¿Por qué Estados Unidos y Rusia están chocando en Ucrania?

“No hay nada más ofensivo que un ruso a la defensiva”. La frase corresponde a Strobe Talbott, vicesecretario de Estado de Bill Clinton, y describe a la perfección los motivos que han llevado a Rusia a implicarse de lleno en la guerra en Ucrania, que comenzó en 2014: no ha habido voluntad política para crear un sistema de seguridad en Europa que incluyera a Rusia, sino todo lo contrario. Las sucesivas ampliaciones de la OTAN han cercado a esta potencia nuclear, colocándola a la defensiva, y las últimas demandas rusas para que sus intereses fueran escuchados se han topado con la negativa de Estados Unidos y el rechazo de la OTAN, que sólo se mostraron dispuestos a discutir cuestiones relativas al control de armamento, rechazando la cuestión de fondo: la expansión de la OTAN hasta las fronteras con Rusia.

Según un documento filtrado por Wikileaks, en 2008 Estados Unidos ya era consciente de que la expansión de la OTAN a Ucrania significaba cruzar las líneas rojas de Moscú, podría dividir el país en dos y provocar una guerra civil, lo que obligaría a Rusia a tener que posicionarse. El documento en cuestión es un cable de 2008 cursado por el entonces embajador de Estados Unidos en Rusia, William Burns, que es el actual director de la CIA. Sin embargo, la OTAN ha estado coqueteando últimamente con la posibilidad del ingreso de Ucrania en la organización, citando su política de puertas abiertas para cualquiera que quiera integrarse en ella.

La intensificación de los bombardeos del ejército de Ucrania sobre sus compatriotas residentes en Donetsk y Lugansk sólo ha sido uno de los motivos, y no el principal, de la intervención militar rusa en Ucrania. Para encontrar las razones de fondo es necesario regresar a los años 90 para constatar que lo que el bloque occidental le decía primero a la URSS, y luego a Rusia, estaba en las antípodas de lo que hacía. Como analizaremos a continuación, después de 30 años de largas,  mentiras, portazos y patadas en las espinillas, Estados Unidos ha conseguido despertar al oso ruso, que era lo que se proponía, porque interesa a sus objetivos geopolíticos: evitar la alianza del potencial tecnológico de la Unión Europea con los recursos de Rusia y, de este modo, ejercer un mayor control económico y político sobre una Unión Europea más débil y manejable. Lamentablemente, la Unión Europea se está prestando al juego, en contra de sus propios intereses. Desgraciadamente también, Rusia ha perdido la paciencia y nos encontramos con una guerra en Europa, bien lejos de Estados Unidos.

Desde la caída de la Unión Soviética, la estrategia estadounidense ha consistido en la ampliación de la OTAN para cercar a Rusia, en contra de las promesas dadas a Gorbachov en sentido inverso, desde George Bush hasta Margaret Thatcher, pasando por Manfred Woerner, secretario general de la OTAN.  A pesar de los desmentidos occidentales de que tales promesas llegaran a hacerse, lo cierto es que existen numerosos documentos que prueban la existencia del famoso “ni una pulgada hacia el este”, pronunciado por James Baker, secretario de estado, el 9 de febrero de 1990. Documentos que dan prueba de esa, y de otras promesas en el mismo sentido por parte de los máximos dirigentes occidentales antes citados. François Mitterrand llegó a comentar a Gorbachov que él personalmente estaba a favor de “desmantelar los bloques militares”. Este es el último documento sobre el tema, publicado por Der Spiegel.

Fuente: Der Spiegel.

Según documentos del Departamento de Estado recientemente desclasificados, durante los años 90 Estados Unidos estuvo jugando con dos barajas. De un lado, Clinton intentaba convencer a Yeltsin de que el programa de la OTAN denominado Asociación para la Paz, lanzado en 1994, iba a ser una nueva estructura de seguridad que integraría a Rusia. Esta era la nueva versión del esquema que George Bush le había colocado a Gorbachov, solo que esta vez se sustituía la CSCE (la Conferencia para la Seguridad y Cooperación en Europa) por la Asociación para la Paz. El 17 de julio de 1990 Bush le aseguró a Gorbachov que “Transmitimos la idea de una CSCE ampliada y más fuerte con nuevas instituciones en las que la URSS pueda compartir y ser parte de la nueva Europa”. La CSCE se transformó luego en la OSCE, un artilugio vacío de contenido político.

