Archivo de la etiqueta: Oriente Próximo

Trump levanta sanciones al petróleo ruso y revienta la estrategia de Bruselas

23 de marzo de 2026

Trump antepone sus intereses a los de Europa

La decisión de Donald Trump de levantar las sanciones unilaterales al petróleo ruso, durante 30 días, para que los países interesados puedan comprar petróleo y productos derivados que actualmente se encuentran depositados en tanqueros, dinamita la fracasada estrategia impulsada por Joe Biden, mimetizada servilmente por la Unión Europea.

Lo de “otorgar una exención”, tal y como recoge Reuters, a unas sanciones ilegales, ya revela la actitud imperialista de Estados Unidos. Ese país que actúa como si fuera el policía del mundo, ahora dirigido por un matón que ha dejado de lado la hipocresía de sus antecesores para mostrar la siniestra faz de un imperio que se está desmoronando.

Quienes se creen aliados de Washington, y no pasan de ser vasallos, se han topado con la realidad de su condición. Al emperador los intereses de sus súbditos no le importan en absoluto. Trump no tiene inconveniente en destrozar una estrategia que, además, ha fracasado en su intento de frenar a Rusia en Ucrania por la vía económica, si mantenerla supone un obstáculo para alcanzar sus objetivos. En este caso, tratar de detener la vertiginosa alza del precio del petróleo, tras el desastre de su incursión en Irán junto a Netanyahu, el carnicero de Gaza.

En Bruselas están que bufan con la jugarreta de Trump. Kaja Kallas descubre ahora América, y nunca mejor dicho. En una entrevista dice que Estados Unidos busca dividir Europa, y que no le gusta la Unión Europea, mientras reclama unidad a los miembros del club. Después de ese infrecuente ejercicio de realismo, Kallas vuelve a los mensajes auto engañosos, característicos de la burocracia de Bruselas: “Vamos a lidiar con ellos juntos… No les gusta que estemos juntos porque somos iguales en poder cuando estamos juntos”. 

La UE debe permanecer unida contra las tácticas hostiles de Trump, afirma alta diplomática. Financial Times, 13 de marzo de 2026.

Europa se ha convertido en un enano político por su sumisión a la fallida estrategia contra Rusia, diseñada e implementada por sucesivas administraciones estadounidenses desde al menos 2004, cuando Washington diseñó, financió y organizó la revolución naranja, que fracasó en su intento de colocar una marioneta al servicio de la Casa Blanca. Un estudio académico de la Universidad de Duke señala que “Estados Unidos jugó un papel clave en la revolución”.

El levantamiento de las sanciones al petróleo ruso y la decisión de ir a la guerra contra Irán tienen como primer damnificado al gobierno de Kiev, tanto en la parte discursiva como en lo material. La suspensión, aunque sea temporal, de las sanciones, desmonta de cuajo la narrativa de la “presión a Rusia”, además de suponer el reconocimiento de un fracaso por parte de su principal impulsor.

Aun así, las élites europeas, inasequibles al desaliento, proclaman que van a profundizar en su fallida estrategia, tras veinte paquetes de sanciones, que sólo han conseguido arruinar a sus promotores. El comisario europeo de la energía, Dan Jorgesen, afirma que la Unión Europea no importará “ni una molécula” de gas ruso. Los burócratas siguen en su empeño de dejar Europa como un erial, aferrados a una política que se ha demostrado contraproducente.

¡Ni una sola molécula! La UE descarta relajar el embargo de gas ruso para aliviar la crisis energética. Politico, 16 de marzo de 2026.

La unidad europea es una entelequia, que se pretende forjar mediante golpes, injerencias y coacciones

Kaja Kallas reclama unidad de acción a la Unión Europea por un sencillo motivo: no existe. En torno al tema de las sanciones a Rusia, algunos países como Eslovaquia y Hungría se muestran en contra. No porque simpaticen más o menos con Putin, sino porque defienden sus intereses nacionales. La campaña de las élites europeas contra quienes defienden a su patria, en contra de los dictados de Bruselas, continúa. Si la unidad no existe, los burócratas están dispuestos a construirla a base de golpes de estado, injerencias electorales, coacciones y otros comportamientos de tinte mafioso, que tanto critican al actual inquilino de la Casa Blanca.

