15 de abril de 2026
Netanyahu propone tuberías para traer el petróleo y el gas hasta los puertos de Israel
El 4 de abril, Benjamín Netanyahu propuso la construcción de tuberías que trajeran el petróleo y el gas desde el Golfo Pérsico hasta los puertos de Israel en el Mediterráneo. Los gasoductos y oleoductos partirían desde los lugares de producción en Catar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, atravesarían este último país y después Jordania, para desembocar en Israel. Esgrimiendo la coartada de evitar el estrecho de Ormuz, si los planes del genocida se materializan, la entidad sionista se haría con la llave del grifo de los ingentes recursos energéticos de gran parte de la región, sin ser su propietario.
El carnicero de Gaza afirmó que “Las soluciones a largo plazo incluyen desviar los oleoductos hacia el oeste… evitando el punto de estrangulamiento geográfico de Irán”. Desde el Atlantic Council, un reducto de los neoconservadores, se apresuraron a bendecir la idea de Netanyahu. Maisoon Kafafy, asesora del gabinete de ideas financiado entre otros por el gobierno de Estados Unidos, fabricantes de armas y la OTAN, declaró al Financial Times que «Percibo un cambio de las hipótesis a la realidad operativa. Todos están viendo el mismo panorama y llegando a las mismas conclusiones».

Tuberías propuestas para llevar el petróleo y el gas del Golfo Pérsico hasta puertos israelíes en el Mediterráneo.
Yossi Abu, el máximo directivo de la compañía israelí NewMed Energy, se mostró confiado en la construcción de las tuberías. El ejecutivo afirmó que “La gente necesita controlar su propio destino, con sus amigos. Necesitamos oleoductos, conexiones ferroviarias en toda la región, en tierra firme, sin dar a otros la oportunidad de crear cuellos de botella que nos asfixien”.
Constituye un auténtico sarcasmo que los israelíes propongan construir oleoductos y gasoductos cuya llave final quedaría en sus manos, mientras camuflan sus intenciones con el argumento del miedo. Los sionistas han demostrado sobradamente que no consideran a nadie sus amigos, sino meras herramientas para lograr sus propósitos colonialistas, que se plasman en el proyecto del “Gran Israel”.

Netanyahu: “La única solución a largo plazo para la crisis de Ormuz es redirigir las tuberías hacia el Mediterráneo”. The Jerusalem Post, 31 de marzo de 2026.
Uno de los muchos problemas que aquejan la región es la actitud de los países árabes en relación con la entidad sionista. En lugar de formar un frente común contra un primer ministro que presume de haber convertido a Israel en una potencia global, tras haber elevado su importancia regional a un nuevo nivel, las élites de los países del Golfo Pérsico han optado por bailarle el agua a Tel Aviv. La firma de los Acuerdos de Abraham, impulsados por Estados Unidos para normalizar las relaciones de los árabes con Israel, es una prueba de ello, como analicé en artículos anteriores.
Continuando con esa línea de complacencia con Israel, las élites del Golfo Pérsico se han mostrado receptivas a la idea de Netanyahu. Por un lado, se quejan de que Irán esté utilizando su posición en el mapa para controlar el estrecho de Ormuz, después de haber sido atacado, pero por otro parece que no les importa darle la llave del grifo de su petróleo y de su gas a Israel. ¿Acaso piensan que los sionistas no van a utilizar esa palanca de presión, que los árabes plantean ofrecerles en bandeja de plata, para perseguir sus intereses? O son muy ingenuas, o están compradas.

Los estados del Golfo consideran nuevos oleoductos para evitar el estrecho de Ormuz. Financial Times, 2 de abril de 2026.
Los estados del Golfo Pérsico están poniendo en valor el oleoducto saudí de 1.200 kilómetros que cruza el país de este a oeste. A través de esta tubería se transportan 7 millones de barriles de petróleo al día hasta el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, sorteando así el estrecho de Ormuz. Sin embargo, el coste de replicar el Petroline para dar salida a los 10,2 millones de barriles de producción diaria saudita alcanzaría los 5.000 millones de dólares.
Los Emiratos Árabes Unidos, por su parte, están considerando duplicar el oleoducto ya existente, que acaba en el puerto de Fuyaira, situado al sur del estrecho. Los oleoductos y gasoductos tampoco son la panacea. Están sujetos a ataques, como el que Reuters atribuyó a Irán, el 8 de abril, contra el Petroline saudí.

