Trump le arranca la careta a Estados Unidos en Venezuela

19 de enero de 2026

Con Trump, la obscenidad vence a la hipocresía

La principal diferencia entre Donald Trump y otros presidentes de Estados Unidos radica en la obscenidad con la que expone sus propósitos. Este es el principal motivo por el que no gusta a las élites, como ya analicé en este artículo. Por lo demás, la radicalidad con la que trata de alcanzar sus objetivos, el manifiesto desprecio a la legalidad internacional o la arrogancia a la hora de tratar a sus supuestos aliados, con Donald Trump sólo han supuesto una vuelta de tuerca más, quizá dos, al tradicional comportamiento de los inquilinos de la Casa Blanca.

Con Donald Trump, la hipocresía de la narrativa empleada para disfrazar los auténticos objetivos de la política exterior de Estados Unidos – el habitual soniquete de promover la democracia, la libertad y los derechos humanos – ha sido sustituida por una manifiesta impudicia a la hora de anunciar sus intenciones al resto del mundo.

La voladura de la hipocresía ha sentado muy mal a los medios que representan al sistema. Foreign Affairs se tiraba de los pelos y hablaba de “Un mundo sin reglas”. Como si los anteriores presidentes de Estados Unidos las hubieran respetado. Según la Universidad de Harvard, desde 1898 hasta 1994 Estados Unidos ha intervenido 41 veces en América Latina para cambiar gobiernos, 17 de ellas de manera directa, usando el ejército o los servicios de inteligencia. Lo que fastidia a quienes mueven los hilos en la sombra es que Trump actúa a careta quitada, lo que estorba a sus narrativas hipócritas, con las que tratan de disfrazar sus tropelías.

Un mundo sin reglas. Las consecuencias del asalto de Donald Trump a la legislación internacional. Foreign Affairs.

El ataque a Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, no han sido justificados más que con la boca pequeña, bisbiseando las cantinelas habituales. Donald Trump, y otros miembros de su gobierno, han subrayado que lo que les interesa es el petróleo.

Antony Blinken, el secretario de Estado con Joe Biden, publicaba en sus redes sociales que viajaba a Oriente Medio “para aliviar el sufrimiento del pueblo palestino”, mientras su gobierno atiborraba de armas a los sionistas para que perpetraran el genocidio con mayor efectividad. Esa hipocresía, tan enraizada en las élites estadounidenses, ha sido eliminada de cuajo por Donald Trump y el equipo que le acompaña.

Como analicé en un artículo anterior, la última actualización de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos deja bien a las claras que Donald Trump se propone asegurar un control absoluto sobre el hemisferio occidental, al que Washington ha considerado tradicionalmente su patio trasero. El ataque a Venezuela ha venido precedido por un despliegue militar en el mar Caribe que necesariamente tenía que cristalizar en algún tipo de operación de envergadura, so pena de hacer el ridículo.

Después de haber asesinado a ciento quince personas que viajaban en lanchas por el Caribe, alegando que se dedicaban a transportar narcóticos, después de bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente, Estados Unidos está alejándose de la narrativa de la “guerra contra las drogas”.

El Departamento de Justicia, en la acusación formulada contra Nicolás Maduro tras su secuestro y ulterior traslado a Estados Unidos, viene a reconocer que el “Cártel de los Soles” no existe propiamente como organización, y que se trata más bien de un término en el argot venezolano para referirse a militares corruptos, que fue explotado en su momento por la propia CIA para tratar de encubrir sus ilícitas actividades.

El Departamento de Justicia retira su afirmación de que el “Cártel de los Soles” de Venezuela es un grupo real. New York Times, 5 de enero de 2026.

Este nombre era en realidad el de una red informal creada por la CIA para introducir drogas en Estados Unidos, según The Grayzone, que cita como fuentes al New York Times y a un programa de la CBS de 1993 sobre el tema. La acusación del Departamento de Justicia contra Nicolás Maduro se apoya fundamentalmente en el testimonio de un narcotraficante convicto, el general venezolano Hugo “El Pollo” Carvajal, que alcanzó un pacto secreto para reducir su condena a cambio de testificar contra Maduro.

Unidad antidrogas de la CIA envió una tonelada de cocaína a Estados Unidos en 1990. New York Times, 20 de noviembre de 1993.

El Departamento de Justicia, a pesar de que sigue acusando a Maduro, sin aportar prueba alguna, de “conspirar” para introducir en Estados Unidos “miles de toneladas de cocaína”, ha dejado caer la acusación de que Maduro dirigía el supuesto cártel.

Donald Trump ha dejado bien claro que la operación en Venezuela se dirige a controlar el petróleo, para lo que se dispone a “dirigir” el país, dándole instrucciones al gobierno venezolano sobre lo que debe hacer. Karoline Leavitt, jefa de prensa de la Casa Blanca, ha apuntalado el mismo mensaje: “Todos los ingresos de la venta de petróleo crudo y productos venezolanos se liquidarán primero en cuentas controladas por Estados Unidos en bancos reconocidos mundialmente… esos fondos se dispersarán para el beneficio del pueblo estadounidense y del pueblo venezolano, a discreción del gobierno de Estados Unidos”.

Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca y asesor de Seguridad Nacional, tampoco era muy sutil: “Somos una superpotencia y bajo el mandato del presidente Trump nos comportaremos como tal. Es absurdo que permitamos que una nación en nuestro propio patio trasero se convierta en proveedora de recursos para nuestros adversarios, pero no para nosotros”.

Miller olvidaba convenientemente que algunas empresas estadounidenses tuvieron que abandonar sus negocios en Venezuela en 2019, debido a las sanciones unilaterales impuestas por Donald Trump durante su primer mandato, como le recordó el consejero delegado de Halliburton en la reunión que mantuvo con los jefes de las principales petroleras en la Casa Blanca. Otras, como Chevron y Repsol, continuaron sus actividades en Venezuela.

No es un cambio de régimen, alega el presidente de la Cámara de Representantes

En el nuevo marco de desvergüenza superlativa en el que nos encontramos, el presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Johnson, dijo que «Esto no es un cambio de régimen. Es una exigencia de cambio de comportamiento por parte de un régimen. El Gobierno interino ya está establecido y esperamos que pueda corregir sus acciones».

Mike Johnson seguía explayándose ante los periodistas: «Tenemos una forma de persuasión porque, como saben, sus exportaciones de petróleo han sido suspendidas, y creo que eso llevará al país a un nuevo Gobierno en muy poco tiempo. Así que no esperamos tropas sobre el terreno ni ninguna otra intervención directa, más allá de simplemente coaccionar al Gobierno interino para que lo ponga en marcha». Johnson preveía que se convocarían elecciones en Venezuela a no tardar.

Por lo que se ve, los planes de Estados Unidos pasan por conseguir un cambio de régimen en diferido. Por el momento, Delcy Rodríguez juró su cargo como presidenta encargada, ante la ausencia forzada de Nicolás Maduro, tal y como prevé la constitución de Venezuela.

En la rueda de prensa posterior al ataque a Caracas, a muchos sorprendió que Donald Trump descartara de plano a Corina Machado como la persona designada a dirigir Venezuela, alegando que no tenía ni el apoyo ni el respeto del pueblo. Teniendo en cuenta que, según James Story, exembajador de Estados Unidos en el país caribeño, fue Washington quien ayudó a Corina Machado a montar la plataforma de oposición a Maduro, parecía lógico que fuera su criatura la encargada de hacerse con las riendas del país, al menos nominalmente.

Trump dice que Machado “no tiene el apoyo” en Venezuela, no fue consultada. The Hill.

Sin embargo, preguntado Marco Rubio sobre el descarte de Machado, contestaba que “había que ser realista” y se quejaba de que hubiera quien criticara que, 24 horas después de haber depuesto a Maduro, no hubiera ya unas elecciones convocadas, después de tantos años de chavismo.  

Corina Machado, por su parte, se está arrastrando literalmente ante Donald Trump, ofreciéndole compartir el premio Nobel de la paz que recibió por parte de una institución completamente politizada, convertida en una herramienta para premiar a determinadas personas por sus posiciones políticas. Una política que también se ha extendido al Nobel de literatura. La propuesta de compartir el premio ha sido rechazada por el comité que concede el Nobel, dejando en evidencia a Machado.

