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Estación Alaska: última oportunidad de Trump para salir de Ucrania

25 de agosto de 2025

Lo más positivo de la cumbre de Alaska fue que se celebró

La cumbre celebrada en Alaska entre Donald Trump y Vladímir Putin ofrece la última oportunidad para el presidente de Estados Unidos de salir del fracasado proyecto del Partido Demócrata en Ucrania. Fue Trump quien solicitó la reunión, porque le urge llegar a un acuerdo que le permita salvar la cara antes de que el ejército ucraniano termine de colapsar, lo que sucederá más pronto que tarde.

Como ya analicé en este artículo, Putin está colaborando con Trump en la pantomima de presentarse como mediador porque es el primer interesado en que Estados Unidos deje de financiar la contienda, aportar las armas, proporcionar la inteligencia y, según The New York Times, la propia dirección de la guerra, desde una base en Wiesbaden, Alemania. Al enemigo que huye, puente de plata.

Presentarse como mediador en una guerra por intermediación es una artimaña para disfrazar el papel de Estados Unidos como promotor del conflicto. No todos en Moscú están contentos con este nivel de colaboración con un país del que hacen bien en no fiarse. Pero de momento, el gobierno de Putin está funcionando al unísono con esta estrategia.

La reunión en Alaska entre Trump y Putin, impensable bajo una administración demócrata, fue positiva por el mero hecho de que se celebrara. El restablecimiento del diálogo entre las dos principales potencias nucleares del mundo debería ser un motivo de alegría para cualquiera con dos dedos de frente, lo que excluye ipso facto a las élites europeas. La diplomacia consiste en hablar con tus adversarios. Hacerlo con tus aliados no tiene especial mérito. Lamentablemente, hablar de paz encuentra las mayores resistencias en el continente europeo, donde se desarrolla la guerra.

Trump y Putin se saludan sobre la alfombra roja. Fotografía: AP Photo/Julia Demaree Nikhinson.

Aunque los medios occidentales hayan sostenido lo contrario, Steve Witkoff viajó a Moscú para solicitar la reunión, porque Trump no quería llegar a la fecha límite que había señalado para imponer sanciones adicionales a Rusia, por la sencilla razón de que no era partidario de materializarlas.

El Kremlin vio clara la oportunidad para dar un salto cualitativo en el terreno diplomático, nada menos que con una cumbre entre los dos líderes, tras haber impuesto su marco de negociación en mayo, con la celebración de reuniones en Estambul entre las delegaciones rusa y ucraniana. Con el encuentro en Alaska, Putin volvía a echarle otro cable a Trump y las relaciones entre Rusia y Estados Unidos entraban en una nueva fase.

La elección de Alaska añadió valor simbólico al hecho de que el presidente ruso pisara suelo estadounidense, rompiendo un pretendido aislamiento, limitado al bloque occidental. Alaska fue territorio ruso y sólo se halla separada cuatro kilómetros de Rusia. Una distancia muy corta la que separa a las dos potencias rivales, que alude a la posibilidad de tender puentes. Como de hecho están haciendo, superando enormes obstáculos.

Putin arrastra una orden de detención por parte de la Corte Penal Internacional, un organismo cuya jurisdicción Estados Unidos no reconoce. Al presenciar el encuentro entre Trump y Putin en una base militar estadounidense, a las ninguneadas élites europeas les rechinaban los dientes: la imagen de ambos líderes juntos constataba su papel de comparsas, rabiosos ante la estampa de Trump recibiendo con aplausos a Putin, sobre una alfombra roja.

Trump aplaude a Putin, que se aproxima sobre la alfombra roja. Fotografía: Getty Images.

La desconfianza estadounidense en Trump provoca el cambio de formato

Ya he comentado en anteriores artículos los palos en las ruedas que le están metiendo a Trump en sus intentos de abandonar el proyecto demócrata de derrotar a Rusia. En este caso, el hecho de verse con Putin en suelo estadounidense ya representa un triunfo de Trump. Pero las élites decidieron que un encuentro a solas entre ambos líderes era demasiado peligroso, e impusieron un cambio de formato de última hora: la reunión no se celebraría a solas, sino en un formato tres a tres. Marco Rubio y Steve Witkoff escoltaron a Trump, teniendo el primero de ellos el encargo de vigilarle.

No sabemos de quién surgió la idea de que Putin se subiera al coche de Trump. Podría haber surgido del estadounidense, que quería comunicarse con el presidente ruso en privado. También podría haber sido Putin, que es más listo, y fue el que más habló durante los pasos que dieron juntos sobre la alfombra roja, lejos de los micrófonos.

