante los pasos que dieron juntos sobre la alfombra roja, lejos de los micrófonos.

El presidente ruso también está interesado en propiciar un acuerdo que permita a Trump salir de Ucrania, y que facilite alcanzar sus objetivos, sin tener que seguir disparando. En cualquier caso, el breve trayecto en coche les proporcionó la oportunidad de comunicarse a solas, en un gesto que también proyectaba complicidad.

Quienes pretenden echarle agua al vino de la reunión ponen el foco en que sólo duró tres horas, en un formato impuesto a Trump, que ni siquiera hubo un posterior almuerzo, y que en la comparecencia posterior ante la prensa, no se admitieron preguntas.

En realidad, lo que indican estos tres datos es que ambas delegaciones trabajaron en serio y, con toda seguridad, llegaron a algunos acuerdos. Que no hubo almuerzo, porque hubiera sido el marco ideal para que se produjeran filtraciones. Y que los presidentes no admitieron preguntas de la prensa, para mantener la discreción sobre lo tratado. Ambos se limitaron a colocar los mensajes previamente pactados.

Aunque las presiones de los neoconservadores se tradujeron en un cambio del formato previsto, la ausencia de filtraciones, al menos inmediata, revela que rusos y estadounidenses están buscando el fin del conflicto en Ucrania. La discreción es condición imprescindible para el éxito de una negociación. Aunque no lo presuponga, su ausencia es garantía de fracaso. Máxime en un caso como éste, donde se agolpan los enemigos de que salga a flote.

Rusia sigue avanzando diplomáticamente

Existe un hecho fundamental, que las élites europeas y ucranianas se empeñan en ignorar, y que está incrementando la capacidad persuasiva del Kremlin para imponer tanto su marco, como sus condiciones, en la negociación: Rusia está ganando la guerra. Hasta los más beligerantes y proucranianos medios occidentales, como The Telegraph, están admitiendo que Ucrania ya la ha perdido.

Ucrania ha perdido. Gran Bretaña debe prepararse ahora para el próximo embate de Rusia. The Telegraph, 14 de agosto de 2025.

Las élites europeas que arropan a Zelenski pretenden forzar sus condiciones en una negociación de la que están excluidos, y de cuyo contenido se les informa parcialmente, y a posteriori. Una posición que no casa con su condición de perdedores. El que gana en una guerra es el que impone sus términos, no el que pierde.

Como las élites europeas se niegan a asumir la realidad, se humillan ante Trump con la esperanza de que le dé la vuelta a la tortilla: que ofrezca garantías de seguridad a Ucrania, ya que no la entrada en la OTAN, al menos del mismo carácter que el famoso artículo 5. Que proporcione cobertura a las tropas europeas que se desplieguen en Ucrania. Que no haya limitaciones en el tamaño del ejército ucraniano. Y además, que el Kremlin acepte este nuevo empaquetado de sus viejas pretensiones. Europa pretende que Rusia se coma la misma sopa que viene rechazando, cambiándole el plato.   

Los neoconservadores que están utilizando a los europeos anhelan que Estados Unidos se enfrente directamente con Rusia, ya que su ariete no lo ha conseguido. Que derribe el gobierno de Putin y, una vez instalados los adecuados títeres, proceda a trocear su inmenso territorio en unidades más manejables. Un objetivo anunciado por Kaja Kallas antes de asumir su actual puesto en la Unión Europea, con el fin último de despojar a Rusia de sus ingentes recursos.

La ministra entrante de Asuntos Exteriores de la UE aprueba romper Rusia en estados más pequeños. Titular de The Organization for World Peace.

Sin embargo, en este caso, Trump está actuando conforme no sólo a sus intereses políticos y a sus promesas electorales, sino de acuerdo con los de su país. Porque a Estados Unidos le interesa salir de Ucrania antes de que se desmorone completamente.

Por eso Trump está asumiendo el marco y las condiciones que Putin le planteó en Alaska, esquivando las presiones de los neoconservadores. Por eso Trump ya ha dicho que no hace falta alcanzar un alto el fuego, aunque Merz y Macron sigan parloteando sobre su necesidad: porque sabe que Rusia no va a aceptar una condición que supondría perder el impulso con el que cuenta ahora en el frente, ofreciendo al enemigo la oportunidad de recomponer sus maltrechas y escasas fuerzas.

Trump deja caer la exigencia de un alto el fuego para la guerra en Ucrania después de la cumbre con Putin. The Washington Post, 16 de agosto de 2025.

Por eso Trump tampoco está dispuesto a aplicar esas sanciones aplastantes que propugna Lindsey Graham, en forma de aranceles de hasta el 500%, a quienes compren petróleo y gas a Rusia. Tal es así, que Scott Bessent, el secretario del Tesoro, advirtió a los europeos que con el tema de las sanciones “se aguantaran o se callaran”.

Marco Rubio remachaba la negativa de su jefe en una entrevista, donde afirmó que no creía que la imposición de sanciones adicionales forzase a Rusia a aceptar un alto el fuego. Por el contrario, hacerlo dificultaría la capacidad de Estados Unidos de atraer a Rusia a la mesa de negociaciones, y había que dar una oportunidad a la paz.