Tras haber anulado las elecciones presidenciales en Rumanía, porque el candidato que iba a arrasar se oponía a la guerra en Ucrania, y las amenazas de Thierry Breton de hacer lo mismo en Alemania si Alternativa para Alemania llegara a hacerse con los mandos, ahora asistimos a una nueva campaña mediática para preparar el terreno ante una hipotética victoria de Víctor Orbán en las próximas elecciones.

Los medios al servicio de las élites ya han comenzado a esparcir el runrún de una supuesta “injerencia rusa” en el proceso electoral húngaro. Medios como Financial Times y Ukrainskaia Pravda recogen una “investigación” de VSquare, que se describe como miembro de una red de periodistas, y es presentado como una “organización independiente”. Sin embargo, VSquare está financiado por el National Endowment for Democracy, por USAID, y por The German Marshall Fund of the United States. La Unión Europea también financia a VSquare, a través de dos herramientas:  Journalism Fund Europe, y IJ4EU, Investigative Journalism for Europe. Todo un ejemplo de independencia.

El Washington Post va todavía más lejos en la campaña: acusa a los servicios secretos rusos de estar planteando una operación de falso intento de asesinato de Víktor Orbán para bascular las elecciones a su favor.

Putin despliega estrategas políticos e inteligencia para ayudar a Orbán a mantenerse en el poder en Hungría.

Quienes propagan campañas difamatorias sobre una supuesta injerencia rusa en las elecciones de otros países son quienes las perpetran. Un portavoz de la Comisión Europea confirmó el 16 de marzo la activación del “Mecanismo del Sistema de Respuesta Rápida en el contexto de las elecciones húngaras”, un sistema de censura en las redes sociales amparado por la Digital Services Act, disfrazado de “lucha contra la desinformación”.

El “mecanismo” permite a la Comisión Europea, ciertas ONG y a plataformas tecnológicas intervenir de forma coordinada, y en tiempo real, en el entorno digital. Este sistema facilita que determinados actores marquen contenido para “moderarlo” rápidamente, pudiendo reducir su alcance o eliminarlo, lo que crea una estructura capaz de influir en la comunicación política durante periodos electorales.

Otro ejemplo de manipulación, con el pleno respaldo de la Unión Europea, es lo que ocurrió en las últimas elecciones en Moldavia. La candidata apoyada por Bruselas, Maia Sandu, ganó las elecciones por un abultado margen, en contra de lo que preveían todas las encuestas. La victoria se proclamó tras el recuento de los votos de la diáspora, durante la noche.

Los moldavos expatriados tenían a su disposición 280 mesas donde votar en Estados Unidos y Europa, mientras que sólo había 2 mesas electorales en Rusia, donde viven 500.000 moldavos. En esas dos urnas situadas en Rusia, se depositaron 4.000 votos, mientras que sólo en Alemania fueron 38.000 los votos emitidos, en 36 mesas electorales. 

Pero no son únicamente los tildados de prorrusos quienes abogan por un entendimiento con el vecino que nos ha estado proporcionando energía barata y abundante durante décadas, base de la prosperidad europea, ahora arrasada.

El primer ministro belga también se ha mostrado recientemente a favor de “normalizar las relaciones con Rusia”.  Bart De Wever ya se opuso a la confiscación de los activos rusos “congelados” en Euroclear, esgrimiendo argumentos de puro sentido común, por lo que sufrió tremendas presiones y denuestos. Ese sentido común tan ausente en las élites enrocadas en Bruselas, que consideran que pueden imponer su voluntad a todo el continente, tras haberse aupado a sus cargos mediante componendas de despacho, sin que nadie les haya votado.

El primer ministro belga llama a la Unión Europea a normalizar los lazos con Rusia. Financial Times, 16 de marzo de 2026.

Financial Times se apresuraba a apostillar que el primer ministro belga “desafiaba el pleno apoyo a Ucrania en su búsqueda de precios energéticos más bajos”. Como si el “pleno apoyo” hubiera arrojado algún resultado positivo en los últimos cuatro años, tanto para Ucrania como para la Unión Europea. Kaja Kallas no tardó en reaccionar en contra de la propuesta del belga, equiparando una vuelta a la normalidad con Rusia con un incremento de las guerras en el continente. Un sofisma de manual.

