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Trump le arranca la careta a Estados Unidos en Venezuela

19 de enero de 2026

Con Trump, la obscenidad vence a la hipocresía

La principal diferencia entre Donald Trump y otros presidentes de Estados Unidos radica en la obscenidad con la que expone sus propósitos. Este es el principal motivo por el que no gusta a las élites, como ya analicé en este artículo. Por lo demás, la radicalidad con la que trata de alcanzar sus objetivos, el manifiesto desprecio a la legalidad internacional o la arrogancia a la hora de tratar a sus supuestos aliados, con Donald Trump sólo han supuesto una vuelta de tuerca más, quizá dos, al tradicional comportamiento de los inquilinos de la Casa Blanca.

Con Donald Trump, la hipocresía de la narrativa empleada para disfrazar los auténticos objetivos de la política exterior de Estados Unidos – el habitual soniquete de promover la democracia, la libertad y los derechos humanos – ha sido sustituida por una manifiesta impudicia a la hora de anunciar sus intenciones al resto del mundo.

La voladura de la hipocresía ha sentado muy mal a los medios que representan al sistema. Foreign Affairs se tiraba de los pelos y hablaba de “Un mundo sin reglas”. Como si los anteriores presidentes de Estados Unidos las hubieran respetado. Según la Universidad de Harvard, desde 1898 hasta 1994 Estados Unidos ha intervenido 41 veces en América Latina para cambiar gobiernos, 17 de ellas de manera directa, usando el ejército o los servicios de inteligencia. Lo que fastidia a quienes mueven los hilos en la sombra es que Trump actúa a careta quitada, lo que estorba a sus narrativas hipócritas, con las que tratan de disfrazar sus tropelías.

Un mundo sin reglas. Las consecuencias del asalto de Donald Trump a la legislación internacional. Foreign Affairs.

El ataque a Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, no han sido justificados más que con la boca pequeña, bisbiseando las cantinelas habituales. Donald Trump, y otros miembros de su gobierno, han subrayado que lo que les interesa es el petróleo.

Antony Blinken, el secretario de Estado con Joe Biden, publicaba en sus redes sociales que viajaba a Oriente Medio “para aliviar el sufrimiento del pueblo palestino”, mientras su gobierno atiborraba de armas a los sionistas para que perpetraran el genocidio con mayor efectividad. Esa hipocresía, tan enraizada en las élites estadounidenses, ha sido eliminada de cuajo por Donald Trump y el equipo que le acompaña.

Como analicé en un artículo anterior, la última actualización de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos deja bien a las claras que Donald Trump se propone asegurar un control absoluto sobre el hemisferio occidental, al que Washington ha considerado tradicionalmente su patio trasero. El ataque a Venezuela ha venido precedido por un despliegue militar en el mar Caribe que necesariamente tenía que cristalizar en algún tipo de operación de envergadura, so pena de hacer el ridículo.

Después de haber asesinado a ciento quince personas que viajaban en lanchas por el Caribe, alegando que se dedicaban a transportar narcóticos, después de bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente, Estados Unidos está alejándose de la narrativa de la “guerra contra las drogas”.

El Departamento de Justicia, en la acusación formulada contra Nicolás Maduro tras su secuestro y ulterior traslado a Estados Unidos, viene a reconocer que el “Cártel de los Soles” no existe propiamente como organización, y que se trata más bien de un término en el argot venezolano para referirse a militares corruptos, que fue explotado en su momento por la propia CIA para tratar de encubrir sus ilícitas actividades.

El Departamento de Justicia retira su afirmación de que el “Cártel de los Soles” de Venezuela es un grupo real. New York Times, 5 de enero de 2026.

Este nombre era en realidad el de una red informal creada por la CIA para introducir drogas en Estados Unidos, según The Grayzone, que cita como fuentes al New York Times y a un programa de la CBS de 1993 sobre el tema. La acusación del Departamento de Justicia contra Nicolás Maduro se apoya fundamentalmente en el testimonio de un narcotraficante convicto, el general venezolano Hugo “El Pollo” Carvajal, que alcanzó un pacto secreto para reducir su condena a cambio de testificar contra Maduro.