Por eso, hasta el momento el proyecto de Lindsey Graham se ha quedado en una amenaza de imponer unos aranceles del 50% a India, con quien las cifras de comercio son notablemente inferiores a las que mantiene con China.

Las refinerías estatales de India aumentan las compras de petróleo ruso a pesar de las críticas de Estados Unidos. Titular de Bloomberg, 20 de agosto de 2025.

India no se ha amilanado por los aranceles, y ya ha advertido que va a seguir comprando petróleo a Rusia, por sus propios intereses. Una actividad comercial que además contribuye a estabilizar el mercado del petróleo, según afirmaba  Subrahmanyam Jaishankar, el ministro de Asuntos Exteriores indio, en rueda de prensa conjunta con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov.  

Trump le regala los oídos a los europeos, que intentan sobornarle

Tras haber dejado caer la exigencia de un alto el fuego como condición previa para negociar, y de haber descartado la imposición de sanciones adicionales a Rusia, Trump tiene que echarles algo de alpiste a Zelenski y a sus vasallos europeos. Por eso hablaba de la posibilidad de una reunión entre Putin y Zelenski e, incluso, de una cumbre trilateral, en la que también participaría él. Los medios occidentales se han dedicado a amplificar la posibilidad de esa reunión, hablando incluso de posibles fechas y lugares, pero ese encuentro entre el presidente ruso y el ucraniano no se va a producir.

Con un lenguaje muy diplomático, sin descartar de plano la posibilidad, para no dejar en evidencia a Trump, los rusos dejaron claro que ese tipo de encuentros en la cumbre precisan de un minucioso trabajo previo y, en este caso, sólo se produciría cuando el acuerdo estuviera prácticamente hecho, y los líderes de ambos países se vieran las caras para rubricarlo. El mensaje se hizo más tajante según pasaron los días, para evidenciar que Rusia rechazaba las presiones en este sentido.

“No hay ninguna reunión prevista” entre Putin y Zelenski, afirma alto diplomático ruso. New York Times, 22 de agosto de 2025.

Para edulcorar su negativa, Rusia se ha mostrado partidaria de elevar el rango de la delegación que participa en las reuniones en Estambul. Un ofrecimiento que subraya que el marco que impuso en mayo, con la aquiescencia de Trump, sigue siendo el único formato que contempla. Hasta la fecha sólo se han celebrado tres reuniones en ese formato, con magros resultados, dada la obcecación ucraniana en tratar de imponer condiciones a Rusia, sin tener las cartas para ello, como le recordó Trump a Zelenski en el despacho oval.

Tras el enfrentamiento que se produjo entre ambos en febrero, que los medios siguen manipulando para reforzar el victimismo de Zelenski, el presidente ucraniano y la troupe de europeos que le escoltaron a la Casa Blanca cambiaron la estrategia en la última reunión. Hasta 11 veces en cuatro minutos y medio agradeció Zelenski a Trump el apoyo de Estados Unidos a Ucrania. La adulación fue la tónica general de los mandatarios europeos. El único que sacó los pies del plato fue Friedrich Merz, que siguió hablando de la necesidad de un alto el fuego, lo que estuvo a punto de hacer saltar a Trump.

Decir ‘gracias’ a Trump está arriba en la agenda de Zelenski y otros líderes. The Washington Post, 18 de agosto de 2025.

Además de arrastrarse delante de su “papá”, en gráfico apelativo de Mark Rutte, Zelenski y los europeos venían con un plan: intentar sobornar a Donald Trump para que siga implicado en la guerra de Ucrania. Así debe calificarse la oferta que el presidente ucraniano le hizo a Trump en la última reunión en la Casa Blanca: comprarle a Estados Unidos armas por valor de 100.000 millones de dólares, que serían financiadas por Europa.

Ucrania ofrece a Trump un acuerdo de 100.000 millones de dólares en armas para ganar garantías de seguridad. Financial Times, 18 de agosto de 2025.

Estados Unidos y la OTAN ya presentaron ante la prensa un acuerdo para que los europeos paguen las armas que la alianza enviaría subsiguientemente a Ucrania. Un esquema diseñado para prolongar la guerra lo más posible, aunque las probabilidades de una victoria ucraniana frente a Rusia hace mucho que se disiparon, si es que alguna vez existieron.

Este nuevo anzuelo tiene el objetivo de camelar a Trump para que aporte garantías de seguridad a Ucrania, que es el nuevo mantra de Zelenski y sus apoyos, una vez que ha quedado claro que el ingreso en la OTAN es una entelequia que no se va a materializar. Los europeos están dispuestos a sufragar el soborno, con tal de arrancar a Trump un acuerdo que incluya el equivalente al artículo 5 de la OTAN.

El cebo también incluye una propuesta para que Washington y Kiev financien conjuntamente compañías ucranianas que fabrican drones, por valor de 50.000 millones. Una cifra que representa el 26% del presupuesto estatal anual de Ucrania, que ya ha pedido 40.000 millones a sus patrocinadores para afrontar el año próximo sin caer en la bancarrota. Otra trampa para anclar a Estados Unidos a Ucrania. 