Oleoductos en el Golfo Pérsico que esquivan el estrecho de Ormuz.
El IMEC y el INSTC: la competencia entre los grandes corredores de transporte
La guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán, y la previsible respuesta del gobierno de Teherán – el control del estrecho de Ormuz – nos recuerda la existencia de un proyecto financiado por Estados Unidos, la Unión Europea, India, Arabia Saudita, Alemania, Francia e Italia: el IMEC (India – Middle East – Europe Economic Corridor).
Anunciado en la cumbre del G20 en Nueva Delhi en septiembre de 2023, donde se firmó un memorando de entendimiento, el IMEC incluía originalmente la construcción de un oleoducto que llegaría hasta el puerto israelí de Haifa. En su sitio web, la última actualización del ambicioso proyecto, que incluye la construcción de casi 3.000 kilómetros de líneas férreas a través de los EAU, Arabia Saudita y Jordania, data de hace más de un año, sin especificar su nivel de desarrollo.

India – Middle East – Europe Corridor. Ilustración: IMEC.
En este artículo de diciembre de 2023 ya analicé las enormes dificultades, de índole geográfico y político, a las que se enfrentaba el proyecto, que contrastaban con el decidido apoyo de Netanyahu. El genocida del pueblo palestino mostró en la Asamblea General de la ONU un mapa donde Israel ocupaba toda Palestina y, en otro, el trazado del IMEC.
El proyecto es la respuesta de Estados Unidos y sus adláteres a la Nueva Ruta de la Seda, impulsada por China, y al Corredor Internacional de Transporte Norte Sur (INSTC), apadrinado por Moscú, que discurre desde la India hasta San Petersburgo, y constituye una ruta alternativa al Canal de Suez. India juega con dos barajas: apoya ambos proyectos. Tiene excelentes relaciones con Rusia y apoya el IMEC para “contener” a China: India no participa en la Nueva Ruta de la Seda porque una de las partes del proyecto discurre por territorios indios ocupados por Pakistán, ilegalmente en opinión de Delhi.
Turquía, miembro de la OTAN, se opone al IMEC, porque pretende que desemboque en el Mediterráneo a través de sus puertos, no de los israelíes: otro espabilado que quiere hacerse con la llave de lo que no es suyo. Erdogan ha presentado un plan alternativo para conectar el Golfo con Turquía, a través de Irak, denominado Development Road Project.
El Corredor Internacional de Transporte Norte Sur está proyectado a través de Irán. El 14 de mayo de 2023, el entonces presidente de Irán, Ebrahim Raisi, fallecido al estrellarse su helicóptero un año después, y Vladímir Putin firmaron un acuerdo por valor de 1.600 millones de dólares para construir el único tramo de ferrocarril pendiente de los 7.200 kilómetros de rutas marítimas y ferroviarias que incluye el proyecto. El presidente ruso afirmó que el corredor contribuiría a diversificar las rutas comerciales, ofreciendo una alternativa al Canal de Suez.

Mapa del INSTC. Ilustración: Istockphoto.
Son varios los motivos que han llevado a Estados Unidos y a Israel a desatar una guerra contra Irán, pero sin duda uno de ellos es tratar de evitar la operatividad del INSTC, apadrinado por Moscú, competencia directa del IMEC, apoyado por Washington.
Turquía es un obstáculo para el proyecto del Gran Israel
El 17 de febrero, el ex primer ministro israelí Naftali Bennett participó en la cumbre anual de la Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías Estadounidenses. Entre aplausos de la audiencia, Bennet afirmó que “En este momento, surge una nueva amenaza turca. Turquía y Catar han ganado influencia en Siria y buscan influencia en otros lugares de la región. Y desde aquí, advierto, Turquía es el nuevo Irán. Erdogan es sofisticado, peligroso y busca cercar a Israel. No podemos volver a cerrar los ojos”.
Bennett también acusó a Turquía de “intentar poner a Arabia Saudita en contra de Israel y establecer un eje sunita hostil con el Pakistán nuclear”, así como de “crear un nuevo anillo de estrangulamiento” con Siria y Gaza.

“El nuevo Irán”. Bennet advierte de la emergencia de un eje en la conferencia de presidentes. The Media Line, 18 de febrero de 2026.
En este artículo de enero de 2025 ya analicé las razones por las que Israel y Turquía acabarán chocando en Siria, a pesar de haber actuado de manera coordinada para deponer a Bashar al-Assad e instalar en el poder al ex terrorista Abu Mohammed al Jolani, quien abandonó su nombre de guerra, que hacía referencia a los Altos del Golán, para recuperar el propio, Ahmad al-Charaa, y ser recibido en los despachos occidentales al más alto nivel.
En este otro artículo, de octubre de 2024, ya apunté que Netanyahu estaba buscando la implicación directa de Estados Unidos en su proyecto para fabricar el “Gran Israel”, lo que pasa necesariamente por conseguir un “cambio de régimen” en Irán. Este objetivo sionista puede acabar precipitando el enfrentamiento, hasta ahora larvado, entre Israel y Turquía.