Unidad antidrogas de la CIA envió una tonelada de cocaína a Estados Unidos en 1990. New York Times, 20 de noviembre de 1993.

El Departamento de Justicia, a pesar de que sigue acusando a Maduro, sin aportar prueba alguna, de “conspirar” para introducir en Estados Unidos “miles de toneladas de cocaína”, ha dejado caer la acusación de que Maduro dirigía el supuesto cártel.

Donald Trump ha dejado bien claro que la operación en Venezuela se dirige a controlar el petróleo, para lo que se dispone a “dirigir” el país, dándole instrucciones al gobierno venezolano sobre lo que debe hacer. Karoline Leavitt, jefa de prensa de la Casa Blanca, ha apuntalado el mismo mensaje: “Todos los ingresos de la venta de petróleo crudo y productos venezolanos se liquidarán primero en cuentas controladas por Estados Unidos en bancos reconocidos mundialmente… esos fondos se dispersarán para el beneficio del pueblo estadounidense y del pueblo venezolano, a discreción del gobierno de Estados Unidos”.

Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca y asesor de Seguridad Nacional, tampoco era muy sutil: “Somos una superpotencia y bajo el mandato del presidente Trump nos comportaremos como tal. Es absurdo que permitamos que una nación en nuestro propio patio trasero se convierta en proveedora de recursos para nuestros adversarios, pero no para nosotros”.

Miller olvidaba convenientemente que algunas empresas estadounidenses tuvieron que abandonar sus negocios en Venezuela en 2019, debido a las sanciones unilaterales impuestas por Donald Trump durante su primer mandato, como le recordó el consejero delegado de Halliburton en la reunión que mantuvo con los jefes de las principales petroleras en la Casa Blanca. Otras, como Chevron y Repsol, continuaron sus actividades en Venezuela.

No es un cambio de régimen, alega el presidente de la Cámara de Representantes

En el nuevo marco de desvergüenza superlativa en el que nos encontramos, el presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Johnson, dijo que «Esto no es un cambio de régimen. Es una exigencia de cambio de comportamiento por parte de un régimen. El Gobierno interino ya está establecido y esperamos que pueda corregir sus acciones».

Mike Johnson seguía explayándose ante los periodistas: «Tenemos una forma de persuasión porque, como saben, sus exportaciones de petróleo han sido suspendidas, y creo que eso llevará al país a un nuevo Gobierno en muy poco tiempo. Así que no esperamos tropas sobre el terreno ni ninguna otra intervención directa, más allá de simplemente coaccionar al Gobierno interino para que lo ponga en marcha». Johnson preveía que se convocarían elecciones en Venezuela a no tardar.

Por lo que se ve, los planes de Estados Unidos pasan por conseguir un cambio de régimen en diferido. Por el momento, Delcy Rodríguez juró su cargo como presidenta encargada, ante la ausencia forzada de Nicolás Maduro, tal y como prevé la constitución de Venezuela.

En la rueda de prensa posterior al ataque a Caracas, a muchos sorprendió que Donald Trump descartara de plano a Corina Machado como la persona designada a dirigir Venezuela, alegando que no tenía ni el apoyo ni el respeto del pueblo. Teniendo en cuenta que, según James Story, exembajador de Estados Unidos en el país caribeño, fue Washington quien ayudó a Corina Machado a montar la plataforma de oposición a Maduro, parecía lógico que fuera su criatura la encargada de hacerse con las riendas del país, al menos nominalmente.

Trump dice que Machado “no tiene el apoyo” en Venezuela, no fue consultada. The Hill.

Sin embargo, preguntado Marco Rubio sobre el descarte de Machado, contestaba que “había que ser realista” y se quejaba de que hubiera quien criticara que, 24 horas después de haber depuesto a Maduro, no hubiera ya unas elecciones convocadas, después de tantos años de chavismo.  

Corina Machado, por su parte, se está arrastrando literalmente ante Donald Trump, ofreciéndole compartir el premio Nobel de la paz que recibió por parte de una institución completamente politizada, convertida en una herramienta para premiar a determinadas personas por sus posiciones políticas. Una política que también se ha extendido al Nobel de literatura. La propuesta de compartir el premio ha sido rechazada por el comité que concede el Nobel, dejando en evidencia a Machado.