Corina Machado insiste en que debe ser la coalición que ella lidera la que debe estar al mando en Venezuela. Machado comenzó a ser financiada por el National Endowment for Democracy en 2004, cuando la asociación Súmate, de la que era presidenta, recibió fondos para un “proyecto para educar a los votantes” venezolanos.

Corina Machado actúa como líder de la opositora Plataforma Unitaria Democrática. Se ha mostrado públicamente a favor de una intervención de Estados Unidos en Venezuela, recalcando en una entrevista en diciembre de 2025, que llevaba años pidiéndola. En 2018, se dirigió por carta a Benjamin Netanyahu para pedirle que le ayudara en la “promoción de un cambio de régimen”. Machado se ha alineado con el gobierno sionista en repetidas ocasiones, hablando de “valores compartidos”. Se ve que también es partidaria de los genocidios.

María Corina Machado dice que “Apoyo absolutamente la estrategia del presidente Trump” en Venezuela. CBS News.

Corina Machado también prometía entusiasmada que, en el caso de llegar al poder, pondría en marcha un “masivo programa de privatización” de los recursos naturales del país, para ponerlos a disposición de compañías estadounidenses. Machado cifraba en 1,7 billones de dólares el montante del proceso de “privatización”, una cifra sólo ligeramente inferior al PIB español, que en 2025 llegó a 1,88 billones de dólares.  

A pesar de arrastrarse literalmente en su visita a Washington, regalando a Trump la medalla del Nobel, las perspectivas de hacerse con el poder de Corina Machado se limitan a seguir chupando banquillo, a la espera de la evolución de los acontecimientos con el gobierno chavista. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, insistía en que la opinión de Trump sobre Machado, basada en realidades sobre el terreno, no ha cambiado.

¿Por qué Trump descarta de entrada a Corina Machado?

La negativa de Donald Trump a colocarla al frente de Venezuela ha debido sentarle a Corina Machado como a la zorra los perdigones, pero teniendo en cuenta los objetivos de la Casa Blanca, el descarte tiene sentido. Hace tiempo, un empresario español con experiencia de años en el país, y crítico con el chavismo, me explicaba que una de las causas del fracaso electoral de la oposición venezolana se debía a su falta de unidad, pero también a la elección de Corina Machado como líder: “Es como si en España la líder de la oposición fuera Isabel Preysler”, me dijo.

Si el objetivo de Trump es hacerse con el negocio del petróleo, de todos los escenarios posibles que habrán manejado en la Casa Blanca, el que tiene más probabilidades de cuajar es el de contar con un gobierno que controle efectivamente al ejército y a los cuerpos de seguridad del estado. Es obvio que Corina Machado no controla a las fuerzas armadas, porque si así fuera, hace tiempo que habría dado un golpe de estado, con el apoyo de Washington.

Así que Trump se ha inclinado por una estrategia de presión descomunal sobre el chavismo, porque considera que es más efectiva que poner a una marioneta descarada, que no controla los resortes del poder y que es vista, por la mayoría de la población, como lo que es: un pelele de Washington, que saliva cuando habla de entregarle los recursos de Venezuela a quien la financia.

 

No juegues con el presidente Trump. Cuenta en X del Departamento de Estado.

El secuestro de Nicolás Maduro ha sido la palanca que Trump está usando para apretar a Delcy Rodríguez; a su hermano Jorge, actual presidente de la Asamblea Nacional; a Diosdado Cabello, ministro del Interior, y a Vladimir Padrino, ministro de Defensa, que son quienes controlan el poder, para intentar que se sometan a la hoja de ruta que tiene diseñada para apropiarse del petróleo, el gas y el oro de Venezuela.

Por eso Mike Johnson hablaba de “persuasión” y de “coaccionar” al gobierno de Venezuela, para que colabore en la implementación de la agenda que la Casa Blanca tiene en mente para hacerse con los recursos del país. Trump amenazaba a Delcy Rodríguez con un destino peor que el de Maduro si no se avenía a sus dictados. Para remachar el mensaje de matonismo, el Departamento de Estado publicaba el 3 de enero una imagen que podría valer como cartel de una película de mafiosos, tan del gusto de Hollywood. 

El ataque a Venezuela precisaba de alguna complicidad interna

Cuando me enteré del ataque a Venezuela y del secuestro de su presidente, lo primero que pensé fue que una operación de ese calibre necesitaba, por fuerza, de algún tipo de colaboración interna para tener éxito. Independientemente de la superioridad tecnológica con la que cuenta el ejército de Estados Unidos, que ha sido convenientemente utilizada por The Wall Street Journal para explicar el éxito de la operación, a mi juicio esa ventaja comparativa no era suficiente.

El avión inhibidor de señales ‘Growler’ que ayudó a capturar a Nicolás Maduro. The Wall Street Journal, 6 de enero de 2026.

Días después del secuestro de Maduro, Delcy Rodríguez destituía al general Javier Marcano Tábata, encargado de la seguridad del presidente, y al mando de la DGCIM, la contrainteligencia militar. Según algunas fuentes, el general también ha sido acusado de proporcionar las coordenadas del lugar donde estaría pernoctando Nicolás Maduro, que cambia constantemente, y de haber ordenado desactivar los sistemas de defensa aérea.

A mí me parecen muchas competencias, todas ellas estratégicas, como para estar concentradas en una sola persona, aunque fuera de la máxima confianza. En el caso de que este general hubiera dado la orden de desactivar los sistemas de defensa aérea, lo que está por verse, habría necesitado la complicidad de numerosas personas para que dicha orden fuera efectivamente cumplida.

Circula en redes sociales una entrevista con un supuesto militar venezolano, que describe la operación del comando estadounidense que secuestró a Maduro con ribetes de ciencia ficción. Esta entrevista ha sido difundida por la jefa de prensa de la Casa Blanca, porque contribuye a alimentar la narrativa de unas fuerzas de operaciones especiales dotadas con un armamento portentoso, al que no se puede hacer frente.

Otras fuentes aducen que el ejército de Venezuela no utilizó sus recursos para intentar abatir los helicópteros estadounidenses que intervinieron en la operación, bastante vulnerables a según qué sistemas, para lo cual cuenta con 4.000 antiaéreos portátiles. Según estas fuentes, sólo una de estas armas fue disparada. De los 100 sistemas antiaéreos basados en tierra, ninguno fue dirigido contra las aeronaves invasoras.

A la hora de analizar las narrativas que circulan, es fundamental tener en cuenta a quién benefician, y a quién perjudican. La hipótesis de la traición conviene a los intereses de quienes perpetraron el ataque, porque contribuye a socavar la legitimidad del gobierno chavista. Es muy pronto para conocer lo que realmente sucedió en Venezuela, así como las dimensiones de la colaboración interna, pero en mi opinión tuvo que haberla.

Euronews publica que existieron unas conversaciones en Catar, en las que participó la propia Delcy Rodríguez, en las que supuestamente se estaría buscando una salida pactada de Nicolás Maduro. Lo primero que hay que tener en cuenta es la fuente de estas informaciones: el diario Miami Herald, visceralmente anticastrista y antichavista.

Estados Unidos apuesta por ella, pero ¿podrá la nueva jefa de Venezuela cumplir? Su vida podría depender de ello. Miami Herald.

El Miami Herald justifica la pretendida apuesta de Trump por Delcy Rodríguez porque podía ofrecer “continuidad sin caos”. Todo lo contrario que representaba Corina Machado, añado yo. Si bien esta hipótesis tiene sentido, a partir de ahí, las fuentes anónimas desbarran: afirman que Washington podría exigir a Delcy Rodríguez “la entrega o rendición” de Vladímir Padrino y Diosdado Cabello, para juzgarlos en Estados Unidos, al igual que a Maduro. El Miami Herald recuerda que Estados Unidos ofrece una recompensa de 25 millones de dólares por Cabello, y de 15 por Padrino. Una cosa es que la presidenta interina intente salvar los muebles, y otra que esté dispuesta a cometer esa traición.

¿Puede tener éxito la estrategia de supervivencia del chavismo?

