La OTAN fracasa en Ucrania y empuja a Zelenski a negociar con Rusia

27 de noviembre de 2023

Los medios occidentales apuntalan el cambio de rumbo respecto a Ucrania

Cuando la misma revista que te encumbró como “persona del año” publica, menos de un año después, un reportaje donde te pone a los pies de los caballos, es que tu destino está echado. Es lo que le acaba de ocurrir a Volodímir Zelenski, protagonista de dos portadas de la revista TIME que, puestas juntas, no dejan lugar a dudas sobre el brusco viraje de occidente con relación a Ucrania. Como anécdota, baste añadir que los ojos del presidente ucraniano fueron azulados en la portada de 2022 para acercar su rostro a los gustos anglosajones.

 

El reportaje de TIME del 1 noviembre, firmado por Simon Shuster, el mismo periodista que redactó su hagiografía un año atrás, dibuja un perfil de Zelenski con inquietantes resonancias históricas. Describe a un hombre encerrado en su bunker, al que sus más íntimos colaboradores no se atreven a decirle lo que ya es un clamor: que Ucrania está perdiendo la guerra frente a Rusia. “Se engaña a sí mismo”, me dice frustrado uno de sus ayudantes más cercanos. “Nos hemos quedado sin opciones. No estamos ganando. Pero intenta decirle eso”, escribe Shuster.

La propia composición de la portada de TIME no deja lugar a dudas sobre este hecho: “Nadie cree en la victoria como yo. NADIE”. Por no hablar del calificativo de “lucha solitaria” que adjudica a la que mantiene Zelenski. Tan solitaria que algunos comandantes han dejado de acatar las órdenes de avanzar que reciben, aunque provengan directamente de la presidencia.

El reportaje de TIME abrió la veda. El 4 de noviembre, la cadena estadounidense NBC News anunciaba que “Funcionarios estadounidenses y europeos abordan el tema de las negociaciones de paz con Ucrania”. Las conversaciones habían incluido las líneas generales de lo que el gobierno de Kiev debería ceder para alcanzar un pacto con Rusia. El 16 de noviembre, The Wall Street Journal titulaba: “Es hora de acabar con el pensamiento mágico acerca de la derrota de Rusia”. Dos días más tarde, The Spectator, una revista británica donde trabajó Boris Johnson, encabezaba así otra información: “Zelenski debe ser honesto sobre el estado de la guerra”.

Si Ucrania no está ganando la guerra, eso significa que la está perdiendo y, por tanto, es Rusia quien la está ganando. Este hecho tan incómodo para los impulsores del conflicto ha roto los diques en los medios occidentales, convertidos en correa de transmisión de los mensajes del poder, perdido hace tiempo su papel de contrapeso o “cuarto poder”.

Por si quedaba alguna duda de la nueva posición occidental, el titular de The Times del 25 de noviembre la pintaba con brocha gorda: “Estados Unidos y Alemania están presionando a Kiev para acabar la guerra en Ucrania. Las dos naciones están limitando los suministros de armas al Presidente Zelenski”. El artículo puede leerse libremente aquí.

Titular de The Times, 25 de noviembre de 2023.

Las negociaciones se enfrentan con dos obstáculos: el propio Zelenski y Rusia

El almirante retirado James Stavridis firmaba un artículo en Bloomberg donde señalaba que, para alcanzar un acuerdo, sería vital no sólo la ayuda de occidente, sino intercambiar territorios por paz. Stavridis fue comandante supremo aliado de la OTAN.

Las lecciones de Corea del Sur para la reconstrucción de Ucrania

En el reciente reportaje de TIME, Zelenski afirma que “Para mí, congelar la guerra significa perderla”. La negativa de Zelenski a asumir la realidad sobre el terreno podría propiciar que occidente optara por cambiar de caballo en Kiev. Así lo asume el propio Zelenski, también en Bloomberg, aunque achacando los supuestos planes para descabalgarle a Rusia: «Nuestra inteligencia tiene información, que también proviene de nuestros socios», dijo Zelenski, describiendo un plan de desinformación conocido internamente como «Maidan 3», en referencia a la plaza central de Kiev”.