Corina Machado insiste en que debe ser la coalición que ella lidera la que debe estar al mando en Venezuela. Machado comenzó a ser financiada por el National Endowment for Democracy en 2004, cuando la asociación Súmate, de la que era presidenta, recibió fondos para un “proyecto para educar a los votantes” venezolanos.

Corina Machado actúa como líder de la opositora Plataforma Unitaria Democrática. Se ha mostrado públicamente a favor de una intervención de Estados Unidos en Venezuela, recalcando en una entrevista en diciembre de 2025, que llevaba años pidiéndola. En 2018, se dirigió por carta a Benjamin Netanyahu para pedirle que le ayudara en la “promoción de un cambio de régimen”. Machado se ha alineado con el gobierno sionista en repetidas ocasiones, hablando de “valores compartidos”. Se ve que también es partidaria de los genocidios.

María Corina Machado dice que “Apoyo absolutamente la estrategia del presidente Trump” en Venezuela. CBS News.

Corina Machado también prometía entusiasmada que, en el caso de llegar al poder, pondría en marcha un “masivo programa de privatización” de los recursos naturales del país, para ponerlos a disposición de compañías estadounidenses. Machado cifraba en 1,7 billones de dólares el montante del proceso de “privatización”, una cifra sólo ligeramente inferior al PIB español, que en 2025 llegó a 1,88 billones de dólares.  

A pesar de arrastrarse literalmente en su visita a Washington, regalando a Trump la medalla del Nobel, las perspectivas de hacerse con el poder de Corina Machado se limitan a seguir chupando banquillo, a la espera de la evolución de los acontecimientos con el gobierno chavista. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, insistía en que la opinión de Trump sobre Machado, basada en realidades sobre el terreno, no ha cambiado.

¿Por qué Trump descarta de entrada a Corina Machado?

La negativa de Donald Trump a colocarla al frente de Venezuela ha debido sentarle a Corina Machado como a la zorra los perdigones, pero teniendo en cuenta los objetivos de la Casa Blanca, el descarte tiene sentido. Hace tiempo, un empresario español con experiencia de años en el país, y crítico con el chavismo, me explicaba que una de las causas del fracaso electoral de la oposición venezolana se debía a su falta de unidad, pero también a la elección de Corina Machado como líder: “Es como si en España la líder de la oposición fuera Isabel Preysler”, me dijo.

Si el objetivo de Trump es hacerse con el negocio del petróleo, de todos los escenarios posibles que habrán manejado en la Casa Blanca, el que tiene más probabilidades de cuajar es el de contar con un gobierno que controle efectivamente al ejército y a los cuerpos de seguridad del estado. Es obvio que Corina Machado no controla a las fuerzas armadas, porque si así fuera, hace tiempo que habría dado un golpe de estado, con el apoyo de Washington.

Así que Trump se ha inclinado por una estrategia de presión descomunal sobre el chavismo, porque considera que es más efectiva que poner a una marioneta descarada, que no controla los resortes del poder y que es vista, por la mayoría de la población, como lo que es: un pelele de Washington, que saliva cuando habla de entregarle los recursos de Venezuela a quien la financia.

 

No juegues con el presidente Trump. Cuenta en X del Departamento de Estado.

El secuestro de Nicolás Maduro ha sido la palanca que Trump está usando para apretar a Delcy Rodríguez; a su hermano Jorge, actual presidente de la Asamblea Nacional; a Diosdado Cabello, ministro del Interior, y a Vladimir Padrino, ministro de Defensa, que son quienes controlan el poder, para intentar que se sometan a la hoja de ruta que tiene diseñada para apropiarse del petróleo, el gas y el oro de Venezuela.

Por eso Mike Johnson hablaba de “persuasión” y de “coaccionar” al gobierno de Venezuela, para que colabore en la implementación de la agenda que la Casa Blanca tiene en mente para hacerse con los recursos del país. Trump amenazaba a Delcy Rodríguez con un destino peor que el de Maduro si no se avenía a sus dictados. Para remachar el mensaje de matonismo, el Departamento de Estado publicaba el 3 de enero una imagen que podría valer como cartel de una película de mafiosos, tan del gusto de Hollywood. 