La actitud de Delcy Rodríguez probablemente tenga más que ver con una estrategia de supervivencia que con una traición. Desde la barrera, es muy fácil criticar a la presidenta encargada de Venezuela por haber cambiado la retórica antiimperialista por otra más conciliadora con quien perpetró el secuestro de Nicolás Maduro, pero conviene recordar que la están apuntando con una pistola, de manera nada metafórica.

Delcy tenía dos opciones: o apostar por el enfrentamiento con la segunda potencia nuclear del mundo, hasta provocar otro ataque o, incluso, la invasión, como ya ocurrió en Panamá, o en Granada, con funestas consecuencias para el país, o ser realista y tratar de conjugar los intereses de Estados Unidos con los venezolanos, por muy complicado que sea. La segunda opción le ofrece la posibilidad de conservar el control de las estructuras del país e intentar proseguir con la agenda política del chavismo, tratando de reequilibrar las tremendas desigualdades económicas que sufre Venezuela.

Asimismo, el enfoque realista le permite evitar un escenario de guerra por el que, según el Miami Herald, estaría apostando la línea dura del chavismo: provocar la invasión de Estados Unidos, para enfangar a su ejército en una guerra de guerrillas, con el consiguiente desgaste de Trump frente a la opinión pública doméstica. Cualquier dirigente que ponga los intereses de la población por delante de otros procurará evitar que su país entre en una dinámica de conflicto que, en el caso de la muy polarizada Venezuela, correría el riesgo de derivar en una guerra civil.

En su mensaje anual a la nación, Delcy Rodríguez habló de un “nuevo momento político”, de la necesidad de reformar el marco legislativo de la industria petrolera, y recalcó que “Tenemos derecho a tener relaciones diplomáticas con China, con Rusia, con Irán, con Cuba, con todos los pueblos del mundo. También con los Estados Unidos. Somos una nación soberana”. Estados Unidos pretende que Venezuela corte lazos económicos con todos esos países, y reclama exclusividad en el negocio del petróleo. La operación en Venezuela no va sólo de oro negro, sino de geopolítica. 

El País, 14 de enero de 2025.

Ante la tesitura actual, Delcy Rodríguez parece haber optado por un enfoque realista, para intentar continuar con el programa político del chavismo. Venezuela lleva años sufriendo sanciones ilegales que pretenden hundir su apuesta por un modelo económico distinto al capitalismo depredador. Venezuela no es Rusia, y las sanciones se han demostrado mucho más efectivas con el país caribeño que con el eslavo, cuya resiliencia es incomparablemente superior.

Con el enfoque realista, Delcy Rodríguez probablemente pretende sacar al país de la crisis económica, dando motivos a Estados Unidos para eliminar sus sanciones, que han provocado la emigración de millones de personas. Posiblemente también ha entendido que el bienestar del país precisa amortiguar la polarización que sufre, de ahí su apelación “al entendimiento desde la divergencia”

Por el momento, Estados Unidos también ha apostado por un enfoque realista, en lugar del aventurerismo que hubiera supuesto tratar de encumbrar a Corina Machado. Veremos hasta qué punto ambas estrategias realistas pueden convivir, dada la voracidad del actual inquilino de la Casa Blanca, y las disensiones que la actitud de Delcy Rodríguez estará levantando dentro del chavismo. 

Al día siguiente de una conversación entre Delcy Rodríguez y Donald Trump, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Caracas para entrevistarse con la “presidenta interina”, como la califica The New York Times. El diario valora que la reunión “refuerza el mensaje de la administración Trump de que ve al gobierno interino como el mejor camino hacia la estabilidad del país en el corto plazo”. Hacer coincidir el encuentro de Corina Machado con Trump en Washington con la reunión de Ratcliffe y Rodríguez en Caracas supone otra bofetada a la golpista vocacional. También revela que está habiendo negociaciones. Aunque la correlación de fuerzas es dispar, yo diría que ambas partes tienen cartas para jugar. 

El director de la CIA se reúne con la presidenta interina de Venezuela en Caracas. New York Times, 16 de enero de 2026.

En cuanto a las posibilidades de éxito que tiene Trump de convencer a las petroleras estadounidenses para que inviertan 100.000 millones de dólares en un país con un pronóstico de inestabilidad tan acusado, yo diría que son escasas, visto el calificativo que el consejero delegado de Exxon Mobil le dedicó a Venezuela: “No invertible”. El tema del petróleo venezolano es complejo, así que da para otro artículo. 

POR QUÉ ISRAEL HA RECONOCIDO LA INDEPENDENCIA DE SOMALILANDIA

5 de enero de 2026

Las tres condiciones de Israel para el reconocimiento de Somalilandia

El 26 de diciembre, Israel se convertía en el primer país del mundo en reconocer la independencia de Somalilandia, una región que se separó de Somalia unilateralmente en 1991, cuando el país se sumió en una guerra civil caótica. Para entender los motivos por los que Israel ha tomado esa decisión, basta con mirar el mapa y tener en cuenta las derivaciones del genocidio sionista en Gaza, que llegan hasta el cuerno de África.

Mapa del cuerno de África. Ilustración: Enciclopedia Británica.

Según Hassan Sheikh Mohamud, presidente de Somalia, tres son las condiciones que Netanyahu puso a Abdirahman Mohamed Abdallah, el líder de Somalilandia, para que Israel reconociera la independencia de la región escindida:

  1. Que aceptara acoger a ciudadanos palestinos en Somalilandia, para quienes los sionistas tienen planes de exilio forzoso.
  2. Que diera su consentimiento para que Israel construyera una base militar en la costa del Golfo de Adén.
  3. Que Somalilandia se incorporara a los Acuerdos de Abraham, reconociendo a su vez al estado de Israel.

En cuanto al acogimiento de palestinos, el portavoz de Somalilandia se limitó a decir que el tema no había sido tocado en las conversaciones, sin atreverse a descartar la posibilidad. El mismo portavoz negó que Somalilandia hubiera aceptado que Israel se hiciera con una base militar en la región, y sólo confirmó que Somalilandia suscribiría los Acuerdos de Abraham, una iniciativa de Donald Trump en su primer mandato, por la que Marruecos, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán establecieron relaciones diplomáticas con Israel.

Israel reconoció Somalilandia a cambio de base, desplazamiento de palestinos: Mohamud de Somalia. TRTWorld, 31 de diciembre de 2025.

Tras una conversación con sus pares de Somalia, Turquía y Yibuti, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Egipto publicó un comunicado en el que mostraba su “rechazo absoluto a las medidas unilaterales que socavan la soberanía de los Estados y su unidad e integridad territorial y que contravienen los principios establecidos del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas”.

Por su parte, el portavoz de Somalilandia en asuntos exteriores alegaba que su compromiso con Israel era “puramente diplomático” y llevado a cabo “en pleno respeto del derecho internacional”. Una afirmación en extremo chocante, teniendo en cuenta que ninguno de los 193 países que componen la ONU ha reconocido a Somalilandia como entidad independiente, desde que en 1991 decidió desgajarse de Somalia.

Tres condiciones que convienen a Israel y suponen un peligro para Somalilandia

Desde el punto de vista sionista, las tres condiciones que supuestamente le puso a Somalilandia tienen todo el sentido. La región secesionista tiene 850 kilómetros de costa en el Golfo de Adén. Su parte norte está pegada al estrecho de Bab el Mandeb, que da acceso al Mar Rojo, y justo enfrente se encuentra Yemen. Los sionistas sí miran el mapa.

La parte de Yemen más próxima al Mar Rojo está controlada por los hutíes, quienes están bombardeando Israel, a veces con éxito, como cuando un misil recorrió 2.000 kilómetros para impactar en el aeropuerto internacional de Tel Aviv, atravesando la “cúpula de hierro”. Los hutíes lo hacen en solidaridad con la población palestina. Por el mismo motivo, en diciembre de 2023 los hutíes advirtieron que atacarían los buques que transportaran carga con destino Israel.

