¿A quién beneficia la voladura de los gasoductos Nord Stream?

17 de octubre de 2022

El 12 de noviembre de 2015, la gasista estatal rusa Gazprom informaba del hallazgo de un “objeto de munición” junto al gasoducto Nord Stream, a 40 metros de profundidad. El artefacto, que resultó ser un destructor de minas perteneciente a la OTAN, como Gazprom acaba de recordar, fue retirado por el ejército de Suecia, ya que fue encontrado en la Zona Económica Exclusiva sueca. La empresa agradecía su colaboración a las fuerzas armadas suecas y el asunto no despertó reacción alguna. Alguien debió haber olvidado ese destructor de minas en algunas de las maniobras que la OTAN viene celebrando en el Mar Báltico desde 1972, denominadas “Baltops”, a las órdenes de la Armada de Estados Unidos.

Destructor de minas Seafox encontrado junto al gasoducto Nord Stream 1 en el año 2015. Ilustración: Top War.

Siete años después del hallazgo del destructor de minas junto al Nord Stream 1, el sabotaje a una infraestructura energética de la que dependían dos quintas partes de sus importaciones de gas, sólo puede calificarse de acto de guerra contra la Unión Europea. Las explosiones que volaron los gasoductos Nord Stream 1 y 2, para las que fueron precisos cientos de kilos de dinamita, según un informe enviado a la ONU por Dinamarca y Suecia, coincidieron con la inauguración del “Baltic Pipe”, un gasoducto que permitirá el envío de 10.000 millones de metros cúbicos, o 10 bcm, (billion cubic meters) de gas anuales desde Noruega a Polonia, atravesando Dinamarca y el Mar Báltico.

Recorrido del gasoducto Baltic Pipe. Ilustración: Expronews.com

“Cui prodest scelus, is fecit”. Fue Séneca quien utilizó esta expresión en su tragedia “Medea”. “Aquel a quien beneficia el crimen, fue quien lo cometió”, sería la traducción. Veamos ahora a quién beneficia dañar unos gasoductos que permitían que la Unión Europea y, significativamente, Alemania, tuvieran la posibilidad de seguir importando gas desde Rusia, en el caso de que se produjera un vuelco en sus actuales posiciones. Esta hipótesis resulta muy remota en este momento, pero tampoco es descartable que pudiera materializarse en un futuro, teniendo en cuenta que no existe en el mercado gas suficiente para reemplazar las importaciones provenientes de Rusia, como señalé en un artículo anterior.

Quienes quiera que hayan sido los autores de lo que Suecia, tras haber analizado los daños, ha descrito como “sabotaje”, con la participación de actores estatales, estaría buscando que Alemania se encontrara ante la imposibilidad física de importar gas desde Rusia a través de dos gasoductos que, conjuntamente, podrían suministrar 110 bcm de gas al año, según un informe del Congreso de Estados Unidos. Compárese esta cantidad con los 10 bcm anuales que Noruega va a enviar a Polonia a través del “Baltic Pipe”.

El 7 de febrero, Joe Biden advertía que si Rusia invadía Ucrania, “entonces ya no habrá más un Nord Stream 2. Le pondremos fin”. A preguntas de una periodista sobre cómo pensaba evitar Estados Unidos el uso de una infraestructura cuya autorización administrativa dependía de Alemania, el presidente de Estados Unidos se limitó a decir que encontrarían la manera de hacerlo. A su lado, impávido, se encontraba Olaf Scholz. Mi impresión es que Angela Merkel no habría tolerado una injerencia de este nivel, como hizo Scholz, que se limitó a hablar de unidad cuando los periodistas le preguntaron por el futuro del gasoducto.

El 30 de septiembre, cuatro días después del presunto sabotaje, el Secretario de Estado, Antony Blinken, afirmaba en una rueda de prensa que la voladura de los gasoductos “Es una gran oportunidad para eliminar de una vez por todas la dependencia de la energía rusa”.