La Asociación para la Paz no pasó de ser una especie de lista de espera de candidatos a ingresar en la OTAN, ya que catorce países firmantes del documento marco terminaron integrándose en la organización.  Para Estados Unidos la cuestión de si la OTAN iba a ampliarse no se trataba de un si sino de un cuándo. Las aparentemente buenas relaciones entre Clinton y Yeltsin sufrieron un súbito deterioro cuando este último advirtió que le estaban tomando el pelo, porque la expansión de la OTAN era la prioridad número uno de la agenda de su interlocutor, y la Asociación para la Paz, un nuevo ardid. En la cumbre de Budapest, en diciembre de 1994, a la que asistieron 52 naciones, Yeltsin enviaba un mensaje nítido: la expansión de la OTAN perseguía dividir Europa, y conseguir el dominio de Estados Unidos sobre el mundo. 

Fuente: The New York Times

Tras el estallido de Yeltsin en Budapest, Clinton le envió una carta para intentar reconducir la situación. En ella puede leerse lo siguiente: “Nuestro objetivo común debería ser lograr una integración total entre Rusia y Occidente, incluidos vínculos fortalecidos con la OTAN, sin nuevas divisiones en Europa”. Clinton aceptó aplazar la ampliación de la OTAN hasta que se celebraran las elecciones a la Duma, en 1995, y las presidenciales en Rusia, en 1996, en las que Yeltsin se jugaba la reelección. Después de la visita de Clinton a Moscú en 1995, para la celebración de los 50 años de la victoria en la gran guerra patriótica (como se denomina en Rusia a la segunda guerra mundial) Yeltsin aceptó a regañadientes firmar la integración de Rusia en la Asociación para la Paz. Rusia reclamaba garantías (guarantees) que atendieran sus demandas en materia de seguridad, pero Estados Unidos se limitaba a ofrecer otro tipo de “garantías” (assurances). El matiz en inglés es importante.

Finalmente, Yeltsin se avino a aceptar la ampliación de la OTAN en 1997, ante la evidencia de que la ampliación hacia el este se iba a producir con el visto bueno de Rusia, o sin él. El Acta Fundacional sobre Relaciones Mutuas, Cooperación y Seguridad entre la OTAN y la Federación Rusa (así se denominó al pacto) no tiene rango de acuerdo con garantías legalmente vinculantes, por lo que, aunque fue presentado como una victoria por Yevgueni Primakov, ministro de asuntos exteriores de Yeltsin, supuso la claudicación de Rusia ante Estados Unidos. Básicamente consiste en una declaración de intenciones que, además, se han ignorado por parte de su promotor.

Clinton y Yeltsin estrechan sus manos en la cumbre de Helsinki de marzo de 1997, donde se habló de la expansión de la OTAN hacia el Este, que Yeltsin terminaría aceptando en mayo. Foto: Heikki Saukkomaa/Lehtikuva via AP.

Lord Hastings Ismay, el primer secretario general de la OTAN, afirmó que la organización se había creado  «to keep the Soviet Union out, the Americans in, and the Germans down”. Los propósitos de la Alianza estaban claros desde el principio: se trataba de un mecanismo para que los Estados Unidos ejercieran el control en Europa, estableciendo una división estratégica entre el oriente y el occidente, que asegurara su hegemonía, y para mantener a raya a Alemania, que es quien tiene el potencial de erigirse en rival geopolítico.

En marzo de 1992, el New York Times recibía la filtración de un documento elaborado por el Pentágono, en el que el Departamento de Defensa, encabezado por Dick Cheney y Paul Wolfowitz, planteaba que la misión militar y política de Estados Unidos en la era posterior a la guerra fría era asegurarse de que no se permitiría el surgimiento de ninguna superpotencia rival en Europa Occidental, Asia o el territorio de la antigua Unión Soviética. Para ello, había que “convencer a los potenciales competidores de que no necesitan aspirar a asumir un mayor papel o perseguir una postura más agresiva para proteger sus legítimos intereses”. Dicho sin eufemismos: había que doblegarles por todos los medios posibles. La estrategia para “convencer” a las potencias rivales para que acepten la hegemonía de los Estados Unidos ha sido la ampliación de la OTAN y la utilización de guerras proxy, una táctica habitual en la guerra fría. Esta vez le ha tocado a Ucrania el papel de peón en el tablero geopolítico.