Trump esquiva la trampa europea y toma distancias

Donald Trump ya ha dejado clara la nueva posición de Estados Unidos: «No damos nada. Vendemos armas». El problema del anzuelo que le han tirado Zelenski y los europeos a Trump es que ni Estados Unidos tiene la capacidad de producir las armas que le reclaman, ni Europa tiene el dinero necesario para comprarlas, ni Ucrania dispone de los soldados imprescindibles para usarlas. Todo es una farsa.

Titular de Zero Hedge, 19 de agosto de 2025.

Como Trump sigue queriendo endulzarles la píldora a los europeos, su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, tras descartar las famosas “botas sobre el terreno”, dejó abierta la posibilidad a que la contribución de Estados Unidos a las garantías de seguridad que reclaman Zelenski y las élites europeas tuvieran forma de apoyo desde el aire. Eso fue un error de Trump, que rápidamente fue rectificado por el Pentágono. Si a los neoconservadores les das una mano, te cogerán el pie. 

El Pentágono dice que Estados Unidos desempeñará un papel mínimo en las garantías de seguridad de Ucrania. Politico, 20 de agosto de 2025.

Nadie se cree que los europeos vayan a desplegar tropas en Ucrania, y menos que los Estados Unidos les fueran a dar cobertura aérea, para garantizar un alto el fuego que no se va a producir. Rusia no va a aceptar ninguno de estos escenarios. Si Macron es tan irresponsable como para enviar soldados franceses a Odessa, puede tener bien seguro que los rusos no se van a quedar de brazos cruzados.

Exclusiva: Exigencia de Putin a Ucrania: entregar el Donbass, no OTAN y no tropas occidentales, dicen fuentes. Reuters, 22 de agosto de 2025.

Los europeos siguen sin entender, como sí ha hecho Trump, que la guerra en Ucrania como colofón de la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas, tiene el carácter de una amenaza existencial para Rusia. El despliegue de tropas europeas en Ucrania es una línea roja que el Kremlin no va a dejar traspasar. La memoria de los 27 millones de muertos en la Gran Guerra Patria sigue bien presente en Rusia. Putin no va de farol, por mucho que los europeos se autoengañen al respecto.

Los medios occidentales se han encargado de descontextualizar la involucración directa de Rusia en la guerra civil que se desarrollaba en Ucrania desde 2014, presentándola como el capricho imperialista de Putin. Sin embargo, al poner el foco sobre los territorios, las élites europeas, que no escuchan lo que dice el gobierno ruso, ignoran deliberadamente que la motivación que impulsó a Putin a meter el ejército en el Donbass fue la de proteger a la población rusa, que venía siendo machacada desde el golpe de Estado del Maidán.

Por eso, Rusia sigue recordando que la única manera de poner fin al conflicto de manera duradera es afrontar las causas profundas que lo provocaron. Por este motivo, las garantías de seguridad no pueden afrontarse de manera previa a un acuerdo de paz duradero, como pretende Zelenki. El 21 de agosto, el presidente ucraniano ponía una condición de imposible cumplimiento para reunirse con Putin, para echarle la culpa al presidente ruso de que no lo haga.

Zelenski dice que quiere garantías de seguridad antes de reunirse con Putin. The Moscow Times, 21 de agosto de 2025.

Las garantías de seguridad han de venir al final, junto con el acuerdo, si es que alguna vez se alcanza. Algo muy improbable, dadas las posiciones de las partes. Unas garantías de seguridad que ya estaban contempladas en el preacuerdo de Estambul de 2022, que los occidentales tumbaron, y que ahora sin embargo reclaman.

Para solucionar este espinoso asunto, no queda más remedio que rediseñar la arquitectura de seguridad en el continente europeo, de manera que se tengan en cuenta también los intereses de seguridad de la propia Rusia, como ha recordado Lavrov: “Sin respeto por los intereses de seguridad de Rusia y los derechos de los rusos y de las personas ruso-parlantes que viven en Ucrania, no se puede hablar de ningún acuerdo a largo plazo”.

Sin embargo, nada parece indicar que Europa esté dispuesta a abrir ese melón tan necesario para alcanzar una paz duradera en el continente. Por el contrario, las élites europeas no están dispuestas en ningún modo a soltar el hueso que han mordido en Ucrania. Llevan años demonizando a Rusia, tratando de instalar en las mentes de los europeos la rusofobia necesaria para que acepten la militarización del presupuesto, con la amenaza de una supuesta invasión que no se creen ni ellos.

Si la guerra en Ucrania se acabara, el fracaso de la estrategia europea sería evidente, y a sus élites no les quedaría más remedio que volver a ocuparse de sus asuntos domésticos, donde se enfrentarían a una población que les iba a exigir cuentas por haber dejado Europa como un erial, para no haber conseguido nada. Por no hablar de que cesaría el actual flujo de cantidades astronómicas de dinero, que escapan a cualquier escrutinio respecto a su destino final. Por eso intentan prolongarla lo más posible.   