Kallas también afirmó que no había detectado “ese apetito” por volver a normalizar las relaciones con Rusia en las reuniones a las que asiste. Sin embargo, esa posición comienza a abrirse paso entre las capitales europeas. La prueba es que Francia envió a Moscú a su asesor de seguridad nacional, Emmanuel Bonne, junto a otro asesor, Bertrand Buchwalter. Allí se reunieron con Yuri Ushakov, el asesor presidencial de Putin para política exterior. Los franceses querían que el Kremlin aceptara que los europeos tuvieran un sitio en la mesa de negociaciones con Ucrania, con voz y voto. La respuesta de Ushakov fue negativa, y bastante destemplada, según fuentes diplomáticas europeas.

La negativa del Kremlin a aceptar la presencia en las negociaciones de quienes están haciendo todo lo que está en su mano por reventarlas es lógica. Los europeos ya pusieron el grito en el cielo cuando Trump le puso una alfombra roja a Putin en Alaska. Fue Boris Johnson el mensajero que se plantó en Kiev para tirar abajo el preacuerdo alcanzado en Estambul, poco después de febrero de 2022. Y son Úrsula von der Leyen y Kaja Kallas quienes siguen abogando por presionar a Rusia en forma de sanciones, aunque vayan en detrimento de la propia Europa. Los rusos no van a meter a la zorra en el gallinero.

Úrsula von der Leyen enarbola un discurso presidencialista

La intervención de Úrsula von der Leyen en la conferencia de embajadores de la UE, el 9 de marzo, tiene todas las características del discurso de una presidenta, no el de una burócrata ungida en un despacho. La jefa de la Comisión levantó un gran revuelo cuando afirmó que “Europa ya no puede ser guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y no volverá”. La frase equivalía a dar la bienvenida a la ley de la jungla, asumir la narrativa trumpista, y propugnar que Europa se hiciera un hueco en la selva, del modo que fuera. El resto de su discurso siguió esa línea argumental.

Von der Leyen se vio obligada a matizar sus palabras al día siguiente, pero lo más importante de su discurso no fue eso, por muy grave que fuera, sino su actitud despótica. A la reina de Bruselas le estorba tener que tomar decisiones en política exterior por unanimidad, y pedía una reflexión urgente sobre si “El sistema que hemos construido, con todos sus intentos bienintencionados de lograr consenso y compromiso, resulta más una ayuda o un obstáculo para nuestra credibilidad como actor geopolítico”. El enfrentamiento entre Úrsula von der Leyen y Kaja Kallas por hacerse con el control de la política exterior es notorio.

Von der Leyen, Kallas y una creciente guerra territorial en política exterior de la UE. Politico, 3 marzo 2026.

La burocracia de Bruselas no sólo pretende imponer su criterio en política exterior. El ámbito económico tampoco se salva de sus ansias de poder. La Comisión Europea está considerando limitar las competencias de los países miembros para bloquear fusiones empresariales. Von der Leyen justificaba este nuevo asalto a las soberanías nacionales tirando de jerga burocrática para arramplar con las competencias de los miembros: “Apoyar las fusiones que generen una economía de escala favorable a la competencia, fomenten la integración del mercado único y promuevan la participación de actores paneuropeos”.

La UE sopesa la posibilidad de limitar las competencias nacionales para bloquear fusiones. Financial Times, 17 de marzo de 2026.

La deriva autoritaria de la Comisión está clara, y la pretensión de su presidenta de acaparar todo el poder posible, más aún. Von der Leyen pretende imponer su agenda geopolítica, aunque vaya en perjuicio de los intereses económicos y energéticos europeos. Porque la Unión Europea, que tiene sus orígenes en un acuerdo de 1951 como asociación comercial para el carbón y el acero, y en 1957 se transformó en una “comunidad económica”, se ha convertido en una maquinaria burocrática cuyas élites ansían convertirse en actores geopolíticos. Y pretenden conseguirlo al mismo tiempo que destruyen las bases económicas que sustentan la institución. No cabe mayor contradicción.