El presidente ruso también está interesado en propiciar un acuerdo que permita a Trump salir de Ucrania, y que facilite alcanzar sus objetivos, sin tener que seguir disparando. En cualquier caso, el breve trayecto en coche les proporcionó la oportunidad de comunicarse a solas, en un gesto que también proyectaba complicidad.

Quienes pretenden echarle agua al vino de la reunión ponen el foco en que sólo duró tres horas, en un formato impuesto a Trump, que ni siquiera hubo un posterior almuerzo, y que en la comparecencia posterior ante la prensa, no se admitieron preguntas.

En realidad, lo que indican estos tres datos es que ambas delegaciones trabajaron en serio y, con toda seguridad, llegaron a algunos acuerdos. Que no hubo almuerzo, porque hubiera sido el marco ideal para que se produjeran filtraciones. Y que los presidentes no admitieron preguntas de la prensa, para mantener la discreción sobre lo tratado. Ambos se limitaron a colocar los mensajes previamente pactados.

Aunque las presiones de los neoconservadores se tradujeron en un cambio del formato previsto, la ausencia de filtraciones, al menos inmediata, revela que rusos y estadounidenses están buscando el fin del conflicto en Ucrania. La discreción es condición imprescindible para el éxito de una negociación. Aunque no lo presuponga, su ausencia es garantía de fracaso. Máxime en un caso como éste, donde se agolpan los enemigos de que salga a flote.

Rusia sigue avanzando diplomáticamente

Existe un hecho fundamental, que las élites europeas y ucranianas se empeñan en ignorar, y que está incrementando la capacidad persuasiva del Kremlin para imponer tanto su marco, como sus condiciones, en la negociación: Rusia está ganando la guerra. Hasta los más beligerantes y proucranianos medios occidentales, como The Telegraph, están admitiendo que Ucrania ya la ha perdido.

Ucrania ha perdido. Gran Bretaña debe prepararse ahora para el próximo embate de Rusia. The Telegraph, 14 de agosto de 2025.

Las élites europeas que arropan a Zelenski pretenden forzar sus condiciones en una negociación de la que están excluidos, y de cuyo contenido se les informa parcialmente, y a posteriori. Una posición que no casa con su condición de perdedores. El que gana en una guerra es el que impone sus términos, no el que pierde.

Como las élites europeas se niegan a asumir la realidad, se humillan ante Trump con la esperanza de que le dé la vuelta a la tortilla: que ofrezca garantías de seguridad a Ucrania, ya que no la entrada en la OTAN, al menos del mismo carácter que el famoso artículo 5. Que proporcione cobertura a las tropas europeas que se desplieguen en Ucrania. Que no haya limitaciones en el tamaño del ejército ucraniano. Y además, que el Kremlin acepte este nuevo empaquetado de sus viejas pretensiones. Europa pretende que Rusia se coma la misma sopa que viene rechazando, cambiándole el plato.   

Los neoconservadores que están utilizando a los europeos anhelan que Estados Unidos se enfrente directamente con Rusia, ya que su ariete no lo ha conseguido. Que derribe el gobierno de Putin y, una vez instalados los adecuados títeres, proceda a trocear su inmenso territorio en unidades más manejables. Un objetivo anunciado por Kaja Kallas antes de asumir su actual puesto en la Unión Europea, con el fin último de despojar a Rusia de sus ingentes recursos.

La ministra entrante de Asuntos Exteriores de la UE aprueba romper Rusia en estados más pequeños. Titular de The Organization for World Peace.

Sin embargo, en este caso, Trump está actuando conforme no sólo a sus intereses políticos y a sus promesas electorales, sino de acuerdo con los de su país. Porque a Estados Unidos le interesa salir de Ucrania antes de que se desmorone completamente.

Por eso Trump está asumiendo el marco y las condiciones que Putin le planteó en Alaska, esquivando las presiones de los neoconservadores. Por eso Trump ya ha dicho que no hace falta alcanzar un alto el fuego, aunque Merz y Macron sigan parloteando sobre su necesidad: porque sabe que Rusia no va a aceptar una condición que supondría perder el impulso con el que cuenta ahora en el frente, ofreciendo al enemigo la oportunidad de recomponer sus maltrechas y escasas fuerzas.

Trump deja caer la exigencia de un alto el fuego para la guerra en Ucrania después de la cumbre con Putin. The Washington Post, 16 de agosto de 2025.

Por eso Trump tampoco está dispuesto a aplicar esas sanciones aplastantes que propugna Lindsey Graham, en forma de aranceles de hasta el 500%, a quienes compren petróleo y gas a Rusia. Tal es así, que Scott Bessent, el secretario del Tesoro, advirtió a los europeos que con el tema de las sanciones “se aguantaran o se callaran”.