Trump tampoco tiene el coraje político para dar marcha atrás en la expansión de la OTAN, porque sabe que a la tercera el francotirador podría acertar. Así que ha optado por una estrategia de retirada paulatina. Trump es consciente que el camino que comenzó a andar sobre la alfombra roja de una base militar en Alaska es la última oportunidad que tiene para sacar a Estados Unidos de Ucrania de una manera mínimamente honrosa.

Por eso, tras haberle regalado los oídos a Zelenski y a los europeos, y probablemente también algo a los rusos en Alaska, ha declarado que abandona sus pretensiones de organizar una cumbre trilateral. Trump deja a rusos y ucranianos la iniciativa para organizar un encuentro entre Zelenski y Putin, porque sabe que no se va a producir, y es mejor tirar la toalla antes de quedar en evidencia.

Trump se aparta de las conversaciones de paz entre Rusia y Ucrania por el momento, dicen fuentes. The Guardian, 21 de agosto de 2025.

Dada la actitud obstruccionista de los europeos, Tulsi Gabbard ha dado órdenes a las agencias de inteligencia bajo su mando para que no compartan información acerca de las negociaciones entre Rusia y Ucrania con el grupo de los “Cinco Ojos”, que incluye al Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Definitivamente, Trump no se fía de los europeos.

Mientras tanto, Rusia continúa rompiendo las defensas ucranianas en la línea del frente, y se carga de argumentos para seguir imponiendo sus condiciones en el ámbito diplomático. Trump haría bien en saltar de Ucrania, antes de que le achaquen el colapso del ejército ucraniano, por no haber hecho lo suficiente. Algo que probablemente va a ocurrir de cualquier modo.

A estas alturas, tras el estrepitoso fracaso del proyecto de Obama y Biden, a lo único que puede aspirar Trump es a una estrategia de contención de daños. La alternativa es dejarse arrastrar por las marionetas de los neoconservadores – Zelenski y los europeos – hacia una derrota aún más ignominiosa.

Las élites europeas apuestan por la guerra contra Rusia para ocultar su fracaso

15 de julio de 2025

La Unión Europea quiere enviar otros 100.000 millones a Ucrania

La Unión Europea está considerando crear un fondo de 100.000 millones de euros para apoyar a Ucrania. Esta cifra se añadiría a los 160.000 millones que, desde febrero de 2022, Bruselas ya ha proporcionado al gobierno de Zelenski. A estas astronómicas cantidades hay que añadir otros 50.000 millones de dólares del instrumento de préstamos que la Unión Europea creó junto con el G7, que se nutre, supuestamente, de los intereses generados por los 300.000 millones de euros “inmovilizados” del banco central ruso. Muchos intereses me parecen.

La Unión Europea sopesa crear un fondo de 100.000 millones para Ucrania en su nueva propuesta de presupuesto. Bloomberg, 8 de julio de 2025.

Estas cifras, proporcionadas por Bloomberg, ponen de manifiesto la decisión de las élites europeas de escalar el conflicto con Rusia de manera indefinida. Una estrategia destinada a ocultar su error estratégico en las relaciones con su vecino del este. A estas alturas de la contienda, es evidente que Rusia está ganando la guerra de desgaste contra la OTAN, por más que algunos analistas occidentales que no entienden, o no quieren entender, la estrategia del Kremlin, prefieran poner el foco en la lentitud de los avances del ejército ruso.

Rusia ha ganado la guerra de Ucrania y “derrotado” a la OTAN. National Security Journal, 11 de junio de 2025.

En lugar de reconocer su error estratégico, virar e intentar recomponer las relaciones con Moscú, las élites europeas han decidido apostar por convertir en estructural el enfrentamiento con Rusia, el país vecino que proporcionaba a Europa la energía necesaria para alimentar su modelo económico.

Hay dos motivos fundamentales por los que las élites europeas prefieren arrastrarnos a la guerra contra la primera potencia nuclear del mundo. El primero, y más obvio, es que en el caso de admitir sus errores, deberían asumir responsabilidades políticas por el daño infligido a la población europea, a su economía, a su demografía, a su situación geopolítica en los próximos años, por no decir décadas, en relación no sólo con Rusia, sino con la mayoría del mundo.

El segundo tiene un componente crematístico. No existe, ni se plantea, ningún sistema de control, auditoría o rendición de cuentas en relación con los miles de millones que la Unión Europea ha transferido al gobierno de Ucrania. Según Transparencia Internacional, un año después del golpe de Estado de 2014, Ucrania era el país más corrupto de Europa.  El índice de corrupción elaborado en 2024 por el mismo organismo lo sitúa en el puesto 105, de un total de 180 países, muy lejos de los miembros de la Unión Europea, en la que Ucrania aspira a ingresar.

¿Debemos creer que hasta el último céntimo de esos miles de millones enviados al gobierno de Volodímir Zelenski ha sido empleado en los fines para los que supuestamente han sido adjudicados? Las multimillonarias transferencias por parte de Estados Unidos, la Unión Europea, el G7 y otros donantes ¿llegan todas a su destino y se utilizan para los objetivos asignados, o algunas se quedan por el camino, o acaban en paraísos fiscales

La conferencia para la reconstrucción de Ucrania se celebra antes de que acabe la guerra

Es dentro de este esquema de flujo constante de dinero hacia un país plagado por la corrupción donde hay que situar la reciente conferencia para la reconstrucción de Ucrania, que tuvo lugar en Roma. De otro modo no se entendería la celebración de un evento con el objetivo de recaudar fondos para reconstruir un país, antes de que acabe la guerra que lo está asolando.