Mapa del Gran Israel. Fuente: Wikimedia Commons.
El supremacismo sionista es racista, pero también clasista
El mundo se ha fabricado un problema que se llama Israel. Como desde su creación se le ha permitido todo tipo de barbaridades, el incumplimiento de la legislación internacional y de las resoluciones de Naciones Unidas, incluyendo las del Consejo de Seguridad, los sionistas se han venido muy, pero que muy arriba.
La culpa de que Israel esté cometiendo un genocidio en Gaza, convirtiendo la franja en una escombrera; de que sus colonos anden sueltos, asesinando palestinos a quemarropa en Cisjordania; de que su ejército esté bombardeando a la población civil en el Líbano, adueñándose de su territorio tras haberlo invadido; de que estén demoliendo bloques de pisos, borrando de la faz de la tierra pueblos enteros; de que den “órdenes de evacuación” en otros países, en fin, de todos los desmanes de Israel, la culpa la tenemos nosotros, por no haberle parado los pies a tiempo al sionismo.
Y seguimos sin hacerlo.
Por eso ahora, después de haber arrastrado a Estados Unidos a la guerra contra Irán, Israel también está apuntando a Turquía. Y luego lo hará contra todos aquellos que se interpongan en sus planes para construir ese “Gran Israel”, para lo que no dudan en buscar legitimación en los libros que ellos mismos han escrito, que casualmente ofrecen coartadas revestidas de historicismo religioso para justificar sus desmanes.
Los sionistas saben que no caen bien, pero les da igual. Bennett también lo dijo en su discurso ante las organizaciones judías estadounidenses: “No nos van a querer. La aspiración de que el mundo ame a Israel no se va a cumplir. Lo que necesitamos es que nuestros enemigos nos teman, que nuestros amigos nos respeten y que todos nos necesiten”.
Este mensaje amenazante coincide con el proferido por Liora Rez en la embajada de Israel en Washington, donde amenazó con destruir las carreras profesionales de quienes señalen a “estudiantes judíos”. Liora Rez es la fundadora y directora de Stop Antisemitism, una organización que equipara las críticas al sionismo con una forma de antisemitismo.
El mundo no tiene un problema sólo con Israel. También lo tiene con su población. La inmensa mayoría de los habitantes judíos de Israel está a favor del exterminio de los palestinos, de la limpieza étnica, porque los considera seres inferiores. Una encuesta de una universidad hebrea, y multitud de declaraciones en redes sociales así lo demuestran. Dicen que los maltratadores suelen haber sido víctimas a su vez de maltrato. Los sionistas son los nuevos nazis. Al igual que los nazis, son supremacistas, xenófobos y racistas.

Encuesta: Una mayoría aplastante de israelíes judíos comparten la creencia genocida de que “no hay gente inocente en Gaza”. Mondoweiss.
En hebreo existe el término goy, o goyim, para designar a los gentiles, a los no judíos. Jeffrey Epstein utilizó ese término despectivo en un correo de 2009, donde presumía de que los judíos habían hecho una fortuna especulando en el mercado de futuros del transporte marítimo, mientras los goyim se ocupaban del mundo real.
En octubre de 2010, Rabbi Ovadia Yosef, líder espiritual del partido Shas, declaró que “Los gentiles nacieron solo para servirnos. Sin eso, no tienen lugar en el mundo; solo para servir al Pueblo de Israel.” Shas formaba parte de la coalición que sustenta al gobierno de Netanyahu, hasta que en julio de 2025 se retiró en protesta por la falta de garantías de que los estudiantes religiosos ultraortodoxos siguieran estando exentos del servicio militar. Para los dos partidos ultraortodoxos hebreos – el otro es el Judaísmo Unido de la Torá – la dedicación a tiempo completo al estudio de sus sagradas escrituras es sacrosanta.