El 2 de octubre, Douglas Macgregor, un coronel retirado, asesor del Pentágono con Donald Trump, declaró en referencia a los ataques a los gasoductos que “Tienes que ver quiénes son los actores estatales que tienen la capacidad de hacer esto, y eso significa la Marina Real, la Marina de los Estados Unidos, las operaciones especiales”. Washington calificó de “vuelo de rutina” la presencia de un avión de reconocimiento de la Marina estadounidense, sólo horas después, sobre la zona del Mar Báltico donde ocurrieron las supuestas explosiones. En la misma línea, el economista Jeffrey Sachs, uno de los responsables de aplicar la terapia de shock en la Rusia de Yeltsin, también opinó que lo más probable es que Estados Unidos estuviera detrás de los ataques: “Sé que esto va en contra de nuestra narrativa, no se permite decir estas cosas en Occidente, pero el hecho es que, en todo el mundo, cuando hablo con la gente, piensan que Estados Unidos lo hizo”, declaró en una entrevista con Bloomberg, ante los aspavientos de quien le hacía las preguntas.

El mismo día de los ataques a los gasoductos, Radek Sikorski, un eurodiputado polaco que preside la delegación Unión Europea – Estados Unidos, publicaba un tuit en el que, sobre la foto de la fuga de gas en el Mar Báltico, daba las gracias a Estados Unidos. Sikorski tuvo que renunciar como ministro de Asuntos Exteriores de Polonia tras un escándalo: se fue de la lengua en un restaurante y la conversación fue grabada. Radek Sikorski borró el tuit posteriormente.

Sikorski es el marido de Anne Appelbaum, columnista del Washington Post y The Atlantic; miembro del Council of Foreign Relations; integrante de CEPA, un think tank subvencionado por el Departamento de Estado, por fabricantes de armas y por el National Endowment for Democracy, al que también pertenece Appelbaum. El NED es uno de los organismos estadounidenses que impulsó la revolución naranja en Ucrania, en 2004, y el golpe de Estado del Maidán, en 2014. Appelbaum se ha mostrado partidaria de derrotar y humillar a Putin como única salida a la guerra de Ucrania, despreciando la diplomacia.

Estados Unidos se ha convertido este año en el primer exportador de gas licuado del mundo, y ya es el primer exportador de gas a Europa, desbancando a Rusia. Como vemos en este gráfico de la US Energy Information Administration, las exportaciones de Estados Unidos han venido experimentando un aumento espectacular desde hace unos pocos años. Las sanciones de la Unión Europea a Rusia y la consiguiente respuesta del Kremlin, en forma de disminución de las exportaciones, han elevado a Estados Unidos al puesto de primer proveedor de gas al club del euro.

Noruega es otra de las beneficiadas de los ataques a los gasoductos rusos. El país nórdico ya es el primer suministrador europeo de gas a la Unión Europea, asociación a la que no pertenece. Sin embargo, el aumento del 8% en sus exportaciones, hasta alcanzar un 20% del gas que recibe la UE, se queda en la mitad del 40% que le aportaba Rusia. Noruega se beneficia de un incremento en sus exportaciones, a un precio mucho más caro, pero la Unión Europea sigue quedando en una posición precaria.

Recorrido y lugar de los ataques en los gasoductos Nord Stream 1 y 2. Días después, Suecia encontró una cuarta fuga en el Nord Stream 2. Ilustración: The Cradle.

Según fuentes citadas en The Cradle, Alemania y Rusia estarían negociando en secreto la reactivación de los gasoductos Nord Stream antes de que se produjera el sabotaje. Esta posibilidad tiene sentido, ya que los exportadores actuales carecen de la capacidad de producción necesaria para reemplazar el gas que Rusia suministraba a la Unión Europea. El gasoducto Baltic Pipe sólo puede aportar 10 bcm de gas adicional, procedente de Noruega. Eso es menos del 10% del gas que llegaba a Europa desde Rusia, antes de iniciarse la guerra en Ucrania.  

El año pasado, Estados Unidos exportó 22 bcm de gas a la Unión Europea. Rusia, por su parte, exportó 155 bcm. Aunque Joe Biden se comprometió ante Úrsula von der Leyen a aumentar las exportaciones de gas en 15 bcm anuales, aunque pudiera llegar a esa cifra, algo que descartan hasta los medios occidentales, no compensaría ni por asomo la cantidad que la Unión Europea recibía de Rusia. A Estados Unidos no le importa ser incapaz de reemplazar los suministros que recibía la UE desde Rusia, porque su objetivo es desvincular a la Unión Europea de la estación de servicio más cercana, Rusia, para que se quede sin energía y hundir a ambos.

Siguiendo con los posibles beneficiados por la voladura de los gasoductos rusos, en medios occidentales hemos llegado a leer que sería la propia Rusia la que obtendría un beneficio por la destrucción de las canalizaciones. Según estas interpretaciones, al haber saboteado sus propios gasoductos, el mensaje que habría enviado Rusia a Occidente sería que: “cuidado, tengo la capacidad de destruir tus gasoductos”. Con más de 60 submarinos a su disposición, no creo que Rusia necesite destrozar la infraestructura que tanto le costó construir para enviar ese recado.