Resulta significativo que Black Rock, que había anunciado la creación de un fondo para la reconstrucción de Ucrania, se retirara de un proyecto que debía ser presentado en Roma. La decisión se tomó a principios de este año, aunque ha sido anunciada recientemente.

Black Rock explicó su marcha atrás por la falta de interés de los inversores y la incertidumbre sobre el futuro de Ucrania, recalcando que “Las únicas conversaciones que impulsan nuestra toma de decisiones son aquellas con nuestros clientes”. Black Rock, la mayor administradora de activos del mundo, no veía oportunidades de negocio en la reconstrucción de Ucrania, un proceso que además se antoja lejano.

Black Rock paró las conversaciones sobre el fondo para Ucrania después de la victoria de Trump en las elecciones. 

Sin embargo, la conferencia celebrada en Roma finalmente consignó 2.300 millones de euros para dicho objetivo. Una minucia, en comparación con las cifras que maneja el gobierno de Kiev, que estima en más de 850.000 millones de euros el dinero necesario para reconstruir el país.

El primer ministro de Ucrania, Denys Shmyhal, planteó a la conferencia de Roma la creación de dos fondos: uno, por valor de 400.000 millones, que estimaba extraer de los activos rusos “inmovilizados”. El otro, de 460.000 millones, pretendía que proviniera de inversores privados.

Unas pretensiones que se antojan poco realistas, teniendo en cuenta la tarjeta de presentación con la que el gobierno de Ucrania se plantó en Roma: su negativa a aceptar el nombramiento de un nuevo jefe de la Oficina de Seguridad Económica, creada en 2021, que supuestamente investiga los delitos económicos, pero que ha sido acusada de extorsionar a las empresas.

Kiev rechaza al director sugerido para la oficina de delitos económicos, desatando un conflicto con los socios occidentales. Politico, 10 de julio de 2025.

Según Politico, La Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional han condicionado la reforma de la oficina a la continuidad de los pagos. El candidato sugerido por una comisión independiente era Oleksandr Tsyvinskyi, que destapó recientemente un importante caso de corrupción en el sector agrario de Kiev. El gobierno de Zelenski no está interesado en perseguir la corrupción, sino que está acosando judicialmente a quienes la destapan, como acaba de denunciar The Kyiv Independent en un editorial. A pesar de lo cual, la Unión Europea pretende convertir a Ucrania en miembro de la organización, y se dispone a seguir transfiriéndole miles de millones de euros. 

La Unión Europea nada tiene que ver ya con su propósito original, el de una organización enfocada en impulsar la economía de sus miembros, puesto que las decisiones de quienes han sido designados en un despacho para manejarla la están triturando.

La Unión Europea ha transmutado en un proyecto con ínfulas geopolíticas, un nuevo objetivo incompatible con la sumisión que sigue profesando a Estados Unidos, a pesar de los constantes desplantes del nuevo inquilino de la Casa Blanca, materializados en la amenaza de imponer unos aranceles del 30% a los productos provenientes de la Unión Europea, que se añadirían a los ya existentes del 50% al acero y el aluminio, y del 25% a los automóviles.

Para convertirse en una entidad con peso geopolítico en el mundo multipolar que está naciendo, la Unión Europea debería comenzar por fraguar una política exterior acorde con sus propios intereses. Sin embargo, la elección de Kaja Kallas como responsable de asuntos exteriores de la Unión, tras haber metido a Estonia en recesión, aupada al puesto por su notoria rusofobia, indica todo lo contrario.

Este artículo del periodista Thomas Fazi está repleto de datos que detallan las maniobras antidemocráticas de Kallas, que cuenta con el pleno apoyo de Úrsula von der Leyen, ya apodada la reina de Bruselas.

Kaja Kallas: ¿La mujer más peligrosa de Europa?

Kaja Kallas personifica la narrativa de las élites europeas, incluyendo a las del Reino Unido, que han labrado la estrategia de perorar constantemente sobre la “amenaza rusa” para rehuir afrontar los graves problemas económicos que sus errores estratégicos están provocando en los países que mal dirigen. No hay dinero para sanidad, ni para educación, ni para los servicios públicos, pero siempre hay miles de millones disponibles para enviarlos al gobierno de Ucrania, que no forma parte de la Unión Europea.

Carece de sentido hablar de la reconstrucción de Ucrania cuando las decisiones de los dirigentes de Francia y Alemania se encaminan a la prolongación del conflicto, todo el tiempo que sea necesario. Friedrich Merz daba por agotada la vía diplomática con Rusia, dejando como única opción la bélica.

Merz dice que los recursos de la diplomacia se han agotado y se compromete a un apoyo continuado a Ucrania.

