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Por qué las élites europeas son responsables del ascenso del nacionalpopulismo

17 de septiembre de 2026

La agenda de las élites va en contra de la ciudadanía

La reciente victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones del estado de Sajonia-Anhalt, y las reacciones que ha provocado en las élites europeas, me animan a meterme en jardines ideológicos. Provenientes desde derecha e izquierda del poder establecido, escuchamos severas advertencias sobre el peligro que amenaza a “nuestra democracia” si permitimos que las hordas de la ultraderecha culminen su asalto al poder. Nótese el posesivo “nuestra” que utilizan para calificar a la democracia. 

Las reminiscencias que presenta la pancarta del edificio sede de la Comisión Europea en Bruselas con la iconografía de la película 1984, basada en la novela de George Orwell, son inquietantes. Más preocupante aún es la apropiación de un término por parte de las élites como patente de corso para implementar sus políticas, para blanquear un régimen que nada tiene que ver con la voluntad popular, y menos aún con las necesidades de la ciudadanía. Todo se hace en nombre de la democracia.

Lo de “nuestra democracia” significa lo que le venga en gana a Úrsula von der Leyen y sus gerentes en las capitales europeas, disfrazados de presidentes o primeros ministros. El que critique sus designios, es un agente que pretende socavar la democracia, probablemente con acento ruso. El paralelo con el antisemitismo que esgrimen los genocidas sionistas para acallar las críticas a la limpieza étnica que perpetran en Palestina es obvio.

A la izquierda, la sede de la Comisión Europea. A la derecha, cartel de la película 1984.

Las élites viven en un mundo paralelo, de su propia invención, que choca con la realidad, que no les interesa reconocer, porque entra en contradicción con su agenda. Las élites viven y actúan únicamente como meros gestores para satisfacer los intereses del poder establecido: el que nunca se presenta a las elecciones, porque no le hace falta.

Colateralmente, las élites también se preocupan por sus carreras profesionales. Las puertas giratorias entre los más altos cargos nacionales y las organizaciones supranacionales están bien engrasadas. Como su ascenso en los puestos burocráticos depende de su obediencia, se esfuerzan por cumplir los objetivos asignados, que se sitúan en las antípodas de las necesidades de la población, por la que dicen trabajar. Pero la gente no les importa nada: están pasando por encima de nosotros, llevándonos a la ruina, con tal de cumplimentar su agenda.

Las élites andan ahora muy ocupadas tratando de ocultar el fracaso de sus políticas para con la ciudadanía, apelando al espantajo de la amenaza rusa. Quienes recuerdan las causas de la actual fase de la guerra en Ucrania – la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas, el golpe de Estado del Maidán en 2014 – son acusados de utilizar los argumentos del Kremlin, aunque sean incontrovertibles. Cualquiera que abogue por restablecer la interlocución con Rusia, no digamos ya entablar negociaciones, se topa indefectiblemente con alusiones a las consecuencias que tuvo la política de apaciguamiento con Hitler. Que fue el que invadió Rusia.

Más del 60% de las empresas alemanas quieren reanudar la importación de gas procedente de Rusia, el que ha alimentado durante décadas la locomotora de la Unión Europea. Su petición ha sido rechazada por el gobierno. Annika Einhorn, representante del Ministerio de Economía, decía el año pasado que Alemania no le compra gas a Rusia, porque la “libertad de la energía” es de gran importancia, aunque reconoce que en las importaciones alemanas podría haber “moléculas” de gas ruso. Las élites se ríen de nosotros en nuestra cara.

Más del 60% de las empresas alemanas están a favor de comprar energía a Rusia. Logos Press Business Review, 1 junio 2026.

He documentado profusamente en este blog las nefastas consecuencias de las sanciones a Rusia. Sólo han conseguido empobrecer a Europa, y han fracasado en sus principales objetivos: detener la maquinaria bélica rusa en Ucrania y forzar un cambio de régimen en Moscú. La ciudadanía europea es la que está pagando los efectos de la agenda geopolítica de las élites. Por eso, entre otras razones, se está produciendo un giro hacia los partidos nacionalpopulistas, que anteponen en sus discursos las necesidades de sus países, y se muestran mayoritariamente en contra de la guerra contra Rusia.

The Spectator.

La guerra contra Rusia es un proyecto de Estados Unidos que ha fracasado, como admiten ya medios convencionales de occidente, del que la Unión Europea se ha mostrado vasalla, en detrimento de sus intereses como polo de poder. La ciudadanía no está por la labor de ir a la guerra, y una parte importante del voto que recibe el nacionalpopulismo surge de esa oposición a la política oficial. Lo que quiere la ciudadanía es que le solucionen sus problemas: la carestía de la vida, la inaccesible vivienda, los salarios que no llegan a fin de mes, el desempleo…

Ausencia de autocrítica en las reacciones de las élites ante la victoria de Alternativa para Alemania en Sajonia-Anhalt

Excepto los partidos de la misma cuerda, que han celebrado la victoria de Alternativa para Alemania – aunque con matices en el caso de Rassemblement National, el partido de Marine Le Pen  – las reacciones ante el triunfo de AfD han competido por ver quién metía más miedo al electorado. Teniendo en cuenta que el año próximo se celebran elecciones legislativas en España, Italia, Polonia y Finlandia, y presidenciales en Francia, las élites están usando una estrategia que se ha demostrado muy eficaz: asustar al votante.

En Alemania, el canciller Friedrich Merz calificó el momento actual de lucha por la supervivencia de los valores europeos, mientras defendía su decisión de forzar una votación del parlamento saliente para eliminar el techo de deuda pública, hipotecando a las generaciones futuras por valor de cientos de miles de millones de euros, para destinarlos a gasto militar. Sabía que los escaños de AfD en el parlamento entrante iban a impedir entrampar a Alemania para alimentar la guerra contra Rusia en Ucrania.