Marco Rubio remachaba la negativa de su jefe en una entrevista, donde afirmó que no creía que la imposición de sanciones adicionales forzase a Rusia a aceptar un alto el fuego. Por el contrario, hacerlo dificultaría la capacidad de Estados Unidos de atraer a Rusia a la mesa de negociaciones, y había que dar una oportunidad a la paz.

Por eso, hasta el momento el proyecto de Lindsey Graham se ha quedado en una amenaza de imponer unos aranceles del 50% a India, con quien las cifras de comercio son notablemente inferiores a las que mantiene con China.

Las refinerías estatales de India aumentan las compras de petróleo ruso a pesar de las críticas de Estados Unidos. Titular de Bloomberg, 20 de agosto de 2025.

India no se ha amilanado por los aranceles, y ya ha advertido que va a seguir comprando petróleo a Rusia, por sus propios intereses. Una actividad comercial que además contribuye a estabilizar el mercado del petróleo, según afirmaba  Subrahmanyam Jaishankar, el ministro de Asuntos Exteriores indio, en rueda de prensa conjunta con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov.  

Trump le regala los oídos a los europeos, que intentan sobornarle

Tras haber dejado caer la exigencia de un alto el fuego como condición previa para negociar, y de haber descartado la imposición de sanciones adicionales a Rusia, Trump tiene que echarles algo de alpiste a Zelenski y a sus vasallos europeos. Por eso hablaba de la posibilidad de una reunión entre Putin y Zelenski e, incluso, de una cumbre trilateral, en la que también participaría él. Los medios occidentales se han dedicado a amplificar la posibilidad de esa reunión, hablando incluso de posibles fechas y lugares, pero ese encuentro entre el presidente ruso y el ucraniano no se va a producir.

Con un lenguaje muy diplomático, sin descartar de plano la posibilidad, para no dejar en evidencia a Trump, los rusos dejaron claro que ese tipo de encuentros en la cumbre precisan de un minucioso trabajo previo y, en este caso, sólo se produciría cuando el acuerdo estuviera prácticamente hecho, y los líderes de ambos países se vieran las caras para rubricarlo. El mensaje se hizo más tajante según pasaron los días, para evidenciar que Rusia rechazaba las presiones en este sentido.

“No hay ninguna reunión prevista” entre Putin y Zelenski, afirma alto diplomático ruso. New York Times, 22 de agosto de 2025.

Para edulcorar su negativa, Rusia se ha mostrado partidaria de elevar el rango de la delegación que participa en las reuniones en Estambul. Un ofrecimiento que subraya que el marco que impuso en mayo, con la aquiescencia de Trump, sigue siendo el único formato que contempla. Hasta la fecha sólo se han celebrado tres reuniones en ese formato, con magros resultados, dada la obcecación ucraniana en tratar de imponer condiciones a Rusia, sin tener las cartas para ello, como le recordó Trump a Zelenski en el despacho oval.

Tras el enfrentamiento que se produjo entre ambos en febrero, que los medios siguen manipulando para reforzar el victimismo de Zelenski, el presidente ucraniano y la troupe de europeos que le escoltaron a la Casa Blanca cambiaron la estrategia en la última reunión. Hasta 11 veces en cuatro minutos y medio agradeció Zelenski a Trump el apoyo de Estados Unidos a Ucrania. La adulación fue la tónica general de los mandatarios europeos. El único que sacó los pies del plato fue Friedrich Merz, que siguió hablando de la necesidad de un alto el fuego, lo que estuvo a punto de hacer saltar a Trump.

Decir ‘gracias’ a Trump está arriba en la agenda de Zelenski y otros líderes. The Washington Post, 18 de agosto de 2025.

Además de arrastrarse delante de su “papá”, en gráfico apelativo de Mark Rutte, Zelenski y los europeos venían con un plan: intentar sobornar a Donald Trump para que siga implicado en la guerra de Ucrania. Así debe calificarse la oferta que el presidente ucraniano le hizo a Trump en la última reunión en la Casa Blanca: comprarle a Estados Unidos armas por valor de 100.000 millones de dólares, que serían financiadas por Europa.

Ucrania ofrece a Trump un acuerdo de 100.000 millones de dólares en armas para ganar garantías de seguridad. Financial Times, 18 de agosto de 2025.

Estados Unidos y la OTAN ya presentaron ante la prensa un acuerdo para que los europeos paguen las armas que la alianza enviaría subsiguientemente a Ucrania. Un esquema diseñado para prolongar la guerra lo más posible, aunque las probabilidades de una victoria ucraniana frente a Rusia hace mucho que se disiparon, si es que alguna vez existieron.