Aunque Irán lo niega, Estados Unidos aduce que los hutíes, a quienes ha clasificado como grupo terrorista, reciben el apoyo del gobierno de Teherán, la bestia negra de Israel. Si los sionistas se hacen con una base a tiro de piedra de Yemen, tendrían la posibilidad de atacar a los hutíes de una manera mucho más efectiva que la que empleó recientemente Trump.

Después de haberse gastado 1.000 millones de dólares en un mes, Estados Unidos fracasó en su intento de contener los ataques de los hutíes y conseguir una superioridad aérea. Donald Trump tuvo que declarar una tregua, presentándola falsamente como una victoria, tras el fiasco de la operación “Rough Rider”. Uno de esos nombres tan peliculeros que a los estadounidenses les gusta poner a las campañas terroristas que perpetran sus uniformados.

EE. UU. gastó 1.000 millones bombardeando Yemen, pero no consiguió ganar superioridad aérea, dice un informe. Middle East Eye, 13 de mayo de 2025.

En cuanto al posible destino de la población palestina que Israel se propone desterrar de Gaza, la condición sionista cuadra con lo que reportaba la agencia AP el 14 de marzo de 2025: que los gobiernos de Estados Unidos e Israel estaban sondeando la posibilidad de que Sudán, Somalia o la misma Somalilandia acogieran población palestina expulsada de Gaza. Mientras Sudán comunicaba a AP que había rechazado la propuesta, funcionarios de Somalia y Somalilandia manifestaban a la agencia no tener conocimiento de dichas conversaciones.  

Exclusiva AP: EE.UU. e Israel miran hacia África para trasladar a palestinos desarraigados de Gaza.

El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, que lleva tiempo hablando de una “emigración voluntaria” de palestinos, confirmó que el gobierno israelí está trabajando para encontrar países dispuestos a acogerlos. Además, Smotrich dijo que el Ministerio de Defensa está preparando “un departamento de emigración muy grande”.

En cuanto a la tercera condición, a Israel le vendría muy bien que Somalilandia suscribiera los Acuerdos de Abraham. Conscientes de su muy deteriorada imagen internacional, los sionistas buscan el reconocimiento diplomático de países árabes o musulmanes, con el objetivo de meter una cuña en el repudio generalizado que provoca su comportamiento genocida.

Sin embargo, la incorporación de Somalilandia a los Acuerdos de Abraham plantea dificultades de índole legal. Israel pretende despejarlas con su jugada diplomática, pero los problemas persistirían, incluso aunque Estados Unidos se sumara a dicho reconocimiento, aunque ya sabemos lo que les importa la legislación internacional a los promotores del “orden basado en reglas”. Véase lo que acaban de perpetrar en Venezuela, sobre lo que escribiré en un próximo artículo.

La principal perjudicada por la jugada sería, sin duda alguna, la propia Somalilandia, que se convertiría en un peón al servicio de los intereses sionistas. Con un PIB per cápita entre 900 y 1.500 dólares, según las fuentes, y una economía basada en un 70% en la ganadería, no parece que Somalilandia fuera capaz de ofrecer condiciones dignas a una oleada de desplazados forzosos. Si además cometiera la imprudencia de autorizar la construcción de una base militar, desde la que los israelíes lanzaran ataques contra los hutíes, su territorio y población se convertirían en blanco de las represalias.

Cuando las élites aceptan ofrecer el territorio que controlan como herramienta para que los poderosos lo utilicen para perseguir sus intereses, el resultado siempre es catastrófico. El ejemplo más reciente lo tenemos en Ucrania, que se ha convertido en un estado fallido, arrasado por una guerra que lo está desangrando, en lo económico y en lo demográfico.

De refugio de judíos perseguidos a exilio forzoso para los palestinos

La elección de Somalilandia como posible destino de los palestinos arrancados de su tierra natal entraña una paradoja histórica. En 1944, un grupo de judíos, encabezados por Hermann Fuernberg, dirigió una carta al entonces emperador de Etiopía, Haile Selassie I, proponiéndole que cediera la provincia de Harar para acoger a refugiados judíos provenientes de Europa. En un opúsculo publicado por Fuernberg, éste añadía la parte de Somalilandia bajo control británico a la provincia que reclamaba al emperador etíope para, conjuntamente, conformar un territorio que debía gozar de autonomía y autogobierno, que acogiera a refugiados judíos europeos.

Mapa del territorio que Hermann Fuernberg proponía para acoger a judíos refugiados europeos.

La carta que este grupo de judíos dirigía al emperador de Etiopía muestra a las claras cuál es la actitud de los sionistas respecto al resto del mundo. De entrada, este grupo de personas comienza por autodenominarse “Consejo para una provincia autónoma judía en Harar” o, más resumidamente, “Consejo de Harar”. Es decir, se dotan de un nombre que ya sugiere una cierta autoridad sobre una provincia de un país extranjero.

A renglón seguido, la carta explica que la persecución que están sufriendo los judíos en Europa – absolutamente execrable, un auténtico genocidio, me apresuro a recalcar – provoca el deseo de muchos de ellos de abandonar el continente para establecerse en un lugar donde puedan vivir en paz. Albergando grandes esperanzas sobre una respuesta positiva por parte del emperador, dada su positiva actitud hacia los judíos, Hermann Fuernberg y sus colegas pasan a ensalzar las bondades del proyecto, dejando bien a las claras su propósito colonialista: “La inversión de grandes sumas en apoyo de los movimientos pioneros siempre ha traído prosperidad a las tierras que así se han colonizado”.

Los firmantes de la carta pasan a enumerar los puntos que desean “negociar” con su majestad etíope, siendo el primero de ellos que, tras reservar la provincia de Harar para los refugiados judíos, “Se realizarán gestiones ante el Gobierno británico para que se establezcan acuerdos territoriales en la Somalilandia Británica que permitan el libre acceso al mar a través de los puertos de Barbera y Zeila”.

Los siguientes puntos para negociar indican las pretensiones de Fuernberg y sus amigos: autonomía absoluta de la provincia, plasmada en órganos de gobierno elegidos por sus habitantes, que gozarían de ciudadanía propia, no etíope. Entre las concesiones al emperador, Feurnberg propone el nombramiento de un virrey para la provincia de Harar, que estaría no obstante sometido a una constitución propia de la provincia, y la recaudación de algunos impuestos.

La urgente resolución del problema de los judíos europeos les hace sentirse “con derecho” a dirigirse al emperador con la proposición. Después de adular convenientemente al Negus, los firmantes de la carta describen a los judíos como “ciudadanos respetuosos de la ley, ordenados y leales” en todos los países donde han vivido. Una afirmación que contrasta vivamente con la actuación del estado de Israel desde su fundación.

Por si quedaba alguna duda del carácter colonialista de la propuesta, Hermann Fuernberg, Erwin Kraft y Marie Ginsberg recalcan que “No es necesario enfatizar la capacidad de los judíos para construir un asentamiento agrícola y colonial y desarrollarlo con éxito; Palestina ofrece un excelente ejemplo.

Como cabía esperar, Haile Selassie I rechazó amablemente la propuesta del “Consejo de Harar” de apropiarse de una provincia etíope. Una idea que se venía gestando, al menos, desde 1939, cuando el periódico The Canadian Jewish Chronicle publicó un artículo con el título “¿Qué piensa del plan para asentar judíos bajo mandato italiano en Etiopía?

“¿Qué piensa del plan para asentar judíos bajo mandato italiano en Etiopía?

La comunidad judía tiene una historia de siglos en la región etíope. Denominada Beta Israel (Casa de Israel) y sus miembros, despectivamente, falashas, que significa “exiliados” en la lengua Ge’ez, el antiguo idioma etíope, los judíos etíopes han sufrido discriminación históricamente, también luego en el estado de Israel. Los firmantes de la carta al emperador no dudaban en apelar a las supuestas raíces judías de la dinastía imperial etíope, a quien califican de descendiente de los reyes Salomón y David, para dotar de argumentos históricos a su petición.

Fuernberg, Kraft y Ginsberg llegan a citar el Libro de Zohar, un texto sagrado para los judíos: «La diáspora llegará a su fin cuando los judíos entren en la Tierra de Cush”. En textos bíblicos se alude a la Tierra de Cush como a un reino situado al sur de Egipto, que podría ubicarse en los territorios actuales de Etiopía o Sudán.