En Francia, el ministro de Finanzas, Roland Lescure, habló de una «señal muy, muy preocupante». «Demuestra que nos enfrentamos a un gran desafío ante una ola populista que se está extendiendo por todo el mundo y a la que debemos resistir». El ministro no hizo ninguna referencia al desplome de la cota de popularidad del presidente, Emmanuel Macron, que se sitúa en el 16%, ni de su primer ministro, Sébastian Lecornu, que se queda en el 20%, según un sondeo de IPSOS.

Índices de popularidad de Emmanuel Macron y Sébastian Lecornu. IPSOS.

En Polonia, el ministro de Asuntos Exteriores, Radoslaw Sikorski, declaró que su victoria constituía “una señal muy preocupante”. Es el mismo ministro que agradeció a Estados Unidos la voladura de los gasoductos Nord Stream, literalmente. Donald Tusk, el primer ministro polaco, prefirió insultar a los simpatizantes de otros partidos: “En Polonia, solo los idiotas o los traidores pueden alegrarse del triunfo de la AfD en Alemania. Se han acumulado unos cuantos en Konfederacja y PiS.”

En el Estado español, Pedro Sánchez también metía miedo: “Lo que vimos ayer en Sajonia es un aviso de que la amenaza ultra gana terreno en Europa y el mundo”, aprovechando para subrayar la necesidad de un “gobierno progresista”. Según la Moncloa, España ha donado casi 4.000 millones de euros a Ucrania. Para Sánchez, “la amenaza ultra” es la que se opone a que Europa siga financiando a los ultras ucranianos, como es el caso de Alice Weidel, colíder de AfD, que acaba de urgir a Friedrich Merz a que «finalmente empiece a impulsar conversaciones de paz, tal como lo está haciendo Estados Unidos.»

Kaja Kallas, la responsable de la política exterior de la Unión Europea, expresaba su preocupación por la creciente popularidad de partidos políticos que no reconocían la gravedad de la amenaza rusa. Y aquí está la clave: lo preocupante para las élites es que su discurso del miedo no cala.

Úrsula von der Leyen respondía a su estilo: regalando otros 6.100 millones a Ucrania para, supuestamente, comprar armamento. Es imposible averiguar el destino real de los 221.200 millones de euros que la Unión Europea ha destinado al gobierno de Kiev, porque no hay ningún mecanismo de control establecido. Quizá porque no interesa. Aunque, tímidamente, algunos en Europa están empezando a hacerse preguntas sobre dónde acaba todo ese dineral.

Ucrania dice que necesita 27.000 millones de dólares más. Europa quiere saber por qué. New York Times, 9 septiembre 2026.

Entre todas las advertencias sobre el peligro que representa el ascenso de la ultraderecha, no encontramos ni el menor vestigio de autocrítica. Como si las políticas de las élites no tuvieran ninguna influencia en el auge de los partidos nacionalpopulistas. Como si el viraje del electorado no tuviera nada que ver con que suban los partidos que anteponen en sus discursos los intereses nacionales, frente a las agendas dictadas en Washington, Bruselas y Londres. Como si la crisis económica que asola Europa, a consecuencia de la decisión de prescindir de las fuentes energéticas que alimentaba su industria, no fuera una de las causas que han impulsado las posiciones nacionalistas.

Pareciera que la frustración que expresa el electorado fuera consecuencia de algún fenómeno natural, o hubiera caído presa de un embrujo. Como si los votantes no estuvieran sufriendo las consecuencias de las decisiones de las élites europeas en el ámbito geopolítico, y sus derivadas instantáneas en las economías domésticas.

Esas mismas élites que se esfuerzan en vendernos que la inflación provocada por el aumento de los precios de la energía se debe, únicamente, a la guerra iniciada por sus supuestos aliados, Estados Unidos e Israel, contra Irán, obviando las repercusiones de la voladura de los gasoductos Nord Stream y las sanciones impuestas a Rusia.

El caso Volkswagen como paradigma de la desindustrialización europea

Por poner un ejemplo, hablemos de Volkswagen. La empresa ha anunciado el recorte de hasta 100.000 empleos, de un total de 650.000, y ha citado una serie de factores que le obligan a esta reestructuración salvaje: los altos costes laborales, el exceso de capacidad de sus fábricas, la menor demanda en Europa, la competencia de China y el elevado coste de la transición tecnológica. La suma de estos factores hace su modelo de negocio “insostenible”. Ni una palabra sobre el aumento del coste que mueve las fábricas: la energía.

Sin embargo, la Asociación Alemana de la Industria del Automóvil (VDA), alertaba en septiembre de 2022, de que el sector había dejado de ser competitivo precisamente por el alto precio de la energía. Su presidenta, Hildegard Müller, declaró: «La situación, especialmente para las medianas empresas del sector de la automoción, se está volviendo cada vez más dramática. La cuestión de los costes energéticos debe ocupar un lugar prioritario en la agenda política».

Precios de la energía y seguridad en el suministro: Alemania carece de competitividad. VDA, 2022.

La ausencia de referencias al incremento brutal del precio de la energía es significativa en el caso de Volkswagen, porque es una empresa parcialmente pública: el Estado de Baja Sajonia posee el 11,8% de su accionariado, controla el 20% de las acciones ordinarias con derecho a voto, y tiene dos miembros en el consejo de supervisión. Por eso no encontramos ni una sola referencia al incremento del precio de la energía, porque no encaja con la narrativa europea de alcanzar la “independencia energética de Rusia”.

El coste de la “independencia energética de Rusia”

¿Cuál ha sido la reacción de la Unión Europea ante el incremento del precio de la energía? Redoblar sus esfuerzos para prescindir de la más barata, la que le suministraba Rusia, sustituyendo la famosa “dependencia” de Rusia por la de Estados Unidos. El gas natural licuado que le vende es el más caro del mercado para Europa, y ya es el primer proveedor de la UE.