Emmanuel Macron anunciaba el 13 de julio su intención de duplicar el presupuesto militar, tomando como base el nivel de 2017. La cifra dedicada a este rubro pasaría de los 32.000 millones de 2017 a los 64.000 millones en 2027, adelantando tres años el objetivo anteriormente anunciado. Estas declaraciones se producen cuando Francia está intentando ahorrar 40.000 millones de euros en su presupuesto de 2026. Macron asegura que los fondos para incrementar el presupuesto militar provendrán de un incremento en la actividad y la producción.

El relato de la defensa de los valores europeos no se sostiene

Para justificar la transferencia de la riqueza que las élites europeas están hurtando a la ciudadanía de los países que gobiernan, con el consiguiente deterioro del ya languideciente Estado del bienestar, nuestros gobernantes están recurriendo a la narrativa de que es necesario apoyar a Ucrania porque está defendiendo a toda Europa de la agresión rusa. Una amenaza de invasión que es necesario contener en el Donbass, antes de que desborde al resto del país y luego, al continente.

Nos encontramos ante un nuevo episodio de “la doctrina del shock”: el capitalismo aprovecha las crisis, provocadas o no, para justificar la adopción de medidas que, en otro escenario, resultarían inaceptables para la población.

La narrativa de que Rusia se apresta a invadir Europa no se sostiene desde ningún punto de vista. No sólo porque Putin lo haya dicho, Lavrov lo haya repetido, o Steve Witkoff, el asesor de Trump, haya calificado la acusación de “ridícula”, sino porque lo que dice la historia es exactamente lo contrario: fueron precisamente un francés y un alemán quienes enviaron a sus ejércitos a invadir Rusia, en los siglos XIX y XX. Con los resultados conocidos…

Además del argumento bélico, las élites europeas siguen repitiendo cansinamente la narrativa del anterior inquilino de la Casa Blanca, en el sentido de presentar a Ucrania como el bastión de la defensa de la democracia frente al autoritarismo del Kremlin, pasando por alto la ilegalización de partidos políticos en el país, la unificación de todos los canales de televisión en una única plataforma, bajo control gubernamental, y la negativa de Zelenski a celebrar elecciones presidenciales.

En el mismo plano de defensa de los valores occidentales frente al resto del mundo, conviene reseñar el discurso que Giorgia Meloni, la primera ministra de Italia, pronunció en febrero ante la Conferencia de Acción Política Conservadora en Washington. Su intervención representa un compendio de los argumentos que las élites europeas utilizan para situarse en un plano moralmente superior frente al resto del mundo y justificar sus acciones políticas. Unos argumentos falaces, muy sencillos de desmontar: basta compararlos con los hechos protagonizados a lo largo de la historia, y en el momento actual, por los europeos.

Giorgia Meloni presume de que occidente no es sólo un concepto geográfico, sino una civilización, “nacida de la fusión de la filosofía griega, el Derecho romano y los valores cristianos”. Meloni también afirma que “Cuando vemos Occidente, definimos una forma de entender el mundo en la que el individuo ocupa un lugar central, la vida es sagrada, todos los hombres nacen iguales y libres. La ley se aplica a todos por igual. La soberanía pertenece al pueblo. Y la libertad se antepone a todo lo demás”.

A continuación, Meloni se pregunta si “¿Puede esta civilización seguir defendiendo los principios y valores que la definen? ¿Puede seguir estando orgullosa de sí misma y consciente de su papel? Creo que sí”.

La estrategia de presentar a occidente como un jardín, frente a la jungla del resto del mundo, ya fue enarbolada por Josep Borrell, aunque quien acuñó el concepto fue un estadounidense, el neoconservador Robert Kagan, en su libro de 2018 “La jungla vuelve a crecer: Estados Unidos y nuestro mundo en peligro”.

Esta visión idílica de occidente y, en concreto, de Europa, entra en profunda contradicción con el historial belicista y colonial del continente europeo.

La siguiente ilustración ha sido confeccionada introduciendo en un programa todas las batallas que han tenido lugar en el mundo en los últimos 4.500 años. Cada punto blanco representa una batalla. Como vemos, Europa es una gran mancha blanca, y el siguiente territorio con profusión de puntos blancos es Estados Unidos, al que siguen la península de Corea y la franja costera del Mediterráneo donde se ubican Israel y Palestina.

Batallas celebradas en el mundo en los últimos 4.500 años. Cada punto blanco representa una batalla.

Como acertadamente recuerda Íñigo Sáez de Ugarte en este artículo, donde comenta el discurso de Giorgia Meloni, Auschwitz también es Europa. Y como estamos viendo a diario en Gaza y Cisjordania, Europa también es el apoyo al genocidio sionista, que está siendo retransmitido prácticamente en directo en las redes sociales.

Occidente no sólo está suministrando armas y financiación al gobierno de Israel para que extermine a la población palestina, sino que consultoras occidentales están diseñando operaciones para incrementar la letalidad de los ataques sionistas. La “Gaza Humanitarian Foundation” es una empresa con sede en Delaware que, supuestamente, está siendo utilizada para repartir ayuda humanitaria en Gaza, tras haber expulsado Israel a la UNRWA. En realidad, sus camiones con provisiones son un cebo utilizado por el ejército sionista para ametrallar a quienes acuden a intentar conseguir comida. Es difícil caer más bajo.  