Escasos días después del reportaje de TIME, que calificaba a Zelenski de “ilusorio” en sus planteamientos, el general Zaluzhni, al frente del ejército ucraniano, reconocía en The Economist que la guerra se encontraba estancada. La entrevista servía para resaltar las discrepancias existentes en las élites de Kiev. Los comentarios de Zaluzhni fueron inmediatamente criticados por un alto cargo de la oficina del presidente y, posteriormente, por el propio Zelenski. Una reprimenda que The New York Times se encargó de airear.

La reprimenda de Zelenski al general al mando señala las desavenencias en el liderazgo ucraniano

El problema es que Zelenski firmó un decreto en octubre de 2022 en el que dictaba la “imposibilidad” de negociar con Vladimir Putin. Teniendo en cuenta que el actual presidente de Rusia sigue al frente del país, occidente tiene un problema si quiere encarrilar a Ucrania hacia un proceso de negociación.

Las visitas de Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, y de Boris Pistorius, ministro de Defensa de Alemania a Kiev, con ocasión del décimo aniversario del golpe de Estado del Maidán, seguro que fueron aprovechadas para transmitir determinados mensajes a Zelenski, muy distintos de los que coparon las noticias de sus visitas. Con anterioridad, el 15 de noviembre, William Burns, el jefe de la CIA viajaba a Kiev para recordarle quién manda.

A occidente no le conviene abrir una crisis política en Ucrania, que colocaría a Rusia en una posición más ventajosa aún que en la que ya se encuentra. Así que los patrocinadores de Ucrania necesitan encontrar una vía para salir de la guerra en la que la han metido, que consiga salvar los muebles de algún modo. Sobre todo de cara a la opinión pública del sur global, donde lo tienen realmente complicado.

Marzo de 2022: Una ocasión perdida para alcanzar la paz

El 7 de noviembre, el diplomático Michael von der Schulenburg recogía la reconstrucción de las negociaciones que tuvieron lugar entre Ucrania y Rusia en marzo de 2022. La cronología de los acontecimientos fue revelada por Hajo Funke, catedrático emérito de la Freie Universität de Berlin y por Harald Kujat, un general retirado que fue Jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas alemanas, y Presidente del Comité Militar de la OTAN de 2002 a 2005.

Cómo se perdió la oportunidad para un acuerdo de paz en la guerra de Ucrania

En las negociaciones participaron como mediadores Naftali Bennet, ex primer ministro israelí, Recep Tayip Erdogan, presidente de Turquía, y Gerhard Schroeder, excanciller alemán. El texto del comunicado de Estambul del 29 de marzo incluía 10 propuestas, entre las que figuraba la renuncia de Ucrania a entrar en la OTAN, la principal causa de la actual guerra. El gobierno de Kiev estaba dispuesto a declararse “neutral y no alineado”, y aceptaba que las garantías para su seguridad fueran ofrecidas por un ramillete de países.

Durante todo el mes de marzo, las conversaciones mantenidas entre distintos líderes occidentales muestran que, en un principio, el bloque de la OTAN parecía avenirse a negociar la paz. El 10 de marzo, Kuleba y Lavrov, ministros de Asuntos Exteriores de Ucrania y Rusia, llegaron a reunirse en Ankara, señal de que las negociaciones iban por buen rumbo.

Sin embargo, en la cumbre especial de la OTAN, celebrada en Bruselas el 24 de marzo, y a la que asistió Joe Biden, la situación dio un vuelco. La organización armada pasó a oponerse a cualquier negociación que no incluyera la retirada previa de las tropas rusas del territorio de Ucrania. Obviamente, esta condición dinamitó las negociaciones. Zelenski todavía las defendía, tres días más tarde, en un encuentro con periodistas rusos. Al día siguiente, Putin anunciaba su disposición a retirar sus tropas de los alrededores de Kiev y Járkov, como señal de buena voluntad.

Efectivamente, así ocurría. El 31 de marzo, John Kirby, portavoz del Pentágono, reconocía que Rusia había comenzado a retirar hasta el 20 por ciento de sus tropas de esas zonas, cuando se encontraban a tan sólo 10 millas del centro de Kiev. Posteriormente, los medios occidentales pergeñaron el falso relato de la victoria del ejército ucraniano en el norte cuando, en realidad, se trató de una retirada, fruto de una decisión política del Kremlin.