En otras palabras: negar la realidad, proseguir la huida hacia adelante, y profundizar en las políticas que le han llevado a la actual situación de crisis: la Unión Europea lleva 21 paquetes de sanciones a Rusia, y está preparando el siguiente. Como si los anteriores hubieran servido para algo, aparte de llevarnos a la ruina.

¿Cuál ha sido el coste total de esas políticas? Incalculable, pero atengámonos a lo que sí está tabulado. Según la propia Unión Europea, en su informe de 2023 sobre el Estado de la Energía en la Unión, los países miembros de la UE gastaron, sólo en el año 2022, 390.000 millones en subsidios para paliar el incremento de los precios energéticos. Según otro informe de Bruegel, un gabinete de estudios con sede en Bruselas, la Unión Europea se gastó 540.000 millones entre septiembre de 2021 y junio de 2023 en subsidios, de los cuales 158.000 millones correspondieron a Alemania.

Fondos que los gobiernos destinaron y asignaron para proteger a los hogares y las empresas de la crisis energética (septiembre de 2021 – enero de 2023), % del PIB. Bruegel.

La Agencia Internacional de la Energía calcula en un 13% el descenso en el consumo de gas en la Unión Europea en 2022, debido al incremento de su precio.  Se produjo una destrucción de la demanda, especialmente en el sector industrial, que redujo su consumo de gas en un 25%. En lenguaje llano: desindustrialización, reducción de la producción, pérdida de empleos. A pesar de lo que la AIE califica de “caída histórica de la demanda”, la agencia calcula en cerca de 400.000 millones de euros la factura del gas para la Unión Europea en 2022, más del triple que en 2021.

Es imposible estimar cuál ha sido el coste total para la economía europea de la decisión de prescindir, en gran medida, del gas y del petróleo provenientes de Rusia. Pero es indudable que la decisión ha provocado un empeoramiento de la capacidad adquisitiva de la ciudadanía, de su calidad de vida, y de que los votantes están expresando su descontento votando a partidos que anteponen en sus discursos los intereses nacionales, por encima de los geopolíticos dictados desde Washington, Bruselas y Londres.

El nacionalpopulismo marca la agenda política

El nacionalpopulismo ha sabido recoger el hartazgo de la ciudadanía por unas políticas que sólo han causado un empobrecimiento generalizado de la ciudadanía. El nacionalpopulismo ha conseguido mover las posiciones en la ventana de Overton hacia las que le favorecen netamente, lo que denota otro fracaso político de las élites en el poder. Se acusa de xenofobia a los “partidos patrióticos”. Sin embargo, en lugar de combatirla, las élites la han abrazado e incorporado a sus propuestas, con la esperanza de sacar el agua de la pecera y ahogar al pez. Craso error.

El País, 13 septiembre 2026.

Cuando Giorgia Meloni, antes de ser domesticada, proponía expulsar a los inmigrantes a centros de detención para extranjeros fuera del territorio de la Unión Europea, las élites europeas ponían el grito en el cielo. Ahora, la socialdemócrata Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca, ha hecho piña con Giorgia Meloni para proponer conjuntamente lo que en 2014 calificaba de ocurrencia “cómica”.

Italia y Dinamarca unen fuerzas contra la inmigración irregular y exigen centros de devolución fuera de la UE. Demócrata, 10 agosto 2026.

Gabriel Attal, ex primer ministro de Emmanuel Macron, defendió la introducción de cuotas restrictivas de inmigración, para lo que habría que modificar la Constitución. Un tabú que aseguró estar dispuesto a romper: “Controlar la inmigración es uno de los grandes fracasos de los dos últimos mandatos presidenciales”.

El poder establecido, especialmente en su margen izquierdo, emplea a fondo el argumento del miedo frente al ascenso de la ultraderecha. Conscientes de la pobreza de su desempeño frente a las necesidades de la ciudadanía, las élites se auto erigen en bastión de la defensa de los “valores europeos” y “nuestra democracia” para intentar salvar los muebles.

Sin embargo, como ha apuntado Gabriel Attal, “el dique de contención frente a la extrema derecha” ya no es “un proyecto político suficiente para lograr que una mayoría de electores se adhiera a él”. Giorgia Meloni, desde otro ángulo político, venía a decir lo mismo: la estrategia del “cortafuegos” desplegada por los partidos convencionales en Alemania para mantener a AfD alejada del poder no funciona.

El discurso del malmenorismo que despliega la izquierda en España, también se está demostrando insuficiente para frenar a Vox. Su abandono de lo que debería ser su bandera, la lucha de clases, para enfangarse en las guerras culturales, es otro motivo de su incapacidad para recoger el descontento de la población.

Según nos recuerda El País, “La ultraderecha ya gobierna o cogobierna en ocho de 27 Estados miembros del Consejo Europeo. Y esas fuerzas marcan la conversación en Bruselas en inmigración, en temas medioambientales y energéticos”. “El panorama político ha mutado. El desencanto de los votantes es enorme y las fuerzas tradicionales no están sabiendo conectar con ellos”. “Ahora, el desafío es cómo recuperar a ese electorado que se ha marchado a la extrema derecha sin asumir el marco político que esas fuerzas ultras han conseguido imponer”, según “una alta fuente comunitaria”.

No es la xenofobia, es la guerra contra Rusia

Hasta ahora, el poder establecido no ha tenido inconveniente en ir asumiendo progresivamente el marco de las “fuerzas ultras” en materia de inmigración. Aunque sigue esgrimiendo las críticas a su xenofobia, cuya existencia es indiscutible, las posiciones sobre la inmigración también se están desplazando en Bruselas por la ventana de Overton. La mención de Úrsula von der Leyen, en su discurso sobre el estado de la Unión, a una nueva estrategia en el Marco Europeo de Respuesta a Emergencias, que podría incluir una suspensión del derecho de asilo en determinados casos, así lo demuestra.