Al menos siete solicitantes de ayuda muertos por las fuerzas de Israel mientras esperaban comida en Gaza central.

La consultora Boston Consulting Group (BCG) colaboró en el diseño de la trampa mortal para la población palestina, sometida a la hambruna por el sionismo. Más de 200 ONG han firmado un manifiesto en el que piden el desmantelamiento de la “Gaza Humanitarian Foundation”. Adicionalmente, el BCG y el Tony Blair Institute for Global Change han diseñado un plan para el desplazamiento forzado de los gazatíes, con el fin de concentrarlos en lo que el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, denomina “ciudad humanitaria”, así como para desarrollar una “Riviera” en Gaza, una vez que la población palestina haya sido expulsada.

Titular de eldiario.es del 9 de julio de 2025.

Por si quedaba alguna duda acerca de la superioridad moral de los valores occidentales, el canciller alemán, Friedrich Merz, reconoció que, cuando bombardeaba Irán, lo que estaba haciendo Israel era el trabajo sucio a occidente, y que por eso había que apoyarle. Para rematar, Estados Unidos ha sancionado a Francesca Albanese, la relatora especial de Naciones Unidas sobre los territorios palestinos, por denunciar el genocidio sionista, tras acusarla, cómo no, de antisemitismo. Como si denunciar que Israel está quemando niños vivos fuera antisemita.

Las élites europeas siguen mostrando sumisión a Estados Unidos

Después de haber apoyado abiertamente a Kamala Harris en las elecciones presidenciales, y de haber vituperado a Donald Trump durante la campaña, las élites europeas ahora se arrastran literalmente ante el nuevo inquilino de la Casa Blanca. En la última cumbre de la OTAN en La Haya, su secretario general, Mark Rutte, protagonizó un vergonzoso espectáculo, al dirigirse a Trump llamándole “daddy” (papá). 

Infographic: Where NATO Defense Expenditure Stands | Statista

La cumbre fue organizada a la medida del presidente de Estados Unidos, y todos los países, incluida España, firmaron la declaración final, en la que consta el compromiso de “invertir anualmente el 5% del PIB en necesidades básicas de defensa, así como en gastos relacionados con la defensa y la seguridad para 2035”. Atrás quedó el objetivo del 2% del PBI anterior de la OTAN. Se trata de satisfacer a “papá” para que no se enfade.

A la vista de las actuales cifras, ¿de dónde va a salir el dinero necesario para más que duplicar el presupuesto militar en la mayoría de los países miembros de la OTAN? ¿De una mayor actividad económica y producción, como sostiene Macron? No hay quien se lo crea. Los gobiernos europeos van a utilizar el espantajo de la amenaza rusa y la necesidad de rearmarse – sometiéndose a los intereses de Estados Unidos – para justificar la demolición de lo poco que queda del Estado del bienestar.

Además, por si quedaba alguna duda de quién va a pagar la factura de Ucrania de ahora en adelante, Donald Trump anunció el 11 de julio que «Estamos enviando armas a la OTAN, y la OTAN las está pagando al cien por cien» (…) Enviaremos misiles Patriot a la OTAN, y luego la OTAN los distribuirá (a Ucrania)». Trump posteriormente recalcó el enfoque comercial de la operación: «No pagamos nada por ello, pero lo enviaremos. Será un negocio para nosotros».

Trump enviará misiles Patriot a Ucrania, la UE cubrirá los costes. Titular de Deutsche Welle del 13 de julio.

En una reunión celebrada en Washington entre Trump y Mark Rutte el 14 de julio, el secretario general de la OTAN calificó de “totalmente lógico” que fuera la Unión Europea quien cargara con los costes.

Europa fracasa a todos los niveles

La sumisión continuada de las élites europeas a Estados Unidos, a pesar de la guerra económica que plantea Trump a través de los aranceles y su descarada utilización de los recursos europeos para incrementar los beneficios del complejo militar industrial estadounidense, supone el fracaso de la Unión Europea como proyecto, tanto económico como geopolítico.

No existe voluntad política para revertir la crisis energética que está destrozando la economía europea, porque para conseguirlo habría que reconstruir las relaciones comerciales con Rusia, y el rumbo es el inverso, para desgracia de la ciudadanía europea.

De patochada puede calificarse la propuesta del gobierno de Merz con la que pretende solucionar la acuciante carencia de gas, a precios asequibles, para sostener su industria. Un sector donde se acumulan las noticias de cierre de plantas, especialmente las intensivas en energía.

Titular de El Economista del 17 de junio de 2025.

“El Ministerio de Economía ha encargado a expertos que estudien la viabilidad de un almacenamiento estatal de gas”, leemos en El Economista. Mientras Alemania calcula el tamaño necesario del depósito para “acabar” con sus problemas con el gas, en lugar de reabrir los gasoductos Nord Stream, lo que está haciendo es consumir sus reservas a tal ritmo que amenaza con arrastrar a Europa “a una batalla por los precios en invierno”.  