Ya sabemos a dónde han conducido las apelaciones históricas de los sionistas en Palestina. En este caso, la paradoja radica en que parte de un territorio que fue planteado como hogar para los judíos perseguidos por el nazismo en Europa es considerado ahora adecuado para realojar a la población palestina, a la que los sionistas planean arrancar forzosamente de su tierra, tras haberla reducido a escombros.

Israel también se mueve en Yemen contra los hutíes

Israel se está moviendo en Yemen contra los hutíes. Avi Avidan, un analista hebreo de geopolítica, escribía en su cuenta en X que los Emiratos Árabes Unidos “han forjado una estrategia de pinza con Israel que supera a los hutíes en todo momento”. Avidan reseñaba la existencia de “puestos de inteligencia conjuntos entre Emiratos Árabes Unidos e Israel, hasta Adén y ahora la vasta extensión de Hadramaut, asegurando puertos, petróleo y rutas comerciales que acaparan el 30 % del transporte marítimo mundial”.

Zonas de control en Yemen. Ilustración de Al Jazeera.

Yemen está partido de facto en dos, con la parte norte, próxima al Mar Rojo, controlada por los hutíes. La parte suroriental tiene el respaldo de Arabia Saudita y, supuestamente, también de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Por resumir la situación actual en una guerra que comenzó en 2014, con la toma de Saná, la capital, por parte de los hutíes, los saudíes destituyeron al presidente del país reconocido internacionalmente en 2022, y lo reemplazaron por un Consejo de Liderazgo Presidencial (CLP), compuesto por ocho miembros. Su líder, Rashad al-Alimi, tiene el respaldo de Arabia Saudí, y se inclina por la unidad nacional de Yemen. Sin embargo, el vicepresidente del CLP, Aidarus al-Zubaidi, es partidario de la partición del país.

Para complicar aún más las cosas, Aidarus al-Zubaidi es el presidente del Consejo de Transición del Sur, y acaba de anunciar el inicio de un proceso para crear un estado independiente en la zona sur del país, en un plazo de dos años.  Al-Zubaidi ha afirmado que un Yemen del Sur independiente podría adherirse a los Acuerdos de Abraham, lo que significaría el reconocimiento de Israel por parte de la entidad secesionista. Avi Avidan, el analista hebreo citado anteriormente, considera este movimiento como “la consolidación de la fortaleza definitiva contra Irán”, dando así un gran valor a los acuerdos impulsados por Trump.

Las diferencias entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos son cada vez más palpables. El reino saudita bombardeó un cargamento de armas llegado a Yemen procedente de los Emiratos, y declaró a continuación que el apoyo de los Emiratos a quienes buscan la partición del país supone “una amenaza para la seguridad nacional del reino” y para toda la región.

Deutsche Welle, 2 de enero de 2026.

Conviene recordar que los Emiratos Árabes Unidos suscribieron los Acuerdos de Abraham, mientras que Arabia Saudita no lo ha hecho, alegando el comportamiento genocida de Israel en Gaza. El choque que se está produciendo entre ambos países árabes en torno a Yemen redunda en beneficio de Israel. La pinza de la que habla Avi Avidan no sólo se está ejerciendo contra los hutíes, sino que tiene como objetivo desgastar a Arabia Saudita. Los sionistas, al igual que los estadounidenses, son especialistas en provocar el caos: es el escenario en el que mejor se mueven para impulsar sus intereses.

Las consecuencias del colonialismo siguen alumbrando monstruos

El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel ha sido facilitado por el colonialismo de las potencias europeas en el continente africano. El desmembramiento del territorio somalí, una de las regiones más homogéneas lingüísticamente de África, en cinco entidades políticas, fue perpetrado fundamentalmente por Gran Bretaña. A finales del siglo XIX, Londres firmó acuerdos con los somalíes que vivían en la actual costa de Somalilandia, para hacerse con un protectorado, aprovechando el vacío creado por la retirada de Egipto de la región. 

Las disposiciones de dicho acuerdo establecían que “ninguna parte o la totalidad de su territorio actualmente habitado por ellos [los somalíes] o que se encuentre bajo su control podrá ser cedida, vendida, hipotecada o cedida de cualquier otra forma a un tercero”. Sin embargo, trece años después, Gran Bretaña firmó un acuerdo secreto con Abisinia (la actual Etiopía), por medio del cual le transfirió una gran parte del territorio somalí del interior.

Protectorados de las potencias coloniales europeas en el territorio poblado por somalíes. Ilustración: Stamp World History.

El cuerno de África se convirtió en una región de relevancia geopolítica para los intereses occidentales tras la apertura del Canal de Suez. Buscando asegurarse un buen acceso al canal, Francia estableció su protectorado en la actual Yibuti. El Reino Unido había hecho lo propio con los somalíes que vivían en la costa del Golfo de Adén, la actual Somalilandia. Italia se quedó con la parte meridional y central de Somalia, la que da al Océano Índico. Los británicos le cedieron la región de Ogadén a Etiopía, y otra parte de los somalíes se vieron incluidos en el África Oriental Británica, la actual Kenia. Con lo cual, el pueblo somalí se vio disgregado en cinco unidades políticas.

En 1897, años después de haber firmado el tratado con los somalíes, Lord Salisbury, entonces primer ministro británico, afirmó sobre la delimitación de las fronteras por parte de las potencias coloniales: “Nosotros (los británicos y los franceses) nos hemos dedicado a trazar líneas en mapas donde nunca pisó el pie del hombre blanco”. Los países colonizados siguen pagando las consecuencias de dicho trazado de fronteras, pero no sólo ellos, porque la inestabilidad geopolítica provocada por el colonialismo europeo se desparrama por la aldea global en que vivimos. 

El reconocimiento de Somalilandia coincide con una nueva fase de revueltas en Irán

El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel ha coincidido con una nueva fase de protestas ciudadanas en Irán. Sin duda, debe tratarse de una casualidad. Irán es uno de los países del mundo que sufre más sanciones unilaterales, al margen del Consejo de Seguridad de la ONU. Por lo tanto, ilegales. Las sanciones han provocado dificultades enormes para encontrar financiación en los mercados internacionales, el bloqueo de fondos soberanos en el extranjero y, consecuentemente, una alta inflación.

Cuenta en farsi del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel.

Las últimas protestas comenzaron el domingo 28 de diciembre, con el cierre patronal de los comercios en el Gran Bazar de Teherán, en protesta por la subida del coste de los alimentos, un 72% en el último año. La inflación está ligada a la caída en valor del rial, que se ha depreciado un 56% respecto al dólar en los últimos seis meses.

El líder supremo de Irán, Ali Jamenéi, afirmó el 3 de enero que las protestas de los comerciantes eran “legítimas”, pero que había que distinguir entre quienes se manifestaban y quienes provocaban disturbios. Un miembro de las fuerzas de seguridad resultó muerto durante las protestas, y otros 13 resultaron heridos por pedradas. Además, Jamenéi achacó a “una mano enemiga” la depreciación del rial y la extensión de los tumultos: “Hay que reconocer las acciones del enemigo; este no se queda de brazos cruzados y aprovecha cada oportunidad. Aquí vieron una oportunidad y quisieron aprovecharla”. Las protestas ya se han extendido a 17 de las 31 provincias de Irán.

El ayatolá no iba descaminado. Tanto Donald Trump como miembros del gobierno sionista salieron a la palestra para apoyar a los manifestantes. El presidente de Estados Unidos publicó en su red social que “Si Irán dispara y mata violentamente a pacíficos manifestantes, lo que es su costumbre, Estados Unidos acudirá a su rescate. Estamos cargados y listos para disparar”. En cuanto a Israel, una cuenta en farsi gestionada por el Ministerio de Asuntos Exteriores publicó una ilustración de un león, con un texto alusivo a “los leones y leonas iraníes” en su lucha “contra la oscuridad”.

Como ha quedado claro en el reciente ataque de Estados Unidos a Venezuela, y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, los neocolonialistas ya ni se molestan en disfrazar sus andanadas contra otros países con la retórica de la preocupación por los derechos humanos y la restauración de la democracia. Su principal objetivo es proyectar poder político y militar, para apropiarse de los recursos naturales de los demás, abundantes también en el caso de Irán. Casi es de agradecer que se muestren a careta quitada, para que no quede ninguna duda de con quién nos enfrentamos y a qué debemos atenernos.