El problema radica en la dificultad de adquirir relevancia geopolítica cuando se opta por la sumisión incondicional a Estados Unidos, cuando se decide ser vasallo de un imperio, y se supeditan los intereses propios a los de una potencia que tiene la intención declarada de laminar a cualquier entidad o país que amenace sus ansias hegemónicas. Lo que incluye a la propia Unión Europea. El error consiste en creerse aliado, cuando no se pasa de súbdito.

El siguiente paso es el que están dando ahora esas élites caudillistas: el autoritarismo, la imposición de sus posturas a los estados miembros, con una preocupante deriva militarista. En palabras de la propia von der Leyen: Debemos estar preparados para proyectar nuestro poder con mayor firmeza, para contrarrestar la agresión y la injerencia extranjera con todas nuestras herramientas, ya sean económicas, diplomáticas, tecnológicas o militares. (…) De hecho, la seguridad debe convertirse en el principio organizador de nuestra acción”.

Siguiendo la lógica militarista, el siguiente punto en el discurso de Úrsula von der Leyen tenía que ser por fuerza Ucrania, a la que describe como “una orgullosa nación europea que lucha por nuestras libertades”, a la que hay que seguir ayudando con un préstamo 90.000 millones de euros, para “financiar sus necesidades”. No entiendo cómo se puede decir que un país cuyo gobierno ha prohibido dieciséis partidos políticos, tres de ellos antes de que comenzara la guerra en 2022, está luchando por nuestras libertades.

La presidenta del parlamento europeo, Roberta Metsola, vino a apuntalar el discurso belicista de su par en la Comisión en un discurso en Berlín, el 17 de marzo. Metsola pedía “moverse más deprisa” – lo que apuntaba a un cambio en el sistema para tomar decisiones – y justificaba la financiación a Ucrania con el argumento de que “no se trata de caridad, es una inversión”. Es una inversión ruinosa, corrijo yo, debido a una apuesta estratégica errónea, perniciosa para el continente, cual es la desconexión de las fuentes de energía que sustentaban el bienestar europeo, sin que haya servido para detener la guerra.

En consonancia con la actitud despótica de los burócratas de la UE, la negativa de Hungría a seguir financiando el pozo sin fondo del gobierno de Kiev con el mencionado crédito de 90.000 millones de euros, que Ucrania no va a devolver jamás, ha sido contestada por la desafiante reina de Bruselas, con un “lo haremos de un modo u otro”.

Al menos, hay que reconocerle un momento de sinceridad a la presidenta de la Comisión, cuando, al final de su citada intervención, reconoció que “Tenemos que ser honestos y reconocer que no podemos resolver todos los problemas globales ni conciliar perfectamente nuestros valores e intereses en cada ocasión”. Es decir, que Úrsula von der Leyen se declaró marxista, pero de Groucho.

La guerra en Irán desvía la atención y los recursos hacia Oriente Próximo

El 15 de marzo, Financial Times titulaba que la atención de Trump se había desviado hacia Irán, y que las conversaciones de paz sobre Ucrania se estancaban. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov lo confirmaba. Una nueva ronda, prevista para el 5 de marzo en Abu Dabi, se posponía sine die, y un diplomático europeo calificaba de “desastre” para Ucrania y los europeos el protagonismo de Oriente Próximo.

Las conversaciones de paz sobre Ucrania se estancan a medida que la atención de Trump gira hacia Irán. Financial Times, 15 de marzo de 2026.

Según FT, “Los países de la UE habían sido informados de que los envíos de armas estadounidenses, en particular de defensa aérea, se retrasarían, ya que Washington priorizaba a sus clientes de Oriente Medio”. Kaja Kallas reconocía la existencia del problema, “porque existe una competencia por los mismos recursos.”

Donald Trump no sólo ha dejado colgada de la brocha a Europa en Ucrania, sino que la guerra lanzada contra Irán también va en serio perjuicio de la Unión Europea. Estados Unidos no precisa del petróleo ni del gas que salen del Golfo Pérsico a través del estrecho de Ormuz, así que Trump dejó claro en una entrevista que “Es lógico que las personas que se benefician del estrecho ayuden a garantizar que no ocurra nada malo allí”.