Otras hipótesis hablan de submarinos rusos “suicidas”. Citando fuentes tan imparciales como los servicios de inteligencia británicos, leemos que Rusia dispone de capacidad para haber volado los gasoductos, pero en ningún momento justifica el artículo la motivación que podría tener Rusia para hacerlo. Eso sí, el autor nos recuerda que la CIA ya había advertido al gobierno de Alemania sobre posibles ataques a las tuberías, semanas antes de que ocurrieran. La mera advertencia tampoco proporciona una motivación creíble que justificara la destrucción de una formidable palanca de presión por parte de quien la construyó.

¿Qué interés podría tener Rusia en dinamitar unas infraestructuras que le permiten presionar a la Unión Europea con tan sólo abrir o cerrar el grifo? El gasoducto Nord Stream 2, propiedad de  Gazprom, en cuya construcción participaron también empresas europeas, tuvo un coste de 11.000 millones de dólares y tuvo que sortear un aluvión de sanciones estadounidenses para ser construido. Hace sólo tres años, Ángela Merkel se posicionó “en contra de las sanciones extraterritoriales” contra el proyecto, y su ministro de Exteriores, Heiko Maas, las calificó de “interferencia en las decisiones autónomas tomadas en Europa».

¿Por qué iba Rusia a dañar una infraestructura que podría ser utilizada en un futuro, si las actuales tornas cambiaran? En el hipotético caso de que hubiera decidido dinamitarlo ¿por qué habría de hacerlo en una zona del Mar Báltico tan cercana a Dinamarca, Polonia y Suecia, estrechamente vigilada por la OTAN? Pero sobre todo, ¿por qué iba a hacer algo Rusia que supusiera otorgarle una ventaja a Estados Unidos, algo que beneficiara a quien alimenta la guerra contra ella en Ucrania, en detrimento propio?

Putin anunció el 12 de octubre que Rusia podría redirigir los suministros destinados a los gasoductos dañados al Mar Negro, para crear un centro de distribución de gas en Turquía, o incluso usar la única parte intacta del Nord Stream 2 para abastecer a la Unión Europea. Putin también señaló que estimaba posible reparar los gasoductos y que debía ser la Unión Europea la que eligiera su destino: «Rusia está lista para comenzar tales entregas. La pelota, como dicen, está en la cancha de la Unión Europea», afirmó el presidente de Rusia. Esta nueva proposición es incompatible con la hipótesis de un ataque de Rusia a sus propias infraestructuras de distribución de gas.

Conviene recordar que Estados Unidos lleva persiguiendo desconectar a la península europea de Rusia, en términos energéticos, desde los años 60 del siglo pasado. Como documenté en un artículo en marzo, fue John Fitzgerald Kennedy quien promulgó un embargo que afectaba al suministro de tuberías de formato ancho a la URSS, que entonces construía el oleoducto “Druzhba” (Amistad), que sigue siendo el más largo del mundo. Las sanciones estadounidenses tuvieron un efecto indeseado: fomentaron el desarrollo industrial de los países del bloque del Este y el oleoducto se completó en 1964, llevando el petróleo ruso a Alemania, Polonia, Checoslovaquia y Hungría.

Ilustración: eleconomista.es

Estados Unidos lo volvió a intentar veinte años más tarde. En 1981, Ronald Reagan prohibió la venta de alta tecnología a la URSS, ampliando la lista de productos que necesitaban autorizaciones especiales para ser exportados. En aquella ocasión, Alemania se plantó: el gasoducto previsto entre Rusia y Europa se construiría con o sin la aprobación de los Estados Unidos. Y no sólo Alemania, Francia también. Hasta el Reino Unido desafió a su antigua colonia. Margaret Thatcher declaró que Gran Bretaña se sentía “profundamente herida” por las sanciones “de un amigo”. En junio de 1982, la Comisión Económica Europea declaró ilegal la extensión de las sanciones que Estados Unidos impuso a sus subsidiarias en Europa. La construcción del gasoducto era vista como la oportunidad para revitalizar la industria del acero y la ingeniería europeas, así como una manera de diversificar las fuentes de energía, al margen de la OPEP. Las sanciones de Estados Unidos, de haber sido aceptadas, habrían supuesto el incumplimiento de contratos con la Unión Soviética, algo que Margaret Thatcher declaró que no estaba dispuesta a hacer, pero no por eso, sino porque hubiera supuesto ahogar las posibilidades de crecimiento económico de Europa.