El consejero delegado de JP Morgan, Jamie Dimon, envió un mensaje muy claro a Europa en un evento organizado por el gobierno de Irlanda: “Europa ha pasado del 90 % del PIB estadounidense al 65 % en 10 o 15 años. Eso no es bueno. Ustedes están perdiendo”. Según Dimon, Europa tiene un problema de competitividad frente a Estados Unidos y China. Los altos costes energéticos que sufre el continente europeo tienen una clara responsabilidad en dicha falta de competitividad.

Precios de la electricidad industrial, peniques por KWh.

El ministro de Defensa de Italia tampoco tiene una opinión muy optimista sobre Europa: “Hablamos de Europa como si importara; quizás en algún momento pudo haberlo hecho, si se hubiera otorgado un papel político que no se asignó, si se hubiera dotado de una política exterior o de defensa”, dijo Guido Crosetto el 20 de junio. “Pero su tiempo ha terminado, y lo digo con tristeza. El mundo ha cambiado”.

Si las élites europeas insisten en seguir considerándose el ombligo del mundo, y tratan de imponer su voluntad al resto del planeta, desde una posición de superioridad moral, estarán cavando la tumba en la que nos van a enterrar a todos los europeos. Porque las élites ya se encargarán de buscarse otro puesto en algún gabinete de estudios, fundación, o chiringuito internacional de algún tipo.

El sistema siempre tiene un puesto con el que pagar favores. Como ha ocurrido con Sanna Marin, la ex primera ministra de Finlandia que metió a su país en la OTAN. Ahora trabaja en el Tony Blair Institute for Global Change, como “consultora estratégica”. Sí, el mismo que diseña la mejor manera de exterminar a la población palestina.

Yo le pregunto a Giorgia Meloni: ¿Esta es la Europa de la que hay que mostrarse orgulloso?

Trump se empantana en Ucrania

8 de mayo de 2025

Trump rompe con la inercia de Biden

En este blog intento analizar la geopolítica con una cierta perspectiva. Me gusta dejar que los acontecimientos posen. Sin embargo, analizar con este enfoque pausado el comportamiento de Donald Trump resulta bastante complicado, dada la velocidad a la que se mueve y las contradicciones en las que incurre. Aun así, tras haber cumplido sus primeros cien días en el cargo, voy a intentar desvelar qué estrategia puede haber en la zigzagueante trayectoria de las negociaciones que Trump ha abierto con Rusia.

Lo más relevante es el hecho de que se están produciendo conversaciones entre Estados Unidos y Rusia. A pesar de las enormes presiones por parte de quienes realmente mandan, sin presentarse nunca a unas elecciones; de las élites europeas y del gobierno de Zelenski, que no cejan en su empeño de convertir la presidencia de Donald Trump en un segundo mandato de Joe Biden, el nuevo inquilino de la Casa Blanca tiene agenda propia. Precisamente por este hecho es por lo que se ha demonizado su figura, desde antes de acceder por primera vez a la presidencia. Otro asunto es que la agenda sea realmente disruptiva en algunos temas, como trata de presentarla. Pero eso será objeto de otros artículos.

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Trump, Zelenski, Europa y la teoría del caballo muerto

7 de marzo de 2025

Europa se niega a reconocer que el caballo está muerto

La furibunda reacción de Europa al enfrentamiento ocurrido en la Casa Blanca entre Donald Trump, JD Vance y Zelenski denota que las élites europeas se niegan a reconocer que el caballo está muerto. Es lo que diferencia a Donald Trump de la clase política europea, que todavía se halla en una fase de negación de la realidad. Y es que como le dijo Trump a Zelenski en la Casa Blanca: “You are not winning” (No estás/estáis ganando). Algo que Europa se niega a asumir.

La teoría del caballo muerto describe cómo las personas y las organizaciones prefieren negar la realidad cuando no encaja con sus planes, y prefieren desperdiciar tiempo, recursos y esfuerzos tratando de hallar soluciones que, por fuerza, van a ser ineficaces. En lugar de desmontar del caballo, reconocer que está muerto y buscar alternativas que tengan en cuenta ese hecho, las élites europeas insisten en fingir que el caballo está vivo.

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¿Acabará Trump con la guerra en Ucrania?

11 de diciembre de 2024

Donald Trump acuña un nuevo eslogan: Paz a través de la fuerza

Durante la campaña electoral, Donald Trump afirmó que si él hubiera sido presidente, en lugar de Joe Biden, la guerra en Ucrania no habría comenzado. Además, recalcó que en el caso de que volviera a la Casa Blanca, pondría fin a la guerra en 24 horas. Sin embargo, una vez ganadas las elecciones Trump sigue hablando de paz, pero también de fuerza: El nuevo mantra es “Paz a través de la fuerza”.

Publicación de Donald Trump en Truth Social.

Puede haber varios motivos para la aparición de la palabra fuerza en su discurso. Trump puede verse tentado a olvidar su promesa electoral. Si Trump decide arrinconar su compromiso para alcanzar la paz en Ucrania, pagaría un alto coste político. Una parte difícil de cuantificar, pero relevante, de la población, le ha votado por esa razón, y se sentiría frustrada si le defraudara.

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