El líder sefardí Yosef: Los no judíos existen para servir a los judíos.
Si sustituimos el término goyim por el de Untermenschen (subhumanos), ampliamente usado por los nazis alemanes del Tercer Reich para referirse a todos aquellos no arios, comprobamos que el patrón ideológico supremacista del sionismo encaja perfectamente con el de los nazis que perpetraron un holocausto contra el pueblo judío.
Pero no sólo eso. Además, los sionistas son clasistas con los propios judíos. Este artículo, titulado “La historia eugenista del movimiento sionista”, describe los distintos mecanismos usados por el sionismo para restringir la emigración de personas de origen judío a Palestina, décadas antes de que se constituyera el estado de Israel. Quizá no quepa hablar de eugenesia, pero el clasismo de las medidas para evitar que los judíos pobres emigraran a Palestina está documentado a lo largo de varias décadas en el artículo enlazado.

Palestina, cerrada a los emigrantes judíos pobres. Viñeta de 1919, reproducida en Palestine Nexus, 6 noviembre 2025.
A principios de 1900 se abrió una oficina en el puerto de Haifa para monitorizar a los judíos que pretendían emigrar a Palestina, huyendo de los pogromos desatados contra ellos en el imperio ruso. Desde comienzos de siglo y hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, aproximadamente 35.000 judíos consiguieron entrar en el territorio palestino. Dos historiadores hebreos, Menachem Sheinkin y Arthur Ruppin, revisaron las solicitudes de entrada. Descubrieron que el 61% de las peticiones fueron rechazadas porque los solicitantes eran demasiado pobres.
Netanyahu empuja a Trump a la guerra contra Irán
Estados Unidos e Israel coinciden en muchas cosas. Ambas son sociedades profundamente clasistas. Sin embargo, cuando Netanyahu arrastró a Trump a la guerra contra Irán, sus intereses eran muy distintos a los que pudiera albergar Estados Unidos. De una parte, Washington se la tiene jurada a Teherán desde que una revolución derrocara al régimen instalado por la CIA en la persona del Sha Reza Palahvi.

Lectura imprescindible.
Las agencias de inteligencia de Estados Unidos y el Reino Unido organizaron un golpe de estado el 19 de agosto de 1953, que les salió bien, y depusieron al primer ministro Mohammad Mosaddegh, que había sido elegido democráticamente, pero pretendía nacionalizar el petróleo. Las reservas petrolíferas iraníes estaban controladas desde su descubrimiento, en 1909, por la empresa británica Anglo-Iranian Oil Company, posteriormente llamada British Petroleum, y ahora BP. La CIA admitió la autoría del golpe 60 años después.
Para tener un contexto histórico de las razones del triunfo de la revolución islámica país, y asomarse a las barbaridades que cometió el régimen del Sha y su policía política, la temida Savak, diseñada por la CIA, recomiendo la lectura del libro “El Sha o la desmesura del poder”, de Ryszard Kapuściński.
Estados Unidos dispone de un portaaviones insumergible en Oriente Próximo llamado Israel. Ni Washington ni Tel Aviv se molestan en ocultar su deseo de controlar los recursos energéticos del Golfo Pérsico. Los presidentes anteriores a Trump evitaron atacar Irán no por falta de ganas, sino porque el Pentágono valoraba que las posibilidades de éxito de una operación militar eran escasas.
Sin embargo, en esta ocasión los israelíes se emplearon a fondo, según cuenta The New York Times en un extenso artículo. Netanyahu visitaba por octava vez la Casa Blanca desde que Trump comenzó su segunda presidencia. El carnicero de Gaza le presentó una operación con cuatro objetivos: matar a Khamenéi, destruir las capacidades militares de Irán, y propiciar un levantamiento popular en el país que desembocara en un cambio de régimen.
Netanyahu convenció a Trump de que el gobierno de Teherán quedaría tan debilitado por el ataque que no tendría capacidad para bloquear el estrecho de Ormuz, ni para golpear las bases estadounidenses en la región. Por su parte, David Barnea, el jefe del Mossad, insistió en que su agencia fomentaría los disturbios y la rebelión en Teherán, como ya hizo anteriormente, pero que esta vez tendría éxito y el gobierno sería derrocado. Los sionistas también apuntaron la posibilidad de que los kurdos cruzaran la frontera desde Irak, abriendo un frente en el noroeste. Nada de todo esto ha ocurrido.
En un posterior encuentro con Trump sin los israelíes presentes, las agencias de inteligencia estadounidenses valoraron que los dos primeros objetivos se podrían cumplir, pero no así el tercero ni el cuarto. Los acontecimientos han probado que la presentación que hizo Netanyahu estaba llena de trampas para seducir a Trump, más que de análisis serios y rigurosos. Sin embargo, Netanyahu consiguió su propósito. Trump mordió el anzuelo, se creyó que la operación iba a ser rápida, como en Venezuela, y se lanzó al ataque.
En Irán se está compitiendo por la hegemonía mundial
La guerra contra Irán ha abierto de manera inequívoca la lucha por la hegemonía mundial. Además de constituir un error estratégico de inmenso calado para Estados Unidos, con consecuencias impredecibles para todo el mundo, el conflicto bélico ha colocado a Trump en una posición donde todo lo que no sea un cambio de régimen en Irán será visto como una derrota de Washington.
El fallo garrafal de Trump ha consistido en fiarse de Netanyahu, que tiene intereses distintos a los de Estados Unidos. A los sionistas les sirve desgastar a Irán, Trump necesita una victoria en toda regla. Israel se mueve bien en escenarios de caos, que provoca o fomenta en sus vecinos, porque considera que favorecen sus intereses expansionistas. Trump necesita bajar el precio de la gasolina en los surtidores de su país, para lo que precisa recortar el precio del petróleo, y estabilizarlo.
Después de comprobar que Irán resistía militarmente, Estados Unidos se avino a entablar negociaciones indirectas en Islamabad, tras declarar un alto el fuego de dos semanas. Dos señales de debilidad. Israel se apresuró a tratar de reventar la frágil tregua, bombardeando salvajemente el Líbano. Israel necesita que la guerra en Irán continúe, aunque paradójicamente sea a costa de desgastar también a su valedor. Su estrategia consiste en debilitar a todos los vecinos, en sembrar el caos, para expandir sus fronteras. Una intención declarada abiertamente por su gobierno.