El 9 de abril, Boris Johnson viajó a Kiev para transmitir dos mensajes a Zelenski. El primero, que Putin era un criminal de guerra con quien no había nada que negociar. Y el segundo, que aunque Ucrania estuviera dispuesta a firmar un acuerdo con Rusia, occidente no lo estaba. Este extremo acaba de ser confirmado en una entrevista por David Arajamia, diputado del partido de Zelenski y miembro del equipo negociador ucraniano.

Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea arruinaron la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz, que estaba muy avanzado. Ahora, cientos de miles de muertos y heridos después, pretenden que Ucrania se vuelva a sentar a la mesa de negociación con Rusia, porque su guerra contra Putin ha fracasado, en todos los frentes: el económico, el político, y el militar.

Como señalé en un artículo anterior, Rusia no tiene ahora ninguna motivación para sentarse a negociar, cuando hasta los medios occidentales reconocen que Ucrania está perdiendo la guerra. Las tropas rusas están avanzando en Avdiivka, donde 40.000 efectivos rusos prácticamente tienen rodeada esta ciudad, clave para el control de Donetsk. Tras el fracaso de la contraofensiva ucraniana, es el ejército ruso el que ha pasado al ataque.

No se trata sólo de la imposibilidad de mantener el ritmo del suministro de armas y munición por parte de la OTAN, como ha reconocido su secretario general. Se trata también del personal necesario para manejarlas. Hasta la CNN titula que Ucrania tiene serios problemas para reclutarlo, y Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, acaba de publicar que 650.000 hombres en edad militar abandonaron Ucrania desde que comenzó la guerra, en febrero de 2022. 

Mientras la guerra continúa, Ucrania necesita más tropas. No todo el mundo está preparado para alistarse

La zanahoria de la adhesión de Ucrania a la Unión Europea es una entelequia

Hay que tener mucho valor para bautizar como “Día de la Dignidad y la Libertad” la fecha en que se consumó un golpe de Estado, patrocinado por una potencia extranjera, que derrocó a un presidente elegido democráticamente. Es lo que han hecho en Ucrania para conmemorar el golpe del Maidán.

También hay que tener mucho cuajo para afirmar que “El futuro por el que luchó el Maidán finalmente ha comenzado”, como ha hecho la presidenta de la Comisión Europea. ¿Así es el futuro que a Úrsula von der Leyen le parece tan halagüeño? ¿El de un país arrasado, con millones de refugiados huidos de la guerra, y cientos de miles de víctimas mortales, donde la corrupción es endémica

El ministro de Finanzas de Ucrania ha advertido que el presupuesto para 2024 presenta un agujero de 29.000 millones si Kiev no sigue recibiendo financiación de sus aliados. De paso, Serhiy Marchenko aprovechó para amenazar con “efectos de desbordamiento” hacia la Unión Europea si Ucrania entraba en crisis. ¿Un país que depende de la financiación exterior para subsistir es el futuro que alaba Úrsula von der Leyen?

Las promesas de una pronta adhesión de Ucrania a la Unión Europea chocan con la realidad sobre el terreno. Aun en el caso de que se vencieran todos los obstáculos políticos, y económicos, que plantea la incorporación de Ucrania a la UE, ¿qué parte del país sería la que accediera a la Unión? ¿También lo harían las zonas bajo control ruso? ¿Cuáles serían sus fronteras? Es todo un disparate mayúsculo.

Según una nota interna del Consejo Europeo, la incorporación de Ucrania a la Unión supondría un coste de 186.000 millones de euros para la UE, a lo largo de 7 años. La futura ampliación de la UE afectaría en gran medida a la agricultura y la asignación de fondos de cohesión. Todos los actuales miembros tendrían que aportar más dinero, y recibirían menos. Ucrania se convertiría en la principal beneficiaria de los subsidios agrícolas, recibiendo sólo por ese concepto 96.500 millones de euros, en siete años. La República Checa, Estonia, Lituania, Eslovenia, Chipre y Malta perderían el acceso a los fondos de cohesión.