Piratas y ladrones explotan su “orden basado en reglas”

23 de diciembre de 2025

Los hechos revelan la hipocresía de las élites occidentales

Los recientes asesinatos y actos de piratería cometidos en el Caribe por parte de Estados Unidos y la confiscación indefinida de los activos estatales rusos a manos de la Unión Europea ponen de manifiesto la hipocresía que late tras la pretensión de estos delincuentes internacionales de que el resto del mundo se adhiera al “orden basado en reglas” que afirman encarnar.

Antony Blinken, que ejerció como secretario de Estado con Joe Biden, definió el “orden basado en reglas” como “el sistema de leyes, acuerdos, principios e instituciones que el mundo se unió para construir después de dos guerras mundiales para gestionar las relaciones entre los estados, prevenir conflictos y defender los derechos de todas las personas”.

Walter Russell Mead, miembro del Hudson Institute, una de las cavernas del pensamiento neoconservador, se lamentaba en una columna en el Wall Street Journal de la “desintegración” del orden internacional basado en reglas, liderado por Estados Unidos. Ilustrada con una única fotografía, la de Putin, la columna repasaba la lista actualizada de villanos y se quejaba de que Washington y sus aliados no hicieran lo necesario para que los malvados respetaran esas “reglas”, a las que occidente se adhiere inequívocamente. Modo ironía activado.

El orden internacional basado en reglas se está desintegrando silenciosamente.

Hay que ser hipócrita para defender que Estados Unidos lidera un orden basado en reglas, y reivindicarlo como defensor de la legalidad internacional, cuando su presidente ordena bombardear embarcaciones extranjeras, en aguas internacionales, asesinando a sus ocupantes; decreta el cierre del espacio aéreo de otro país, u ordena tomar un petrolero al abordaje para apropiarse de su petróleo, mientras anuncia que continuará con sus actos de piratería.

Hay que ser muy falsa para erigirse en guardián del “orden basado en reglas”, como hace Úrsula von der Leyen, mientras encarga a un ejército de abogados que busque fórmulas para legalizar el robo de activos de otro país, depositados en un tercero. Hace falta mucha doblez para presentarse como paradigma del estado de derecho, mientras presiona hasta violar el tratado que sustenta jurídicamente la organización internacional que preside. Hay que ser muy camandulera para sostener que sus políticas harán a la Unión Europea más fuerte.

Misión de rescate: la llamada de Von der Leyen a la historia y al orden global basado en reglas. ECFR.

Exactamente eso es lo que está haciendo Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, y la Unión Europea de Úrsula von der Leyen: despreciar la legalidad internacional con asesinatos, actos de piratería y bloqueo aéreo en Venezuela. Pisotear la ley al incautarse fraudulentamente de los activos rusos depositados en instituciones financieras europeas.

Es normal y saludable que el resto del mundo rechace ese “orden basado en reglas” tras el que las élites occidentales se amparan para cometer sus tropelías, disfrazándolas con una retórica de sublimes valores, con la que pretenden elevarse moralmente sobre la jungla, desde su ajardinado reducto de delincuencia, convenientemente protegido por altos muros de hipocresía.

Wang Yi, el ministro chino de Relaciones Exteriores, alertaba en julio de 2021, en su discurso inaugural del 9º Foro Internacional por la Paz, de que el “orden internacional basado en reglas” en realidad era una expresión de la “política de poder”, por la que “algunos países pretendían imponer su voluntad y sus estándares a otros, reemplazando las leyes internacionalmente aceptadas con las normas de la casa de unos pocos”.

Muy acertadamente, Wang Yi se preguntaba cuáles eran esas reglas en las que el orden internacional debería basarse, y cuál era exactamente el orden que debería preservarse. El ministro exigía que los términos fueran definidos claramente, y avanzaba cuál era la posición de China: el sistema reconocido por todos los países sólo puede ser la legalidad internacional basada en la Carta de las Naciones Unidas.

Resulta muy acorde con la hipocresía occidental su reiterada letanía acerca de la “amenaza china”, siendo así que la última guerra en la que intervino China fue en 1979, contra Vietnam, a quien pretendía “dar una lección” por haber invadido Camboya, con el apoyo de la URSS, y haber depuesto al gobierno de los Jemeres Rojos, que tenía el respaldo de China. A las cuatro semanas, después de un flojo desempeño, China se retiró a sus posiciones.

Los defensores del “orden internacional basado en reglas” no pueden presumir de un historial tan pacífico. En los últimos 45 años, la lista de vulneraciones de la legalidad internacional, en forma de guerras, golpes de Estado, actos terroristas propios o por intermediación haría interminable este artículo. Baste señalar como botones de muestra la desintegración de Yugoslavia a manos de la OTAN – las fronteras no se pueden cambiar por la fuerza, ¿verdad, Úrsula? – y la destrucción de Libia e Irak bajo pretextos.

La estrategia de Trump en Venezuela también busca acabar con Cuba

Con su estrategia de acoso y derribo al gobierno de Nicolás Maduro, Estados Unidos pretende matar dos pájaros de un tiro. El otro es Cuba, que recibe la mayoría de su petróleo de Venezuela. Marco Rubio, como muchos otros miembros de la diáspora, está obsesionado con fulminar el modelo político cubano, para volver al statu quo anterior a la revolución, tan bien reflejado en la escena de El Padrino II, en la que los mafiosos estadounidenses se reparten los pedazos de una tarta con el mapa de Cuba.

El reparto del pastel cubano, en una escena de El Padrino II, película de Francis Ford Coppola.

Cuba forma parte de Petrocaribe, un proyecto nacido en 2005, que beneficia a varios países de la región y que funciona con una mentalidad distinta a la del capitalismo depredador: es un esquema para compartir el petróleo que no busca obtener beneficios a costa de los países no productores, sino que busca fortalecerlos, para crear una base que consiga la independencia económica y política de Estados Unidos, según leemos en este informe. Cuba juega un papel dentro de Petrocaribe como centro geográfico y operacional, a través de proyectos conjuntos entre PDVSA y Cupet.

Según la consultora de energía Argus, el flujo de petróleo desde Venezuela a la isla prácticamente se ha suspendido desde que Estados Unidos abordara un petrolero venezolano para quedarse con su carga, según reconoció Trump.

Los flujos de crudo venezolano se reducen, Cuba siente el aguijón. Argus.

Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y las primeras de gas de Latinoamérica, y comparte con Cuba la voluntad de construir un modelo político al margen del capitalismo. Estados Unidos no se lo perdona, porque ni Caracas ni La Habana permiten que Washington se apodere de sus recursos. Los defensores de los derechos humanos y la democracia tienen un largo historial de organizar y ejecutar golpes de estado para derribar gobiernos legítimos, elegidos en las urnas, e instalar en su lugar dictaduras militares, así que el cuento de la promoción de la democracia únicamente lo repiten las capitales occidentales y sus obedientes medios de propaganda.

La estrategia de presión al gobierno de Nicolás Maduro y, colateralmente, a Cuba, enlaza con lo manifestado en la última edición de la Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en noviembre. El primer interés vital que cita el documento gira en torno al hemisferio occidental. La actualización de la doctrina Monroe con el denominado “corolario de Donald Trump” apunta al dominio completo de dicho hemisferio y a la expulsión de cualquier competidor en la región.

El lenguaje utilizado en el documento no puede ser más claro: “Queremos un hemisferio libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, que apoye cadenas de suministro críticas y que garantice nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave”. En breve: quiero América entera para los Estados Unidos.

En un contexto en el que la multipolaridad del mundo está fuera de toda duda, Estados Unidos apuesta por extender y afianzar su dominio en el hemisferio occidental, enviando un claro mensaje a sus competidores: manteneos fuera de mi esfera de influencia. Del resto del mundo, ya hablaremos.