Smotrich habla de la intención de Israel de expandirse en Siria, Líbano y Gaza. Middle East Monitor.
El periodista hebreo Raviv Drucker comentaba en la televisión israelí que “Parece que estamos llevando al Estado libanés hacia una guerra civil. Quizás no sea tan malo para nosotros. Dejemos que el gobierno libanés luche contra Hezbolá”. Otro contertulio, Alon Ben David, le contestaba: “Ese ha sido el objetivo desde el principio”.
La desesperada decisión de Trump de bloquear el estrecho de Ormuz subraya la precariedad de su posición y la ventaja estratégica de Irán que, a diferencia de Trump, ha sabido mirar el mapa. Si el precio del petróleo continúa escalando, como todo parece indicar, quien va a recibir más presión tras su insólita decisión va a ser Trump, no Irán.
Trump ha amenazado a China con la imposición de aranceles de un 50% si ayuda militarmente a Irán. Xi Jinping ya le vio el farol al presidente de Estados Unidos una vez, cuando estableció controles a la exportación de tierras raras y Trump se arrugó, aparcando su amenaza de castigar a China con aranceles.
El petróleo que fluye a través del estrecho de Ormuz va destinado mayoritariamente a Asia. China es el comprador de entre el 80% y el 90% del crudo iraní: 1,4 millones de barriles diarios, que representan el 13% de sus importaciones. Distintos analistas estiman que China ha almacenado 1,3 billones, con b, de barriles de petróleo, lo que supone un colchón de cuatro meses de consumo, en ausencia total de importaciones vía marítima.
Scott Bessent, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, acusó a China de ser un socio poco fiable por acaparar petróleo. Ahora tenemos a los pirómanos reprendiendo a quienes se protegen del fuego con extintores, y artículos en la prensa estadounidense quejándose de que China e Irán están usando la economía como un arma.

Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error.
Irán está implementando un sistema de peajes para el tránsito de tanqueros que atraviesan el estrecho de Ormuz al margen del dólar. El «Plan de Gestión del Estrecho de Ormuz», aprobado por el parlamento iraní los días 30 y 31 de marzo de 2026, autoriza el pago de tasas en yuanes chinos a través del Banco Kunlun mediante CIPS (un sistema de pago transfronterizo respaldado por China), bitcoin, USDT (una criptomoneda) y riales iraníes.
Irán está desafiando abiertamente la hegemonía no sólo militar de Estados Unidos, sino la del dólar, que es un asunto probablemente de mayor trascendencia que el enfrentamiento bélico. La hegemonía de Washington se basa en la necesidad que tienen los países de proveerse de dólares para pagar por muchos de sus intercambios comerciales, no sólo los relativos al petróleo.
El papel de moneda de reserva del dólar está en juego en Irán. Los demás actores no se van a estar quietos si el conflicto continúa y los precios del petróleo llegan a cifras que provoquen una crisis económica brutal. Si el bloqueo de Ormuz dictado por Trump es considerado culpable de dicho aumento, la presión que va a sufrir el presidente de Estados Unidos será insostenible. Mientras tanto, Vladímir Putin y Xi Jinping siguen observando al emperador en su laberinto y, de momento, guardan sus cartas.