Fuente: The New York Times

Por recapitular, la ambigüedad con la que la OTAN ha tratado las pretensiones de Ucrania de adherirse a la organización, el incremento en las últimas semanas de los bombardeos del ejército ucraniano a la población civil en el Donbass,  la posibilidad de que Ucrania revisara su renuncia a albergar armas nucleares, según anunció Zelensky en la Conferencia de Seguridad de Munich, unido al caldo de cultivo fomentado por el comportamiento de Estados Unidos y la OTAN en las tres últimas décadas, han llevado a Rusia a tomar la decisión de lanzar una operación militar en Ucrania. El nuevo escenario, fruto del choque de dos potencias nucleares, nos sitúa al borde del abismo y sus consecuencias son imprevisibles, aunque trataremos de analizarlas en un próximo artículo. De entrada, Estados Unidos ha conseguido afianzar la cuña entre la Unión Europea y Rusia, que es su objetivo estratégico, gracias a la reacción de animal acorralado de Rusia. 

Queremos finalizar este artículo subrayando que en este blog intentamos analizar los motivos que impulsan a los grandes actores del tablero de la geopolítica. Nuestro objetivo es describir los hechos, ponerlos en su contexto e indagar en los antecedentes históricos que los provocan. Los lectores sacaréis vuestras propias conclusiones. Explicar en ningún caso significa justificar. Estamos en contra de la guerra, de esta guerra, y de todas las guerras, y no sólo de las que salen en los telediarios. A una parte significativa de la población parece ser que estas últimas son las únicas que le incomodan.

5 comentarios

  1. El objetivo del Pentágono, de los USA, parece estar claro: mantener una supremacía mundial que han venido perdiendo en un mundo que parece aspirar a la multipolaridad. Y si para eso tienen que provocar a sus adversarios… pues bueno, no es nada nuevo ya lo vienen haciendo desde siempre, incluso con atentados de falsa bandera. España también lo sufrió en su momento. Lo que no parece muy inteligente por parte de Rusia es hacerles fácil su relato justificativo, y eso es lo que hacen con estos ataques tan salvajes. Tampoco Europa (no solo la UE) parece ver la trampa en la que están entrando. Porque de lo que no hay duda es que los mayores perjuicios los van a sufrir los países europeos, incluido Rusia. O mejor dicho, sus ciudadanos. Esto no quita para que por detrás se libre también una batalla ideológica entre demócratas y autócratas. Y de estos últimos hay muchos también en nuestras democracias liberales, además con apoyo electoral creciente en Europa y América. Esto también es urgente pararlo, casi tanto como la escalada bélica. Al fin y al cabo ambas cosas se retroalimentan.

    1. Muchas gracias por tu comentario, Miguel. De lo que se trata es de meter la cuña entre las dos partes de Europa y eso lo está consiguiendo Estados Unidos, por lo que también creo que Rusia ha cometido una torpeza estratégica al entrar de hoz y coz en Ucrania, por no hablar del horror que representa la escalada de la guerra a la que estamos asistiendo, absolutamente execrable, como todas. El problema es el doble rasero con el que se juzgan los muchos conflictos que se desatan en el mundo, en función de quién los protagonice. Ahora los medios de comunicación occidentales están alabando a los civiles ucranianos que preparan cócteles molotov, pero los palestinos son tildados de terroristas por tirarles piedras a los tanques israelíes que campan por sus tierras ilegalmente o a las excavadoras que destruyen sus casas. Los medios de comunicación tienen una alta responsabilidad a la hora de moldear las conciencias de los ciudadanos y con este último conflicto estamos comprobando que, como decía Orwell en Rebelión en la granja, todos los animales somos iguales, pero unos somos más iguales que otros.

  2. Los hechos incontrovertibles son los relatados por tí en mirandoelmapa.com.

    De la lectura del libro «Rusia frente a Ucrania» de Carlos Taibo se deducen los mismos agravios y desplantes de occidente a Rusia en las mis fechas.

    Como dices Carlos,estos son los hechos.
    Después cada uno que decida por su cuenta.

    Un abrazo

    1. Muchas gracias por leer el artículo y por tu comentario, Fausto. Me apunto tu sugerencia de lectura. Yo acabo de comprar el libro de Rafael Poch «Entender la Rusia de Putin». Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú y tiene un blog muy interesante. Un abrazo.