Este nuevo anzuelo tiene el objetivo de camelar a Trump para que aporte garantías de seguridad a Ucrania, que es el nuevo mantra de Zelenski y sus apoyos, una vez que ha quedado claro que el ingreso en la OTAN es una entelequia que no se va a materializar. Los europeos están dispuestos a sufragar el soborno, con tal de arrancar a Trump un acuerdo que incluya el equivalente al artículo 5 de la OTAN.

El cebo también incluye una propuesta para que Washington y Kiev financien conjuntamente compañías ucranianas que fabrican drones, por valor de 50.000 millones. Una cifra que representa el 26% del presupuesto estatal anual de Ucrania, que ya ha pedido 40.000 millones a sus patrocinadores para afrontar el año próximo sin caer en la bancarrota. Otra trampa para anclar a Estados Unidos a Ucrania. 

Trump esquiva la trampa europea y toma distancias

Donald Trump ya ha dejado clara la nueva posición de Estados Unidos: «No damos nada. Vendemos armas». El problema del anzuelo que le han tirado Zelenski y los europeos a Trump es que ni Estados Unidos tiene la capacidad de producir las armas que le reclaman, ni Europa tiene el dinero necesario para comprarlas, ni Ucrania dispone de los soldados imprescindibles para usarlas. Todo es una farsa.

Titular de Zero Hedge, 19 de agosto de 2025.

Como Trump sigue queriendo endulzarles la píldora a los europeos, su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, tras descartar las famosas “botas sobre el terreno”, dejó abierta la posibilidad a que la contribución de Estados Unidos a las garantías de seguridad que reclaman Zelenski y las élites europeas tuvieran forma de apoyo desde el aire. Eso fue un error de Trump, que rápidamente fue rectificado por el Pentágono. Si a los neoconservadores les das una mano, te cogerán el pie. 

El Pentágono dice que Estados Unidos desempeñará un papel mínimo en las garantías de seguridad de Ucrania. Politico, 20 de agosto de 2025.

Nadie se cree que los europeos vayan a desplegar tropas en Ucrania, y menos que los Estados Unidos les fueran a dar cobertura aérea, para garantizar un alto el fuego que no se va a producir. Rusia no va a aceptar ninguno de estos escenarios. Si Macron es tan irresponsable como para enviar soldados franceses a Odessa, puede tener bien seguro que los rusos no se van a quedar de brazos cruzados.

Exclusiva: Exigencia de Putin a Ucrania: entregar el Donbass, no OTAN y no tropas occidentales, dicen fuentes. Reuters, 22 de agosto de 2025.

Los europeos siguen sin entender, como sí ha hecho Trump, que la guerra en Ucrania como colofón de la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas, tiene el carácter de una amenaza existencial para Rusia. El despliegue de tropas europeas en Ucrania es una línea roja que el Kremlin no va a dejar traspasar. La memoria de los 27 millones de muertos en la Gran Guerra Patria sigue bien presente en Rusia. Putin no va de farol, por mucho que los europeos se autoengañen al respecto.

Los medios occidentales se han encargado de descontextualizar la involucración directa de Rusia en la guerra civil que se desarrollaba en Ucrania desde 2014, presentándola como el capricho imperialista de Putin. Sin embargo, al poner el foco sobre los territorios, las élites europeas, que no escuchan lo que dice el gobierno ruso, ignoran deliberadamente que la motivación que impulsó a Putin a meter el ejército en el Donbass fue la de proteger a la población rusa, que venía siendo machacada desde el golpe de Estado del Maidán.

Por eso, Rusia sigue recordando que la única manera de poner fin al conflicto de manera duradera es afrontar las causas profundas que lo provocaron. Por este motivo, las garantías de seguridad no pueden afrontarse de manera previa a un acuerdo de paz duradero, como pretende Zelenki. El 21 de agosto, el presidente ucraniano ponía una condición de imposible cumplimiento para reunirse con Putin, para echarle la culpa al presidente ruso de que no lo haga.

Zelenski dice que quiere garantías de seguridad antes de reunirse con Putin. The Moscow Times, 21 de agosto de 2025.

Las garantías de seguridad han de venir al final, junto con el acuerdo, si es que alguna vez se alcanza. Algo muy improbable, dadas las posiciones de las partes. Unas garantías de seguridad que ya estaban contempladas en el preacuerdo de Estambul de 2022, que los occidentales tumbaron, y que ahora sin embargo reclaman.