El discurso xenófobo, en contra de lo que cree el electorado que se deja seducir por él, no es en absoluto antisistema, sino que viene a robustecerlo. La estigmatización del inmigrante, hasta llegar a su criminalización, es un marco que en el que las élites se sienten muy cómodas, por eso lo están asumiendo progresivamente: las personas venidas de fuera se convierten en competidoras por el puesto de trabajo, son los culpables de la presión sobre los salarios a la baja, del aumento de las listas de espera en la sanidad pública, y hasta del aumento de la delincuencia.

Aunque sean imprescindibles para suplir la falta de natalidad de los europeos, y se ocupen de los trabajos menos cualificados, los emigrantes cumplen la función de chivo expiatorio sobre el que desviar la atención de lo realmente importante: el fracaso de las élites a la hora de aplicar políticas efectivas para mejorar las condiciones de vida de la población. Un aparente fracaso que responde a la misión que le han encomendado quienes realmente ostentan el poder, en la que sí se están coronando: transferir la mayor cantidad de riqueza posible desde la mayoría de la población hacia quienes ya acumulan el grueso.

A las pruebas me remito. Este es el gráfico de la distribución de la riqueza en los hogares en la zona euro. No hace falta ser economista para ver que el decil más rico, en color verde oscuro, que se corresponde con el 10% de la población más rica, ha visto aumentada su patrimonio neto en una mayor proporción que el resto de los deciles, especialmente del 50% más pobre. Los datos y la gráfica son del Banco Central Europeo.

Gráfico: BCE.

Pero donde las élites se plantan en redondo frente al nacionalpopulismo es en su oposición a seguir financiando la guerra de Ucrania contra Rusia. De ahí la demonización de los partidos en el extremo derecho del arco, que se atienen a los resultados para sus países de la agenda geopolítica dictada por Washington, y adoptada con entusiasmo por Bruselas: desindustrialización, empobrecimiento, inflación, pérdida de poder adquisitivo.

Todos los partidos, sin excepción, que se oponen a la guerra contra Rusia son calificados inmediatamente de “prorrusos”. Quienes proponen entablar un diálogo para resolver las diferencias con Rusia, evitando los cañonazos, en lugar de ser pacifistas, son agentes de Putin.

En 2024, Alice Weidel declaraba que “No necesitamos una guerra en Ucrania. La paz en Ucrania va en interés de Alemania. No quiero que haya soldados y armas alemanas enviadas a Ucrania. Estoy avergonzada de que, después de la Segunda Guerra Mundial, tanques alemanes estén siendo utilizados otra vez contra Rusia. Esto es una desgracia para nuestro país”.

La tasa de aprobación de Friedrich Merz está en el 14% a nivel nacional. En los estados federados al este, cae a tasas de un dígito. Al canciller le da igual. Tras la enésima reunión de las élites europeas, esta vez para asustarnos con la amenaza rusa en el océano Ártico, Merz declaraba, desafiante, que no pensaba “ceder ni un centímetro” en el apoyo a Ucrania, e instaba a “convencer a la gente de que va en nuestro interés hacerlo”.

La última encuesta con relación a las próximas elecciones en el estado de Mecklemburgo – Pomerania Occidental, le dan un 37% a Alternativa para Alemania, frente a un 7% de la CDU, el partido de Merz, que cancelaba su viaje a Nueva York, en medio de una rebelión ya abierta en su partido.

El poder establecido en Alemania tiene un plan para contener a la extrema derecha. Algo así. Politico, 24 agosto 2026.

¿Forzará la CDU a Merz a cambiar sus políticas, basadas en el endeudamiento para sacar a Alemania de la recesión? ¿O pondrán en marcha la operación para desactivar a Alternativa para Alemania o, incluso, ilegalizarla, como ya se ha planteado? En mi opinión, harán cualquier cosa menos reconocer que se han equivocado, dar marcha atrás y corregir. Porque de lo que se trata es de salvar “nuestra democracia”.

Mientras tanto, la ciudadanía ha reformulado su manera de recordar a las élites que sigue esperando una respuesta a sus necesidades: apoyando al nacionalpopulismo. A ver si así se dan finalmente por aludidas. Lamento ser pesimista.

La Unión Europea alista a Moldavia y Armenia en su guerra contra Rusia

23 de junio de 2026

La estrategia europea para conseguir nuevos peones en su lucha contra Rusia

Tras fracasar en la operación de cambio de régimen en Georgia en 2024, sobre la que escribí en este artículo, las élites de Bruselas están redoblando sus esfuerzos por asegurarse el control de Moldavia y Armenia, a las que considera piezas necesarias en su estrategia de guerra contra Rusia. La posición geográfica de ambos países es muy golosa.

Los movimientos que la Unión Europea está desplegando en Moldavia y Armenia están muy claros: se trata de alistarlos en la estrategia de Bruselas de rodear a Rusia por todos los flancos posibles. Tras la expansión de la OTAN hasta las mismas fronteras de la Federación Rusa, el bloque occidental trata de asegurarse el control de la mayor cantidad posible de territorio a su alrededor, colocando gestores que profesen obediencia a los dictados de Bruselas.

Mapas de Moldavia y el Cáucaso.

En ambos casos, la Unión Europea está ofreciendo el señuelo de la incorporación a la organización como herramienta para que las élites moldavas y armenias convenzan a la población de que la pertenencia al club europeo resultará beneficiosa. Nada más lejos de la realidad.

El objetivo de Bruselas es el de fabricar nuevos peones para sacrificar en su guerra contra Rusia. La ciudadanía de Moldavia y de Armenia debería mirarse en el espejo de lo que le ha ocurrido a la ucraniana. Porque ese es el futuro que les espera: convertirse en carne de cañón, si finalmente las élites europeas no se conforman con agitar el fantasma de la amenaza rusa, para seguir alimentando los opacos flujos de dinero que ahora manejan, y nos embarcan de verdad en una guerra contra la primera potencia nuclear del mundo. Porque los hay tan zumbados que se creen su propia propaganda.