Las “reglas” de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional

Tratándose de un documento cuyo prefacio firma Donald Trump, las contradicciones de la nueva edición de la Estrategia de Seguridad Nacional permean todo el documento, y reflejan la hipocresía que subyace tras ese “orden basado en reglas” que pretenden vendernos. En su introducción, la Estrategia critica la visión de las élites que condujeron la política exterior de Estados Unidos durante la guerra fría, ya que pensaban que el dominio permanente sobre todo el mundo iba en beneficio de los intereses del país.

En realidad, se dice ahora, los asuntos de otros países solo deben preocupar a Washington si sus actividades amenazan directamente sus intereses. Además, el objetivo que perseguían las élites – la dominación mundial permanente – era “fundamentalmente un objetivo indeseable e imposible”.

Sin embargo, tras la lectura del documento, queda claro que la mentalidad no ha cambiado, y el deseo de dominar el mundo sigue latiendo a lo largo de toda su extensión. Para Estados Unidos, casi cualquier actividad que ocurra en el mundo amenaza sus intereses, siempre y cuando no sean ellos quienes la controlen.

Uno de los principales objetivos declarados es el de procurarse el mayor ejército del mundo, al que nadie se atreva a toser y que, en caso necesario, pueda derrotar a cualquier adversario. Además, la Estrategia declara su voluntad de mantener el “poder blando sin rivalidad” de Estados Unidos para ejercer una influencia positiva que promueva sus intereses, a lo largo y ancho del mundo.

La Estrategia de Seguridad Nacional dedica su atención a otros lugares, alejados miles de kilómetros, que parecen representar una amenaza. Sin mencionarla por el nombre, hay una advertencia clara a China, cuando habla de “detener y revertir el daño actual que actores extranjeros infligen a la economía estadounidense, mientras mantenemos el Indo-Pacífico libre y abierto, preservando la libertad de navegación”. Tampoco podía faltar una referencia a Oriente Próximo, donde Estados Unidos quiere prevenir que un poder rival domine la región, así como sus suministros de gas y petróleo.

Tras la lectura de la Estrategia de Seguridad Nacional, nos queda clarísimo que el “orden basado en reglas” que Estados Unidos pretende imponer al mundo se resume en su voluntad de evitar compartir su dominio con las potencias emergentes, tras haber aprobado un presupuesto militar de 900.000 millones de dólares. Eso sí, algunos analistas han detectado la intención de subcontratar determinadas tareas de seguridad a sus aliados, o proxies, en algunas regiones del mundo, lo que representa un rasgo de debilidad, que también puede ser calificado de realismo ante la magnitud de la tarea que supone dominar todo el planeta.

¿El ocaso de la supremacía estadounidense? Externalización del riesgo en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025. China-US focus. 

La Unión Europea quería robar a Rusia, pero además va a robarnos a nosotros

El 12 de diciembre, los embajadores de los países miembros de la Unión Europeo acordaron un reglamento ad hoc para congelar indefinidamente los activos rusos depositados en Europa. La medida se tomó por mayoría, no por unanimidad, como requieren las decisiones de política exterior en la Unión Europea. Otra regla que salta por los aires para evitar el veto de Hungría, y, probablemente, el de algún país más.

La congelación de los activos rusos, en lugar de ser revisada cada seis meses, como hasta ahora, se convertía en indefinida, hasta tanto Rusia no cese “su guerra de agresión contra Ucrania”, “proporcione una reparación a Ucrania en la medida necesaria para permitir la reconstrucción sin consecuencias económicas o financieras adversas para la Unión”, y “las acciones de Rusia en el contexto de su guerra de agresión contra Ucrania hayan dejado objetivamente de plantear un gran riesgo de dificultades graves para la economía de la Unión y sus Estados miembros”.

En otras palabras, la Unión Europea no devolverá nunca los activos estatales a Rusia, violando la Convención de las Naciones Unidas sobre Inmunidades jurisdiccionales de los Estados y sus bienes.

Titular del Berliner Zeitung, traducido de forma automática.

La congelación indefinida era el paso previo para usar dichos activos como garantía de un “préstamo” al gobierno de Kiev, impulsado sobre todo por Friedrich Merz y Úrsula von der Leyen, por valor de 140.000 millones de euros. En ningún momento explicaron sus promotores de dónde saldría físicamente esa cifra para enviarla a Kiev, supuestamente “respaldada” por los activos rusos. Así que, dada la firme oposición de Bélgica, Italia, Hungría y, significativamente, Francia, cabe sospechar que el plan era sacar el dinero del cofre de Euroclear, y de las instituciones británicas y francesas que también atesoran activos rusos, para transferírselos directamente al gobierno de Kiev.

Finalmente, Francia salió al rescate de Bélgica, y cuando Macron mostró su oposición a lo que tenía pinta de convertirse en un robo directo, Merz y von der Leyen se vieron obligados a recular, en un apoteósico fracaso político, y el Consejo Europeo terminó acordando la emisión de deuda conjunta, por valor de 90.000 millones, para solucionar las acuciantes necesidades financieras de ese Estado fallido en el que occidente ha convertido a Ucrania, con la complicidad de sus élites.

Los 90.000 millones los pagaremos los contribuyentes europeos. Euronews nos informa del mecanismo con el que las élites europeas nos van a meter mano en la cartera: “Como ni la UE ni sus Estados miembros disponen en este momento de 90.000 millones de euros, la Comisión Europea acudirá a los mercados y recaudará el dinero desde cero emitiendo una mezcla de bonos a corto y largo plazo”.

¿Se puede saber de qué se ríen estos tres?

Euronews prosigue: “el presupuesto de la UE absorberá los tipos de interés para evitar a Ucrania, ya muy endeudada, cualquier carga adicional. La Comisión calcula que, con los tipos actuales, los pagos de intereses ascenderán a 3.000 millones de euros al año”. Es decir, además del pago del principal a cargo del presupuesto de la UE, que se elabora con las aportaciones de los países miembros, los contribuyentes vamos a tener que aflojar los intereses: 20.000 millones de euros más en el presupuesto europeo, que se calcula cada 7 años.

“Los Estados miembros se repartirán los intereses en función de su peso económico. Alemania, Francia, Italia, España y Polonia soportarán los costes más elevados”, nos aclara Euronews. Así que cuando escuchéis a los políticos españoles decir que no hay dinero para sanidad, educación u otras inversiones sociales, recordad que sí destinan dinero para financiar la guerra perdida de Ucrania, que no es un Estado miembro de la UE.

Macron ya ha sido calificado de “traidor” por fuentes diplomáticas europeas anónimas, citadas en el Financial Times, por no apoyar la iniciativa de Merz. Curiosamente, era Alemania la que históricamente se oponía a mancomunar la deuda en la Unión Europea. Tres países no pondrán ni un euro para financiar a Ucrania: Hungría, la República Checa y Eslovaquia, que se plantaron. Las grietas en la “unidad europea” comienzan a ser muy visibles.

Como las decisiones en política exterior han de tomarse por unanimidad, la Comisión decidió retorcer el artículo 122 del tratado de la Unión Europea para esquivarla, y adoptar por mayoría la decisión de otorgar un “crédito” a Ucrania. El artículo 122 habla de tomar medidas “con espíritu de solidaridad entre los Estados miembros (…) si surgen graves dificultades en el suministro de determinados productos, en particular en el sector energético”.

El artículo 122 establece la posibilidad de que el Consejo conceda ayuda financiera “Cuando un Estado miembro se encuentre en dificultades o corra el grave riesgo de sufrir graves dificultades causadas por catástrofes naturales o acontecimientos excepcionales ajenos a su control”.

Es asombrosa la cantidad de trampas que han hecho las élites europeas para meternos mano en la cartera. Además de saltarse la obligación de tomar por unanimidad una decisión de política exterior, el artículo 122 habla en todo momento de Estados miembros, y Ucrania no lo es. Por lo tanto, la ayuda me parece ilegal, por mucho que lo acuerde el Consejo. Quizá esa consciencia de violación de la legalidad es la que ha forzado al Consejo Europeo a dispensar a tres Estados miembros de la obligación de aportar fondos al “préstamo”: quedaron excusados a cambio de no vetar la resolución.