El ataque a Venezuela precisaba de alguna complicidad interna

Cuando me enteré del ataque a Venezuela y del secuestro de su presidente, lo primero que pensé fue que una operación de ese calibre necesitaba, por fuerza, de algún tipo de colaboración interna para tener éxito. Independientemente de la superioridad tecnológica con la que cuenta el ejército de Estados Unidos, que ha sido convenientemente utilizada por The Wall Street Journal para explicar el éxito de la operación, a mi juicio esa ventaja comparativa no era suficiente.

El avión inhibidor de señales ‘Growler’ que ayudó a capturar a Nicolás Maduro. The Wall Street Journal, 6 de enero de 2026.

Días después del secuestro de Maduro, Delcy Rodríguez destituía al general Javier Marcano Tábata, encargado de la seguridad del presidente, y al mando de la DGCIM, la contrainteligencia militar. Según algunas fuentes, el general también ha sido acusado de proporcionar las coordenadas del lugar donde estaría pernoctando Nicolás Maduro, que cambia constantemente, y de haber ordenado desactivar los sistemas de defensa aérea.

A mí me parecen muchas competencias, todas ellas estratégicas, como para estar concentradas en una sola persona, aunque fuera de la máxima confianza. En el caso de que este general hubiera dado la orden de desactivar los sistemas de defensa aérea, lo que está por verse, habría necesitado la complicidad de numerosas personas para que dicha orden fuera efectivamente cumplida.

Circula en redes sociales una entrevista con un supuesto militar venezolano, que describe la operación del comando estadounidense que secuestró a Maduro con ribetes de ciencia ficción. Esta entrevista ha sido difundida por la jefa de prensa de la Casa Blanca, porque contribuye a alimentar la narrativa de unas fuerzas de operaciones especiales dotadas con un armamento portentoso, al que no se puede hacer frente.

Otras fuentes aducen que el ejército de Venezuela no utilizó sus recursos para intentar abatir los helicópteros estadounidenses que intervinieron en la operación, bastante vulnerables a según qué sistemas, para lo cual cuenta con 4.000 antiaéreos portátiles. Según estas fuentes, sólo una de estas armas fue disparada. De los 100 sistemas antiaéreos basados en tierra, ninguno fue dirigido contra las aeronaves invasoras.

A la hora de analizar las narrativas que circulan, es fundamental tener en cuenta a quién benefician, y a quién perjudican. La hipótesis de la traición conviene a los intereses de quienes perpetraron el ataque, porque contribuye a socavar la legitimidad del gobierno chavista. Es muy pronto para conocer lo que realmente sucedió en Venezuela, así como las dimensiones de la colaboración interna, pero en mi opinión tuvo que haberla.

Euronews publica que existieron unas conversaciones en Catar, en las que participó la propia Delcy Rodríguez, en las que supuestamente se estaría buscando una salida pactada de Nicolás Maduro. Lo primero que hay que tener en cuenta es la fuente de estas informaciones: el diario Miami Herald, visceralmente anticastrista y antichavista.

Estados Unidos apuesta por ella, pero ¿podrá la nueva jefa de Venezuela cumplir? Su vida podría depender de ello. Miami Herald.

El Miami Herald justifica la pretendida apuesta de Trump por Delcy Rodríguez porque podía ofrecer “continuidad sin caos”. Todo lo contrario que representaba Corina Machado, añado yo. Si bien esta hipótesis tiene sentido, a partir de ahí, las fuentes anónimas desbarran: afirman que Washington podría exigir a Delcy Rodríguez “la entrega o rendición” de Vladímir Padrino y Diosdado Cabello, para juzgarlos en Estados Unidos, al igual que a Maduro. El Miami Herald recuerda que Estados Unidos ofrece una recompensa de 25 millones de dólares por Cabello, y de 15 por Padrino. Una cosa es que la presidenta interina intente salvar los muebles, y otra que esté dispuesta a cometer esa traición.

¿Puede tener éxito la estrategia de supervivencia del chavismo?

La actitud de Delcy Rodríguez probablemente tenga más que ver con una estrategia de supervivencia que con una traición. Desde la barrera, es muy fácil criticar a la presidenta encargada de Venezuela por haber cambiado la retórica antiimperialista por otra más conciliadora con quien perpetró el secuestro de Nicolás Maduro, pero conviene recordar que la están apuntando con una pistola, de manera nada metafórica.