Estamos listos para luchar contra Rusia esta noche, promete el jefe de la fuerza aérea alemana. The Telegraph, 15 junio 2026.

Ucrania es ya un estado fallido, que sobrevive gracias a los miles de millones que las élites europeas sacan de nuestros bolsillos para entregárselos a su contraparte, igualmente corrupta, en Kiev. Estados Unidos se limita ya prácticamente a hacer negocio vendiendo armas a los pagafantas europeos, que luego las transfieren a Ucrania. El país ha perdido la mitad de su población desde su independencia, en 1991. Este es un cálculo aproximado, basado en distintas estimaciones, ya que en Ucrania no se efectúa un censo desde 2001. ¿Será que las autoridades le tienen miedo al resultado?

En el caso de Moldavia, su frontera con Ucrania le convierte en una zona de amortiguación, susceptible de quitarse el chándal y saltar al terreno de juego. Para eso las élites europeas han colocado a Maia Sandu al frente del país, con el voto de la diáspora, gracias al cual la candidata preferida de Bruselas se hizo con la presidencia. Ucrania se está quedando sin hombres a los que enviar al frente, por mucho que los reclutadores se esfuercen en secuestrar a los pocos que se atreven a salir a las calles. La contestación ciudadana a los intentos de abducción va en aumento. Hace falta banquillo.

Por eso en Ucrania ha saltado, de manera nada casual, el debate sobre la conveniencia, o necesidad, de reclutar mujeres para enviar al frente. Un debate acompañado de una campaña propagandística gubernamental, con proliferación de cartelería y apelaciones al patriotismo, desplegada en zonas ruso-parlantes, especialmente en la región de Járkov.

La escasez de tropas en Ucrania reabre el debate sobre el reclutamiento de mujeres. El País, versión en inglés, 29 mayo 2026.

Veteranka, un movimiento de mujeres veteranas, ha diseñado la campaña «¡Las mujeres pueden hacer cualquier cosa!» La operación de propaganda fue lanzada el pasado 8 de marzo en Ucrania, con carteles donde se representa a las mujeres en uniforme militar, equiparándolas a superheroínas, al estilo de los cómics. Una portavoz de Veteranka aseguraba que “Esta campaña nos recuerda que la participación de las mujeres en el ejército no es una excepción, sino la nueva normalidad multifacética.» Las cifras oficiales del Ministerio de Defensa le dan la razón. En 2025, había más de 70.000 mujeres sirviendo en las fuerzas armadas de Ucrania, y más de 5.500 de ellas en la línea del frente.

Poster de la campaña para incentivar el alistamiento de mujeres en Ucrania. Ilustración: Ukrainska Pravda, 7 marzo 2026.

Moldavia tiene fronteras con Ucrania, con el único obstáculo de la región de Transnistria, una franja independiente de facto, donde hay destacado un contingente militar ruso. En febrero de 2023 ya analicé en este artículo la importancia estratégica del país, y el perfil de su presidenta, Maia Sandu. Con pasaporte rumano, educada en Harvard y partidaria de entrar en la OTAN, la Unión Europea concedió al país que preside Sandu el estatus de candidato a la adhesión en 2022. El mismo año en el que tropas rusas se adentraron en Ucrania.

Aupada al poder con los votos de la diáspora, Maia Sandu achaca todos los problemas de su país a la perniciosa influencia rusa. En diciembre de 2022, Moldavia suspendió las licencias de transmisión a seis canales que emitían en ruso, por considerar que no proporcionaban una cobertura lo suficientemente correcta sobre las protestas que tenían lugar en el país. El partido Shor, tildado de “prorruso”, fue ilegalizado en 2023, basándose en informes del gobierno de Estados Unidos. Moldavia ha adoptado el mismo patrón que Ucrania, baluarte de la democracia, en relación con la supresión de medios de comunicación y la ilegalización de partidos.

El 15 de junio, el Consejo Europeo anunciaba un hito en el proceso para la integración de Moldavia en la Unión Europea: arrancaban las negociaciones del primer “clúster” – que incluye los denominados “fundamentales” – en la jerga de Bruselas. El procedimiento se compone de seis “clústeres”, por lo que el caramelo del ingreso se va a hacer de rogar. La primera Conferencia de Acceso entre la UE y Moldavia se celebró hace ahora dos años.

Occidente trata de controlar el Cáucaso desde los años 90

El Cáucaso ha sido una región en el punto de mira de occidente desde los años 90 del siglo pasado. Debemos recordar los movimientos separatistas en Chechenia, que comenzaron a mediados de esa década, y se reprodujeron hasta entrado el presente siglo. Ambos estallidos fueron neutralizados por Rusia con gran esfuerzo. Tras dos largas guerras, Moscú consiguió atajar los intentos de occidente de colocar otro peón en el Cáucaso, sin que los europeos condenaran los atentados terroristas a los que recurrieron los separatistas. Los tan cacareados “valores europeos” se meten en un cajón cuando de lo que se trata es de desestabilizar a Rusia.

Tras fracasar en Chechenia, occidente colocó a Mijaíl Saakashvili como presidente de Georgia tras una revolución de colores. Sin embargo, la operación tampoco obtuvo resultados para sus promotores, a pesar de que el candidato, formado en Estados Unidos, presidió el país en dos ocasiones. Saakashvili acabó en una cárcel, años después del fracaso de la temeraria operación lanzada contra Osetia del Sur en 2008, con la pretensión de recuperar el control del territorio secesionista, que se había independizado de facto hacía 16 años.