El artículo 122 finaliza indicando que “El presidente del Consejo informará al Parlamento Europeo de la decisión adoptada”. Una premura en la toma de decisiones, puenteando a la supuesta sede de la soberanía popular, que quizás podría entenderse para los casos que menciona el artículo – desastres naturales, acontecimientos excepcionales fuera del control de los Estados miembros –pero nada de eso aplica al caso de Ucrania. 

Tampoco es cierto que nos hallemos ante un “crédito”, por más que sea la palabra utilizada en el acuerdo. Ucrania sólo se verá obligada a devolver los 90.000 millones de euros si Rusia le paga indemnizaciones en concepto de “reparaciones”. Como todo el mundo sabe, las reparaciones las paga quien pierde la guerra, no quien la gana. Si las élites europeas fueran sinceras, deberían haberlo llamado “ayuda a fondo perdido”, en lugar de “crédito”. Rusia está ganando la guerra, y la va a ganar, porque no le queda otra si la primera potencia nuclear del mundo quiere subsistir en su actual forma. Recursos le sobran para conseguirlo.

La derrota de Rusia significaría su desaparición en su estado actual, ya que el objetivo de la guerra impulsada por la OTAN es destruirla, y trocearla en unidades más manejables para apoderarse de sus recursos. Hay diversas declaraciones de altos cargos occidentales en este sentido, que ya he recogido en este blog, pero hoy voy a añadir esta intervención de Kaja Kallas en un panel en mayo de 2024, donde aboga por dividir Rusia en «naciones más pequeñas».

 

Las grietas en la «unidad europea» proporcionan un atisbo de esperanza

El fracaso político de Merz y von der Leyen, que se detestan, pero estaban de acuerdo en apropiarse de los activos estatales rusos para entregárselos a Ucrania, es palmario. Alemania se ha visto obligada a rebobinar en su sempiterna oposición a emitir deuda mancomunada, pero la reunión del Consejo Europeo ha dejado al aire las vergüenzas de la Unión.

Antes de comenzar la cumbre, la presidenta de la Comisión se despachó con este ramalazo de autoritarismo: “Nadie abandonará la cumbre de la UE hasta que se resuelva la cuestión de la financiación de Ucrania”.

Como acertadamente señala el periodista Thomas Fazi, todo el episodio en torno a los activos rusos ilustra cómo opera la Unión Europea: “Mediante la fabricación de falsas dicotomías que impiden una auténtica elección política, se presentó a los Estados miembros una dura alternativa: o aceptaban confiscar los activos congelados de Rusia o se preparaban para financiar colectivamente un nuevo préstamo masivo”.

La tercera opción, abandonar una estrategia fallida, dejar de financiar una guerra perdida, e intentar buscar una salida negociada, que intente al menos salvar los muebles en Ucrania, antes de que se produzca el colapso, ni siquiera fue considerada.

Thomas Fazi subraya que la decisión del Consejo Europeo “expuso la naturaleza cada vez más autoritaria de la Unión, dispuesta a pasar por alto los intereses nacionales y a descartar las restricciones legales, las normas democráticas y la racionalidad económica básica en pos de cruzadas ideológicas”. Una cruzada cuyos promotores saben de sobra que está perdida, pero que pretenden seguir alimentando con argumentos tan falaces como el de Friedrich Merz:

Dos días después, Macron declaraba que Europa debería plantearse restaurar el diálogo con Putin, en el caso de que las negociaciones para alcanzar la paz en Ucrania que estaba dirigiendo Estados Unidos fracasaban. Después de las disensiones entre Merz y Macron en torno al método para seguir financiando la guerra en Ucrania, las declaraciones del presidente francés suponen otra grieta no sólo en la Unión, sino en el eje francoalemán que, históricamente, ha sido el motor de la organización. Después de Macron, han surgido otras voces, en el Reino Unido, y en la propia Alemania, que también se han mostrado a favor de restablecer el diálogo con Putin.

Macron dice que Europa tendrá que dialogar con Putin si fracasan las conversaciones de paz de Estados Unidos. Reuters.

Bienvenidas sean estas grietas. Ojalá se ensanchen y se profundicen hasta resquebrajar los cimientos de la Unión Europea y provoquen el derrumbe de ese leviatán burocrático, autoritario y antidemocrático, que nació como un plan de cooperación económica, y que ha mutado en un proyecto geopolítico militarizado, que se confunde con la OTAN, salvo por las excepciones de quienes no tragan con ese enfoque al servicio de intereses ajenos o espurios.

Un proyecto que nació fracasado, desde que abrazó el delirio de las sucesivas administraciones demócratas de infligir una derrota estratégica a la primera potencia nuclear, usando un intermediario. La pretensión de la Unión Europea de convertirse en un actor geopolítico con peso en el mundo multipolar partió de una falsa premisa: que le iba a ir bien convertirse en lacayo de Estados Unidos, abandonando toda autonomía estratégica. La única esperanza que le queda a Europa es que la Unión Europea se disuelva, desaparezca, y los pueblos y naciones que conforman el viejo continente recuperen, o alcancen, su soberanía, su capacidad de decisión.

A la pandilla de mediocres que acaudillan la Unión Europea todo esto de la geopolítica les viene muy grande. Ahora sólo pretenden mantener y controlar unos flujos multimillonarios de efectivo, al margen de cualquier medida de control, hacia el pozo sin fondo en que se ha convertido Ucrania, e intentar arrastrar a Estados Unidos a la guerra que diseñó en Europa para que les resuelva la papeleta frente a Rusia. No parece que Trump esté por la labor de entrar a una confrontación directa con Rusia pero, por el bien de todos, roguemos que no ceda a las presiones de los halcones y nos ahorre la hecatombe.

Por qué Putin colabora en el teatro de la mediación de Trump

8 de diciembre de 2025

Putin le echa el primer cable a Trump en Estambul

Vladímir Putin ya le había echado un cable a Donald Trump en mayo, como analicé en este artículo. Para sacarlo de la encerrona preparada por Keith Kellogg – que abandonará su puesto en enero – y los neoconservadores de Estados Unidos y Europa, el presidente ruso ofreció abrir conversaciones directas con Ucrania en Estambul. Trump se aferró a la propuesta porque le permitía esquivar el marco impuesto por los neoconservadores: exigir a Rusia un alto el fuego de 30 días antes de negociar nada, e imponer “sanciones aplastantes” a Moscú y a terceros países si rechazaba el ultimátum.

Trump no estaba dispuesto a aceptar ese planteamiento. Sabía que Rusia rechazaría el alto el fuego y que las sanciones de “jurisdicción de brazo largo”, como las califica China, iban a ser desafiadas por Xi Jinping y Narendra Modi, dejando en evidencia la supuesta capacidad de presión estadounidense. Rusia, además, no tenía motivo alguno para detener su avance en el frente: va ganando, y una tregua sólo daría aire al debilitado ejército ucraniano y a sus desfondados aliados europeos.

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Europa recurre al belicismo, la censura y el autoritarismo para tapar su desastre estratégico

17 de noviembre de 2025

Las élites europeas pisotean los valores que afirman defender

Desde su inicio, los ideólogos de la guerra contra Rusia en Ucrania enmarcaron su embestida como un conflicto entre las democracias y el autoritarismo, encarnado por el nuevo malvado de turno, Vladímir Putin. Hoy en día, siguen haciéndolo, presentando al gobierno de Kiev como epítome de la defensa de la democracia, a pesar de todos los hechos en contra que lo desmienten: ilegalización de partidos, hipercontrol estatal de los medios de comunicación, y un lodazal de corrupción que apunta al entorno más próximo al propio Zelenski, que sigue aferrado al poder más allá del límite de su mandato, sin convocar elecciones.

Al peón todo se le permite. Para eso está poniendo, literalmente, toda la carne de sus compatriotas en el asador. Aquí empieza la traición de las élites europeas a los valores que afirman defender. Para sostener el relato del conflicto entre las democracias y los regímenes autoritarios, entre los que, aplicando un doble rasero, se añade a conveniencia a China, Corea del Norte o Irán, pero se excluye a las petromonarquías o a exterroristas aupados al poder, como Al Jolani en Siria, las élites europeas deberían velar por que Zelenski guardara medianamente las formas. No es el caso.

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