Titular de Politico: El acceso de Ucrania costaría 186.000 millones de euros, estima la UE.

Con Estados Unidos volcado en apoyar a Israel, financiando una nueva fase del genocidio sionista contra los palestinos, la Casa Blanca está pasándole la factura del “proyecto Ucrania” a la Unión Europea. Un reciente artículo en Financial Times lo remachaba. Tras reconocer el fracaso del enfoque usado hasta ahora en Ucrania, la autora enfatizaba que “lo que se necesita es una estrategia de resiliencia, disuasión y defensa para Europa a largo plazo que traslade la carga de unos Estados Unidos asediados internamente a donde pertenece: Europa”.

Los burócratas de Bruselas, siempre al servicio de Washington, aunque sea en perjuicio de los intereses europeos, se aprestan a sacarnos el dinero necesario de la cartera. El 4 de noviembre, Úrsula von der Leyen mostraba su entusiasmo en una visita a Zelenski por los “excelentes progresos” que, a su juicio, había hecho Ucrania para poder incorporarse a la Unión Europea.

Pero lo más importante, resaltaba la presidenta de la Comisión Europea, era subrayar el apoyo europeo a Ucrania “tanto tiempo como haga falta”, copiando el mantra que, curiosamente, ya ha dejado de repetirse en Estados Unidos. Después de haber aceptado que Washington organice una guerra proxy contra Rusia en el corazón de Europa, ahora la burocracia europea también admite correr con los gastos del desastre.

El FMI y el Banco Mundial imponen su agenda neoliberal en Ucrania

En realidad, desde el punto de vista occidental, Ucrania lleva haciendo progresos desde el golpe de Estado de 2014, que para eso se ejecutó. El presidente, Víktor Yanukovich, había rechazado un acuerdo de asociación con la Unión Europea, vinculado a un préstamo de 17.000 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional, y un “paquete de ayuda” del Banco Mundial de 3.500 millones, vinculados a que Ucrania acometiera ajustes neoliberales. Yanukovich prefirió elegir un paquete de ayuda de Rusia por valor de 15.000 millones de dólares, sumado a un descuento del 33% en el precio del gas ruso. Eso fue lo que le costó el puesto.

Arseni Yatseniuk, el nuevo primer ministro colocado por Estados Unidos, abrazó las reformas estructurales a las que el préstamo del FMI estaba vinculado, sin plantearse renegociar sus términos. Su gabinete incluía tres ministros nacidos en el extranjero, a los que se les otorgó la nacionalidad ucraniana horas antes de acceder a sus cargos.

Natalie Jaresko, la ministra de Finanzas, nació en Estados Unidos, obtuvo un máster en Harvard, trabajó en el Departamento de Estado y, después de la independencia de Ucrania, fue destinada a la embajada estadounidense en Kiev.

Aivaras Abromavicius, ministro de Desarrollo Económico y Comercio, nació en Lituania y también se educó en Estados Unidos, graduándose en la Universidad de Wisconsin. Después trabajó en fondos de inversión, especializándose en mercados emergentes.

Aleksandre Kvitashvili, ministro de Sanidad, nació en Georgia y sacó un máster en gestión pública en Nueva York. Trabajó en Estados Unidos, para regresar después a Georgia, donde fue nombrado ministro por el presidente Mijeíl Saakashvili. Otro georgiano educado en Estados Unidos, que accedió a la presidencia tras una de esas “revoluciones de colores” que promueve el National Endowment for Democracy.

Lo importante era nombrar ministros entrenados para sacar adelante la agenda del FMI y el Banco Mundial, en un país que atesora el equivalente a un tercio del total de las tierras cultivables de la Unión Europea. Ucrania ya es el tercer deudor del Fondo Monetario Internacional. En 2013, ya había sido seleccionada como uno de los 10 países pilotos donde el Banco Mundial implementaría su proyecto Benchmarking the Business of Agriculture: una iniciativa para promover “reformas” y clasificar a los países por las facilidades que ofrecen para hacer negocios en la agroindustria. Una ordenación que se traduce en un empobrecimiento de los pequeños agricultores, según The Oakland Institute.