La respuesta rusa fue en esta ocasión rápida y contundente: tardó escasos días en derrotar al ejército georgiano, que había sido entrenado y armado por Estados Unidos e Israel. Abjasia y Osetia del Sur siguen gozando de una independencia de facto, reconocida por Moscú. Osetia del Norte forma parte de la Federación Rusa.

En 2024 y en 2025, las élites europeas trataron de forzar otro cambio de régimen en Georgia. El partido en el poder, Sueño Georgiano, se mantuvo firme frente a las turbas violentas que trataban de asaltar el parlamento, enfundados en banderas de la UE. Unos “manifestantes pacíficos”, según el CSO Meter, un proyecto financiado por la Unión Europea, junto a Ucrania, Moldavia y Armenia. ¡Qué casualidad!

El CSO Meter es el clásico ejemplo de los gabinetes confeccionados a medida de la agenda de sus promotores.

El CSO Meter es un instrumento “para el seguimiento del entorno en el que operan las organizaciones de la sociedad civil (OSC) en los países de la Asociación Oriental”, según leemos en su sitio web. Los pacíficos manifestantes georgianos, además de usar cañones pirotécnicos contra la policía y portar banderas de la Unión Europea, también exhibían la de Ucrania. Sus pancartas estaban escritas en inglés, para que las entendiera todo el mundo.

La revolución de terciopelo dirige a Armenia hacia la UE y la OTAN

En octubre de 2023 escribí un artículo donde advertía del giro hacia las organizaciones occidentales que estaba imprimiendo Nikol Pashinian a Armenia. Encumbrado como presidente tras la denominada revolución de terciopelo en 2018, Pashinian se apresuró a declarar sus intenciones de reforzar la cooperación de Armenia con Estados Unidos y la Unión Europea.

El 1 de abril de 2026, Nikol Pashinian se reunió con Vladimir Putin en Moscú, junto a nutridas delegaciones de ambos países. El resumen del encuentro publicado por el Kremlin podría sintetizarse con un dicho ruso: no puedes sentarte en dos sillas a la vez. Putin advirtió a Pashinian que la pertenencia simultánea a una unión aduanera con la Unión Europea y la Unión Económica Euroasiática es económicamente inviable, debido a las diferencias en las normas comerciales, el acceso a los mercados y los requisitos fitosanitarios para los productos agrícolas.

Además, Putin le recordó a Pashinian que Rusia le vende el gas a Armenia a un precio muy inferior al que cotiza en los mercados europeos, donde alcanza los 600 dólares por 1.000 metros cúbicos, frente a los 177,5 que paga Armenia. Pashinian reconoció en el Kremlin que la pertenencia simultánea a los dos bloques es incompatible, pero insistió en que, por el momento, su agenda era compatible con ambos y que, hasta tanto fuera posible compatibilizarlas, lo haría. Llegado el momento de tener que tomar una decisión, aseguró que sería la ciudadanía de Armenia la que se pronunciaría. 

En enero de 2026, Lavrov ya lanzaba un mensaje a Pashinian: desde que Armenia se incorporó a la Unión Económica Euroasiática, su PIB se ha más que duplicado, pasando de 10.500 millones de dólares en 2015 a 26.000 millones en 2025.

El volumen de comercio de Armenia con Rusia alcanza la cifra récord de 14.000 millones de dólares, según Lavrov. Arka News Agency.

En cuanto a las críticas de Pashinian por la actitud displicente de Rusia con relación al conflicto con Azerbaiyán en Nagorno Karabaj, un tema que analicé en octubre de 2023, Putin le recordó a Pashinian que, después de que Armenia reconociera a ese territorio como parte de Azerbaiyán, dejó de tener sentido que la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva, a la que pertenece Armenia, interviniera en un tema que pasó a considerarse un asunto interno de Azerbaiyán.

Parafraseando a Putin, en este caso cabría decir que, al igual que los rusos no podían ser más sirios que los sirios – cuando el ejército de Bashar al Assad no movió un dedo ante la ofensiva de Al Jolani -, tampoco pueden ser más armenios que los propios armenios. ¿Acaso esperaba Pashinian que Rusia fuera a la guerra contra Azerbaiyán para recuperar para Armenia un territorio que había cedido?

Teniendo en cuenta quiénes son sus mentores occidentales, es normal que Pashinian tenga tics cada vez más autoritarios: es lo que mama en Bruselas. Las últimas elecciones parlamentarias celebradas en Armenia han provocado una crisis política por la actitud rufianesca de Pashinian, que amenazó con “aplastar en sus guaridas” a sus opositores políticos, y asegurar que les perseguiría para encerrarles mientras él fuera presidente, tras acusarles de representar una amenaza para la seguridad nacional. El argumento nos suena, ¿verdad?

Las elecciones parlamentarias agravan la crisis política de Armenia. Armenian Weekly.

Durante la campaña electoral, Pashinian se encaraba con la ciudadanía que le increpaba por la calle y, tras hacerse públicos los resultados, terminó retando a la población con estas palabras: “Quienes no estén de acuerdo con esta postura deberían hacer una revolución y cambiar el gobierno.” La oposición en bloque cuestionó los resultados electorales en un comunicado conjunto, donde denunciaron “violaciones sistemáticas y organizadas, que tuvieron un impacto significativo en la libre expresión de la voluntad de los votantes”.

A tres de los principales líderes opositores se les impidió cruzar las fronteras del país; la Comisión Electoral Central autorizó a la fiscalía para iniciar una querella contra Robert Kocharyan, líder del partido Alianza Armenia; la cuarta fuerza política del país se quedó fuera del parlamento por un 0,011% de los votos; y el partido de Pashinian prepara nueva legislación para restringir el derecho de voto a los ciudadanos que pasen menos de 183 días en el país. Bajo el liderazgo de Pashinian, los valores europeos están en plena efervescencia.