  3. A diferencia de las pandemias,las guerras no solo cuestan vidas,cuestan,entre otras muchas cosas,dinero.Y lo vamos a pagar entre todos,de hecho ya lo estamos empezando a pagar.Obviamente el continente europeo será el principal afectado.Ni siquiera Suiza,un país que siempre se ha caracterizado por declararse neutral, «se va a librar» porque esta vez ha elegido un bando,luego «ya está en la pomada.Ya se ha mojado».Todavía no sé si por nuestra parte ha sido una buena o mala jugada enviar armas a Ucrania la verdad…ojalá tuviéramos la misma responsabilidad que Nueva Zelanda o Tahití,por poner ejemplos de países que están estratégicamente ubicados de tal manera que parece que toda esta guerra que se está librando ni les va ni les viene.(Por eso miramos con recelo a algunos países que todo esto les entra por un oído y les sale por el otro.Porque no van a pagar ‘ni un plato roto’.No les va a afectar en prácticamente nada)

    Estoy totalmente de acuerdo contigo Carlos,en que los medios tienen una alta responsabilidad.Y ayer sin ir más lejos,dijeron que el pueblo ruso está totalmente desinformado en muchos aspectos,ya no solo en el del dantesco episodio de la toma de la Central nuclear más grande de Europa (cuyo nombre no recuerdo),sino en otros muchos aspectos…y más allá de todo lo que esté pasando en ese inmenso y bellísimo país como es Rusia, lo que está claro es que en las guerras no hay «Vencedores o Vencidos»(como la gran película protagonizada por Spencer Tracy),en las guerras…opino que son como los juicios:todos pierden.»Un hombre siempre puede elegir».Y si se puede elegir evitar cualquier tipo de guerra o conflicto,mejor.Porque esto al final no sólo lo pagarán en todos los aspectos(anímicos,físicos,económicos…)el pueblo ruso y el ucraniano,sino todos los que les rodean…o sea nosotros.Y ya lo dice el expresidente y octogenario a partir de hoy,Felipe González(05.03.42):»-Aunque esta guerra sea corta,el conflicto va a durar mucho tiempo».A todo esto…no sabía que los rusos denominaban a la 2da Guerra Mundial como la «Gran Guerra patriótica».Gracias Carlos,porque me resulta muy interesante datos como ése y lo ignoraba por completo la verdad.Huelga decir que esta clase de datos curiosos no lo enseñan en los colegios,ni institutos ni en casi ningún sitio.Aunque por suerte,en ese aspecto,seguimos estando bastante más avanzados que en EEUU o Australia,que a los niños sólo les enseñan historia de su país.Luego vas ahí y muchos de ellos no saben ni dónde está España.En serio tío…lo he vivido.¡Es verídico!

    Lamentablemente hay mucha mendacidad,mucha hipocresía en el mundo.Como los alemanes por ejemplo,que se «solidarizan» mucho con el pueblo ucraniano,sí,pero luego resulta que les preocupa más quedarse sin calefacción que todas las víctimas mortales que está habiendo hasta ahora.Un gran ejemplo de lo que es solidarizarse de verdad,es Polonia,que está albergando a miles de refugiados ucranianos,muchos más que Hungría,Rumanía,Bielorrusia…pero en cualquier caso,no me gustaría estar en la tesitura de Ucrania,ni de Rusia*.Y ya si me pongo en el lugar de los españoles que hasta ahora estaban ganándose la vida honradamente ahí como cualquier otro ciudadano, en ‘la Madre Rusia'(como escuchamos a menudo en las películas),me entran escalofríos sólo de pensarlo.Madre mía…

    *Siempre quise visitar Rusia.Y me hubiera encantado poder ir,siendo adulto claro está,en aquel excitante viaje a Moscú,en el 94.(¡¡Y en el piso de arriba del avión!!,en 1ra Clase como se le denominaba entonces al B.747,o sea al archiconocido ‘Jumbo’,que ahora creo que se le cataloga como «Business Class») Lástima que por aquel entonces sólo contara con 11 años.(Porque no hubiera disfrutado ni la mitad que con 18 ó 19 años por ejemplo)Pero no te imaginas la envidia que me daba ver a mis padres y a vosotros disfrutar tanto en los vídeos que filmábais en aquel viaje.Ya no solo por la juerga en sí,sino por todo en general:la ciudad,la cultura,la gastronomía,la gente,sus costumbres,sus tipos de bailes…todo…Nasdrovia!!

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