Desde 2001, la tierra cultivable en Ucrania estaba bajo una moratoria que prohibía su venta hasta 2016. Aun así, en 2014, se hallaban en manos extranjeras 1.600.000 hectáreas. La moratoria se extendió hasta el 1 de julio de 2021, cuando entró en vigor una ley que permitió la venta de tierras cultivables, por primera vez desde la independencia de Ucrania. Hasta el 1 de enero de 2024, sólo las personas físicas pueden adquirir hasta 100 hectáreas, en cada transacción. A partir de esa fecha, las empresas podrán comprar hasta 10.000 hectáreas. En ambos casos, solo ciudadanos ucranianos y compañías sin capital extranjero podrán efectuar dichas transacciones.

Esto es la teoría. En la práctica, varias de las mayores empresas agroindustriales ya han abierto su capital a inversores foráneos, que controlan un número variable de sus acciones. En el siguiente gráfico vemos que 9 de las 10 principales agroindustrias de Ucrania están registradas en el extranjero.

Las 10 principales compañías que controlan la tierra agrícola en Ucrania. Gráfico: The Oakland Institute

En octubre de 2020, el propio Zelenski reconocía en una entrevista televisiva que de los 7 millones de hectáreas de titularidad estatal, 5 millones habían sido “robadas” desde la independencia del país, en 1991. El presidente no especificó quiénes habían sido los ladrones. Este es el nivel del país que, según Úrsula von der Leyen, ha hecho grandes progresos.

El 6 de septiembre del año pasado, Zelenski tocaba la campanita telemáticamente para abrir la bolsa de Nueva York y colocaba este mensaje: «Ucrania es la historia de una victoria futura y una oportunidad para que ustedes inviertan ahora en proyectos por valor de cientos de miles de millones de dólares para compartir la victoria con nosotros”

La gestora de fondos Black Rock y el banco JPMorgan Chase participarán en la creación del Fondo para el Desarrollo de Ucrania. El acuerdo con el gobierno de Kiev fue anunciado en junio de este año, mes en el que se celebró en Londres una conferencia para la reconstrucción de Ucrania, cuyo coste ha sido calculado en torno a los 750.000 millones de euros. Con la guerra aún en marcha, los buitres de los negocios ya revolotean sobre los despojos del país de los grandes progresos.

El fracaso de las sanciones impulsa la economía de Rusia y afianza a Putin

El principal objetivo que buscaban las sanciones a Rusia ha fracasado por completo. Estados Unidos y la Unión Europea pretendían que el colapso de la economía que, supuestamente, iban a provocar, terminara desestabilizando a Vladimir Putin, hasta provocar su caída. El ansiado cambio de régimen en Rusia no sólo no se ha producido, sino que el presidente está firmemente arraigado y goza de un índice de aprobación del 82%, frente al 40% de Biden.

Las sanciones han desencadenado un proceso de sustitución de las importaciones en Rusia, que se ha traducido en un impulso a la industria nacional, apoyado en fuertes inversiones. El resultado es un crecimiento del PIB del 4,9% en el segundo trimestre y del 5,5% en el último. Mientras tanto, tras dos trimestres en recesión, la economía de Alemania se estancó. Además, Scholz acaba de congelar el gasto público, tras una sentencia del Tribunal Constitucional, en un nuevo revés para la economía de la Unión Europea, que sigue contrayéndose.

Evolución del PIB de Rusia desde enero de 2021 hasta la actualidad

La resiliencia de Rusia frente a los esfuerzos concertados de la OTAN por destruirla ha propiciado un resurgimiento del prestigio de Moscú, no sólo en el sur global, sino en la mayoría del planeta: occidente se ha quedado aislado, y los ojos de todos los países que estaban más que hartos del comportamiento mafioso de Estados Unidos miran ahora hacia Rusia. Cabría preguntarse si, en realidad, Joe Biden, Úrsula von der Leyen, Olaf Scholz y Josep Borrell no son, en realidad, agentes encubiertos del Kremlin.

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