Tras haber provocado el cierre en la práctica del estrecho de Ormuz, Estados Unidos, que es autosuficiente en recursos energéticos, ha colocado a Europa en una precaria situación. Entre dos y tres millones de barriles diarios de petróleo (10-15% del consumo) llegaban a Europa a través del estrecho de Ormuz antes de esta última guerra. Qatar aporta el 3,8% del gas a Europa, y un 7% si nos ceñimos al gas natural licuado. El 20% de este preciado recurso pasa a través del estrecho, por lo que su precio se ha disparado.

Pero la clave está en que Estados Unidos se ha convertido en el segundo proveedor de gas a la Unión Europea, y representa ya el 25,4% del total, sólo por detrás de Noruega. La Unión Europea ha sustituido la “dependencia del gas ruso” por una fuerte dependencia del gas estadounidense.

Las reservas de gas en Europa se hallan por debajo del 30% de su capacidad, en una época en que toca llenarlas, con los precios disparados. La Unión Europea está entrando en pánico, porque sus normas exigen a los países miembros tener sus reservas llenas al 90% antes de la entrada de cada invierno. Los países miembros están compitiendo por llenar sus depósitos y cumplir el dictado de Bruselas, lo que está llevando a una mayor escalada de los precios.

La UE teme compras de pánico ante el agotamiento de las reservas de gas. Politico, 18 de marzo de 2026.

Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán han provocado una respuesta por parte de la República Islámica que ha dejado descolocado a Trump. El error estratégico de desencadenar una guerra contra el gobierno de Teherán le está haciendo perder los papeles al vitriólico inquilino de la Casa Blanca. Los habituales vasallos no han respondido, por el momento, a su petición de ayuda para desbloquear el estrecho de Ormuz, lo que ha enfurecido a Trump. Las constantes contradicciones en las que incurre ponen de manifiesto que no tiene ni idea de cómo salir del atolladero, sin perder la cara.

Después de amenazar con un futuro muy negro para la OTAN, Trump ha llegado a llamar “cobardes” a los miembros de la alianza por no haber acudido prestos a enfangarse en una guerra que “no es la nuestra”, como llegó a afirmar el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, un atlantista de pro.

La reacción de las élites europeas es comprensible, teniendo en cuenta las humillaciones que les ha propinado Trump en otros temas, como la imposición de aranceles o la muy mediática amenaza de apropiarse de Groenlandia. Pero, sobre todo, viene motivada por la realidad de verse colgados de la brocha en Ucrania, por culpa de una guerra en Irán que, además, ha provocado una crisis energética que se suma a la que ya venía padeciendo Europa. Un conflicto de consecuencias imprevisibles, pero que ya está teniendo repercusiones negativas para los intereses europeos en la guerra en Ucrania.

Trump declaró que Lindsey Graham “lleva razón” cuando le sugiere cerrar las bases estadounidenses en los países que no le están dejando utilizarlas para atacar a Irán. No se lo cree nadie. Estados Unidos no va a renunciar a unos enclaves, en lugares estratégicos, que no sólo le sirven para proyectar poder a lo largo y ancho del mundo, sino para tener sometida a Europa. Su negativa a enfangarse en la guerra contra Irán tendrá consecuencias – “Nos acordaremos”, dijo Trump – pero no van a consistir en el cierre de las bases, ni mucho menos.

Axios: La Casa Blanca dice que no está planeando restricciones a la exportación de petróleo o gas.

Aunque de momento Trump ha descartado hacerlo, hay rumores de que Estados Unidos podría estar considerando imponer restricciones a las exportaciones de petróleo y gas, con el objetivo de bajar los precios en su país. Ha sido la propia Europa la que ha depositado en manos de Trump la posibilidad de cerrar el grifo de las exportaciones de gas que tanto precisa.

Putin está valorando acelerar la desconexión total de las fuentes de energía provenientes de Rusia, tan buscada por la Unión Europea. Si lo hace, seguro que las élites le critican por ello. Esta gente se queja de una cosa y de la contraria. La preclara inteligencia de los burócratas europeos puede llevarnos a una situación en la que, después de habernos privado de la energía rusa, nos encontremos con que tampoco disponemos de la estadounidense. A este paso, terminaremos quemando los muebles para calentarnos. Y en Bruselas dirán que, por fin, somos independientes.