El 4 de mayo, un mes antes de celebrarse las cuestionadas elecciones legislativas en Armenia, Nikol Pashinian recibía un espaldarazo de Bruselas. En Ereván, la capital armenia, se celebró la primera cumbre entre la Unión Europea y Armenia.

La UE y Armenia firman un acuerdo de colaboración en materia de conectividad, refuerzan los lazos económicos y profundizan la cooperación en materia de seguridad. EU Neighbours East.

Con la asistencia de los pesos pesados de Bruselas, y casi cuarenta jefes de estado o de gobierno, la presidenta de la Comisión dejó bien claro el propósito de la cumbre: “Esta primera Cumbre UE-Armenia eleva nuestra asociación a un nuevo nivel y establece una dirección y una agenda claras para los próximos años”. El comunicado conjunto publicado tras la cumbre recoge la iniciativa legislativa armenia, lanzada en 2025, para formar parte de la Unión Europea.

Una semana después de la cuestionada victoria del partido de Nikol Pashinian en las elecciones del 7 de junio, Rusia restringía las importaciones de la mayoría de los productos alimenticios, semillas, flores, madera y fertilizantes, que se añadían a las ya suspendidas en mayo de frutas, hortalizas, agua mineral y bebidas alcohólicas, alegando motivos fitosanitarios.

Serguéi Shoigú criticó en mayo las acciones «claramente hostiles» de Ereván hacia Moscú. En concreto, el secretario del Consejo de Seguridad ruso reprochó el protagonismo otorgado por Armenia a Zelenski en la cumbre de la Comunidad Política Europea celebrada en Ereván. Igualmente, expresó su descontento con la adhesión de Armenia a la Corte Penal Internacional, que ha emitido una orden de arresto contra Vladímir Putin. Shoigú también denunció la extradición de ciudadanos rusos a terceros países y el “empeoramiento deliberado de las condiciones de funcionamiento para los operadores económicos rusos”. 

¿Será capaz la Unión Europea de absorber la producción agrícola de Armenia y sustituir a Rusia como primer socio comercial de un país situado en el Cáucaso, con unas relaciones históricas y comerciales con Rusia que se remontan a siglos? En Rusia actualmente viven aproximadamente dos millones de ciudadanos armenios, según le recordó Putin a Pashinian en el Kremlin. Los lazos de la historia, la geografía y el comercio no se alteran de la noche a la mañana…

Estados Unidos también pone su pica en Armenia

El 26 de mayo, menos de dos semanas antes de las elecciones, Marco Rubio hizo una visita relámpago a Armenia: estuvo una hora en el país. Ni siquiera salió del aeropuerto, donde se reunió con el ministro de Asuntos Exteriores armenio, Ararat Mirzoyan. En el encuentro, ambos ministros firmaron la renovación de una “Carta sobre la Asociación Integral y Estratégica” entre Estados Unidos y Armenia, y un memorando de entendimiento sobre minerales críticos.

Sin embargo, los documentos no incluían nada que se pudiera considerar novedoso, y la foto de Marco Rubio firmando papeles junto a su homólogo armenio hay que entenderla como lo que fue: el respaldo de Estados Unidos a Nikol Pashinian, en vísperas de elecciones.

La visita de Rubio a Armenia da un impulso a Pashinian. Eurasianet.com

Dentro de la estrategia de “contener” a Rusia, compartida por Estados Unidos y la Unión Europea, hay que enmarcar el TRIPP, Trump Route for International Peace and Prosperity. Detrás del habitual lenguaje grandilocuente nos encontramos con otra iniciativa más del imperio para extender su hegemonía, esta vez en el Cáucaso.

En agosto de 2025, Trump reunió en Washington a los presidentes de Armenia y Azerbaiyán, donde ambos firmaron una declaración conjunta en la que se comprometían a reconocerse mutuamente la integridad territorial, tras el último episodio conflictivo en torno al enclave de Nagorno Karabaj. Sin embargo, lo más trascendente fue que ambos presidentes respaldaron el TRIPP, el proyecto para crear un corredor de transporte que será desarrollado y gestionado por una empresa controlada al 74% por Estados Unidos durante 49 años, ampliables 50 más.

Trazado propuesto para el TRIPP, que enlazaría Azerbaiyán con el enclave azerí de Najicheván. Ilustración: Carnegie Endowment for International Peace.

El TRIPP eliminó las disposiciones sobre conectividad establecidas para un trazado anteriormente auspiciado por Rusia, en una declaración trilateral de noviembre de 2020, firmada por Aliyev, Pashinian y el presidente ruso Vladimir Putin. Unas condiciones que fueron cuestionadas posteriormente por el presidente de Armenia, después de haberlas admitido, ya que asignaban el papel de supervisión a los guardias fronterizos del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB).

En el caso de materializarse, el nuevo plan otorga a Washington derechos exclusivos sobre la ruta, que proporcionaría a Azerbaiyán una conexión directa con Turquía, y excluiría a Rusia de un proyecto de importancia estratégica. Armenia retendría la jurisdicción sobre los 43 kilómetros del trazado, pero Azerbaiyán tendría “acceso sin obstáculos” al corredor, que las partes firmantes esperan completar en 2028.

El TRIPP aborda el aislamiento de Najicheván, definido en 1921 en sendos tratados como un enclave de Azerbaiyán. Con la caída de la Unión Soviética en 1991 y la guerra de Azerbaiyán con Armenia, se cortaron las rutas de transporte entre ambas zonas. Tras 35 años, reconectar este territorio sigue siendo la prioridad política azerbaiyana. Estados Unidos ha aprovechado la coyuntura para poner su pica en el Cáucaso. Un análisis detallado del TRIPP, las dificultades para su materialización y sus repercusiones geopolíticas puede encontrarse aquí.