Delcy tenía dos opciones: o apostar por el enfrentamiento con la segunda potencia nuclear del mundo, hasta provocar otro ataque o, incluso, la invasión, como ya ocurrió en Panamá, o en Granada, con funestas consecuencias para el país, o ser realista y tratar de conjugar los intereses de Estados Unidos con los venezolanos, por muy complicado que sea. La segunda opción le ofrece la posibilidad de conservar el control de las estructuras del país e intentar proseguir con la agenda política del chavismo, tratando de reequilibrar las tremendas desigualdades económicas que sufre Venezuela.

Asimismo, el enfoque realista le permite evitar un escenario de guerra por el que, según el Miami Herald, estaría apostando la línea dura del chavismo: provocar la invasión de Estados Unidos, para enfangar a su ejército en una guerra de guerrillas, con el consiguiente desgaste de Trump frente a la opinión pública doméstica. Cualquier dirigente que ponga los intereses de la población por delante de otros procurará evitar que su país entre en una dinámica de conflicto que, en el caso de la muy polarizada Venezuela, correría el riesgo de derivar en una guerra civil.

En su mensaje anual a la nación, Delcy Rodríguez habló de un “nuevo momento político”, de la necesidad de reformar el marco legislativo de la industria petrolera, y recalcó que “Tenemos derecho a tener relaciones diplomáticas con China, con Rusia, con Irán, con Cuba, con todos los pueblos del mundo. También con los Estados Unidos. Somos una nación soberana”. Estados Unidos pretende que Venezuela corte lazos económicos con todos esos países, y reclama exclusividad en el negocio del petróleo. La operación en Venezuela no va sólo de oro negro, sino de geopolítica. 

El País, 14 de enero de 2025.

Ante la tesitura actual, Delcy Rodríguez parece haber optado por un enfoque realista, para intentar continuar con el programa político del chavismo. Venezuela lleva años sufriendo sanciones ilegales que pretenden hundir su apuesta por un modelo económico distinto al capitalismo depredador. Venezuela no es Rusia, y las sanciones se han demostrado mucho más efectivas con el país caribeño que con el eslavo, cuya resiliencia es incomparablemente superior.

Con el enfoque realista, Delcy Rodríguez probablemente pretende sacar al país de la crisis económica, dando motivos a Estados Unidos para eliminar sus sanciones, que han provocado la emigración de millones de personas. Posiblemente también ha entendido que el bienestar del país precisa amortiguar la polarización que sufre, de ahí su apelación “al entendimiento desde la divergencia”

Por el momento, Estados Unidos también ha apostado por un enfoque realista, en lugar del aventurerismo que hubiera supuesto tratar de encumbrar a Corina Machado. Veremos hasta qué punto ambas estrategias realistas pueden convivir, dada la voracidad del actual inquilino de la Casa Blanca, y las disensiones que la actitud de Delcy Rodríguez estará levantando dentro del chavismo. 

Al día siguiente de una conversación entre Delcy Rodríguez y Donald Trump, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Caracas para entrevistarse con la “presidenta interina”, como la califica The New York Times. El diario valora que la reunión “refuerza el mensaje de la administración Trump de que ve al gobierno interino como el mejor camino hacia la estabilidad del país en el corto plazo”. Hacer coincidir el encuentro de Corina Machado con Trump en Washington con la reunión de Ratcliffe y Rodríguez en Caracas supone otra bofetada a la golpista vocacional. También revela que está habiendo negociaciones. Aunque la correlación de fuerzas es dispar, yo diría que ambas partes tienen cartas para jugar. 

El director de la CIA se reúne con la presidenta interina de Venezuela en Caracas. New York Times, 16 de enero de 2026.

En cuanto a las posibilidades de éxito que tiene Trump de convencer a las petroleras estadounidenses para que inviertan 100.000 millones de dólares en un país con un pronóstico de inestabilidad tan acusado, yo diría que son escasas, visto el calificativo que el consejero delegado de Exxon Mobil le dedicó a Venezuela: “No invertible”. El tema del petróleo venezolano es complejo, así que da para otro artículo.