Para solucionar este espinoso asunto, no queda más remedio que rediseñar la arquitectura de seguridad en el continente europeo, de manera que se tengan en cuenta también los intereses de seguridad de la propia Rusia, como ha recordado Lavrov: “Sin respeto por los intereses de seguridad de Rusia y los derechos de los rusos y de las personas ruso-parlantes que viven en Ucrania, no se puede hablar de ningún acuerdo a largo plazo”.

Sin embargo, nada parece indicar que Europa esté dispuesta a abrir ese melón tan necesario para alcanzar una paz duradera en el continente. Por el contrario, las élites europeas no están dispuestas en ningún modo a soltar el hueso que han mordido en Ucrania. Llevan años demonizando a Rusia, tratando de instalar en las mentes de los europeos la rusofobia necesaria para que acepten la militarización del presupuesto, con la amenaza de una supuesta invasión que no se creen ni ellos.

Si la guerra en Ucrania se acabara, el fracaso de la estrategia europea sería evidente, y a sus élites no les quedaría más remedio que volver a ocuparse de sus asuntos domésticos, donde se enfrentarían a una población que les iba a exigir cuentas por haber dejado Europa como un erial, para no haber conseguido nada. Por no hablar de que cesaría el actual flujo de cantidades astronómicas de dinero, que escapan a cualquier escrutinio respecto a su destino final. Por eso intentan prolongarla lo más posible.   

Trump tampoco tiene el coraje político para dar marcha atrás en la expansión de la OTAN, porque sabe que a la tercera el francotirador podría acertar. Así que ha optado por una estrategia de retirada paulatina. Trump es consciente que el camino que comenzó a andar sobre la alfombra roja de una base militar en Alaska es la última oportunidad que tiene para sacar a Estados Unidos de Ucrania de una manera mínimamente honrosa.

Por eso, tras haberle regalado los oídos a Zelenski y a los europeos, y probablemente también algo a los rusos en Alaska, ha declarado que abandona sus pretensiones de organizar una cumbre trilateral. Trump deja a rusos y ucranianos la iniciativa para organizar un encuentro entre Zelenski y Putin, porque sabe que no se va a producir, y es mejor tirar la toalla antes de quedar en evidencia.

Trump se aparta de las conversaciones de paz entre Rusia y Ucrania por el momento, dicen fuentes. The Guardian, 21 de agosto de 2025.

Dada la actitud obstruccionista de los europeos, Tulsi Gabbard ha dado órdenes a las agencias de inteligencia bajo su mando para que no compartan información acerca de las negociaciones entre Rusia y Ucrania con el grupo de los “Cinco Ojos”, que incluye al Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Definitivamente, Trump no se fía de los europeos.

Mientras tanto, Rusia continúa rompiendo las defensas ucranianas en la línea del frente, y se carga de argumentos para seguir imponiendo sus condiciones en el ámbito diplomático. Trump haría bien en saltar de Ucrania, antes de que le achaquen el colapso del ejército ucraniano, por no haber hecho lo suficiente. Algo que probablemente va a ocurrir de cualquier modo.

A estas alturas, tras el estrepitoso fracaso del proyecto de Obama y Biden, a lo único que puede aspirar Trump es a una estrategia de contención de daños. La alternativa es dejarse arrastrar por las marionetas de los neoconservadores – Zelenski y los europeos – hacia una derrota aún más ignominiosa.

Zelenski fracasa en su cumbre mientras Rusia recaba nuevos aliados

8 de julio de 2024

La falsa cumbre de paz que era de guerra

La conferencia impulsada por Volodímir Zelenski en Suiza tuvo el mismo resultado que las sanciones contra Rusia: terminó perjudicando a sus promotores. Si la reunión estaba diseñada para recabar apoyo internacional al presidente de Ucrania, muy necesitado de respaldo tras aferrarse al cargo, con su mandato ya vencido, las conclusiones fueron en sentido contrario: el sostén del bloque occidental fue tibio, y Zelenski consiguió enemistarse con dos colosos en la nueva arena internacional: China y Brasil.

De entrada, de un total de 160 países invitados, sólo acudieron 90, de los cuales 44 eran europeos. Las organizaciones supranacionales europeas fueron incluidas en la lista para hacer bulto. Teniendo en cuenta que la conferencia se publicitó como una “cumbre de paz”, y que Rusia no fue invitada, es comprensible el rechazo de China a participar en una encerrona para apoyar a una de las facciones en guerra. Eso, y un intento de relanzar la imagen del desprestigiado Zelenski. Su índice de aprobación se ha desplomado casi 30 puntos en un año, según un sondeo patrocinado por USAID, la “agencia de cooperación” de Estados Unidos.

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