La advertencia de Rusia a los candidatos a peones de occidente 

El 11 de junio, Fiodor Lukianov publicaba un artículo en RT que viene a advertir de la encrucijada en la que se encuentran los aspirantes a seguir los pasos de Ucrania. Lukianov es redactor jefe de Russia in Global Affairs, presidente del Presídium del Consejo de Política Exterior y de Defensa, y director de investigación del Club Internacional de Debate Valdai. Teniendo en cuenta el boicot occidental a la versión rusa de los hechos, me parece conveniente difundirla, para poder tener una visión más completa de lo que está en juego.

El título del artículo resume a la perfección la disyuntiva a la que se enfrentan quienes se están dejando cortejar por occidente: “El sueño de Eurasia de pertenecer a la UE ahora tiene un precio antirruso”. Lukianov considera que Armenia sí conoce las posibles consecuencias de alejarse de Moscú, pero no tiene una oferta real y concreta de adhesión a la Unión Europea.

Por el momento, la UE ha ofrecido palabras y un total de 270 millones de euros a Armenia, a lo largo de cuatro años, en un programa para fomentar su “resiliencia y crecimiento económico”. A esta cifra hay que sumar 30 millones, ya desembolsados, para atender a los refugiados expulsados de Nagorno Karabaj, tras el vuelco de Pashinian sobre la soberanía del territorio. Auténticas migajas en comparación con las cifras de intercambio comercial con Rusia, pero suficientes si de lo que se trata es de engrasar a las élites de un país de apenas tres millones de habitantes.

La UE anuncia un nuevo paquete de 270 millones para la resiliencia y el crecimiento de Armenia. EU Neighbours East.

Lukianov argumenta que, en lo que respecta a su proyección internacional, la Unión Europea sigue viviendo de las rentas de su anterior imagen histórica de prosperidad, estabilidad y protección social. Sin embargo, esa imagen ya no se corresponde con la realidad actual, debido a sus problemas internos y al nuevo contexto geopolítico.

La Unión Europea pretende redefinir su perfil en la arena internacional a través de su confrontación con Rusia.  Por lo tanto, acercarse a la órbita de Bruselas implica hoy asumir una postura claramente contraria a Moscú. Lukianov sostiene que los países euroasiáticos deben preguntarse si el “camino europeo” que imaginan aún existe realmente, y si comprenden los costes políticos y geopolíticos que podría conllevar perseguirlo.

Dicho con un lenguaje menos diplomático, la ciudadanía de los países que están siendo seducidos por Bruselas con el señuelo de una prosperidad que ya no existe, deberían sopesar si desean acabar en la ruina, además de convertirse en la nueva carne de cañón del proyecto belicista europeo contra Rusia, una vez agotados los recursos humanos en Ucrania. Porque esa es la única prosperidad que les espera, si se tragan el señuelo que Bruselas les está lanzando. Si sus élites insisten en arrastrarles por el camino de la perdición, deberían hacerle caso a Pashinian, montar una revolución, y forzar un cambio de rumbo, antes de que sea demasiado tarde.

Los ataques de Estados Unidos a Venezuela e Irán liberan a Rusia de la presión de China sobre Ucrania

29 de mayo de 2026

China afloja la presión sobre Rusia tras el viaje de Trump a Pekín

La intervención armada de Estados Unidos en Venezuela y la guerra desatada contra Irán, proveedores ambos de petróleo a China, ha evidenciado que el objetivo de la Casa Blanca sigue siendo el mismo, independientemente del inquilino de turno: debilitar a China. Trump dejó Pekín con poco más que buenas palabras en el bolsillo, mientras que Putin y Xi Jinping firmaron más de 40 acuerdos, en todo tipo de esferas, durante la última reunión del presidente ruso con el chino en Pekín.

La política exterior de Estados Unidos ha conseguido desgajar a Europa de su vecino oriental, pero está logrando que Rusia y China profundicen su relación estratégica, contribuyendo a consolidar un formidable bloque euroasiático, económicamente complementario, y masivo geográficamente.

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En Irán se disputa la hegemonía mundial

12 de mayo de 2026

El objetivo de los ataques de Estados Unidos a Venezuela e Irán también es China

Los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán responden a objetivos sólo parcialmente coincidentes. En el artículo anterior me centré en los intereses de Israel en la región, y en cómo Netanyahu consiguió empujar a Donald Trump a un conflicto del que ahora el presidente de Estados Unidos no sabe cómo salir, sin perder la cara. La última parte del artículo se centraba en el tema que voy a desarrollar ahora: la lucha por la hegemonía mundial, que se está disputando en Irán.

El motor de la geopolítica es la lucha por el control de los recursos, especialmente los energéticos. Sin energía, nada se mueve, y el precio de la energía determina la viabilidad de las empresas y, por ende, de los estados que las albergan. El ejemplo lo tenemos aquí mismo, en Europa: la desindustrialización de Alemania se debe al encarecimiento de la energía, desde que los lumbreras de Bruselas decidieron prescindir del gas procedente de Rusia, para sustituirlo por el mucho más caro de otros proveedores. Singularmente, de Estados Unidos, que se ha convertido en el primero de la Unión Europea.

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Trump levanta sanciones al petróleo ruso y revienta la estrategia de Bruselas

23 de marzo de 2026

Trump antepone sus intereses a los de Europa

La decisión de Donald Trump de levantar las sanciones unilaterales al petróleo ruso, durante 30 días, para que los países interesados puedan comprar petróleo y productos derivados que actualmente se encuentran depositados en tanqueros, dinamita la fracasada estrategia impulsada por Joe Biden, mimetizada servilmente por la Unión Europea.

Lo de “otorgar una exención”, tal y como recoge Reuters, a unas sanciones ilegales, ya revela la actitud imperialista de Estados Unidos. Ese país que actúa como si fuera el policía del mundo, ahora dirigido por un matón que ha dejado de lado la hipocresía de sus antecesores para mostrar la siniestra faz de un imperio que se está desmoronando.

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