El gasoducto objeto de las sanciones estadounidenses ha tenido una vida accidentada. El 7 de mayo de 2007, una explosión destruyó una sección de 30 metros en un punto situado 100 kilómetros al sur de Kiev, Ucrania. El 12 de mayo de 2014 dos explosiones, que los servicios secretos de Ucrania calificaron de actos terroristas, causaron daños en el gasoducto. Sólo un mes después, el Ministerio del Interior ucraniano atribuyó a una bomba otra explosión que voló el gasoducto en la región de Poltava. Meses antes, Dmytro Yarosh, el líder de “Pravy Sektor” (Sector Derecho, un partido neonazi ucraniano) había amenazado con destruir el gasoducto “para evitar la Tercera Guerra Mundial”.

La disminución de las exportaciones de gas desde Rusia a la Unión Europea – una reacción a las sanciones impuestas por Bruselas – se ha traducido en un incremento exponencial de los precios del gas en Asia y en Europa. No así en Estados Unidos, como productor y exportador de gas que es, tal y como vemos en este gráfico.

Los precios de referencia del gas han subido como un cohete en Asia y Europa. Ilustración: Bloomberg.

El 6 de octubre, la agencia Euroefe recogía el malestar de varias capitales europeas por los altísimos beneficios que estaban obteniendo Estados Unidos y Noruega en sus exportaciones a la Unión Europea, afeándoles su falta de “solidaridad” en momentos de grave crisis energética. El ministro de Economía de Alemania se sumaba ese día a la petición de Polonia de abrir una negociación para reducir los precios del gas que la UE importa de EE.UU. y Noruega. Robert Habeck se quejaba de que “Algunos países, incluso amigos, están consiguiendo precios astronómicos en algunos casos”, y continuaba diciendo que “Esto conlleva naturalmente problemas, acerca de los cuales es necesario hablar”.

Cinco días más tarde, el 11 de octubre, Bruno Le Maire, ministro de Economía de Francia, intervino en el debate presupuestario en la Asamblea Nacional. Su mensaje fue muy claro: “Tampoco es conveniente que dejemos que el conflicto en Ucrania resulte en la dominación económica estadounidense y el debilitamiento europeo. No podemos aceptar que nuestro socio estadounidense venda su gas natural licuado a un precio cuatro veces superior al que se lo vende a sus propias empresas. Un debilitamiento económico de Europa no le interesa a nadie. Un debilitamiento económico de Europa no interesa a nuestros socios americanos. Debemos encontrar relaciones económicas más equilibradas en el tema energético entre nuestros aliados americanos y el continente europeo”.

Los dirigentes europeos parecen aquejados de una grave miopía geopolítica. La invasión rusa de Ucrania, instigada por Estados Unidos desde el golpe de Estado del Maidán en 2014, y la política de sanciones iniciada por Washington desde la presidencia de Obama, tiene dos vertientes. Una, dirigida contra Rusia, busca hundir su economía, provocar un descontento popular y, en último término, un cambio de régimen para instalar una marioneta, al estilo de Yeltsin, que le permita esquilmar sus inconmensurables recursos naturales. La otra vertiente va dirigida contra la propia Unión Europea, con la ayuda inestimable de un Reino Unido que ya no forma parte de ella. Los efectos contraproducentes de las sanciones a Rusia, cuyas previsiones económicas acaban de ser revisadas al alza por el FMI, están abocando a la Unión Europea a la recesión. Por eso el ministro de Economía francés se equivoca cuando afirma que “Un debilitamiento económico de Europa no le interesa a nadie”. Al contrario, un debilitamiento económico de Europa es precisamente lo que está buscando Estados Unidos con su estrategia de desconectar a la Unión Europea de su principal proveedor energético.

Cuando Bruno Le Maire de repente se da cuenta de que Estados Unidos le está vendiendo el gas a la Unión Europea a un precio cuatro veces superior al que lo hace a las empresas estadounidenses, debería empezar a preguntarse si ese país al que denomina “socio” no es, en realidad, su enemigo. El enemigo de toda Europa.

¿A quién le interesa que Rusia deje de vender gas a Europa? Cui prodest scelus, is fecit.

9 comentarios

    1. Muchas gracias por tu comentario, Mik. Resulta muy significativo que el tema haya desaparecido completamente de la agenda de los medios de comunicación occidentales. Por no hablar del secretismo con el que se está llevando esa supuesta investigación por parte de los países cercanos a los ataques. Como si la destrucción de infraestructura energética fuera un tema menor. Es asombroso.

  1. A ver si consigues que está argumentada explicación de los «sabotajes» de los gasoductos afectados sea publicada en en algún periódico de países de la UE.
    Como dices hay una opacidad casi total sobre el crucial tema.

    Gracias

    1. Muchas gracias por tu comentario, Fausto. Aparte de la gravedad del hecho, la desaparición del tema de los medios de comunicación fue el otro motivo que me llevó a escribir el artículo. El secretismo apesta. Si tuvieran pruebas de que hubiera sido Rusia, otro gallo cantaría. Un saludo.

  2. Ciertamente, digno de público reconocimiento el artículo. Evidencia rigor profesional en términos generales y, en particular, un soporte argumental que, por su factura, invita a debate crítico. Ahora bien en relación con el contenido del trabajo, y en el contexto de todos los aspectos a destacar, amerita reflexión puntual el relativo a la intervención de la Federación Rusa en Ucrania. Si bien es cierto la «operación militar especial» fue «instigada por Estados Unidos desde el golpe de Estado del Maidan en 2014», no es menos cierto que la misma tiene unos antecedentes históricos que datan de mucho tiempo atrás. Al respecto, es pertinente no olvidar que en el colapso de la Unión Soviética, Occidente aseguró a Mijail Gorbachov que la OTAN no extendería sus fronteras hacia el este del continente, esto es, hacia la entonces agonizante URSS. No obstante, lo visto en tal sentido desde 1991 ha sido todo lo contrario. En ese orden de cosas, no menos pertinente es mencionar que en la Conferencia de Seguridad Europea de 2008 reunida en Budapest, Vladimir Putin advirtió categóricamente que la OTAN en Ucrania revestía una amenaza existencial para la Federación de Rusia y que, en consecuencia, ello bajo ninguna circunstancia sería admitido. Y es entendible toda vez que los misiles nucleares occidentales desplegados en Ucrania quedarían a 5 minutos de Moscú. Cuál sería la actitud de Estados Unidos en el hipotético caso del despliegue de misiles nucleares rusos en México?…

    1. Muchas gracias por su comentario, tan elogioso. En relación con los antecedentes anteriores al golpe de Estado del Maidán que Vd. menciona, y que han sido decisivos para provocar la invasión Rusia de Ucrania, los traté en dos artículos, al principio de la andadura de este blog. A continuación le dejo los enlaces a dichos artículos.

      Estados Unidos empuja a Rusia hacia una alianza con China
      https://mirandoelmapa.com/estados-unidos-empuja-a-rusia-hacia-una-alianza-con-china

      ¿Por qué Estados Unidos y Rusia están chocando en Ucrania?
      https://mirandoelmapa.com/por-que-estados-unidos-y-rusia-estan-chocando-en-ucrania

      La comparación que Vd. hace con la hipótesis de que Rusia instalara misiles en México me parece muy acertada. Ya pasó algo parecido en Cuba en 1962 y el mundo estuvo al borde de una confrontación nuclear. La diferencia con la situación que atravesamos ahora es que los actores actuales parecen más preocupados por escalar el conflicto que por evitarlo mediante la negociación. Nos ponen difícil ser optimistas. Ojalá me equivoque y prevalezca la razón.

      Gracias de nuevo y un saludo.

  3. Ante la confusión y el desasosiego de esta ciudadana, estas reflexiones son el mejor antídoto para contrarrestar la envenenada información que recibimos. Gracias

  4. A quién beneficia?….
    a los que venden las armas, que son los mismos que controlan a través de la publicidad y la economía, todos los medios de comunicación.

    1. Muchas gracias por tu comentario, Victoria. Indudablemente el complejo militar industrial estadounidense es un factor de mucho peso en la política exterior de Estados Unidos. El control de los medios de comunicación de masas por parte de muy pocas personas, es otro vector fundamental a la hora de elaborar un determinado relato. La difamación de quienes se oponen al mismo, cuando no la censura directa, también colaboran a fabricar una narrativa monocorde. Y todo ello persigue la eliminación del debate de la arena pública. Eso sí, todo en nombre de la democracia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *